¡Hola!
¡Qué rápido me ha pasado este mes! Casi pensaba que no podría actualizar con todo el tema de las vacaciones, pero bueno, aquí estamos.
Como siempre, todo lo reconocible no es mío sino de J. K. Rowling, yo no gano nada en esto.
Nos leemos a bajo.
Yes, we love you
Lily estaba sentada en la mesa del comedor del piso que utilizaba la Orden del Fénix esa semana.
Poco después del ataque a Hogwarts, Dumbledore les había ofrecido a los Merodeadores, al matrimonio Longbottom y a ella misma entrar a formar parte de la misma. Ella no lo había tenido muy claro al principio, pero James y Sirius se habían lanzado de cabeza. Remus y Peter los habían seguido, probablemente más por lealtad que por convicción, aunque nunca lo reconocerían. Frank ya formaba parte de ella, y Alice se enfadó muchísimo por no haberle hablando de ello. Lily se vio a si misma reflejada en Alice, por lo que también decidió entrar.
Con el tiempo, tanto Remus, Peter, Alice y ella habían pasado a ser firmes defensores de la Orden, y a ofrecerse voluntarios para según qué otra misión más que cuestionable.
Ahora, se encontraba hablando con Marlene, su compañera de Hogwarts, que había entrado en la Orden seis meses después que ellos. Era una trabajadora del Wizengamot, especializada en temas familiares, lo cual hacía que tuviera contacto directo con los papeles de ciertos mortífagos, algo que iba muy bien para establecer las conexiones personales e incluso económicas entre ciertos magos de dudoso nombre.
En veinte minutos tenían reunión diaria de la Orden, normalmente, se realizaba una al día pero solo asistían los que o bien habían terminado la misión que se les había encargado o bien debían informar de algo urgente. La que era sagrada y nadie se podía saltar, era la que se hacía el segundo y cuarto viernes de cada mes, en ella, eran el mismísimo Dumbledore, acompañado de Alastor Moody, quienes conducían la reunión.
La misión que tenían Lily y Marlene terminó antes de lo esperado y fueron al piso anticipadamente, a la espera que llegaran los otros miembros. Marlene acostumbraba a ser su compañera en la Orden. Les habían prohibido hacer misiones de campo solos, más por seguridad que por poder disponer libremente de miembros: iban escasos y raro era el día que alguien no estuviera herido o, en el peor de los casos, hubiera caído.
En ese momento entró el matrimonio Longbottom de la mano. Alice les sonrió cálidamente y Frank les hizo un saludo con la cabeza, no muy contento.
- Un corte en la pierna – les dijo Alice – Ahora volvemos
Lily suspiró. Envidiaba a Alice y a Frank. En un principio, la pareja de Lily en la Orden fue James, de la misma forma que Alice era la pareja de Frank. Para James era lo mejor y ella también suspiró aliviada. No quería a nadie más de pareja de James, debía ser ella quien se encargara de protegerlo, además, así no estaría ansiosa por saber si se encontraba bien o no, puesto que en algunos casos, las misiones eran secretas y nadie podía enterarse.
Pero, por alguna razón que enfurecía a Lily, la pareja de combate formada por el recién estrenado matrimonio Potter no funcionó.
En las primeras misiones, todo fue perfecto. James y ella se compenetraban, se entendían y a veces no hacía falta hablar para saber que debían hacer o como debían actuar. Hasta que llegó la noche trágica. Su primer enfrentamiento cara a cara con Voldemort.
En ese momento, Lily y James fueron un cero a la izquierda, fue tan desastroso el tema, que en algún momento, James perdió las gafas y tuvieron que noquear a Lily, puesto que el único medio de transporte utilizable era el vuelo en escoba. Por mucho que Lily se avergonzara de reconocerlo, los dos estaban vivos porque el asaltó cara a cara con Voldemort y un par de sus secuaces se produjo cuando los Potter se encontraban en compañía de Frank, Alice, Sirius y Dorcas.
Esa misma noche, cuando volvieron al pequeño piso que compartían en el centro de Londres, James la sentó en el sofá destartalado que tenían, la cogió de la mano y sonrió.
- Te quiero tanto Lily – besó suavemente la mano de su mujer, casi con adoración – Tanto, que no puedo ser tu pareja en la Orden. – Lily frunció el ceño. ¿No era lo suficientemente buena? Estaba a punto de empezar un discurso a James sobre la igualdad de sexos cuando vio un brillo divertido en los ojos del chico, como sabiendo lo que ella iba a decir, y antes de que Lily pudiera abrir la boca, añadió: – En una misión de la Orden, necesito estar centrado y si tengo que tomar una decisión de vida o muerte, debo poder ser capaz. Contigo no puedo – James sonrió con resignación - Siempre pienso antes en ti.
