Capítulo 4: La muerte es una vida vivida.
La vida es una muerte que viene. (J. L. Borges)
Lo que sucedió después de ver como su padre se tiraba no era muy preciso. Hermione seguía parada en el borde de la ventana, mirando como unos oficiales de policía levantaban el cuerpo de su padre y lo ponían en una bolsa negra.
Su madre no estaba allí, no sabía cuando se había ido, pero todo le parecía que había sido hacía muchísimo tiempo.
Sintió una mano en su hombro y se sobresaltó.
--¿Qué haces aquí? -preguntó con voz trémula.
-- Es mi culpa todo lo que sucedió. -dijo César Lecter.
-- No te culpes de lo que hace o deja de hacer mi madre.
-- Si no te hubiese dicho...
-- Estaría enojada contigo por que no me lo hubieses dicho. -respondió la castaña.
-- No tendrías que haber enfrentado a Lefey.
-- No la enfrenté. Dudo que alguna vez pueda hacerlo...
- -Enfrentaste a Voldemort y sobreviviste.
- -No lo hubiese hecho si Harry no lo hubiese matado y la maldición se hubiese terminado. -murmuró. César le restó importancia con un gesto de mano.
- -Sobreviviste a la maldición de Dolhov.
--¿Cómo sabes...?
--No estaban solos en el departamento de misterios. -dijo el inefable.- yo le di la alarma a Dumbledore. Snape llegó tarde a Grimmauld porque tuvo que avisarle a Voldemort; por órdenes de Dumbledore...
- -Gracias. -murmuró con una sonrisa triste. El inefable la abrazó torpemente, dándole unas palmaditas en la espalda que la sacudieron por completo.
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--¿Dónde vas? -preguntó Sirius Black a su ahijado. Pocas veces el chico se vestía de traje formal y de color tan oscuro. Además, el brillo triste de sus ojos lo hacían parecer más viejo.
- -Al funeral del padre de Mione. -dijo el auror. Sirius lo miró sorprendido.- Se suicidó.
--¿Qué? ¿Cuándo?
--Hace un par de horas. Lo están velando en el castillo de Cardiff... Hermione me pidió que fuese, por que no aguanta a su familia.
- -Espérame y vamos juntos. -dijo el animago.- ¿Dónde están las llaves del auto?
- -Ve a cambiarte que yo, las busco. -sonrió Harry con tristeza. Al parecer estaba más golpeado de lo que parecía a simple vista. Sirius asintió y corrió escaleras arriba con el objetivo de cambiarse.
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Velatorio del Conde Granger Bute, castillo de Cardiff, Gales.
El Castillo de Cardiff se encuentra en el corazón mismo de la capital Galesa. Sus fuertes murallas contienen una historia que se extiende por casi 2000 años, desde la llegada de los romanos en el siglo I, DC. Después de la conquista de los Normandos, se construyó la Torre del Castillo que fue seguida por un número de fortificaciones y moradas medievales.
El Castillo estuvo bajo la posesión de numerosas familias nobles, hasta que en el siglo XVIII pasó, por acto de matrimonio, a la familia Bute. El Segundo Marqués de Bute fue responsable de convertir Cardiff en el puerto de exportación de carbón más grande del mundo. El Castillo y la fortuna de los Bute pasaron a manos de su hijo Jon, el tercer Marqués, quien hacia 1860 era conocido como uno de los hombres más ricos del mundo.
Desde 1865 el tercer Marqués empleó al genial arquitecto William Burgués para transformar las habitaciones del Castillo. Dentro de sus torres góticas él creó interiores lujosos y opulentos, ricos en murales, vidrieras, mármol y elaborados tallados en madera recamados en oro.
- -¿Aquí lo velan? -preguntó Sirius Black sorprendido.
Y no era para menos. El enorme castillo de Cardiff estaba de luto, nucleando a quienes compartían su enorme sentimiento de tristeza por la partida del Conde de Granger.
-Si. -dijo Harry con tristeza.- Era conde de Gales.
-¿Hermione pertenece a la nobleza?
