Capítulo iv: "Nueva prometida"
Esa mañana todos en la pensión se levantaron temprano, desayunaron normalmente y se dirigieron a la estación de trenes para emprender su viaje a Izumo, como era temprano Horo, Ryu y Pilika aprovecharon de dormir, pero en cambio Ren, Tamao e Yoh tenían tantas cosas en su cabeza que no lograban dormir, después de unas horas estaban llegando a su destino, el castaño estaba un tanto ansioso, necesitaba ver a Anna y saber que ella estaba bien.
Cuando iban llegando a la mansión Asakura fueron recibidos por los ancianos de la familia, al grupo le extraño un poco que junto a ellos no se encontrara la rubia —. Hola abuelos ¿Dónde está Anna? — preguntó de inmediato su nieto.
— Por ese tema los mandamos a llamar, pero será mejor que entremos.
Sin perder tiempo los jóvenes siguieron a los ancianos hasta la sala.
— Abuelos ¿le ocurrió algo a Anna? — Los miraba atentamente pero estos seguían sin darle ninguna información sobre la itako, sus amigos no intervenían pero se mantenían atentos ante cualquier respuesta.
— Si estás tan interesado por saber será mejor que nos acompañes, tú también Tamao, este tema también te incumbe. — Ante la mirada de los otros shamanes los dos ancianos juntos a los jóvenes se retiraron de la habitación.
— ¡Pero qué mal educados son! Mira que irse así de aquí y dejarnos con la duda de lo que está ocurriendo — opinó con fingida indignación el peli-azul.
— ¿Tienes que ser tan entrometido? — dijo Ren, bastante molesto.
— ¿Dime que tú no quieres saber lo que está pasando con esa bruja? — cuestionó el joven, esta vez su amigo tenía razón, se había preocupado al no sentir la presencia de la rubia y mucho más al escuchar que los abuelos tenían que hablar precisamente de ella.
— Espero que no le haya ocurrido nada malo a Doña Anna — decía Ryu.
— Todos aquí queremos saber qué pasó con Anna pero lo mejor será esperar ¿no es así Ren? — La muchacha le dirigió una dulce sonrisa que hizo que el joven de ojos gatunos se sonrojaba levemente y volteara a ver a otro lado.
— ¡Ay, Pilika! ¿Por qué tienes que apoyar al chinito y no a mí? — reclamaba un tanto molesto el aniu.
— Porque tú eres peor que una vieja chismosa — contestó su hermana mientras le mostraba la lengua.
— Jajaja hasta tu hermana te lo dice Joto-Joto — comentó con burla Ren.
Afuera de la mansión y escondiendo su presencia se encontraba Hao, quería saber las explicaciones que los ancianos le darían a Yoh, lo más probable es que su hermano al enterarse de que la rubia estaba con él no descansaría hasta encontrarla, por lo que debía estar preparado ante cualquier inconveniente.
— Como ya te diste cuenta Anna no se encuentra en la mansión— dijo seriamente la anciana mientras se sentaba y le pedía a los demás que hicieran lo mismo.
— Si, si lo note abuela pero ¿Por qué no está aquí? — Realmente esperaba que le dijeran que no se preocupara, que su prometida estaba bien y si no se encontraba ahí era porque estaba entrenando o algo por el estilo.
— Hace unos días que se marchó de aquí y no le dijo a nadie a donde iba.
¿Qué? como su abuela podía decir eso con tanta tranquilidad —. ¿Por qué nadie me aviso que Anna se había ido? — Tamao se sorprendió al escuchar la dureza con que el moreno le hablaba a sus abuelos, claramente él estaba muy preocupado por la muchacha.
— Será mejor que te calmes Yoh, no tienes por qué hablarnos así — respondió Yohmei.
Esto era el colmo, ¿Cómo podían pedirle que se calme? si hace días que nadie sabía dónde se encontraba su prometida.
