Oh, si, nenas… Nada como publicar algo y sentarse a ver cómo, poco a poco, va levantando arena en los comentarios… Oh, no, no me odien, solo me divierto un poco. ¿Saben? Es muy aburrida la vida por aquí y el bardo, aunque sea cibernético, es bardo… ¡Contestad, nenas! ¿A quién no le gusta ver bardo? xDD

Primero que nada… ¡JODER, MARICAS, PO SE LA MERECÍA!... ¡Bien hecho! ¡Bien hecho, bien hecho, bien hecho!... panda, decime qué se siente… Que Tigresa te agarre de las bolas … Ah, re no, me calmo… Yo que Tigresa, me chapo a Shuo delante del panda… Pero sería demasiado para la maestra, así que dejemos a los niños actuar como novios de jardín de infantes… xDDD

Como verán… Hoy estoy más cuerda (si, esto es considerado por mi jodida cabeza como una nota de autora cuerda) y he de decir, que el colegio, los deberes, educación física y ejem, ejem, los ejercicios, ejem (Si no entiendes, es porque no eres Gerald), me tienen a punto del colapso mental… ¡OH, SI, NENAS! Black Rose ha encontrado su punto de colapso… *Insertar aplausos*

En fin… ¡A leer!...

Porque Po no ama a Tigresa… Pero la quiere. La quiere solo para él y para nadie más que él.


La Avaricia.

De un momento a otro, es como si incluso el mundo entero se hubiera quedado en silencio. Es como ver todo pasar en cámara lenta. Los nudillos impactan con un audible crac en el rostro del felino, cerca de su pómulo, y el alivio es instantáneo… Como quien respira al emerger de la superficie del agua, como quien se ha quitado un peso de encima, como quien ha atravesado un desierto y de repente toma el primer sorbo de agua. No puede parar. Al primer golpe, le sigue otro y otro. Shuo cae al suelo. Lo hubiera vuelto a golpear, pero de la nada, una zarpa aparece para detener su puño, acarreándole en ello un agudo dolor que pronto se expande por todo su brazo.

La imagen de aquella noche en el bote que les llevó a Gongmen se agolpa en sus recuerdos. Su puño desprevenido, la zarpa de ella, dura como la roca, y el mismo dolor en sus agarrotados y blandos músculos. Y de repente, ni siquiera sabe qué hace ahí… Toda su atención se ve dirigida a aquel par de ardientes rubíes, envueltos en coléricas llamas, que parecen asesinarle con la mirada.

Tigresa gruñe, un gruñido bajo y constante, que deja ver sus peligrosos incisivos. El pecho le tiembla, al igual que toda ella, y el rugido desgarra su garganta, alto e imperioso, obligando a Po volver en sí.

—¡¿Qué demonios te crees que haces?! —Grita ella y con un empujón, sin soltarle el puño, obliga a Po a retroceder —¡Responde!

Su voz suena grave y demandante. La voz de una líder nada, la voz imperiosa de quien exige y obtiene obediencia de aquel a quien mande. Po muchas veces le ha oído dirigirse de aquella manera a alguien... Un soldado, Mono, Mantis, algún maestro impertinente que osa poner en duda las habilidades de ella. Pero nunca hacia él.

La necesidad ha desaparecido. El deseo se ha mermado. Aquel sentimiento no es más que una pequeña mancha en lo profundo de su subconsciente, esperando al próximo estímulo para volver a surgir… Sin embargo, no ha desaparecido del todo.

Sus ojos intercalan obsesivas miradas entre el furioso rostro de Tigresa y Shuo, que se ha llevado las manos a la sangrante nariz. Le ha roto la nariz y el saberlo le provoca a Po un oscuro y siniestro placer.

No puede evitar sonreír.

Grave error.

Aquel gesto, por más pequeño y discreto que fue, tan solo sirvió para provocar aún más la cólera de Tigresa. De un momento a otro, el duro puño de ella impactó con precisión en su nariz, justo donde él ha golpeado minutos antes al tigre.

Mientras que Po requirió de varios golpes, a Tigresa solo le bastó uno para provocar en él los mismos resultados. Estaba seguro que el ojo se le pondría morado y ya podía sentir la hinchazón en su pómulo. El hilillo de sangre corrió, tibio y espeso, por el pelaje de la comisura de sus labios, manchándolo de carmín.

Po se llevó la mano hacia el labio, limpiándose el rastro rojo con el dorso. Sus ojos en ningún momento abandonaron aquellos rubíes. Les observó con furia, con resentimiento.

¡¿Lo vas a defender a él?! ¡A ese!

—Maldita…

La voz se le atascó. No, no podía, no a ella. Se sintió… humillado. Humillado como nunca en su vida. Tigresa estaba defendiendo a aquel gato. Ya no era la misma ira la que le invadía, no era aquel sentimiento violento, este era mucho más amargo.

—Váyanse al carajo —Masculló, volteando.

Se iría de ahí.

