CAP IV.

Edmano… — Dijo el pequeño niño soltando el arma dejándola caer al suelo, su hermano mayor lo miraba con seriedad, levanto el arma del suelo dando un golpe a Inuyasha para que se despertará.

¿Qué te pasa imbécil? — Se levanta Inuyasha del sofá en un rápido movimiento dispuesto a enfrentar a su hermano cuando observo a Daiki en medio de ellos, sabía que no debía decir esas cosas frente al niño.

Pon más atención así serás rápido de aniquilar Inuyasha. — Le extendió con su mano el arma a lo cual Inuyasha quedó sorprendido ¿Cómo era que su hermano obtuvo su arma? Lo miró con incredulidad y él observó a su hermanito por el rabillo del ojo, Daiki se la había quitado mientras dormía.

Perdón. — Una mueca de disgusto se formó en su rostro tomando su arma guardándola en su bolsillo de nuevo dedicando una mirada a su pequeño hermano esté solo se escondió detrás de las piernas de tu hermano mayor.

Daiki Taisho era el menor de los Taisho, estaba por cumplir tres años, cuando todos supieron que su madre Irasue Taisho estaba embarazada quedaron sorprendidos pues ellos ya eran mayores y al principio se mostraron renuentes a la llegada de su nuevo hermano. A pesar de las complicaciones en el embarazo de su madre la llegada de Daiki fue un regalo para la familia, su pequeño hermanito era su mundo para ellos, lo cuidaban y mimaban como nunca. A pesar que Sesshomaru era muy serio y distante con los demás con su hermanito era diferente y para Inuyasha representaba un compañero más de juego, era un niño de cabello plateado como sus hermanos y sus padres, ojos dorados con una sonrisa juguetona siempre vestido con los mejores trajes y teniendo los mejores juguetes.

La razón del odio más grande hacía Azael era porque durante el embarazo de su madre Azael mandó a hacerle daño a su madre por suerte ellos llegaron a tiempo antes que uno de los secuaces de Azael le arrebatará la vida a su madre y a su pequeño hermano que en ese momento estaba en el vientre de su madre.

"Edmano" Escucho Sesshomaru decir a Daiki sacándolo de sus pensamientos. — ¿Quieres jugar? Le preguntó el peli plateado al niño el cual con una sonrisa asintió, lo levanto en sus brazos y lo llevó hasta un salón de juegos especial para él, se sentó en el suelo dejándolo que fuera por sus juguetes principalmente autos. Empezaron a jugar lo cual se convirtió en horas, le leyó un cuento a Daiki "Y recuerda no debes decirle que hice esto por ti a nadie" le advirtió a su hermano porque no le gustaba que las personas supieran su faceta fraternal con su pequeño él solo asintió quedándose dormido en su regazo lo cargo y se encamino por el pasillo encontrándose con su madre.

Dámelo Sesshomaru, debes estar cansado iré a recostarlo. — Extendió sus brazos recibiendo a su pequeño tesoro en brazos, Sesshomaru observó esa escena sumiéndose en sus pensamientos, si había decidido seguir en todo eso era para proteger a su familia principalmente a su pequeño hermano, movió levemente su cabeza saliendo de sus pensamientos siguiendo su camino hasta su oficina donde se encerró por unas horas.

Vaya que este hombre si trabaja… — Se dijo así misma Irasue mientras subía por las escaleras hasta la habitación de su pequeño.

Verona, Italia.

Querido no lo hagas por favor. — Gritaba una mujer de cabellos castaños y ojos verdes quien yacía en el suelo brutalmente golpeada por su esposo, sentía que sus fuerzas se le acababan ya no podía seguir con eso "Azael, Amelia" fue lo único que pensó en ese momento, sus lágrimas caían en sus mejillas, ya no sentía miedo, tenía miedo de lo que pudiese pasar luego.

Ya no te amo Gianna, no lo entiendes. — Argumento un hombre de cabellos negros y profundos ojos azules, en su rostro solo se mostraba ira. Parecía que esa persona solo era un estorbo en su vida, decidió darle un fin a todo tomando el cuello de la mujer hasta que sintió que su cuerpo dejo de moverse y forcejear, la había estrangulado.

