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Reencontrando el pasado
Capítulo 4.
- Inglaterra entro en guerra.
- ya es casi oficial
Se oían los comentarios por todo el hospital, alarmando tanto a médicos como enfermeras.
En un descanso, el personal se reunió en la sala de descanso, donde no había otro tema, que de los sucesos en Europa central.
- se hablaba de la invasión de Alemania a los países vecinos de forma violenta y contundente desde hace semanas, pero se ha incrementado.
- Dios mío!
Algunas enfermeras comenzaron a tener crisis nerviosas, mientras otras lloraban involuntariamente.
- no tardara el proceso de reclutamiento al frente médico..
En una orilla Dominic se encontraba con Candice que alarmada por la noticia había casi corrido para buscar al doctor Leblanc.
Apenas se visualizaron se apresuraron a su encuentro.
finalmente está explotando lo que nos temíamos.-comento la rubia con preocupación
-Estaremos bien, no te angusties.
-¿Crees que nos manden al frente?
-No, quita esa idea de tu cabeza, nosotros no saldremos de Londres.
-Tengo miedo por nosotros y por Serge.
-Estaremos bien, y Serge puede declararse incapacitado, conseguiremos certificados de sus limitaciones, estaremos bien.- repetía para tranquilizar a la rubia y a el mismo
Los ojos cristalizados de Candice, enternecieron al doctor que sin importarle donde estaban, la tomo en sus brazos, para mitigar su tensión.
Algunos ojos indiscretos posaron sus miradas en el acto de la pareja, que no había declarado tener ningún vínculo personal.
Fue cuestión de horas, para que el personal hubiera concentrado sus rumores entre el recién llegado Doctor Leblanc y la enfermera de también nuevo ingreso. Sabían que él, la había reclutado, pero no se había dicho nada más.
Lleno de frustración y enojo, Dominic se enfrentó a un colega y un par de enfermeras que hablaban del tema, en una de las bases de enfermeras en el segundo piso.
-hay cosas mucho más importantes que enfrentar en estos momentos, como la guerra. No rumorar un chisme tan bajo como la reputación de un par de compañeros de trabajo. - casi grito el doctor, dejando a las enfermeras y su colega en total silencio.
-nosotros no quisimos ofenderlo.
-A mí no me ofende lo que puedan hablar de mi esposa y de mí, lo que en realidad me molesta es que pierdan el tiempo en un chisme local, cuando hay problemas tan graves que tenemos que enfrentar.
-Tiene razón doctor, es solo que nosotros no sabíamos que Candice era su esposa.
-Y no tenían que saberlo, ese no es asunto de nadie. A mi esposa y a mí nos gusta la privacidad, aquí venimos a prestar un servicio no a compartir nuestra vida personal.
Detrás de él Candy escuchaba cada palabra, sintiéndose orgullosa del hombre que una vez más la defendía.
-no tenemos que llevar las cosas al extremo. - replico el médico, sintiéndose humillado.
-No es necesario llegar a ningún extremo, como tampoco es necesario rumorar de la vida ajena, como bien ha dicho mi esposo. - respondió Candy acercándose a Dominic.
-Les Ofrecemos una disculpa.
-La aceptamos y esperamos que no tengamos que enfrentar una situación así en el futuro.
-Tanto enfermeras como doctor salieron de la base, dejando a Candy y Dominic solos. Mirándose profundamente.
-me alegra ver que al fin puedes decir en voz alta que soy tu esposo – los ojos del médico, brillaban de emoción.
-tenía que coincidir con tu versión. – respondió sonriendo cómplice
-no mates mi ilusión.
-¿Cuál ilusión?
-de que al fin me aceptes.
-doctor Leblanc, tenemos situaciones mucho más importantes que atender, que un romance entre nosotros.
-no hay nada más importante para mí, que tú.
-regresemos al trabajo doctor, no quisiera más rumores.
-pero continuaremos esta platica en la intimidad de nuestra alcoba.
-será entonces - respondió Candy seria, dándole la espalda a Dominic para continuar trabajando. Había visto entrar a una de sus compañeras a la estación de enfermeras, cambiando su actitud al instante.
Los minutos en el hospital se volvían pesados y angustiantes, los rumores de la guerra ponían a todos a pensar en la agonía que ello significaba.
Al terminar el turno del hospital Dominic y Candy se encontraron en la salida del hospital. Como era su costumbre, caminaron por las calles que ya olían a incertidumbre y temor.
Al salir del hospital, Dominic había tomado la mano de Candice, no habían dicho palabra. Los dos pensaban en lo que sería enfrentar una guerra, aún lejos de la batalla.
Ambos sabían que si eran reclutados al frente, difícilmente podrían negarse. De lo contrario se meterían en problemas.
