EL FIN
Capítulo 4
Nueva York, 28 de febrero de 1.927
Desde el día que recibiese la maravillosa noticia que era padre, su vida había cambiado por completo, se sentía otro, lleno de una alegría y una energía que lo desbordaba; no todo había sido sencillo como era de esperarse, a momento sentía que no lograría darle a sus hijos lo que ellos merecían, se sentía frustrado cuando se equivocaba con cosas tan sencillas como cambiar un pañal o darles el biberón, incluso cuando terminaba tan empapado como ellos cuando les daba un baño, pero también se llenaba de satisfacción cuando tenía algún triunfo, por pequeño que este fuese, siempre había sido una persona que se exigía al máximo en todos los aspectos y en este no sería distinto, sus hijos le estaban cambiando la manera en que apreciaba el mundo, ahora su vida tenía un sentido diferente; antes sus desvelos eran por los demonios que lo atormentaban o por las mujeres con las cuales compartía noches de pasión, desde que los niños llegaron fueron ellos los causantes de estos, dormía cuando mucho unas cinco horas durante la noche y nunca seguidas, pues ellos despertaban a intervalos diferentes, siempre de madrugada o cuando Terry apenas empezaba a conciliar el sueño.
Su madre, Esther y otra muchacha que había contratado para ayudar con los bebés, le ofrecían un apoyo invaluable, pero él deseaba ser parte de la rutina de sus hijos, no deseaba ser uno de esos padres que solo pasaba unos pocos minutos con ellos y después se los entregaba a alguien más para que se ocuparan de las cosas complicadas, él quería estar en todo, no por sentirse obligado, al haberle hecho la promesa a la tía de Emily que así seria, sino porque deseaba hacerlo. Sus días ahora pasaban con una rapidez sorprendente, no eran largos ni tediosos, como un mes atrás, ahora cada uno tenía algo distinto, un nuevo descubrimiento que surgía a diario, Thomas y Ernest eran geniales, también muy exigentes, pero eso no debía sorprenderlo o al menos eso decía su madre, quien mencionaba que él era igual de bebé, siempre intentando captar la atención de todo el mundo.
Eleonor estaba tan feliz por la llegada de sus nietos que prácticamente se había mudado al departamento de Terry, las primeras semanas incluso dormía en este por si surgía alguna complicación a medianoche que el joven no supiese resolver, pero después había comprendido que debía darle su propio espacio al castaño, para que él poco a poco fuese adquiriendo independencia y conocimiento; estaba realmente feliz de ver como el mundo de Terry había cambiado gracias a los pequeños, como si de un milagro se tratase, la pena y la soledad que envolvía al chico se habían esfumado, casi todo el día tenía una sonrisa en sus labios, su mirada brillaba llena de felicidad, al parecer el sentido que tanto anhelaba para su vida al fin había llegado; era consciente que la verdadera felicidad no se la brindarían nada más Thomas y Ernest, ellos eran una parte de esta, pero él era un hombre joven, con carencias que no podían llenar nada mas sus hijos, que la compañía de una mujer sería algo que Terry debía encontrar en algún momento, pero por ahora verlo centrado en brindarle solo lo mejor a sus hijos la hacía sentirse confiada y consciente que incluso en este aspecto, Terry tomaría prioridades y que ya no llenaría sus días con alguna relación casual y pasajera, ahora debía pensar en algo estable, debía buscar a una buena mujer e intentar abrir su corazón de nuevo, buscar el amor en alguien que le brindase a los pequeños el apoyo que necesitarían más adelante, una figura materna.
Las risas de Eleonor y Esther llenaban el lugar, ambas miraban divertidas como Terry intentaba colocarles el pañal a Thomas, con Ernest había hecho un trabajo sino impecable, por lo menos estaba aceptable, pero con el otro bebé que era más inquieto le estaba costando un poco más, sin embargo el joven les hizo saber que quería hacerlo por él mismo y que no le ayudaran, ni se compadecieran de él o de lo contrario nunca aprendería, dejo libre un suspiro cuando las pinzas se soltaron haciendo que tuviese que empezar de nuevo.
