Disclaimer: Los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto.
.
Huellas imborrables
.
Capítulo 4: Podemos ser amigos
.
-0-
La tesorera de la escuela era una mujer obesa y de gruesos lentes. Hanabi le extendió el sobre mientras tenía la mirada fija en el gran lunar que tenía la regordeta en ese cachete inflado. La gruesa mujer le sonrió mientras abría el sobre y separaba el dinero del formato de viajes escolares. Releyó la forma y abrió los ojos y la boca con un exagerado gesto de sorpresa. Hanabi frunció el ceño, un poco incómoda.
—¡Oh, tu clase decidió ir al centro botánico de Kusa! —empezó a reír mientras firmaba el recibo de recibido y se lo alargaba—. Eres la primera en entregar el formato y el dinero de todos tus compañeros. Me imagino que tu clase aprecia tener a una jefa de grupo como tú, tan responsable y tan puntual.
—No lo hice sola, alguien me ayudó.
Con la sequedad de esas palabras, decidió ponerle fin a esa pseudo conversación sin gracia y dejó a la tesorera con la palabra en la boca, para dar media vuelta y salir por la puerta. Sentada en una banca frente a la tesorería la esperaba Matsuri. Se puso de pie cuando la vio salir y ambas caminaron juntas hacia las áreas verdes de descanso con los treinta minutos de receso que tenían.
En el transcurso de esa semana la castaña y la Hyūga habían tenido más interacción. Dos días anteriores ambas se juntaron para hacer una tarea escolar en la biblioteca, en equipo, y aunque Hanabi aún se sentía un poco incómoda por la compañía en sus horas de estudio, decidió no portarse mal. Matsuri no era una chica molesta, tenía algunas ventajas su compañía, pues era aplicada, callada, y cuando hablaba no tenía una de esas voces chillantes que tanto la irritaban. Por eso tampoco le hizo mala cara cuando se ofreció ayudarla con la recolección del dinero para el viaje escolar.
—¡Vamos a sentarnos! —decidió la castaña.
Caminando por un sendero, Matsuri sonreía como una princesita mientras le contaba sobre su próxima fiesta de cumpleaños y baile de quinceañera, en cinco semanas, donde por supuesto la Hyūga ya estaba invitada. Pero Hanabi tenía los ojos y la atención puesta en otra cosa. Pues en el momento que iban a sentarse en una mesa de piedra al lado de un enorme árbol, casi retrocede al verlo; allí estaba Naruto a unos cuatro metros de distancia, sentado en otra de las mesas, acompañado del siempre expresivo y escandaloso, Kiba, de Sakura, Ino y Shikamaru, que también eran los amigos de Hinata. ¿Y por qué no estaba su hermana con todos ellos? Ah, lo recordó rápido, por su antisocial novio pelirrojo.
—Allí están los de quinto grado —murmuró Matsuri con timidez, y cierta emoción.
Hanabi frunció el ceño y la miró un poco confundida.
—¿Por qué usas ese tono?
—¿Cuál tono? —cuestionó cohibida.
—Ese tono de admiración, como si ellos fueran de la realeza.
—No, no creo que sean como de la realeza —se rió—. Sólo creo que resaltan entre todos los de su generación. Sakura está en el top de las olimpiadas de matemáticas, ¿sabías? Digo, es tan bonita y graciosa, y aún así se toma su tiempo extra para cálculo diferencial.
Hanabi vio que la rosita se reía de un chiste de Natuto y lo empujaba hacia un lado con fraternidad, como si siempre se trataran de manera informal. Sí, en cierto modo Matsuri tenía razón. Sakura tenía algo especial, algo que la diferenciaba de muchas, y no sólo por el cabello rosa. Tenía cierto aire de madurez que la distinguía del resto de las mujeres de la escuela, hasta del resto de sus propias amistades. Era la mejor amiga de Hinata, desde que se conocieron en el primer grado, y siempre andaban casi tomadas de la mano, obviamente hasta el día que su hermana se lió con Gaara.