En el departamento encontraron a Serge, con el rostro marcado por la tensión. Al ver llegar a la pareja ambos sonrieron, a modo de saludo.
-¿Cómo te ha ido hoy? – pregunto Candice con seriedad
-bien, al parecer Londres nos recibió bien… aunque…
-¿… aunque?
-estoy seguro que escucharon los rumores de la intervención de Inglaterra en la guerra, las calles están tensas…
-si lo escuchamos, al parecer la guerra comienza a tomar fuerza y esparcirse y el caos no tardara en comenzar, pero… quizá Inglaterra se contenga un poco más. Los últimos ataques fueron violentos en Europa central, quizá eso los haga contenerse.
-no quiero desalentarlo Dominic, pero yo escuche que Inglaterra está mucho más involucrado, de lo que todos queremos escuchar.
Sin decir palabra, la rubia fue hasta su habitación, estaba nerviosa y no quería escuchar más de la guerra, cerró la puerta y dejo a los dos hombres afuera, entretenidos en su charla.
-¿Qué tan confiable es la información que tienes?
-en días de guerra, creo que nada es confiable, pero lo escuche de alguien que parecía que sabía de lo que hablaba…. y no solo dijo que Inglaterra entraría en guerra, sino que Inglaterra ya le ha declarado la guerra a Alemania. – susurro serge a Dominic.
-eso es muy grave – respondió en el mismo tono – si Inglaterra se ve tan involucrada en la guerra, nos arrastrara a ella.
-opino lo mismo. – Respondió el hombre con el rostro desencajado - no podría soportar otra guerra.
-nosotros tampoco – suspiro Dominic con el alma saliéndose por la boca - …. Creo que habrá que correr más lejos aún.
-¿salir de Inglaterra?
-sí, dejar el continente de ser preciso.
-….eso es imposible para mí.
-podrías venir con nosotros… -ofreció Dominic sabiendo que Candice no lo dejaría.
-¿A dónde están pensando huir?
-a América.
-yo no volveré a América. –dijo vehemente
-piénsalo bien, yo creo que lo mejor es que salgamos de aquí, antes de que el país se cierre y nos quedemos atrapados.
-¿Cuándo han pensado en moverse?
-aun no tengo nada planeado, pero debo darme prisa, el problema es que no conozco a nadie aquí en Inglaterra.
-yo tampoco conozco mucha gente, pero podría acudir a los amigos de mis amigos.
-cualquier ayuda nos vendría bien.
-les ayudare todo lo que pueda, para que salgan de Europa.
-¿tú de verdad no piensas salir?
-….no, yo…. No quiero volver a América.
-Serge no se tus motivos, pero quedarse aquí será más peligroso que volver a América.
El silencio de Serge, acompañado de un gesto lleno de terror, movió las fibras sensibles del médico, que se puso de pie y palmeo la espalda del hombre que había conocido unas semanas atrás, pero que ya había ganado un lugar en su vida.
-no te dejaremos atrás, no te preocupes nos las arreglaremos.
Dominic siguió su camino hasta la cocina, donde termino de preparar una cena muy ligera, llevo su plato y el de Candice hasta la habitación, dejando la porción de Serge en la cocina.
En total silencio encontró a la rubia sentada en la cama, con las piernas encogidas, sus rodillas tocaban su mentón, mientras su rostro acongojado luchaba por no derrumbarse.
-¿Qué sucede? ¿Estás bien?
Candice se limitó a mover la cabeza de forma negativa, sintió sus ojos llenarse de agua, pero se negó a soltar una sola lagrima.
-dime que te sucede.
-….. Nada….
-es lo de la guerra ¿verdad?
-….. Es todo Dominic, este lugar, la gente, la guerra, es… la vida.
-pero no estás sola- respondió Dominic, sentándose a su lado, para abrazarla – ven aquí.
Candice se dejó abrazar protectoramente por Dominic. Nunca antes se había dejado ver vulnerable, pero el recuerdo de Londres y las constantes habladurías de la gente en su contra la habían mellado, pero el escuchar del peligro inminente de la guerra la había aventado al vacío de la desesperación.
-querida Candice, no dejare que nada te lastime, solo dejate cuidar, permíteme ocuparme de ti...
Con ternura tomo la barbilla de la rubia, para obligarla a mirarlo. El verde de sus pupilas, le hablaron del miedo que sentía en ese momento y de la fragilidad de su persona.
Sin pensarlo, Dominic beso los labios carnosos que conocía tan bien. La respuesta fue la de siempre, entregada y dulce.
Los movimientos de las manos del doctor, fueron despertando el deseo que ese hombre provocaba en la rubia. Los besos que comenzaron con ternura, se convirtieron en caricias apasionadas que les agitaban la sangre.