-Sí, aunque no es algo de lo que le guste hablar. -explicó Harry, mientras subían los escalones del enorme pórtico.- La familia de su padre era dueña de este castillo, lo donaron hacia el 1800 para evadir impuestos; sin embargo todos los funerales de la familia se realizan aquí.
-Harry. -dijo la voz entrecortada de su amiga. El chico sonrió con tristeza y la abrazó.
-Lamento mucho lo que pasó...
-Gracias. -dijo la chica, cerrando sus ojos.- Aún no entiendo cómo pasó...
-El shock se te pasará en unos días. -dijo el animago, abrazándola de la misma forma que su ahijado.- ¿Dónde está tu madre?
-Luego hablamos del tema. -le dijo a sus amigos.- Acaba de llegar mi abuela; y francamente no estoy de humor para hablar sobre esa víbora.
Harry y Sirius miraron sorprendidos como a la chica caminaba de manera erguida y saludaba a una mujer de edad con respeto. La mujer, tenía unas profundas marcas rojas en señal de llanto, respondió el saludo con frialdad y caminó, abriéndose paso con tan sólo una mirada fría entre la gente que llenaba la recepción.
-¿Esa era su abuela?
-No sé, nunca la conocí... Que raro que la madre de Mione no esté. -dijo Harry sorprendido de no verla.- Debe estar muy shockeada.
-¿Harry? -preguntó una voz femenina detrás del muchacho. Una chica que vestía un traje oscuro se acerco, con una pequeña sonrisa.- Tanto tiempo.
-Liz Kensington. -dijo el chico sonriendo de la misma manera. Sirius esbozó una sonrisa irónica al ver la forma en la que su ahijado la miraba.- ¿Qué haces de nuevo en Gales?
-Volví a la isla por la muerte del tío. -dijo la chica. Tenía cierto aire de Hermione, sin embargo su cabello rubio y ojos celestes las diferenciaban por completo.-¿Tu padre? -preguntó mirando a Sirius.
-Padrino. -dijo estrechando su mano con la de la joven.- Sirius Black.-
-Lid Kensington, encantada. -sonrió.- Que extraño que en un funeral muggle hayan tantos de nosotros.
-¿También eres...? -Liz lo interrumpió antes de que se descubriesen.
-Beubaxton. -dijo la chica.- Presumo que ustedes , al igual que Mione son de Hogwarts.
-Y de Gryffindor. -respondió Harry.- ¿Quién más vino? -preguntó, creyendo reconocer a un par de conocidos entre la gente.
-Un par de amigos de Mione del San Mungo y el ministro.
-¿Scrimagerunt vino? -preguntó Sirius sorprendido.
-Al parecer conocía al tío... –respondió Liz.- Oh,no. -dijo la rubio reconociendo a una mujer a la entrada.
-¿Quién...?-
-¿Qué hace Skeeter aquí? -preguntó el niño que vivó al verla.
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- -¿Condesa? -preguntó una educada voz. La chica que vestía una falda oscura a juego con un saco de idéntico color, se dio vuelta y miró al camarero.- Un joven le envió esto. -dijo dándole un trago largo con una sombrilla.- Dijo que lo leyese rápido, y que aparezca en los salones de abajo... -sin más el muchacho salió de la enorme biblioteca del segunda piso, donde Hermione Granger se había escondido para no ver el cajón negro rodeado de gente que en ese momento representaba a su padre.
Abrió la sombrilla del trago y reconoció la desprolija letra de Harry : ¨ Skeeter¨.
Maldijo a todo el mundo en silencio y con un sencillo movimiento de varita su rostro dejó de ser rojo a causa de las lágrimas y sus ojos se mostraron blancos y marrones de nuevo.
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-¿Tan importante se cree esa niñata que ni siquiera está presente en el funeral de su padre? Saca fotos al ministro Oso. -dijo la aguda voz de Skeeter. Un par de personas pasaron por su lado y la miraron de costado con gesto estirado.
Y no era para menos. Resaltaba entre el público con su chillona túnica verde fosforito y sus rizos amarillos yema. Pero, por si su atuendo fuese poco, su chillona voz alterada le daba jaqueca a varios de los concurrentes.
