Aviso: Spin Off del fic Life Unexpected. Todos los personajes y lo que reconozcan pertenece a JK Rowling.
4.
But when the fear comes and I drift towards the ground,
I am lucky that you're around.
Supo que algo iba mal apenas aterrizó en aquel pueblo costero, ese en el que había pasado tanto tiempo durante los últimos años que ya se conocía de memoria.
Fue muy fácil darse cuenta de que las cosas no estaban bien. La fría brisa marina se coló por debajo de su ropa y su abrigo, clavándose en sus huesos como queriendo paralizarlo. El aire, ya de por si húmedo y pesado por la cercanía a la costa, parecía dispuesto a aplastarlo todo y el olor a salitre y arena estaba mezclado con la esencia putrefacta que siempre dejaba la magia negra.
Todo estaba en completo silencio. No se escuchaba nada en la calle ni adentro de las casas, todos los habitantes del pequeño pueblo habían huido, aterrados, ante la escalofriante calavera que adornaba el cielo justo encima de la casa de los McKinnon. La luz verde que desprendía era lo único que iluminaba aquella noche sin luna ni estrellas.
A Sirius la imagen le cortó la respiración de golpe.
En el momento que se plató frente a la cerca de la propiedad sintió como si sus pulmones, su cerebro y su corazón se detenían a una sola voz, dejándolo sin la capacidad de sentir nada que no fuera un miedo paralizante y esa rabia cegadora.
Intentó con todas sus fuerzas aferrarse a los rastros de cordura que se le estaban escurriendo rápidamente y formular un pensamiento racional, pensar en una solución y no en como su alma parecía querer abandonar su cuerpo.
Quiso pensar en cualquier cosa menos en la voz de Marlene diciéndole que no iría a su guardia de esa noche y que se quedaría en casa. Tampoco quería recordar las veces que le había comentado que debía proteger el lugar y ella le había dicho que no era necesario, sus padres no se metían con nadie, ¿Quién podría hacerles daño?
Apretó la mandíbula y quiso golpearse al pensar en todas las veces que se le había pasado por la mente pedirle que se fuera, que se ocultara, porque Bellatrix la estaba buscando y no la iba a dejar en paz, pero jamás le dijo nada, confiado de que ella sería más fuerte que esa psicópata.
Frente a él tenía la prueba de su equivocación.
Tenía que entrar. Sabía que tenía que hacerlo y aún así no podía, no lograba mover las piernas por miedo a lo que encontraría adentro.
Entonces el sonido de una aparición junto a él lo sacó de sus pensamientos. Sacó la varita de manera automática y se giró bruscamente, preparado para encontrarse con algún asqueroso Mortífago en el que descargar toda la impotencia que estaba sintiendo.
Pero no era un Mortífago.
Sintió que le devolvían la vida en el momento que reparó en su presencia. Volvió a respirar, por primera vez desde que había llegado, y el corazón se le disparó a tal velocidad que pensó que se le saldría del pecho, el alivio inundando cada fibra de su cuerpo.
Sabía que lo más sensato era asegurarse de que no fuera una trampa pero su mente no lograba concentrarse en nada que no fuera su presencia.
—Mar. —La voz le salió en un hilo delgadísimo pero seguía demasiado perturbado como para que le importara— Mar, y-yo pensé que…
Pero ella no podía escucharlo, ni siquiera se había dado cuenta de que estaba ahí. A pesar de que Sirius estaba muriéndose de miedo y de alivio por verla, ella no podía pensar en él.
Su atención fluctuaba entre la marca tenebrosa y su casa. Las luces estaban apagadas, la puerta había sido derribada y los cristales de las ventanas estaban todos rotos, permitiendo que el olor a magia negra inundara toda la calle.
Marlene parpadeó varias veces, intentando asegurare de que estaba viendo correctamente. Quiso creer que no, que no estaba pasando, que la imagen frente a ella no era real, que era solo otra de esas pesadillas que la atormentaban durante las pocas noches que lograba conciliar el sueño.
Pero no lo era y lo sabía.
— ¿Mar? —Volvió a llamarla Sirius, confundido al ver que no le hacía caso.
