Una noche con Cinemax

Parte Cuatro

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El frió le llego a los huesos y cogió las sabanas para taparse. Al poco rato, tenía frió de nuevo. Con mano perezosa, busco donde estaba el frescor y lo hallo en su vientre. Dio la vuelta a la cama y lo mismo. Con fastidio, entreabrió los ojos. Lo primero que vieron sus ojos fue una habitación estampada de lujo. Recabando en su memoria, se preguntó que hacia allí. Cuando lo descubrió dio un respingo y se sentó en la cama. Completamente despierto.

El frió del nuevo día lo ataco y así se dio por enterado que tenía el pecho descubierto. Los recuerdos de lo ocurrido anoche lo golpearon como piedras y se mareo. Con timidez, levanto la sabana. En cuanto lo hizo, su rostro se tiño de los mil colores. Todavía conservaba los pantalones, por suerte.

Busco a su compañero de habitación y no lo hallo por ningún lado, pero su ropa en una esquina y la patineta a un lado de la puerta le hacían saber que sí estuvo y que se había ido temprano.

Analizando los hechos, solo pudo llegar a una conclusión. Estaba condenado. Él se prometió a si mismo que nada interferiría con su misión, ni siquiera amistades, menos un romance. Kullia podría decir que solo estaba jugando, porque al fin y al cabo no llegaron a extremos irreparables, pero su sentido de las cosas y su adustez en sí, obligaban a Kurapika a replantearse todo. Porque era bien sabido que él nunca se tomaba nada a la ligera, sino muy a pecho.

Quiso elaborar un plan, un modo de comportamiento apto y correcto para con el albino la próxima que lo viera, que sería pronto porque en quince minutos llegaría la hora de desayunar, según el horario del hotel. Ausentarse o retrasarse dos minutos sería sospechoso y debía formular una estrategia ya mismo.

Por su orgullo debía hacer algo.

Faltaban dos minutos para salir cuando se decidió. No haría nada. Por su promesa autoinducida y sus principios, no debía hacer nada, ni siquiera mencionarlo. Si Killua soltaba el tema, contestaría. Si no, callaría. Era lo mejor. Tal vez Kurapika fuera muy inteligente para entender lo que había vivido pero carecía de la experiencia de un adolescente normal para afrontarlo. Quizás en eso, Killua tuviera razón. Era un capullo de amapola que no sabía nada más que los conceptos y teorías que le daban los libros y las personas con las que se encontraba; porque él no había vivido ni la mitad de lo que la gente ordinaria vive.

Con ese plan, acabo por asearse y cambiarse de ropa para salir. No estaba ni remotamente preparado para enfrentar lo que sucedería, pero el coraje lo impulso a dar el primer paso fuera de la habitación.

Bajando por las escaleras con lentitud, observo a todas las personas que se reunían en el comedor. Una vez llego a la gran sala, no le resulto difícil encontrar a su grupo de amigos, porque desde que se apareció escucho el grito de Gon, llamándolo de lejos. Ellos eran singulares, estaban de primeros en la fila para comer y cuando él llegaba a la hora lo acusaban de tardarse.

Se encamino hasta ellos y los tres le saludaron a su manera. Gon con una sonrisa, instándolo a sentarse. Leorio con un gesto indiferente de cabeza, acechando a las meseras con los ojos. Killua alzo una mano, sin dejar de tragarse una barra de chocolate gustosamente.

Se sentó al costado de Gon y no supo que era mejor. O haberse sentado junto a Killua o tenerlo de frente, como ahora, y sentirse peor que cohibido. Cuando llego la moza, los menores pidieron el desayuno especial, aquel que venía con confites y cereales. Kurapika pidió un té con bizcochos y Leorio apenas pudo dar su orden porque la mujer lo devolvió de una bofeteada a su asiento, justo después de murmurarle algo al oído.

- No tenía por qué reaccionar así- se quejó Leorio, frotándose la mejilla marcada- Pudo decir "no, señor, ahora no, en otro momento".

- Como si aquí dieran ese tipo de servicios- censuro Kurapika, avergonzado de su comportamiento.

- ¿Qué servicios?- pregunto el inocente Gon, extrañado por la actitud de la camarera y la risa de Killua, murmurando un "viejo pervertido".

- Olvídalo, Gon- dijo Killua, presintiendo que la curiosidad de su amigo iría a parar a malos horizontes- ¿Qué tal si vas a conseguirme un poco de chocolate? Mientras esperamos podemos hacernos un tentempié.

La definición de "tentempié" para Killua era compleja. Para el, lo eran los postres y hasta un asado.

- ¿Y porque no vas tú?- Se quejó el, un poco molesto porque nadie le quisiera explicar lo de la mesera.

