Tratando de crecer
Rinoa
"Fashion victim"
-Squall, ¿cómo te sientes?- preguntó la joven bruja, mirando a su novio con cariño y preocupación.
El aludido pareció sentirse confundido ante la pregunta, pues miró a la joven con ojos desenfocados y los labios entreabiertos. Finalmente, se espabiló y respondió con un dudoso "bien".
Rinoa, poco convencida, se disponía a insistir un poco más, pero fue interrumpida por una voz femenina que la llamaba.
-¡Rin!- exclamó una castaña con finas mechas de color rubio claro, muy bien vestida con unos pantalones blancos, remera roja y accesorios (que incluían zapatos, cinturón, boina, bolso y bisutería) que combinaban ambos colores. -Ah... Comandante.- agregó con una mezcla imposible de sequedad y coquetería.
-Dana, ¡qué sorpresa!- exclamó la muchacha de azul. -Nos vemos, Squall.- se despidió y creyó haber oído un suspiro y un saludo mientras se alejaba, tomada del bracete con su nueva amiga.
-¿Sigue siendo un cubo de hielo? O sea, no me quiero meter...- comenzó, mostrando obvias intenciones de hacer todo lo contrario. -... pero, ¿qué le pasa? O sea, hello, ¡mírate! ¡Eres como una princesa de esos cuentos de hadas!-
-Por favor, Dana, ¡qué dices!- la censuró Rinoa, queriendo contener la amplia sonrisa que siempre se formaba en su rostro cuando alguien le decía algo halagador. Ante la respuesta de "sólo la verdad", la terminó de acallar. -Mira, vayamos de compras a Deling antes de que se me ocurra tirarte maniatada y de cabeza a la Zona de Entrenamiento.-
-¡Seguro, perra!- soltó la castaña con una risita.
Rinoa aún no se había acostumbrado del todo al tratamiento, pero ya no le parecía tan ofensivo como al principio de su amistad. Incluso solía usarlo en contadas ocasiones.
Dana, sacando su teléfono celular de su bolso, agregó. -Avisaré a las demás, ¿sí? ¡Fiesta de compras!- Rinoa asintió con una sonrisa.
La joven hechicera, mientras avanzaba a paso decidido hacia el garaje a buscar el convertible que el general Caraway le había comprado, pensaba que ella nunca había ido de compras con Selphie o Quistis, excepto por alguna que otra arma o poción. Con Dana y las demás era, sin lugar a dudas, mucho más divertido salir, aunque el término "fiesta de compras" le parecía algo cursi y un poco… superficial quizás, pero descartaba esos sentimientos, es decir, está muy mal criticar a tus amigas, ¿no?
Además, ellas eran más de su estilo: todas eran hijas de familias militares de gran renombre en el continente de Galbadia, que habían sido enviadas al Jardín de Balamb para evitar que fueran convocadas a la guerra en caso de que surgiera. El J-Balamb también era una academia militar, pero las probabilidades de que la pequeña isla de Balamb entrara en algún conflicto armado eran mucho menores que las del amplio continente de Galbadia.
Finalmente, para cuando llegaron al estacionamiento, ya habían llegado las demás integrantes del exclusivo grupo: Parfeid, de largo cabello rubio, lacio y suave como una sábana de seda, vestía una minifalda a cuadrillé celeste, zapatos de tacón y demás accesorios del mismo color -entre los que resaltaba un pañuelo, de los que tenía uno de cada color y con los que siempre complementaba sus atuendos- y una camisa blanca de mangas cortas; Hailey, de cabello similar al de Rinoa (aunque ella juraba y perjuraba que tenía ése estilo desde antes de conocer a la novia del Comandante), vestía un jean con apliques de brillante, una remera strapless color rosa y una chaqueta blanca, zapatos, bolso y accesorios de color rosa; finalmente, Omani -la única de ascendencia negra del grupo-, había trenzado su cabello de manera que sus rizos castaños estaban casi adheridos a su cabeza, su vestimenta era étnica y en colores tierra (pues la moda de Dollet así lo dictaba para este año y todo fashion victim que se preciara de tal, sabía que en Dollet se usaba lo que estaba más a la vanguardia), compuesta por una pollera larga con mucho vuelo y una remera ancha (que ella había anudado a un lado para realzar su figura) y sandalias decoradas con piedras de colores llamativos.
