Editado 2016.

Digimonnomeperteneceyescriboestahistoriasinfinesdelucro.

Sinto-¡¿WHAT?!


Capítulo 4

El monólogo Tachikawa o la ciclotimia Takenouchi


Mimí cerró la puerta tras de sí cuidándose de no hacer ruido. Aún entraba una débil luz mortecina por la ventana, indicación de que el día no se acababa. Sora estaba sentada en la mesa, a espaldas de la pared, con los brazos firmemente cruzados frente a ella. En la creciente penumbra, no pudo distinguir con claridad su rostro, aunque le pareció que este se encontraba neutro.

―Vengo en son de paz ―dijo Mimí, ondeando una pequeña bandera blanca frente a sí―. ¿Podemos hablar?

Le pareció que Sora le sonrió. Lo que sí notó fue que palmeó la silla junto a la suya, indicándole que se sentara, a lo cual ella inmediatamente accedió. No prendió la luz.

―Me siento muy arrepentida por mi actuación y te quiero pedir disculpas ―dijo Mimí, muy solemnemente.

―Yo también quiero pedirte disculpas ―le respondió Sora, pero su amiga la calló con un gesto.

―Shh shh, yo voy a hablar primero. Es más, lo podemos hacer por turnos ―dijo, a la vez que retiraba de un enorme bolso que llevaba encima (que Sora estaba segura que había comprado en el centro comercial, ya que no lo sacó del departamento esa mañana) un pequeño peluche: uno de los souvenirs que habían visto―, mientras yo tengo el peluche, hablo yo, cuando te lo otorgue, es que puedes hablar.

Sora ni siquiera asintió, ya que no tenía el peluche. Mimí la observó en silencio.

―¿Sí, Sora?

La situación se habría repetido indefinidamente si la pelirroja no hubiera comenzado a mirar obsesivamente al pequeño animal, con lo que Mimí captó la indirecta.

―Ah, tampoco hay que ser tan literal: con que seriedad te tomas las cosas, honey. ―Le entregó el objeto y, Sora la seria, afirmó y lo devolvió―. En fin, lo que quería decirte es que he encontrado la solución a nuestras diferencias, y ¡no son vestidos, lo juro! Capté perfectamente tu resquemor al respecto y no voy a insistir, juro no volver a insistir, aunque déjame decirte por última vez que a tu cuerpo de deportista el talle sirena le va pintado. ―Sora abrió grandes los ojos, ¡no podía interrumpir!―, pero es solo un comentario, claro, que no voy a insistir sobre esto, no. ¿Te traigo agua? Tengo seca la boca.

Sora nuevamente no contestó, y Mimí se alejó con el peluche firmemente apretado entre sus blancas manos. Se quedó en silencio y en la casi oscuridad, mirando hacia la pared de enfrente, apretando sus manos frente a sí.

Regresó con dos vasos de agua y el peluche en la boca; volvió a ocupar su lugar asignado.

―Como te decía (que sed que tenía, caminé toda la tarde reflexionando sobre mis acciones y no se me ocurrió tomar nada, aunque claro, no es que demoré horas en darme cuenta de que me había equivocado, sino en saber como encararte, d'u get it?), encontré LA respuesta a nuestros inconvenientes y no tienen NADDDA que ver con el vestido, TARANNNNN ―exclamó, mientras desparramaba por la mesa una serie de panfletos que Sora tomó, pero no pudo comentarlos―. Los leo por ti, que acá está muy oscuro. ―Le quitó los papeles―: redoble de tambores, TARANNNN ―cantó, con su voz de soprano―… ¡Boda sintoísta contemporánea!

Sora, sorprendida e imposibilitada de hablar, le sacó algunos de los folletos e intentó leerlos en la penumbra. Mimí supo que tenía su atención.

―Te los leo: "Boda Sintoísta Contemporánea: las bodas japonesas contemporáneas consisten en la combinación de los dos estilos de boda más difundidos en nuestra isla. Estos son la boda sintoísta, tradicional, histórica, y la boda contemporánea, que toma elementos de las ceremonias cristianas tan difundidas a través de películas y gracias a la globalización.

»Estas bodas inician en el templo, con la tradicional ceremonia sintoísta, solo visible a familiares y amigos muy cercanos, y finaliza en un salón, típicamente en un hotel, con la típica recepción cristiana. Es de esperarse que la novia tenga más de una vestimenta disponible para poder pasar de un evento al otro con gracia y naturalidad." Continúa, pero creo que con esto te das una idea de lo que proponen, ¿cierto?

