10/09/2009

Uno más, ya ves. A ver qué tal sienta...


4

Volvió a sentarse en el sofá que antes había compartido con Naruto y cogió un poco de tarta con los dedos, echándosela a la boca.

–Hm… demasiado dulce –alargó la mano hasta el teléfono, marcando un número de memoria y esperando los tonos con desgana–. ¿Sakura? Oye, ¿dónde estáis? … Vale, sí, voy para allá.

.

ooOoo

.

Naruto había llegado a su casa con una mezcla extraña entre rabia, confusión y abatimiento. Se dejó caer boca arriba sobre el sofá, que parecía haberse convertido últimamente en su mejor amigo, y se tapó los ojos con los brazos cruzados.

"No me lo puedo creer. En serio, ¿qué es lo que ha pasado? Si pudiera tan sólo comprender por qué hizo eso… Jugar. Tal vez sólo sea que quiere divertirse conmigo". Gruñó pateando con todas sus fuerzas el pobre sofá. "¡Joder, Sasuke!" Se incorporó de golpe. Volvía a estar solo. Había sido así desde su nacimiento, ya que su madre había muerto al poco de darle a luz. En cuanto a su padre, tampoco es que pudiera decir nada malo del hombre. Simplemente, la quería más a ella que a su propio hijo, y un día decidió seguirla para estar juntos por siempre. Fue su abuelo el que cuidó de él, y aún lo hacía, aunque Naruto se había mudado a principios de curso a la ciudad para completar así su educación en un buen instituto que le abriese las puertas a la universidad y su abuelo se había tragado el cuento y quedado en el pueblo, a unos trescientos kilómetros, confiando en la madurez del chico. Intentó componer una sonrisa, esa que normalmente usaba para hacer creer a los demás que todo estaba bien, pero esta vez ni siquiera le salió una de esas. Necesitaba hacer algo, necesitaba dejar de pensar en Sasuke. Haciendo acopio de toda la energía que le quedaba, subió las escaleras hasta su habitación y sacó una cajita del interior del armario, escondida entre las mantas. Vivía solo y sabía que ya no tenía por qué esconder las cosas, pero no era tan fácil deshacerse de las viejas costumbres. Se sentó sobre la cama, suspiró y se tomó un par de esas pastillas, bebiendo después del vaso de agua de la noche anterior que aún permanecía sobre su mesilla. Arrugó la nariz por el sabor extraño del líquido y lo volvió a dejar en su sitio. "¿Qué estás haciendo?" Se acurrucó sobre la colcha y cerró los ojos dispuesto a que la inconsciencia se apiadara una vez más de él y de sus pensamientos.

.

ooOoo

.

Bailaba en la pista junto a sus amigos con una copa en la mano. Cerraba los ojos y se dejaba envolver por esa música que, si bien no era su favorita, en momentos como ese parecía conectar con su cuerpo y liberarlo de toda la tensión acumulada. Sintió unos brazos rodear su cintura. Reconoció el par de anillos en los dedos pulgar e índice de la mano izquierda y sonrió de medio lado mientras se giraba para encarar al dueño de aquel agarre.

–¿Qué pretendes? –el chico deslizó las manos hasta dejarlas en las caderas del moreno.

–¿Qué quieres decir? –Sasuke seguía moviéndose al ritmo de la música. Bebió de su vaso y fue consciente de los ojos de su amigo sobre sus labios cuando pasó su lengua por ellos para quitar los restos de la bebida.

–No te hagas el tonto, Sasuke, no te va nada.

–¿Y qué vas a hacer? –colocó la mano que tenía libre en la cintura del otro, obligando al chico a subir las suyas hasta rodear su cuello.

–Ayudarte –sopló hacia arriba para mover un mechón pelirrojo que se le metía en los ojos; unos ojos de un turbado azul aguamarina. Sonrió de la misma manera en que Sasuke lo hacía, curvando sólo un lado, y se acercó a él más aún, enredando sus dedos en los mechones de la nuca del moreno.