Hermione bajó por la escalera del costado. César Lecter la miró y con un sencillo gesto miró a Skeeter. Hermione asintió y tomó el antebrazo que el mago le ofrecía.
-Rita, muchas gracias por venir al funeral de mi padre. -dijo con una voz que amenazaba con romperse. La bruja se sorprendió de verla dirigirse a ella con ese tono educado y más aún, de verla del brazo del famoso inefable.- Seguramente, el agradecería tu presencia de estar entre nosotros. -La bruja asintió sorprendida.- No sé si te lo explicaron los guardias, pero al ser el velatorio de un miembro de la familia real, no se permiten la entrada de fotógrafos; por favor aguarda afuera junto con los demás reporteros.- Con un gesto de cabeza, un par de guardias, que vestían el escudo galés, se acercaron a la mujer y la tomaron de los brazos. Todos miraron la escena sorprendidos, César la abrazó más fuerte por la cintura y la chica miró a quienes estaban allí. Se aclaró la garganta y los murmullos se detuvieron:- Muchísimas gracias por la presencia de todos ustedes. Estoy segura que mi padre apreciaría de la misma manera que yo lo hago, la presencia de todos ustedes aquí. -Cerró los ojos, conteniendo una lágrima.- El tiempo es demasiado lento para los que esperan, demasiado rápido para los que tienen miedo,
demasiado largo para los que están afligidos, demasiado corto para los que están alegres. Pero para los que aman, el tiempo es una eternidad. Y para mi padre, seguramente, el tiempo que compartió con ustedes, fue eterno y lo guardaba entre sus más preciados recuerdos. Muchas Gracias. -Sin más, un par de apagados aplausos sonaron en la sala y su abuela se acerco, con fingidas lágrimas y la abrazó. Hermione sin embargo respondió el gesto con frialdad y siguió abrazada a César.
Sirius se acercó con Harry y abrazó a la castaña. La chica se soltó de César y respondió el gesto.
-Gracias. -murmuró.- Odio los funerales.
-Espero que por el mío escriban un buen discurso como el que acabas de dar. -dijo Harry. Hermione sonrió de lado, sabiendo la opinión nefasta de Harry en cuanto a los funerales.
-El tío estaría orgulloso de ti. -dijo Liz abrazándola.
-Gracias por venir... No tuve mucho tiempo de avisarte.
-Podría haber elegido mejor momento para lo que hizo, pero me las arreglé. -dijo la rubia. Hermione sonrió negando con la cabeza.- ¿Piensas dormir aquí?
-Me quedaré aquí hasta mañana en la mañana, que lo enterraremos en el cementerio. Dormiré un rato en casa igualmente y me cambiaré de ropa.
-El negro no te queda -dijo Liz.- Creo que pasaré por la casa y dormiré un rato... Si quieres, ven. No creo que puedas entrar tan pronto a tu casa.
-Tengo que hacerlo. En una semana será mi asunción como condesa. Mi padre no abdicó a mi madre...
-¿Modificó el testamento? -preguntó Liz sorprendida. César miró a Hermione, en un gesto de advertencia.
-Sí... en casa te explico. -murmuró. No quería explicar todo lo sucedido con su madre aún. Era muy pronto.
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El funeral seguía, las puertas del castillo estaban abiertas y pocas personas seguían a su lado.
Harry no había querido moverse de allí, y ahora dormitaba en uno de los sillones. Sirius, a su lado dormía profundamente.
Liz ya se había ido y su tío estaba junto con su tía y con su abuela conversando en un rincón. Cada tanto, sentía la desaprobatoria mirada de la mujer mayor encima de él.
Se levantó y bajó las escaleras. Necesitaba caminar un poco, y pese a que el viento helado de la noche de Gales era una contra para su paseo nocturno, no le importaba.
Tomó su ruana con cuidado y se envolvió en ella. Ya no tenía más frío, sólo un enorme sentimiento de tristeza.