Lily se relajó. Ya lo sabía, lo había sabido desde el principio.
En una misión de la Orden, debías mirar primero por tu vida y luego por la de tu compañero, porque de lo contrario, terminabas descuidando la tuya e, indirectamente, la de tu colega. Moody había hecho un par de sermones a las parejas que interactuaban en la Orden sobre ese tema.
Lily había entendido, después del enfrentamiento nefasto contra Voldemort, que, a veces, era necesario ponerse a salvo a fin de poder atacar con más eficacia. Si James iba de pareja con Sirius o incluso Alice, se separarían y cada uno correría a buscar un lugar donde quedar protegidos. Si James iba de pareja con ella, buscaría el lugar de refugio para Lily pero no para él.
Ese día en el que casi uno de los dos muere, había pasado justo eso: en vez de protegerse cada uno a sí mismo, habían intentado proteger cada uno al otro. El resultado fue que James se había intentado poner delante de ella para parar maldiciones que iban dirigidas a la pelirroja y Lily solo había hecho un hechizo de protección para James, no para ella.
Lily ladeó la cabeza para mirarse a James. Éste estaba acariciando suavemente su mano, sin mirarla a los ojos, sabiendo que si lo hacía quizá no podría decir todo lo que se proponía, porque si James Potter tenía un punto débil, ese era su esposa. Y ambos sabían que los mortífagos nunca podrían terminar con el coraje del ex Gryffindor pero la mirada tierna de Lily le hacía olvidarse de todo lo importante.
Lily se inclinó y le dio un suave beso a James en los labios, despertándolo. Él levantó la mirada y ambos sonrieron, entendiéndose sin palabras.
A partir de ese momento, el matrimonio Potter cambió de parejas. James hizo tándem con Sirius y ella con Marlene.
Mientras, para frustración de Lily, el matrimonio Longbottom parecía no tener problemas en ese tipo de asuntos, probablemente debido al entrenamiento de auror de Frank.
Alice volvió a entrar en la habitación, interrumpiendo la conversación entre Marlene y Lily. Llevaba la túnica desgarrada, dejando ver su pierna izquierda y un vendaje en el muslo de dicha pierna. Se sentó al lado de Marlene, casi dejándose caer como un niño pequeño, y la ex Ravenclaw le dedicó una sonrisa cálida. Las tres habían pasado a ser muy buenas amigas.
- ¿Qué tal? – preguntó Marlene y Alice les relató cómo había ido la misión y como se había cortado de la forma más tonta que alguien se podía imaginar, con el consiguiente enfado de Frank.
- Por cierto, quiero decíroslo antes de que Moody lo diga hoy en la reunión. Voy a dejar de hacer misiones de campo durante un tiempo – dijo Alice con una media sonrisa misteriosa
- ¿Cómo? ¿Por qué? – preguntó Lily asustada. Alice no era de abandonar nada a medias.
- Estoy embarazada – las mejillas de Alice se tiñeron de un rosa pálido
- ¡Merlín! – se sobresaltó Marlene, como no sabiendo si era una buena noticia - ¡Felicidades Alice! – dijo abrazándola con fuerza
- Gracias – sonrió Alice y Lily le cogió fuertemente de la mano, dándole su apoyo
- Estoy tan contenta por vosotros – Lily y Alice se miraron y no hizo falta decir o hacer nada más, siempre habían tenido esa complicidad en la que a veces un gesto valía más que las palabras.
En ese momento entró Frank y cuando percibió las tres miradas femeninas, se sonrojó furiosamente, algo que solo le pasaba cuando alguien hacía referencia a Alice.
Lily no pudo hacer un comentario jugoso de los que había aprendido de Sirius porque en ese momento casi todos los miembros de la Orden entraron en el salón.
Los últimos en entrar fueron los Merodeadores, que venían riendo y bromeando sobre algo. A Lily se le paró el corazón cuando vio entrar a su James e inconscientemente se llevó una mano al vientre.
Sí, ella también tenía una noticia que darle.
James no la localizó al momento y cuando lo hizo Lily sintió que dejaba ir el aire que no se había dado cuenta que retenía en los pulmones. Se sintió una adolescente enamorada, sensación que hacía mucho que no sentía.