–Gaara…

–Shhh… Tranquilo, sé por qué quieres hacer esto. No voy a empezar a creer cosas que no son. Ya no. Además –aproximó su boca a la mejilla del más alto, deslizando sus labios por la mandíbula hasta llegar al lóbulo de la oreja, que acarició intencionadamente al hablar–, me lo debes. Si ahora te va a gustar un chico, al menos déjame hacer esto a mí. Para estar seguro del todo, nada mejor que alguien con experiencia…

Gaara desanduvo el camino que antes había trazado con su boca hasta llegar a la de Sasuke, que no opuso resistencia. Simplemente se dejó hacer mientras el pelirrojo besaba, lamía y mordía a su antojo, sintiendo un hormigueo agradable, pero nada parecido a lo que había sentido con tan sólo un roce de la lengua de Naruto en su dedo.

Se separó del moreno respirando sobre sus labios, retrasando el momento de enfrentarse a él.

–Ese chico es muy afortunado –clavó sus ojos en los azabaches y volvió a sonreír con prepotencia. Sasuke le devolvió la sonrisa, pero en su caso fue una completamente sincera. El gesto hizo que Gaara se sorprendiera y sonrojara a partes iguales.

–Gracias. Sabes que eres increíble, ¿verdad?

–Lo sé. Por algo soy tu mejor amigo. Vamos, lo menos que puedes hacer ahora es invitarme a una copa. Por cierto, ¿qué tal tu primer beso con un chico?

–¿El primero? –alzó una ceja levantando el rostro.

–Sasuke, ya te he dicho que no te hagas el tonto, no te va nada.

–Idiota –pasó a su amigo, tirando de él hacia la barra.

.

ooOoo

.

Por la mañana, se despertó temprano. Tenía las manos y los pies helados, y también la nariz. "No puede ser que otra vez me quedara dormido así…"

Fue al cuarto de baño y abrió el grifo de la ducha al tiempo que se desnudaba. Sí, una ducha era lo que más necesitaba en ese momento. El agua ardía y le gustaba así. Le gustaba sentir el agua muy caliente por la mañana. Entonces, oyó el teléfono en su habitación. "Mierda", podía ser Sasuke, pero ahora no podía contestar y, la verdad, tampoco le apetecía demasiado. "Seguro que acaba de volver a su casa…" Después dejó de oírlo. "Bueno, ¿qué más da?" Cuando terminó de ducharse, se lio una toalla a la cintura y bajó a la cocina. No tenía hambre, pero sí muchísima sed. Se bebió dos vasos de zumo seguidos y se sintió mejor. Lo de la tarde anterior había sido confuso.

Hoy se sentía con ánimos para ir a clase. Quizá eso lo alejaría un poco de sus pensamientos. Algunas clases pueden anular incluso los pensamientos de la persona más brillante.

Era sábado.

Se sentó en el sofá y cogió el mando de la tele, pero no la encendió. No tenía ganas de verla, ni tampoco de hacer otra cosa que no fuera no hacer nada. En ese momento, se dio cuenta de que estaba esperando que sonara el teléfono, pero aquello no sonaba. Tal vez podría ir a la feria de libros. A lo mejor allí encontraba uno de esos manuales de haga–algo–con–su–vida. Uno de esos estúpidos libros escritos por gente que ya está cansada de leer libros de autoayuda y que decide escribir el suyo propio. Y, además, cerca de allí había una tetería en la que los sábados se podía escuchar poesía prácticamente a cualquier hora. El ambiente bohemio le vendría bien, nada que ver con el mundo real.

Se vistió y salió para allá. Durante el camino, unos veinte minutos andando, intentó no pensar en nada. En realidad, en algo pensaría porque dicen los que saben que nadie puede dejar de pensar completamente, pero, si fue así, no se dio cuenta de en qué estaba pensando. El ambiente de la feria de libros no estaba mal. Había un montón de gente mirándolos: aspirantes a yuppies mirando los de marketing y dirección de empresas, adolescentes con las novelas de amor, intelectuales liados con los grandes clásicos con aire de superioridad... "¿Quién habla de estereotipos?"

Se acercó hasta un pequeño puesto que tenía un cartel rojo en todo lo alto: 'Libros para momentos extraños'. Si pretendían llamar la atención de gente perdida, lo habían conseguido. Al menos con él. Hojeó un poco aquellos libros, pero no sintió un afecto especial por ninguno de ellos.

