Capítulo correspondiente a Haruka
s e g u n d a t e m p o r a d a
"En el Silencio"
CUATRO
Desde que estuvo en la corte juvenil se portaba de forma diferente. Hasta dejaba que su hermana le saltara todo el día en el estómago. Pero no se trataba de lo deprimente del sitio, sino darse cuenta, lo deprimente de su vida y por qué no, el ritalin hacía efectos muy raros en su ser. Su padre la sentenció, si reprobaba de nuevo se iba a un internado en Patagontú. Buscó en el mapa el sitio pero no lo encontró, cuando le reclamó éste contestó entonces se iría a África como misionera. Ella rió, ni siquiera sabía el Padre Nuestro pero a esas alturas lo creía capaz de eso y más.
"Mira" mostraba Hitori la foto de un barco
"¡Que lindo barco!" intentaba mostrar alegría extrema
"No el barco" se enfadó la mujer "Es un cóctel o una fiesta… Bien no importa eso, lo que importa es que será una gran noche romántica… Tu padre me lo regaló"
"¿El barco?"
"¡No!" Haruka rió "Te odio, nunca sé cuando te haces la tonta y cuando lo eres"
"Mami" agitaba sus manitas la niña
"No cariño tú te quedas con Haruka… Y no se te ocurra llevarla a tus arrincones ¿Podrás hacerme un favor una vez en tu vida?"
"Lo pensaré"
No tenía nada mejor qué hacer esa noche así que cuidaría de la niña. Solamente que esa semana su padre se indigestó, se le ocurrió ir a ese lugar nuevo "Ranchera carne" y como el anuncio decía todo lo que pueda comer por 6.5 él lo tomó muy apecho. Al día siguiente fue de nuevo, esa vez por el reto de comerse la carne más enorme y suculenta… le llamaban la Interminable y si se la comía entonces sería gratis sino pagaría 250. El orgullo le dio una indigestión por lo que aquella interminable le salió cerca de 350 euros (carne, doctor, medicamento)
"¡No perderé mi dinero!" gritaba desde la cama
"¡Y cómo vamos al barco!"
"¡Haruka ven tu padre te dará la bendición y dictará su última voluntad!" la chiquilla se paró a un lado de la cama, no podía evitar reí. Su padre la sujetó del cuello de la camisa, entre gimoteos le dijo su última voluntad "Ve a ese barco y come todo lo que puedas, llévate una bolsa y tráenos algo de comida"
"Bueno" reía animadamente
"¡Lucas!" lo reprendió su esposa
Sería divertido, más que estar escuchando a su padre decir que moriría y regresaría para ahuyentar a la clientela de "Ranchera Carne" al principio sonaba muy simpático escucharlo pero después se volvió aburrido y molesto. Se vistió con su traje negro y la arrogancia de antaño que dejó suspendida.
"No se te ocurra traerte nada del barco… Tu padre delira"
"Claro" reía "Y si llevo a Ayame, son dos boletos"
"No, ve con Belinda. Ayame solamente te dará problemas y además tiene ya sueño… Ve sus ojitos cansados"
"Belinda no puede ir… está castigada"
"Lástima… Sirve que encuentras alguien a quien ligarte"
Era uno de esos eventos llenos de arte y sobriedad, no pondrían música moderna y para rematar darían de comer recetas extranjeras. Sonrió un poco, comida gratis era comida gratis. Leyó en el cartel la presentación de Michiru Kaioh, así como la invitación para visitar la exposición de sus cuadros junto con la de otros grandes artistas. Recordaba dibujaba muy bien de niña y si hoy era famosa se preguntaba cuánto valdría la sirenita con delfines que le obsequió, para ella valía más que su propia vida. Estuvo flirteando por allí mientras llegaba la hora del evento. Consiguió cinco números telefónicos y una invitación a un departamento. Rió recordando la advertencia de Belinda, una infidelidad y estaba fuera definitivamente de su vida.
