Capítulo 4

Natsuki recogía las pocas cosas que las gemelas tenían que llevarse con ellas a la casa de los Morinozuka en silencio.

Desde hacía una semana estaba ocupada con la mudanza de las niñas a la casa de los Morinozuka, Hiroshi se había molestado con ella cuando le dijo que se iría con los Ootori a la mansión y que posiblemente no la verían hasta el día de la boda. Satoshi dijo que lo mejor era que vivieran los niños con ellos mientras los señores Morinozuka seguían de viaje. Mientras tanto, Natsuki buscaría un departamento cerca de la casa de los Morinozuka, para que las gemelas y Haku no estuvieran muy alejados de sus nuevos tíos favoritos, Takashi y Satoshi. Además, debía contratar a un chófer para que llevara a las gemelas a la escuela Ouran ya que Kyouya le había informado que empezarían las clases el próximo lunes.

-Yuriko, ¿has cogido los libros que te faltaban? – Natsuki vio a la niña sentada en el ancho alféizar de la ventana mientras la observaba en silencio coger sus cosas – Yuriko, ¿me has oído?

-Tita Natsuki, no quiero que te cases con el príncipe oscuro – Yuriko bajó la mirada – No me gusta.

-No pienso hablar de ese tema contigo – Natsuki cerró la última maleta y la bajó de la cama. La llevó hasta la puerta, dónde estaba Oyuky intentado abrir sin éxito la suya para tirar las cosas por el suelo y así retrasar la mudanza – Oyuky, no voy a repetírtelo más veces, deja de molestar y ve a llamar al tío Hiroshi para que venga a recogeros.

-¡No quiero irme de aquí! – Oyuky empezó a lloriquear y se tiró por el suelo. Yuriko apareció con Haku y observaron tristes a Oyuky gritar que no quería marcharse de allí - ¡Yo quiero vivir contigo, tita Natsuki!

-No se puede, Oyuky – Natsuki la obligó a ponerse en pie – Tengo que ir a la mansión Ootori porque voy a ser parte de su familia y debo estar vigilando la organización de la boda. Nos veremos pronto, te lo prometo.

-¡Yo quiero vivir contigo! – Oyuky pataleó con fuerza mientras Natsuki mandaba un mensaje a Hiroshi para que fuera a recoger a las niñas. Hiroshi le respondió que ya estaba llegando, previniendo que iba a ser muy difícil que las niñas se fueran voluntariamente de la casa sin Natsuki. Oyuky tiró al suelo la maleta - ¡Ese maldito príncipe sólo te está amenazando!

-Oyuky no hables de lo que no sabes – Natsuki volvió a poner en su sitió la maleta y suspiró – Por favor, no hagáis que esto sea más difícil.

-Tita Natsuki – Yuriko se acercó a su hermana gemela - ¿No puedes venir con nosotras a vivir con tito Takashi y tito Satoshi?

-No, cariño, no puedo. Tengo que estar junto a mi prometido.

-¡Él no te quiere!

La puerta se abrió justo cuando Oyuky gritó aquello. Natsuki vio a Hiroshi, Satoshi y Takashi observando a Oyuky llorar desconsolada frente a Natsuki.

-Por favor, tita Natsuki, no te cases – Oyuky lloraba sin parar y provocó que Haku también empezara hacerlo. Yuriko, sintiendo el mismo dolor que su hermana, empezó a lloriquear en silencio mientras la observaba abrazarse a las piernas de una Natsuki afectada - ¡Por favor, no te cases con él! Nosotros te queremos mucho más.

Natsuki apartó la mirada y miró a Hiroshi, desesperada y dolida por los llantos de los pequeños ante una separación forzada por Kyouya y su padre.