–¿Qué buscas?

–No sé. Algo.

–Entonces igual lo encuentras allí –respondió el chico del puesto señalando al sitio donde leían poesía–. Cuando sepas qué quieres, vuelve por aquí, ¿vale?

–Gracias.

Entró en aquel sitio y se sentó en una de las mesas del rincón. Pidió un té y se quedó allí escuchando durante un rato. La mayoría de los 'poetas' no reconocerían una buena poesía ni aunque se la metieran por el culo, pero había algunos, muy pocos, que eran buenos. Y esos sabían expresar perfectamente todo lo que pasaba por su cabeza y por su corazón. Nada de valorar la proporción entre forma y contenido y toda esa mierda que enseñan los malos profesores de literatura. Tan sólo poesía. Pese a todo, pensó de nuevo en Sasuke y en que él también escribía. "Déjalo, Naruto, por favor".

De todas formas, no aguantó allí mucho tiempo. Al volver, pasó por delante del puesto de antes. No se detuvo ante él, aún no sabía lo que quería. En su casa, siguió esperando que sonara el teléfono.

Sonó.

–¿Sí?

–Naruto…

Sintió un escalofrío. Su nombre sonaba extrañamente bien saliendo de esos labios.

–¿Para qué me llamas ahora?

–Sigues enfadado…

–¿Y qué esperabas?

–Nada, tienes razón. Pero oye, tú empezaste y…

–No me puedo creer que me estés diciendo eso.

–Espera un momento. Déjame hablar, ¿quieres?

–Habla.

–No estaba jugando. Fue una excusa tonta para no reconocer que... Bueno, tú… cuando hiciste aquello… Nunca pensé que un chico pudiera hacerme sentir eso. Es la primera vez que…

–Sasuke…

–A mí siempre me han gustado las chicas, de hecho aún me gustan. Pensé que me interesabas porque eras diferente a la gente que yo conocía, pero eso que sentí…

–Te molesta.

–No es eso, en absoluto, pero me hizo sentir confuso.

–Entiendo. Tal vez sea mejor olvidarlo todo y no forzar las cosas.

–Tal vez, aunque me gustaría seguir viéndote, si quieres…

–Claro, tú también eres diferente a la gente que conozco.

–Me alegro que digas eso. Oye, ¿dónde has estado? ¿O es que no querías contestar al teléfono?

–En la feria de libros y en una tetería cercana donde leen poesía.

–La conozco. ¿Y qué tal?

–No demasiado mal.

–Pero tampoco demasiado bien, ¿no?

–Exacto.

–…

–…

–Naruto, ¿vas a hacer algo esta noche?

–No, ¿por qué?

–Es que hay una fiesta en casa de un amigo, ¿te apetece venir?

–No lo sé.

–Vamos, ya me has dicho que no ibas a hacer nada. No tienes excusa.

–Pero…

–Nada de peros, te recojo a las diez.

–Ni siquiera sabes dónde vivo…

–Eso es lo que tú te crees. Tu número de teléfono aparece en la guía, ¿lo sabías?

–¿Cómo...?

–Hasta las diez.

Sasuke colgó. "Vaya, qué novedad. Siempre termina haciendo lo que le viene en gana. Como se le ocurra llamar ahora para disculparse por haber colgado así, me va a oír", pero no llamó.

Se sentó en el sofá con las piernas apoyadas en el respaldo y la espalda sobre el asiento y encendió la tele. Apareció una típica telecomedia norteamericana con familia perfecta y risa enlatada incluidas. Imaginó a un grupo de gente riendo frente a un micrófono conectado a una grabadora. Siempre le había parecido estúpido que le dijeran cuándo tenía que reírse. En otro canal ponían uno de esos documentales que todo el mundo dice que ve, pero que nadie reconoce que lo hace mientras duerme la siesta. La apagó y se giró hasta quedar sentado de forma normal. Iba a volver a ver a Sasuke esa noche. Es más, iba a conocer a sus amigos esa misma noche. "Y Sakura va a estar allí, seguro. Espero que no vuelva a insinuar que soy un crío. Aunque no me guste admitirlo, esa chica me pone bastante nervioso". Subió corriendo a su cuarto y abrió el armario. Sacó unos vaqueros desgastados y su camiseta negra favorita, una que había comprado en el primer concierto de Extremoduro al que había ido, y lo dejó todo preparado sobre la cama. "Bueno, Naruto, ahora aprovecha el tiempo y estudia un poco, anda".