Lo único que quería hacer en ese momento era correr hacia ella y estrecharla entre sus brazos con fuerza, gritarle por no haberle dicho que saldría y haberlo hecho pasar ese susto, besarla y deshacerse así de todo el pánico que había sentido unos momentos antes. Estaba a punto de hacerlo todo a la vez cuando reparó en la mirada desencajada de la chica y fue como si devolvieran la razón.
No, Mar no había estado en la casa. Pero su familia sí.
Dio un paso hacia ella pero Mar salió corriendo hacia la puerta, ignorándolo por completo.
En otro momento Sirius se hubiera sentido ofendido por como ella estaba pasando por alto su presencia pero el único pensamiento que pasaba por su mente en ese momento era detenerla, porque él sabía lo que encontraría adentro y no quería que ella lo viera.
— ¡Mar, espera! —Le gritó tomándola por el brazo, deteniéndola, justo cuando estaba por entrar— Espera un momento.
Escuchar su voz y sentir su agarre la sorprendió muchísimo. Volteó a verlo y no pudo evitar sobresaltarse al finalmente notar que estaba ahí. Frunció el ceño y miró intermitentemente entre el rostro de Sirius y la mano que le sostenía el brazo, tratando de entender que demonios pretendía.
— ¿Qué estás haciendo? —Le preguntó, sin darse cuenta de lo estrangulada que sonaba su voz— ¡Suéltame!
—Solo espera un momento. —Repitió Sirius, intentando no sonar suplicante pero fallando— Espera a que…
— ¡No voy a esperar una mierda! —Gritó Marlene, forcejeando para soltarse— ¡Tengo que entrar, imbécil! ¿Qué demonios te…?
— ¡No, Marlene, escúchame! ¡No puedes…!
— ¿Qué no puedo? —Abrió mucho los ojos, la rabia y la indignación bañándole le rostro y la voz— ¡Esta es mi casa, mi familia está ahí dentro! ¡Suéltame de una vez!
—Mar, por favor, solo…
— ¡Que me sueltes te dije! —Con la mano libre sacó su varita y se la puso debajo de la barbilla— ¡Sirius, suéltame o te juro que…!
— ¡Bien, bien! —Aceptó él, soltándola con más brusquedad de la necesaria, enfadado por su tozudez incluso en ese momento— Vamos a entrar.
No quería hacerlo pero no era idiota y sabía que si no la soltaba iba a maldecirlo y a entrar de cualquier forma. Prefería hacerlo con ella.
Mar le dedicó una mirada asesina antes de volver a guardar la varita y darse la vuelta para entrar a la casa. Pasó por encima de la puerta y se dio cuenta de que la cerradura estaba destruida.
Una brisa fría le dio en el rostro mientras caminaba por pasillo de la entrada, todos los retratos que su madre había colgado en las paredes estaban esparcidos por el piso, los pedazos de vidrio regados por todas partes.
Entonces la golpeó la realidad y se detuvo en seco. Sintió el miedo calándole los huesos y tuvo que tragar con fuerza para no salir corriendo, por fin era plenamente consciente de lo que podía encontrar. De lo que iba a encontrar.
— ¿Qué ocurre? —Le preguntó Sirius detrás de ella— ¿Estás bien?
No, no estaba bien pero tenía que estarlo.
Tomó una inmensa bocanada de aire y contó mentalmente, intentando mantener el cerebro en frío, recordar lo que les habían enseñado, permanecer en la calma y no dejarse llevar por las emociones.
—Revisa la sala y el jardín de atrás. Yo iré a la cocina.
La monotonía y sequedad en su voz le puso al chico los pelos de punta pero no se atrevió a comentarle nada ni a contrariarla, así que asintió aunque ella no pudiera verlo y se dirigió a donde le había indicado.
Se separaron y Mar empezó a caminar lentamente hacia la cocina, retrasando el momento, tomándose su tiempo en cada paso, aferrándose con las uñas a los pocos segundos que le quedaban de la vida que había conocido.
Finalmente llegó a la cocina y sintió como se quedaba fría al darse cuenta de que la puerta estaba obstaculizada. Por un cuerpo. Un cuerpo que no le recostó reconocer.
—Papá…
Temblando de pies a cabeza, se arrodilló junto a su padre, luchando contra las lágrimas y contra el dolor agudo que quería desgarrarle el pecho y adueñarse de su cuerpo.
