Hola.
En primer lugar, gracias a los reviews de Siletek, Yuna-Tidus-Love y Cristalchan2D. Sigan escribiendo y que se sumen nuevos.
¡Gracias por leer!
Capítulo 4: Un nuevo experimento.
A pesar de todo, el experimento resultó favorablemente: Koala Kong obtuvo los rasgos humanos que los científicos buscaban y, sobre todo, era inteligente y obedecía las reglas. Su problema de dicción se podía tratar, aunque llevaría tiempo, el cual los doctores no lo dedicaban para ello; ellos estaban ocupados con sus tareas, así que debía arreglárselas solo.
A la semana siguiente, por la mañana, a pesar de que era ese momento, el día estaba caluroso, con lo cual el doctor Brio no tenía muchas intenciones de atravesar el tramo de mar y la espesa jungla en busca de la próxima víctima y algo para consumir. Por esta razón, Koala Kong fue designado a cargar las jaulas de distintos tamaños y de recolectar lo que era necesario para subsistir en el laboratorio.
Cuando realizaba las expediciones, Brio dejaba de lado su bata de laboratorio para ponerse ropa más liviana, aunque sin perder la formalidad. En cuanto al mutante, sólo usaba un pantalón y llevaba unas pulseras de cuero negro que había pedido al científico explorador.
Durante el transcurso por el mar, donde era frecuente ver algún que otro tiburón pero, a la gran velocidad de iba la lancha, los escualos no trataban de atacarlos. Al llegar a tierra, Kong descargaba las jaulas mientras que el científico anclaba la embarcación. En ese momento, Brio comentó:
—Ten cuidado con esas jaulas. Trata de no romperlas ¿De acuerdo? —le recordaba el calvo al gran koala.
—Entendido —simplemente contestó.
Kong era consciente de su problema, por ello hablaba poco y con pocas palabras, con su voz grave.
—Bueno, Kong, comencemos el viaje por un nuevo camino.
—Si, doctor.
Como sostenía que el mutante contaba con un gran olfato y capacidad natural, el calvo le pedía su opinión si un fruto era venenoso o no. El koala distinguió gran cantidad de frutas tóxicas y las que eran aptas para consumir eran almacenadas en una pequeña jaula.
Al adentrarse a la selva, el camino se complicaba hasta que llegaron a un claro pero había varias plantas de dos metros de alto que sorpresivamente eran carnívoras; lo descubrieron cuando una de ellas devoró a una pequeña ave.
Ese ambiente no era muy agradable así que ambos trataban de retirarse de allí sin llamar la atención, sin embargo tenían en frente una planta dispuesta a atacar. El vegetal se preparaba para devorar al doctor aunque en el momento justo, Kong atrapó el cuello de la planta fuertemente hasta descabezarla y pudo frenar el ataque. Cuando recuperó el aliento, Brio dijo:
—Gracias por salvarme, Kong.
—De nada, doctor.
Al sentir que una de ellas fue atacada, las demás plantas contraatacaron escupiendo granadas explosivas, que provocaban un fuerte dolor a los animales distraídos. En ese momento, el científico grito:
—¡Corre, Kong!
Jadeando, al no estar acostumbrado a correr, Brio miró hacia atrás y observó a un animalito de pelaje marrón que se había enfrentado a las plantas mordisqueando los tallos y, cuando comenzó el bombardeo, corría junto con ellos. Al llegar a un lugar más tranquilo para dejar de correr, el animalito seguía con ellos y entonces el calvo le comentó al mutante:
—¡Este animal se enfrentó a esas horribles plantas y no huyó de nosotros! Parece que quiere que lo llevemos ¿Me preparas una jaula?
El animal no se resistió al ser levantado por el doctor y se quedó tranquilo una vez encerrado. Justamente, ellos habían regresado hacia el lugar donde dejaron la lancha. Al revisar las provisiones, el químico manifestó:
—Estos alimentos no son suficientes. Debemos conseguir más, Kong.
Entonces ambos capturaron unos grandes cangrejos ermitaños, teniendo cuidado con las pinzas, luego fueron enjaulados. Estos crustáceos eran fáciles de capturar, ya que tenían un lento caminar y sólo podían escapar adentrándose al mar.
Al tener todo listo, cargaron las jaulas al bote y se dirigieron al castillo.
Mientras tanto, en la base de las operaciones, Neo aun seguía algo molesto por lo que pasó con su compañero y sus pensamientos pasaron a ser una conversación con el encargado del mantenimiento del "hogar": el doctor N. Tropy:
—¿Cómo puede ser que Brio fue capaz de ocultarme ese detalle? Tendríamos resultados positivos si no modificaba al animal… Ahora resta que no vuelva a ocurrir —dijo Neo aun enojado.
—¡Más vale que no vuelva a suceder de nuevo! Primero el canguro y ahora el koala. Creí que lo tendrían todo bajo control. No financié para que sea un completo desastre y, además no estudié tanto para convertirme en ama de casa —luego de un breve silencio agregó—. Me parece que se van a quedar solos. El N Team dejará de existir.
—No, no te marches. No volverá a repetirse. Presiento que todo saldrá bien —dijo Neo algo asustado y rogándole con cara de perrito.
En momentos que eran necesarios, Neo dejaba de lado su orgullo para suplicar, aunque sólo era una actuación.
—De acuerdo. Me quedaré un tiempo más, pero no quiero ver más fracasos. Y además a partir de ahora no estaré todo el tiempo ocupado en esas tareas. Quiero trabajar en algo que sirva al proyecto aportando mis conocimientos en el control del tiempo y espacio. Lo que planeo es hacer una cámara de tiempo para localizar las gemas y tele transportarse hasta donde se encuentren. Ya sea en esta isla o en la Antártida.