"Buenas noches, Bienvenido" le saludó la edecán
Estuvo mirándola de soslayo, temía notara la importancia que tenía en su vida aún. Oyó los comentarios de las damas, Michiru era una niña tan hermosa y solitaria, seguía viviendo en su mundo de ensueño pero no podía ser de otra forma, no para los condenados como ellas. Se salió de la sala par vagar por allí. Alguna vez ella le preguntó qué tanto eran iguales, la pregunta fue un poco más obvia: si veía gente muerta. Pero no se trataba de quiénes eran o no para ella sino lo que hacía para buscar la felicidad, ser diferente no ayudaba mucho y cuando se tienen esos dones que causan terror los humanos se convierten en monstruosidad. Cómo se lo explicaba. Cómo terminar sus esperanzas. Bajó a ver sus cuadros, ella estaba allí sentada. Miró con asombro aquel cuadro de destrucción y sangre. Tal parecía que la niña siguió fomentado su don hasta que lo volvió parte de sí misma.
"Eres muy famosa" eso lo sabía bien
"Conozco a una joven que estaría encantada de poder ir en coche contigo por la playa"
Pero ya no la veía, estaba intentando descifrar aquel cuadro para ver si así descubría a qué hora le pareció buena idea mostrar los secretos del alma humana. Cuando creyó que la diferencia haría a una mejor nación… Cómo dejó su sirenita que las utopías y sueños se apoderaran de su forma de vida. Hasta donde sabía su madre seguía con ella y por lo que recordaba nunca la trató bien, a pesar que nunca hablaron del tema no se necesitaba ser muy inteligentes para leer la tristeza en los ojos de Michiru, ver el terror que tenía al fracaso, porque su familia no perdonaba algo así, la palabra fracasar o defraudar simplemente no existía, se debía ser el mejor sobretodos las cosas. Ser diferente era una forma de fracaso, una decepción para la familia que ha puesto el empeño de años en sus retoños para volverlo los mejores…
"Es un extraño trabajo ¿Verdad? No puedo entender cómo una chica tan delicada como tú puede pintar una ficción tan horrible y espantosa como ésta"
"No es una ficción. Puedo verlo y sentirlo con absoluta claridad" contestó con severidad ¿Por qué se empeñaba en hacerle creer eran diferente? En un susurro continuó "Igual que puedes verlo tú"
"No busques respuestas donde no hay preguntas"
Y pedía entre sus arrebatos no le contara mentiras de utopías que jamás se realizan. La vida era injusta, cruel y dura así debía ser y así la amaba, buscaba ser feliz, luchaba por un mejor mañana pero a su manera.
"No quiero oírte más… Te desconozco Haruka Tenoh"
Durante un tiempo esperó. Rogó a los dioses como nunca por una nueva oportunidad. Fue una tonta y sin darse cuenta estaba hundiendo su propia felicidad. Cerró los ojos para volver a rogar el favor de los que gobiernan el universo. No más estupideces. Pero las cometió y con más torpeza. Se encontró con su sirenita cuando estaba con otra, sus infidelidades, le costaba hoy a Michiru y de paso a Belinda, para su buena fortuna su sirenita la encubrió. Volvió a orar y de nuevo los dioses le dieron una oportunidad. Aquella mañana Hitori le dijo que por fin alguien que se oía decente había llamado para el anuncio. Ella no quería otro tutor, la última se convirtió en el punto de peleas entre Belinda y ella. Ni qué decir de su profesora de piano.
"Yo la elegiré… Además dejamos que Belinda le pusiera Ser feo o fea como requisito indispensable"
"Bueno" se imaginaba a quien le daría clases, una feita espantosa que de verla se desmayaría por le terror, tal vez hasta causara pesadilla en su pequeña hermanita
"¡Vamonos!"
Era tarde. Hitori se bajó del auto con la niña mientras Haruka se estacionaba. Aparcó a tres calles. Corrió pero realmente no quería llegar allí y conocer a la fea. Su asombro no terminaba, los dioses la amaban o pretendían una extraña venganza. Miró con terror que su nueva asesora académica sería Michiru Kaioh.
"Haruka siéntate también, veremos a la jovencita… ¿No eres muy chica para ser asesor de estudios? – Michiru tartamudeó. Haruka refunfuñaba por lo bajo"
"Aquí están mis notas" y mostró los papeles que traía consigo "He tenido algunos cursos y he tomado materias extras…"
"Hitori" susurraba entre dientes la pobre rubia "Eres muy buena y la mejor que ha venido pero no cumples el requisito principal: Ser fea y de verdad fea, no fea a medias… Fea con ganas, feísima" ¿Acaba de llamarla hermosa o fea a medias?