En un movimiento, que sin ser agresivo, fue violento. Dominic movió a Candice debajo de él, dominando las acciones. Beso sus labios como si su vida dependiera de ello, mientras sus manos paseaban libres por el cuerpo de la rubia.
Candice se aferraba al cuerpo del hombre que siempre le había apasionado. Desde el primer día, no pudo resistirse a él. Su cuerpo nunca se había limitado a recibir y darle placer a ese hombre que tantas mujeres perseguían.
En un instante la pasión que se había desatado, los había hecho perder la ropa y la discreción.
Dominic mordisqueaba la punta del pecho de la mujer, que se revolvía debajo de él ahogando un gemido en el pecho. Las fuertes manos del cirujano se amoldaron a las caderas de Candy, mientras ella paseaba sus manos por el cabello y espalda del doctor.
Cada caricia era una descarga eléctrica que encendía el fuego de su sangre, sus besos eran demandantes, casi lograban lastimarse, pero el deseo los empujaba a buscar un desahogo más intenso.
-voy a poseerte. – susurro Dominic en el oído de Candice.
Por toda respuesta la mujer dejo escapar un suave gemido y abrió las puertas de su deseo, ofreciendo su pasión a Dominic. Las manos del doctor viajaron a prisa, hasta el núcleo del deseo de Candice que se ofrecía húmedo y deseoso.
Tras unos movimientos que complacia a los dos, se perdieron en su intima passion. Entrelazando sus manos, dejaron que sus caderas se movieran al ritmo de su pasión. Oleadas de placer los inundo a los dos, aminorando la velocidad de su danza. Los besos que se dedicaban explotaban en sensaciones hasta la punta de sus pies.
Fue un largo tiempo el que estuvieron disfrutando de su pasión y el deseo que sentían el uno por el otro, alimentaban su febril sensación hasta el punto máximo para después detenerse, sintiendo el centro de sus cuerpos palpitantes, dejándose llevar nuevamente por las sensaciones.
Fue un presto movimiento los que los llevo al túnel del clímax. Ambos explotaron en sensaciones y placer, aferrándose al cuerpo del otro, jadeante Dominic se desplomó sobre el delgado cuerpo de Candice, que igualmente trataba de regular su respiración, aun cuando fuertes descargas de placer viajaban por todo su cuerpo.
-eres una fascinación, estoy completamente perdido por ti mujer.
-usted es fascinante doctor.
-..Te amo Candice. – el silencio de la mujer no detuvo a Dominic, que echándose a un lado, la abrazo con fuerza, sintiendo la respuesta de ella, apretándose contra su cuerpo.
-tengo miedo Dominc.- dijo finalmente después de varios minutos
-¿de qué?
-…. De vivir.
-¿Cómo dices eso?, tu eres una mujer fuerte, con carácter. Nunca he visto el miedo cruzar tus ojos.
-la Candice que tú conoces, es el disfraz de una mujer…. Frágil, llena de cicatrices y con el alma quebrantada…. –las manos de Dominic sintieron algunas lágrimas que cayeron del rostro de la enfermera, quería mirarla a los ojos e infundirle coraje y llenarla de su amor. Pero finalmente se estaba abriendo a él y no podía romper el momento.
-¿Qué ha despertado a esa chica de antaño? – pregunto cuidadoso.
-…..Londres quizá… gente de mi pasado, la guerra….
-¿viviste en Londres alguna vez?
-….. No quiero hablar de eso doctor….
-¿por qué cariño? ¿Qué te sucedió aquí? Algo terrible supongo.- dijo queriendo alentarla a hablar, continuando tras su silencio - en este presente ya no eres vulnerable, yo estoy aquí para protegerte y mimarte.
-lo sé, sé que estás conmigo y eso me aterra.- incorporándose al instante, Dominc, se puso frente a ella para mirarla.
-¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué es lo que te aterra? ¿Yo?
-perderte doctor, me paraliza el pensar que puedo perderte, no soportaría quedarme sin mi protector, prefiero….
-¿prefieres?... termina la oración
-prefiero no tenerte… - las lágrimas que surcaron sus mejillas, laceraron el corazón de Dominic que nunca hubiera imaginado tener a una chica con el corazón tan frágil.
-no repitas eso ni por casualidad, yo no voy a dejarte, aun si me lo pides. Así que deja de luchar contra ti misma y aceptame en tu vida, como parte de ti.
Los brazos de Dominic tomaron con fuerza el cuerpo de Candy que temblaba por su fragilidad del momento.
-no quiero vivir otra guerra – susurro apenas audible. Sucumbiendo a hacer audibles sus miedos y dolencias.