Acercó sus manos a él y las pasó por su cuerpo tratando infructuosamente de buscar una solución, algo que arreglar, una forma de repararlo. Pero ya no había nada que hacer.
Tenía los ojos abiertos y una expresión de perplejidad que la acompañaría para el resto de su vida. Bizarramente, se sintió agradecida, no presentaba mayor daño, a simple vista todo lucía bien, lo habían hecho rápido, su padre no había sufrido.
Se mordió el labio inferior que no dejaba de temblar, y le dedicó una sonrisa rota al hombre que la había hecho quien era, que la había tratado tanto como a una princesa como a una guerrera, que le había repetido hasta el cansancio que podía lograr lo que se propusiera, que le había enseñado a ser fuerte, a defenderse y a pelear por lo que quería.
Recordó como de pequeña la subía a sus hombros y ella sentía que podía ver el mundo desde esa altura. Era el hombre más grande y fuerte que había conocido.
Y ahora ya no estaba.
Marlene apartó el pensamiento de golpe para evitar desmoronarse y suspiró con muchísima fuerza, acercó una mano temblorosa a su rostro y le cerró los ojos.
Se quedó unos segundos más junto a su padre intentando recuperar las fuerzas que ya no sabía de donde sacar. Finalmente se puso de pie y con mucho cuidado lo rodeó y entró a la cocina.
La pequeña mesa donde había comido desde que tenía memoria estaba prácticamente desecha y en la esquina más alejada, estaba su madre.
Mar jadeó y alejó rápidamente la mirada, cerró los ojos y apretó los dientes con fuerza. Se aferró de una repisa que tenía cerca para no irse de lado, la imagen le había sacado el aire de un golpe y el dolor amenazaba con vencerla.
No estuvo segura de cuanto tiempo estuvo en esa posición, pudieron ser minutos o segundos, hasta que logró recuperar la entereza y valentía necesaria para abrir los ojos y volver lentamente la cabeza.
Con la mente tan fría como pudo, analizó el lugar y dándose cuenta de cómo estaban los cuerpos, entendió que su padre había intentado protegerla y por eso estaba en la puerta.
En menos de dos zancadas ya había llegado junto a su madre que había quedado sentada contra una de las encimeras, en el filo de ésta Mar pudo detectar una oscura mancha de sangre y supo que se había golpeado la cabeza al recibir la maldición.
Le tomó el rostro y lo movió hacia ella para poderla ver a los ojos. Esos ojos que siempre deseó haber heredado y que durante toda su vida le habían bastado para mantenerse serena, para recordar que nada era tan malo como parecía y que las cosas tenían una solución. Eso ojos que siempre habían estado llenos de amor y de cosas bonitas y que nunca más le devolverían la mirada.
Ahora estaban vacíos, sin vida.
—Mamá… —La llamó como si fuera a reaccionar, con una voz partida que no reconoció— Mamá, yo…
Quiso pedir perdón pero no encontró las palabras para hacerlo.
Le acarició el rostro y luego subió las manos a su cabello, intentando peinarla, hacerla lucir como la mujer impecable que toda la vida había sido. La más bella de todas.
Mientras hacía eso, sintió que una parte de su corazón se desprendía y se evaporaba dentro de su pecho, desapareciendo, haciendo imposible que algún día volviera a estar completo.
Sentía el llanto rasgándole la garganta y por un momento quiso ceder, quiso envolver los brazos en el cadáver de su madre y por última vez recibir ese abrazo capaz de curar todos los males del mundo. Quiso arrojarse sobre su pecho y llorar hasta quedarse seca o hasta que su madre despertara y la calmara como cuando era una niña.
Pero eso no pasaría y ella tenía que controlarse.
Las palabras que Ojoloco les había repetido hasta el cansancio resonaban en su mente «Las lágrimas ni sirven de nada ni despiertan muertos, recorran el lugar y cuando terminen pueden lloriquear todo lo que quieran».
Aún tenía que encontrar a sus hermanos, hasta entonces no podía quebrarse. Se volvió a tragar las lágrimas y al igual que había hecho con su padre, colocó dos dedos sobre los ojos de su madre y se los cerró. Se inclinó sobre ella y depositó un beso sobre su frente antes de levantarse y salir de la cocina.