-Hiroshi, por favor, llévatelas ya – ella misma estaba llorando cuando Hiroshi cogió en brazos a Oyuky y la niña empezó a gritar sin parar mientras seguía llorando – Os quiero – dijo entre lágrimas al ver que Satoshi se llevaba a Yuriko de la mano y Haku extendía sus pequeños brazos hacia ella mientras se asomaba por el hombro de Satoshi. Takashi se quedó en la puerta y miraba a Natsuki arrodillada en el suelo y llorando con auténtico dolor. Escuchó las suplicas de la chica pidiéndole que se marchara y la dejara sola.

Takashi cogió el par de maletas que había y apretó los dientes antes de cerrar la puerta y marcharse oyendo los llantos de Natsuki tras él. Miró hacia abajo, dónde estaba su coche aparcado, y vio a las pequeñas llorar en el asiento trasero y a Satoshi intentando calmar a Haku.

Sabía que Kyouya tenía que estar tras el cambio de Natsuki, y apretó con fuerza los puños tras guardar las maletas en el maletero y se sentaba en el asiento del conductor. Miró a las pequeñas por el espejo retrovisor y se enfureció al ver lo destrozadas que estaban.

-Satoshi – llamó a su hermano, que estaba intentando calmar a Haku con un juguete – Cuando lleguemos a casa quiero que llames a Mitsukuni por mí.

-¿Para qué?

-Dile que es hora de que nos reunamos. Tengo algo que comentarle.

Satoshi decidió no preguntar, sabía que aquella mirada oscura de su hermano no auguraba nada bueno.

-Mitsukuni, si no quieres hacerlo lo voy a entender – Takashi miró a las gemelas sentadas a cada lado de Hiroshi mientras observaban en silencio como Aiko intentaba calmar a Haku, ya que el pequeño se había pasado aquellas dos semanas llorando y llamando sin parar a Natsuki, quien sólo había llamado en una ocasión a Hiroshi para preguntar cómo estaban las niñas y Haku y luego no había vuelto a dar señales de vida – Sólo quería preguntarte porque eres mi amigo y serías el único que podría pararme si las cosas se ponen mal. Satoshi se quedará con las niñas y el bebé mientras Hiroshi sale con Aiko.

-¿Vas a pelear con Kyouya por esa chica? – Mitsukuni sonrió tras Takashi. Había notado muy triste a su amigo desde que se supo sobre el compromiso de Kyouya con Natsuki y él supo que Takashi podría estar sufriendo más que nadie el cambio de actitud de Natsuki a causa de una posible coacción por parte de Kyouya - ¿Crees que sea necesario hacer eso?

-Todas las noches se puede oír el llanto de Haku. Yuriko ha dejado de estudiar pese a que en Ouran tiene todo lo que ella siempre había querido. Oyuky casi no come – Takashi apretó con fuerza los puños mientras miraba a las pequeñas apoyarse en su tío – Tengo que ir por ella, Mitsukuni. Es la única que puede hacer algo útil por ellos. Yo… ya no sé qué hacer.

-Está bien, iré contigo – Mitsukuni suspiró y se puso junto a su amigo – Espero que todo esto salga bien. Ya sabes que provocar a los Ootori no es buena idea, sobre todo si es Kyouya.

Takashi asintió antes de darse la vuelta y dirigirse a su habitación para coger una chaqueta. Se aseguró de que nadie le había seguido y se acercó al armario para sacar una caja metálica con cerradura. La abrió lentamente y sonrió al ver la fotografía que Yuriko le había dado hace un par de semanas, cuando empezó en Ouran y él la acompañó a ella y a Oyuky en su primer día.

En la fotografía, Natsuki estaba apoyada sobre sus piernas mientras dormía plácidamente tras haberse quedado dormida en su habitación, el día que llegó a casa con fiebre. Takashi, sonrojado, intentaba no moverse mientras sostenía el libro que había estado leyendo a Yuriko.

"¡Sonríe, tito Takashi!" recordó que gritó Yuriko antes de sentir como sus ojos se cegaban por la luz del flash de la cámara que Yuriko había cogido prestada a Satoshi aquella misma mañana. La pequeña decidió dársela tras notar que Takashi no tenía ningún recuerdo de Natsuki y pensó que así no estaría tan triste.