— Tu abuelo tiene razón y si no te avisamos antes fue porque no lo creímos conveniente.
Sin duda sus abuelos habían perdido la cabeza pensaba el muchacho.
— ¿Qué? ¿Quieren decir que mi prometida se fue a quien sabe dónde y a ustedes no les parece conveniente decirme? — cuestionó evidentemente enojado.
Hao miraba con atención la reacción de su hermano, se imaginaba que si ya se encontraba enojado por eso su furia aumentaría al enterarse de que sus queridos abuelos habían permitido que la sacerdotisa se quedara con él.
— No vinimos aquí precisamente para hablar de la desaparición de Anna sino de un tema más importante y que los incumbe a ambos — dijo la anciana ignorando las preguntas de su nieto —. Yoh tu compromiso con Anna esta anulado. — El aludido quedó sin palabras, los miraba con incredulidad, no creía lo que le acababa de decir su abuela —. Así que partir de ahora tu prometida es Tamao. — Al escuchar esto el corazón de la peli-rosa se detuvo ¿Era posible? ¿De verdad su más grande sueño se haría realidad?
— Abuela no puedes estar hablando en serio, Anna es MI prometida, no puedes anular el compromiso sólo porque ella se fue — explicó sin pensar que sus palabras podían y habían lastimado bastante a la pobre chica que se encontraba ahí —.Tal vez le sucedió algo, déjenme ir a buscarla y hablaremos sobre esto después. — empezó a ponerse de pie dispuesto a salir de esa habitación e ir a buscar a la rubia pero la voz de su abuelo lo detuvo.
— Yoh esta decisión ya le fue comunicada a Anna. — Entonces ella ya lo sabía, pero ¿por qué no había intentado hablar con él? Se preguntaba —. Es por esa razón que no la detuvimos cuando decidió irse.
— Debes comprender que ella ya no tiene ninguna obligación con esta familia y te prohíbo que intentes buscarla. — Las palabras de la anciana eran demasiado duras —. Ahora tu prometida es Tamao y le debes respeto. — El muchacho no quiso escuchar más, sin pedirle permiso a nadie salió de ahí.
— "¿Por qué no le habrán dicho toda la verdad?" — pensaba el pelilargo, le resultaba extraño que le ocultarán a su "hermanito" que él, el gran Hao Asakura se encontraba con vida y que más encima tenía junto a él a Anna.
Aún dentro de esa habitación se encontraba una muy triste chica, cuando por fin creía que su más añorado sueño podía volverse realidad caía en cuenta de que el hombre que tanto ama estaba enamorado de otra, siempre pensó que el castaño sólo cumplía con las ordenes de la itako porque le tenía miedo pero no era así.
— Señora Kino, señor Yohmei, con todo respeto ¿están seguros de su decisión? — preguntaba cabizbaja la peli-rosa.
— Claro que si muchacha, ahora tú eres la prometida de mi nieto y por lo tanto espero que te comportes como tal. — La chica sabía que el moreno no podía oponerse a las decisiones de sus abuelos, así que quizá si tenía una oportunidad, ahora ella era la prometida de los Asakura y como fuese intentaría enamorar al castaño.
Por su parte Yoh no daba crédito a todo lo que había conversado con sus abuelos, ellos no podían de un día para otro cancelar su compromiso con Anna e imponerle una nueva prometida sin siquiera pedir su opinión, después de todo era su vida de la que hablaban ¿o no?, se sentía frustrado y confundido.
— "¿Dónde estás Anita?" — se preguntaba el castaño, probablemente a ella no le importaba que ya no fuesen prometidos, después de todo ella se había ido de ahí y ni siquiera había intentado comunicarse con él, siguió caminando y sin darse cuenta llego donde se encontraba sus amigos quienes lo miraban fijamente.
— ¿Ocurrió algo malo con Anna? —preguntó directamente el shaman de ojos dorados.
Las palabras no querían salir de su boca, pero sin mirarlos intento hablar —. Hace días que ella se fue de aquí y nadie sabe a dónde.