James caminó hacia ella, con ese aire travieso y rebelde que nunca perdería. Lily se imaginaba a sí misma, con 15 años, esperando a qué el rebelde guapo del curso se acercara e ella y le dijera alguna fase trillada para salir con él.
En vez de eso, cuando James estuvo cerca de ella se inclinó casi majestuosamente y rozó sus labios con los de ella, saludándola y ella solo pudo sonreír, feliz de que el rebelde guapo del curso fuera su marido.
- Hola – James la miró divertido por su reacción y ella sonrió aún más.
- Venga parejita, un poco de aire, que lleváis dos años casados y ahora hay menores delante – bromeó Sirius, que estaba apoyado en el respaldo de la silla donde estaba sentada Marlene y había señalando a Alice, provocando que ésta le mirara simulando enfado.
- Oh, cállate Padfoot, a ti lo que te molesta es no poder hacer menores – le retó James, a lo que toda la Orden rió.
Sirius le enseñó el dedo corazón a James y él respondió de la misma forma. A Lily no se le escapó como Marlene se removía algo incómoda en la silla.
Cuando la reunión se terminó, Lily se despidió de Alice con un fuerte abrazo, haciéndola prometer que en dos días tenían que cenar y contarle todo sobre el embarazo, ganándose la frase de "Oye pelirroja no querrás que te hagan una clase ilustrativa ¿verdad?" de Sirius. Lily negó con la cabeza y decidió ignorar a Sirius, haciendo que James le dedicará una mirada burlona a su amigo.
Los Potter se entretuvieron unos minutos despidiéndose de Remus, que le habían encargado la misión de contactar con una comunidad de licántropos que se estaba asentando en Escocía, liderada por Greyback, a fin de descubrir cuáles eran sus planes puesto que tenían muy clara cuál era su posición.
- Vigila por favor – Lily abrazó fuertemente a Remus. Estaba preocupada por Remus, su condición de licántropo no le hacía las cosas especialmente fáciles en el mundo mágico.
Inconscientemente, pero, la mirada de Lily se dirigió al pequeño de los Merodeadores, que se encontraba a su lado. A Peter cada vez lo veía más callado, más cerrado en sí mismo, como si algo le pasara. James estaba hablando y bromeando con Peter, ajeno al cambio de actitud de su amigo. Cuando Lily se separó de Remus, fue James quien encajó fuertemente la mano al licántropo, como queriéndole transmitir confianza. No era una misión fácil y conllevaba muchos peligros.
Cuando llegaron a la entrada del piso franco, James cogió la capa de que Lily utilizaba en la entrada de ese mes de diciembre y la ayudó a abrochársela. Ella le dedicó una sonrisa agradecida y James la cogió de la mano, entrelazando sus dedos para darse calor y juntos bajaron las escaleras.
- James… - Lily empezó a tantear el terreno, esa noche, sin falta, debía hablar con su marido, pero las palabras murieron en su boca.
En el hueco de la escalera se encontraron a Sirius y a Marlene, los dos demasiado cerca, invadiendo el espacio personal de cada uno. Marlene se apartó de Sirius, algo sonrojada, y salió por la puerta después de despedirse brevemente del matrimonio Potter, con demasiadas ganas de desaparecer de la escena. El ex Merodeador ni tan siquiera intentó mirarlos.
- Tienes suerte Sirius, que no sea tan ácida como tú y que Marlene me caiga bien, sino, te hubiera dedicado un comentario de lo más soez acerca de la probabilidad de creación de menores en ciertas actividades – dijo Lily. James soltó una carcajada y Sirius le dio un golpe en el brazo de su mejor amigo. Era un secreto a voces en la Orden que Sirius y Marlene tenían algún tipo de aventura.
- Eres tan insoportable Evans – Esta vez fue James quien le dio un golpe en el hombro a Sirius y Lily rodó los ojos. Cuando quería hacer picar a James y a Lily, Sirius decidía dirigirse a ella como Evans.
- Compórtate Padfoot, o sé de uno que dejará de ser padrino de mi hijo – Lily se tensó pero no dijo nada, intentando mantener su mirada puesta en Sirius, que por una vez, se mostraba algo avergonzado en relación a una chica.
- Eso será cuando hagas puntería – La impertinencia de Sirius no había variado ni un ápice, y mucho menos con sus amigos. Pese a eso, James no cayó en la provocación y en vez de eso, cogió suavemente la mano de Lily y besó de la forma más tierna que sabía el reverso de la mano
- Oh, Padfoot, he hecho más puntería de lo que piensas – Lily ahora lo miró.
James la miraba y sonreía, con esas sonrisa divertida pero a la vez algo culpable. Y ella lo entendió.