- Thomas, si no te quedas tranquilo y me colaboras no terminaremos nunca, mira a Ernest, luce magnifico… - Se detuvo observando el pañal un poco torcido de su otro hijo, ignorando la risita de su madre – Bueno al menos esta vestido de manera decente, pero usted señorito es un bribón ¿Acaso no le da vergüenza mostrarse desnudo delante de las damas aquí presente? – Le preguntó intentando mostrarse serio con su hijo, pero en respuesta este empezó a hacer pucheros burlándose de él y moviendo más sus piernas, pateando con mucha fuerza para tener solo tres meses - ¡Thomas Grandchester compórtate! – Lo reto en un tono que apenas era un remedo de regaño, levanto una ceja y fijo sus ojos en este – Si estás intentando hacer que me rinda no lo conseguirás, debes saber que tu padre es un hombre muy perseverante, con una voluntad de hierro… - Decía cuando Esther lo detuvo.
- Al parecer él intenta decirle lo mismo Terruce, creo que esta será una lucha de titanes, mira nada mas como se ríe… es un pilluelo – Esbozo la mujer acercándose hasta el pequeño para hacerle cosquillas en la barriguita.
- Perfecto… jugaremos del mismo modo entonces – Indicó el castaño y lo tomó entre sus manos, colocándolo a la altura de su cara y comenzó a hacerle cosquillas con la boca, el niño empezó a estremecerse intentando escapar mientras reía.
- Terry no debes jugar con él, sino ponerle carácter – Señaló Eleonor pero también sonreía ante la actitud de padre e hijo, mientras alimentaba a Ernest.
El chico le dedico una sonrisa traviesa a su madre y continuo con lo que estaba haciendo disfrutando de este momento con su hijo, a los dos los amaba por igual, pero con Thomas tenía una conexión especial, quizás porque era quien más se le mostraba como un reto, Ernest era más tranquilo y también lo llenaba de felicidad, su relación también era estrecha, era su refugio, los momentos de paz y contemplación los compartía con él.
Esther se había alejado al escuchar que llamaban a la puerta, mostrando una sonrisa al ver que su patrón jugaba con su hijo, como si también fuese un niño y no un hombre de treinta años, nunca lo había visto tan animado, la llegada de los bebés había sido como una luz para él y ella se sentía feliz por ello; echando un último vistazo a la familia Grandchester se dispuso a abrir la puerta con una gran sonrisa, pero esta se congelo en cuanto vio a la persona que llamaba, no porque la reconociese de inmediato, sino porque pensó que era una de las "amigas" del señor Terruce, como todas eran tan parecidas, pero esta tenía algo distinto, a esta la había visto antes, no personalmente, sino en unos diarios que el joven guardaba en un cofre que escondía en su armario.
- Buenos días… vengo desde El Hogar de Ponny, para hacerle entrega al señor Duvall de unos documentos… - La voz de la chica se entrecortaba, evidentemente estaba nerviosa, su respiración se notaba agitada y sus ojos bailaban como buscando algo, mientras apretaba su bolso con fuerza innecesaria.
- Buenos días, el señor en este momento se encuentra un poco ocupado, pero yo la atenderé… - Menciono Esther saliendo apenas de su asombro.
Estaba segura que era ella, era la misma chica de las fotos que su patrón guardaba con tanto recelo, la había visto muchas veces mientras intentaba comprender su actitud, descubrir el lazo que los unía a ambos; ahora se encontraba con una mezcla de sentimientos, por una parte deseaba llevar a la muchacha ante el señor Terruce para ver su reacción y al mismo tiempo quería evitar que este la viese, había estado tan bien este último mes, no sabía que consecuencias podía traerle ver a la chica, todo indicaba que ella no sabía quién era el señor "Duvall" este era un apellido que Terruce utilizaba para resguardar su privacidad.
- Esther creo que el método de mi hijo ha funcionado… - Decía Eleonor buscando a la mujer, cuando sus ojos captaron a la visita - ¡Oh, Dios mío! – Exclamó ante la sorpresa de verla a ella precisamente en ese lugar.
- ¿Señora Baker? – Pregunto está sintiendo que sus piernas flaqueaban, sus ojos se posaron en el niño en brazo de la rubia y dio un par de pasos trémulos adentrándose en el vestíbulo, desde donde pudo verlo a él.
Se encontraba sentando en un gran sofá de piel en tonos oscuros, llevaba puesto un pantalón negro y una camisa celeste, el cabello corto, se notaba distinto, pero ella sabía que era él, no podía verlo completamente ya que escondía su rostro en el bebé que sostenía entre sus manos, jugando con este que reía y hacia pucheros a momentos, pero cuando escucho su voz no le quedaron dudas.