"¡Soy fea!" gritó la chiquilla enfadada
"Lo sabemos pero no lo suficiente" reía la rubia encantada de su molestia
Al final Hitori ganó. Michiru sería su maestra. Se negó a ser ella quien le diera la noticia a Belinda cómo le diría que escogió una niña guapa para ayudarla sin intención.
"¡Michiru!" gritaba histérica la chiquilla "Eso es maravilloso aprobarás ahora sí"
"¿?"
Entonces ¿Michiru cabía en su definición de fea? Rió pero Belinda estaba tan emocionada que no prestó atención a sus burlas bobas.
Primer sábado. Michiru llegó puntual. Haruka aún dormía, Hitori la levantó pero ella estaba muy adormilada, había salido anoche y ahora solamente quería dormir. Se sentó en el comedor. Su pequeña sirena se veía hermosa, la saludó de beso y volvió a sentarse. Su primera orden del día sería revisar las materias que llevaba. Haruka ya había bajado sus cuadernos y libros
"Veamos ¿Tu libro de biología?"
"No llevo biología"
"Claro que sí, aquí en tu horario está apuntada, la tienes martes, jueves y viernes a la última hora"
"Ah" se mostró asombrada
"Creo esto será más difícil de lo que pensé… Empecemos con matemáticas"
Más que su asesora se convertía en su alcahuete. El segundo día de estudios Haruka peleaba por teléfono con Belinda. Miró a Michiru y a señas le pidió dijera estuvo ayer estudiando con ella. Su sirenita se negó un buen rato hasta que cansada, quizá de la espera o de su necedad, accedió a tomar la bocina. Belinda estaba furiosa y Michiru le explicó que la tuvo estudiando hasta tarde porque estaba muy atrasada y si seguía discutiendo se atrasarían hoy. Ella le creyó. Cuando colgó Haruka saltó de alegría, hasta la besó.
"Eres única"
"No más"
"Bien"
Promesa que no se cumplió. Cubría sus infidelidades, mentía, accedía a verse en equis sitio en presencia de Belinda para que luego ella escapara a sus citas clandestinas.
Haruka todavía se preguntaba el por qué. La rubia enfurecía cada vez que veía a Jessica con ella. Tenía la intención de preguntarle si eran aún amantes, pero sabía que no le importaba. Aún no le confesaba que la recordaba y seguía fingiendo indiferencia, como si fuera una chica más.
"Es muy linda Michiru" comentaba Belinda
"Pues dijiste era fea" masculló pero ella no le prestaba de nuevo atención
"Sabes Mitori va a conquistarla, ya le dije que se anime, es una niña hermosísima. Harían una gran pareja"
"¡Pareja! Qué va, él feo y ella hermosa serían la Bestia y la Bella"
"Eres muy mala. Déjalo en paz" le besó en los labios "Nos vemos entonces mañana"
"Bien"
Michiru llegaba un poco tarde. Se bajó del auto que Jessica conducía y Haruka no pudo evitar sentir rabia. Apretó los puños, corrió a abrir la puerta. Jessica apenas la vio sonrió con cierta burla. Las enemistades extrañas de niñas se mantenían aún. Michiru frunció el entrecejo, detestaba ser el árbitro de sus pleitos absurdos. Se metió a la casa mientras Jessica y ella sostenían una de sus tantas pláticas retadoras.
"Juguemos" y rápidamente sacó el tablero de ajedrez
"Perderás" decía Jessica riendo "Recuerda soy campeona nacional de ajedrez"
"¡Basta!" gritó Michiru enfadada
"¡Ella empezó!" gritaron al unísono señalando a la otra.
