Capítulo 4: Soñando con el futuro

Con la llegada de sus primos no cambió la agenda de Candy, el maestro Kennet seguía con sus clases y la rubia iba mejorando a pasos gigantes, una mañana mientras Candy afinaba su violín, el maestro se sentó a leer el periódico, la chica casi tira su instrumento al ver una de las páginas del diario.

- ¡Terry, es Terry! – gritó sorprendida y asustando al pobre instructor – señor Kennet, ¿podría prestarme esa página? – el hombre levantó una ceja, pero vio la desesperación en la voz de la chica. Candy no sabía que las cartas de Terry estaban siendo interceptadas por la señor Andry pues no quería que nada distrajera a la rubia y menos la razón por la que ella había dejado una marca en el apellido cuando huyo del San Pablo.

Candy leyó en silencio "Aparece una nueva cara con un futuro brillante, Terry en la obras de Shakespeare, una nueva estrella en Broadway.

¡Lo logró, Terry logró su sueño! Lloró Candy ante la cara expectante de su profesor.

¡Cuánto había pensado en el castaño desde que se separaron! Ella le escribía cada que podía hacerlo, narrándole su vida, la última carta que le envió fue cuando regresaron sus primos, hacia dos semanas, pero no había obtenido respuesta.

Terry estaba en Nueva York y a ella aún le faltaban 6 meses para viajar e intentar una plaza en Julliard. Deseaba verlo pronto.

/o.O/

En Nueva York, la cuidad estaba repleta de espectaculares de obras a punto de estrenarse o que llevaban un éxito en taquilla desde hacía semanas.

- ¿Cómo te llamas? – recitó Terry en el escenario, interpretando al joven Siward

- Si lo supieras te horrorizarías – respondió el otro actor.

- No, aunque tu nombre abrase más que cualquiera del infierno – dijo Terry, , empuñando su espada.

- Mi nombre es Macbeth.

- Ni el diablo podría pronunciar un nombre más odioso a mis odios.

- No, ni más temible.

- ¡Mientes, tirano execrable! Probaré tu mentira con mi espada.

Y se lanzó al duelo de espadas, el público se exaltó ante la escena. Cae muerto el joven Siward.

- Tú naciste de mujer. De todas las armas y espadas me río si el que las empuña es de mujer nacido.

Y sigue la escena, cuando el telón se cierra los aplausos ensordecen a los actores, es ese momento por el que viven.

Fuera del recinto, ajenos a al espectáculo, un niño grita:

- Extra, extra, se ha declarado la guerra – llenando el ambiente de nerviosismo y expectativa.

Dentro del recinto pronto llegaron las noticias, los actores especulaban sobre el destino del teatro. Consolándose pensando que Europa es muy lejos y no les afectará. Y enfocándose en el pequeño artículo del periódico donde uno de sus compañeros es alabado por su rápido ascenso y talento.

- Terry, ¿leíste este artículo? – le preguntó uno de sus compañeros.

- Sí, lo leí, muchas gracias - respondió el castaño, seco.

- Hablan muy bien de ti y también publicó tu fotogragfía – continuó su compañero.

- Sí – respondió y bajo la mirada.

- Nos alegramos mucho por ti – dijo otro compañero.

- Gracias, ahora si me disculpan – se excusó, quería estar a solas. Hacía algunas semanas que no sabía de Candy y eso lo ponía mal. Quería estar con ella, lo último que sabía era que sus primos habían vuelto. Pensó en lo ansioso que se hubiera sentido de no saber que ella regreso al mismo tiempo que él. Deseaba tomar un tren para ir a Lakewood, pero era un viaje largo y la temporada de Macbeth estaba agotada.

- Candy, espero que estés bien, he comenzado mi camino, ahora no puedo volver atrás, espero que nada pase hasta que nos volvamos a ver.

Era duro, pero habían hecho la promesa de seguir sus sueños, de esperar y nunca dejar de amarse. Él la cumpliría se lo debía.

/O.o/

En Lakewood llegaron de inmediato las noticias de la guerra, esa noche, mientras la familia Andry cenaba se sentía el ambiente pesado, cada uno estaba sumergido en sus pensamientos. Todos eran conscientes de que la guerra era una posibilidad, pero deseaban que fuera una muy remota.

