Rurouni Kenshin pertenece exclusivamente al genial y talentoso Nobuhiro Watsuki.
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El precio de tu corazón
Cuatro
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** Provincia de Aizu, Japón, 1865
Cuatro días después del final de la Guerra Boshin **
Iba a morir.
Aunque solo tenía ocho años, Megumi Takani sabía que iba a morir. Había visto como la gente de su pueblo moría, y también lo había visto en la mirada de su padre. No era estúpida.
Su padre le había enseñado lo básico de la medicina que su familia usaba. Lo había observado cuidar de la gente, analizar los síntomas que tenían. Hasta había leídos sus libros sobre heridas, enfermedades y otras cosas más.
Su pueblo había sido masacrado; su padre había muerto, su familia había desaparecido, por lo que solo quedaba ella como superviviente.
Así que… Dado que sabía que iba a morir, ¿porque aquélla sensación de que quería vivir cuando ya no había razón para ello?
Megumi escuchó un ruido proveniente del bosque y apretó con fuerza el cuchillo que su padre le había dado momentos antes de morir. "Por si acaso…", le había dijo él. Se quedó muy quieta, dejando que el instinto inherente a todo ser vivo la condujera. SI iba a morir, no lo haría en vano.
Escuchó pasos y pronto aparecieron dos hombres. Un ya era bastante viejo. Tenía el cabello grises y los de un castaño muy oscuro. Llevaba un pañuelo en azul en la cabeza y vestido un haori del mismo color. Un médico, pensó con cierto alivio Megumi. El otro hombre, más alto, de aspecto más oscuro y más duro, pero no parecía ser cruel. Reservado quizás, pero no cruel.
― ¿Que te parecería adoptar a la niña? ― Cuestionó Genzai con cuidado de ocultar la diversión en su voz; bien era sabido lo mucho que Koujiro Kamiya quería tener un hijo varón.
Miró a la niña mientras ésta intentaba ocultar el hecho de que estaba asustada, herida y hambrienta.
― ¿Adoptarla? ¿Quieres que adopte a la niña? ― Le preguntó Koujiro con incredulidad. Megumi solo los observaba en silencio.
― He estado pensando que quizás no sea tu destino tener un hijo varón. Creo que Kami-sama tiene otros planes para ti. Porque si no, ¿estarías aquí en este momento? Como tú mismo me dices muchas veces: todo ocurre por una razón.
Koujiro frunció el ceño, pensando en lo que le habia dijo Genzai.
Bueno, Kaoru tenía tres años y ya caminaba. Misao, por otro lado, tenía dos, y ya estaba deseando seguir los pasos de su hermana mayor. Tan curiosas como eran lo volverían calvo en santiamén yendo de aquí para allá por todo el dojo. Cualquier mirara a esta niña se daría cuenta que era bastante madura a pesar de su corta edad. Además de astuta.
Tenía la impresión que sería capaz de manejar a sus dos hijas con las ojos cerrados si hiciera falta.
Como Genzai había dijo, quizás no estuviera en su destino tener a un hijo varón. Quizás, Kami-sama había determinado que tenga solo niñas debido a su obsesión por tener un varón.
Bien era sabido lo mucho que Koujiro Kamiya quería tener un hijo varón.
―Supongo que estaría bien. ― Se resignó Koujiro.
Genzai sacó una pequeña bolsa de su haori que contenía todo lo necesario para los primeros auxilios. Se aproximó lentamente de la niña, atento a cualquier movimiento brusco que ella pudiera hacer. Extendió la bolsa en el suelo, abriendo y luego sacó algunas gasas. Megumi lo observó con evidente fascinación.
―Me parece que tienes aquí unas heridas muy interesantes, niña… ―Dijo suavemente Genzai mientras presionaba la gasa sobre la herida de su rodilla. ― Por cierto, ¿cómo dijiste que te llamabas?
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** Dojo Kamiya, presente **
Las semanas fueron pasando con rapidez asombrosa. Y por lo que ya habían pasado cinco meses, por lo que ya estaban a finales de Mayo y pronto llegaría el noveno cumpleaños de Kaoru.
La rutina de los Kamiya seguía como siempre, con las niñas aseándose por la mañana y desayunando un rato más tarde. Kenshin ya no había necesitado que le lavaran el cabello, porque él mismo había decidido hacerlo. Especialmente que Kaoru le volvió a preguntar si quería que le volviera a lavar el pelo cuando notó la manera ceñuda que la señora Kamiya "inspeccionaba" el cabello de Battousai.