James lo sabía. ¡Lo sabía! Los ojos de los dos se encontraron y las rodillas de Lily se transformaron en mantequilla. James la cogió de la cintura, casi al vuelo, y la acercó, quedando perfectamente acoplado el cuerpo de Lily al de James
- ¿Lo sabes? – Como respuesta, James la besó apasionadamente, sin importarle que Sirius estuviera ahí y también ignoró completamente el abucheo que les dedicó el joven Black. Lily colocó un brazo alrededor del cuello de James y con la otra mano le agarró la solapa de la chaqueta que utilizaba, sus piernas no soportaban su peso.
- Claro que lo sé – besó otra vez a Lily, esta vez un par de besos cortos, pero sin despegarse ni un centímetro del cuerpo de la pelirroja – Llegó el análisis muggle que te hiciste por correo ordinario. Cuando leí que era de un hospital me importó tres pimientos lo de la intimidad de la correspondencia.
Lily se había hecho el análisis para corroborar que estaba embarazada en un hospital muggle, la Orden tenía algunos espías en San Mungo, y no le apetecía que alguien que no fuera James se enterara antes que el posible futuro padre.
- Lo siento, sé que tendría que habértelo dicho nada más sospechar algo pero… - James la calló con otro beso y la abrazó fuertemente. Había estado esperando todo el día para explotar de la emoción y ahora en lo único que podía pensar era en desnudar a la madre de su hijo. ¡Merlín, no podía ser más feliz!
- Merlín, voy a ser tío. No puedo esperar a verte engordar – Chilló Sirius y los abrazó mientras pronunciaba esas palabras, los tres estallaron en carcajadas. Felices por estar juntos en esos momentos.
Lily estaba en la cocina de su pequeña casa unifamiliar que James y ella habían comprado en el valle Godric. Poco después de que James descubriera el embarazo, los dos habían acordado que el piso que compartían en Londres era demasiado pequeño para los dos, el niño y Sirius.
Así pues, después de valorar varias opciones, se trasladaron al Valle Godric. Era pueblo de magos, por lo que no tendrían que disimular con sus vecinos, James al principio no lo entendió pero Lily si sabía que era tener que disimular ser otra persona cuando estaba en casa. De hecho, la situación de los alumnos con orígenes muggles, era esa doble incomodidad: incomodidad en casa, puesto que debían ser como un muggle normal (ayudaba el hecho de no poder hacer magia pero no por eso dejaba de ser frustrante) e incomodidad en Hogwarts, donde incluso los que aceptan los de origen muggle terminan mirándolos mal por hacer cosas fuera de lo común, como, por ejemplo, utilizar un bolígrafo en vez de una pluma.
El Valle Godric, además, tenía el aliciente de ser un pueblo tranquilo y con la discreción adecuada, había muy pocos vecinos y la gran mayoría eran segundas residencias, lo cual, facilitaba la norma de "pasar desapercibidos" que reinaba en la Orden.
Esa casa se convertiría en la fuente de los recuerdos más felices para el matrimonio Potter, el primero, la celebración doble de los embarazos de Alice y Lily. El segundo, que ambas esperaban a dos niños. ¡Merlín, Frank y James casi mueren de la emoción! Y Sirius no se cansaría de burlarse de ello. Lily sonrió internamente al recordarlo.
Un ruido la distrajo, dejó de mirar atentamente al agua que estaba hirviendo para preparar el té, y se giró hacia la puerta trasera.
- Ya esta pelirroja – Sirius entró con sacudiéndose las manos
- Gracias, pero no hacía falta – la costumbre de Sirius de no separarse de James durante más de un día seguía ahí, y Lily había aprendido a querer a Sirius como el hermano que nunca tuvo.
- Si James se entera que pese a estar aquí no te he ayudado a sacar la basura me mata – dijo señalando la barriga de Lily. Ya estaba de ocho meses y el embarazo era más que notable.
- Ya…no sé qué haría sin mis caballeros – Lily le sirvió una taza de té a Sirius y otra a sí misma.
Sirius miró a Lily, que se centraba en subir y bajar la bolsa del té, alternando el rimo, pero él sabía que estaba muy lejos de ahí.
- Lily… - después de varios minutos de silencio Sirius se decidió a romperlo. – No debes preocuparte
- No estoy preocupada – fue una respuesta automática, quizá la que daba siempre a todo el mundo que le preguntaba.