—Maldito… Arrogante hijo de…

Tigresa hizo el amague de abalanzarse sobre él. En sus ojos había una furia que Po jamás había visto, pero lo que más le llamó la atención, fueron las lágrimas que los empañaban y que, traviesas, rodaban por sus mejillas. Ella… ¿Estaba llorando? ¿Por qué lloraba?

Sin embargo, ella ni siquiera llegó a rozarle. Shuo se levantó como pudo, obviando el dolor de los puñetazos del oso, y se las arregló para sujetar a su amiga de los brazos, aprisionándola en un seguro y fuerte abrazo. Tigresa siguió luchando, decidida a devolverle a Po cada uno de los golpes que este había regalado al tigre, pero de poco le sirvió.

Shuo la atrajo hacia sí y la aprisionó contra su pecho. Ella se dejó hacer.

—Tranquila —Susurró él— Vamos, no es nada.

A Po casi se le desencaja la mandíbula.

Sería tan cara dura el hijo de… Sin embargo, nada pudo hacer. A regañadientes, Shuo se llevó a Tigresa de ahí, sin voltear a ver, y en cuanto estos se fueron, Mono, Mantis y Grulla aparecieron por el camino. Habían ido siguiendo a Po, adivinando de qué iba todo aquello, y aunque su principal intención había sido evitar aquella riña, no se atrevieron a intervenir. Víbora también les había acompañado, pero esta optó por acompañar a Tigresa y ayudarle a curar a Shuo. Lo que entre machos empieza, entre machos se acaba, pensó.

De repente, Po siente todo su cuerpo débil y lo que antes eran temblores, se han transformado en un insoportable peso muerto en sus manos. Mono, Mantis y Grulla le observan, pero no le importa en lo absoluto. Se deja caer al suelo, sentado, y apoya la espalda contra el tronco del árbol, tal como Tigresa estaba hasta hace unos minutos.

Diez minutos.

Hacia exactamente diez minutos ella estaba riendo.

Hacia exactamente diez minutos que todo empezó… ¿Y para qué? Todo lo que había conseguido era lastimarse los nudillos y que, además, ella le golpeara. Y debía admitir que había sido un golpe duro, demasiado. Arruga el entrecejo para disimular lo mejor posible una mueca de dolor. Tiene una cortada en el labio que escose y el pómulo comienza a hincharse, con un rastro de morado debajo de su pelaje.

Muy en el fondo, sabe que fue un golpe merecido. Después de todo, nadie le mandó a buscar pelea donde no la había. Sin embargo, vuelve a cerrar sus manos en puños cuando el rostro de Tigresa vuelve a su mente, recordándole la determinación en aquellos rubíes al defender a Shuo.

Maldita… No, ni siquiera en pensamientos puede maldecirla, mucho menos culparla por algo que él ha hecho.

—Anda ya, creo que lo ha dejado tonto.

La voz de Mantis le llama la atención.

Po parpadea y voltea a ver a los chicos, confuso. No tiene idea de en qué momento, pero de repente, Grulla está frente a él con un pequeño botiquín de madera. Lo abre y del interior, retira un frasco con desinfectante y un par de gasas.

Po se queda en silencio, mientras que el ave le limpia la sangre del pelaje, para luego untarle con alguna especie de ungüento que, por su aspecto, seguramente ha preparado Víbora. No tiene ánimos ni siquiera para hacer un gesto mínimo al sentir las heridas en sus nudillos escocer ante el contacto del desinfectante, por lo que tan solo se deja hacer, perdido en sus divagaciones. Tiene tanto en qué pensar… y a la vez nada.

La respuesta a todo está ahí, clara como el agua, pero se niega a aceptarla.

No, es imposible.

Tigresa es su amiga.

Tigresa seguramente ama a Shuo, por eso le defendió de aquella manera, por eso siempre está con él. Por eso lo besó… Sí, porque la ira puede que le haya nublado el juicio, pero no la visión. Po sabe lo que vio, a él no le van a ver la cara. Los vio perfectamente besarse.

—Po… —Llama Mono— ¡Po!

—¿Eh?

Po pega un brinco. No estaba escuchando nada.

Grulla rueda los ojos.

—¿Qué pasó? —Vuelve a preguntar— ¿Por qué lo golpeaste?

Hay preocupación en la voz del ave, así como también en las miradas de Mono y Mantis.

Están al tanto de los sentimientos de su amigo, aunque este se niegue a reconocerlos en voz alta, pero no se refieren a eso. Les extraña ver a Po tan perdido, verlo de aquella manera. No parece él.

Po chista, molesto.

—No sé —Admite de mala gana— Solo quise hacerlo y ya.

Mantis arquea una ceja.

—¿Solo quisiste y ya?

—Eso suena más a una respuesta de Tigresa —Alega Mono— Anda, ya dinos.

—Somos tus amigos —Le recuerda Grulla.

Po alterna miradas entre ellos. Grulla deja a un lado las gasas usadas y toma unas vendas del botiquín, procediendo a cubrir con ellas los nudillos de la mano derecha del panda.