Mientras tanto, Sirius estaba parado en el jardín, viendo el cuerpo de quien siempre había considerado su hermano favorito de Mar.
En ese momento lo único que podía recordar era a Eliot McKinnon con su uniforme azul Ravenclaw y su placa de prefecto, dejándolo andar por los pasillos fuera de hora y poniéndole puntos en lugar de quitárselos cuando hacía una broma demasiado buena. Siempre le había caído mejor porque desde que lo recordaba habían compartido el mismo gusto por hacer rabiar a Marlene.
Y ahora, todo eso había acabado, del chico que había conocido solo quedaba un cuerpo frío y vacío, con sangre seca saliendo por las orejas y la nariz. Sirius apretó los puños sintiendo como el pecho le rugía con rabia, la hija de puta no le había bastado con matarlo, antes se había tomado el tiempo para torturarlo.
Le dedicó una última mirada a su antiguo compañero de colegio y se volvió para entrar a la casa.
Llegó al salón y se detuvo nuevamente en el cuerpo que había encontrado primero. Nick tenía la varita en la mano, señal clara de que había intentado dar batalla sin éxito, fue cuando Sirius reparó en que era imposible que Bellatrix hubiera estado sola, seguro había traído a un buen número de enfermos con ella.
También tenía sangre lo que significaba que, igual que con su hermano, se habían detenido a divertirse antes de matarlo.
Sirius tragó saliva, pensando en como aquel sujeto siempre había sido la única persona que podía abrazar a Mar en público sin que ella se pusiera arisca e incómoda, la chica siempre acudía al mayor de sus hermanos cuando necesitaba algo, la había enseñado a fumar y a beber. De repente todo lo que pudo ver, fueron los ojos de Marlene, brillando con admiración y cariño cada vez que le hablaba de su hermano.
Entonces, por alguna razón, su mente viajó hacia Regulus y la noche en la que había muerto. Sirius había pasado años enfadado con su hermano pero recordaba perfectamente como se había sentido al enterarse de su muerte.
Mar, en cambio, adoraba a sus hermanos. El solo imaginarse su reacción al verlos así fue demasiado perturbador.
Por eso al oír sus pasos acercándose, Sirius corrió hacia la puerta y se plantó ahí, bloqueándole el paso.
—Mar, no…
Pero las palabras se le perdieron en el camino y por segunda vez en la noche, sintió como su alma abandonaba su cuerpo. Marlene caminaba hacia él con la cabeza levantada y el rostro lleno de dolor escondido. Pero lo que desequilibró por completo al chico fue ver las espesas lágrimas que corrían por sus mejillas.
Nunca la había visto llorar y al hacerlo sintió que las venas se le llenaban de ira y que las ganas que desde hacía ya un año tenía de matar a Bellatrix con sus propias manos se incrementaban.
Sus ojos se encontraron y Sirius sintió como se le atoraba la respiración en la garganta.
—Mis padres están en la cocina. —Le susurró con la voz ronca.
El corazón se le cayó al estómago al entender a que se refería. No sabía que hacer ni que decirle, a pesar de las lágrimas Mar lucía calmada y eso solo lo ponía más nervioso. Podía no ser un experto pero sabía que eso no estaba bien.
— ¿Revisaste el jardín? —Le preguntó la chica intentando ver detrás de él. Sin dejar de verla a los ojos Sirius asintió— ¿Eliot…?
Suspiró con fuerza y volvió a asentir lentamente. Sabiendo por experiencia propia que era mejor recibir todas las malas noticias juntas, abrió la boca.
—Nick también. —Soltó de golpe.
— ¿Ah? —Mar abrió mucho los ojos, confundida— P-pero Nick… Nick tenía que trabajar, él no…
Sirius negó con la cabeza, haciéndola saber que no había sido así. Él no tenía idea de eso, no sabía porque no había ido a trabajar como debía, la única respuesta que encontró fue que el destino era una mierda.
Mar se fue un poco de lado y se tuvo que recostar de la pared para no perder el equilibrio, tenía la boca abierta y la mirada puesta en ningún lado, lucía perdida y confundida y Sirius lo único que quería era golpear todo y jalarse el cabello por la rabia y la impotencia de verla así.