-Takashi – sorprendido, miró a Mitsukuni esperando por él en la puerta - ¿Vamos?

-Claro – guardó la foto en la caja y la cerró. Volvió a dejarla en su lugar y cerró el armario mientras suspiraba - ¿Le has dicho a Hiroshi que vamos a salir?

-Sí. Dice que tu hermano le había llamado hace diez minutos y que vendrá lo más rápido que pueda para no dejar solas a las niñas ni al pequeño.

-Vale – se puso la chaqueta y miró a su amigo – Allá vamos.

Natsuki dejó que Fuyumi, la hermana de Kyouya, la arrastrara hasta el jardín para enseñarle un montón de libros sobre vestidos de novia. Salvo el vestido, el resto estaba preparado para el día de la boda.

"En poco más de un mes me estaré convirtiendo en una Ootori" pensó asustada mientras pasaba las páginas de aquella revista que Fuyumi le había dado, sin ni siquiera fijarse en los vestidos. Sólo podía pensar en los pequeños. ¿Habrían comido? ¿Estarían bien? ¿Cómo le irían a las gemelas en su nueva escuela? ¿Haku podría estar con Hiroshi sin ponerse a llorar asustado por las bromas de su tío? ¿La echarían de menos o la odiarían?

-Natsuki – Fuyumi la llamó por cuarta vez y tocó su brazo, tomando por sorpresa a la chica. Sonrió al ver que se sonrojaba y bajaba la mirada hacia la página que había estado mirando ausente durante medio minuto – Natsuki, ¿estás bien? ¿Quieres descansar?

-No, no es nada. Sólo estaba pensando – pasó la página y miró los dos vestidos que unas modelos vestían con elegancia. Aquellos vestían no le quedarían para nada bien. Ella era bajita y con pocas curvas femeninas. Kaede siempre le había dicho que ella también había tenido el mismo aspecto hasta que tuvo a las gemelas, cuando empezó a tener más pecho y sus caderas se ensancharon hasta hacer que Kaede tuviera un cuerpo envidiable. Todavía recordaba el día en que Kaede y ella iban por un centro comercial y un grupo de adolescentes empezó a silbar a su amiga de forma incómoda que hizo sonrojar a ambas.

-¿Quieres contármelo? – Fuyumi esperó a que Natsuki la mirara a los ojos para dedicarle una sonrisa sincera – Sé que mi hermano y mi padre no son, lo que se dice, muy pacientes o fáciles de tratar. Seguramente estarás estresada por todo lo que has tenido que hacer durante las dos semanas que llevas aquí.

-Sólo un poco – Natsuki, en realidad, estaba al borde del colapso. Tenía que levantarse a las seis de la mañana para acompañar a Kyouya en el desayuno y comentar, frente a Yoshio Ootori, lo planes de la boda y así dar una imagen de pareja feliz. De nueve a doce estaba bajo la tutela de Lady Windsor, que le enseñaba protocolo, inglés y cómo saber estar frente a la gente, haciéndola sentir que parecía estar preparándose para entrar en la realeza europea. De doce a tres estaba liada con Fuyumi y la organizadora de la boda repasando todo. Y de tres hasta las doce de la noche, acompañaba a Kyouya a comer, cenar o asistir a fiestas con empresarios que Kyouya o Yoshio conocían y negociaban. Todos los días había algún compromiso y Natsuki ya no sabía qué hacer para evitarlos. Para alivio suyo, Tamaki y Haruhi asistían a muchos de ellos y le hacían compañía mientras Kyouya se perdía con algún empresario para charlar sobre negocios.

-¿Echas de menos a las hijas de tu amiga? – Fuyumi vio que se sorprendía por su pregunta – Akito me contó que tu amiga era paciente suya y que tenía tres hijos. Tú les cuidabas, ¿no?

