El punto de vista es totalmente de Damon e Isabella. Amé escribir el final de este capítulo y amo lo que vendrá a continuación. Siempre me han fascinado los bailes que presentan en TVD en especial las máscaradas. Espero les guste mucho y les agradezco inmensamente sus reviews.
Would you dance if I ask you to?
"Ven baila conmigo que yo te llevaré en un baile que recordaré cada instante de mis noches, cada segundo de mis días, pero tu recordarás toda tu vida que te amé recostada a mi pecho. Bailaremos olvidados de las miradas que mañana hablaran. Hoy… hoy bailas conmigo."- ¿Quieres bailar conmigo? by The Arlequín.
A pesar de que el libro que sostenía en mis manos estaba realmente interesante no podía concentrarme en más de tres líneas sin pensar nuevamente en los preciosos ojos chocolates de Isabella que me habían mirado directamente. Aquellos ojos que por un buen tiempo pensé que no los volvería a ver.
Ese minuto en que nuestras miradas se cruzaron fue sublime. Tuve que reunir toda mi fuerza de voluntad -que se hacía nula cuando ella estaba cerca de mí- para no subir a ese balcón y besarla hasta que no hubiera mañana. Pero había trazado un plan y debía atenerme a él.
"¿No piensas ayudar?" preguntó Elena entrando en la habitación que había escogido como mía. Dio un vistazo alrededor, "¿ya has arreglado tu habitación?" preguntó incrédula, me encogí de hombros sin ni siquiera despegar mis ojos del libro.
"Tienes a dos vampiros allá abajo, ¿para qué necesitas más?" pasé la siguiente página. Las palabras flotaban y no me estaba tomando el tiempo de si quiera tratar de descubrir que decían. Mis pensamientos me mantenían lejos de la trama de la historia.
"¿Cómo es que te ha tomado un par de minutos tener tu habitación lista?" preguntó nuevamente obviando mi respuesta. Alcé mi mirada.
"Llevo décadas de practica Elena," respondí. Había cierta vacilación en sus ojos. Doblé la página por dónde iba y cerré el libro para mirarla. Elena era una de las mujeres más hermosas que mis ojos habían visto jamás, sin embargo su belleza ya no producía el mismo efecto en mí. Al fin podía verla como era, la novia de mi hermano.
Cuando conocí a Isabella pequé en compararla con Elena. Era casi inevitable y mientras las cosas entre ambos se iban desenvolviendo, más las comparaba hasta que comprendí que a pesar de ser parecidas eran totalmente opuestas. Donde Elena era consciente de su belleza, de su actitud arriesgada y segura de sí misma, Isabella a penas y aceptaba que un hombre estuviera interesado en ella. Y precisamente el hecho de que no estuviera consciente de su belleza, tanto interna como externa la hacía aún más hermosa.
Dejé el libro en el taburete al lado de la cama y palpé el lado vacío en ella indicándole que se acercara. Dudó un segundo hasta que lentamente trepó en ella y se sentó de piernas cruzadas.
"Te ves como ella," soltó de repente. Fruncí el ceño.
"¿A qué te refieres?"
"A Bella, te ves como ella, sentado en la cama absorto en un libro, justo como ella," le sonreí suavemente.
"El que anda con la miel algo se le pega," respondí, "poco antes de que Isabella muriera ella había decidido mudarse conmigo," Elena asintió, "ella llegó con sus libros antes que con su ropa y fue lo primero que sacó y dejó por todos lados, fue inevitable leer un par, además," dije mientras me acomodaba en la cama con el fin de quedar derecho, "fue una forma de aferrarme a ella, mientras leía sentía que la tenía a mi lado," confesé.
"No sabía que podías ser tan romántico Damon," dijo con una sonrisa divertida pero con un deje nostálgico.
"Tengo mis momentos," la miré, "no sabías porque nunca me diste la oportunidad de serlo contigo," no había rencor o dolor en mi voz, solo un hecho, simple y sencillo que podía confesar sin que nadie saliera herido.