Más lágrimas rodaron por el rostro de la chica pero ella ni se inmutó ni se molestó en secarlas. Fue cuando Sirius entendió que Marlene no se había dado cuenta de que estaba llorando.
De repente la rubia pareció salir del transe y volver en si, como si acabara de recordar algo.
—Alex. —Soltó de manera casi imperceptible.
Antes de que a él le diera tiempo de asimilar lo que había dicho, Marlene se dio la vuelta y salió corriendo hacia las escaleras.
Un segundo después Sirius se sintió como un idiota e inmediatamente salió corriendo detrás de ella.
— ¡Alex! —Gritó Mar subiendo las escaleras, recibiendo como respuesta nada más que el eco de su voz— ¡Alex! ¿Dónde estás?
Llegó al segundo piso con el corazón latiéndole en los oídos y la respiración agitada como si no hubiera subido esas mismas escaleras un millón de veces. Las puertas habían sido derribadas, pasó frente a la suya y de reojo pudo ver que estaba totalmente destruida pero no le importó, toda su atención estaba concentrada en llegar a la habitación del fondo, donde dormía su hermanito.
— ¡Alex, ya…!
Pero justo cuando estaba por llegar sintió la mano de Sirius cerrándose alrededor de su brazo, deteniéndola y haciéndola girar hacia él.
— ¡¿Qué demonios te pasa?! —Le gritó, furiosa y desesperada— ¡Déjame ir! ¡Tengo que buscarlo!
—Mar, por favor. —Le pidió él sin soltarla— Solo escúchame…
— ¡No! ¡No te quiero escuchar! —Quiso volver a sacar su varita pero Sirius la tomó por el otro brazo, inmovilizándola— ¡Maldita sea! ¡Suéltame!
— ¡No lo haré! ¡No te dejaré! —Empezó a gritarle Sirius— ¡No voy a dejar que veas eso!
— ¡¿De que estás hablando?! ¡Tengo que ayudarlo! ¡Puede estar herido, me necesita, él…!
— ¡MARLENE, NO!
El grito de Sirius resonó por toda la casa y logró que Mar se pasmara y dejará de forcejear con él. Tomó una bocanada de aire y aflojó el agarre de sus brazos, la miró a los ojos y bajó la voz.
—No está herido, Mar. —Le susurró, odiando cada palabra— Aquí no hay heridos.
Vio como los ojos marrones que más le gustaban en el mundo se abrían hasta casi dejar el rostro de la chica que en ese momento se bañó de comprensión. Abrió la boca y balbuceó incoherencias por unos segundos.
Sirius se tensó y aguantó la respiración, seguro de que finalmente ella iba a quebrarse.
Pero no fue así.
De repente Marlene cerró la boca, sus ojos se oscurecieron y el rostro se le tiñó de rabia y odio.
Antes de que él pudiera reaccionar o impedirlo, ella se alejó de su agarre con una fuerza que no le conocía.
Dio unos pasos hacia atrás y por un momento Sirius pensó que lo ignoraría y que entraría a la habitación de Alex, pero en cambio, Mar se dio la vuelta y se apareció.
A Sirius le tomó un segundo procesar lo que había pasado, parpadeó varias veces con la mirada fija en el punto donde la rubia había estado hasta hacía nada. De repente salió del shock y entendió todo.
Solo había un lugar al que Marlene podía ir en ese momento.
— ¡Maldita sea! —Gritó Sirius, pateando el suelo con fuerza por la rabia de no haberse dado cuenta antes, y se apareció.
El camino de tierra que guiaba a la Mansión Lestrange y al que tenían terminantemente prohibido acercarse era tan escalofriante como podía esperarse, a ambos lados del sendero se elevaban grandes árboles desnudos y algunos con unas pocas hojas secas, los sonidos de la noche provenían de criaturas que Sirius nunca había visto y sabía que ese no era el momento para hacerlo.
No le costó nada reconocerla avanzando rápidamente hacia las luces de la casa que se distinguían de fondo, se apresuró a seguirla sintiendo como el enfado se le subía a la cabeza y ahora no contra Bellatrix ni sus aliados.