En medio de una familia tan excéntrica y extraña, era casi un alivio descubrir que Sakura Kamiya era la más normal de todos. O quizás era la más excéntrica, pues tenía una asustadora fijación por la limpieza. Y solo consideraba que algo estaba limpio cuando relucía como un espejo.
A veces Kenshin se arrepentía amargamente de haberle pedido a la señora Kamiya que le enseñara a limpiar. Sakura era incluso más exigente de que lo era Koujiro con sus alumnos. A Kenshin le importaba lavar la ropa; era su tarea favorita, aunque esperaba que los padres de Kaoru no se dieran cuenta del "porque" le gustaba tanto a Kenshin lavar la ropa. También le barrer y hasta encontraba divertido guardar cosa en su debido sitio. Cuando hacia una de esas tareas, sentía en su más intimo que se estaba ganando un lugar en aquella familia tan peculiar – como los llamaban la gente del pueblo.
Tampoco encontrar entrabas a limpiar suelo, especialmente porque era donde dormía y se sentaba para comer.
Lo difícil de todo aquello era cocinar. Era tremendamente frustrante ver a la señora Kamiya hacer un plato de determinada manera y que a Kenshin le saliera de otra – aunque seguía piamente todo lo que Sakura le decía. O tenían un sabor extraño, o estaba demasiado quemados, o entonces se olvidaba de poner algún ingrediente.
Pero Kenshin era persistente, y sabia que tarde o temprano haría unos originis muy buenos.
Así que después de pasarse madrugadas enteras haciéndolos, de sudar y de decir mentalmente maldiciones, al final habia logrado hacer varios onigiris lo suficientemente decentes como para que Kaoru los comiera.
― Mmm… ¡Que buenos están estos onigiris, oka-san!
Sakura se sonrojo y miró de soslayo a Battousai. Ya habían terminado de almorzar, y ahora estaban probando los onigiris que Kenshin había hecho. Kaoru, por supuesto, no se había enterado de la nueva habilidad del pelirrojo ya que había estado leyendo "Tsukio Hen" (el libro que su abuela le había regalado al cumplir los siete años).
― Kaoru, cariño, yo no hice esos onigiris. Los hizo Battousai.
Kaoru frunció el ceño mientras miraba fijamente a Battousai, quien de repente deseaba que se abriera un agujero en el suelo donde pudiera esconderse de la mirada inquisidora de Kaoru.
― ¿Bat los hizo?
Sakura asintió con la cabeza.
― Así es, querida.
― No sabía que Bat había aprendido a cocinar. ― Se giró hacia Misao quien comía algunos onigiris como si el mundo fuera a acabar. Kaoru hizo una mueca de asco al ver lo sucia que estaba su cara. ― ¿Tú lo sabías, Misao-chan?
Incluso antes de que Misao respondiera, Kaoru parecía ya saber lo que iba a responder. Aquel vinculo que había entre ellas fascinó a Kenshin. Era más que un vínculo. Era como si ambas supiera lo que la otra pensaba o sentía antes incluso de que ocurriera.
Kenshin sabía que había una enorme conexión entre hermanos, pero entre Kaoru y Misao esa conexión parecía ser más fuerte que lo normal.
Con la boca llena de arroz, Misao contestó a su pregunta. La mueca de Kaoru aumentó todavía más.
―No, Kaoru-san. No lo sabía.
Kaoru miró a Megumi y le hizo la misma pregunta que le hizo a Misao.
― ¿Tu qué crees? ― Respondió Megumi mientras arqueaba una ceja.
Kaoru se encogió de hombres, restándole importancia a todo aquello. Nezumi se aproximó de ella y se la quedó mirando. Kaoru partió un onigiri en dos y coloco una mitad sobre la hoja de periódico viejo que había colocado en el suelo y donde Nezumi le gustaba tumbarse.
―Será mejor que te comportes, Nezumi, o te haré pasar mucha hambre.
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** Campamento de Shishio Makoto,
Kenshin con 5 años de edad **
― ¿Quieres dejar de llorar como una niña? ― Le gritó su padre, Hiroki Himura, a Kenshin mientras lo arrastraba en dirección al campamento. Kenshin lloró con más fuerzas al tiempo que miraba su madre.
―No tenemos porque hacer esto, anata. Podemos solo entregarle a cualquiera otra persona y marchémonos.
―Por supuesto que tenemos que hacerlo, idiota. ¡Si hubieras abortado al bastardo tal y como te dije que lo hicieras ahora mismo no estaríamos metidos en este lio!