- Quiero anunciarles que dentro de un mes nos iremos a la mansión de Chicago – soltó de pronto la señora Elroy - Candice, el señor McCarthy ha conseguido para ti una audición en el Conservatorio Americano de Chicago.

- Así es señorita Candy – explicó el profesor, tengo un amigo que es profesor y me informó que tendrán audiciones para obtener una plaza en la sinfónica, me gustaría que usted la presentará.

- ¿Cree que estoy lista? – preguntó la rubia, sin confiar mucho en su talento.

- He trabajado con usted durante 6 meses y me parece que ha absorbido todo lo que tenía para enseñarle este año.

La plática siguió enfocada en los logros de Candy, los Leagan la miraban con desprecio, la tía abuela se atrevería a moverlos a todos sólo por esa.

Aunque claro que ambos pelirojos extrañaban la vida de la gran ciudad, desde que tocaron piso americano le habían pedido a la matriarca que se trasladaran a Chicago, pero sin ningún éxito.

Así paso un mes y la hora de partir, Candy se despidió del jardín de las rosas de Anthony.

Archie y Stear habían pedido el permiso de la tía abuela Elroy para mostrarle a Candy la cuidad, le mostraron cada edificio perteneciente a la familia.

- Vaya, ya me había olvidado de su riqueza – comentó Candy asombrada por todas las empresas del consorcio.

- También es difícil para nosotros darnos cuenta de todo su poderío – respondió Archie.

Candy hubiese renunciado gustosa al apellido, esa no era la vida que ella quería, pero el señor Andry, a través de George le hizo saber que seguía y seguiría siendo su hija adoptiva y, lo quisiera o no, debía aceptarlo.

Cuando llegó a la mansión de paredes blancas y techos rojos sintió un leve mareo. ¿De verdad estaba cumpliendo su sueño? Mientras que Terry había empezado desde abajo, ella había usado el apellido de su familia adoptiva para lograr una audición. Estaba segura de que Terry no había buscado a Eleanor para pedirle ayuda, él quería formarse un nombre y una carrera por mérito propio ¿y ella? ¿Cuando al final alcanzará su objetivo sentiría que era su logro o tendría que compartirlo?

/o.O/

Candy tuvo las vacaciones que le prometió la señora Elroy, con Annie que había llegado a la mansión al enterarse que Candy estaría ahí; Archie y Stear fue a nadar al lago, asistieron a una fiesta de Elisa donde conocieron a Michel, un futuro cirujano, que hablo de la guerra como quien esta destinado a tomar ese sendero. Eso especialmente, afecto a Stear.

Vieron a Elisa muy emocionada por Michel, quien la cortejo y pinto en ella una sonrisa, la niña caprichosa y berrinchuda, daba paso a una mujer que deseaba ser digna del corazón del joven doctor, por primera vez la habían mirado a ella, y no a Candy, quien le había ayudado a Michel para que se reunirán en su primera cita.

/o.O/

Candy tomaría la audición y estaba hecha un manojo de nervios, Elisa, que paseaba del brazo de Michel la vio.

- ¿Nerviosa, Candy?

- Un poco – respondió, desconfiada, aún no se acostumbraba a la amabilidad de la pelirroja, pero eso había hecho sus días más llevaderos en Chicago.

- Tal vez no deba decirte esto, Candy, pero Terry viene a Chicago.

- ¿Dijiste Terry? – él no le había escrito desde su carta de pre cumpleaños, ella le mando una nota para avisarle de su cambio de residencia, pero nunca obtuvo respuesta. Candy no le había dicho a nadie que ellos se encontraron en el Hogar.

- Sí, vienen a una función de caridad, Candy, pasado mañana por la noche – a la rubia se le llenaron los ojos de lágrimas.

- ¿Crees que pueda obtener una entrada?

- Es una función privada, Candy, pero ya he reservado un lugar para ti.

- ¿Cómo puede ser?

- Sólo las familias más influyentes de Chicago podrán asistir.

- Muchas gracias, Elisa – a veces el amor puede obrar milagros, Michel era el de la chica Leagan, por él ella quería ser una mejor persona, las diferencias que tenía con Candy pasaron a ser niñerías y juegos sin sentido, estaba enamorada y se sabía correspondida, aunque el que de un momento a otro llamaran al joven cirujano al frente, le aterraba.