"Lo sé," acomodó su cabello a medio lado, "hubo un tiempo en el que te amé, ¿sabes? No fue hasta después de que Stefan e Isabella se fueran que me di cuenta de ello," su voz era neutra, como si estuviese contando una historia muy antigua. Me sorprendí ligeramente ante su confesión.
"También yo."
"Todavía lo hago," fruncí el ceño, "no de la misma forma," se apresuró a contestar, "me refiero…"
"Lo sé," la corté. Soltó un suspiro de alivio. Estábamos conscientes de que nuestra conversación era escuchada por tres pares de perfectos oídos vampíricos y que uno de ellos era mi hermano y su novio.
"Estoy aquí Damon, cualquier cosa que necesites, eres el amor de la vida de mi mejor amiga, incluso si no te recuerda," me sonrió débilmente. Pero había algo en su expresión que no me convencía totalmente.
"¿Qué sucede Elena? No viniste aquí a decirme exactamente todo eso," pregunté notando que aún sus ojos vacilaban y su expresión era de duda.
"Quería saber…" tomó una bocanada de aire, "quiero saber que te propones, es decir, ya nos dijiste que quieres que te dejemos comenzar nuevamente con ella, que quieres intentar hacer las cosas desde el principio pero quiero saber si le dirás Damon porque…"
"Dame un tiempo para ganarme su corazón de nuevo," pedí.
"Damon, no es justo que le privemos de sus recuerdos."
"Lo sé Elena, ¿crees que no lo sé? Pero no quiero llenarla de noticias de ese estilo ahora, no sin antes estar seguros de que hay una forma de traer sus recuerdo," Elena soltó un suspiro de frustración y me miró con los ojos entrecerrados.
"¿Klaus te dijo algo?" preguntó.
"¿Por qué preguntas eso?"
"No has querido hablar sobre tu reunión con él y cuando Anabel te habló sobre Ángela buscando una posibilidad de recuperar los recuerdos de Isabella simplemente le dijiste que ella no era una bruja lo suficientemente poderosa para ello," en su voz no había acusación simplemente estaba urgiéndome la verdad. Una verdad que no estaba dispuesto a compartir aún.
"Simplemente estaba siendo sincero y Ángela acordó conmigo," le recordé, "y además, ¿qué tiene que ver todo esto con Klaus?"
"Porque presiento que ustedes dos hablaron más sobre el hecho de que Bella estaba viva," rodé los ojos tratando de mostrarme indiferente. Nuestras miradas se retaron por un par de segundos.
"Sé lo que hago Gilbert, confía en mí."
"Eso estoy haciendo," se levantó con la elegancia propia de un vampiro y antes de cerrar la puerta tras de sí me dio una larga mirada, puede ser la mujer que amas pero es mi mejor amiga Damon Salvatore y la quiero de vuelta, a ella con sus recuerdos, más te vale hacer lo que quieras hacer rápido porque entonces seré yo quien hable con ella y le cuente toda la verdad, habló fuerte y decidida a mi cabeza. No dije nada, ni si quiera hice algún movimiento.
Ella estaba en todo su derecho de hablarme de aquella manera y no podía culparla, solo me quedaba intentar enamorar a Isabella rápido porque el tiempo corría en contra mía.
"Oh, no tú también, si no escuchaste bien tu novia ya me ha dado un buen discursito, no necesito que te vuelvas un dolor en el trasero ahora," dije a Stefan sin darle chance si quiera entrar completamente a mi habitación.
"No vine a decirte un discursito," replicó de inmediato, "creo que Elena ya lo hizo."
"¿Así que estás de acuerdo con lo que dijo?" se encogió de hombros y se cruzó de brazos arregostándose firmemente al marco de la puerta.
"Lo que yo piense no es importante."
"Eres mi hermano, claro que lo es," soltó un suspiro.