Hacía un par de días, un espía dentro de los mortífagos había hecho llegar la información a la Orden de que "querían a Potter", todo el mundo pensó que estaban buscando a James para matarlo. Él y Sirius se habían vuelto algo suicidas con las misiones de la Orden y eran uno de los equipos que más resultados daban y su lealtad a Dumbledore era sabida por todos, por lo que no se extrañaron que alguno de los dos estuviera en el punto de mira.
Cual fue la sorpresa cuando, al salir de una revisión muggle habitual del embarazo, Lily había insistido en ello al saber que en San Mungo había demasiadas miradas indiscretas y no pensaba desatender su embarazo, dos mortífagos se plantaron delante del matrimonio Potter, ofreciendo a ambos la posibilidad de entrar en las filas del señor Oscuro.
James no necesitó más para coger a Lily de la mano y desaparecer, sin darles oportunidad a que dijeran nada más. Los mortífagos habían lanzado un hechizo a la desesperada que había dado a James. No era nada grave (aunque Lily debía reconocer que si le hubiera dado a ella con el bebé otro gallo cantaría) pero debía quedarse en la enfermería de Hogwarts (al desconfiar cada vez más de San Mungo) un par de días.
Sirius, después de varias amenazas de muerte, se había ido a vivir con ella mientras James no volvía, aunque lo hubiera hecho igualmente sin las amenazas, era más divertido hacer enfadar a su amigo.
- No estoy preocupada – volvió a insistir – James se va a poner bien, lo que me preocupa es esto – Lily acarició su vientre abultado
- Lils – Sirius observó como a la señora Potter se le empañaban los ojos de lágrimas
- No sé porque no tuvimos más cuidado y no esperamos – Lily estalló en lágrimas.
Era algo que los dos habían hablado y James, como respuesta, solo se encogió de hombros y sonrió: todo lo que me pasa a tu lado es bueno, él también lo será. Pero parecía que toda la tensión vivida y acumulada había decidido estallar en aquel momento, ayudada por las hormonas locas de un cuerpo en estado. Sirius se levantó rápidamente y corrió a reconfortarla.
- Vamos Lily, si estás encantada – afirmó Sirius cuando el llanto se había calmado un poco. Lily sonrió entre lágrimas, era cierto, pero una cosa era preocuparse por la vida de un adulto y la otra por la de un bebé.
- Me da miedo ponerle en peligro – susurró entre sollozos
- Vamos pelirroja – y Sirius la abrazó, de la forma más tierna en el que se puede abrazar a alguien. Un brazo lo pasó por los hombros de ella mientras que con el otro, de forma protectora, rodeó el vientre de embarazada. Sirius se inclinó un poco y beso la frente de Lily – Yo no voy a dejar que nada os pase a los tres – se quedaron así durante un rato, Lily no supo saber cuánto, pero la tranquilidad de las palabras y los gestos de Sirius la relajaron.
- Vaya… - se separaron cuando oyeron esa voz. La voz que los mantenía unidos – No esperaba que mi mejor amigo intentará quitarme mi mujer – James tenía una fea venda que le envolvía la cabeza tapándole un ojo pero una sonrisa divertida adornando sus labios
- Serás idiota – fue lo único que dijo Lily antes de lanzarse a sus brazos y darle un beso en condiciones – Con lo que me has preocupado y no eres capaz de decir que pasáramos a buscarte. – Lily se separó de él – Serás idiota – volvió a repetir mientras negaba con la cabeza. James le sonrió, de la manera que siempre le sonreía, de una forma que excluía a todo el mundo de ese contacto visual. Para transmitirle confianza y cariño. Para transmitirle amor.
- Prongs – saludó Sirius mientras chocaban los cinco, con la otra mano James mantenía a Lily abrazada - ¿Cómo estás hermano?
- Bien. Poppy dice que está noche ya me podré quitar las vendas, aunque deberás hacerlo tu – dijo a Lily – Yo no veo nada sin las gafas – Sirius se carcajeó y James se le unió enseguida. Lily se quedó viendo a esos dos hombres en medio de su cocina, hombres que en aquellos momentos parecían niños grandes. Acarició su vientre otra vez y se sintió feliz.
Después de unas cuantas bromas y unos cuantos chistes malos, según Lily, y buenos, según los chicos, Sirius se encargó de preparar algo para comer mientras Lily se sentaba a descansar, con los pies en alto, y James dejaba reposar su cabeza en la falda de la ex prefecta con su oreja tocando la barriga. No hacía mucho que James había descubierto que el pequeño Potter hacía ruiditos dentro del útero y no podía dejar pasar la oportunidad de escucharlos.