- Espera, Candy – le dijo Michel – pasado mañana es tu audición.

- ¡Es verdad!

¡Qué dilema! Su audición era el mismo día, Candy pasó todo el día pensando en cómo hacer ambas cosas.

/o.O/

El tren avanzaba veloz por la vía, Terry reconoció el lugar e impulsado por un resorte imaginario se levantó para caminar y asomarse por uno de los vagones.

- Este es el lugar. Es la estación en que me baje cuando visite a Candy en su lugar natal. Estaba impaciente por conocer el Hogar de Pony. Pero no estaba listo para la sorpresa que me daría la vida, ella apareció a unos metros de mí. Esos tiempos parecen tan lejanos, Candy, ¿cómo estás, por qué no respondes mis cartas?

Terry y la compañía llegaron a Chicago esa noche, descansaron en su hotel y a la mañana siguiente ensayaron desde temprano, pero él no se presentó.

Susana lo encontró en la azotea del edificio y él le explicó por qué le parecía molesto esa representación. No quería ensayar para actuar para esa gente. Antes de eso había estado tocando la armonica, Candy salió muy temprano para buscar el lugar donde sería la obra. No le permitieron la entrada pero cuando se iba escuchó una melodía, ella conocía aquella canción.

- Es tu costumbre – escuchó una voz femenina – tocar la armónica. Cada vez que te sientes solo o te enfrentas con algo o te enfrentas con algo que te disgusta, te concentras en ella. Debe tener un gran valor para ti.

- Más que un cigarrillo – escuchó la voz de Terry y él comenzó a tocar.

- ¡Terry! – lo llamó Candy y él detuvo la melodía, ¿acaso estaba alucinando? Frente a él solo estaba Susana - ¡Terry! – volvió a escuchar.

- No estoy loco, Susi, escuchaste eso, ¿verdad?

- Sí – la rubia se desconcertó mucho. En ese momento una chica de cabellos dorados y ojos verdes asomo la cabeza por la baranda, ¡había escalado el edificio!

- ¡Candy! – se aproximó para ayudarla, era ella, no podía ser un espejismo. Los ojos de ambos se llenaron de lágrimas, sin poder contenerse se abrazaron, como aquella vez, hacía casi medio año.

- Mi Candy, no puedo creerlo.

- Terry, Terry, te encontré.

Susana se quedó parada contemplando toda la escena, no era un secreto para nadie en la compañía que a ella le gustaba Terry, aquello era muy duro de ver, él jamás hablo de una novia, aunque él no hablaba de su vida, en realidad.

Mientras la pareja de enamorados seguía sin poder creer que estaban parados unos frente al otro, Susana se permitió examinar a Candy, era bonita, sin duda, llevaba un vestido blanco con detalles azules, su cabello era largo hasta la cintura, como el de ella, pero rizado, sus ojos verdes y su piel blanca cubierta de pecas le daban un aspecto infantil, era hermosa, sin duda, pero no como Susana, ella era además delicada y grácil. ¿Cómo una chica así pudo conquistar a alguien como Terry? Se preguntó.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó, Terry aún la abrazaba.

- Vivo aquí – respondió la rubia - ¿no recibiste mi carta?

- No, Candy – se puso serio – deje de recibir tus cartas después de la llegada de Archie y Stear.

- Pero te he mandado más de 10, hace poco vine a Chicago, tengo una audición hoy en el Conservatorio. No iba a poder llegar a la función, pero quería verte.

- Candy, espera… ¿me has escrito, cómo es que no llega tu correspondencia?

- Tampoco a mi me llega nada tuyo, Terry, desde mayo.

- Alguien ha estado bloqueando nuestra comunicación, seguro será la arpía de tu prima Elisa.

- No, Terry, Elisa ha cambiado, ella no sabe ni siquiera que intercambiamos cartas.

- Tenemos que averiguarlo, Candy, me he vuelto loco sin saber de ti. Pero no hablemos de eso, Candy, qué alegría tenerte en mis brazos de nuevo – la besó, ella sonrió, esperó mucho tiempo esa caricia.

