Disclaimer: Los personajes pertenecen a Hiro Mashima
Me extrañaron? Les traigo dos entregas esta vez así que espero que estén contentos y que sea de su agrado...
¿Dónde nos quedamos?
Ah, si...
Me acerco, a pesar de que esa no sería mi reacción lógica en otro momento, pero no puedo hacer como si nada hubiese pasado… sería un desgraciado si la dejo relegada en algún lugar distante esta noche.
– También me esforzaré – le digo sin mirarla, levantando mi vaso para beber.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
CAPÍTULO 4: De regreso
Al día siguiente emprendemos viaje de regreso. Es de las pocas veces que no hemos destruido algo al hacer una misión, por lo que no hay más gastos que los boletos del tren que nos llevará a casa.
Entre los mareos de Natsu y la reticencia de todos a hablar durante el trayecto, prefiero intentar dormir, tratando de apartar el cansancio evidente de mi cuerpo. Las chicas aún parecen de mal humor y Juvia ha estado pensativa, pero miro el paisaje por la ventana y dejo que el relajo me llene. Noto las pequeñas punzadas de dolor en distintas partes de mi cuerpo mientras lo hago, pero me parece agradable de sentir cuando sé las razones… definitivamente prefiero estar adolorido por esto que por alguna batalla. Mientras las chicas no observan me llevo una mano al cuello y masajeo el lugar donde tengo una mordida marcada en la piel y el pinchazo me enciende una sonrisa. Al entreabrir los ojos veo que Juvia me mira, sentada frente a mí y parece sonrojarse al reconocer el lugar donde tengo mi mano. Junto a ella, Erza, que parece vigilarnos, nos mira a uno y otro alternadamente hasta que suspira y desiste de su tentativa de adivinar qué pasa.
Luego vuelvo a intentar dormir y creo que lo consigo, por poco e incómodamente, cuando siento que el tren se detiene. Pestañeo, confuso, hasta fijar la vista en la chica de cabellos azules frente a mí. Duerme arrimada a la ventana en una posición incómoda.
– ¿Llegamos? – pregunto a Erza
– No, estamos entrando en otra estación – no puedo creer que pasaron las 8 horas de viaje hasta la siguiente parada.
– Ya veo – miro a Juvia nuevamente y me da pena despertarla, pero alguien debería hacerlo – Oi, Juvia. – digo moviendo su hombro ante la atenta mirada de mi pelirroja amiga.
–¿Gray-sama? – dice restregando uno de sus ojos y mirándome somnolienta. – ¿Estamos en casa?
– No aún, pero paramos en otra estación. ¿Quiero bajar un rato a estirar las piernas, vienes conmigo?
– ¿Ah? – dice moviendo su cabeza, desconcertada
– ¿Una cita? – pregunta Erza casi encima de nosotros, con cara de incredulidad.
– ¡Una citaaaaaaa! – repite Juvia, casi fuera de sí, saltando del asiento como un resorte.
– Oi, espera…
Nadie me deja agregar nada y soy arrastrado hacia fuera por una entusiasta Juvia, que no deja de sonreír. Erza nos sigue de lejos, con su traje de incógnito (una gabardina y gafas en verano no pasan desapercibido, pero estoy seguro que ella piensa que hace un excelente trabajo). Son una molestia… yo sólo quería desperezarme un poco y han hecho de esto un embrollo.
– ¿Qué haremos primero, una feria, un paseo por la playa, o ir por helados, una cena, una película romántica… – dice enumerando todas las actividades posibles en una cita.
Espera, esto ¿no es una cita, cierto?
Bueno, estamos planeando hacer algo juntos que no tenemos por qué hacer y sin compañía de nadie más (Suponiendo que Erza no cuenta). Mierda, estoy en una cita…
– ¿Quieres comer algo? – pregunto, casi mordiendo las palabras, que se niegan a salir fluidamente de mi boca.
Soy bueno en muchas cosas pero definitivamente no se me da bien la cercanía, ni con mis amigos ni mucho menos con las chicas. No es que no haya intentado hacer algún movimiento con algunas, pero dista mucho de esto. Involucrarme personalmente con alguien, dejándola entrar en mi vida EMOCIONALMENTE…es distinto.
Juvia asiente animadamente, siguiéndome hasta el local más cercano. Lamentablemente no hay suficiente tiempo, por lo que pedimos una bolsa para llevar. Compartimos el contenido de vuelta al tren, dejando para el viaje. El Taiyaqui no es mi plato favorito pero es cálido y sencillo, cosa que me agrada.
– Disculpa si no alcanzamos a hacer mucho – digo mirándola a esos oscuros ojos.
– Mmm, no se preocupe, Gray-sama. Juvia es feliz sólo con estar a su lado – dice contenta, mientras abordamos el tren y vamos de vuelta a nuestros asientos.
Envidio esa convicción en sus palabras… esa certeza…
Al entrar, Erza está vestida normalmente, sentada con un pastel de fresa entre manos.
– ¿Cómo les fue? – pregunta desinteresadamente, como si no lo supiera.
