Capítulo 4

Cuando Sasuke llegó a casa esa noche, se encontró con la mirada acusadora de Gaara, su chico estaba muy enojado y él sabía perfectamente la culpa de quien era. Sabía bien que Gaara no iba a decirle una sola palabra, sino que, esperaría que fuera el mismo quien le dijera la verdad de lo que había pasado, el problema era que Sasuke no tenía nada que admitir porque no había hecho nada malo, solo salió a comer con un amigo. Caminó hasta la cocina, sacó una botella de agua de la refrigeradora, desenroscó la tapa, le dio un buen trago, y habló tranquilamente.

—¿Está vez que fue lo que te dijo? —preguntó aburridamente, refiriéndose a Sai, quien obviamente le dijo alguna mentira a Gaara.

—No sé de quién me hablas. —se fingió ignorante, pero bien sabía de qué hablaba Sasuke.

—Ajá. ¿Así que Sai no corrió a decirte que me encontró en una cafetería con un niño rubio de 16 años?

—¿16 años? ¿Qué no fue un modelo de 26? —cerró la boca cuando se dio cuenta de lo que había hecho.

—¡Ahí está! —dijo Sasuke señalándolo con la botella. —Sabía que lo había hecho. Y como siempre, dice la verdad modificada a su conveniencia.

Gaara cruzó los brazos. —No entiendo por qué lo odias tanto.

—Tal vez porque ese hijo de puta quiere robarse a mi novio. —se acercó a Gaara, con aspecto de un depredador a punto de saltar sobre su presa. El pelirrojo tragó saliva, sintiendo como su cuerpo reaccionaba a la cercanía de Sasuke, tembló cuando su aliento chocó contra su cara, miró sus labios, y luego buscó sus ojos oscuros, lo miraba con deseo, se lamió los labios, esperando que el pelinegro hiciera algún movimiento, pero no lo hizo, sino que se dio media vuelta, y lo dejó ahí, con la respiración acelerada y una erección apretando contra la tela de su pantalón.

Luego de unos segundos que parecieron horas, Gaara reaccionó y fue detrás de él. —Sai únicamente es mi amigo y no hay nada más entre nosotros. —dijo sin una pizca de credulidad en tu voz.

Sasuke se pasó una mano por el pelo, desordenándolo y así, luciendo más sexy. Gaara lo odió por eso. —Por favor, no me trates como si fuera un idiota. —su tono era cansado. —Me doy cuenta que entre ustedes dos hay química, no me sorprendería si pasara algo entre ustedes.

Gaara abrió la boca, pero luego la cerró, sintiéndose ofendido, pero tampoco culpaba a Sasuke por ello. —Me voy a casa de mamá. No quiero que terminemos peleando por una tontería.

—Será lo mejor. —dijo pesadamente Sasuke, sabiendo que su relación se estaba yendo al carajo por culpa de los chismes que Sai solía hacer cada vez que podía.

—Te llamaré mañana.

—No te apures con eso. —se notaba que estaba enojado. Gaara sintió pesar pero no podía cambiar nada, ahora mismo, estaba confundido y enojado, pero no porque Sasuke saliera con algún amigo a comer, sino, que estaba dispuesto a usar esto como excusa para terminar a Sasuke y poder estar con Sai; pero también, no se sentía capaz de poder dejar a Sasuke de lado, porque él significaba tanto para Gaara, estuvo en tantos momentos difíciles.

—Por favor, no me odies. —sin decir más, Gaara se fue.

-.-.-.-.-.-.

Naruto se llevó una gran sorpresa al encontrarse a su mamá en la casa de Karin, apretó los dientes al ver lo que ese hijo de puta le había hecho. Kushina tenía el labio partido, la mitad de la cara estaba hinchada y de un horrible color morado verduzco, apenas podía abrir el ojo. Corrió hacia su madre, que, a pesar de no ser la mejor de todas, era la mujer que lo trajo al mundo y la amaba con todo su corazón.

—Mami. —la abrazó duro. —Mamita.

Kushina abrazó a su hijo y lloró sobre su hombro. Naruto la abrazaba con fuerza moviéndola hacia los lados, susurrándole lo mucho que la quería. Después de un rato, ambos se fueron a casa, su madre nunca le contaba porque ese maldito hijo de perra siempre la golpeaba; simplemente lloraba, y continuaba con él. Un día terminará matándola, se dijo mientras cobijaba a su madre, quién se había negado a tomar una ducha. Cuando cerró la puerta de su cuarto, la escuchó llorar de nuevo. Antes de acostarse a dormir, limpió la casa, lavó los platos y sacó la basura. Cuando entró a su cuarto, se dio cuenta que su celular estaba vibrando, lo tomó, y contestó.

