Capítulo 4: Bienvenido

Kagami sudaba y no era que no quisiera percatarse de que estaba siendo violado por miles de ojos pero era casi imposible al notar demasiadas miradas sobre él. Una sobrecarga tal vez.

En su primer movimiento intento parecer normal y fluido, pero le pesaban los pies como si llevara botas de plomo, aún así en el momento en que levantó la mirada con decisión se cruzó con un cabello azulado que llamaba demasiado la atención.

Kuroko se dio cuenta de aquello y quedó en asombro dando un pequeño respingo poco notable.

-¿Se ha dado cuenta de mi presencia?

Tetsuya entonces intenta apartar la mirada, pero de eso se encarga primero el pelirrojo.

-Dios mío como esta… -se oyeron varias voces del típico grupito de niñas.

-¿Tendrá novia? –susurró otra arreglándose el cabello.

El director dio dos palmas para callar el barbullo que se estaba acumulando en el aula. Todos prestaron atención deseando saber el nombre del recién llegado.

-Este es Kagami Taiga, de nacionalidad japonesa pero aún así ha sido trasladado de Estados Unidos. Será vuestro compañero de clases de ahora en adelante, os pido un mínimo respeto –dicho y hecho, el viejo hombre de corbata se marchó después de una reverencia.

-Se bienvenido Taiga. Puedes sentarte a la izquierda de Tetsuya –indicó señalándole el lugar.

Kagami sin rodeos se encamino hacia el sitio indicado, esta vez ya un poco más despreocupado, lo peor ya había pasado o eso creía.

-Buenos días –mencionó Kuroko clavando la mirada en el recién llegado.

-Buenas.

Era curioso pero por un momento había perdido la presencia del pequeño pero tan solo con el simple saludo volvió a recuperarla; por eso se maldecía en la mente, ya que Tetsuya miraba a su compañero de clases indiferentemente, como si Kagami se tratara de la pizarra o el mismo libro donde podría encontrar todas las respuestas a sus preguntas.

-¿Se te ha perdido algo? –pregunta el pelirrojo en un susurro, volteando la cabeza con descaro.

Después de eso le sorprendió que el peliazul siguiese mirándole como si nada. Kagami tenía cierto problema de asustar un poco a la gente, a veces por parecer rudo o simplemente por su mirada. No lo hacía adrede, ese era su aspecto y podía dolerle que la gente le juzgara mal.

-No, es que me gusta tu pelo –respondió el de ojos azulados, donde Kagami se perdió por un momento.

Taiga sonrió, aunque pareciera algo incómodo le gustaba la honestidad de ese chico. Había sido un buen comienzo.

-Gracias…A mí me gustan tus ojos –pensó esto último volteándose otra vez hacia la pizarra.

No era ninguna sorpresa para él saber que tenía una debilidad por los niños bonitos.

Lo único que Taiga no sabía era que cierto moreno había observado toda la escena.


Kise resopla y cae tendido sobre la mesa. Estaba realmente decepcionado, no esperaba que su mejor amigo se fuera a la clase de al lado, realmente había puesto sus esperanzas en tenerle ahí con él. Pero a veces hay que vivir la dura realidad por muy mala que sea.

-Que mierda…Yo quería estar con Kagamicchi –quejó el rubio por su interior.

Por su propio bien puso atención a la clase, no debía distraerse demasiado o acabaría retrasado en sus apuntes y eso es exactamente lo que le pasó.

-¿WTF? ¿De dónde ha aparecido todo lo que está en la pizarra?

Cogió el bolígrafo y comenzó a escribir a fuerza propulsión como si su vida tratase de ello.

Estaba agotado, había tenido una semana pesada.

En el fondo de su corazón agradeció que era viernes y que el día de mañana podía tener una salida con Taiga al menos por la mañana antes de su sesión de fotos en la agencia de modelos.

-Ryota y Kasamatsu –llamó el profesor- Os toca limpieza general de clase –anunció antes de que tocara el timbre para la siguiente hora.

El rubio asintió encomendando la tarea de hoy, cada semana le tocaba a dos alumnos diferentes.

Pasó el día rápido. Kise y Kagami estuvieron juntos almorzando en el patio detrás de varias miradas femeninas que pasaban por allí a cotillear. No todos los días se veía al popular Ryota con otro chico tan lindo.

-Son bastante ruidosas –se quejó el pelirrojo intentando comer con tranquilidad aunque le fuese casi imposible.

-este es mi día a día –sonrío el rubio recostándose sobre el árbol.

-Ya veo…Por cierto, iré a apuntarme al club de baloncesto al finalizar las clases ¿Te lo has pensado?

Kise abrió los ojos y se acomodó mejor en el árbol sintiendo la frescor del invierno que se acercaba en su piel. Mordió su labio un tanto indeciso pero ya era momento.

-Veras Kagamicchi, hoy tengo limpieza general justamente con el Capitán del equipo, a la salida no me esperes, márchate a casa y no te preocupes yo mismo me encargaré de apuntarnos a ambos.

Kagami respiró hondo y le dedicó una sonrisa. La alegría fluyó dentro de sí al escuchar la respuesta del menor y acabó asintiendo despreocupadamente.

Y así fue como las dos últimas horas transcurrieron con normalidad dando el fin del viernes escolar. Kise se quedó sentado en su silla acomodando la libreta en su mochila esperando a que la clase se vaciara.