Observó como Naruto se tomaba un jugo de cartón, con la camisa desfajada y el saco desabrochado. Era lo más cerca que lo había tenido desde lo ocurrido en las gradas del campo de futbol. Ya no se sentía tan molesta como los días anteriores. Reconoció que Naruto no era su amigo en realidad, no le debía nada, a pesar de sus últimos encuentros, nada de eso los convertía en cercanos. Sus verdaderos amigos estaban allí a su lado. Eran ellos, con los que pasaba tanto tiempo, con los que se divertía, obviamente no ella. Y no es que la deprimiera el hecho de no ser íntimos, conscientemente, no esperaba serlo. Era quizá la falta de reconocimiento lo que la ofuscaba, de haber pasado algunas extrañas experiencias juntos en el último mes, y ni aún así, él estuviera interesado en mantener su contacto, o de quizá buscar una casualidad para volver a conversar, como en las gradas, de lo que fuera.
Siempre había creído que Naruto era un idiota, que era inmaduro, escandaloso, desobligado, y qué decir, alguna otra mala fama. Y posiblemente lo era, pero también era muchas otras cosas. Lo había descubierto, ese día en las gradas. No era mala persona. Le había agradado que alguien con esa personalidad tan llamativa se hubiera preocupado y se hubiera tomado el tiempo para escuchar sus asuntos. No era algo común, mucho menos de un muchacho de quinto grado. Y ahora que lo miraba allí, siendo parte de ese resaltante círculo, le hacía creer que estaba lejos de ser el ser despreciable que creyó al principio.
Se sentía rara pensando en él así, como si anhelara tener una relación cercana. Él ya tenía suficientes amigos, era obvio que no necesitaba una nueva. ¿Y ella quería amigos? No exactamente. Además, ella nunca podría ser una buena amiga, no. Lo estaba descubriendo con Matsuri; ni siquiera le prestaba atención cuando hablaba, y sólo estaban juntas porque ella se acercó a su mesa de estudio. Siempre había sido taciturna y antipática, quizá Naruto ya había notado eso y por lo mismo, no le interesaba un encuentro casual, ni una charla, ni nada.
Enseguida, el grupo de quinto grado, incluyendo a Naruto, se puso de pie y se dirigió hacia los salones de clases. Hanabi los vio pasar frente a ella, y aunque se puso ligeramente nerviosa, absolutamente ninguno de ellos bajó la vista para darse cuenta de su presencia allí sentaba en la banca de piedra. Por un momento ella también temió levantar la vista y conectar sus ojos con el rubio, quizá no sabría que decirle, pero cuando lo hizo, él ya había pasado riéndose de un chiste con Kiba. Así fue como se esfumó la única oportunidad del día para que Naruto la viera y le hablara, mínimo, que la saludara.
—Tu hermana ya nunca anda con ellos porque tiene un nuevo novio, ¿verdad?
Le cuestionó Matsuri con una sonrisa de lela. Hanabi apretó los labios, sin interés por los asuntos de Hinata.
—No sé, supongo.
-0-
A las catorce horas en punto Hanabi se dispuso a tomar su mochila y abandonar el salón de clases. En ese tiempo no había tenido ningún extraño encuentro con las dos jóvenes que intentaron sabotearla nombrándola jefa de grupo. Sasame y Hotaru parecían muy ocupadas en su propia vida como para dedicarse a fastidiar la de ella. Le parecía extraño, aún cuando Matsuri se lo había contado y confirmado, no lograba encontrar una señal de mala actitud o desplante hacia su persona. Es más, recibió una invitación por la propia Sasame para que asistiera a su fiesta de quince años el próximo sábado en la noche, y aunque le dijo que no podía salir tan tarde, Sasame le pidió que tomara la invitación, por si al final se animaba.
Caminó por el pasillo que daba a la entrada principal. La calle estaba atestada de alumnos y el camión escolar aún no llegaba. Mirando hacia abajo, deambuló por la orilla para no mezclarse entre tanta gente. Quizás tenía suficiente tiempo para comprar algo de beber antes de subir el autobús. Y entonces lo vio, a una insignificante distancia, en la máquina de sodas, insertando una moneda.
Allí estaba Naruto, solo, con su ropa desfajada. Tras observarlo por unos segundos, Hanabi pensó que no era mala idea caminar hacia él y saludarlo. Podía decir cualquier cosa, tomar un refresco, hablar de sus cicatrices como la última vez, o quizás lo menos concebible, hablar de Hinata. Trató de pensar de prisa, porque tenía que hacerlo rápido. No perdía nada, sólo era saludarlo por unos segundos y ya.