Mimí levantó la vista de los panfletos a su silenciosa amiga y, aún en la penumbra, la descubrió llorando.

―Oh, Sora, ¡¿qué he hecho esta vez?! ―exclamó, lanzándose a sus brazos―. Lo siento tanto, ¡lo hago todo mal, lo hago todo mal! Yo lo único que quiero es ayudarte, mis intenciones son buenas, ¡no entiendo por qué me sale todo tan mal! ―Sora le palmeaba la espalda, consolándola. Aún no podía hablar―. ¿Me perdonas, por favor? No voy a volver a hablar de estas bodas tontas occidentales, ¡no voy a volver a hablar! Silly weddings, con esas ceremonias interminables, shows infantiles, maratónicas sesiones de fotos y tíos lejanos tratando de sacar a bailar a todas las amigas de la novia, ¡me rehúso, me rebelo contra la autoridad! ―terminó, con una mano estirada indicando al techo―. No, no terminé: ¡y las malditas damas de honor! ¿Sabes cuantos vestidos tengo inutilizados en mi placard? 27, ¡27! ¡No más tontas ceremonias occidentales! ―Sora, desesperada, le arrancó el peluche de las manos, pero Mimí reaccionó más rápido―. Ah, no, Sora, ¡así no, mala Sora, mala Sora! Prometimos dejarnos hablar. ―Sora levantó la vista al cielo, exasperada ¡y aún sin poder hablar!

»Voy a tirar estos panfletos, ¡los voy a tirar! ―Comenzó a hacerlos bollitos entre sus manos, Sora trató de detenerla, pero Mimí se lo impidió. Y así y todo, no soltaba el peluche―. Convenciones tontas que les llenan la cabeza a las chicas buenas, lindas y tradicionales como Sora y yo, tontas, deberían prohibirles la entrada a este país, es más, le voy a hablar a Taichi del tema, ¿desde cuándo dejamos que cosas occidentales tan tontas ingresen a nuestro hermoso Japón? Esto es una anomalía histórica, una tontería histórica.

Una persona normal se hubiera dado cuenta de que Sora quería hablar desesperadamente: sus ojos estaban tan abiertos que finas líneas rojas comenzaban a pintárseles, sus puños estaban apretados y firmemente asentados sobre la mesa. Estaba sentada en el borde de la silla, a punto de pararse y salir corriendo.

Pero Mimí no era una joven normal, indignación hubiera sentido si alguien se atrevía a decirle algo por el estilo.

―Pero Sora, la verdad es que yo lo siento mucho, ¡no he buscado nada de información sobre templos sintoístas y ceremonias tradicionales! Estimé que tu familia lo tendría muy claro, sin embargo, como quiero ayudarte, mañana volveremos, pero volveremos las dos, ¿sí? Y si no encontramos nada tradicional, podemos divertirnos tirando los stands occidentales, tontos, al piso y luego salimos corriendo, ¿te parece? ¿te parece?

Sora suspiró, esperando un nuevo reto por haberse atrevido a dejar que algo saliera de sus labios sin tener la mentada foca rosa entre sus manos.

El suspiro anticipó el milagro.

―Aquí tienes, es tu turno para hablar. ―Le extendió el precioso objeto, y Sora lo recibió como lo que era: algo divino, un objeto de los cielos, la representación física de la libertad de expresión y de toda clase de libertad. Un peluche que se merecía un trono, eso era.

La atontó un poco tener semejante preciosidad entre sus manos, olvidó que debía hablar. Ahora fue Mimí la que comenzó a abrir grandes sus ojos y a taconear contra el piso.

Y sin embargo, lo primero que dijo Sora fue lo menos importante de todo:

―1853.

―¿Eh?

―¡No puedes hablar! ─le espetó, pero Mimí ya se cubría la boca con las manos, descubierta―. Digo que en 1853 comenzaron a entrar todas estas cosas occidentales en nuestro país, y que qué pena que no te gusten más las damas de honor, los shows de Pikachu ni bailar enloquecidamente sobre tus tacos toda la noche, porque a mí… me ha hecho mucha ilusión todo esto de la ceremonia japonesa contemporánea, ¡y lloré porque no podía hablar para agradecerte todo lo que has hecho por mí! ―terminó, otra vez entre lágrimas.