-Adiós Kise-kun, ojalá algún día me toqué hacer la limpieza contigo…-murmuró una chica muy sonrojada siendo acompañada por su amiga.

-No estaría mal, pero no creo que deje a una chica tan bonita como tú hacer las tareas –devolvió una sonrisa con mucha clase sacándole una risita tonta a su compañera y haciendo que a esta le saliera humo por todos lados.

-E-entonces… ¡Nos vemos!

La chica abandonó la clase a toda prisa y muy avergonzada.

El aula estaba vacía, Kise deseaba acabar cuanto antes para largarse a su casa a comer. Estaba hambriento.

Había algo que fallaba ¿Por qué estaba solo?

Se volteo a ver si Kasamatsu estaba por los lares pero se encontró a él solo sentado en su silla esperando impacientemente. Pensaba sobre la charla que tendría con el ojiazul, tenía nervios y eso era raro en él, una persona la cual hablaba fluidamente con cualquiera.

Sus manos se juntan y finalmente las lleva hasta su boca apoyándose en ellas.

-No voy a rajarme ahora…

Dos golpes se oyeron en la puerta, se trataba de Kasamatsu cargando una fregona y una escoba.

-Disculpa por dejarte solo, he tenido que ir a recoger esto a conserjería –comentó el otro cabizbajo, como evitando su mirada.

-Está bien, no te preocupes… Eres muy responsables Kasamatsu-kun. Me tenías que haber avisado y te ayudaba a cargar eso.

No creía que estar a solas con el rubio le conseguiría poner tan nervioso, solía pasarle con las chicas pero este era un caso diferente. Dejó el balde de la fregona en el suelo y levantó la mirada.

-S-si… ¡Si quieres p-puedes ir-irte a casa! Y-yo acabaré esto solo –bramó entre tartamudeos y se maldijo por eso.

Por un momento reinó el silencio hasta que Ryota lo rompió por completo. Se rió tapándose la boca para disimular un poco pero era imposible.

-Que lindo –pensó Kise al ver como se expresaba su compañero. Siempre le había tenido por alguien serio y aplicado pero en ese momento le pareció una ternura total. Sus nervios bajaran de grado y se levantó acercándose al moreno.

-No digas tonterías, no pienso dejar que lo hagas todo tú solo.

Tras eso comenzaron a limpiar en silencio y rápidamente. Ambos querían marcharse; tal vez por el aura incomoda que rodeaba la clase o porqué no soportaban quedarse mudos.

Entonces Kise habló:

-Kasamatsu yo… Quería decirte algo.

Yukio murió por un momento. Sujetó la escoba con fuerzas e intentó encarar a Kise que se encontraba a su lado cabizbajo. Sonaba como una declaración y entonces su corazón aceleró.

-¿Ah..? –susurró temblando.

-Es sobre el equipo de baloncesto ¡Me gustaría apuntarme!

A Kasamatsu le costó recapacitar y dejó caer el palo de la escoba mientras estaba embobado. Después del golpe del palo con el suelo volvió a la realidad.

-Oh..Ah, pues no hay problema –dijo finalmente recogiendo la escoba del suelo. Se sentía idiota- Espera… ¿Qué quiere un modelo de un equipo de chicos sudorosos? –preguntó con retintín dejando totalmente su nerviosismo de lado.

Kise alzó una ceja, un tanto molesto y chasqueo los dientes.

-Oh vamos, no me vengas con esas ¿Necesitáis gente verdad? Yo y mi amigo Kagami queremos apuntarnos –respondió el rubio cruzándose de brazos con el mango de la escoba por medio aguantándose en ella y acercando el rostro demasiado cerca de Yukio.

-Mis sospechas sobre sus ojos ya han dado fin al asunto…He comprobado lo impresionantes que son –Kise colocó su mirada felina.

Kasamatsu sonrió con sarna y rascó su nuca despreocupadamente. Ya había tomado una decisión.

-Los entrenamientos son los martes, miércoles, viernes y domingos –murmuró el pelinegro- Dame tu número de teléfono para aclarar los horarios. Que sepas que el entrenamiento será duro y que es muy importante la presentación diaria de la lista sino te jugaras unos cuantos ejercicios extra –quejó el mayor entregándole el móvil a Kise para que este escribiera su número.

-¡Hai! –respondió este dándole de vuelta su aparato electrónico.

-Bienvenido Ryota, igualmente por tu amigo.

-Gracias…Senpai.


Kagami estaba dispuesto a marcharse a casa, aunque por cariño decidió esperar al rubio en la salida tardase lo que tardase. Los pasillos estaban bastante despejados, algún que otro alumno o profesor desalojándolo.

Tendría que acostumbrarse a ese sitio y por extraño que pareciera se había acomodado bien en su clase y se sentía a gusto.

En un momento de calma mientras su mano izquierda se encontraba en su bolsillo delantero del pantalón con la derecha sostuvo su collar inspeccionando con tristeza el anillo que colgaba de él.

-Himuro… Te echo de menos.

Un aclarado de garganta se oyó a su lado. Kagami saltó del susto encontrándose con un chico tan alto como él recostado en unas taquillas.

-¿Kagami Taiga? –preguntó el chico sonriendo sospechosamente.

-¿Quién eres?

-Aomine… Aomine Daiki, y a partir de hoy, tu mejor amigo.

N/A: Un poco atrevido Aomine... Se sabe /Yaoming.

Muchas gracias por leer ^-^ Espero que disfrutéis la historia tanto como yo escribiendola!

Yane!