+STAGE 04: VOLVER+
¿Te diste cuenta? Tuve mi primer momento de maldad y se me dio casi espontaneamente, la verdad.
Siquiera pensé qué estaba haciendo y le cerré la puerta en la cara, como si me importara poco y nada, lo que tuviera para acotar a su favor.
Porque en realidad ni me importó, si pateleó o si se quejó después de que actué egoístamente, después de que preferí evitar que el asunto llegara a mayores.
O sea, ya habíamos tenido nuestro momento y él aprovechó bien la pared, para estamparse contra mí salvajemente... pero, tenía que terminar ahí, ¿cierto?
Nos volvimos a encontrar y volvimos a sentir, lo que nos venía haciendo falta hacia mucho, mucho antes de que nos separaramos desgraciadamente.
Pero supuse que era suficiente, que era suficiente con lo que ya había pasado y que no hacía falta entrar a discutir, el mismo asunto que seguía igual de podrido.
Cruzamos palabra aún después del acto sexual y sin embargo nos volvimos a pelear, él salió diciendo cosas que no me cayeron nada bien y respondí a sus malos tratos, con la misma boca sucia que él había usado.
Nos devolvimos el cumplido y nos hicimos un favor, lo volvimos a arruinar para evitarnos problemas y para no tener que pasar, por situaciones ahora mucho más incómodas.
¿No hice bien, entonces? ¡Por supuesto que hice bien! ¡Y tú eras bastante culpable de mi decisión, querido!
Porque no quise volver a lastimarte con lo mismo, por eso pelee con él hasta el cansancio y hasta que a los dos, se nos acabaron las cosas para echarnos en cara.
Seguí peleando con él e insistí en separarme de él, para no lastimarte y para no tener que, volver a verte retorciendote de dolor.
Pero como que pelear mucho no pude y él terminó haciendo todo el trabajo, hizo comentarios inapropiados que me sacaron de mis casillas y al final, terminé yo por mandarlo a volar.
¿Y por qué? Bueno... era bastante obvio, ¿o no?
PORQUE TODAVÍA, ME IMPORTABAS UN POCO.
Pero llegué a dudar hasta qué extremo "me importabas", si realmente te merecías que yo te necesitara, como venía haciendolo desde hacia rato.
Llegué a dudar si realmente eras "tan bueno" para mí, si realmente nosotros dos nos merecíamos la oportunidad, que antes nos negamos a darnos.
Llegué a dudar si no volvería yo, a ser víctima y hasta esclava de tus malditos gustos que, tiempo atrás me habían dejado varada en medio de la nada.
Llegué a dudar si volverías a ignorarme, si volverías a vulnerar mis necesidades y si volverías a tirar a la basura, mis sofocantes deseos.
Fue como que no quise arriesgarme, en el fondo no quise andar casi dependiendo de tus tiempos, para ocuparme únicamente de mejorar tus malos tratos.
Fue como que quise algo mejor, casi quise algo mejor de tu parte y algo que yo me merecía, después de haberlo entregado todo por ti.
Pero que tú volvieras y que, encima, volvieras hecho de nuevo... ya era mucho pedir, ¿no?
Y hasta llegué a pensar que el problema era yo, que en aquel último tiempo estaba bien histérica y bastante nerviosa, que chillaba y hasta pataleaba caprichosamente por cualquier cosa.
Entonces me había sentido ofendida por tratos, que me había buscado yo solita y que había cavado hasta lo profundo de ese pozo, hasta llegar a enterrar viva a mi manchada dignidad.
Había seguido ensuciandome y hasta tirandome tierra encima, hasta el extremo en que él me empujó y tú, te encargaste de dejarme caer al abismo.
CUANDO SOLTASTE, MI MANO.
Entonces... ¿Por qué te iba a interesar volver a saber de mí, si me creías más muerta que viva? ¿Por qué te iba a interesar volver a saber de mí, si tú ya me habías enterrado bajo tierra?
Por eso ni te ibas a gastar, ni te ibas a gastar en traerme un ramo de flores y cobardemente, dejarlo a mis lugubres pies.
Para después salir con la cabeza gacha, las manos en los bolsillos y ése andar que todavía llevabas pausado, que no sentía ningún tipo de remordimiento.
Porque te costaba aceptar que, seguías siendo el mismo cobarde al que siempre le temblaron las piernas y que no hizo más que escapar, cuando tuvo miedo de mirarme a la cara.
Porque nunca tuviste el coraje de decirme las cosas como eran, por eso esperaste que yo solita metiera la pata y ahí aprovechaste, para cortar nuestros tediosos lazos.