— ¿Qué demonios crees que haces? —Preguntó entre dientes, tratando de no gritar, cuando llegó junto a ella y se le plantó enfrente— Vámonos de aquí.
—Quítate del medio.
—No.
—Sirius, quítate. —Le ordenó Marlene con una mirada asesina y la mandíbula apretada— Quítate ya.
— ¿Y si no lo hago que? —Quiso saber él, de manera altanera— ¿Qué harás? ¿Me echarás una maldición y te lanzarás a una misión suicida?
—Déjame en paz. —Intentó pasarle por un lado pero Sirius volvió a moverse, bloqueándole el paso, irritándola— ¡Hazte a un lado! ¡Esto no es asunto tuyo!
— ¡Eso es, Marlene! ¡Grita! ¡Grita muy fuerte para que todos sepan que estamos aquí y vengan a matarnos! —Le espetó Sirius, alzando la voz, sabiendo que si no se controlaban eso sería justo lo que pasaría— ¡¿Es eso lo que quieres?! ¿Ah?
— ¡Maldita sea, déjame de una vez! —Volvió a gritar la chica, poniendo las manos sobre su pecho y empujándolo— ¡No es tu problema! ¡Vete de aquí!
— ¡Pero claro que es mi problema! —La tomó por ambos brazos, haciendo que dejara de empujarlo, reprimiendo las ganas de batuquearla hasta que reaccionara— ¡¿De verdad crees que voy a dejar que llegues hasta allá?! ¿Qué acaso te volviste loca?
— ¡Suéltame, imbécil! ¡Sí voy a llegar y tú no me lo vas a impedir! —Seguía removiéndose con ganas pero esta vez él la sostenía con más fuerza— ¡Sirius, déjame ir!
— ¡Por supuesto que no! ¿Qué pretendes, Marlene? ¿Ir hasta allá y tomar el té con Bellatrix? ¡Te van a matar!
— ¡Pues que me mate! ¡No me importa! —Gritó ella, con la voz desgarrada— ¡¿Qué no lo entiendes?! ¡Ella me quería a mí! ¡Me estaba buscando a mí y por eso los mató!
— ¡¿Y que pretendes hacer?! ¿Enfrentarte a ella tú sola? —Empezaba a escuchar movimiento dentro de la propiedad y estaba luchando para no perder el control de los nervios— ¡Usa la maldita cabeza, Marlene! ¡No habrás dado el primer paso adentro de esa casa cuando ya tendrás a diez Mortífagos frente a ti!
— ¡Te dije que no me importa! ¡No me interesa lo que hagan conmigo! ¡No me importa si me matan!
— ¡Pues a mí si me importa! ¡Me importa lo que te pase y no voy a dejar que te mates por nada!
— ¡¿Por nada?! ¡Mi familia no es nada, maldito imbécil! —Gritó Mar, furiosa, botando más lágrimas y removiéndose con más fuerza— ¡Mis padres y mis hermanos están muertos así que no te atrevas a decirme que eso es nada!
— ¡Y que tú mueras también no va a cambiarlo! —Marlene dejó de moverse cuando lo escuchó decirle eso. Sirius suspiró con fuerza y clavó sus ojos en los suyos— No va a cambiarlo, Mar, nada lo hará.
Mar parpadeó varias veces, finalmente dándose cuenta de la humedad que caía por su rostro, permitiéndose por fin entender lo que estaba pasando, dejando que las palabras de Sirius, y las suyas propias, calaran en su mente.
«Mis padres y mis hermanos están muertos»
Muertos. Su familia había muerto. Todos.
«No va a cambiarlo, Mar, nada lo hará»
No, nada iba a cambiar, no había nada que ella pudiera hacer. Todo estaba hecho ya.
Se había quedado sola.
Sintió como una mezcla de miedo, pánico y dolor nacía desde su corazón y se extendía a cada rincón de su cuerpo, desgarrándola, abriéndose camino dentro de ella para que cada célula pudiera entender lo que estaba pasando.
Se puso fría, rígida, sintiéndose vacía, como si aquellos nefastos sentimientos le hubieran arrancado el alma de un tajo. Se le nubló la visión y lo único que fue capaz de impedir que cayera al suelo fueron unas manos que la sujetaban.