"Escucha, yo te apoyo y lo sabes, lo hice antes, lo hago ahora y lo haré siempre, no importa lo que hagas estaré aquí para recoger las piezas de ti si hace falta," hizo una pausa antes de mirarme con sus in pasivos ojos verdes. Eran esmeraldas frías y duras, "no te diré si lo que estás haciendo está bien o mal porque no estoy en tu situación Damon," cambió el peso a su pie izquierdo, y probablemente si estuviera hiciera lo mismo que tú, dijo finalmente hablando a mis pensamientos. Sonreí. No lo había dicho en voz alta para quizá no tener una discusión con Elena.
"Aquí viene el pero…"
"Pero," un asomo de una sonrisa se extendió por sus labios durante una fracción de segundo, "no hay ningún pero, solo quería aconsejarte algo, más vale tengas una buena excusa a la hora de decirle sobre sus recuerdos y el por qué no le habías dicho nada, de lo contrario, ella con memoria o sin ella es una persona difícil," quedamos en silencio durante un minuto.
"Gracias," musité sin saber muy bien por qué le agradecía. Frunció el ceño pero no dijo nada, simplemente se limitó a mirarme y soltar un suspiro de rendición antes de irse. Lo escuche caminar por el pasillo hasta la última habitación donde estaba Elena y cerrar la puerta.
Cerré los ojos por un segundo y me tiré en la cama como había estado minutos antes de que Elena interrumpiera. Con mi cabeza a media almohada y mi cuerpo recto con la vista al techo.
"Y bien, ¿cuál es el plan?" preguntó Anabel que llegó a mi lado como una ráfaga suave de viento. Abrí un ojo y la miré. En la misma postura que yo y con los brazos sobre su abdomen.
"El mejor plan es no tener un plan," dije de la forma más inteligente posible.
"Eso no es aplicable cuando el amor de tu vida está sin memoria en la casa de al lado y su mejor amiga quiere decirle todo," volví a cerrar los ojos.
"Lo sé," su largo cabello comenzaba a hacer cosquillas en mi brazo cruzado tras mi cabeza.
"Dato curioso," dijo después de un rato de cómodo silencio. No estaba de un humor precisamente excelente y ella lo sabía, por lo que siempre trataba de cambiar temas u obligarme a hacer cosas de las que me arrepentiría luego. Por ejemplo, nadar desnudo a finales de Octubre en el antiguo lago cerca de su antigua casa.
"Dispara."
"Los estudios científicos demuestranque si un hombre y una mujer se conocen en una situación peligrosa, tienen más posibilidades de enamorarse que si se encuentran en otro ambiente como la oficina," solté una risa baja.
"¿Eso a qué viene?" pregunté abriendo finalmente los ojos por completo pero dejándolos clavados en el techo de madera.
"Pongamos a Bella en una situación de peligro y aumentemos tus posibilidades," rodé los ojos.
"No necesito de eso, mi sola presencia enamora."
"Presumido," sonreí.
"Además, no pondremos a Isabella en ninguna clase de peligro," bufó.
"Bien, entonces comienza a beber chocolate," dijo de repente. Fruncí el ceño y me acomodé de tal forma que podía verla sin problema.
"Estás diciendo incoherencias Ana," negó.
"Claro que no, ¿sabías que el jefe azteca, Moctezuma, consideraba al chocolate como una droga de amor por lo que bebía 50 tazas de chocolate al día antes de visitar su harén de 600 mujeres?" entornó sus grandes ojos hacia mí. Su expresión era tranquila pero divertida.
"No estás diciendo incoherencias, has estado hablando con Alaric," reflexioné una milésima, "que honestamente es casi lo mismo," rodó los ojos para luego dar un paseo con la mirada por la habitación.
"Resulta increíble como conseguimos esta casa precisamente al lado de ella," asentí concordando, "pongámonos serios ahora sí, ¿cuál será tu siguiente paso?" preguntó con su voz cargada de curiosidad.