Todas las jóvenes eran bellas y tenían muchos admiradores dentro y fuera del Jardín, hecho que ellas no dejaban de saber y del cual se aprovechaban, porque hubiera sido un desperdicio perder oportunidades así.
Rinoa, que había reemplazado su demacrada ropa de combate por una minifalda blanca, camisa, zapatos, bolso, bisutería (pues ahora no salía de su habitación sin adornarse) y reloj color azul cielo, saludó a todas las presentes con un abrazo y un beso en la mejilla.
-¡Vamos de compras!- exclamó, subiendo a su coche y poniéndolo en marcha, mientras las demás lanzaban un gritito de emoción al unísono y subían a disfrutar la tarde.
Tras tomar el tren bala en la ciudad de Balamb, pasaron el resto día en la Gran Ciudad, Deling. Almorzaron y tomaron sus meriendas allí, compraron hasta que sus tarjetas de crédito quedaron calientes y, cuando finalmente decidieron que ya se estaba haciendo muy de noche como para comprar, Dana propuso salir a los clubes nocturnos. Idea con la que todas estuvieron de acuerdo, por supuesto.
Rinoa llamó al Jardín y le pidió a Squall permiso para que ella y sus amigas pernoctaran fuera.
-Rin, sabes que tienen que estar aquí y firmar los permisos...- recordó el joven tras largar un suspiro cansado.
-Lo sé, amor, pero no habíamos planeado pasar la noche en Deling. Por eso, te pido que tuerzas un poco las cosas: firmaremos los papeles mañana, tú escribe la hora en la que nos vimos esta mañana y todo estará bien.- presionó un poco la joven.
-Rinoa, sabes que no puedo hacer eso. No sean tontas, vuelvan ahora y hagan las cosas bien; pueden salir mañana.-
-Siempre me haces lo mismo, Squall, ¡siempre! Si no quieres que salga con mis amigas, dilo de una vez por todas.- Rinoa, desesperada, comenzó a hacerle un berrinche a su novio: sabía que no iba a negarle esto si ella jugaba bien sus cartas.
Conteniendo la respiración, la bella bruja escuchó un suspiro del otro lado de la línea y un silencio le prolongó entre ambos.
-De acuerdo, pero estén aquí antes de las 8 a.m. o tendrán problemas.- murmuró el maestro del sable-pistola, rindiéndose.
-¡Gracias, gracias, gracias, querido! ¡Por eso te amo tanto!- exclamó la morena. La conversación no se prolongó mucho más, entre despedidas y apodos cariñosos.
Una vez finalizada la llamada, las cinco jóvenes comenzaron a arreglarse y prepararse en la habitación que habían alquilado en el hotel de Deling. Volaron almohadas, medias de nylon y algún que otro calzón; se intercambiaron maquillajes, ropas que habían comprado, zapatos, chismes y críticas sobre sus vestimentas.
-Listas para la acción, chicas.- dijo Parfeid en un tono seductor y haciendo una pose provocativa, por lo que todas rieron y salieron ruidosa y alegremente a recorrer los clubes de la ciudad.
-¡Oh-por-Hyne!- exclamó Dana dramáticamente. Las demás jóvenes se aglomeraron frente a la ventana del bar a través de la cual miraba la primera. -Es mi ex-novio, Reishard Finegan Trenaway Tercero.- aclaró con un tono afectado.
-¿No es esa su ex-ex-novia?- preguntó Hailey, señalando a una joven alta y delgada, no muy agraciada pero vestida de manera sugestiva, que hablaba con el joven mencionado.
-¿Me dejo por... eso?- preguntó la castaña con disgusto, refiriéndose a la muchacha.
-Desgraciado.- murmuró Parfeid, abrazando por los hombros a Dana.