Sirius la miró atentamente mientras su piel palidecía y se ponía más blanca de lo que nunca la había visto, casi podía confundirse con la nieve, parecía que le habían drenado toda la sangre del cuerpo. Entonces bajó la cabeza y varios espasmos le recorrieron el cuerpo antes de soltar un sollozo agudo, desgarrador y agónico.
Un sonido que le heló las venas y que él nunca iba a olvidar.
Mar empezó a llorar desconsoladamente y fue cuando la soltó pero simplemente para poderla envolver en sus brazos. Ella se dejó hacer y siguió llorando, cada vez con más ganas y más dolor.
Sirius suspiró y aunque todos sus instintos le gritaban que la dejara y fuera él mismo a la mansión a buscar a quien la había puesto así, sabía que tenía que sacarla de ahí. Así que la apretó más y se aparecieron.
Marlene supo que se habían marchado pero no adivinó de inmediato donde aparecieron, no lograba concentrarse en nada que no fuera en el dolor que la estaba atormentando, en las imágenes de los cuerpos de sus padres y en su casa destruida. En el sentimiento de culpa que poco a poco estaba comiéndosela por dentro.
Lloraba como nunca había llorado en su vida, sollozaba con fuerza, dejando salir sonidos estrangulados de agonía que no sabía que era capaz de hacer, pero no le importaba. No le importaba que Sirius la viera así, que ya nunca fuera a verla como la mujer fuerte que se había esmerado tanto en hacerle saber que era.
No le importaba nada. Porque lo había perdido todo.
Una oleada de rabia se unió a todos los demás sentimientos que estaba sintiendo y apretó los puños con fuerza.
Estaba furiosa. Con Bellatrix. Con esa Guerra. Con el mundo. Y sobre todo, con ella misma.
Gimió con rabia y se alejó de Sirius de golpe, arrepintiéndose al sentir el frío de la noche envolviéndola.
— ¿Por qué me trajiste aquí? —Preguntó con la voz ronca, confundida, al darse cuenta de donde estaba.
—No lo se. —Respondió Sirius con sinceridad.
Mar dio varias vueltas recorriendo el lugar, levantando la arena bajo sus pies mientras lo hacía.
Se detuvo cuando tuvo de frente el océano, oscuro y calmado, burlándose de ella, haciéndola saber con cada ola que rompía contra la orilla que al mundo le importaba una mierda su dolor, que la vida seguía su curso aunque la de ella acabara de desmoronarse.
Dejó salir otro sollozo y se dejó caer de rodillas contra la arena, lastimándose pero recibiendo el dolor físico con gusto, esperando que ayudara a aliviar el otro. Enterró las manos en las palmas y siguió llorando.
Sirius caminó hacia ella y estiró una mano pero no llegó a tocarla, no sabía si debía hacerlo, no sabía nada. Verla así le estaba destrozando la cordura y saber que ese había sido el propósito de todo lo hizo sentir enfermo y culpable.
Era su culpa y lo sabía.
Se pasó ambas manos por el cabello en señal de frustración y tomó aire intentando buscar una solución, una forma de calmarla, pero no encontraba nada. Una parte de él pensó en llevársela e ir a buscar a Lily, la pelirroja sabría que hacer, sabría consolarla y hacer que todo mejorara.
Pero otra parte, una más insistente, no quería buscar a nadie. Quería ser él quien estuviera ahí para Mar, quería poder ayudarla aunque no tuviera ni puta idea de cómo y aunque posiblemente fuera a arruinarlo.
Así que tragó grueso, suspiró y se sentó a su lado, dejándola llorar, sin tocarla porque no sabía si lo rechazaría, pero después de unos minutos no pudo con el cosquilleo en su mano y empezó a acariciarle el cabello.
Mar tuvo un escalofrío al sentirlo y por un segundo quiso quitárselo de encima de un manotazo, a pesar de saber que todo lo había hecho por su bien, seguía enfadada con él por haber sido tan insoportablemente necio y ponerle tantas trabas toda la noche.
Pero lo único que logró hacer fue mover más la cabeza hacia su tacto, queriendo encontrar consuelo en cualquier parte. En Sirius.