"Escuché a Elena hablar sobre un baile benéfico que dará la universidad donde asiste Isabella…" dejé la respuesta tendida en el aire.
"Me gusta, es como en nuestros tiempos Damon, cuando todo comenzaba bailando, así nacían los grandes amores," su sonrisa era amplia y sus ojos tenían esa añoranza que la hacía ver antigua, "¿tiene algún tema?" asentí.
"Mascarada."
-…-
"¿Vas a ir a presentarte?" le pregunté a Piper mientras veía como acababa su trago. Luego de que el de ojos azules y yo nos quedáramos viendo como si el mundo dependiera de ello, entré a la casa. No sabía por qué pero esa simple acción me había puesto los nervios de punta. No negaba que el tipo era guapísimo, bueno, para ser más específica era lo más extraordinario que mis ojos hubieran visto jamás. Pero eso no fue lo que me dejó en jaque. Era la forma como me miró. Como si estuviera acariciándome suavemente la piel, como si fuera un hombre ciego al que le habían devuelto la vista.
"Sí."
"Y, ¿qué les dirás?" pregunté curiosa, "hola, mucho gusto, somos dos vampiras, vivimos al lado, sabemos que ustedes son vampiros, ¿tienen alguna clase de relación? Jamás habíamos visto tantos vampiros viviendo juntos, ¿quieren ir a tomar un trago en nuestra casa?" enarqué una ceja cruzándome de brazos.
"Ese esta mejor que el discurso que tenía planeado, deberías ir y decirlo," negué divertida.
"No iré," respondí de inmediato.
"¿Por qué? Es bueno hacer amigos Isabella, es sano hacer amigos, es indispensable hacer amigos, es…"
"Capté," la interrumpí, "los amigos son buenos," se acercó a mí y jaló un mechó de mi cabellos.
"Ves, ya vas entendiendo," rodé los ojos. Su sonrisa se hizo brillante, "además, ¿has visto a esos tipos? Están como el sabor de un buen Bourbon," fruncí el ceño, ahora su sonrisa adquiría un aire pícaro, "intensos, ricos y ardientes," se explicó. No pude contenerme y solté una carcajada.
"Oh mi Dios, ¡Piper!"la susodicha se encogió de hombros.
"¿Qué? Solo digo la verdad, ¿o me vas a decir que no son salidos de una pasarela de Calvin Klein?"
"Deben estar con las mujeres que estaban con ellos," apunté. Esto pareció hacerla reflexionar un segundo.
"Bien, tienes un punto pero hagamos un poco de matemáticas," alzó sus manos a la altura de mis ojos, levantó solo tres dedos en su mano izquierda y en la derecha dos, "son tres chicos, hay dos chicas, solo hay una posibilidad de dos parejas, por lo tanto," bajo cuatro dedos dejando solo el índice izquierdo arriba, "sobra un chico."
"Me encanta la profundidad de tus cálculos," se encogió de hombros y se alejó a la cocina.
"Lo sé, soy absolutamente genial," la vi rebuscar entre el compartimento de sangre de la nevera. Sacó dos bolsas y las puso a calentar.
"Espera, entonces, ¿quieres ir porque puede que uno de esos vampiros esté soltero?" asintió.
"¿Es que no es obvio?"
"Eres increíble," me senté en el taburete de la isla de la cocina. Sacó dos vasos y luego de que la sangre estuviese tibia comenzó a servirla. El solo olor, a oxido, hierro y sal hacía agua mi boca.
"Comenzaré a pensar que te estás enamorando de mi Bella, estás bastante halagadora el día de hoy," rodé los ojos y tamborileé el mesón.
"¿Cuándo es el baile?" pregunté cambiando de tema. Me tendió el vaso de la sangre calentita. Di un sorbo y la sensación aplastante de la sangre pasó por mi garganta, dulce y deliciosa, revitalizando mis sentidos y mi cuerpo.