Así que condujo sus pasos hacia la máquina de sodas para acabar con esa tonta sensación que la había estado molestando esos días. Pero mientras se acercaba más a él, cierto temor empezó a inundarla. "Me siento tan patética", se decía mentalmente. Era algo un poco idiota temerle, "sólo es un tipo y sólo va a ser un saludo", pensó para darse valor. Y cuando estaba justamente detrás de él, el valor se esfumó como una estrella fugaz y el temor volvió a poseerla.
Negó con la cabeza pensando que no estaba lista para iniciar una vida social activa. No era lo suyo, ni siquiera con Naruto, con quien ya había tenido alguna charla. Dio tres pasos de reversa y giró en sus talones para alejarse, rogando pasar desapercibida. Pero apenas dio unos pasos, la voz del rubio golpeó su espalda.
—¡Hey, Hanabi!
Cerró los ojos con pesar cuando escuchó su nombre, y maldijo dentro de su cabeza. No podía huir, era una idea aún más idiota. Así que tomó una gran bocanada de aire y giró lentamente para verlo, fingiendo una sonrisa. Frente a ella Naruto también sonreía, naturalmente, mientras daba unos pasos para cortar el tramo que los separaba. Tenía una lata de refresco en la mano y le dio un sorbo.
—¿Cómo estás? —preguntó él con serenidad.
—Bien.
Soltó con sequedad, aunque no fue su intención. Naruto asintió antes de volver a poner la lata sobre sus labios y darle un enorme trago. Hanabi observó como ingería el refresco, mientras el líquido atravesaba su garganta haciendo que su manzana de Edén se moviera a cada trago. Al dejar de beber volvió a sonreís con frescura, pero esta vez no dijo nada. Dio un vistazo a su alrededor, dejando su vista en el montón de personas que estaba en la entrada. Pareció reconocer a alguien, pues achicó los ojos para tener una mejor visibilidad.
En todo momento, Hanabi no dejó de observar sus movimientos. Después de notar que ninguno de los dos decía nada más, supuso que ya podía irse, y aunque el saludo no ocurrió como se imaginó, no podía pedir más. Bajó la vista al suelo, sintiéndose fuera de lugar y decidió que dejaría de pensar en saludarlo otra vez, por fin.
—Como sea, ya me voy —murmuró en voz baja, dando media vuelta para marcharse.
El Uzumaki salió de su estado catatónico y se dio cuenta que ella se alejaba.
—¡Espera! ¿A dónde vas?
Hanabi torció los ojos. Se sentía tonta, pequeña, sin chiste. No quería ser amiga de alguien que no la tomara en cuenta. Volvió a girar para dejar las cosas claras.
—No tienes que hablarme por cortesía. No es una obligación.
—¿Por qué dices eso? No hablamos porque debamos, hablamos porque… —se quedó mudo por cinco segundos y Hanabi esperaba que terminara la frase— …podemos.
Ambos quedaron en silencio, interrumpidos por el vocerío del resto del alumnado que servía como distracción de fondo. Por un momento Hanabi creyó que ella era el problema, que su forma de ser no era compatible con nadie. Pero ver a Naruto un poco desconcertado frente a ella, le hacía creer que quizás estaba equivocada. Aunque esa barrera social era difícil de deshacer. Existía la posibilidad que causara lástima y por eso de las atenciones de él hacia su persona.
—Sólo nos hemos hablado tres o cuatro veces, y las últimas dos yo me porté muy mal… entendería que no me quisieras cerca.
Naruto estaba más que sorprendido, ofuscado, y no pudo evitar reír.
—¡Siempre dices cosas como esas! —trató de apagar las risas cuando vio que ella se puso aún más seria—. Nunca he pensando que no podemos ser amigos, de hecho, me agradas.
Hanabi frunció el ceño y por dentro en su pecho sintió un ligero golpe. No quiso que él notara esa emoción interna brincarle por dentro, la cual se le dificultaba procesar. Para evitar ponerse vulnerable, volvió a protegerse con ese escudo de hierro invisible que a Naruto tanto le asombraba y consternaba.