Michiru era parte de un pasado que deseaba olvidar. Se empeñaba en ello desde que se dio cuenta la vida no cambiaría para ella. Quería ser alguien diferente y así construirse una mejor vida. Su bella sirenita quedó enterrada con muchos otros recuerdos e hiciera lo que hiciera no dejaría que esa historia renaciera de las cenizas. Sus cavilaciones terminaron cuando su subconsciente advirtió que Belinda usaba dos palabras contradictorias en una oración: Mitori y Michiru. Si no alcanza a salir de sus pensamientos hubiera perdido la noticia de la semana: Mitori se animaría a conquistar a Michiru Kaioh, pues se dio cuenta estaba enamorado. Ella rió sonoramente
"No seas mala"
"Soy franca… No creo a ella le agrade alguien tan" dejó de pensar para gritar el nombre de sus dolores de cabeza "¡Jessica!"
"Eh mira este movimiento" venía con Michiru jugando con su nueva pelota de soccer.
Dio un pequeño giro tropezando. El balón salió por los cielos y Haruka con la cabeza lo atrapó dejándolo en sus piernas para dominarlo todo ello sin que el balón pisara el suelo. Jessica aplaudió.
"Eso hasta los monitos" decía entre dientes
"¡Qué!" gritó la rubia " Va" dio un pase
Conforme sus pases se volvieron más complejos y su riña se descargaba en humillar a la otra el público se acumulaban. Mai tenía rato observándolas, si un día él formó un dueto increíble con Tenoh quedaba anulado en comparación con la maestría y coordinación que hoy mostraban.
"Ahora ve esto" dejó el balón en su espalda la niña rubia
Pronto Michiru tuvo que quitarles el balón antes que terminaran a golpes.
"Son excelentes. Eh niña rara ¿Quiere estar en el equipo de soccer?"
"Eso nunca" sentenció Haruka observando la mirada dominante de Mai
¿Por qué nadie la escuchaba nunca? Ignorada de nuevo y ahora con Jessica en su equipo. Ya a solas se arreglaría con Mai.
"Bueno qué parte de no la provoques no entendiste" refunfuñaba también Michiru
"¿La parte no la provoques?"
Se escapó de nuevo de casa, iría con Mai para quejarse amargamente y presentar su renuncia, ella con Jessica ni en sus mejores sueños. Se metió en los barrios peligrosos de la ciudad, pero los conocía de memoria como sus habitantes la conocían. De las sombras le salió uno de los amigos del chico. Ella respiró, por un momento creyó se trataba de un asaltante. Lo saludó como siempre, trataba de mantenerse lejos de las amistades de Mai. Sobretodo porque no quería comprar nada ilegal o meterse en aprietos más serios de los normales para ella. El hombre le cerró el paso, tal parecía no la dejaría irse.
"Eres muy bonita muchacha" reía el hombre gordo y de rostro grotesco
"Con permiso"
"Pareces un muchacho. Eres muy bonita" la sujetó con fuerza de las muñecas
Forcejó un rato con él pero aquel hombre duplicaba su tamaño y peso, la acorraló contra la pared y le susurró con su aliento a licor se quedara quieta. Lloró y maldijo. Nadie la iba a salvar esta vez. Intentó golpearlo peor el hombre parecía tener experiencia en esas situaciones
"No te pongas necia o te irá peor"
"Por favor déjame ir" lloraba
Un certero golpe con una pala tumbó al hombre. Haruka se secó las lágrimas mientras se cercioraba estuviera vivo e inconsciente. Por fin se atrevió a mirar los ojos de su salvador; arqueó la ceja y por un momento, un instante pequeñísimo, pensó que hubiera sido mejor terminar en manos de aquel mastodonte a deberle su vida a Jessica Wiechers. Se soltó a llorar de nuevo todavía por la impresión y el susto.
"No es lugar para que andes solita" decía con parsimonia Jessica
"¿Te tomaste algo?" dejó por fin de llorar. La voz de Jessica y sus movimientos eran bastante torpes y lentos "Anda vayamos a casa"
"Bien" sonreía "¿Me dejarás estar en tu equipo? Te prometo ganaremos y practicaré mucho"
"No"
"Te quiero mucho ¿Te lo había dicho?"
La rubia la miró con desconcierto. Debería ser parte de los efectos. Sonrió con desdén y la tomó de la mano para llevarla fuera de aquel horrible sitio.