Los jardines del castillo eran enormes y se podían recorren fácilmente por los senderos iluminados que rodeaban la construcción con más de 2000 años de historia.
-No puedo entrar -dijo una voz fría con cierto tono de tristeza. Hermione se dio vuelta enseguida, y maldijo internamente que no tenía su varita. Su madre estaba sentada en uno de los fríos bancos de piedra. Vestía un traje de terciopelo negro con unas altas botas de cuero, del mismo tono.- Deberías abrigarte más, esta noche es en particular muy fría.
-¿Qué haces aquí?
-Pensé que iba a poder despedirme de tu padre, pero no pude... Estoy aquí hace tres horas. Cada vez que miro la puerta del castillo me parece más lejana. -dijo Irina, mirándola a los ojos. Hermione seguía de pie, mirándola. No parecía querer acercarse, como si huyese de su mirada.- ¿Sabes que aquí me comprometí con tu padre?
-No se como pudiste permanecer 20 años mintiéndonos.
-Sospecho que no soy, en este momento, la única que miente. -dijo Irina, con cierto tono desafiante.- ¿Me equivoco?
-Siempre confié en ti, en la medida que me era permitido... Nunca te mentí.
-Yo tampoco te mentí, si usamos ese parámetro. -La mujer sonrió de lado.- Eres igual a mi padre. Él siempre decía que nadie mentía de acuerdo con lo que se le preguntase.
-¿Por qué me ocultaste quién eras?
-Si te decía la verdad, cuando eras pequeña hubieses terminado como yo; en Slytherin y probablemente muerta si te hubiese unido a Voldemort en la segunda guerra. Si te decía la verdad cuando ingresaste a Hogwarts, te hubiese perdido. Rápidamente te enteraste quién era Voldemort y quien era Slytherin. No sabes como lamenté escuchar que eras miembro de la Órden del Fénix y que combatías junto con Potter. Quisiese o no, rápidamente te definiste en tu nuevo mundo. En mi mundo y fuiste contraria a mí. Hiciese lo que hiciese, alguna de las dos perdía.
-Podrías haberme contado lo que hiciste y decir que estabas arrepentida -tanteó.
-No lo estoy -dijo la mujer.- Somos idénticas, excepto por lo que creemos.
-Nunca maté a nadie por su sangre.
-¿No? -sonrió de lado.- Te recuerdo que, ya sea el lado de la Luz -rió al decirlo.- o los mortifagos, ambos utilizan las mismas armas: ¿Cómo justificas como quedó Crabbe después del enfrentamiento den Hogwarts? ¿Cómo explicas que Lucius Malfoy estuviese a punto de recibir el beso del dementor? Tú estuviste detrás de ello, Hermione... Y te entiendo. Ellos fueron un peligro y tú los eliminaste...Yo hice los mismo, de acuerdo con lo que pienso.
-¿Piensas que los muggles son escoria y te casaste con uno de ellos?
-No tientes tu suerte cuando no tienes varita, y aún con ella, no puedes ganarme. -dijo Irina con tono pseudo infantil. Parecía Bellatrix cuando le hablaba a Harry.- Lamento que hayamos terminado así.
-¿Piensas matarme, aún cuando tengo tu sangre?
-¿No sabes aún todo lo que hice, cierto? – Irina la miró de reojo, analizándola.- Evidentemente, César aún cree que en esas idioteces de escuchar primero, matar después. Tienes suerte... Averigua quien soy y luego nos enfrentaremos. Ya veremos si me miras de la misma manera. -tomó aire y dijo.- La gente no cambia, hija.
-¿Por qué tengo la sensación que tu quisiste hacerlo?
-Todos tenemos sensaciones... Algunas son ciertas. -sonrió y la miró de nuevo a los ojos.- Te felicito por el discurso, tu padre debe estar orgulloso de ti... y por cierto, me alegro que dejases a ese idiota de Weasley; Lecter es mucho más respetable que esa comadreja alcohólica. -Sin más que decir, sonrió y desapareció. De inmediato, Hermione sintió una fuerte ráfaga de frío que la envolvió y decidió entrar al castillo.