- Esta gente ya me conoce- confeso el albino, encogiéndose de hombros- Ayer pedí dos cajas de dulces y si me ven no aceptaran que me lleve otra. Hazlo tú.

Gon suspiro, resignado. Era normal que pasara eso. Unos paquetes para una semana duraban solo un día con un Killua así de goloso.

- Bien. Ya vuelvo- El pelinegro se levantó de su silla, escuchando a Leorio lamentarse- ¿Te traigo hielo, Leorio?

- Gracias, no. Mejor voy yo- El moreno también se puso de pie, sin quitar la mano de la marca rabiosa de la mujer- Si estoy aquí cuando vuelva me marcara la otra mejilla.

Leorio fue tras el niño, teniendo extremo cuidado de no encontrarse con ninguna mesera por temor a otra reprimenda.

Fuera coincidencia o no, los dos amigos estaban lejos y Kurapika se tensó. Estaba frente a frente con Killua, quien se cruzó de brazos contra la mesa y apoyo la cabeza entre ellas con gesto aburrido. Su comportamiento lo extraño, es decir, debería estar un poco incómodo o siquiera nervioso por hallarse a solas con él, en teoría, porque estaban en un comedor rodeado de gente, pero sin sus amigos. Eso lo molesto. Killua lucia calmado mientras él era un manojo de nervios, porque hasta Gon se dio cuenta de su estado antes de sentarse.

- Killua- No era momento de estar en silencio y aparentar; él no se conducía de esa forma- Debemos hablar.

Killua ladeo la cabeza hacia él, mirándole desanimado.

- Ya, ya, está bien, no volverá a pasar.

- ¿Cómo dices?- soltó el rubio, incrédulo. Realmente le sorprendía la pasividad con la que Killua manejaba ese tema tan delicado.

- Si tanto te molesta, bien, dejare de hacerlo- Se estiro sobre la mesa y apoyó la espalda contra la silla, viendo a un Kurapika genuinamente desconcertado.

- Killua. ¿Qué tratas de decir?- inquirió, cuidadoso. Algo no encajaba y el Zoldyck se lo estaba haciendo aún más difícil.

- ¿Te lo dejo en manifiesto? De acuerdo. Te prometo que a partir de ahora, cuando comparta habitación contigo, no veré Cinemax. Ni Max Prime u otros programas para adultos- dijo Killua, entre pausado y con énfasis, para que quedara bien claro.

- Eso...- Kurapika se atraganto- Me alegra- Murmuro, mitad contento por escucharlo y mitad molesto porque le desviara- Pero no quería hablar de eso.

- ¿Tienes otra queja? Oh, por favor, el porno es porno.

- No. Me refiero a la noche de ayer cuando...estuvimos juntos.

- ¿Y? Sé que compartimos la misma habitación, ¿Que con eso?

Kurapika lo miro fijo. Jamás lo conoció tan cínico.

- Tú y yo, estuvimos juntos- repitió, imponiendo un acento significativo a la frase. Killua le miro con una ceja alzada- No me hagas decirlo- pidió, impaciente. Lo que menos quería era especificar lo sucedido.

- ¿Qué? Párale, si es lo que dice la gente ignóralos. Ya le explique a Leorio y Gon lo que paso, bueno, a Gon se lo explicamos de una manera que entienda sin perturbar su inocente mente.

- Killua- bramo, harto de sus vueltas- Nos acostamos anoche.

El tercer hijo de la familia asesina le miro como si le hubiera dicho que Hisoka se entregó al budismo.

- ¡Momento, momento!- Sacudió ambas manos con rapidez, irguiéndose en la silla- Kurapika. ¿Tuviste un sueño homoerotico conmigo?

Varias caras de huéspedes y visitantes del hotel voltearon a verlos.

- No finjas que no paso. Sé que fue real- objeto, cubriéndose la cara con una mano ante las miradas ajenas.

- Por Hannibal Lecter, ¿Te estás oyendo?

- Así fue, lo sé.

- Decidido, no vuelvo a ver Cinemax cerca de ti. ¡El porno pudrió tu sentido común!- vocifero, dando un golpe a la mesa. Todos lo vieron, incluidos sus dos amigos que volvían de la cafetería.

Ante ese escándalo por parte de Killua, se preguntó si estaba equivocado. Cavilo que si todo fue un producto de su imaginación, influenciada por el canal para adultos que presencio anoche. Por un lado, sabía que lo que sintió fue real. Por otro lado, el que Killua se lo negara era sorpresivo y profundamente desolador para él. Quizás él tenía razón y se lo imagino todo, pero si fue así… Si acaso todo fue un sueño, eso significaba...Dios mío.

- ¿Qué ocurre?- Gon corrió hasta la mesa, mirando alternativamente a un Killua con el ceño fruncido y a Kurapika, que todavía se cubría la cara- ¿Porque discutían?