Sin dejar de llorar se movió para quedar sentada en la arena y se giró hacia él. Ignorando su mirada de sorpresa le echó los brazos al cuello y lo apretó con fuerza, mojándole el hombro con sus lágrimas.
Sirius primero se quedó estático, sorprendido ante su arrebato, pero un momento después logró recomponerse y la abrazó devuelta, pegándola más hacia él para con una mano acariciarle el cabello y con la otra la espalda.
Junto al sonido tranquilizador de las olas, Mar encontró entre sus brazos el consuelo que estaba buscando y aunque aún le dolía todo, hasta respirar, sentía que empezaba a calmarse, o al menos a pensar con claridad. Se movió más contra los brazos de Sirius, queriendo fundirse en su cuerpo, sabiendo que si lo soltaba se perdería.
—Es mi culpa. —Sollozó contra su hombro después de varios minutos de silencio— Todo es mi culpa…
—Cállate. No es cierto. —Es mía, es mi culpa— No tienes la culpa de nada.
—Yo debía protegerlos. —Siguió diciendo Mar, ignorándolo— Ese era mi trabajo y no lo hice…
—No seas ridícula, Marlene. —Chasqueó Sirius, con furia y dolor contenidos—Esto no es tu culpa.
—Solo dices eso por decirlo. —Murmuró con amargura.
— ¿Y yo desde cuando hago eso?
—Eso mismo me pregunto yo…
—Estoy diciendo la verdad.
—No es cierto.
—Pero claro que sí, yo siempre te he dicho la verdad… Bueno, siempre es una palabra muy grande pero tú entiendes…
Mar quiso maldecirlo por hacer chistes en ese momento pero solo alcanzó a soltar una risa, no porque le hubiera hecho gracia, no porque se sintiera mejor, no fue una risa feliz pero sí aliviada.
Aliviada al saber que aunque todo estuviera hecho ruinas, aún tenía ese pedacito de normalidad junto a ella.
—Tranquila, estoy aquí. —Le susurró Sirius, empezando a mecerla de manera torpe y descoordinada— Todo estará bien…
Marlene se mordió el labio para no sollozar y asintió a pesar de saber que mentía.
A pesar de saber que ya nada volvería a estar bien.
Hola, mis amores.
Bueno, como lo prometido es deuda y les dije que este capítulo sería muy triste y dramático pues ahí lo tienen. Creo que la tragedia no es mucho mi fuerte así que no se que tal haya quedado, espero que no muy ridículo o algo así.
Ahora ya saben que pasó con la familia de Mar, les confesaré que me siento muy culpable por hacerla pasar por esto porque le tengo mucho cariño al personaje y además que como LU es un universo alternativo donde todo es felicidad, ella tenga que vivir con este dolor, pero me pareció que si iba incluir la guerra en el pasado de los adultos se tenían que ver los daños colaterales, aunque Lily, James y ella vivieran y los merodeadores se mantuvieran juntos, no era realista no mostrar algún daño colateral en la historia.
Ya el próximo es la última parte de este mini fic y aunque no será tan dramático sí será triste obviamente ya que veremos las secuelas de todo este incidente.
En fin, espero que les haya gustado y aunque no sea así me encantaría leer su opinión así que pueden dejármela en la cajita de reviews de abajo(L) ¡Gracias por pasarse por aquí! Les mando un beso enorme y nos leemos pronto en LU, los quiero!
Tanke 98: ¡Hola, por aquí! No eres un monstruo JAJAJA solo que el tema de James me pone sensible pero está bien, puedes seguirlo sacando por LU jajaja. Es cierto que la primera etapa del luto siempre es la negación y más cuando se trata de Sirius que ya de por si no tiene idea de cómo expresar sus sentimientos de manera saludable y normal. Y puede que no fuera el mejor momento para que él y Mar tuvieran relaciones pero al final es como tú dices, ninguno de los dos sabía como tratar ese tema y por otro lado, Sirius necesitaba sacar su dolor y además sentir que todo estaba bien y que no estaba solo a pesar de no haber perdido a su hermano. Como viste, este capítulo sí fue más triste pero somos masoquistas así que aquí estamos jajajaja. ¡Gracias, gracias por tu review y por leerme aquí también! Te mando un abrazo enorme, espero que estés bien y nos hablamos en LU, bye(L)