Susana se dio cuenta de que Terry no se acordaba de ella y que la estaban ignorando olimpicamente, así que decidió irse, dejando a Terry solo con su novia, aquella palabra hizo que el corazón le doliera a la ojiazul.

- Entonces viniste a Chicago hace un mes – le dijo Terry después de escuchar lo que ella tenía para contar, estaban abrazados.

- Sí, estoy a un paso más, Terry, el señor Kennet dice que he mejorado mucho y avanzo rápido. Estoy muy nerviosa por la audición.

- Lo harás bien, Candy, un mono pecoso tocando el violín, eso lo quisiera ver cualquiera – se mofó de ella para relajarla.

- Eres un cabezadura, Terry – la estrechó más en sus brazos, tenerla así, después de meses, cómo pudo separarse tanto tiempo de Candy.

Estuvieron así mucho tiempo, Candy sabía que pronto tendría que dejarlo para volver a la mansión.

- Terry…

- Dime, Candy…

- Es hora.

- No, déjame estar así un poco más, te he extrañado lo indecible.

- Yo también, pero debo volver a casa, el señor Kennet me espera para ir al Conservatorio. Tú deberías estar ensayando.

- No lo necesito, además tú no estarás para verme - hizo un puchero.

- Eso es un reclamo

- Sí, quiero que me lo compenses.

- Lo haré – y le dio un beso en la mejilla.

- Eso no compensa ni que te de la hora, Candy – le dio más besos, dejando un rastro, cuando beso su lóbulo de su oreja, se estremeció.

- ¿A qué hora termina tu audición?

- A las 10, pasaremos en bloques y después sólo quedarán 4, cada uno deberá interpretar la canción que ellos nos indiquen.

- ¿Podrías escaparte?

- La tía abuela irá con nosotros, será mejor si me ves en la mansión.

- Es una cita.

Terry bajo a ensayar la obra, todos notaron un ligero cambio en su humor, casi imperceptible, pero sólo Susana supo la razón.

/O.o/

Candy estaba nerviosa, pero la visita a Terry le había dado algo de tranquilidad. Vio pasar a los demás candidatos, la tía abuela estaba sentada a su lado derecho y el señor Kennet en el izquierdo, el maestro le sonreía y le daba algunos consejos basados en la técnica de sus contrincantes. Así, después de 2 horas fue el turno de Candy.

- Recuerda sonreír y lucir relajada – le dijo el señor Kennet, la rubia sonrió, cálida – bueno, no tan relajada – corrigió el hombre mayor, Candy quedo un poco turbada con los consejos.

Salió al escenario, en la primera fila estaban los miembros del consejo de aceptaciones. Cuatro filas más atrás estaban los demás candidatos y en medio del gran anfiteatro las familias, vio a la señor Elroy, con su cara seria, pero con una sonrisa de autosuficiencia. Y empezó a tocar. Confiada, como si sólo existieran ella y su violín que parecía una extensión de su ser. Era buena, lo sabía, tenía talento, tenía buena técnica, siempre había sido modesta, pero cuando podía tocar, era otra persona, así debía sentirse Terry sobre el escenario.

/o.O/

La obra se desarrollaba sin percances, Terry deseaba que Candy lo viera, pero sabía que ella estaba en otro sitio dando un paso más hacía su sueño.

/o.O/

Candy tocó la última nota, no recibió aplausos, todo quedo en silencio. Se levantó y camino a la orilla del escenario, esperando la opinión del consejo.

- Brillante – dijo uno de ellos – señorita Andry, me sentía escéptico ante su presentación, pensé que me haría perder el tiempo una niña de familia con un capricho, pero ha demostrado tener talento y pasión por la música. Quisiera que tomará asiento con los demás candidatos.

La rubia no cabía de felicidad, lo había logrado, había pasado la primer barrera, había dos candidatos más sentados con ella, uno de ellos era un joven que tocaba el piano, Louis, la otra chica, Layla, tocaba el arpa y el último chico que tocó después de Candy, Anthon, el chelo.

- Ustedes fueron los mejores de esta noche – empezó diciendo una mujer parte del consejo – les habíamos dicho que teníamos una plaza para que dieran lo mejor de sí mismos, sin embargo, los cuatro entraran al programa y deberán competir por un lugar en Julliard para el final de año.