―Sabes que no lo hice. Si hubiera intentado abortar, papá me daría una paliza. Además, fuiste muy bien recompensado por aceptar casarte conmigo.
―Si en aquel entonces hubiera sabido los problemas que este estúpido me traería te aseguro que yo mismo me habría encargado de ahogarlo nada más nacer. ¿Pero qué hiciste tú, pequeña zorra? ¡Llorar y protegerlo como a una leona! ― Le espetó él con frialdad, con si estuvieran hablando del tiempo y no se du hijo. ―Ahora el chico va a tener lo que se merece: lo entregaré gratuitamente a Makoto Shishio y le diré que haga lo que quiera con él. Puede que hasta seas útil después de todo, idiota.
― ¡No! ―Sollozó Kenshin. ― Por favor, a cualquiera menos a Shishio. ¡Oto-san!
― ¡No me llames así!
Y le dio una bofetada. Kenshin ni siquiera se inmuto, acostumbrado como estaba a las palizas apenas y sintió el golpe. Siguió suplicando, incluso sabiendo que su padre no escucharía nada de lo que dijera. Y probablemente solo lo golpearía todavía más.
Llegaron al campamento, y pronto fueran recibidos por Shishio. Hiroki lanzó a Kenshin a los pies de Shishio y éste arqueó una ceja como si no supiera que dé iba todo aquello.
―Tal y como te prometí, Makoto, te he traído a mi hijo. No quiero ninguna recompensa, ningún dinero por él. De hecho, puedes quedártelo completamente gratis y hacer lo que quieras con él.
―Oh, ¿de veras puedo hacer lo que quiera con el chico? ― Cuestionó Shishio con una sonrisa maliciosa en los labios. Kenshin palideció.
―Sí, tienes vía verde para hacer lo que se te venga en gana. No me importa lo que le ocurra de ahora en adelante.
Empezó a marcharse mientras jalaba a su mujer por un brazo. Ella lo siguió mientras le golpeaba y lo insultada por hacerle esto a su proprio hijo. Pero no intentó ayudar a Kenshin ni contradijo a Hiroki.
Cuando los vio desaparecer en medio de los árboles, Kenshin supo que estaba por su cuenta a partir de entonces. Su supervivencia solo dependería exclusivamente de él.
Un hombre grande y con un vendaje en los ojos se aproximó. Kenshin se estremeció cuando sintió sus manos en su cabello. Quiso grito pero tenía la garganta seca. El hombre se relamía los labios, y el instinto de Kenshin le decía que debería huir de allí tan pronto como era posible. Pero el hombre lo tenía firmemente agarrado, como si intuyera sus intenciones.
― ¿Que quieres que haga con él, Shishio?
―Haz música para mis oídos. Hace tanto tiempo que no escuchó los encantadores gritos de un niño.
El hombre sonrió con satisfacción y agarró un puñado de cabello de Kenshin y lo arrastró en dirección a lo que parecía una tienda.
―Ya has escuchado al viejo, renacuajo. Y por lo que pude oír antes, deduzco que harás buena música para el jefe. ¿A que si?
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** Dojo Kamiya, presente **
Kenshin estaba en la cocina lavando sus manos cuando se dio cuenta de la presencia de Kaoru. De cualquier forma, no es como si pudiera ignórala.
― ¿Cuándo tienes pensado decirme tu verdadero nombre? ― Le preguntó Kaoru al tiempo que le extendía una toalla. ―Prometiste que me lo dirías, Bat.
Kenshin puso los ojos en blanco.
― ¿Oro? ― Kaoru rió al escucharlo decir aquella extraña palabra que llevaba diciendo en los últimos días. Kenshin se sonrojo. No podía evitar decirla. ― Jamás prometí tal cosa.
―Por supuesto que lo prometiste. ―Kaoru puso los ojos en blanco. ― Es solo que no te acuerdas de ello.
Kenshin arqueó una ceja ante la mentirijilla. Que él supiera tenía muy buena memoria. Y era perfectamente capaz de recordar una promesa; y más si la había hecho a Kaoru.
―Ya te he dijo como me llamo.
―Nadie se llama Battousai.
Kaoru abrió los ojos como platos, incrédula.
―Yo lo hago.
―Bat. ― Ella lo miró con una ceja arqueada. ― Sé que no es tu verdadero nombre. Así que, ¿por qué no te dejas de rodeos y me lo dices? Ni siquiera se lo diré a nadie si eso es lo que quieres.