- ¿Entonces señorito Grandchester, se rinde o prefiere que continuemos? – Le pregunto al pequeño, mientras le pellizcaba apenas las mejillas con sus labios, pero el bebé en lugar de romper en llanto por las maldades que él le hacía, solo reía más.
En ese momento Terry pudo notar sobre ellos la mirada de alguien, sintió que se estremecía incluso antes de volverse para descubrir quién era y cuando sus ojos se posaron en la imagen de la mujer a pocos pasos de él, agradeció estar sentado ya que sintió justo en ese instante, que estaba cayendo desde una gran altura y a un lugar que desconocía, la certeza y el reconocimiento lo golpearon con fuerza, pero tener a su hijo entre las manos lo obligo a controlarse, para no derrumbarse o salir corriendo, fuese para abrazarla o para escapar de la mirada esmeralda clavada en él, esa que estaba llena de preguntas y certezas al mismo tiempo.
- Terry… - Esbozo en un murmullo, mostrándole una sonrisa nerviosa.
- Candy, que sorpresa tenerte aquí… - Menciono Eleonor al ver que su hijo se había congelado, se acercó hasta la rubia para saludarla con un beso en la mejilla.
- Yo… yo vine porque… - Intento hablar pero su voz se entrecortaba, respiro profundamente posando su mirada en la dama – Vine para entregarle unos documentos al… al señor Duvall – Explico sintiendo que debía hacerlo y se volvió para mirar a Terry – Pero… - Se interrumpió al ver que él se colocaba de pie.
- Los documentos son para mí, Gabriel Duvall es un nombre que utilizo para mantener mi vida privada a salvo de la prensa y los extraños, seguramente fue el nombre que te dio la señora Emma Walter – Expuso el chico mostrándose asombrosamente calmado, acomodando al niño en sus brazos.
- Si… la señora Walter… bueno ella me pidió que enviara estos a la dirección a nombre del señor Gabriel Duvall, pero yo… sentí que… que era algo que debía hacer personalmente, quería comprobar que Thomas y Ernest estuviesen bien – Contestó sintiendo que la cabeza le daba vueltas, incluso se había puesto pálida.
- ¿Te sientes bien? – La interrogo Terry preocupado al ver su semblante, se aproximó a ella y estuvo a punto de apoyar su mano en la mejilla, pero se controló, apoyándola en la espalda del bebé, debía mantenerse alejado.
- ¡Sí! Sí, claro… es solo que… todo esto me ha sorprendido… bueno yo, no lo sé… fue algo inesperado, solo eso – La rubia estaba echa un mar de nervios, no sabía ni que decía, sus pensamientos eran un torbellino.
- Por favor Candice, pasa… toma asiento, seguramente el cansancio del viaje te ha afectado – Indicó Eleonor con una sonrisa para la chica.
- Mi madre tiene razón… Esther por favor tráigale algo de beber a… a Candy – Esbozo Terry y decir su nombre después de tanto tiempo hizo que el corazón brincase dentro de su pecho, esquivo la mirada de ella y le indico con un ademan el mueble tras él, hasta el momento no se había percatado que Thomas había caído rendido, seguramente agotado por sus juegos.
- Gracias… estoy bien… son unos niños hermosos – Comento observando al bebé en los brazos de Terry, mostrando una sonrisa que llegaba a su mirada.
- Si, pero también son unos terremotos y apenas tienen tres meses, sobre todo Thomas – Pronuncio Eleonor con una gran sonrisa – Bueno creo que es hora de su siesta, ya uno cayo y el otro no está muy lejos de hacerlo también – Agregó.
- Déjame terminar de vestirlo madre – Le pidió Terry apoyándolo en las mantas sobre la mesa del salón, se obligó a concentrarse en esto para darle tiempo a sus emociones que se aplacasen, tener a Candy frente a él después de tantos años, lo había trastocado aunque no lo quisiese.
- Eres un experto – Menciono la rubia para intentar aligerar el ambiente.
- Es mucho más fácil cuando está dormido, pues cuando no me da una gran batalla, igual aún tengo muchas cosas que aprender… es una tarea de todos los días – Indicó en tono casual, sin apartar su mirada del bebé – Eso es algo que seguramente tú debes saber… los hijos son un compromiso permanente, supongo que los tuyos también te dieron batalla en algún momento – Expuso con una sonrisa, forzada, pudo deducir Eleonor al verlo.