-Sí, desde que nacieron. Sobre todo a Haku, el accidente de Kaede fue cuando tenía sólo unos meses y tuve que hacerme cargo de él – Natsuki recordó al pequeño y sintió que sus ojos se humedecían - ¿Podemos cambiar de tema? Me entristece hablar de ellos.

Fuyumi asintió y volvió a centrarse en las revistas, podía notar que Natsuki estaba incómoda y triste desde que Kyouya la llevó a la casa. Sabía que la relación de su hermano con Natsuki no era cómo ella pensaba. Se comportaban con frialdad cuando nadie estaba cerca y sonreían falsamente cuando alguien les adulaba por hacer una pareja tan hermosa.

-Señorita Noro – la jefa de servicio se inclinó ante Natsuki y Fuyumi – Lamento la interrupción, pero alguien quiere verla.

-¿Quién? – preguntaron ambas, sorprendidas. Natsuki no había recibido durante el tiempo que estaba en la mansión Ootori ninguna llamada o visita.

-Los señores Morinozuka y Haninozuka – Natsuki se puso en pie rápidamente – ¿Dónde va a recibirles?

-A…. – estaba sin habla, jamás habría imaginado que Takashi fuera hasta allí. Sin poder evitarlo, pensó que había sucedido algo malo y se asustó – Tráigalos aquí – lo mejor era estar lo más alejados posibles de miradas indiscretas que la vigilaban constantemente.

-De acuerdo.

Natsuki, nerviosa por encontrarse con Takashi y que éste le diera malas noticias, se sentó mientras inspiraba profundamente e intentaba calmarse. Miró a Fuyumi y vio en los ojos de su única amiga en aquella casa algo de comprensión.

-Os dejaré a solas – Fuyumi se puso en pie y sonrió – Hasta luego, Natsuki.

Iba despedirse de Fuyumi cuando vio a Takashi acercarse a ella seguido por Mitsukuni Haninozuka, el mejor amigo del mayor de los Morinozuka. Tragó saliva al ver su expresión sombría y se puso en la peor de las situaciones.

-Natsuki – Takashi miró en silencio a Natsuki mientras Fuyumi se marchaba en silencio. Se quedaron mirando uno segundos, si saber que hacer o decir – Yo venía para…

-¿Los niños están bien? – Natsuki se puso en pie y se acercó a Takashi – Takashi, por favor, si ha pasado algo malo dilo – esperó a que él hablara - ¿Es eso? ¿Ha pasado algo malo?

-Más o menos – Takashi vio la expresión de horror de Natsuki – No ha sido ningún accidente ni nada parecido, las niñas están bien físicamente y Haku también. El problema es...

-¿Sí? – Natsuki esperó durante largos segundos mientras miraba a Takashi ansiosa por saber cuál era la razón que le había llevado hasta la mansión Ootori y cinco miembros de seguridad estuvieran monitoreando toda la conversación - ¡Habla, Takashi!

-Yo venía para llevarte a mi casa – vio a Natsuki parpadear varias veces mientras asimilaba sus palabras – Las gemelas están desesperadas. Haku no deja de llorar, no quiere a nadie más que a ti. Aiko casi no duerme p0r estar cuidándolo a todas horas. Satoshi ha tenido que ingeniárselas para que estén entretenidos mientras yo estoy aquí y Hiroshi sale con Aiko. Yo he tenido que dejar mi puesto como asesor legar y como tutor a tiempo parcial en la universidad para estar con ellos. No sé qué más... – Takashi vio a Natsuki sonreír y se sorprendió - ¿Qué pasa? ¿He dicho algo gracioso?

-¿Has... – Natsuki se limpió una lágrima y sonrió – dejado que Hiroshi y Aiko salgan juntos? ¿Cómo novios?

-Bueno, hoy era su primera cita. No sé si vayan a llegar a ser novios o... – se calló al notar como Natsuki se colgaba de su cuello y le abrazaba mientras lloraba - ¿Ahora porqué lloras?