"Mañana," respondió con tranquilidad.
"¡¿Es mañana?! Ni si quiera tengo un vestido, ¿por qué no me habías dicho nada?" la acusé levantándome de golpe y localizando mis llaves. Retrocedí al recordar que no había terminado de tomar mi sangre.
"Tranquila, ya encargué nuestros vestidos, sabía que te ibas a olvidar de esto," terminó su vaso y amarró su cabello en una coleta, "lo que me recuerda que debemos ir hoy a buscarlos," hizo una mueca, "no podremos presentarnos hoy ante nuestros sexies vecinos."
"Para mí suena como el plan perfecto," terminé mi vaso y tomé mi chaqueta. Había pocas tiendas donde podías rentar o comprar vestidos para la clase de baile que se iba a tener. Pero solo un lugar vendía también máscaras y guantes, y era exactamente eso lo que más necesitábamos. Además Piper compraba solo en esa tienda cuando teníamos las fiestas. Solo tuve que sumar dos más dos y en menos de nada estuvimos en la tienda.
El suave sonido de la campanita de la puerta resonó al momento que entramos. La dependienta nos dio una mirada y sonrió en reconocimiento. Tuve un mal momento recordando su nombre pero antes de que si quiera se moviera de su puesto pude leer la placa en su camisa. Heidy.
"Piper, ¡ya han llegado sus vestidos!" dijo de inmediato hizo contacto con mi pelirroja amiga. Caminó hasta donde estábamos y me miró, "oh lo siento," se sonrojó, "hola Bella," le di una sonrisa y mis ojos volaron de inmediato a las máscaras que estaban elegantemente ubicadas al fondo de la gran tienda.
Ni si quiera sabía de qué color Piper había encargado mi vestido pero de algo estaba segura. Aquella máscara negra con detalles en plata que lucía un poco felina y seductora era la que iba usar. Caminé hasta ella y una vez mis dedos pudieron tocarla, la acaricié suavemente con miedo de romperla.
"Bella, míralo," giré para encontrar a Piper sosteniendo dos vestidos, uno rojo casi del color de su cabello y otro negro como la noche, "supongo que escogiste la máscara correcta," sonreí acercándome a ella y los vestidos.
"Está muy bonito."
"¿Solo bonito?" inquirió casi dolida, "¡está precioso!" rodé los ojos.
"Vamos, solo terminemos de comprar y vayamos a casa," asintió y llamó a Heidy. Escogimos nuestros accesorios y finalmente pagamos. Caminamos hacia afuera donde justo al frente estaba parqueado mi auto. Subimos las cosas al asiento trasero con mucho cuidado. Escuché unas risas suaves provenir de algún lado. Y justo ahí, entrando a la tienda estaba el chico ojos azules con una linda castaña.
"No es gracioso," replicó la castaña suavemente. Solo porque mis oídos tenían una audición perfecta pude captar sus palabras.
"Claro que sí Anabel, si no lo fuese no te estarías riendo," su voz era varonil y profunda. Antes de entrar por completo a la tienda, ambos me miraron.
"Vamos Isabella," me apuró Piper desde el asiento de copiloto. Alejé mi vista de ellos y entré de inmediato al auto poniéndolo en marcha. Sacudí mis pensamientos sobre aquel chico. Había algo en su mirada, en su sonrisa, la forma en que su barbilla se alzaba ligeramente y su porte mostraba arrogancia.
"¡Y me dices que no estás interesada en los vecinos!" exclamó cuando estuvimos a una distancia considerable, "prácticamente te lo comías con la mirada," rodé los ojos y aceleré. En un pueblo tan pequeño y con el poder de hipnotizar no tenía que preocuparme por cualquier tipo de infracción de tráfico que pudiera cometer.
"¿No dejarás de fastidiarme, no es cierto?" pregunté acelerando aún más. Negó.
