Última actualización: 15 de Marzo del 2015.

Fecha actual: 07 de Mayo del 2017.

Esto es muy gracioso, ¿no lo creen? *Risa nerviosa* *Huye y empieza a escribir despavoridamente*.

Disclaimer: Todo lo relacionado a Fairy Tail es propiedad de Hiro Mashima.


Capítulo 4: Bienvenida a Fairy Records.

Levy explotó hacia su tercera clase del día lunes. Había pasado el resto de su fin de semana intentando olvidar las malas experiencias que había vivido en un concierto al que nunca debió asistir en primer lugar. «Nunca en tu vida vuelvas a mencionarme a Gajeel Redfox». Eso era lo que le había dicho a Lucy la última vez que estuvo con ella, y a pesar de eso, no podía sacarse al cantante de la cabeza. Al finalizar sus clases, terminó arrojando sus preciados libros en su casillero para después cerrar la puerta con estrépito. Se sentó en el suelo, con el rostro entre las manos, en medio de un ataque de frustración. Por el amor de toda Magnolia, ¡el tipo era un completo idiota! Logró odiarlo en pocos minutos y aun así… Había algo. No podía explicarlo y eso la desesperaba demasiado.

Se incorporó con un gruñido y decidió regresar a su departamento para despejar su mente y perderse entre las páginas de historias fantásticas que la aguardaban en casa. Olvidaría a esa persona y continuaría con su vida. Sí, era un buen plan. Además, no era como si nunca pudiera olvidar a un simple sujeto, ¿no?

Aunque, al parecer, Gajeel Redfox tenía planeado algo muy diferente para ella.


—No puedo creer que vaya a hacer esto —suspiró un hombre sentado en la parte trasera de la limosina negra que se hallaba estacionada afuera de la entrada principal de la Universidad de Magnolia—. Parezco un acosador.

Un chico con cabello azul se asomó a través de la ventana que separaba el asiento delantero de los traseros.

—Pero fue Gajeel el que te pidió que lo hicieras, ¿no Lily?

—¿Pedírmelo? ¡Ja! Más bien me lo ordenó, Happy —se cubrió el rostro con ambas manos—. No sé cómo voy a hacer esto, asustaré a la pobre chica de por vida.

—Entonces no lo hagas.

—¿No hacerlo? —el hombre levantó la vista, incrédulo—. No quiero ni imaginar cómo se pondría Gajeel con eso. Y me amenazó con no dejarme entrar al departamento si no lo hacía —suspiró—. Además, es mi amigo. Y ésta es la primera vez que lo veo interesarse así por una mujer. Tal vez salga algo bueno de todo esto.

—¡Aye! Si tú lo dices…

Se recargó contra el respaldo del asiento refunfuñando. Pantherlily, alias Lily para los que lo conocían, era un hombre alto y fornido, de tez oscura y cabello grisáceo corto. Aparentaba unos 30 años de edad y una cicatriz rosácea en forma de media luna le cruzaba la zona del canto externo del ojo izquierdo. Con la musculatura de un ex marine y un ceño fruncido, cualquiera podría espantarse a simple vista. Teniendo un largo entrenamiento como comandante en el ejército de su país natal, Edolas, Gajeel lo había contratado como su guardaespaldas personal hacía un par de años, sin saber que se convertiría en su amigo más cercano.

Pantherlily miró hacia el documento que descansaba en su regazo. Era un reporte que le había proporcionado el Redfox. Un resumen sobre Levy McGarden, con una foto a su lado. Se pellizcó el puente de la nariz con un par de dedos e inspiró con rudeza. Normalmente nunca haría algo como eso, ni siquiera siendo Gajeel el que se lo hubiera encargado. Pero vio algo en la mirada de su amigo que lo impulsó a seguir con esa locura. Había una curiosidad extraña en sus ojos, y algo que no podía definir, algo fuera de la común antipatía y egocentrismo que normalmente expresaba. Tal vez…