Y así hacías como si yo no existiera, no te aparecías cerca de aquí ni por casualidad y tampoco habías pensado en venir a buscar, las cosas que "supuestamente" te habías olvidado.
Te las olvidaste, las dejaste a propósito... ¿A mí qué me importaba? ¡Si igual no ibas a volver nunca, no importaba cuánto yo te esperase!
Por desgracia, ya había dejado de creer en la estúpida y patética idea, de que seguías amarrado y hasta atado a mí en contra de tu voluntad.
Me hice la idea por un tiempo, sí... pero, ¿sirvió? ¿Por casualidad, seguías amarrado a mí? ¿Y por qué todavía no habías vuelto, entonces?
Porque no estabas ocupado con nada y no tenías mucho que hacer, ahora que habías cortado conmigo sin pensarlo, como si hubiese sido de la noche a la mañana.
Por eso llegué a la dolorosa conclusión de que yo no te importaba, que ya demasiado habías hecho y que todo esto había sido culpa mía, por haberte ignorado y hasta apartado de mis necesidades.
A duras penas, asumí que tú no estabas dispuesto a regresar y que nunca pero nunca se te había pasado por la cabeza, darme otra oportunidad.
Siquiera quisiste que te explicara bien las cosas, que yo te contara al pie de la letra los detalles de la historia y por ende, te negaste rotundamente a escuchar "mi versión".
Preferiste juzgarme y hasta acusarme, llamarme a escondidas "puta" y tratarme de "atorranta", antes que dignarte a hablar conmigo.
Preferiste aferrarte a tu "supuesto" dolor y a ése sentimiento retorcido, que te había dejado ciego por tanto tiempo, frente a una situación que se caía de lo obvia.
Preferiste insultarte y hasta odiarte por ser tan idiota, antes que ponerte a pensar las cosas como eran, antes que ponerte a pensar en que habías hecho mal tú y en que había hecho mal yo.
Sólo te dignaste a aceptar que todo se había ido al carajo, que tú ya no soportabas éste olor a rancio y que ya no podías seguir, arrastrando ése olor a mierda.
Te hiciste la cabeza solito y hasta llegaste a pensar, que te lo hice a propósito y que sólo te cobré, una por una todas las que me habías hecho.
Te volviste loco pensando que yo era tan pero tan bruja, que sólo te quería hacer morir del dolor y que llegaras al extremo de matarte, por haberme desperdiciado así.
QUE YO QUERÍA QUE TE MURIERAS, DE AMOR POR MÍ.
Y lógicamente, las cosas dieron un giro inesperado y no fuiste tú, el que terminó por morirse de amor.
Cuando nosotros dos nos encontramos de nuevo, en ése lugar que tiempo atrás se había empecinado en separarnos, a cualquier precio.
Que tiempo atrás me obligó a abandonarte, a vulnerarte y hasta llegar a olvidarte, con tal de entretener bien mis días.
Vivimos los dos encerrados entre cuatro paredes, que mandaron y hasta decidieron por nosotros, cuando las cosas empezaron a salir terriblemente mal.
Y que ahora volviesemos a vernos en el mismo lugar, sonaba hasta bastante irónico, ¿verdad?
Que tú entraras por ésa puerta casi desesperandote, colgando de tu boca el sentimiento angustiado que, había quedado enterrado entre mis sucios recuerdos.
Que yo volviera a sentirme igual de inútil que antes, estando quieta a tu condenante y sofocante espera, que terminó por desesperarme muchísimo más.
Que tus ojos fuesen ésos de un hombre arrepentido, que suplicó y hasta pidió perdón por lo que había pasado, por lo que antes fue una decisión erronea. Que tus pasos fuesen como una especie de cuenta regresiva, para que mis piernas empezaran a temblar y mi corazón, a temer. Que acortaras nuestra distancia como si realmente no lo merecieramos, como si nosotros fuesemos solamente parte de un error, que se repetiría incontable número de veces. Que volvió a repetirse cuando te quedaste quieto frente a mí, cuando te quedaste mirandome como pidiendome algo que, muy pero muy en el fondo no alcanzé a entender.
Algo que simplemente no podías soltar estando así, como si nosotros dos fuesemos un par de extraños que, simplemente se sentían inexplicablemente atraídos.
Algo que te llevó y hasta te obligó a callar, cuando te recargaste en mi hombro y me envolviste entre tus brazos, apretando y hasta estrechandome contra tu cuerpo. Algo que idiotamente empezaste a sentir, cuando insolitamente comenzaste a temblar y dejaste salir tu orgullo, para darle lugar a tu vergüenza.
ALGO QUE, TE HIZO LLORAR.
-Dejame volver...-suplicaste, como pudiste
