Lamento la tardanza, pero entre las fiestas de semana santa y la universidad no tenía mucho para escribir, además, este capítulo iba a contener también al siguiente pero decidí cortarlo para poder publicar este pedazo que ya tenía.

Sobre la pregunta que formulé, teneis al final del capítulo la decisión que he tomado. Estoy de acuerdo con vosotros y que la batalla tuvo que ser en Junio durante los examenes por lo que he optado por lo que vais a leer.

Para lamentación de muchas personas, no, no voy a hacer el encuentro tan pronto, esa parte llegara su debido momento.

Muchas gracias por vuestros reviews!!Me hacen muchísima ilusión y me instan a continuar. GRACIAS.

Bss.


Viajes en el tiempo

Capítulo 4: En el cementerio

Remus no necesitó mas que escuchar el primer Teddy para reaccionar, agarró a Tonks y la hizo agacharse, y por simple reflejo los demás hicieron lo mismo, los 5 colocaron sus varitas en sus respectivas cabezas y se volvieron invisibles, arrastrándose sobre la hierba se colocaron varias filas de tumbas mas alejados de las que habían estado observando.

Mientras se escondían habían continuando oyendo la voz de la niña:

-…el abuelo, el tío Ron…

-¿Este soy yo? –esta voz no era infantil, pero tampoco parecía ser la de un adulto.

-Te he dibujado con el pelo azul porque es mi color favorito –respondió la niña.

Mientras hablaban habían seguido andando, y ahora aparecían por la esquina del cementerio. El cabello del muchacho que había hablado pasaba en esos instantes de un verde intenso a un azul marino, la niña que no podía tener más de cuatro o cinco años, se reía y saltaba mientras le decía que así estaba más guapo, ella era pelirroja y aún llevaba el dibujo en la mano. El muchacho debía andar alrededor de los 14 años, llevaba las manos en los bolsillos mientras seguía riéndose con la pequeña. Se habían parado y miraba hacia atrás esperando a alguien.

-¿Teddy? –susurró Tonks al borde de las lágrimas.

Remus buscó su mano a tientas y cuando la encontró la agarró fuertemente.

-¡Es metamorfogo!-exclamó Sirius.

-Resulta que los genes de una metamorfaga son mas fuertes que la maldición del hombre lobo –le susurró Remus mientras le miraba significativamente intentando demostrarle lo mucho que ese detalle le alegraba.

-Tiene tu sonrisa, Remus. –comentó Lily.

-¡Papaaaaaaá! ¡Mamaaaá! ¡Venga vamos! ¡Daos prisa! – esta voz era de un niño, que había aparecido en el campo de visión de los merodeadores y se había parado junto con Teddy y la pequeña Lily detrás de la reja del cementerio, parecía algo mayor que la niña pero este tenía el cabello negro y revuelto y le hacía señas a los que venían detrás para que vinieran más rápido.

-Ya vamos – está voz sí era la de un adulto.

Algo en su voz resultó familiar a algunos de los merodeadores, Sirius, Remus y Tonks concretamente, que susurraron al unísono: "¡HARRY!". Lily notó como su marido se puso en tensión, iban a ver a su pequeño, y por lo que parecía convertido en todo un hombre y padre de familia.

-¿Por qué te has traído el dibujo hasta aquí? –le preguntó Harry a su hija cuando por fin apareció en el campo de visión de los viajeros del tiempo.

-Por que es un regalo para los abuelos –contestó la niña.

-Pues anda ve, corre, dáselo – la instó Harry, mientras le colocaba un brazo por encima a su ahijado y seguían caminando mas lentamente.

La niña echó a correr en dirección a las tumbas de los merodeadores.

-No ha cambiado nada –comentó Sirius con una sonrisa, le parecía extraño ver a su ahijado con 16 años más de lo que él le recordaba.

Mientras tanto James y Lily no habían podido más que sonreír ante aquella escena que acababan de ver, a pesar de que sabían que perderles tan pronto le haría sufrir mucho y madurar antes de lo natural, se le veía alegre y feliz.

La niña corrió hasta las tumbas, y colocó el dibujo sobre la de sus abuelos debajo de una piedra que había encontrado para que no se volara. Se veía que era una niña muy independiente y detallista, pero a la vez muy cariñosa, ya que se quedó observando la estatua y comenzó a acariciarle detrás de una oreja como si fuera de verdad. Cuando llegaron a la altura de las tumbas Harry, Teddy y el chiquillo que iba con ellos, se colocaron enfrente de las tumbas, estaban callados, parecía que aquello era un ritual que hacían a menudo, ninguno de los niños hacía el mas mínimo ruido. Hasta que la niña se levantó de donde estaba y se fue hacia su padre para abrazarle, aunque debido a su altura solo pudo abrazarse a su pierna. Su padre le sonrío y comenzó a acariciar el cabello de su hija.