¡PADRE QUE MIERDA HAS HECHO! — Entró un joven de cabellos largos castaños de ojos verdes, corrió hacia su madre donde su cuerpo estaba, sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Lo siento Azael, tenía que hacerlo… No espero que me perdones…"¿Azael?" Movía a su jefe tomándolos de los hombros, tratando de sacarlo de sus pensamientos pues había roto la copa de vino que tenía en su mano y estaba empapada su mano en sangre. — Azael reacciona, mierda, mierda.

En la mente de Azael venían esos amargos recuerdos, la razón por la cual su padre había asesinado a su madre por la maldita de Alexane Laforêt, tenía odio hacía ellos ese apellido lograba sacarlo de sus casillas entonces reaccionó dando un fuerte golpe sobre la mejilla de su amigo.

¿QUÉ? — Se levantó de su silla exaltado, su amigo señalo su mano y este fijo su mirada en esta, estaba llena de sangre y con vidrios incrustados. — ¿En qué pensabas hombre? Vaya que te estuve gritando y no reaccionabas. — Yves se levantó del suelo sobando su mejilla volviendo a tomar asiento en la silla frente al escritorio de su jefe.

Cuando mencionaste a "Laforêt" me recordé de algunas cosas. — Concluyo con el ceño fruncido no quería explicarle a su amigo sobre eso, nunca había hablado con nadie acerca del odio que les tenía. — ¿Qué pasa con esa desaparecida familia? Vio a su amigo sonreír como si se burlará de él.

No tan desaparecida mi amigo… — Yves se acomodó sobre la silla cruzando sus piernas, disfrutaba de la expresión de Azael una de sorpresa ¡VAYA PARA TOMARLE UNA FOTOGRAFÍA! Nunca antes había hecho una expresión como esa.

De que mierda estás hablando… — Pregunto tratando de mantener la calma, tenía que ser una broma de su amigo.

¿Quieres saber? Bien te lo contaré lo que se anda murmurando por los barrios bajos….

Marsella, Francia.

El sol se hacía presente en las habitaciones de aquella mansión donde una joven no había podido conciliar el sueño en su mente se debatía si debía preguntarle a su tío ese día acerca de lo que decían esos papeles o simplemente seguir con su vida normalmente, se removió de la cama y escucho que alguien tocaba la puerta.

¿Quién es? — Preguntó Rin desde su cama, se sentó en la orilla de esta. "Soy Rose" Respondieron desde el otro lado de la puerta. — Adelante Rose.

Hola Rin, buenos días. Me preguntaba ¿Irás hoy a clases? — Ella negó como respuesta. — Bueno pues te dejo aquí algunas prendas para que uses en estos días, baja el desayuno está casi listo. — Concluyó ella dejando algunas bolsas sobre la cama, saliendo luego del lugar dedicándole una cálida sonrisa.

Rin se levantó de su cama dirigiéndose al baño, se despojó de su ropa dejándola sobre un mueble, dejo caer un poco de agua sobre su cabello y su cuerpo, se sentía bien relajarse un momento. Después de media hora se sentía mejor, tomó de una de las bolsas unos pantalones negros ajustados, un top de rayas blancas con azul y unas zapatillas, se apresuró a cambiarse pues ya la llamaban a que se presentase a comer, peino su cabello un poco y salió de la habitación, bajando a paso lento los escalones hasta llegar al comedor donde su tío y Rose la esperaban sentados uno al lado del otro, se acomodó en una de las sillas al lado de Koga y los sirvientes empezaron a servir los alimentos.

¿Te sientes bien esta mañana Rin? Estas muy callada. — Ella asintió levemente dedicándole una sonrisa a su tío para tranquilizarlo.

Sirvieron todo y empezaron a degustar un desayuno preparado especialmente para la ocasión, se escuchó a los segundos el timbre de la casa, uno de los sirvientes fue a atender a los segundos se escuchó un alboroto en la habitación del lado. "Señor no puede pasar así deténgase" Gritaba uno de los sirvientes a un señor que caminaba por el pasillo. "¿Totosai?" Koga soltó los cubiertos y su expresión de sorpresa no se hizo esperar, Rin estaba con la mirada baja comiendo cuando escucho ese nombre abrió sus ojos como platos y alzó la mirada, era el mismo nombre que decía en uno de los papeles que habían dejado para ella.

¿To…Totosai? — Alzo su cabeza, chocando su mirada con la del extraño hombre que había irrumpido en tan tranquilo desayuno.