-Entremos.- propuso Omani. -Tienes que darle su merecido al bastardo, Dana, ¡no puedes quedarte aquí de mal humor mientras él está allí lo más fresco!-
Todas estuvieron de acuerdo, pero Rinoa dudó un momento.
-¿Qué es lo que vamos a hacer?- preguntó, mirando a cada una.
-Ya verás, tú sólo síguenos la corriente, Rin.- respondió Hailey, tomándola del brazo y dirigiéndola hacia la entrada.
El club estaba tenuemente iluminado, pero se podía distinguir al antiguo novio de Dana y a su nueva pareja en la barra del bar, besándose como si no necesitaran respirar. El grupo de cinco se ubicó en una mesa esquinera, suficientemente cerca como para que él pudiera verlas, pero no tanto como para ser muy obvias. Pidieron bebidas a un maître que se acercó a ellas y las esperaron charlando sobre el plan.
-Ya nos vio. ¡Ja! ¡Qué idiota tan obvio!- rió Dana con ironía, luego miró a su derecha. -¿Empezamos tú y yo, Parfeid?-
-Seguro, perra.- respondió la aludida, guiñándole un ojo y guardando el pequeño estuche de cosmético con el que retocaba su maquillaje. La joven bruja vio a la primera deslizar una mano por debajo de la mesa, por lo que la segunda se sobresaltó un poco pero no hizo nada al respecto.
Rinoa aún no comprendía (o no quería hacerlo) muy bien qué iban a hacer las chicas, pues (a pesar de haber salido con ellas a clubes) nunca se había visto en esta situación; aun así, se juró que iba a seguir la corriente, fuera lo que fuera.
Trajeron el licor y continuó la conversación, intercambiando charla con sorbos. Una vez que hubieron terminado sus tragos y dos rondas más, Omani propuso ir a bailar y comenzar con el plan de una vez.
-No puedo esperar a ver su cara de idiota cuando las vea.- rió, ajustando una de sus trenzas cosidas.
-Ni yo.- agregó Dana. -No puedo creer que le haya dado mi virginidad.- Rinoa escupió dentro del vaso de su trago. Las demás rieron y ella se unió, aunque sintiéndose algo incómoda. ¿Cómo podía decir eso sin más?
-Tranquila, Rin, venga, termina ése trago que aquí tengo otro esperándote.- canturreó Hailey balanceando un vaso con un líquido rosa brillante dentro.
Antes de que pudiera darle una respuesta a su cuestionamiento, el grupo ya estaba bailando con mucho ánimo y se notaba que realmente se sentían divertidas y de buen humor, más allá de la constante y mal disimulada mirada del ex de Dana. La pelinegra bebía y bailaba, ¡cómo le gustaba bailar! Especialmente con ése efecto del alcohol de ralentizar los sentidos, le llamaba mucho la atención la forma en que las luces parecían eternas.
Sin embargo, Rinoa pronto supo la razón de la persistente mirada de Reishard, miró a sus amigas y se quedó paralizada en su sitio: Dana y Parfeid se estaban besando con mucho entusiasmo en la pista de baile.
-Chicas, ¿qué...?- atinó a preguntar, pero Hailey la tomó por la muñeca y acercó su rostro al suyo.
-Sigue la corriente, Rin.-murmuró, poniéndole un mechón de cabello tras la oreja y comenzó a besarla suavemente. La bruja, al principio, se resistió un poco, pero los suaves labios de Hailey eran ciertamente expertos y no pudo evitar profundizar el beso. -Muy bien.- susurró la otra en su oído, produciendo que un escalofrío recorriera su espalda. -Tengo que confesarte que siempre tuve ganas de hacer esto contigo.- agregó, mordiéndose el labio, antes de atacar los de la novia del comandante del Jardín de Balamb.
Disimuladamente, la hechicera entreabrió los ojos y notó que Omani estaba con otra chica que no reconocía, posiblemente la acababa de conocer. Cerca de la morena, Dana y Parfeid ya estaban llegando a mayores, tocándose los pechos y frotando sus cuerpos con mucha energía. Rinoa se sintió algo... encendida y trató de resistir el impulso, pero no pudo evitar la tentación de recorrer con sus manos los hombros y la cintura de Hailey, quien reaccionó de muy buena gana y se unió al toqueteo. La bruja no pudo evitar soltar un gemido en el oído de Hailey cuando esta apretó uno de sus pechos.