Oh, ella era buena. Tan buena en intentar convencer a los demás en hacer lo que ella quería. Pero él no era como los demás, y si había cosa que había aprendido con Shishio Makoto era a no doblegarse nunca.
Sus labios hicieron una línea dura y se negó a hablar.
― ¿No me lo vas a decir, verdad? ― Preguntó Kaoru con un suspiro. ― ¿Ni siquiera la primera letra?
Silencio…
Kaoru hizo un puchero al no recibir nada como respuesta.
―Está bien, por esta vez lo dejaré pasar. Pero escucha bien, Battousai… ―Kenshin se quedó cuando sintió la mano de Kaoru justo en la mejilla que tenia la cicatriz en forma de "x". ― La próxima vez me vas a decir tu nombre verdadero. No pienses que desistiré tan fácilmente.
Como si él no lo supiera. Pero incluso ante esa "amenaza", aun así siguió sin decirle su nombre verdadero. Ella salió de la cocina como si le hubiera llamado busu (fea), y Kenshin no pudo evitar sonreír divertido con todo aquello.
Fue una sonrisa diminuta, tan imperceptible que apenas se veía, pero era una sonrisa al final y al cabo.
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―Niñas, ¿qué les parece la idea de venir conmigo al mercado? Voy comprar algunas cosas que faltan.
Kaoru y Misao al rato estuvieran lista para salir. Megumi, quien ya sabía de ante mano de aquella salida, se había arreglado más temprano.
―Ya estamos lista, oka-san. ― Dijo Kaoru, mientras ayudaba a Misao a "esconder" a Nezumi en su kimono. No logro su cometido, por supuesto, porque la comadreja hacia un bulto con su cuerpecito.
Sakura solo rodó los ojos y pidió a Buda por un poco más de paciencia.
―Entonces nos vamos.
Las niñas se despidieron de su padre besándolo en la mejilla y luego corrieron en dirección de su madre y de Megumi que las esperaban en el portón. No tardaron mucho en llegar al pueblo, puesto que no vivían muy lejos.
Misao agarró la manga de su madre en un intento por atraer su atención.
―Nos está siguiendo, mami.
Sakura frunció el ceño mientras miraba alrededor suyo como si nada. Un poco más atrás, estaba Kenshin oculto entre la sombra de los arboles. Nop. No las estaba siguiendo a ellas. Battousai estaba siguiendo a Kaoru. Y solo a ella.
Siguieron caminando por el pueblo como no estuvieran al tanto de la presencia de Kenshin. Se detuvieron en una barrita, y mientras Misao escogía una fruta para comer por el camino, Kaoru se encantó por un perro que una pareja de ancianos estaba paseando. Se agachó y lo acarició en la cabeza. Luego Nezumi, celoso, se subió a su cabeza y se quedó oliendo al perro. Unos segundos después parecían los mejores amigos.
Luego se levantó y deambulo de aquí para allá, hasta que con una sonrisa se detuvo junto a un gran arbole.
―Sabes, Bat, si querías venir al pueblo con nosotras lo único que tenias que hacer era decirlo.
Kenshin dio un respingo cuando se dio cuenta de que lo habían descubierto.
―Oro… ― Fue lo único que alcanzó a decir. Kaoru movía la cabeza de un lado a otro.
―No tienes que esconderte, ¿sabes? ― Kenshin casi se sonrojo. Casi. ―Bien.
Tímidamente, Kaoru entrelazó su mano con la de Kenshin mientras fingía que algo alrededor le había llamado la atención. Kenshin se quedó helado al sentir su tibia y suave mano. Kaoru siempre parecía cogerlo con la guardia baja. Esperaba los golpes y hasta insultos. Pero no su toque ni mucho menos cariño.
Sintió mortificación cuando sintió el pulgar de ella acariciando su palma. Ni siquiera sus propios padres le habían mimado como lo hacia ella.
―Vámonos. Mamá quiere ver la nueva tienda de kimonos que ha abierto en el pueblo.
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Al entraron en la tienda, Kenshin se sintió como un pez fuera del agua. Y más aun cuando la señora Kamiya insistió en que probara algunos pantalones y haoris.
En el campamento de Shishio uno no tenia que preocuparse por estar limpiar o por la ropa. No importaban ese tipo de cosas cuando lo único que hacías allí era pelear. Pero en el dojo Kamiya había reglas; reglas muy estrictas. Tan estrictas que hacían con Kenshin deseara huir de allí.