Leorio llegó poco después, con una bolsa de hielo contra su mejilla herida. Era nuevo ver a esos dos discutir, pero también era sabido que ambos tenían personalidades fuertes y desafiantes, pese a que solían arreglárselas.

El silencio tenso el ambiente unos segundos.

Hasta los curiosos de las otras mesas asomaban las orejas para escuchar un detallado relato.

Killua miro alrededor con su mirada mordaz, aquella de pura frialdad y ansiosa de homicidio, espantando a todos, y se volvió a sentar, cruzándose de brazos como si nada.

- Estábamos hablando de Cinemax.

- ¿Qué es eso? ¿Un deporte?- inquirió Gon, quien seguramente nunca tuvo ni vistazos de propagandas subidas de tono por la sobreprotección de su tía Mito.

- Oh, vaya- Por supuesto, Leorio sí que sabía lo que era Cinemax y habiendo oído lo que Killua veía por las noches por boca de Gon, acertó en lo que se estaba tratando allí- ¿También lo hizo contigo en la misma habitación, Kurapika?- pregunto el aspirante a doctor, con una sonrisa de oreja a oreja de real pervertido.

- Cierra la boca- espetó el, de mala gana.

- Gon, ¿Trajiste mis chocolates?- El pelinegro se los tendió- Al fin.

En el simple de gesto de entregar la caja de Chocolates-Robot a Killua, Kurapika se dio cuenta de algo. En realidad, hacía mucho tiempo que lo advirtió pero ahora tomaba más fuerza. Esa amistad cargada de complicidades entre el asesino y el Freecss pasaba de anormal. Su mano abandono su cara, que ahora portaba una seria mirada, en vez de la humillada de antes. No quería pensar como lo hacía pero al verlos compartir una conversación amistosa su corazón se contrajo y le sudaron las manos.

No lo entendía. ¿Porque sentía eso? Él no podía pensar así de Gon, jamás. Era inconcebible. Le echo la culpa a su debilidad, a su lado impulsivo e influyente de sucesos externos, si no fuera por eso ahora no sentiría nada de lo que sentía. Si hubiese permanecido neutral no estaría teniendo ese sentimiento.

- Disculpen- murmuró, poniéndose de pie. Evito ver a sus amigos y cuando estuvo lejos de su vista, apoyo la espalda contra la pared, abatido- No más distracciones.

Debía olvidar los sentimientos y dejar las emociones de lado, eso no funcionaba para su venganza. No servía para sus objetivos. Decidió olvidar todo y seguir adelante. Por más que en su pecho comenzara a animar un amor soñador por Killua Zoldyck tenía que olvidar. No emociones, no amigos, no enamorarse, no ser feliz. Solo le bastaba la venganza.

Mientras el Kuruta se infringía su propia tribulación, desde el comedor, Killua veía el camino por el que se había ido. Una mirada fugaz, nada más. Si lo vieran, su familia admiraría el talento para actor que tenía. Los asesinos también debían ser manipuladores y actores de la mentira. No le pareció esa educación pero a buena hora le sacó provecho. Ahora mismo, Kurapika debía estar dándole prioridad a sus metas sedientas de venganza. Y era lo mejor. Estar juntos, sea como fuera, acabaría siendo un obstáculo para él y le odiaría. Además, Killua sabía respetar el espacio de un futuro genocida y debía reconocer que, aunque no le pareciera el estilo de vida que Kurapika eligió, si no perseguía su objetivo sería peor que si no lo lograse.

Todo regreso a la normalidad.

Mientras saboreaba su quinto chocolate, se preguntó si el "sueño" que le hizo creer a Kurapika le afectaría lo suficiente como para que tuviera sospechas de que si fue real o no. Daba lo mismo si fue un sueño o la realidad, habían estado juntos y eso no se olvida fácilmente.

...Tampoco podía negar que fue divertido. Engaño al genio del equipo, hasta podría llamárselo manipulación.

Y ahora, ¿Que haría Kurapika? Ignorarle no le funcionaria, porque estaba decidido a atormentarlo para recordarle lo que pasaron. No tenía dudas. Aquel último beso fue de confianza y amor. No le daría tiempo para olvidarlo, ni para desmentirlo. Se lo recordaría hasta que alcanzara la victoria y fuera libre de sus ataduras. Después, tal vez, le diría la verdad.

Mientras tanto, sería interesante ver cómo Kurapika se las arregla con el asunto.

- Sera muy divertido- murmuro, dándole una mordida a su chocolate.

Sus acompañantes, Gon y Leorio, que lo escucharon, le miraron con gran extrañeza.

Definitivamente, ni idea de que pensaban esos dos locos.

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Finalizado.

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Un fic bastante raro, ¿no?

Y así, espero que lo hayan disfrutado.

Muchas gracias por leer.

Saludos, Lugarth3.