Era sábado y Michiru estaba retrazada. Demasiado. Ella nunca llegaba tarde ni faltaba. Obligó a Hitori a marcar a su casa y buscarla ¡Le pagaba porque le enseñara! El tiempo era oro y recitó otras tantas frases que su padre le decía cuando fracasaba o llegaba impuntual. Hitori accedió, después de lavarse las manos la buscaría, ahora estaba ocupada intentando hacer el desayuno, pero la chiquilla no esperaría. La estuvo buscando, por fin alguien en casa de la jovencita se compadeció de ella y le dio el número de su móvil. Colgó y se lo entregó a Haruka. La rubia con su mirada férrea de nuevo la obligó a marcar.
"Hola ¿Sí? Bueno está bien" tapó la bocina, en susurro le dijo a la chiquilla "No vendrá, no se siente bien"
"Presta acá" tomó el auricular y haciendo la voz más roca que su padre contestó "Quiero saber si repondrá la clase"
"Ni idea… Creo" reía la chica
"¿Jessica?"
"Eh" se oía demasiado perdida
"¿Y Michiru?"
"Ni idea, creo…"
Colgó. Haruka golpeó la bocina con furia mientras Hitori reía encantada. Solamente la vio hacer un berrinche un poco parecido en magnitud cuando Belinda le colgó. Dejó se desquitara con el aparto, si lo rompía se lo cobraría. Terminó y tomó las llaves de su auto.
"Espera"
"Le pagas 20 euros por clase voy a exigir mis 20 euros de educación"
"¿De cuando acá te apura el dinero?"
"¡Aprendo del mejor!" gritó en la puerta
Si Jessica respondió el móvil debían estar en su casa o por lo menos allí le darían santo y seña de dónde encontrarla. Lloviznaba, encendió los limpiadores. Mataría a Michiru y después a la boba Jessica. Se frenó de inmediato, qué le pasaba, hasta parecía maldición, nada más estaba ceca de su sirenita y su neurosis iba en aumento. Si la dejaba plantada o no le daba clases no era su problema, para ella mejor, el trato era a los diez minutos podía hacer planes, un día como aquel era fabuloso para salir con su hermanita a acampar en lugar de estar metida en un libro. Respiró hondamente, la enloquecía pensar que la olvidó, y de nuevo las interrogantes. ¿No quería eso? Selló el pasado que Michiru destapó al volver. Arrancó el auto de nuevo para echarse en reversa y volver a casa
"¡Auxilio!" vio a la niña gritando por el espejo retrovisor
"Que pasa pequeña" salió del automóvil
"Ven… Mi hermana… La amiga de mi hermana"
Eso era muy entendible, sobretodo porque iba acompañado de gimoteos. Si la recordaba bien se trataba de la hermana menor de Jessica. Supuso que algo anda muy mal. Ya en la mansión Sydney le indicó que la amiga estaba arriba y Jessica en las escaleras.
"Jessi"
La chiquilla estaba en plenas escaleras aún cantando y un poco cruzada. Haruka conocía los efectos de las drogas y el alcohol así que estaba segurísima tenía una cruza de ambas. Le tomó el pulso, revisó sus pupilas y retiró de sus manos las pastillas que se había tomado. Como pudo la llevó al sofá.
"Jessi…"
"Mande" hablaba torpemente
"¿Qué más tomaste?"
"Nada" sonreía
Su mente entonces armó, si ella tenía el móvil de Michiru y Sydney hablaba de la amiga… Brincó el sillón en un salto jamás visto, de tres brincos subió todas las escaleras. Abrió la puerta de un golpe encontrando a Michiru tendida en la cama inconsciente. La tomó entre sus brazos pero la chiquilla no respondía
"Demonios… Michiru"
Golpeó levemente sus mejillas. La jovencita apenas se movió. Sonrió, por lo menos estaba viva. Le preguntó que se había tomado y la chiquilla levantó la mano derecha dejando caer un paquete. Ahora sí, mataría a Jessica cuando estuviera en sus cinco sentidos. Se suponía la niña desastre y quien llevaba su vida al hoyo era ella. ¡Ella era la que hacía estupideces! No su Michiru, su sirenita hermosa.
"Michiru"
"¡Qué!" gritó exasperada
"Ven bonita"
CONTINUARÁ…
