Yashiro

Estaba temblando, si pudieran ver su interior sus circuitos estaban a punto del colapso. Todos en la tienda le tenían miedo, no eso era decir poco, quedarse muy lejos del verdadero sentimiento. Terror profundo, pánico a ser el elegido.

Había escuchado los rumores, él siempre volvía, con su apariencia cándida y bondadosa escondiendo tras esa dulce fachada, una terrorífica verdad. Llegaba una y otra vez, dando a las pobres víctimas su verdadera cara. Así como habían existido piratas y corsarios conocidos como los terrores de los siete mares, él era conocido como el terror de la tecnología. El azote de los circuitos.

No se sabía por qué, pero eran muchos los rumores de sus innumerables compañeros muertos en batalla por sus propias manos. No, bueno, no se podía llegar a decir abiertamente la palabra asesinato, pero cerca estaba. Pero había que ser justos, también había que decir que el aludido hacía todos los intentos habidos y por haber, posibles y llegando hasta los improbables, para evitar tan cruel y sarcástica situación. Pero no había modo de hacerlo y ahí estaba otra vez, hablando con el encargado, que si las ventajas de cierto modelo, la cámara, el pixelaje, la memoria, las funciones, las apps... Hablaban de ellos como si no tuvieran vida.

Pero lamentablemente la mala suerte nos llega a todos aunque sea una vez en la vida y ese fatídico día le había llegado precisamente a él. "Ese come celulares, funde circuitos" lo había elegido a él. Bueno, si iba a morir, sería con gracia y elegancia...

—¿Qué pasa, Yashiro? ¿Algo no anda bien con tu nuevo celular? —preguntaba una voz al percatarse del ceño fruncido de su amigo.

—No lo entiendo, Ren — moviendo la cabeza negativamente de un lado a otro—, en la tienda todo bien cuando lo elegí. Pero ahora —suelta un suspiro frustrado— ahora por más que lo intento, por más que cambio la melodía, no puedo hacer que deje de sonar la marcha fúnebre...