El hombre fue sacado con brusquedad de sus reflexiones al oír la campana que indicaba el fin de la jornada estudiantil. Levantó la cabeza y bajó la ventanilla del asiento trasero de la limosina, observando con extrema atención hacia los grupos de chicos que salían a prisa regresando a sus hogares. No fue difícil de identificar a la muchacha en cuestión, pues una cabellera tan azul como el cielo despejado era difícil de pasar desapercibida. Además de que Gajeel no mentía cuando mencionó la estatura de la joven. Pantherlily bajó con rapidez y esperó junto al vehículo. Miró de nuevo el reporte, solo para estar seguro por última vez. Esperó lo suficiente hasta que la chica pasó justo a su lado y entonces habló:

—¿McGarden? ¿Levy McGarden?

Levy venía tan ensimismada en sus pensamientos que la voz la sobresaltó. Se detuvo y levantó la mirada, topándose con la imagen que cualquiera se crearía al ver al hombre. Retrocedió un paso.

—¿Q-Quién es usted?

—Tranquila —dijo al notar la actitud de la peliazul—. Mi nombre es Pantherlily, pero usted puede llamarme Lily. Vengo de parte de Fairy Records.

—¿Fairy Records?

—Sí, la disquera internacional que se encuentra en las afueras de Magnolia, ¿ha oído hablar de ella?

—Por supuesto —respondió Levy—. Una de mis amigas trabaja ahí —se mantuvo callada unos segundos—. Lo que no entiendo es, ¿por qué me busca a mí, señor Pantherlily?

El hombre se cruzó de brazos.

—¿Le suena el nombre de Gajeel Redfox?

Levy gimió con una mezcla de lamento. «Justo lo que me faltaba».

—Eso pensé —Lily soltó una pequeña risa—. Sé lo del incidente que tuvo después del concierto. Y en compensación por lo sucedido, siendo Fairy Records la compañía discográfica del cantante, ésta le ofrece un recorrido por sus instalaciones. Considérelo una retribución por lo sucedido.

—¿Una retribución?

La McGarden vaciló. Normalmente una corporación musical de tan alto nivel no se interesaría en algo tan nimio como aquello. Pensaba que el manager pelirrosado, Natsu, se había encargado de redimirse en nombre de Gajeel con el viaje de vuelta a casa que les había dado a ella y a Lucy. El hombre, al sentir la duda de la chica, sacó una identificación que efectivamente mostraba su procedencia.

—¿Y qué hay de mi amiga Lucy? Ella estuvo conmigo.

—Oh sí, ella… —su postura pareció insegura—. Otra limosina debería estar recogiendo a su compañera en este preciso momento. De seguro ya se encuentra en camino.

—¡¿De verdad?! —exclamó entusiasmada. Tenía lógica. Lucy poseía un horario diferente al de ella, sin contar las clases que compartían. Por esas horas, lo más probable era que se hallara en su departamento—. De acuerdo, iré.

—¡Excelente!

Pantherlily sonrió, apartándose y abriéndole la puerta trasera del vehículo. Levy, aún reticente, subió y se instaló en una esquina. Justo cuando el hombre la acompañó y cerró la puerta, la ventanilla delantera permitió ver al conductor. En ese instante, la tensión que la McGarden había sentido hasta el momento se desvaneció como el reflejo del sol en una corriente de agua. ¡Era el mismo chico que las había llevado a ella y a Lucy cuando estuvieron con Natsu!

—¡Oh, tú eres…!

—Soy Happy, ¡aye! —respondió animado, recordándole su nombre—. Es lindo volver a verte.

Levy sonrió y soltó un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. El trayecto fue en su generalidad callado. Happy era el que hacía un comentario u otro sobre su trabajo y sus amigos. Viró hacia Panterlily, que permanecía en silencio. La chica no sabía qué pensar sobre ese giro de acontecimientos; se había dicho que al terminar el día de escuela iría directamente a su casa para terminar con sus tareas e inmiscuirse en uno de sus libros preferidos. En cambio, iba a visitar una de las disqueras más famosas del país. Por alguna extraña razón, se sintió emocionada. El hecho de que se hubieran tomado tantas molestias por alguien como ella por un suceso que consideraba más bien estúpido, le pareció extrañamente agradable. Hubiera deseado que Lucy estuviera con ella, pero como había dicho Lily, no tardarían mucho en encontrarse. Aun así, no pudo evitar enviarle un mensaje preguntando en cuánto tiempo creería llegar a su destino. Miraba hacia el exterior cuando recibió la respuesta de Lucy. El mensaje la descolocó.