—Por mi está bien y, aparte me parece muy buena idea. Ahora puedes hacer los quehaceres si quieres; no es obligatorio —finalizó Neo.
Al atardecer, Brio y Koala Kong regresaron con alimentos: cangrejos como siempre, y unas pocas frutas. El científico mostró lo recolectado a sus colegas así como también al nuevo animal que tenía un tamaño similar al de un conejo que, cuando lo vieron no pudieron identificar su especie a simple vista.
El Dr. Brio le interesó aquel animal porque era agresivo y creyó que sería útil para el ejército.
Los tres doctores buscaban información sobre ese animal en libros y otras fuentes y en ese momento el doctor más avejentado le preguntó al de piel amarillenta:
—¿Acaso no eres de este país? ¿No deberías conocer los animales de tu tierra?
—¡Pues no conozco todos los animales porque vivía en la ciudad por pocos años y luego estuve encerrado por casi quince años en la academia! —respondió Cortex con algo de enojo. No era porque odiaba la escuela, sino que soportar un internado cansaba a cualquiera.
—Además, estas islas no estaban reconocidas en los mapas y por lo tanto, también su fauna y flora. Hasta desconocíamos que en aquella isla habitaban un grupo de indígenas —agregó el doctor especialista en el tiempo.
—Y no sólo hay nativos en esa isla sino también enormes plantas carnívoras.
—¿Cómo dices? —preguntaron los científicos al unísono con asombro.
—Como oyen. Encontramos esas plantas que miden como el koala de alto y escupen granadas explosivas. Hay que huir si ven a esos vegetales.
—No creí que estas islas eran tan peligrosas, pero es el único lugar donde se puede conseguir recursos. La otra isla que está cerca tiene ríos de lava —indicó Neo.
—Creo que encontré una fotografía de ese animal en este libro que se llama justamente "Fauna y flora de Oceanía" —avisó Brio a sus colegas.
Y revisando aquel libro antiguo, leyó en voz alta:
—Este animal es un canguro rata o un potoroo, como lo llaman los indígenas. Es un marsupial en peligro de extinción.
—Muy bien. Ahora podremos empezar con la evolución —decidió el doctor de tez amarillenta y con barba candado.
Realizaron esta clase de investigación para conocer las habilidades de este animal y otras características para aprovecharlas.
Como no quisieron perder más tiempo, prepararon al marsupial para su evolución, aunque esta vez Brio quería accionar la palanca. Neo lo permitió después de perder al tirar una moneda, así que sólo se apartó para observar como el pobre animal chillaba al recibir los rayos. Nuevamente surgió el apagón para observar claramente al rayo destellar con una luz cegadora.
Cuando terminó el rayo, los doctores se aproximaron a la plataforma y notaron que el marsupial obtuvo los rasgos humanos no de forma desproporcional como el koala. Le hicieron un test de inteligencia cuando dejó de estar desorientado:
—¿Puedes entender lo que estoy diciendo? —preguntó el calvo.
—Sí.
—¿Puedes decir una frase más larga? —solicitó Neo.
—¿Por qué me hicieron esto? Fue muy doloroso.
Los doctores se alegraron al escuchar que el nuevo mutante no presentaba ningún impedimento en el habla, y finalmente Cortex respondió a la pregunta:
—Vas formar parte de un ejército así les daremos una lección a las personas que nos han maltratado: a nosotros y a los animales —el científico no le comentó con detalles el proyecto, pero si la razón de ello.
—Cuenten conmigo ¿Pueden desatarme?
Así lo hicieron. Ahora el nuevo mutante medía un poco más de metro y medio, la misma estatura que Ripper Roo, con pelaje de color marrón y cabello corto de color negro, con un largo hocico y orejas redondeadas. Extrañamente en lugar de tener el color blanco normal en esa parte de los ojos, él los tenía de color amarillo.
Enseguida los doctores le alcanzaron algunas prendas propias del doctor del tiempo ya que ambos eran de similar estatura. De nuevo, Tropy se quejó:
—Para la próxima vez, alguno de ustedes debe conseguir ropa para sus mutantes en la ciudad o donde sea. Sé que piensan que soy más robot que humano y que no necesito tanta cantidad, pero se equivocan ¡Es la última vez que les ofrezco!
—Está bien. Otro día iré a la ciudad —prometió Neo.
Esa promesa fue para que el doctor Cyborg no tenga otra razón para irse, además el científico de la letra N marcada se entendía mejor con él que con el de los tornillos, ya que recordaba todas las discusiones que tuvo con él.
A pesar de este ligero inconveniente, el experimento fue todo un éxito, el cual renovó las esperanzas de conquistar el mundo y de permitir que el Dr. Tropy se quedara un tiempo más con sus colegas de la academia así continuaría el N Team pues, en un equipo debe integrar como mínimo tres personas.
Ahora sólo resta nombrar al marsupial evolucionado que, en ese momento, los doctores estaban carentes de inspiración para ello, con lo cual, estaba pendiente para otro día; estaban celebrando su éxito.
A la mañana siguiente, los científicos creyeron que la mejor instrucción que podían recibir los animales mutados era ver la televisión, pues los libros que disponían no eran adecuados para ellos y, además, no tenían paciencia para dictarles clases; estaban ocupados construyendo artefactos. Así que en los ratos libres, los animales evolucionados aprendían y se entretenían con la pantalla chica. Los doctores le permitían ver sólo dos horas por diversas razones: la primera, es que consumía energía la cual se estaba reduciendo notablemente y, la segunda para que no se volvieran adictos o tontos.
Como ya el rayo Evolvo dio buenos resultados, era necesario capturar más animales, por ello Neo le pidió al encargado de la exploración que trajera más de un animal para la próxima vez aunque siempre debían esperar una semana por evolución.