Lily empezó a pasar la mano por el pelo de James, mientras él se relajaba completamente y cerraba los ojos. Esos momentos de tranquilidad y felicidad para él, eran los más valiosos.
- Tengo un nombre – dijo Lily, sin parar de acariciar el cuero cabelludo de su marido.
- Mmm… - el tema del nombre no parecía preocupar mucho a James puesto que él quería que se llamara James Sirius Potter
- Harry – James abrió los ojos – Harry James Potter, a mi me gusta, tiene sonoridad. ¿Qué te parece?
- Mmm… - volvió a decir James mientras volvía a susurrar el nombre sin apartar la mirada de la de Lily. Ella le sonrió y él no tuvo que decir nada más – Me gusta
- Siempre podemos llamar Sirius al siguiente – bromeó ella
- El siguiente se llamará Lily, será una niña pelirroja – James sonrió pícaramente – Entonces tendremos que tener tres – Lily soltó una carcajada pero un calorcito agradable empezó a recorrerle el cuerpo. No había nada que la hiciera más feliz que una familia suya y de James.
- No sé si voy a poder con ello – James se levantó del regazo de Lily
- ¿Te encuentras bien?
- Cansada – Lily se encogió de hombros y James le dio un beso, sabía que Lily no solo estaba cansada por su embarazo sino por la situación que vivía el mundo mágico.
- A mí también me gusta el nombre de Harry – Sirius entró en el comedor demostrando que había estado pendiente de la conversación.
Lily negó con la cabeza, menos mal que había superado la vergüenza inicial de que Sirius apareciera en los momentos menos oportunos cuando compartieron piso los tres. Ahora que vivían separados tenía la decencia de avisar la gran mayoría de veces que iba, con lo que habían ganado algo de intimidad, aunque Lily sabía que si Sirius no estuviera ahí la mayoría de las veces, sería James quien iría al piso de su amigo. Si había algo que James y Sirius nunca iban a olvidar era su lealtad y preocupación el uno por el otro.
- Me lo sugirió Marlene – lanzó Lily. Sirius la miró y se puso una mano en el corazón
- Tocado – susurró el moreno
- ¿Qué pasa con Marlene? – volvió a la carga Lily.
- ¿Qué le pasa? – contestó despistado Sirius. James volvía a tener los ojos cerrados y la cabeza recostada en la falda de su mujer, sin las gafas se mareaba, pero se estaba divirtiendo enormemente con la incomodidad creciente de Sirius.
- No lo sé, Sirius, cuéntamelo tu – le siguió Lily el juego.
La última vez que habían visto a Marlene fue en una cena en el piso de Sirius, y, curiosamente, "se había quedado a recoger". Pese a los múltiples escarceos de Sirius no recordaba que ninguna chica le hubiera ayudado a "recoger" nunca en su piso (también conocido como santuario) de soltero.
- Me gusta McKinnon – dijo James al cabo de un par de segundos de silencio incómodo. Sirius se rió y se fue de la habitación diciendo que "no te emociones Prongs"
- ¿Por qué ha dicho eso? – preguntó Lily cuando Sirius había desaparecido de su campo visual
- Fue la frase que me dijo cuando me enamoré de ti y que repitió exactamente igual cuando tomé la decisión de pedirte que te casarás conmigo. "Me gusta Evans".
- Muy Sirius
- Sí – James sonrió de medio lado.
- Me gusta Black – bromeó Lily. James abrió un ojo y pese a ver borroso pudo distinguir su cabellera rojiza y sus ojos verdes
- Y yo no podría quererte más – Lily sonrió y se inclinó a darle un beso. Sabía que no solo lo decía por todo lo que estaban pasando sino también por haber aceptado de forma tan abierta a Sirius y los Merodeadores en su vida.
James entró en la habitación que le habían dado en San Mungo. Lily había dado a luz.
Estaban los dos en la cocina, hablando, queriéndose y riéndose, como siempre, pese a las maldades que acechaban el mundo mágico esos días. James la miró y vio como la expresión de Lily cambiaba. "Merlín, tengo contracciones".
En un principio, eso no habría asustado a James, ya habían pasado por eso, de hecho, se habían aparecido dos veces en el hospital mágico, uno con él y otro con Sirius, pero ambas veces habían sido falsas alarmas. Pero ese día, Lily se sujetó la barriga con fuerza y lanzó un gemido muy agudo de dolor (y casi podría jurar que también hubo una amenaza de muerte hacia el padre, pero nunca se lo comentaría a la pelirroja).