Unos segundos mas tarde, mientras Harry le guiñaba un ojo a su pequeña, aparecía por la esquina una mujer pelirroja y otro niño más, este parecía ser mayor que los otros y llevaba las manos en los bolsillos con cara de aburrida mientras le daba patadas a las piedras que se cruzaban en su camino. Al entrar en el cementerio el niño se sentó en la hierba justo en la entrada, pero la mujer se colocó detrás de su marido mientras le daba un beso en la mejilla y le abrazaba por detrás.

Sin embargo, la mujer se giró y vio a su primogénito sentado en la entrada. Fue hasta allí, comenzó a jalarle de una oreja, de modo que lo hizo levantarse.

-¡James! Ahora mismo vas hasta allí y saludas a tus abuelos. – dijo ella mientras arrastraba al niño hasta donde estaba el resto observando.

-¡Ay! ¡Ay ay ay! ¡Mamá! ¡Por favor! ¡Mi oreja! ¡Papá ayúdame!

-Ginny, Ginny, la oreja del niño que se está poniendo colorada –le dijo Harry aguantando la risa, cuando castigaba o reñía a sus hijos su mujer le recordaba bastante a su suegra.

-¿¡GINNY!? –susurraron Remus y Sirius, pero debido a la sorpresa lo dijeron mas alto de lo que debían, por suerte para ellos solo les oyó la pequeña Lily, que miró hacia donde ellos estaban muy interesada, ya que los demás estaban muy atentos a los quejidos de James.

-¿Ginny? ¿Quién es Ginny? –preguntó el James adulto.

-Ginny Weasley, la pequeña de Molly y Arthur Weasley –contestó Remus, pero que ahora miraba, a su esposa, o por lo menos donde sentía que estaba, ya que no le veía, la había escuchado un ¡Sí!, mientras ellos habían susurrado su nombre sorprendidos. -¿Tú sabías algo verdad querida?

-Me temo que sí –la voz de Tonks mostraba que sonreía de oreja a oreja – Ginny me dijo hace unas semanas que el año pasado comenzaron a salir, pero que él la dejó porque no quería que por ser su novia estuviera en peligro.

-No me lo puedo creer –comentó Sirius aún boquiabierto –Además, ¡está buenísima!

-¡Sirius! – le reclamaron Remus y Tonks, bastantes divertidos.

-Pero si es verdad, es bellísima. – insistió Sirius.

-Shh, la niña –susurró Lily, su nieta se había acercado, y cada vez estaba mas cerca.

Cuando estaba apunto de tropezarse con ellos:

-Lily, ¿qué haces? –el hijo mediano de los Potter, se había acercado verdaderamente interesado en lo que estaba haciendo su hermana pequeña.

-Creo que he escuchado a alguien – le susurró a su hermano la pequeña, pero su sonrisa demostraba que pensaba que era un juego o algo así, y sus ojos reflejaban curiosidad e interés.

-Papá, Lily, dice que ha oído voces – el crío se había acercado hasta su padre, y jalaba de la manga de su camisa para llamar su atención.

Harry se quedó un poco desconcertado con aquello, no sería la primera vez que alguien escuchaba voces, al fin y al cabo, esos eran sus hijos, miró a Ginny que había soltado la oreja del joven James y se comunicaron por miradas como hacían tan a menudo, le encantaba aquello, siempre se comprendían con simplemente mirarse a los ojos. Harry se acercó hasta donde estaba su hija Lily, se arrodilló hasta estar a su altura y le preguntó:

-¿De donde venían las voces?

-De aquí – la pequeña señaló justo donde estaba la cabeza de Sirius.

Los merodeadores al darse cuenta de que estaban a punto de pillarles empezaron a arrastrarse por la hierba lo mas silenciosamente que pudieron, aprovechando la oportunidad que Harry sin querer les ofrecía, cuando se distrajo observando primero a su hija y luego a su esposa con el ceño fruncido. Después comenzó a palpar la zona que momentos antes había sido ocupada por el grupo del pasado, y que ahora se encontraba varias filas de tumbas más atrás.

-No, no hay nada – le guiñó un ojo a su hija y continuó calmándola – No hay de que preocuparse. – dijo esto más para sí que para ella.