«¿Un recorrido personal en Fairy Records? ¿De qué hablas, Levy-chan?».

Estuvo a punto de hablar cuando la limosina se detuvo y Pantherlily bajó para abrirle la puerta. El asunto con Lucy se le fue de la mente cuando observó hacia el edificio. El lugar era aún más impresionante de lo que le contaban o de lo que había visto en fotos. El techo consistía en una esfera metálica que relucía con un sinfín de colores diferentes con la luz solar.

—Señorita McGarden, ¡bienvenida a Fairy Records!

Levy se quedó sin habla. Happy se retiró a aparcar el automóvil mientras el hombre y la joven caminaban hacia el acceso principal. La peliazul se sentía avanzar en modo maquinal, deslumbrándose con cada detalle moderno que poseía el complejo. Al frente de las puertas automáticas se encontraba una fuente con forma de la clave de Sol. Cuando cruzaron la entrada, Levy se giró en redondo. El vestíbulo formaba un gran óvalo, rodeado de pasillos y escaleras en espiral que se extendían hasta un quinto piso. Gente iba y venía, atareada, haciendo anotaciones, hablando por teléfono, dando órdenes. El piso era de mármol azul que relucía con las luces del techo. Estaba tan ensimismada que no oyó hasta que Lily le habló por tercera vez.

—Por aquí por favor.

Sacudió la cabeza y se apresuró en seguirle el paso. Levy miró de reojo hacia los múltiples pasajes que conducían a estudios de grabación, departamentos de música, salas instrumentales y muchos otros. El hombre la condujo hacia el segundo piso, a una puerta doble solitaria hecha de acero que se encontraba al final del pasillo. En ella se leía «Sala de juntas». Oyó que Lily soltaba el aire con fuerza y se preguntó cuál sería el motivo. Él empujó el metal con ambas manos, dando paso a una sala amplia y con grandes ventanales que dejaban ver unos hermosos jardines que se encontraban en la parte posterior del lugar. En el centro del lugar, se hallaba una mesa rectangular con algunos platillos de botana; rodajas de carnes frías, frutos secos y botellas con agua mineral. Múltiples sillas la rodeaban, y en el otro extremo de la sala, en la cabecera, había una persona, sentada de espaldas a ella. La peliazul pensó que se trataría del director de la empresa o algún otro de rango superior dentro de la institución. La voz de Pantherlily resonó haciendo eco por toda la sala. No sonaba contento.

—Aquí la tienes, como pediste —se giró, dirigiéndose a Levy—. Por favor perdóneme, señorita McGarden.

—¿Perdonarlo? ¿Pero qué-…?

La chica no terminó su frase pues en ese instante Lily salió y cerró la puerta tras él. La silla giró sobre sí misma revelando a un adulto joven. Levy se quedó helada. El hombre llevaba un largo cabello negro alborotado, vestía con una playera azul oscura ajustada al torso, unos pantalones verdes holgados con cadenas de metal que colgaban a ambos lados de un cinturón del mismo material y unas botas café que le llegaban al nivel de la pantorrilla. Un brillo de diversión relució en sus ojos carmesí cuando se posaron en los de la peliazul, a la vez que subía ambos pies a la mesa y se recargaba en el respaldo del asiento con las manos entrelazadas en la nuca. Levy tenía ante ella a nadie más y nadie menos que al cantante que le había dado pesadillas los últimos tres días. Gajeel Redfox.

—Tú —dijo ella con una mezcla de pasmo, ira y confusión.

—Tú —respondió a su vez el pelinegro mientras sonreía de lado.