Divertido, Kenshin se dio cuenta de Kaoru estaba acariciando distraídamente un haori mientras lo miraba de reojo. La tela era de color fucsia. Parecía indecisa entre quedarse callada o decirle lo que fuera que estuviera pensando.
Se aproximó de ella.
―Dilo.
Ella se sonrojo y bajo la cabeza tímidamente.
―No es nada, Bat.
―Ya, seguro. Venga, dime lo que estas pensando. ―La desafió.
Ella mojó sus labios con la punta de su lengua, indecisa. Luego respiró profundamente y lo soltó.
―Estaba pensado que este color te quedaría muy bien. Podrías usarlo como un haori.
Kenshin no pestañeo, tampoco tragó saliva. Aunque su corazón dio un vuelco. Okey, eso fue extraño.
Él ya era medio afeminado con su cabello largo. Si usaba una vestimenta cuyo color era más indicado para una mujer entonces la gente lo confundiría definitivamente con una. Que esto no le preocupara en lo mas mínimo lo alarmo. Que quisiera seguir su sugestión – y hasta agregar otra tal como "y podría usar unos pantalones blancos" – lo alarmó todavía más.
Después de algún tiempo callado, Kenshin respondió.
― ¿Supongo que no pierdo nada por probarlo no?
Kenshin estaba - casi – seguro que con el tiempo se arrepentiría de la decisión que estaba tomando. La gente – en especial los vecinos de los Kamiya – ya se burlaba de él por ser demasiado pequeño y flacucho. Si aparecía con aquella ropa seria el hazmerreír de todo el mundo.
Pero ella parecía tantas expectativas de verlo vestido con aquel haori que Kenshin no encontró fuerzas para decirle que no. Y dudaba que algún día pudiera negarle lo que sea.
Fue a un vestuario y se vistió los pantalones blancos y haori fucsia. Cuando salió, se sonrojo furiosamente al ver que sus hermanas y su madre lo estaba esperando.
― Oh, Kaoru-san. ¡Has dado en el clavo! La ropa le queda fenomenal a Battousai!
Kenshin quiso gruñirles, y lo hubiera hecho si Kaoru no estuviera presente. Así que solo se pasó una mano por su cara y suspiró frustrado mientras intentaba controlar su temperamento.
La señora Kamiya y Megumi asintieron con la cabeza, mientras Kaoru lo miraba con un brillo especial en los ojos. Tímidamente, se aproximó de él y le dio un beso en la mejilla con la cicatriz. Kenshin se sonrojo todavía más.
Kaoru termino escogieron un kimono amarillo con algunas flores esparcidas por todo el tejido y Misao uno verde. Megumi no quiso comprar ninguno. Sakura pagó y luego salieron a la calle.
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** 30/09/2012 **
EDIT: He encontrar en pixiv * net (una página web japonesa en la que cualquier persona puede publicar sus dibujos sobre sus animes preferidos o incluso añadir los que encuentra allí como favoritos en su perfil) una imagen de como serian - mas o menos - Kenshin y Kaoru de niños. Yo los quería juntos, es de solo uno o otro, y esta imagen es lo mas cercano a esa idea que he encontrado. Será la portada de "El precio de tu corazón" de ahora en adelante; espero que les haya encantando. ;)
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Notas de la autora: Sé que muchas esperaban momentos románticos entre K&K, y lo cierto es que yo me muero por escribirlos. Pero ellos son todavía unos niños, así que ese tipo de cosas no quedarían bien.
Aunque quisiera poner algún beso, a Kaoru (que solo tiene ocho años) le parecería la cosas más asquerosa del mundo. Además, ese no es el objetivo de este fic, si no mostrar cómo habría sido la vida de Kenshin si Kaoru lo hubiera encontrado de niño es vez de esa caravana de esclavos.
Quería que lo hermanos Amakusa apareciesen en este capítulo, pero me he quedado tan bloqueada con que decidí que en el próximo capítulo (después de todo, "este día" todavía no ha terminado).
También en el próximo capítulo va a aparecer Hiko (aunque todavía no se cómo se llamara la "abuela" o que personaje encajaría en el papel de esposa de Hiko. ¿Sugestiones?), y también Aoshi. Sanosuke, lamentablemente, va a tarde un poco en aparecer. :/
Por lo demás, lamento mucho la tardanza en actualizar el fic. Mi inspiración no se sentía para nada inspirada. (¿?)
Gracias a todas/os por sus reviews. Sigan escribiendo sus opiniones, pues esa es la única manera de saber lo que piensa de la historia.
¡Hasta la próxima!