―¡Oh, Sora! ―Mimí le quitó el peluche de las manos y lo revoleó a lo lejos, desechándolo para siempre―. ¡Yo quería tanto que hicieras esa ceremonia! Lo más difícil de mi vida ha sido decirte que todo eso era una tontería, ¡lo más difícil! ―Se abrazaron con fuerza, reconfortándose en la otra, mientras ambas lloraban en silencio―. Por suerte no terminé de tirar mis folletos, ¡mira cuantos he traído sobre shows, salones y musicalización! ―Y de su enorme bolso comenzó a extraer más y más papeles, de todas las formas y colores. Uno hasta traía un pedazo de pastel en un pequeño recipiente―. ¿Verdad que mañana podemos repasarlos a todos? ¿Verdad?

Sora se separó un instante, solo para asentir y volver a abrazarla.

―Pero Mimí, yo también quiero pedirte perdón, ¡esta tarde te grité, y eso es tan impropio de mí! Me hizo acordar a esa vez en el digimundo que me enojé con los chicos por perseguirme, cuando los quise abandonar, ¡y me sentí tan mal! ―Mimí quiso interrumpir, pero esta vez fue el turno de Sora de impedírselo―. Así que cuando te dejé me fui a una farmacia a comprar algo para que me bajase la presión, y mientras estaba ahí, reflexioné sobre lo que había sucedido, y lo extraña que me había sentido, primero tan feliz, luego tan enojada… y entonces se me ocurrió.

―¿Qué se te ocurrió? ―Mimí tenía los ojos bien abiertos y le sostenía ambas manos en el aire.

―No solo se me ocurrió, ya lo comprobé, ¡y yo quería tanto contártelo! Pero llegaste con todas estas buenas noticias, y te noté tan triste, y luego lloraste, y me retaste, y te dio sed y me llenaste de panfletos, ¡y yo lo que más quería era interrumpirte para contarte mis noticias!

―¡¿Qué noticias Sora, qué noticias?! ―gritó Mimí, impaciente. Ya la oscuridad era total. Solo veían el brillo de sus ojos y el reflejo de la luna sobre la mesa.

―Ah, Mimí, es que Yamato y yo… no sé cómo decírtelo.

―¡Ve al grano, mujer, ve al grano! ―le volvió a gritar, apretándole las manos.

―Estamos embarazados.

―¡¿SINTO-WHAT?! ¡¿QUÉ?! ―Mientras Sora lloraba, por fin con razón, Mimí comenzó a llorar ruidosamente. Las manos le temblaban y hacían mover a Sora entera―. Oh, Sora, ¡Sora!

―Aún no lo he hablado con Yamato, lo estuve llamando pero habrá estado muy ocupado, porque no me ha llamado de vuelta ―confesó entre hipos y sollozos―. ¿Crees que se enfadará? Esto no estaba en nuestros planes, y además es muy reciente, sé que aún lo podría perder… ¿crees que debería esperar unas semanas para contárselo?

―Sí, Sora, creo que deberías esperar un poco. ―Con una mano se limpió las lágrimas, pero la otra seguía temblando.

Las despabiló el ruido de las llaves en la puerta y la repentina luz: Yamato había llegado.

―¡Matt, SORA ESTÁ EMBARAZADA! ―gritó Mimí, corriendo a sus brazos.

Sí, a los brazos de Yamato, ella, la amiga. Y Sora, sentada en el mismo lugar desde hacía horas, con la cara empapada en lágrimas, las piernas tiesas y encandilada por la luz, no solo no pudo darle la noticia a su futuro marido, sino que tan solo pudo pensar: «Sí, Sora, creo que deberías esperar un poco», las últimas palabras de un inagotable, inacabable e ininterrumpido Monólogo Tachikawa.


Aclaración: En 1853 fue el Bakumatsu.


Notas: jajajaja, me río sola, soy medio tonta a veces. ¡Mimí le dio la noticia a Yamato! Que alocada esta niña por favor. ¿Se esperaban ese vuelco argumental? Sé que a más de una les llamó la atención la ciclotimia, ¿supusieron que era un embarazo? ¿Eh? Hubo una pista: el hecho de que ya exista el pequeño Zetaro, que debería ser levemente menor que la rubia Ishida-Takenouchi.

Como no me pude definir por un título, le puse los dos. Top, soy top: tengo fics semanas sin publicar porque no sé el título, y para este tengo dos, DOS.

Por cierto, no molesto más, ¿les parece bien como estoy actualizando, o quieren que espacee? Tal vez lo puedo hacer cada diez días, por ejemplo (igual, no se confíen, con mi cronograma nunca se sabe cuando voy a poder sentarme a escribir).

Si te gustó, déjame un review, que me alegra el día. Y si te reíste cuéntame, es la mejor noticia que me puedes dar.