Alguien por ahí encontró esta historia y decidió agregarla a sus favoritos… no sé porque. Y al leerla de nuevo estuve tan… conmocionada a ver que solo tenía 3 Caps arriba cuando yo claramente escribí 5 (cortos, por cierto).
Espero alguien recuerde que existe y lea lo poco que seguí escribiendo de él.
Abrazos y besos
Regina
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La puerta de su dormitorio se abrió repentinamente. Ale, que había estado sentada en su escritorio escribiendo tranquilamente, dio un respingo y tiró el tintero sobre unos pergaminos y libros que tenía en dicho mueble. Para evitar mancharse su túnica favorita color violeta con detalles en plata en mangas y cuello retrocedió rápidamente en su silla causando un ruido fuerte con la silla al rozar de manera forzada contra la duela caoba de su piso.
-Quisiera saber…- escucho a su padre susurrar, estaba fúrico – qu significa esto- exclamo arrojando un sobre bastante descuidado sobre la amplia cama que estaba en medio de la habitación.
Ella miro el sobre en su cama como si fuera la abominación más grande de la historia y se llevo sus manos a su boca para reprimir el grito de horror que quería escapar de su garganta. El nerviosismo suplanto de inmediato al miedo cuando sus ojos cambiaron del sobre a los ojos mercurio de su padre.
No hubo necesidad de acercarse a verlo para saber de quién era.
-P-padre, yo… Hugo es…-
-Nada de Hugo es- interrumpió, sus mejillas y frente tomando un poco saludable color rojo – te dije claramente lo que pienso de ese niño-
-No lo conoces- a penas susurra la rubia, queriéndose fundir en su cómoda silla de caoba para así huir de la rabia de su progenitor.
-No lo conozco y una mierda. ¡No quiero que le hables Alexandra!-
La pequeña bruja se mordió el labio inferior, intentando ocultar sus sollozos y bajo la mirada al suelo, repentinamente incapaz de verlo a los ojos.
Draco vio la cara pálida de su hija y dando un largo suspiro emparejo la puerta y se acercó a ella.
Una traicionera lágrima se escapó de las jóvenes orbes azules.
No dijo nada, solamente se incó frente a ella y la abrazo. Ella rodeó su cuello con sus delgados brazos y comenzó a derramar gruesas lágrimas. Estuvieron varios minutos en silencio, solo con suave sonido del hipo que la niña soltaba de vez en cuando.
Cuando Draco sintió a su hija serena nuevamente se separó de ella con delicadeza y le miro a los ojos. – Sabes que no lo digo por ti, linda. Ni siquiera es por el chico Weasley- dijo con desprecio.
-¿Por qué?- pregunto ella con la voz débil.
-No quiero que te lastimen.- confeso su padre. –Nuestras familias son muy diferentes y no lo digo por nuestra sangre- se apresuró a aclarar cuando vio que su pequeña reclamaría –es solo que… pensamos muy diferente.-
Mirando con tristeza a su padre asintió y volviéndolo a abrazar con fuerza el pregunto –entonces… ¿no podemos ser amigos?-
Draco suspiro pesadamente, el coraje y la molestia olvidados hace mucho, y dándole un suave apretón a Ale dijo –Claro que pueden ser amigos hija- "no cometeré el mismo error" se dijo para convencerse de que era lo correcto.
Narcissa del otro lado de la puerta no pudo más que suspirar resignada y darse media vuelta con un gran nudo en la garganta. Lucius, a su lado, la abrazo de la cintura y juntos se encaminaro terraza para tomar el té.
Y aunque con los días ambos Malfoys, padre y abuelo, aceptaron la amistad de la única descendiente de la familia con el chico mestizo Weasley Granger, la mirada de tristeza nunca despareció de los ojos de Narcissa cada que se mencionaba el tema.