James había subido rápidamente a buscar la bolsa del niño y salieron a la calle para aparecerse en San Mungo. Ese día, no fue una falsa alarma.
- Lils – susurró James. Lily estaba tumbada en la cama, con los ojos cerrados, descansando, y el cuero cabelludo todo sudado.
- James… - susurró ella, su voz denotaba cansancio. El parto había durado unas buenas ocho horas porque el niño había decidido que si bien era la hora, ahí donde se encontraba se estaba demasiado bien.
- Sshh… - James se sentó en el borde de la cama, apartando el flequillo de la frente de su esposa, pringosa por la sudor – Duerme tranquila – Lily abrió definitivamente los ojos y James se sorprendió al ver los ojos verdes de Lily, cansados pero brillantes y excitados, felices.
- Quiero verle – James sonrió contento y se levantó hasta llegar a una cuna que había a dos pasos de la cama de la pelirroja – Hola Harry – dijo Lily cuando James dejó al pequeño en brazos de su madre. La voz de Lily denotaba amor y cariño extremos - ¿Cómo estás? – Lily dejó que Harry cogiera su dedo índice y el niño pareció estar más tranquilo al haber reconocido el olor de su madre, y que ella estaba cerca. – James – la voz de Lily era un susurro y James se sorprendió al descubrirse que había estando mirando a su mujer y a su hijo durante varios minutos
- Sois preciosos. Sois lo mejor que he podido hacer nunca – la voz de James también transmitía amor y a Lily se le escapó una lágrimas rebelde.
- Oh, James. Él es lo mejor que hemos hechos nunca. Tu y yo simplemente nos queremos – dijo Lily, sabiendo que James tenía razón. Él se inclinó y besó la frente de Lily, recreándose algo más de lo necesario.
- Voy a traerte agua, debes estar sedienta – Lily le sonrió agradecida mientras recibía un beso en los labios – No tardo
Lily se quedó mirando a Harry. Era un bebé precioso, pero claro, que tenía que decir ella. Era su madre, aunque quisiera, no encontraría a otro más guapo que él. Y se quedaría horas mirándolo, mimándolo y queriéndolo.
La puerta de su habitación se abrió y Lily sonrió cansada cuando Sirius entró por ella.
- Hola señor padrino – le saludó Lily. Sirius parecía inseguro
- James me ha dicho que estabas aquí - ¡Sirius estaba inseguro! No sabía si acercarse o quedarse en la puerta. De hecho, la frase parecía una disculpa.
- Sirius… - los ojos grises y los verdes hicieron contacto – Sirius – Lily lo medio regañó – Ven aquí, eres su padrino – Sirius se acercó no muy convencido
- No quería molestar. Era vuestro momento – Sirius se encogió de hombros, intentando sonar despreocupado pero sin conseguirlo
- No digas bobadas. Es el momento de todos los que nos quieren – Lily palmeó el sitio que unos momentos antes había estado sentado James – Coge a Harry – Sirius levantó rápidamente la mirada
- No, no, Lily, debes hacerlo tu es…
- Como digas es mi momento, te lanzo un hechizo enmudecidor. Es mi hijo, voy a poder cogerlo toda la vida. Hazme el favor – Sirius se levantó un poco y cogió a Harry de los brazos de su madre.
Durante unos segundos, Sirius no estuvo seguro de cómo cogerlo. Después, cambio la forma de poner los brazos hasta que pareció que una postura le gustaba lo suficiente y en la que Harry estuviera cómodo.
Y después para Sirius fue como si la conciencia le golpeara el rostro. Él era su padrino. Él. De esa cosa tan pequeña y tan frágil. No iba a poder hacerlo. Él era el amigo de James no un ejemplo a seguir.
Iba a decírselo a Lily. Debía hacerlo. James necesitaba saber que no había hecho una buena elección. Pero cuando miró a Lily y la vio tan contenta, casi llorando, no pudo.
Lily le había dado una familia, una verdadera familia. James había sido su hermano casi desde que tenía conciencia, pero había sido una decisión de James, no de Lily. Lily se había encontrado con él, el heredero Black, en el pack. Ella solo había escogido a James, nunca a Sirius, ni a Remus ni a Peter. Y pese a eso…los había aceptado. Primero, por respeto a James. Eran sus amigos y los respectaba. Después, había aprendido a quererlos como amigos suyos. Y, Sirius se sentía orgulloso de que fuera solo a él, Lily lo había aceptado como hermano, el hermano que su amiga siempre quiso tener.