De ahí en más el día pasó sin ningún contratiempo. Tenía solo una hora de clase en la tarde casi noche a la cual falté elegantemente quedándome en casa y leyendo con la compañía de una buena copa de Merlot mientras que Piper se había ido Dios sabe dónde a hacer Dios sabe qué.
De algo estaba segura y era de que no estaba en la casa de al lado. Se había llevado su carro.
La noche estaba fría y a medida que avanzaba me hacía sentir sola. No era una soledad momentánea, era algo que iba aún más allá.
Tenía a Piper, sí, y era de las mejores amigas que uno podía encontrar en toda la faz de la tierra pero ni ella podía llenar ese vacío.
Me tiré en mi cama dejando todo a un lado y cerrando los ojos sintiéndome repentinamente exhausta. El sueño comenzó a venir a mí como una suave canción de cuna, arrullándome y llevándose mis miedos.
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"¡Isabella Swan!" sentí la cama rebotar. Giré hacia el lado opuesto del molesto sonido. Escuché una risita, "vamos querida, has estado durmiendo hasta tardísimo," gruñí.
"Todavía es de madrugada," musité como pude.
"Tal vez en China, pero aquí son las tres de la tarde," abrí los ojos de golpeé y volví a rodar en la cama. Un rostro de ángel enmarcado por rizos rojos me miraba divertida.
"¿Estás de broma?"
"No, debes de tener más de doce horas durmiendo," me levanté de la cama.
"¡Dios, alguien pudo haberme asesinado mientras dormía y yo ni si quiera…"
"Estás siendo paranoica, dormiste hasta tarde, ¿y qué?" comencé a rondar por la habitación en busca de mis cosas para meterme en el baño.
"Tuve un sueño profundo Piper, ni si quiera soñé, no recuerdo más nada después de que cerré los ojos," agarré finalmente mi toalla, "¡ellos pudieron meterme una estaca en el corazón!" dije apuntando al lado a través de mi pared.
"No seas ridícula, nuestros vampicinos no harían eso, se ven agradables," replicó en defensa. Fruncí el ceño.
"¿Vampicinos?" hizo un ademán con la mano quitándole importancia.
"Metete a bañar tú tarada, se supone que debemos estar en ese dichoso baile a las seis," asentí y desaparecí en el baño.
Fue una ducha larguísima. Quizá la más larga que había tomado en mucho tiempo. El agua me despertó por completo dejándome con una nueva energía. Salí y el vestido estaba colgado en la puerta del closet.
Me enfundé en el, me puse los accesorios con lentitud. Lo último fueron mis zapatos. Me miré en el espejo completo y quedé satisfecha en cómo me veía. Me había –como pude- hecho un moño no completamente recogido, había unos mechones sueltos de mi cabello que caían como suaves rizos. Mi maquillaje estaba más que todo centrado en mis ojos que eran cubiertos por una sombra negra y lápiz. Lo demás era sencillo.
El vestido por otro lado era largo hasta el piso, como lo habían requerido los directivos de la universidad. Ajustado en mi pecho y mi cintura pero se iba soltando, hasta caer como una cascada por mi figura. Tenía una espalda baja y estaba adornado con pedrerías plata. Mis guantes eran hasta los codos, también del color de la noche y se en glosaban a mí como una segunda piel.
Me sentía radiante como el sol pero misteriosa como la luna.
"¿Alguna vez has visto a una mujer conducir con vestido y tacones? Porque estás a punto de ver una," Piper irrumpió en mi habitación luciendo perfecta como siempre, toda de rojo y un azul quemado, "vamos," asentí mientras tomaba mi máscara y ambas salíamos de la casa.
Antes de subir al auto no pude evitar lanzar una mirada a la casa que hasta hace solo unos días estaba vacía. A pesar de que había una luz encendida, no se sentía movimiento en ella. ¿Estarían por fuera alimentándose?