—No digas cosas así si no las sientes. Si realmente te agradara, me buscaras para conversar. Las pocas veces que hablamos sólo fueron coincidencias, y cuando te veo en los pasillos siempre estás con tu círculo. Así que no mientas sólo para hacerme sentir bien.
—No creí que eso te molestara tanto…
Cuando la Hyūga se sintió más vulnerable que nunca intentó escapar, dando media vuelta, pero Naruto fue rápido y la detuvo de un brazo.
—¡Perdón, perdón! No quise hacerte sentir así, lo siento —dijo mientras Hanabi evitaba verlo a los ojos—. En serio me agradas, yo creía que tú no me querías cerca, por eso no me tomé el tiempo para tratar de acercarme a ti, ya sabes, y también por lo de Hinata…
Hanabi levantó la vista un poco sorprendida por las palabras del rubio.
—Es que han pasado tantas cosas últimamente, y estoy tan emocionado. Es más, pensé en contártelo a ti, justamente a ti, pero como verte es casi imposible y temía tu rechazo, menos se me ocurrió buscarte.
Ella frunció el ceño, sin entender nada.
—¿Contarme qué?
Como si estuviera esperando que ella hiciera esa pregunta, Naruto puso una sonrisa de oreja a oreja. La alegría le brotó por los ojos y parecía desbordarse de él. Se metió una mano en la bolsa del pantalón y sacó un chicle envuelto y una hoja de papel doblada. Hanabi quedó más perpleja. Naruto tomó el papel y se lo alargó. Desdobló la hoja para encontrar una extraña lista con diez nombres raros; "Tortúrame, Vientos de guerra, Un tornado en tu entierro...", se releía en su mente. Levantó la vista sólo para confirmar que no entendía nada.
—¿Qué es esto? —preguntó como si le hubiera enseñado un marciano.
Él se rió.
—Son las canciones de la banda, ¡Kyūbi's Prophecy*! ¡Volveremos a tocar! —chilló emocionado.
Hanabi abrió los ojos, no porque estuviera asombrada de que volviera a tocar con su banda, más bien por enterarse que tenía una banda. De pronto se sintió tonta, por no saber nada sobre eso que tanto lo hacía feliz. Quería decir algo, abrió la boca pero nada le salió. Lo bueno es que Naruto salió al rescate y la interrumpió.
—Este sábado tenemos otro ensayo. Kiba está hablando con unos tipos que tienen un garaje de poca madre, y dice que lo usarán para hacer tocadas, ¡es nuestra oportunidad! Ya tenemos casi todo listo, una batería nueva y hasta un nuevo bajista.
—Oh… —se sentía torpe, como una hormiga en una fiesta de caracoles, sin saber qué decir. Era notorio que para Naruto todo era grandioso, sublime. Así que optó por ser optimista, por una maldita vez en su vida—. Espero que todo salga bien.
—Estás invitada —dijo sonriendo.
—¿Qué?
—Si vamos a ser amigos cercanos, tienes que venir a escucharnos. El ensayo será el sábado a las doce de la tarde, en casa de Kiba.
A Hanabi se le hizo un poco ridículo y no se lo calló.
—Entonces, ¿este es el ritual para iniciar una amistad? ¿No es un poco forzoso?
—No seas tan dura, sólo déjate llevar —y le sonrió cálidamente.
Esa calidez logró penetrar muy dentro de ella, pues algo en sus palabras la halagaron y se sintió bien. Era obvio que era una novata en las relaciones sociales, y no quería parecer una típica campesina inexperta en el tráfico de la ciudad. Sintió que había ganado algo. Porque sin darse cuenta, había obtenido lo que en semanas deseó.
-0-
Era sábado por la mañana, el reloj marcaba las once con veinte minutos.
Hanabi entró a la cocina. La mesa de acrílico brillaba de limpio, lo cual la hizo dudar. La última mujer que hacía la limpieza y los quehaceres en su casa había renunciado porque se iba de vuelta a su país, y su padre no había contratado a nadie más. Eso fue hacia un mes, aproximadamente. En los días previos la casa se había mantenido a penas, cuando ella o Hinata pasaban un trapo por encima de los muebles, de vez en cuando, y las compras de comida y demás las hacía la secretaria de su padre. Pero ahora, la casa estaba impecable. "Tal vez papá le pagó un salario extra a su secretaria…", pensó sin otro remedio.