Vaya que si puso empeño en golpear al gato.

—No soporto a Shuo, ¿Contentos? —Responde— No me lo trago. No confío en él, ni tampoco confío en sus intenciones con Tigresa.

—¿Qué dices? —Rio Mono.

—¿Te has oído o Tigresa te golpeó demasiado fuerte? —Se mofa Mantis.

Grulla les chista y los manda a callar.

—¿Qué no ven que Po está celoso? —Sonríe, risueño— Bueno, lo bueno de esto es que no te quedará ninguna cicatriz.

—Iupi.

—Ya, Po, ponle un poco de humor —Pide el simio— No es el fin del mundo.

—No digo que lo sea, pero por mí, que se vayan todos al carajo.

Lo masculló bajo y con saña, aún enfadado. Aquel sentimiento no se iba. Como una estaca, que se iba clavando en su pecho, el sentimiento se hacía más y más profundo. Estaba molesto consigo mismo, por actuar así, molesto por Shuo, por querer intentar algo con Tigresa, molesto con Tigresa, por provocarle desde un principio… ¡Que estaba molesto con todos y ya! No quería ver a nadie, ni mucho menos que le hablasen.

Sin embargo, ¿qué clase de amigos serían si no se quedaran a ver sus rabietas, aun arriesgándose a un buen golpe? No, ni Mono, ni Mantis, ni Grulla se fueron. Es más, hasta tomaron asiento frente al oso.

Po levanta la mirada, solo unos segundos, pero no dice nada. ¡Que hagan lo que quieran!

—Estás enamorado de Tigresa.

La voz de Grulla suena tranquila. No lo pregunta, directamente lo afirma.

Po le dirige una recelosa mirada de reojo.

—No —Masculla— Es mi amiga. La quiero, es todo.

Mono y Mantis comparten cómplices miradas, dignas de dos chiquillos a punto de hacer su siguiente travesura, y sonríen.

—Entonces… ¿Por qué tanto coraje?

Po flexiona las piernas, apoyando los codos en las rodillas y colgando los brazos entre estas. No se atreve a levantar la mirada, demasiado avergonzado.

—Ese tigre no es bueno para ella —Murmura.

—Y según tú… —Habla Mantis— ¿Quién si lo es?

Po se encoge de hombros.

—Po…

—Solo… Quiero alguien que la cuide y ese tigre no es ese alguien.

Silencio… Silencio que pronto es cortado por las estruendosas risas de los chicos.

—Tú, panda, lo único que quieres es tener a Tigresa todita para ti —Se mofa Mantis.

Po gruñe.

—Tontos.

Tontos… ¿Qué más puede decir?

No, no está enamorado de Tigresa. Se niega a afirmar ello solo así porque así. Unos celos tontos de su amiga no significan que tenga que estar enamorado. Tan solo confirman que le importa lo suficiente como para preocuparse quien busca entrometerse entre sus piernas y con qué intenciones. Aquel tigre es malo para ella. Punto. Fin del tema.

El silencio se vuelve tenso, pesado, llena el lugar con un ambiente incómodo. Po se niega a reconocer algo que para sus amigos está más que confirmado. Mono, Mantis y Grulla comparten miradas. Si no les queda de otra…

—Po… —Llama Mono.

—Shuo se vuelve a su pueblo natal en unos días —Le sigue Mantis.

—Y se lleva a Tigresa con él.

Silencio… Silencio y más silencio. Po mantiene la mirada fija en la nada. Finalmente, abre la boca para contestar, pero sea lo que sea, las palabras se interrumpen antes de ser dichas.

—Déjenme solo —Murmura— Necesito pensar.

Por un momento, temen haberse pasado, pero no dicen nada y obedecen.

El solo se ha ocultado en el horizonte y la luna yace redonda y brillante en el cielo. Po la observa, absorto en sus pensamientos. Se negaba a reconocer aquello que sus amigos le insinuaron. Sin embargo, con ocultarlo, no hacía que desapareciera… Quería a Tigresa, sí, la quería para él y solo para él. Era un sentimiento un tanto egoísta. Negaba amarla, al menos, como algo más que su amiga, pero no quería ni podía permitir que otro la amara.

Se había encaprichado con Tigresa, con su amiga, y aunque se negaba a reconocerlo, o al menos a hacerlo en voz alta, aquel monosílabo se grabó a fuego en su mente; Mía. Ella era de él. Su amiga, su compañera de misiones, su confidente. Era suya y solo suya... Y se aseguraría de que ella también lo supiera.

Nadie más que yo puede tenerte... Nadie más que yo te tendrá.

Continuará…


¡Jodete en la madre, panda, vete a tomar por la…! Ok, no.

En fin… ¡Me duelen las bolas inexistentes! Y necesito dormir. ¡Un saludo, nenas! Ya quiero ver el bardo… MUaJAJAJAJJAJAJAJA