-¡Ey! Lily, ¡mira allí! – Teddy se había acercado hasta donde estaban padre e hija, y le había señalado el punto opuesto al que habían estando mirando, la niña se asustó y miró hacia donde le estaba indicando Teddy pero se descuidó y el jovén aprovechó la oportunidad para comenzar a hacerle cosquillas.

La niña se reía y se retorcía mientras los demás que observaban la escena no podían para de sonreír, la risa de la niña era increíblemente contagiosa y feliz.

Mientras tanto, los que se suponía que no debían estar allí se encontraban increíblemente alegres, aquello era por lo que habían luchado tanto, y por lo que dedujeron, todos murieron.

-¿Tú abuela irá directamente a La Madriguera? –le preguntó Harry a Teddy mientras este aún seguía con las cosquillas.

-Sí, me dijo que no soportaba una celebración más. ¿Estarán todos?

-Ajam- asintió Harry sonriendo –incluso Victoire – susurró, los 5 que estaban sobre la hierba pudieron notar como Teddy se había puesto colorado y había dejado de sujetar a la niña de modo que esta consiguió librarse de él y de sus cosquillas – Tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo. –le dijo mientras le guiñaba el ojo a su ahijado.

-Tan… ¿tanto se me nota? – el muchacho sonreía tímidamente mientras se rascaba la nuca, aún seguía colorado.

-En realidad… fue Ginny quien se dio cuenta, yo no noté nada. Aunque claro, si no fuera por ella y por Hermione… yo jamás me daría cuenta de estas cosas. –comentó mientras se rascaba la barbilla intentando hacerse el interesante.

Su ahijado no pudo más que echarse a reír por el comentario de su padrino, pero en su risa había una pizca de nerviosismo debido a que habían descubierto sus sentimientos que llevaba algún tiempo ocultando. Harry se lo notó y para intentar calmarlo le tranquilizó comunicándole que su esposa tampoco diría nada y que podía contar con él para lo que quisiera.

-Acertamos en elegirle como padrino –comentó Tonks.

-Cierto – corroboró Remus.

-¿Harry es su padrino? –preguntó Lily con curiosidad y una sonrisa en su rostro.

Remus simplemente asintió con una sonrisa que reflejaba todo lo orgulloso que estaba tanto de su elección como de su hijo.

-Se ve que ejerce muy bien su puesto – dijo James mostrando lo orgulloso que estaba de su hijo.

-¡Claro, que es un gran padrino! ¡Para algo me tiene a mí de ejemplo! –exclamó Sirius.

Los demás no pudieron más que echarse a reír, aunque intentando no hacer más ruido del estrictamente necesario para no llamar la atención de sus descendientes.

Mientras habían estado conversando Harry y Teddy habían vuelto junto a las tumbas.

-Harry, cariño, deberíamos marcharnos ya, si no llegaremos tarde a Hogwarts – aconsejó Ginny.

-Cierto, ¡Albus! ¡Lily! ¡Nos vamos! –llamó a los niños que estaban jugando en la otra punta del cementerio.

-Yo quiero ir con vosotros también a Hogwarts –pidió el mayor

-Aún no, además, no vamos de fiesta precisamente – indicó Harry – vamos a …

-¡Recordad a los fallecidos en la batalla que lucharon por que nosotros pudiéramos vivir en paz! –dijeron James, Lily y Albus al unísono.

Harry no pudo más que sonreír, todos los años se repetía la misma escena, mientras que todos los niños Weasleys y Potters, incluido Teddy, se quedaban en La Madriguera con sus abuelos, él, Ginny, Hermione, Ron y todos los que sobrevivieron a la batalla de Hogwarts iban hacia el castillo a una especie de fiesta en la que intentaban recordad cuanto sufrieron para poder conseguir ese futuro que habían conseguido y cuanto habían dejado atrás, era todo menos algo alegre, pero no querían que todos los que allí habían caído quedaran en el olvido. Para poder hacer aquella celebración, cada vez que se cumplía un año más de paz desde el día de la batalla, los exámenes de Hogwarts se habían adelantado y el curso se había acortado tan solo unas semanas, para que de ese modo, los niños más pequeños no tuvieran que estar allí, en esas fechas.

-¡Venga vamos! – instó Ginny, con lo que todos se pusieron en marchar.

Los niños más pequeños empezaron a corretear por delante de los adultos, mientras James interrogaba a Teddy sobre Hogwarts y Harry y Ginny paseaban abrazados.