Últimamente la Mansión Malfoy estaba menos silenciosa de lo habitual. Con la llegada de Voldemort, se estaba convirtiendo en el cuartel general de todos los mortífagos, por lo que, para desagrado de los Malfoy, se veían obligados a abandonar su vida de hogar para servirle únicamente a su señor.

A Narcissa solo le consolaba el hecho de que Draco estaba en Hogwarts y no tenía que aguantar toda esa situación. Era como si estuviera aislado, pero eso no era del todo cierto. Draco no era tonto, sabía lo que ocurría, aunque no conociera todo lujo de detalles. Además se comunicaba con su madre mediante lechuzas todas las semanas. No tardó en relatarle los extraños acontecimientos que había presenciado frente al despacho de Dolores Umbridge, cuando descubrió a Luna Lovegood hablando con "alguien" sobre su tía Bellatrix.

Bellatrix… era el mayor problema de Narcissa. Era el único miembro de su familia de soltera al que todavía guardaba algo de afecto, más que nada por la unión que mantenían por diversas causas. Cuando la señora Malfoy escuchó los detalles de la historia de su hijo decidió contárselo a su hermana, ya que conocía la gravedad del posible peligro al que se estaba exponiendo. Últimamente Bellatrix se comportaba con menos control que de costumbre, así que Narcissa aprovechó uno de los escasos momentos que se quedaban a solas en uno de los estudios, cuando, sin levantar la vista de un libro en el que fingía estar muy interesada, sin cambiar su expresión facial y sin dar ningún tipo de emoción a sus palabras, como solía hacer muy a menudo, le soltó:

-Alguien te está investigando desde Hogwarts.

Bellatrix, que estaba recostada en un sofá de piel negra en medio de la sala con una copa de whisky de fuego en la mano a punto de llevársela a la boca, la bajó y miró a su hermana sin pestañear.

-¿Cómo has dicho?

-Alumnas de cuarto curso. Draco vio a una de ellas. Hablaban de ti mientras fisgoneaban. Alguien te está investigando, Bella.

-De cuart… ¿¡Unas mocosas están metiendo las narices en mi vida!? ¿¡Pero quién!?

-¿Recuerdas la muchacha de la que te hablé cuando Draco partió?

A Bellatrix se le desorbitaron los ojos.

-La bastarda… -susurró.

-Sí, la otra chica que vio mi hijo era amiga suya.

La mortífaga se incorporó y estampó con furia la copa de whisky de fuego contra el suelo.

-¿Crees que sospecha que tiene algún tipo de relación de sangre conmigo?

Narcissa dejó el libro sobre la fina mesa de madera y miró a su hermana, alzando las cejas.

-Tú lo crees así ¿no?

La morena guardó silencio.

-A decir verdad parece una copia exacta de tu persona.

-¿Pero te das cuenta de lo que puede pasar si se descubre algo? –Bellatrix se había levantado del sofá y comenzó a caminar agitadamente de un lado para otro.

-Claro que me doy cuenta, por eso te he informado de lo sucedido, de otra manera no me importaría ni la mitad de lo que me cuenta mi hijo.

-¡Se suponía que todo debería marchar como si esa bastarda no existiera!

-Pues parece que ella no piensa lo mismo…

-Muy bien –dijo Bellatrix, de repente más calmada.- Si la niña quiere armar jaleo yo la haré callar a mi manera.

-¿Es que piensas matar a tu propia hija, Bella? ¿Ni siquiera para eso tienes escrúpulos?

-¿Cómo puedo llegar hasta ella? ¡Tú lo sabes! Draco te lo cuenta todo.

-Este fin de semana tienen una salida a Hogsmade…

-Perfecto. –dijo la mortífaga con una risa malévola.

-Ándate con ojo, hermanita.

-Te lo prometo, Cissy… -y después de imitar una falsa sonrisa angelical salió del lugar para prepararlo todo.