-Mm... Rin, ¿quieres... que volvamos al hotel?- propuso con suavidad, mientras trazaba círculos con su pulgar, por encima de la ropa, sobre la zona baja de la espalda de la aludida. Fue entonces que ella se dio cuenta de lo que había hecho.
Rinoa salió corriendo, a pesar del alcohol, de sus tacos y de su mente que pensaba sin parar. Un tipo quiso tomarla del brazo, pero lo repelió de un manotazo y siguió su camino, ignorando el comentario neandertal que este profirió. Nunca supo cómo corrió en stilettos las ocho cuadras que separaban el club y el Gran Hotel de Deling.
Una vez en el cuarto, se quitó los zapatos y la ropa, tiró su bolso a la mesita de luz de una de las camas y se arrojó a ella, sólo vestida con su ropa interior. Se quedó en posición fetal por un tiempo que pareció eterno (pero que no debió superar los diez minutos en el horario de los relojes), pensando en lo que había hecho y qué le diría a Squall... ¿Por qué le había hecho esto a Squall? Hubiera sido mucho más tiempo, pero alguien abrió la puerta. Hailey.
-Rin, lo siento, no quería presionarte...- ofreció, sentándose a su lado en la cama. Recorrió con la mirada el cuerpo delicado de Rinoa. Había lujuria en sus ojos mientras lo hacía. -Hyne, eres tan hermosa...- susurró antes de atinar a acercar una de sus manos.
Rinoa se sentó de golpe y cubrió sus amplios pechos con un trozo de sábana, mirándola con el ceño fruncido.
-Dime que no te gustó lo que sucedió allá en la pista y te dejaré en paz. Vamos, dilo.- insistió la morena, aproximándose a la bruja, quien no respondió, pero relajó el rostro, sintiéndose avergonzada y culpable. -Ey, no debes sentirte mal, no es nada malo.- le aseguró, pasando un brazos por los suaves hombros de Rinoa.
-Hailey, yo...- pero fue acallada por un beso. La otra apretó su cuerpo contra el suyo; el alcohol y la confusión no ayudaban. -No puedo..., no puedo hacerle esto a Squall.-
-Es sólo una noche.- le insistió Hailey, besando el cuello de Rinoa y acariciando su cintura. -Sólo disfruta esta noche, Rin, te gustará, te lo aseguro.- dijo, tomando posición encima de la bruja, que yacía de espaldas en la cama, con el rostro ruborizado y los ojos vidriosos. -Eres tan inocente... me encantas, Rin.-
Hailey puso una rodilla entre las piernas de Rinoa y comenzó a friccionar sus genitales, logrando sacar suspiros y quejidos por parte de la hechicera. Se deshizo de su corpiño y comenzó a lamerle y a tocarle los pechos, incrementando el calor entre ambas.
La morena comenzó a besar a la bruja nuevamente y escurrió una mano bajo su ropa interior, acariciando y recorriendo su sexo. Casi sin medir palabra, retiró la tanga de Rinoa y comenzó a lamer sus partes más privadas.
-¡Ah! Squall... nunca hizo... eso.- exclamó entre gemidos, embriagada por el alcohol y las nuevas sensaciones, las cuales mandaron al diablo todas las resistencias que podía haber ofrecido la hechicera.
-No sabe lo que se pierde.- susurró, limpiándose los labios con la lengua, mientras admiraba el perfil embelesado de Rinoa. -Pero esta noche recién comienza, Rin...- sonrió Hailey viciosamente.
Rinoa despertó con un fuerte dolor de cabeza que procuró ignorar haciendo uso de toda su fuerza de voluntad (fallando miserablemente).