Fue su padrino de bodas, y le encantó ver como después del "Sí, quiero", James había rodeado a Lily con sus brazos, había apresado la estrecha cintura de la chica y la había acercado a sus labios casi con violencia, ansioso de ella.
El beso había sido el más bonito que Sirius presenciaría en toda su vida.
James se separó de ella con una sonrisa en los labios y Lily lloraba de alegría. Antes de girarse hacia su padrino y los pocos invitados, Lily volvió a colgarse del cuello de James, mientras este acariciaba con cariño su cintura y el inicio del trasero de la pelirroja. Cuando se separaron definitivamente, James fue hacía él y chocó los cinco
- Lo he logrado Padfoot, es la señora Potter – Los ojos de James transmitían alegría, una alegría que mientras Lily estuviera a su lado nunca se apagaría.
Lily también abrazó a Sirius fuertemente y Sirius le susurró "Hazlo feliz". Lily se separó de él y puso su mano en la mejilla del joven Black. "Siempre" y le dio un beso en la mejilla, sellando la promesa.
Sirius volvió a mirar a Harry, que tenía los ojos cerrados y los labios abiertos, con una respiración rápida pero acompasada, tranquilizadora. Y Sirius se prometió, con esa criaturita en sus brazos, que iba a ser el mejor hermano postizo que James y Lily jamás hubieran tenido. Y su primera misión era la de ser un buen padrino.
Sirius se dejó caer suavemente en la cama de Lily y con voz queda y emocionada le dijo a Lily, mirándola con aquellos ojos grises tan atractivos:
- Gracias Lily, por darme una familia – Lily le cogió la mano, dándole a entender que no hacía faltar dar las gracias por nada.
En la puerta de entrada, Lily vio a James, apoyado en el marco de la puerta con una botella de agua en la mano. James estaba llorando por primera vez en su edad adulta. Y lloraba de la emoción. La mirada de James y Lily se conectó y ambos supieron transmitirse lo mismo con la mirada: Te quiero.
- ¡Merlín! Va a ser tan guapo – añadió Sirius y James estalló en carcajadas, y Lily le seguiría poco después. Harry, disgustado por el ruido, hizo su primer berrinche y fue tío Sirius quien lo consoló.
¿Qué tal? ¿Qué os ha parecido? En un principio, el capítulo iba dedicado a Harry y a las reacciones que James, Lily y Sirius tuvieron en relación a él, pero poco a poco iba escribiendo, me fui dando cuenta que también estaba dedicado a Sirius, y la estrecha relación que éste tenía con el matrimonio Potter.
Para mí era importante recalcar esa lealtad que unían a Sirius y a James, como es vínculo duró a través de los años e hizo que Sirius escapara de Azkaban solo con la voluntad de vengar a su mejor amigo y demostrar su inocencia única y exclusivamente ante Harry, el único vestigio de su mejor amigo. Espero que ese sentimiento haya quedado algo plasmado en el capítulo.
Otro aspecto que quería comentar. ¿Qué os ha parecido la insinuación de la relación Sirius-Marlene? La verdad es que cuando empecé el fic no lo tenía en la cabeza pero revisionando la película de Harry Potter y la Orden del Fénix me di cuenta que de todas las personas que había en la foto, Sirius (aparte de los padres de Harry y Neville) solo resalta a Marlene, y yo pensé ¿por qué? Además, posteriormente Lily le escribe una carta comentando la muerte de los McKinnon, lo cual significa que aparte de estar en la Orden, debían tener algún tipo de relación "estrecha".
Rowling siempre ha dicho que Sirius no tuvo chica, que era un espíritu libre, pero tampoco me parece descabellado pensar que pudiera tener algo parecido a una "aventura", nada tan importante como para pasar por el altar pero si algún tipo de compañera que hiciera más llevadero el momento. ¡Me interesa saber qué opináis!
Por cierto, en principio el próximo capítulo es el último, a no ser que la inspiración aparezca de repente para hacer otro, pero ya dije desde el principio que sería un fic "cortito", cinco capítulos no está nada mal, y más partiendo de la base que solo era un único capítulo (al inicio) pero mi musa no pudo parar.
Aprovecho el momento para dar las gracias a las personas que me han dejado un review: Lily L. Lovegood, Serena mileto y Marel Granger Lupin. Como siempre, ya tenéis la contestación a los mismos y los no registrados, contestación mediante un review mío.
Os animo a qué dejéis review al capítulo y que me déis vuestra opinión, que siempre alegra al corazón recibir uno que otro.
Me despido hasta el 1 de octubre.
Muchos besos,
Aya-Mery.