—P-Pero… ¿Cómo? ¿Por qué-…? —se giró en redondo, intentando buscar algo o alguien que le respondiera—. ¿Dónde está Lucy? —inquirió al final, sin comprender lo que estaba sucediendo.

—¿Lucy? —Gajeel arqueó una ceja.

—Mi amiga… La rubia que estaba conmigo en el concierto.

—Ah, ¿la coneja? —el Redfox soltó una carcajada ante la respuesta negativa y furibunda de la chica—. No lo sé ni me importa.

—Pero… —la confusión de Levy pronto se convirtió en furia—. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Cómo rayos me encontraste?

—Oh, no fue difícil, señorita excelencia académica —Gajeel bajó los pies y abrió un cajón que estaba debajo de la mesa. Extrajo una carpeta beige e hizo que se deslizara por la superficie hasta que llegó a Levy—. Con un poco de billetes y un nombre qué buscar, cualquiera podría hacerlo.

La joven abrió el folder con manos temblorosas. Dentro, había un par de hojas con una foto a la izquierda de ella misma. El resto se conformaba de datos personales; su fecha de nacimiento, sus estudios, en qué Universidad se encontraba. Y lo peor de todo, la dirección de su apartamento en Fairy Hills. Empezó a sudar frío a la vez que soltaba la carpeta y la dejaba caer a la mesa como si su contacto la hubiera quemado.

—¿Qué eres? ¿Un maldito stalker?

—Me ofendes, enana.

—¡Deja de decirme enana! —las mejillas de la peliazul se pusieron coloradas con el enojo—. ¿Y por qué demonios hiciste que me trajeran aquí?

—Gihi.

Gajeel se puso de pie en un salto, caminando con altanería hacia la McGarden. Se acercó con una sonrisa socarrona plasmada en el rostro mientras la rodeaba observándola de arriba bajo.

—¿Q-Qué haces? —inquirió mientras sentía cómo el calor se subía al rostro.

—No eres tan niña como creía —se colocó una mano en la barbilla—. Tienes un buen trasero —declaró sin preámbulos.

Levy dejó abierta la boca en una «O» de sorpresa.

—¡¿Pero qué?! ¡Eres un-…!

—Te traje aquí por una razón —la interrumpió el Redfox—. Nunca nadie me había enfrentado como lo hiciste tú el otro día.

—Pues claro. Te lo merecías —Levy se cruzó de brazos—. No puedo creer que una empresa tan famosa y con tan buena reputación como Fairy Records haya contratado a alguien como tú.

La sonrisa de Gajeel se ensanchó, acercándose peligrosamente al rostro de la peliazul.

—Eso es —declaró mientras volvía a erguirse—. Tienes agallas. Y eso me gusta. Quiero que trabajes para mí. Que seas mi asistente personal.

—¿Qué? —de todas las razones que pudo imaginar Levy para que su anfitrión la llevara y mantuviera ahí, ahora en contra de su voluntad, nunca se habría imaginado aquella—. ¿Asistente? ¿Qué no tienes un manager que se encarga de ese tipo de cosas?

—Mmm… —Gajeel se rascó la nuca mientras miraba hacia el techo con desinterés—. ¿Te refieres al idiota cabeza de flama? —chasqueó la lengua—. Natsu sólo se ocupa de programarme citas para realizar nuevas grabaciones y todo lo relacionado a giras, firmar contratos, etcétera. Lo que yo necesito es alguien que me traiga el desayuno, que me acompañe a entrevistas, que realice llamadas, que responda mis correos y esas cosas.

—Eso me suena más a una sirvienta.

—Pues no lo es. Piénsalo, enana.

El pelinegro se acercó al plato de comida más cercano de la mesa. La McGarden observó con desagrado cómo el cantante tomaba un trozo de salami y se lo metía a la boca. «A ver si se ahoga», pensó con malicia.

—¿Y qué hay de mis estudios en la universidad? —preguntó.