- Yo… no tengo… he tenido experiencia con los niños del Hogar de Ponny, pero no con míos propios… aun Dios no me ha bendecido con este milagro – Confeso captando la mirada del castaño y la madre de este de inmediato.
Un denso silencio se apodero del lugar hasta que Esther apareció en este ofreciéndole un vaso con jugo de mora a la chica, se lo extendió con una sonrisa, ver como la madre de su patrón la trataba le indicaba que la muchacha era alguien importante o al menos lo había sido en la vida del señor Terruce, porque por lo general la actriz era muy seca en su trato con las "amigas" de este.
- Muchas gracias – Menciono Candy respondió al gesto de la mujer.
- Listo… será mejor llevarlos a su habitación para que no se despierten – Indicó Terry colocándose de pie, aun sin mirar a Candy.
- Nosotros nos encargaremos de ello, no te preocupes, mejor atiende a Candice, por favor Esther traiga a Thomas – Intervino la madre del chico, mirándolo a los ojos.
- Esta bien – Pronuncio él, no solo por las palabras de ella, sino por lo que vio en su mirada, estaba siendo descortés, pero no sabía cómo actuar, era ridículo y estaba consciente de ello, era solo que no podía controlarlo.
- Regresamos en un momento – Le dijo Eleonor para suavizar su expresión.
Terry asintió en silencio y la vio alejarse junto con Esther y los bebés, dejo libre un suspiro apenas perceptible y se volvió para encarar a la rubia, sus ojos se encontraron con los de ella y su corazón tembló, se imaginó tantas veces como reaccionaria o como seria cuando se encontrasen de nuevo, sospesando cada detalle, cada sentimiento que se suponía tendría, pero ahora todo era distinto o al menos no como lo esperaba. Estaba hermosa, mucho más de esa última vez cuando la vio en la fotografía del diario, justo cuando anunciaran su compromiso o quizás era verla en persona, el retrato no podía captar esa luz que Candy irradiaba, esa alegría y vitalidad, eso solo podía hacerlo su presencia, cuando era tangible.
- Hay algo que no entiendo… - Dijo de pronto sacando al chico de sus cavilaciones.
- ¿A qué te refieres? Bueno supongo que es a todo esto, pero no es muy complicado, Thomas y Ernest son mis hijos… su madre Emily… murió pocos días después de dar a luz y yo me hice cargo de ellos – Contestó con naturalidad.
- No… eso lo entiendo perfectamente, conozco parte de la historia, ahora lo que no comprendo es por qué deseabas enviarlos a Hogar de Ponny – Lo cuestionó.
- Yo no deseaba hacer algo así, en vista está que impedí que la señora Walter lo hiciera, fue Emily quien le escribo a la señorita Ponny para pedir que los recibieran sin consultarme nada a mí, la verdad es que supe de su existencia hace apenas un mes y desde ese momento me comprometí a velar por ellos, a ser su padre y cubrir cualquier carencia que pudiesen tener… no sé lo que les habrá contado la señora Walter, pero nunca tuve la intención de enviar a mis hijos a un orfelinato – Explico mirándola a los ojos y su tono se había endurecido.
- Ella, no nos habló mucho del padre de los niños… en sus cartas Emily solo menciono que no podía quedarse con el bebé porque había sido concebido fuera de un matrimonio y que su padre no aceptaría nunca que fuese una madre soltera, además que ya contaba con un compromiso previo a su embarazo y su futuro esposo no sabía nada de ello, por lo que el asunto debía ser tratado con la mayor discreción posible… - Menciono Candy con un tono pausado, pudo apreciar que su comentario anterior había molestado a Terry, dejo libre un suspiro y continuo – Este tipo de casos son muy comunes, así que no nos sorprendió y aceptamos recibir al bebé, sin hacer preguntas pues sabíamos que en eso radicaba la discreción que debíamos tener, cuando la señora Walter llego hasta el Hogar con los gemelos y nos contó lo ocurrido a su sobrina, lo lamentamos muchísimo y de inmediato creamos un hermoso vínculo con los niños… ellos permanecieron un fin de semana con nosotras, la señora Walter no pretendía reunirlos con su padre, se sentía muy dolida por lo ocurrido y culpaba al padre de la chica y a… - Candy se detuvo consciente que sus palabras podían incomodar más a Terry.
- A mí, no tienes por qué callarlo, ella tenía razón… - Decía cuando la rubia intervino una vez más, intentando reparar lo que había hecho.