Candy felicitó a sus compañeros y después se reunió con su tía abuela.

- Felicidades, Candice, sabía que lo harías – fueron las palabras que le dedico la matriarca y Candy supo que así era como ella demostraba lo orgullosa que estaba.

- Muchas gracias, tía abuela – le dijo Candy, recordando sus clases de modales – si me lo permite, quisiera saber si puedo ir a la reunión que harán los de la compañía Stanford, Elisa, Annie y los chicos están ahí me gustaría contarles que aprobé.

- De ninguna manera, Candy, debes descansar, mañana podrás reunirte con tus primos.

- Pero…

- Ningún pero, Candice, vamos a casa.

Candy no objeto, pues ya se lo esperaba. No quería escaparse de la mansión, pero la anciana no le había dado otra alternativa. Durante el camino a casa, Candy no pronunció palabra. Elroy tampoco, ya sabía por qué la chica quería ir a la fiesta de esa compañía, ahí estaba el joven por el que ella había escapado del colegio. En otras circunstancias, ella sería la primera en apoyar esa relación, pero cuando hablo con el duque, él dejó muy claro que Terrence sería desheredado. Por su condición de bastardo no recibiría el título de Duque, pero sí el de Conde por derecho, aun así, el chico había renunciado a todo por seguir ese sueño de ser actor. Si Candy no fuera la segunda en la línea de sucesión de la familia Andry le daría igual, pero con la situación de William, ella empezaba a hacerse a la idea de que tenía que buscarle un mejor partido a la heredera, así como hizo con Rose Mary, cuando la caso con el señor Brown estuvo segura de que él sería un digno representante de la familia mientras William crecía y cuando nació Anthony se sentó a descansar tranquila, el legado de la familia estaba asegurado, pero entonces Rose Mary murió y el señor Brown se fue de Lakewood, ella peleo por todos los medios para que Anthony se quedará con ella y lo consiguió. Y la tragedia de nuevo los invadió, Anthony se cayó del caballo y murió, dejando el legado de los Andry de nuevo en William quien se había atrevido a adoptar a una huérfana cualquiera. Eso hizo imperioso que Elroy buscará un digno heredero por eso había insistido en llevar a la rubia a tantas fiestas, tenía dos propuestas, una de ellas era de una familia tan legendaria como la suya, el caballero era 10 años mayor que ella y sabía que William se opondría, por eso tenía que darse prisa. El otro candidato era un joven encantador hijo de un importante comerciante y dueño de una naviera, el problema, según lo vio Elroy, era que el chico era feo como la muerte. Pero si no aparecía una tercera opción, Elroy simplemente lanzaría una moneda y elegiría el destino de Candy.

Continuará...

Espacio para charlar

Espero que se encuentren muy bien, chicas, qué tal este capítulo, ¿les gusto?

Por cierto, les tengo dos anuncios, el primero es que pensé que eta historia estaba terminada, pero el fin de semana que la revise me di cuenta de que solo tengo el borrador (un borrador mío tiene escenas desordenadas, puesto que las escribo conforme se me ocurren). Así que después del siguiente capítulo, les pediré un poco de paciencia pues quizá me retrase al menos una semana en la entrega de cada capítulo (de momento lo estoy haciendo cad días, así que no hay mucha diferencia, pero en caso de demorarme un poco más quisiera que supieran por qué). Según yo sólo faltan 4, pero si llego a extender un poco la historia podrían ser 5.

Otra cosa, en las escenas que tengo del hijo de Candy y Terry lo nombró Evan (que es el nombre del chico de la película de donde tome la inspiración para esta historia), pero ya no me convence y quisiera que me dieran algunas ideas, solo les recuerdo que Elroy será quien lo registre. En el siguiente capítulo pondré los que más me gusten de sus recomendaciones para que voten. A quien no lo sabe, tengo otro hobbie que es hacer tags (una como firma) y quien ponga el nombre que use al final, le regalaré una firma de Candy.

Qué más, mmm... pues creo que ya solo me resta agradecer sus reviews:

Becky1000, Yagui, Mago Roque, Candice White, Alondra, Miriam7, Yoliki, Lydia Grandchester, Becky7024, Darling Eveling, Faiola r, Dianley, Dajimar.