-Porque has hecho lo que te pedí – se alejó de Takashi y vio que estaba sonrojado - ¡Gracias, Takashi!

-Bueno, eso no importa. Yo quería hablar de los niños.

-¡Ah! Si, sobre eso… - Natsuki suspiró – He intentado convencer a Kyouya para que me deje verlos dos veces por semana y después de la boda vivir con ellos en una casa que he comprado lejos de este lugar. No le hace mucha gracia hacerse cargo de los hijos de otras personas, pero le he dicho que no pienso tener un heredero suyo hasta que acepte.

-Natsuki, ¿te estás escuchando? – Takashi se puso furioso. Veía ante él a una persona completamente diferente a la que había conocido y de la que Hiroshi presumía ante él como si fuera su orgulloso hermano mayor. La Natsuki que él creía conocer no haría lo que Kyouya quisiera, Natsuki conseguiría que fuera Kyouya quien hiciera todo lo que ella deseara - ¿Ya has cambiado de opinión sobre casarte con Kyouya?

-No entiendes lo que está pasando, Takashi – la sonrisa de Natsuki había desaparecido – Hay cosas que no puedo contarte que tienen que ver con todo esto.

-¿Es por Kaede? – vio que Natsuki abría los ojos – La semana pasada, haciendo caso omiso a tus órdenes de no ir a visitar a Kaede, fui con Hiroshi. Menuda sorpresa nos llevamos al saber que la habían trasladado a otro hospital y que la información era confidencial, incluso si Hiroshi es el único pariente que Kaede tiene.

-Takashi, no te entrometas en esto o…

-¡Natsuki! Soy un hombre muy intuitivo y sé cuándo una persona está siendo coaccionada para que haga algo que no quiere, y tú, por mucho que intentes simularlo, no quieres casarte con Kyouya.

-¡Takashi, no sigas!

-¡Si seguiré porque has dejado de lado a tres niños que te necesitan!

-¡Yo no les he dejado de lado! – Natsuki golpeó a Takashi en el estómago, enfureciéndose aún más al ver que él no parecía haber notado el golpe tanto como su puño enrojecido - ¡Maldita sea, Takashi, vete antes de que me metas en problemas con Kyouya y su padre!

-¡No voy a irme de aquí sin ti!

Mitsukuni apareció junto a varios guardias y Fuyumi. Advirtió a Takashi que se tranquilizara y luego a Natsuki para que no siguieran gritando. Ambos se miraban, restándose el uno al otro.

-Ven conmigo, Natsuki, sé que quieres hacerlo.

-No tengo otro lugar al que ir, salvo esta casa. Kyouya vendió mi casa cuando me mudé a este lugar.

-Sí que tienes un hogar: el mío – Natsuki se sonrojó igual que Takashi – Satoshi, Hiroshi, Aiko, Oyuky, Yuriko y Haku. Dónde estén ellos siempre tendrás un hogar. Ven conmigo, yo me encargaré de Kyouya y su padre.

-Pero, Kaede, ella…

-Kyouya puede llegar a ser un auténtico demonio, pero te puedo asegurar que no hará nada a Kaede, mucho menos si sabe que va a hacerte enfadar y entonces su perfecta boda puede llegar a ser el escándalo del año, afectando a sus negocios.

-Natsuki – Fuyumi se acercó a ella – Mira, me hace feliz que mi hermano pequeño vaya a casarse con alguien como tú, pero desde que estoy aquí he visto que no eres feliz. ¿Por qué no te vas con Takashi? Parece preocupado por ti y los niños de tu amiga – Fuyumi sonrió a Takashi – Y no os preocupéis por mi padre y mi hermano, yo hablaré con ellos.

-Venga, Natsuki… - la animó Mitsukuni con una sonrisa – Ven con nosotros. Hablaremos con Tamaki, Haruhi, Kaoru y Hikaru, si estamos todos unidos podremos con Kyouya. Y los pequeños estarán felices de verte.