Abrió el refrigerador y sacó una bolsa de naranjas. Tomó el extractor de frutas de un cajón y lo puso sobre la barra de cocinar. Empezó a cortar las naranjas cuando la puerta se abrió. No se preocupó en girar a ver quien era, de inmediato sintió la silueta de alguien detrás de ella y una mano sujetar su hombro. Ni siquiera hizo un gesto, continuó cortando la tercera naranja.
—Buenos días, linda —susurró su padre después de besarle la cabeza.
—Buenos días, papá —respondió secamente, sin interrumpir su tarea.
El alto y esbelto hombre de la casa, que vestía una bata azul marino y llevaba el periódico bajo el brazo, se dirigió al refrigerador para sacar el cartón de leche. Parecía ausente, lejano en sus pensamientos, aunque sólo en apariencia, porque a ese hombre nada se le escapaba. Podía tener los dos ojos sobre las noticias en el diario y a la vez, vigilaba cada movimiento de su hija. Ese día no fue la excepción.
—¿Vas a salir? —preguntó cuando ya estaba sentado en la mesa, al lado del ventanal.
—Tal vez… no estoy segura.
El hombre asintió. Eso fue suficiente para él. Continuó con sus asuntos, mientras escuchaba como su pequeña colocaba las medias naranjas sobre el extractor y las presionaba, haciendo que la maquina absorbiera todo el jugo con ese incómodo ruido eléctrico.
—Tenemos una nueva ama de llaves.
Hanabi se detuvo un momento, sólo por dos razones; una, para reírse internamente por el título ama de llaves que su padre todavía utilizaba al referirse a la señora que hace la limpieza y la comida en casa; y segunda, por enterarse que no eran ya tres en esa casa, alguien desconocido andaba deambulando por las habitaciones y no la conocía.
—Está en el cuarto de lavabo, ya la conocerás —le advirtió.
Ella alzó una ceja.
—Supongo…
Susurró, como si fuera un hecho irrelevante, pero que a la vez la mataba de curiosidad.
Terminó de llenar el vaso con jugo de naranja y se dispuso a beberlo, mientras miraba a través del ventanal el jardín del patio trasero. La puerta volvió a abrirse, pero esta vez con más ruido, casi de golpe. Hinata entró de prisa, diciendo un casi eludible buenos días, que por supuesto Hanabi respondió con la misma intensidad, casi como un murmullo.
Hinata puso un gran bolso sobre la barra de cocinar mientras metía la cabeza en el refrigerador. Hanabi se inclinó ligeramente al frente para ver que su hermana vestía informalmente; camisa holgada color negra, pantalón de licra gruesa estilo jeans color beige y unos mocasines blanco-negro. Sí, sin duda iba a salir, y ya se le estaba haciendo tarde.
—¿A dónde vas, Hinata? —preguntó su padre, poniendo un ojo sobre su silueta, sólo por un segundo, para volver a concentrarse en el periódico.
—Oh, voy a casa de Ino. Sólo charlaremos y haremos un poco de yoga —explicó sonriendo, con cierto candor.
Hanabi vio algo más en ella, algo oculto en ese gesto y esas palabras, así que la observó detenidamente. Hinata se sintió vigilada y ambas chocaron las miradas. Hanabi apartó la vista y se concentró en un folleto sobre cortometrajes que sacó de un cajón, fingiendo desinterés. Pero sin darse cuenta, Hinata no dejó de verla, y en sus ojos se dibujaba algo de tristeza, un pesar inadvertido.
—Hanabi, ¿por qué no acompañas a tu hermana para que convivan toda la tarde? Cancelaron tu clase de equitación, y tienes mucho tiempo libre.
Dejó de fingir que leía el folleto; eso fue la cosa más impensada que esperó escuchar esa mañana.
Hanabi se quedó tiesa, observando a su padre, que seguía leyendo ese periódico. Por su mente nunca pasó la idea de compartir esa tarde con su hermana, ni por accidente. Es decir, no le desagradaba estar al lado de ella, habían pasado toda la vida tomadas de la mano, siempre juntas las dos, de un lado para otro, pero ahora, cada una tenía sus propios asuntos. Ya no eran dos niñas que debían cuidarse. Y notó que Hinata pensaba lo mismo, porque en su rostro también se dibujaba el desconcierto, y más que eso, la inquietud.