- Por lo poco que nos contó sobre lo sucedido yo sentía que algo no encajaba, así que junto a mis madres le insistí para que viniera a verte y te hiciera saber que habías sido padre, después de todo tenías el derecho a saberlo, incluso algo me decía que una vez que vieses a los niños no podrías dejarlos ir… son tan hermosos, llenos de tanto inocencia, estaba segura que el padre… fuese quien fuese no podía mostrarse insensible ante ellos, le dije que los niños podían tener un futuro maravilloso y que seguramente Emily estaría feliz que así fuese, además debía cumplir su última voluntad que era que tú los conocieras – Expuso hablando rápidamente para obviar los nervios que la invadían, su corazón le había advertido en cuanto vio a esos pequeños que eran especiales e incluso cuando vio las fotografías de la chica y supo que estaba había conocido al joven en Nueva York, que vio que sus rasgos se le hacían conocidos, llego a esta conclusión, sin embargo no pudo evitar que la confirmación la golpeara fuertemente.
- Te agradezco que intervinieras, no puedo culpar a la señora Walter por sentir ese rechazo hacia mí, está en su derecho al pensar que fui un miserable – Esbozo.
- ¿Lo fuiste? – Inquirió con dolor posando sus ojos en los de él.
- No… no del todo, al menos no con Emily – Respondió esquivando su mirada. Se colocó de pie para escapar del tormento que vio en los ojos de Candy, le dio la espalda y observó a través del ventanal – Pero si hubiese actuado de manera distinta ahora las cosas serían diferentes, cuando la conocí… entablamos una relación a la cual no le di mucha importancia, algo pasajero… después de dos meses las cosas entre los dos se hicieron más estrechas, quise responderle como mi posición de caballero me lo exigía y termine enterándome que ella estaba comprometida desde hacía un tiempo y se casaría en poco más de un año, yo… no sé porque lo hice, pero aun consciente de ello decidí continuar con la relación, un mes después Emily desapareció… intente ponerme en contacto con ella, pero no era tan fácil, no podía perjudicarla exponiendo de algún modo lo nuestro, no podía ir hasta su casa para exigirle a su padre que me dijese a donde había ido – Se detuvo recordando la angustia que lo invadió esos días, pero que luego se esfumo al pensar que ella solo lo había usado, que se había marchado sin explicaciones, porque desde el principio ese había sido su objetivo, solo un amor de verano, jamás sospecho que ella se marcharía de esa manera, seducirlo y disfrutar de haber conquistado a uno de los hombres más cotizados de la ciudad, confió ella y termino traicionándolo, se llenó de dolor y resentimiento contra la chica, pues era la primera vez desde hacía años que se atrevía a abrirse con alguien y ella, solo se había esfumado sin siquiera haber tenido la decencia de hacérselo saber.
- Entiendo – Susurro Candy y trago en seco, no podía comprender esa opresión que sentía en el pecho, sus sentimientos por Terry se habían quedado en el pasado, ella amaba a su esposo, tenía una vida maravillosa junto a este, así que Terry le confesara que había compartido con otra mujer no debía afectarla, respiro y continuo retomando su postura – Supongo que debió ser muy difícil para ti, digo… toda esa incertidumbre, lamento mucho que te hayas visto envuelto en una situación como esa, pero no todo fue malo… ahora tienes a unos hijos preciosos y eso es algo invaluable, estoy segura que serás un padre extraordinario – Agrego con una sonrisa, pero sus ojos no mostraban la misma efusividad.
- Lo seré… se lo debo a Emily y a mis hijos, luchare todos los días por compensar los errores que cometí – Aseguró volviéndose para mirarla, se acercó de nuevo al mueble tomando asiento cerca de ella – Gracias por darme la oportunidad de reparar el daño que hice – Menciono mirándola a los ojos y tomó su mano.
- No tienes nada que agradecer… yo solo hice lo que sentí que era correcto, aunque debo confesarte que algo me gritaba que esto tenía que ver contigo… no lo sé, tal vez era algo estúpido pero cuando la señora Walter nos dio ciertos datos, fue como un rompecabezas que me empeñe en armar y todas las piezas tenían una principal que las unía… esa pieza eras tú, incluso ya presentía que el señor "Gabriel Duvall" no existía – Confeso con una sonrisa, una de esas de cuando eran chicos. Terry se perdió un instante en ese momento, ambos lo hicieron, pero ella reacciono con rapidez – Aun no te he entregado lo que me trajo hasta aquí, sigo siendo una despistada – Acotó soltando el agarre, extrajo de su bolso un sobre y se lo extendió.