.

ooOoo

.

A las diez menos cinco llamaron al timbre.

–Hola.

Sasuke tardó un par de segundos en contestar, lo suficiente como para echar un rápido pero prometedor vistazo a aquel chico que lo miraba sonriendo.

–Hola, buenas noches. Estás... te ves muy bien.

–Gracias, pero no es necesario que me hagas cumplidos. No es una cita.

–Ya lo sé. Bueno, ¿nos vamos? –Naruto cerró la puerta y lo siguió–. Tengo aquí la moto, así que espero que no te dé miedo la velocidad.

–¡Uy, sí, me aterra! –lo dijo con toda la ironía que pudo, a lo que él respondió con una expresión que decía "Vale, ya me callo".

–Toma, ponte el casco.

Él lo cogió y se lo puso.

–Vaya, ¿no protestas?

–¿Por qué?

–Porque estoy acostumbrado a que no se lo quieran poner antes de salir por ahí. Dicen que se les estropea el peinado, ya ves.

–Será que sólo se lo pides a las chicas.

–Tal vez.

–Pues déjame decirte que yo estoy muy lejos de parecerme en lo más mínimo a una de ellas.

–No me cabe la menor duda.

–Bueno, ¿y se lo pides a muchas?

–Depende.

–¿De qué?

–De si viven o no lejos. Anda, vamos.

.

ooOoo

.

La fiesta se celebraba en una casa enorme, de esas con jardín y piscina a las afueras de la ciudad, la casa de uno de los muchos amigos que tenía Sasuke. Cuando llegaron, había allí un montón de gente, tanto dentro como fuera en el césped, en los coches... Gente de todo tipo.

–No me habías dicho que esto iba a ser una macro fiesta.

Sasuke sonrió.

–Neji es un exagerado. En esta casa siempre suelen ser así. Ven, te presentaré a unos colegas.

–No, espera –se aferró a la camiseta de Sasuke, parándose en seco.

–¿Qué ocurre?

El rubio cogió aire, mirando hacia otro lado.

–No me digas que estás nervioso… No es posible.

–Tus amigos… tus… amigos…

–Naruto –puso su mano sobre la del chico que aún lo agarraba, haciendo que sustituyera su camiseta por su propia mano–, ya les he hablado de ti… y están deseando conocerte. En serio, deja de preocuparte.

Éste asintió aturdido. "¿Les ha… hablado de mí?"

Allí dentro, sentados alrededor de una mesa llena de latas de cerveza y vasos de whisky había un grupo de gente hablando, entre ellos Sakura. Sasuke se acercó y extendió su brazo con un vaso vacío por encima de la mesa. Aquellos se volvieron hacia él y empezaron a saludarle y a decirle cosas como. "¡Hasta que te dignas a aparecer!" o "Ya pensábamos que nos ibas a dar plantón". A lo que Sasuke contestaba con un "Ya os gustaría. No vais a deshaceros de mí tan fácilmente".

–Tú debes de ser Naruto –Gaara lo miró lascivamente, miró a Sasuke y le sacó la lengua de forma infantil.

–Que ni se te ocurra –Sasuke soltó una carcajada. Desde luego, su amigo no tenía remedio.

–Ya, ya… –rodó los ojos–. Lo tuyo no se toca –esto último no lo dijo, tan solo articuló las palabras y Sasuke fue el único que comprendió lo que decía–. Soy Gaara.

–Neji.

–Ino.

–Shikamaru.

–Encantado. Yo soy Naruto.

–¡Sasuke, ven, siéntate aquí! –exclamó Sakura ajustándose un poco más en el sofá–. Naruto, tú también.

–Bueno –Sasuke dejó pasar a Naruto y después se sentó él–. ¿Qué pasa? ¿De qué hablabais?