—Oh, no me parece mal, papá —dijo la mayor, tratando de sonar cálida—. Pero no sé si Hanabi se sienta cómoda en casa de Ino.
—Es cierto —se entrometió de inmediato—. Yo ni siquiera la conozco, más allá de la vista, sería raro.
Hinata asintió, dándole la razón, ambas viendo a su padre, con la esperanza de que se retractara.
—No, quiero que esta tarde convivan las dos. Hinata, pueden quedarse en casa mejor, así tu hermana no sentirá tanta pena.
Y las cosas estaban dichas. Nunca, jamás en la vida, habían contradecido a su padre, y ninguna tenía intención de empezar a hacerlo ahora. Hinata le dirigió una mirada de miedo a su hermana, y esta supo lo que quería. Tenían que hacer algo. Las dos tenían compromisos distintos, y lo mejor era salir de la casa para no encerrarse en el problema. No fue difícil encubrirse una con la otra. Hanabi aceptó acompañar a su hermana a casa de Ino. Ya estaba cambiada, sólo tomó un bolso y ambas salieron de la casa.
-0-
La casa de Ino quedaba a unas cuadras de la casa Hyūga, así que ambas hermanas caminaron por la acera, en silencio. La tarde era soleada, Hanabi vestía unos jeans azules, un suéter de botones negro por encima de una camisa gris y unas sandalias, sin mucho adorno.
Hanabi se dio cuenta que el transcurso del camino iba a ser muy extraño, lo cual la sorprendía un poco; no recordaba en qué momento Hinata y ella se habían distanciado de esa manera, hasta llegar al punto de tener que esforzarse por pensar algo en qué hablar. Tenía que romper esa atmosfera.
—¿Desde cuándo hacen yoga Ino y tú? —Preguntó con la vista en el suelo, sin detenerse.
Hinata la observó y sonrió al darse cuenta que no podía mentirle a su hermana.
—No lo hacemos, lo inventé —soltó un risa divertida—. Fue algo que pensé decir desde ayer, antes de dormir. No sé porque creí que papá iba a cuestionarme.
Hanabi también se rió.
—Porque papá es demasiado metiche. Por eso, supongo…
—Sí, no sé cómo hablarle sobre Gaara… —hizo una pausa y después continuó—. Tal vez no le interese saber que tengo novio.
—Claro que le interesa. Que le agrade el tipo, es otro asunto diferente.
Hinata volvió a ver fijamente a su hermana, con una cara de duda.
—¿Por qué dices eso? ¿A ti no te agrada?
—Ni siquiera lo conozco, nunca me lo has presentado. Y a decir verdad, si no quieres, no me molesta.
—No, no es que no quiera. Es que no hay muchas oportunidades para hacer presentaciones.
—Como sea, es tu novio. No necesitas que yo lo apruebe.
—No tanto así, pero tal vez si lo conoces, y ya que se lleven bien, haría las cosas más sencillas, ya sabes, al momento de presentárselo a papá.
—¿En verdad las cosas son tan serias como para pensar en presentárselo a papá?
La pregunta salió así, de la nada, sin intención de causar doble sentido. Aún así, causó que Hinata se detuviera.
Hanabi se detuvo después y notó que su hermana se puso totalmente seria. Pero esa seriedad no era la mejor, había algo más, parecía triste. Por un momento creyó que decir eso sobre su novio la ofendió un poco, quizás estaba muy sensible. Quiso retractarse, porque la verdad es que no tenía ningún prejuicio en contra de Gaara. Lo único que sabía de él es que era inteligente, tenían buen promedio, era algo extravagante, tenía el mal hábito de fumar y era uno de los pocos que tenía automóvil. No podía sacar muchas conclusiones con esos insignificantes detalles. A penas iba a decirle que no fue su intención ofenderlo, pero ella la interrumpió.
—¿Por qué no me dices la verdad? —le cuestionó con la voz triste.
—La verdad es que no pienso mal de tu novio, y si quieres presentárselo a papá, esta - —
—No, no me refiero a eso. Es sobre… —dijo sin despegarle la vista. Hanabi no entendió nada. A Hinata le costó un poco sacarlo de su boca con palabras—… es sobre Naruto.