- Gracias – Esbozo Terry tomándolo en sus manos, sin poder evitarlo abrió el que contenía las fotografías y sus ojos atraparon la imagen de Emily que en una de ellas le sonreía, su corazón se estremeció ante una ola de recuerdos.
- Era hermosa… - Pronunció ella de manera espontánea. Terry asintió en silencio con un movimiento rápido, ella lo vio tragar en seco y sabía que no había hablado para no delatar lo que sentía en ese momento - ¿La amabas? – Inquirió con voz trémula, pero de inmediato se arrepintió de haberlo hecho.
- No… no como ella merecía – Respondió con la voz ronca y se volvió para mirar a Candy, en ese momento una lagrima rodo por su mejilla.
La rubia sintió como el corazón se le quebraba por verlo así, por ver ese dolor en su mirada, recordó su tristeza la primera vez que lo vio, en medio del frio y la bruma, llevo su mano hasta la mejilla de Terry para secar la lagrima y ese contacto hizo que algo en su interior se estremeciese, él cerró los ojos y antes que pudiese atrapar con su mano la de ella, Candy se alejó colocándose de pie con rapidez.
- Debo irme… - Expreso con urgencia, sintiendo su corazón golpear con fuerza dentro de su pecho y las piernas temblarle.
- Si – Susurro él, respiro profundamente y se colocó de pie para acompañarla, el momento que habían compartido había terminado.
- Debería esperar a tu madre… para despedirme de ella – Indicó mirándolo.
Terry asintió en silencio manteniéndole la mirada, pero ella le rehuyó al instante, mientras sus manos se movían inquietas deslizándose por la correa de su bolso, el castaño opto por guardar las suyas en los bolsillos de su pantalón. Fueron salvados de prolongar este momento incomodo por Eleonor quien apareció junto a Esther, ambas mujeres los veían sonrientes, ajenas a los sentimientos que azotaban a los jóvenes, aunque la verdad era que no lo estaban del todo, pues se habían demorado a propósito para dejarlos solos y que tuvieran el tiempo de hablar.
- Señora Baker estaba por marcharme… solo quería despedirme y agradecerle su amabilidad… - Decía cuando la mujer la interrumpió.
- ¿Te marchas tan pronto? Pero eso no es justo Candice, teníamos años sin vernos… por favor quédate a almorzar con nosotros al menos – La invito y miro a Terry para que la apoyara, pero su hijo estaba ausente.
- Me encantaría… pero debo atender unos asuntos pendientes, regreso esta noche para Chicago – Indicó con una sonrisa amable.
- Es casi la hora del almuerzo Candy, igual tendrás que tomarte unos minutos para comer algo, una enfermera debería saber más que nadie que las comidas no deben ser tomadas a la ligera, no aceptare un no por respuesta, ven acompáñame que deseo mostrarte algunas cosas – Le pidió extendiéndole la mano.
- Yo… - Intento rehusarse una vez más, pero Terry la detuvo.
- Por favor Candy… quédate – Dijo mirándola a los ojos.
Ella no pudo seguir negándose, asintió en silencio y le entrego su bolso a Esther quien se lo solicitaba con una gran sonrisa, camino con Eleonor que la condujo a una de las galerías donde Terry colocaba sus premios, así como varias fotografías, intentando de esta manera retener a la chica sin parecer que la estaba obligando con algún objetivo específico, la verdad era que no tenía uno en particular, sabía que ella estaba casada y que aunque sus esperanzas de verla junto a su hijo eran muy grandes, era prácticamente imposible que algo así sucediese, pero no podía evitar soñar con que esto ocurriese, podía ver el nerviosismo de Candy y esto solo le decía que la rubia no era del todo indiferente a este encuentro con Terry.
El castaño se excusó dejándolas solas unos minutos, fue hasta su habitación y comenzó de caminar dentro de esta, intentando controlar lo que sentía, debía comportarse, estaba actuando como un estúpido, era evidente que su actitud había incomodado a Candy; dejo libre un suspiro y movió la cabeza para sacar la imagen de la chica de esta, después salió hacia la habitación de sus hijos para velar que estuviesen bien, ellos eran su refugio, habían llegado para llenarlo de paz y eso precisamente era lo que más necesitaba en estos momentos, solo calma; se quedó allí hasta que Esther le anuncio que serviría el almuerzo.