–De lo jodido que puede resultar el amor algunas veces y lo poco que se parece al de las películas de Hollywood –un chico que antes se había presentado como Shikamaru, castaño, con el pelo recogido en una coleta y cara de aburrimiento absoluto habló mientras se echaba un poco más de whisky con Coca-cola en el vaso.

–Un tema muy apropiado para una fiesta, claro que sí.

–Joder, Sasuke, ya sabes cómo somos. ¿Tú qué piensas?

–¡Que deberíais cambiar de tema o pagaros de una vez un buen psicólogo! –abrió las cervezas que había cogido antes de la nevera y le ofreció una a Naruto.

–¡Venga ya!

–¿En serio? Yo qué sé. No conozco a nadie que lo haya dejado todo por amor ni nada por el estilo. Al final vamos todos a lo que vamos. Sin embargo, sí que hay gente jodida por amor.

–Ya, y gente que jode sin amor. Es demasiado problemático.

Todos se rieron.

–Qué cafre eres, tío. Lo que digo es que hay mucha gente que lo pasa mal por amor. Por no ser correspondido, por cuernos... no sé...

–Así que estás con nosotros, ¿no? –Neji intervino por primera vez, volcando la mitad de la mezcla que había hecho Shikamaru en su propio vaso, ante la protesta de éste.

–Qué remedio, es lo que hay.

Naruto permanecía en silencio.

–Ya, pero casi siempre somos las tías las que lo pasamos mal –Sakura le quitó a Sasuke el cigarro que se acababa de encender–. ¿Y qué quiere decir eso?

–Que la mayoría de los tíos son unos cabrones en ese sentido. ¡Por nosotras! –Ino levantó su vaso y Sakura la siguió, brindando por lo que, al parecer, era una afirmación categórica.

Naruto sonrió.

–Es como eso de la virginidad y la primera vez y tal –aquella otra chica seguía con sus teorías–. Vosotros sólo queréis follar con quien sea y perderla de una vez, y entonces ya sois, bueno, os sentís hombres, ¿no? Sin embargo, para nosotras, generalmente, es diferente. Mi primera vez, por ejemplo, fue... decepcionante, quiero decir, que el tío no tenía ni idea. Si no llega a ser por el dolor, ni siquiera me doy cuenta de lo que estaba pasando.

–Bueno, pero no siempre será así, ¿no? Algo haremos bien, si no, no volveríais a hacerlo más –Neji trató de defenderse con cierto aire de superioridad.

–Ya, por suerte, siempre hay tíos que saben bien lo que hacen –Sakura miró a Sasuke y sonrió.

Él desvió la vista, no se sentía especialmente cómodo con aquella situación.

–¿Ah, sí? –la rubia de antes lo miró también–. Es bueno saberlo.

Sasuke miró a Naruto de reojo, él lo estaba mirando también y en ese momento apartó la vista hacia el suelo y se sonrojó, sintiéndose un poco al descubierto. Aquello le hizo gracia a Sasuke, que sonrió ligeramente.

.

ooOoo

.

A medida que avanzaba el reloj y se acababa la bebida, los grupitos de amigos y amigas hablando y bebiendo tranquilamente daban paso a los 'grupitos' de dos personas en el sofá, en las habitaciones, en el coche o en cualquier lugar más o menos cómodo y que estuviera libre. Los amigos de Sasuke se fueron dispersando y al final tan sólo quedaron Naruto y él.

–¿Quieres que te acompañe a tu casa o prefieres quedarte un rato más?

–Me da igual –fue a pegarle un trago a su cerveza, pero al hacerlo, se dio cuenta de que la lata estaba vacía–. No, creo que mejor me voy.

–Pareces defraudado.

–¿Por qué lo dices?

–Por el tono de tu voz. ¿Qué te pasa?

–Serán las cuatro cervezas que llevo.

–Será eso.

–Sasuke, lo que has dicho antes... ¿lo pensabas de verdad?

–¿El qué?

–Lo de que todos vamos a lo mismo...

–¡Así que es eso!

Naruto se extrañó.