-no la viviremos cariño, te voy a sacar de aquí, te lo prometo.
La rubia se aferró al abrazo de su protector, dejando ver su fragilidad por primera vez en años, se resistió a seguir llorando, pero no pudo evitar que su cuerpo temblara ante su miedo a vivir lo indeseable.
-tendremos que viajar a América.
-no, yo no regresare ahí.
-creo que tendremos que hacerlo y no tienes nada que temer, yo te protegeré de lo que sea.
-no quisiera… encontrarme con mi pasado… no quiero volver.
-mi amor, no sé qué te sucedió en el pasado, pero lo que sea lo enfrentaremos juntos. Yo quiero que nos casemos, eso comenzara por cambiar tu nombre y … América es grande iremos a alguna ciudad que no tenga nada que ver contigo … o con Serge, porque el también viene con nosotros, no quiere enfrentar la guerra…. Aunque tampoco quiere volver a América.
-creo que él también ha sufrido mucho y… no es fácil retornar, habrá que tenerle paciencia.
-cargaremos con él en nuestra travesía, pero tendremos que movernos pronto, no hay tiempo que perder.
-¿Qué haremos?
-viajaremos a América como primer instancias, al menos para salir de Europa, después veremos a donde podremos acomodarnos. Ahora deja de pensar y ven a comer algo, necesitas estar fuerte física y mentalmente.
La cena ligera, paso por la garganta de los amantes, como si fuera zacate seco. La angustia comenzaba a carcomer su tranquilidad. No podían dejar de pensar en el sonido de los cañones y los gritos de angustia de las trincheras.
Estaban convencidos de que no querían pasar por otra guerra, el dolor era insoportable y la zozobra de saber que podrían perder la vida en cualquier momento.
El doctor Leblanc no pego los ojos en toda la noche, estuvo pensando en el plan a seguir para salir de Inglaterra. Candy a su lado acurrucada en su pecho, tampoco durmió, pensando en regresar a América.
Sabía que Dominic tenía razón al decir que América era muy grande y no tenían que regresar a ninguna ciudad que no quisiera. Pero no podría evitar traer al presente todos esos dolorosos recuerdos que había enterrado años atrás.
En su habitación, Serge temblaba en la cama que lo acogía. De alguna manera había superado el accidente que había sufrido en la primera guerra, pero no podría enfrentar el pasado y la familia que ya había dejado atrás. Había construido una vida y el ayer ya no encajaba en su vida actual.
La mañana llego sacando de la cama a los tres habitantes del departamento, a ninguno se le veía un buen semblante. Candy se puso de pie y comenzó a vestirse. Pero su acompañante la detuvo.
-hoy no iremos a trabajar.
-¿Por qué?
-tenemos que ir al puerto a comprar los boletos para viajar a América.
- ¿tan pronto?
-querida, no debemos perder tiempo. La guerra ya comenzó y si Inglaterra ya se involucró… es peligroso que permanezcamos aquí.
-deberíamos ir al hospital a avisar que no nos presentaremos.
-lo haremos camino al puerto.
En la estancia encontraron a Serge que ya era un manojo de nervios. Visiblemente aturdido.
-vendrás con nosotros al puerto iremos a buscar boletos para viajar a Europa.- le anuncio Dominc.
- no puedo faltar al trabajo me despedirán. – respondió pretextando su ausencia en el venturoso viaje a conseguir un boleto a la libertad de la guerra.
-Serge si no quieres venir con nosotros al puerto, está bien. Pero es mejor que sepas que el viaje lo harás con nosotros, no vamos a dejarte atrás. – le advirtió Dominic
-se los agradezco, pero yo solos los retrasaría y…. Es mejor que ustedes sigan sin mí.
-no gastes tus energías, no te dejare atrás….- le respondió la rubia enfermera, con seriedad y angustia en la voz.
-hace tiempo decidí quedarme atrás… ya todos me dejaron atrás….
-yo nunca te deje atrás y ahora te llevare conmigo…hasta donde lleguemos. – respondió la rubia mirándolo profundamente, ante el desconcierto de Dominic.
-no sé si podre…. – trato de responder Serge, desquebrajándose ante los ojos piadosos de Candice, la miraba asustado y atónito, comprendiendo sus palabras.
-ya no estás solo, yo estoy aquí….
-y yo también Serge – se incluyó Dominic, no entendía lo que estaba sucediendo, pero podía ver que para su mujer era importante.
-anda ve a trabajar y te veremos aquí por la tarde, todo va a estar bien. – le dijo Candy, para dejarlo ir.
Aun temblando Serge comenzó a andar por la calle, con su paso lento y lastimoso. Candice lo miraba con los ojos llenos de lágrimas y el alma contrariada.