– Bien – dice Juvia alegremente – trajimos Taiyaki.
Los gruñidos desde el asiento de atrás indican que Natsu está despierto y sin la náusea propia del viaje, pero con lo que ha demorado en recomponerse no ha alcanzado a bajar a comer algo. Tampoco Lucy, quien sigue dormida. Juvia pregunta si puede darles las porciones que nos quedan y le digo que sí. Natsu devora la suya rápidamente, asomándose sobre el asiento para mirarnos y bromear un rato, antes de deslizarse en su asiento, blando como un caramelo al sol, cuando el tren parte de nuevo. Se nota que extraña a Happy. Aunque quisimos traerlo el Maestro se negó porque era muy pequeño para lo que podíamos encontrar. Creo que exageró un poco. Yo no vi nada tan osado en este viaje, pero supongo que Lucy no podría decir lo mismo.
Voy al baño y, de vuelta, me encuentro con ella, aún desperezándose. Evita dirigirme la mirada y, cuando pasa a mi lado, me vuelvo hacia ella para conversar pero me encuentro sólo con un rastro de polvo en el pasillo. Supongo que aún está impactada, así que no insisto y vuelvo a mi asiento.
Juvia mira por la ventana, sonriente, mientras que Erza parece de mejor humor. Hablamos de tonterías a ratos hasta que, cuatro horas más tarde, bajamos del tren en Crocus para comer y descansar en una posada.
Luego de un par de intercambios de miradas en la comida, Juvia va directo a su habitación mientras Erza espera, vigilante, hasta que me voy a mi pieza. Estoy seguro que hizo guardia frente a mi puerta asegurándose que no intentara nada en la noche.
Tuve habitación individual esta noche y, en realidad, agradezco que haya sido así porque disfruté de una serie de sueños vívidos… mezcla de fantasías y recuerdos de la noche anterior. Desperté duro como una piedra y sin ninguna prenda ni frazada encima, con la sensación de pegoteo que sigue al sudor. La ducha fría ayuda un poco, pero no lo suficiente, ya que sigo pensando en ella bajo la chorreante agua. Trato de descargar mi ansiedad masturbándome, pero la calma física no da paso a la calma mental.
Nunca he sido de los que se obsesionan con chicas, nunca les he dado demasiada importancia. No entiendo por qué esta vez es distinto… y me exaspera…
Bajamos al desayuno para continuar nuestro viaje, pero estuve incómodo toda la tarde sentado en el tren, hasta que al fin entramos en la estación de Magnolia.
Juvia volvió a quedarse dormida en su asiento hace una media hora y, nuevamente, soy yo quien la despierto.
– Juvia, llegamos. Debemos ir al gremio a reportarnos.
– Sí – dice parándose enérgicamente del asiento, como si nunca hubiese estado dormida.
Salimos del vagón a paso lento, mientras Juvia se apega a mi brazo, como muchas veces… pero hoy no es como muchas veces… esta vez no la alejo y llegamos así hasta el gremio. Estoy completamente consciente de las miradas que se dirigen a nosotros, pero no quiero pensar en ello.
Erza entrega el informe de la misión a Mirajane en el mesón y las veo quedarse cuchicheando mientras miro hacia fuera intentando perderme lo más pronto posible. Al final es Cana quien se acerca a molestar quien me da la salida que necesito
– Uy, pero si son los tortolitos… ¿Y no la llevas a casa, Gray? – dice moviendo sus cejas.
– Claro… – le respondo, tomando a Juvia por la cintura para dar la vuelta, sólo para ver la expresión de Cana.
Pero no sólo ella está sorprendida, veo a medio gremio dejando caer cosas o quedando de boca abierta ante el gesto, y a la misma Juvia tensarse ante mi toque. Cuando damos la vuelta nadie nos detiene, y caminamos un par de pasos antes de que Juvia se me tire al cuello emocionada, casi asfixiándome. Al conseguir que me deje respirar nuevamente nos encaminamos pausadamente a Fairy Hills, con mi mano aún en su espalda, a la altura de su cintura.
Okay, hasta ahí llegaba mi plan, ahora no sé qué hacer… No me doy cuenta de cómo llegamos a Fairy Hills, ya que avanzamos en silencio hasta allí. Ella se vuelve hacia mí, de frente, paralizada al igual que yo, por varios minutos. Cuando se da la vuelta lentamente, con expresión de decepción, me doy cuenta de que algo está mal en todo esto.
– Espera – digo acercándome, suavemente, a solo unos centímetros de su cara, añorando que sea ella quien termine de cerrar la distancia.
Siento su aliento golpear mis labios antes que lo haga su propia boca. La expectación lo hace más impulsivo de lo que deseaba que fuera, pero más dulce…voraz, apasionado… y hace que realmente no desee irme a casa. Me gustaría tener el espacio y el tiempo para degustar de esto a mis anchas, pero en este santuario a la femineidad frente al que me encuentro no hay espacio para mí. Me obligo a mí mismo a controlar los impulsos animales en mi interior y dar la vuelta sin mirar atrás, rumbo a casa.
Definitivamente me espera un infierno esta noche…