-¿Qué dices? – Takashi miraba a Natsuki - ¿Vienes o tengo que llevarte a la fuerza?

Kyouya cerró la puerta de su habitación con un golpe seco, apretando los dientes con fuerza mientras intentaba controlar su enfado. Se giró y miró a su hermana con una mirada fría, no estaba para nada contento de que Fuyumi hubiera sido quien dejara que Natsuki se marchara con Mori y Honey mientras él estaba trabajando.

-¿Sabes lo que has hecho, Fuyumi? – se acercó a su hermana – Acabas de avergonzarme, junto a Natsuki, Takashi y Honey, frente a todo el país. ¡Todo el país!

-Tranquilízate, Kyouya. La he dejado ir porque el joven Haninozuka me dijo que los hijos de la amiga de Natsuki la echaban de menos, y ya sabes que los niños son mi punto débil.

-Si, lo sé, igual que lo sabía Honey y por eso te lo dijo mientras Mori convencía a Natsuki de que se fuera con él – se sentó en su cama – Todo el plan tirado a la basura. Y lo peor de todo es que Akito no quiere responder a mis llamadas.

-¿Akito? ¿Qué pasa con él?

-Akito está en Suiza, cuidando de la amiga de Natsuki. Kaede despertó hace dos días.

-¡¿Qué?! – Fuyumi se sorprendió al enterarse que la amiga de Natsuki había despertado del coma - ¡¿Y no se lo has dicho a Natsuki?! ¡Tiene que saberlo!

-No puedo – Kyouya suspiró – Se suponía que Natsuki se quedaría en casa hasta el día de la boda. Kaede aparecería antes de la ceremonia y yo… - Kyouya se dio cuenta que estaba hablando de más – Olvídalo, ya no va a servir de nada contártelo. Padre va a matarme en cuanto se entere que Natsuki se ha marchado.

-Natsuki sólo se ha ido de casa, no ha roto el compromiso ni nada parecido.

-Fuyumi, ¿viste a Takashi con Natsuki? – Kyouya miró a su hermana.

-Sí, claro, ambos estuvieron hablando y discutieron un poco antes de que la convenciéramos para que se fuera.

-Entonces, y si tu sexto sentido de mujer no te falla, te habrás dado cuenta que Takashi no está ayudando a Natsuki sólo porque esté preocupado por ella como amigo. Takashi está enamorado de Natsuki, y estoy empezando a sospechar que ella lo está de él.

-Pero… - Fuyumi se sentó junto a su hermano - ¿No te molesta eso? Ahora están viviendo bajo el mismo techo.

-Lo sé – Kyouya se puso en pie – Voy a darme una ducha y voy a hablar con Natsuki después de que termine algunos asuntos. Si el plan sale mal, voy a tener que casarme con Natsuki a la fuerza, quiera ella o no.

-¿No podrías encontrar una forma de que papá anule la boda?

-Ya le oíste, quiere una boda entre un Ootori y una Noro, sea como sea.

Kyouya se quitó la corbata mientras iba al baño de su habitación, pensativo, buscando una solución para la situación en la que se encontraba. Paró de caminar y se giró hacia Fuyumi con el ceño fruncido.

-Hermana…

-¿Sí, Kyouya?

-Tengo un plan – Kyouya sonrió – Si padre quiere una boda, eso es lo que va a tener.

Fuyumi iba a preguntarle en qué estaba pensando, pero Kyouya se metió en el baño y la dejó con la boca en la palabra. Suspiró mientras negaba con la cabeza y se ponía en pie para irse a su propia habitación y esperar allí a que llegara su padre. Llamaría a su marido y le recomendaría que atrasara el viaje, ya que la situación en su casa con su padre enfurecido al enterarse de que Natsuki se había ido y con Kyouya actuando tan misteriosamente no sería un buen momento para anunciar a la familia que estaban esperando su primer hijo.

-Este mes va a ser muy estresante.