—¿Aló?

—Naruto. —se estremeció al reconocer la voz de Sasuke al otro lado.

—Sí.

—Te llamé para ver cómo estas. —se le escuchaba cansado. Naruto se debatió entre contarle o no lo que había pasado con su madre, no quería parecer un llorón, pero terminó diciéndole todo a Sasuke, incluso como se sentía al respecto, y lo mucho que deseaba meterle una bala en la cabeza al maldito hijo de puta. —Te entiendo perfectamente, Naruto. ¿Les has dicho a tu madre que lo denuncie?

—Montones de veces, pero ella no quiere hacerlo. —se podía escuchar la impotencia en su voz.

—Tienes que entender algo, Naruto. Por mucho que tú quieras ayudarla, no puedes hacer nada, si ella no quiere ayudarse a sí misma.

—Pero es mi mamá. —dijo agotado de no poder hacer nada para ayudar a su mamá.

—Lo sé, y sé que te duele. No puedo ni imaginar lo que sentiría si encontrara a mi madre así.

—Quiero matar a ese hijo de perra. —Pero no lo harás. —suspiró. —Quisiera ayudarte de alguna manera.

—Por muy estúpido que suena, ahora mismo me estás ayudando.

—Recuerda que puedes contar conmigo para lo que necesites. Y si tu madre accede a denunciarlo, pagaré al mejor abogado que conozco para que ese maldito pague lo que les ha hecho.

—Gracias, hermano.

—Naruto…

—Seehhhhhh.

—De verdad me importas.

—Eso me asusta, hermano. —dijo en broma, no estaba acostumbrado a escuchar tanta sinceridad en la voz de nadie. —Tu obsesión conmigo está aumentando a pasos agigantados.

Sasuke se carcajeó al otro lado de la línea. —¿Qué puedo decir? Tienes un encanto natural que me vuelve loco.

Naruto bufó. —Espero que no me secuestres y me encierres en el sótano de tu casa.

Sasuke chasqueó la lengua. —No tengo sótano, pero puedo amarrarte desnudo a mi cama. —y lo decía en serio. Le gustaría tenerlo a su merced, poder saborear su piel tostada y… Sasuke no vayas por ahí, se reprendió.

—Oye, hermano. Me estás asustando.

—Fuiste tú quien empezó.

—¿Y tu novio? —cambió el tema. —El tal Gaara ese. —Se enojó conmigo.

—¿Qué le hiciste? —lo regañó.

—¿Yo? Yo no hice nada.

—Ajá. ¿Por qué se pelearon entonces?

—Sai corrió con el chisme de que estaba contigo, y que tenías mi lengua metida en tu garganta.

Naruto hizo un sonido asqueado. —Ese maldito, ¿acaso cree que soy tan fácil? Bien, la próxima vez que lo vea, le rompo la cara a tu nombre, ¿te parece?

—Aunque deseo con todo mi corazón que le destroces la cara, la violencia no lleva a nada.

—Uff, ¿quién coño cree en esa tontería? Le parto la cara, y le dio que te deje en paz, y segurísimo como que me llamo Naruto que te va a dejar en paz.

—¿Vas a defenderme? Y aun así no quieres que me enamore de tu encanto. —dijo en broma.

—Hermano, lo siento mucho, no puedo hacer nada. Sé que soy irresistible, pero tienes que acostumbrarte. —chasqueó la lengua. —¡Puta! ¡Ya es tarde! Me voy a dormir, buenas noches, y no sueñes conmigo desnudo atado a tu cama.

Sasuke bufó. —Intentaré no hacerlo.

—Tampoco te masturbes pensando en mí.

—Buenas noches. — dijo Sasuke canturreando.

—Promételo.

—No voy a masturbarme pensando en nadie. —que no seas tú, agregó para sí mismo.

—Te tomó la palabra.

—Mañana tienes clases, ve a dormir.

—Cuelga.

—Está bien.

—Deja de responder y cuelga de una buena vez.—Naruto estaba riéndose, pero trataba de sonar enojado.

—Eso intento pero sigues hablando.

—CUELGA. —gritó divertido.

Sasuke soltó una risa al otro lado. —No me grites. —le regañó el pelinegro divertido.

—Como que esto no está funcionando.

—¿Colgamos los dos al contar tres?

—Sí. —dijo el rubio con una enorme sonrisa en sus labios.