Todos lo miraban incrédulos.
— ¿Qué? ¿Cómo que se fue?... ¿Por qué? — El joven chino se escuchaba molesto, algo grave debió suceder para que ella se haya marchado de ahí y ¿por qué nadie les aviso antes?
— Yo... Realmente no quiero hablar de eso ahora. — Sin decir más se fue, necesitaba estar solo para pensar en todo lo sucedido, Ren iba a detenerlo pero Horo no se lo permitió.
— ¡¿Pero qué te pasa, idiota?! — decía furioso el joven de ojos gatunos, necesitaba saber lo que había sucedido.
El shaman del hielo también estaba preocupado pero por la cara que tenía Yoh era mejor no insistir, se notaba que éste necesitaba tiempo a solas —. Tú mismo lo dijiste chinito, no debemos entrometernos.
Antes que Ren pudiese decirle algo fueron interrumpidos por la presencia de la peli-rosa —. Tamao ¿podrías decirnos qué querían con ustedes los abuelos de Yoh? — preguntó Pilika mientras miraba como ésta se sentaba junto a ellos.
La aludida dudaba si debía decírselos o no, pero igual tarde o temprano se enterarían —. Ellos le comunicaron al joven Yoh que su compromiso con la señorita Anna estaba anulado. — Frente a estas declaraciones todos la miraban con evidente asombro —. También aprovecharon para anunciarle que ahora yo soy su prometida.
— No pueden hacer eso ¿qué pasará con Anna? — cuestionó furioso el shaman de pelo purpura.
— Ren, no le grites a la linda Tamao, ella no tiene la culpa — mencionó un poco molesto Ryu al ver como el otro joven se dirigía a la peli-rosa.
— No se preocupe joven Ryu, yo entiendo. — La chica se esperaba una reacción así por parte del shaman, después de todo él era uno de los más cercanos a la rubia —. La señorita Anna ya sabe sobre esto, es por eso que decidió irse — explicó la muchacha, ahora entendían la actitud de Yoh, sinceramente no esperaban encontrarse con esa noticia. Ren por su parte no quiso escuchar más por lo que salió de ahí muy enojado —. ¿N-no me van a felicitar? — preguntó tímidamente la chica, necesitaba el apoyo de los que creía sus amigos también, después de todo esto tampoco era fácil para ella.
— Claro que si Tamao, ¡felicitaciones! — dijo alegremente Pilika mientras la abrazaba, ella estaba consciente al igual que todos ahí que la peli-rosa estaba enamorada de Yoh.
— Muchas gracias señorita Pilika.
— ¡Ay linda Tamao!, ¿Estas segura de que no quieres casarte conmigo? — Ryu no perdía la oportunidad de insinuársele a la muchacha, él era totalmente leal a doña Anna como le decía, pero estaba consciente de que la joven de rosados cabellos no tenía la culpa de lo que sucedía.
— Amigo será mejor que te controles, ahora Tamao es la prometida de Yoh así que no intentes pasarte de listo — dijo el peli-azul mientras se acercaba a la joven para felicitarla.
Lejos de ahí y mirando el cielo se encontraba una joven de rubios cabellos y piel blanca, aunque se encontraba en compañía de Opacho ese día se había aburrido mucho, aunque no quería aceptarlo extrañaba al shaman del fuego —."¿Qué cosas tan importantes estará haciendo que se demora tanto en regresar?" — pensaba la joven. Cerca de ahí estaba Elliot, observándola atentamente, había decidido acercarse a la muchacha pero la presencia de tres mujeres lo detuvo.
— Matti, Mari miren nada más a quien tenemos aquí — dijo con desprecio una mujer con un cigarrillo en su boca, era delgada y de cabello azulado.
— Mari no entiende que hace esa mujer afuera de la casa del señor Hao — mencionó una rubia de ojos verdes que llevaba el pelo amarrado en dos coletas.