—¿La universidad? Bah, ¿para qué la necesitas? Te ofrezco una oportunidad con la que cualquiera soñaría. Un buen sueldo, estar todo el día con esta belleza... —sonrió, apuntándose con un dedo.

Levy puso los ojos en blanco.

—¿Estás loco o qué? —impetó—. ¿Sabes cuántas personas se postulan para trabajar en Fairy Records sin ningún éxito? Van a querer saber cómo demonios conseguí un trabajo en una de las industrias de música más grandes de todo el país ¿y qué voy a decirles? ¿Qué un lunático cantante me lo ha proporcionado?

—¿Sería distinto si el trabajo te lo hubiera dado el rey de Fiore?

—¿Qué? ¿Y él qué demonios tiene que ver con…? ¡Ahh, olvídalo! —frenética, se dio media vuelta, dirigiéndose con paso decidido hacia la puerta—. ¡Gracias por la oferta, pero no gracias!

Antes de que su mano lograra alcanzar el picaporte, la figura de Gajeel se interpuso en su camino, con una rapidez que la sorprendió. El chico extendió un brazo para recargarse en la pared contigua e inclinarse hacia la peliazul, interponiéndose entre la salida y su libertad.

—¿Estás completamente segura, Levy? Sé dónde vives, sé dónde estudias. Iré a por ti hasta que accedas.

—Eso sólo te hace aún más acosador.

La peliazul desvió la mirada hacia la carpeta que contenía su ficha personal. Con una sonrisa fingida hacia Gajeel, tomó los documentos y rasgándolos en varios trozos, se acercó a la ventana más cercana, la abrió y arrojó los pedazos de papel, observando cómo caían flotando levemente por el aire.

—Listo, ahora no tienes nada.

Gajeel alzó una ceja, con una sonrisa divertida plasmada en el rostro.

—¿Crees que no saqué copias o qué?

Levy entrecerró los ojos, soltando un bufido poco característico en ella.

—No importa. Cualquier cosa que intentes rondando por mi casa o mi escuela, llamaré a la policía. Serás un cantante famoso pero también estás bajo la ley.

—Y cierta cantidad de dinero podría solucionarlo.

—¡Agh! —soltó un grito de frustración.

Intentó a hacer a un lado al Redfox, pero antes de que lograra nada, el picaporte de la puerta comenzó a girar. Gajeel y Levy dieron un paso hacia atrás, evitando recibir un golpe. Levy se quedó boquiabierta ante la figura que apareció en el umbral. Era una chica de más o menos su edad. Llevaba el cabello largo, de un azulado un poco más claro que el suyo. Portaba una boina de un color cobalto más oscuro, con un borde blanco y una flor amarilla en una esquina. Su figura resultaba notoria a través del ajustado vestido largo de la misma tonalidad cerúlea abierto a ambos lados de las caderas y ajustado a la cintura con un cinturón café. Los tacones de las botas que le llegaban a la rodilla repiquetearon por el suelo. La joven iba tan distraída apuntando algunas cosas en una libreta que no se había dado cuenta de la presencia de Levy.

—Gajeel-kun —habló con una voz alegre, sin despegar la vista de sus papeles—. La jefa Vermilion dijo que… —se detuvo al notar que tenía a alguien delante y alzó la mirada. Sus ojos se abrieron mucho por la sorpresa—. ¿Levy-san?

—¡¿J-Juvia?!


Me la pensé mucho con haber humanizado a Happy y a Lily. Sinceramente a Lily lo necesitaba más que a Happy, pero no podía dejarlo solo a él como un gato.

Este… en otras noticias. ¿No me maten? ¿Ya actualicé? No tengo excusas, simplemente mi falta de convicción y de tiempo. Pero en las últimas semanas me habían llegado mensajes de que continuara la historia. Y la verdad comencé a sentirme muy mal. Así que aquí me tienen. Espero poder tener la capacidad de continuar con estos fanfics. Como prometí, dije que los terminaría.

Y ya en serio, ¿alguien me puede decir qué carajos pasará con el manga? Mashima me tiene al borde de colapso con tantas cosas.