Hanabi sintió que la sangre dejó de circular por su cuerpo y creyó que se ponía blanca como la leche. Vio que Hinata la veía tan profundamente, como si intentara ver más allá de lo visible, de lo externo. Algo raro ocurrió, pues Hanabi sintió que la habían descubierto, sin percatarse de que estaba ocultando algo, la sorprendieron con la mentira.
—N-No entiendo… —fingir demencia fue lo único que pudo hacer.
—Me dijiste que Naruto no te acompaño a casa, aquel día, y me aseguraste que no tenían ningún tipo de amistad. Pero ayer, charlando con Kiba, me contó lo del accidente de autobús, y dijo que Naruto te llevó a casa…
Hanabi sintió que el color de su cara pasó del blanco al rosado, y que muy pronto parecería un betabel. No supo qué decir, pero Hinata aún tenía más guardado.
—Además, el jueves los vi hablando frente a la máquina de sodas… —agregó con ese dulce rostro de duda, de incredulidad, sin entender porqué su hermana le mintió sin razón. Y si había razones, no las concebía. Tenía tantas cuestiones qué resolver, que tenía un poco de miedo de escuchar la verdad—. ¿Por qué me mentiste cuando te pregunté por él?
No tenía una respuesta correcta. No sabía exactamente porqué. La mirada de su hermana la hizo estremecerse un poco, porque notó que realmente estaba mortificada, y no era algo que disfrutara. Así que pensó en resolverlo de prisa, antes que ella empezara a tejer ideas tontas sobre lo que pasó esa tarde del accidente.
—El día del accidente sólo me acompaño a casa y como estaba herido, entró para ponerle una venda en el brazo… no te lo quise decir porque creí que era innecesario, ya sabes, por lo que pasó entre ustedes… me refiero a que tú estuviste, ya sabes, de él por mucho tiempo, y pues él… bueno, él ya no importa en realidad…
—Pero ahora ustedes, ¿son amigos?
Ahí estaba otra vez, ese brillo en sus ojos. Hanabi estrechó los ojos, sin entender muy bien qué es lo que Hinata esperaba escuchar. Por un lado ella aseguraba que no era vulnerable al Uzumaki, pero por otro lado, sus emociones la traicionaban y dejaban al descubierto un débil sentimiento que peleaba por no desaparecer. Así que optó por actuar bien, para no volver a defraudar a su hermana.
—No exactamente, sólo nos saludamos de vez en cuando, no como si fuéramos mejores amigos, ya sabes… algo así como amigos sin chiste.
Hinata pareció confortarse con esa explicación. Por un momento, estuvo tentada a hacer la pregunta que por ningún modo debía hacerse en su actual condición, "¿Dijo algo sobre mí?". No ocurrió. Hinata se mantuvo firme a su decisión, y esa decisión fue olvidar a Naruto. ¿Por qué? Sólo ella lo sabía, y lo hacía porque creía que era lo mejor. Además, tenía un nuevo novio, uno que le gustaba mucho. Por eso se atrevió a sonreír, recordando que él la estaba esperando a dos cuadras de camino.
Hinata insistió en presentarle a Gaara en ese momento. Hanabi logró inventar una estúpida excusa para zafarse de su hermana. Al fin de cuentas, tenía que estar en diez minutos en la avenida principal. Le esperaba un extraño día de ensayo con los autoproclamados Los profetas del Kyūbi.
-0-
*Kyūbi's Prophecy: Es el nombre de la banda de Naruto, y el resto, ya sabrás quienes son. Ficticio, obvio es. Es La profesía de Kyubi o como también suena cool, Los profetas del Kyubi. Relativamente es lo mismo.
Hey, hey, hey... gracias por leer, apreciable público. No tengo muchos comentarios por hacer el día de hoy; la historia continua y las cosas mejoran, para algunos, claro. Esperen a ver lo que viene...
También espero que disfruten la función, y espero leer sus reviews. En realidad, me gustaría leer sus opiniones, no se imaginan cuánto me satisface.
¡Feliz Hanukkah!... (ya sé que no es diciembre, ni siquiera soy judía, me vale madres, quiero festejar Hanukkah)
Miss K