El ruido que hicieron sus amigas en el pasillo fue lo que la retiró de su ensoñación. Con los ojos cerrados y la mente confusa, rogó que esas imágenes de Hailey que insistían en aparecer en su cabeza fueran sólo una fantasía, un sueño húmedo (algo completamente insólito en ella, ya que nunca había pensado de esa forma en una chica). Al abrir los ojos a través de la resaca se vio a sí misma debajo de su amiga, ambas desnudas, y las manos de la otra chica sosteniéndola por la cintura de forma muy posesiva. Rinoa se liberó con tanta velocidad y suavidad como pudo. Hailey no dio señales de haberse despertado.
Las voces se aproximaban más y más y la joven bruja no quería que nadie la viera así. Bastante malo era saber ella misma del terrible error que había cometido. A pesar del alcohol y el aturdimiento general, tuvo la suficiente lucidez para recoger su ropa y meterse a su cama. Fingió dormir mientras sus amigas procuraban no hacer ruido, aguantó las lágrimas y la culpa como mejor supo hacerlo; más tarde podría descargarse. Trató de mantener la mente en blanco, pero húmedas imágenes seguían abriéndose paso en su mente, sonidos de gemidos, la aparición de varios instrumentos que Hailey usó para hacerla gritar su nombre… Lo cierto es que ni siquiera le gustaba Hailey y Rinoa no era lesbiana, pero sí le gustaba lo que hacía con ella, aunque sabía que estaba mal: había engañado a Squall, a su amado Squall, ¿qué había hecho?
Cuando supuso que todas dormían, se levantó de la cama, tomó su ropa –que hedía a humo, alcohol y sudor- y la metió en una de sus bolsas de compras, tomó de otra la ropa más simple y discreta que había comprado (un jean, una camisa blanca y unos zapatos negros) y entró en el baño.
Estando ya desnuda, sólo se metió a la ducha y abrió las llaves. Restregó su cuerpo largamente, quería sacarse el sudor y la saliva ajena de la piel, desprenderse de ése olor a sexo sucio, infiel, salvaje y adictivo. No dejó de pensar en Squall y en el mal que le iba a causar si se llegaba a enterar…
-No puedo… No quiero hacerle algo así, no lo merece.- pensó largamente en el mal que habría de causarle y la culpa que sentía, pero no se le ocurrió que podía perderse su amor. –Lo quiero, absolutamente, pero, ¿estoy enamorada de él?- la joven bruja seguía restregando su piel hasta casi magullarse. –No es la primera vez que estos pensamientos vienen a mí. Quizás nos dejamos llevar demasiado por todo el asunto "Caballero/Bruja"… Todo fue muy repentino: conocernos, luchar lado a lado, demasiados comentarios sobre "estar unidos por el destino", luego nos comprometimos y ahora vivimos juntos.- Rinoa suspiró. No hacía mucho más de medio año que había conocido a Squall. –Lo quiero mucho pero discutimos constantemente. Esa sensación de enamoramiento ya no….- la muchacha se dio cuenta de lo que había pensado. -'Lo quiero mucho'. Doy asco, ni siquiera lo amo. 'Lo quiero mucho', por favor…- la joven hechicera se llenó de sentimientos negativos hacia sí misma. No se veía diferente a esas mujeres que se casan por interés o aquellas a las que les arreglan el matrimonio. Una mujer estúpida, así se veía.
Salió de la ducha y se contempló en el espejo. Su cabello negro, su piel tersa y blanca, sus ojos almendrados, obscuros y misteriosos; era la envidia de muchas, lo sabía y a esa parte vanidosa de sí misma le gustaba serlo, pero ahora… Entonces descubrió unos chupones en su cuello y senos, pasó sus dedos por encima y se sintió barata y estúpida. Lloró sin ruido, secándose las lágrimas rápidamente. Iba a empezar a vestirse cuando Hailey entró y trabó la puerta tras ella.
-Hailey, sal de a-.- pero la otra la interrumpió.