— Tienen razón ¿Por qué estas con el señor Hao? — preguntó duramente otra joven de cabellos anaranjados quien tenía una escoba en sus manos.
Anna las miraba seriamente, al parecer esas chicas la conocían y aunque no las recordara podía darse cuenta de que ellas no le tenían mucho aprecio —. Se puede saber ¿Quién diablos son ustedes? Y ¿Por qué me hablan así? — cuestionó la sacerdotisa con el tono más frío que pudo.
— Señorita Anna ellas son las hanagumi — respondió Opacho.
— Nosotras somos las chicas de Hao ¿Acaso lo olvidaste? — le dijo burlonamente la peli-azul.
«"Las chicas de Hao"» eso no suena nada bien pensó la rubia de ojos negros —. Pues Hao no está y será mejor que no me molesten. — Sin duda el comentario de esa mujer la hizo enojar ¿será que estaba sintiendo celos?, ¡pff por supuesto que no! Eso sería una estupidez.
Parecía que se estaban matando con la mirada, Opacho estaba en medio intentando calmar los ánimos, su señor Hao le había pedido que cuidara de la rubia, así que no podía permitir que el trío de la flor le hiciese daño, de repente Anna sintió un fuerte dolor de cabeza, a su mente empezaban a llegar los no muy amables pensamientos de esas tres chicas, cada uno de estos estaba tan cargado de odio y desprecio, llevo sus manos a su cabeza mientras caía de rodillas al piso.
— Vaya, vaya, vaya, pero ¿qué le pasa a la gran Anna Kyōyama? — comentaba con burla Kanna.
— ¡Será mejor que te calles estúpida! — le gritaba furiosa la rubia mientras intentaba ponerse de pie, tenía suficiente con el dolor que estaba sintiendo como para aguantar las ridiculeces que le decía la mujer de cabello azul.
— ¡¿A quién le dices estúpida?! ¡Maldita mocosa! — Siempre detesto a esa rubia, no entendía que veía Hao en ella, solo era una débil mujer —. Te enseñare a tener más cuidado con lo que dices. — Una pequeña y maliciosa sonrisa se formó en su rostro —. ¡Ashcroft! — Al decir esto un espíritu con una gran armadura apareció.
Hao ya había visto y oído todo lo que necesitaba, no entendía muy bien que pretendían esos ridículos ancianos, por eso se había ido lejos de la mansión Asakura a pensar un poco, pero ya llevaba mucho tiempo ahí —. Lo mejor será regresar — se dijo mientras bajaba del árbol donde estaba —. "Anita me debe extrañar" — pensó burlonamente, estaba emprendiendo su camino de regreso cuando alguien lo ataco.
— Lo siento pero no podrás irte — le dijo un joven alto de tez blanca y pelo verde, mientras lo veía esquivar su ataque.
— Jajaja ¿y con ese ataque tan débil piensas derrotarme? — cuestionó el pelilargo observándolo desde el imponente espíritu del fuego.
— Lo intentare ¡así que prepárate! — le gritó Henry al mismo tiempo que le lanzaba otro ataque.
Hao bloqueaba fácilmente cada uno de los intentos del joven por dañarlo, claramente él sería el ganador de esta pelea —. Aún no me dices tu nombre, digo como para saber a quién eliminaré hoy — dijo el pelilargo mientras le mostraba una cínica sonrisa llena de superioridad.
— Jajaja tienes razón ¿Dónde están mis modales?, mi nombre es Henry.
— Muy bien, entonces empieza a despedirte Henry. — Estaba a punto de dar su golpe final cuando un pensamiento lo detuvo.
— "Por lo menos logre alejarte unos minutos de esa sacerdotisa."
¡Demonios! Así que todo había sido un plan para distraerlo.
— Ya terminaremos esto tú y yo — dijo el moreno antes de marcharse, no podía perder más tiempo, tenía que ir a ver que Anna estuviese bien.