–Quiero decir que es por eso por lo que pareces estar así tan... decepcionado.

–No –bajó la cabeza.

–Ya. Naruto, la gente es egoísta por naturaleza. Va a lo suyo. A ver, dime qué ves a tu alrededor.

La luz estaba muy baja, casi estaba a oscuras todo el salón. Alrededor de ellos tan sólo había parejas besándose. En todos los rincones, en todas partes. Metiéndose mano.

–Ojalá esto fuese otra cosa, pero no lo es. Todos buscan lo mismo. No creo que haya nada de amor en todo esto.

–¿Estás seguro?

–Eso parece.

–Entonces no sé qué hago aquí –sonrió con alcohólica tristeza.

–¿Qué estás diciendo?

–¿Qué tal? ¿Lo pasáis bien? –Sakura se acercó con tres cervezas y se sentó con ellos–. ¿No habré interrumpido nada, verdad?

–No, no te preocupes –Sasuke se levantó–. Voy un momento a por un porro.

Sakura dejó una de las cervezas en la mesa y le ofreció la otra a Naruto.

–Gracias.

–De nada. Oye, espero que no te importe, pero he oído un poco de vuestra conversación.

–¿Ah, sí? –"vaya".

–Sí. Sasuke puede parecer muy... puede parecer que pasa de todo, pero no.

Naruto la miró. Se notaba que había estado bebiendo un poco más de la cuenta, pero, aún así, hablaba con coherencia, aunque se paraba de vez en cuando, como para pensar un orden lógico para sus palabras que no salía de manera espontánea.

–Él siempre está diciendo cosas que no piensa. No miente, pero trata de engañarse a sí mismo. ¿Has leído alguna vez lo que escribe?

Él negó con la cabeza.

–Si lo hicieras, entenderías lo que digo. Sasuke siempre espera mucho de las personas y al final termina decepcionado. Tiene muchos sueños. Todos los que puedas imaginar y más aún, pero se cansa pronto de ellos. Quiere escapar de todo, hacer una nueva vida todos los días, ¿entiendes? No quiere ser como sus amigos, trabajando en cosas que odian o estudiando carreras por obligación. Él no puede hacer eso.

–¿Por qué me cuentas esto? –"pensé que yo te caía como el culo".

–No lo sé. Por nada...

Entonces llegó Sasuke con un par de porros. Guardó uno en el paquete de tabaco y encendió el otro.

–Toma –Sakura le acercó la otra cerveza que había traído–. Le estaba comentando a Naruto lo bien que escribes. ¿Te acuerdas de cuando te pasabas las noches escribiendo a los pies de la cama?

"Hum. Ahora ya sé por qué me lo has contado, Sakura".

Sasuke asintió levemente. Le ofreció el porro, pero ella lo rechazó, así que se lo ofreció a Naruto, pensando que no lo iba a coger. Sí lo hizo.

–Sí, pero yo no escribo bien, no mientas.

–Sí que lo haces... –Sakura sacó una bolsita, la abrió y echó sobre la mesa un poco de aquel polvo que contenía– y deberías dejar que la gente lo leyera.

–No quiero que la gente lo lea.

–¡Qué lástima! –sacó un billete nuevo, lo enrolló y se lo ofreció a Sasuke.

–Sabes que ese no es mi estilo.

–Supongo que no –miró a Naruto–. ¿Tú quieres?

–No.

Sakura se encogió de hombros y al momento no quedó nada de cocaína sobre la mesa.

–Bueno, me voy a dar una vuelta por aquí. Nos vemos.

–¡Ten cuidado!

–Siempre lo tengo.

–Claro –murmuró Sasuke cuando ella ya se hubo ido.

Entonces miró a Naruto. Estaba serio. Tal vez fuera por esa estúpida conversación sobre el amor, o por un bajón después de las cervezas, o por los comentarios de Sakura, o...

–Sasuke, creo que yo también me voy a ir.

–¿Estás bien?

–Sí, es solo que me está subiendo el porro este.

–Normal. Entre esto y las cervezas...

Naruto asintió. Dejó el porro en el cenicero y se quedó mirándolo.

–Estás muy pálido.

–Sasuke, sácame de aquí.