-Rinny, Rin, cielito… Lo nuestro no ha terminado, cariño.- la mueca de la bruja habló por ella, la otra chica le mostró su celular y, oprimiendo un botón, reprodujo un video de la hechicera siendo penetrada por un dispositivo que Hailey había acoplado a su ropa interior, accionándolo con gran talento y recibiendo una muy positiva respuesta de la primera. Rinoa no pudo mirar más e intentó quitarle el aparato pero Hailey fue más rápida. –No queremos que este videíto llegue a manos del Comandante, ¿no?- los ojos marrones de la bruja se abrieron imperceptiblemente y apretó la mandíbula con rabia. –Podría callarme, pero tú, hermosa…- sacó una tela blanca de su bolsillo. –… serás mía.- y rápidamente metió su teléfono celular en sus pantalones. –Ahora, bella, ponte sobre tus manos y rodillas.-
Rinoa se negó en un principio, pero Hailey empezó a escribir un mensaje multimedia con el archivo del video adjunto dirigido a "Squally Comandante", explicando que había obtenido el número de su celular. La hechicera pensó en atacarla, en utilizar Paro, en todo… pero no eran soluciones viables ni suficientemente rápidas, ya que Hailey sólo debía apretar ése diminuto y estúpido botón verde y toda su vida se caería por la borda. Debía deshacerse de ése estúpido vídeo si quería que eso quedara en entre ellas o, mejor aún, que se perdiera en el pasado para siempre.
Hailey avanzó hacia ella y comenzó a acariciarla. La hechicera sintió asco y trató de repelerla pero estaba bien consciente de que estaba en sus manos. Se dejó amordazar ("para que tus gemidos no despierten a las demás") y posicionar. Para ése momento ya estaba totalmente sobria, consciente y en pleno uso de sus sentidos, así que sintió con total detalle cómo Hailey hacía de las suyas con su cuerpo. Trató, realmente trató de resistirlo, pero sentía un placer asqueroso y a la vez indomable, por lo que no pudo contener los gemidos y jadeos a través de la mordaza. Se sintió de lo peor, lo más bajo, cuando Hailey la nalgueó sin reparos al tiempo que le susurró "¿te gusta, zorrita?", antes de seguir manoseándola. Rinoa llegó a su clímax poco después.
Tras lo que pareció una eternidad de forzado placer, Hailey la dejó tirada en el piso en posición fetal, con marcas de dientes, pellizcos y nalgadas en su piel perfecta y un sentimiento de vacío y asco de sí misma en su pecho.
-La próxima vez que quieras que te muestre el Cielo, pídemelo, bonita.- dijo Hailey al oído de Rinoa antes de besarla en el lóbulo y de hacerle otro chupón en el cuello, pero a la hechicera le fallaba la voluntad para molerla a golpes, como merecía esa perra. –Toma, te lo ganaste.- dijo la joven, colocando el teléfono celular frente a la mirada abstraída de la bruja y se fue sin decir nada más.
Pasaron unos minutos hasta que la joven bruja estiró la mano y eliminó el vídeo, antes de arrojar el aparato de Hailey contra una pared, tomar el trozo más grande y volver a estamparlo contra el piso, tomar los trozos que pudo y meterlos en la ducha y dejar correr el agua caliente, importándole un carajo el ruido, los destrozos y el grupo de "amigas" que estaba del otro lado de la puerta.
-Que se pudran, ¡que se pudran todas, malditas zorras!- pensó con lágrimas amargas en los ojos mientras se vestía en silencio. Salió del baño y tomó sus cosas. -¿En qué me he convertido?- se preguntó al mirar a Hailey durmiendo pacíficamente en su cama.
Salió en silencio del hotel y caminó cabizbaja a la estación.
-¿Cuándo sale el próximo tren a Balamb?- preguntó al vendedor sin mirarle.
-En diez minutos.- le respondió un sujeto que, para Rinoa, no tenía rostro. Compró el boleto y se sentó en la banca más próxima al tren. Sólo quería volver a casa…
La estación estaba casi vacía. Había algún que otro viajante, un vagabundo que dormía y dos empleados. A pesar del silencio, sólo interrumpido por su corazón que estallaba en su pecho con cada latido y el sonido mecánico del tren, nunca oyó a su teléfono celular informar del mensaje que Quistis le había enviado horas antes.