Subí finalmente y bajo la mala y peligrosa conducción de Piper –no es que me preocupara de que ocurriera un accidente- salimos a la fiesta.
El baile se estaba dando en una casa de renta. Bueno, corrección, una mansión de renta cuya hermosa vista era la de un lago y muchos árboles haciendo el lugar mucho más mágico.
Piper apartó en un lugar y se bajó de inmediato poniéndose su máscara.
"Anda y busca un chico lindo, estaré buscando el mío," dijo refiriéndose a su más reciente novio. El chico humano cuyo papá era dueño de un hospital.
Deambulé alrededor del lugar sin mucho interés. Casi no pude reconocer a nadie por las máscaras que tenían puestas por lo que no pude ponerme a hablar con alguien. Tampoco es como si quisiera. Procuraba no hacer amigos o tener algún vínculo más que el de presa y cazador con los humanos porque no quería tener que sufrir. Empezar cualquier tipo de relación con alguien que no viviría para siempre era atarme a una época de sufrimiento y yo ya tenía suficiente con el mío.
Jamás sentí las palabras de Anna Frank más asertivas como en este momento al ver la sala llena de personas riendo, una persona puede sentirse sola aunque muchas personas la quieran. Solo que en este caso cambiaría sus palabras un poco. No conocía a muchas personas, no sabía quiénes me querían. Era en ese preciso momento una extraña más rodeada de un mar de gente extraña sintiéndose sola.
Me quedé en final de la espléndida escalera en forma de caracol que abría el vestíbulo. Un camarero pasó con la copa de algún champan que tomé sin pensarlo dos veces. La vida podía llegar a ser realmente deprimente si no tenías a nadie con quien compartir una copa de champan en un baile de gala.
Lo sentí antes de verlo. Mis ojos se entornaron a una esquina donde enfundado en un smoking con moño en vez de corbata estaba él. De entre una multitud de gente resaltaba y sabía quién era a pesar de su máscara sencilla y negra que parecía casi pegada a su rostro. Lo reconocí de inmediato porque sus ojos azules eran incomparables. Aun cuando solo los había visto dos veces. Comenzó a caminar y no me había dado cuenta de que se estaba acercando a mí hasta que solo quedó a menos de un metro. Sonrió y sentí que el aire comenzaba a faltar. Pasé mi mano por mi rostro alejando un mechón de cabello que había caído de improviso.
"Ah, si yo fuera guante de esa mano y pudiera tocar esa mejilla," dijo. Su voz era aún más atrayente ahora que sus palabras estaban dirigidas a mí. Fruncí el ceño.
"¿Romeo y Julieta?" inquirí al reconocer la frase. Su sonrisa se hizo más amplia.
"¿Lectora empedernida?" sentí un ligero calor en mis mejillas. Quedé en silencio. Solo lo estaba observando, "sus ojos dicen; son para ellos mis palabras," volvió a citar.
"¿Te memorizas Rome y Julieta para conquistar e impresionar?" pregunté de golpe, "porque si es así no lo estás consiguiendo," avanzó un paso hacia mí.
"No memorizo solo Shakespeare, también Dante, Whitman y un par otros," pasó su mano por su cabello, "además, no intento impresionarte, tú ya estás impresionada," parpadeé un par de veces ante sus palabras.
"¿Siempre eres tan arrogante?" se encogió de hombros y se hizo el desentendido.
"Las mujeres me consideran encantador."
"Supongo que no seré mujer," se acercó aún más a mí. Una pieza musical lenta pero constante comenzó a sonar de fondo.
"Entonces supongo que hay que averiguarlo," extendió su mano. Dudé entre aceptar o no su invitación pero, ¿qué más daba? Necesitaba dejar de sentirme sola, así fuese por una noche.
Tengo curiosidad por saber qué parte o frase o párrafo les gusto o es su favorito hasta ahora en Back to you y cuál fue en Bound to you.
Σοφία.
