Resumen: Muchas veces los hilos del destino son tejidos con una canción de tristeza resonando en medio de la oscuridad. La magia tiene su manera de tejer las cosas, importándole muy poco lo que tenga que decir Harry, ni mucho menos Draco. Los dos muchachos experimentan cambios extraños, y terminan viéndose con diferentes ojos. Propietario: Hibari Kyouya. Betareader: Kino Shirase.
"Un escritor profesional es un amateur que no se rinde." Richard Bach (1923), escritor y piloto de aviación estadounidense.
Todos los personajes son de J. K. Rowling, y no lucro de ninguna manera con ellos.
Fanfic beteado por Kino Shirase, ¡muchas gracias por tu ayuda! :D
Capítulo 3. Un profesor volando por la ventana
Advertencias:
OoC.
Slash (Drarry).
Sexto año, el Misterio del Príncipe.
Long Shot.
La siempre presente falta de ortografía.
El lector podría morir de aburrimiento.
¡Feliz Cumpleaños, Hibari Kyouya!
-¿A dónde fue Harry? –preguntó Ron, quien caminaba a un lado de Hermione. Ambos se dirigían a unos de los patios interiores del castillo.
-No lo sé –respondió la muchacha encogiéndose de hombros-. Sólo me dijo que tenía algo que hacer y salió corriendo.
Hermione no quiso decirle a Ron que quizás, y solo quizás, Harry había ido en busca de Draco Malfoy, simplemente para no provocarle un infarto al pelirrojo. La muchacha estaba segura de que no eran alucinaciones suyas, algo había sucedido entre Malfoy y Harry aquel día en el Callejon Diagon, ¡y por Dios que iba a hacer a hablar a su amigo cuando se lo volviera a topar!
-¡Eh! ¡Weasley! ¡Granger! –los llamó entonces otro chico de Gryffindor, Ron lo pudo reconocer como Jack Sloper, uno de los golpeadores del equipo del curso anterior-. ¿Potter no está con ustedes? –preguntó jadeando, cuando finalmente los alcanzó.
-Sí, lo encogí y lo metí en mi bolsillo –contestó el pelirrojo de mal humor. Sloper parpadeó repetidas veces y la mirada del chico se desvió a la túnica del Weasley-. ¡No! ¡No está aquí!
-¿Necesitas algo de Harry? –intervino entonces Hermione, antes de que los dos muchachos comenzaran una discusión.
-Sí, ¿puedes entregarle esto? –Spoler extendió un rollo de pergamino hacia la castaña, lanzándole una mirada de clara desconfianza a Ron.
-¡No voy a leerlo, pequeña pulga! ¡Serás…! –explotó Weasley, haciendo ademán de abalanzarse sobre su compañero.
-Ven, busquemos a Harry –resopló con disgusto Hermione, sujetando a Ron por el codo y alejándolo del pobre chico, mientras Spoler salía corriendo en dirección contraria.
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-¿Y de qué tenemos que hablar, Potter? –preguntó Malfoy con voz suave, dando un paso hacia donde se encontraba el Gryffindor.
El rubio se regañó mentalmente al sentir como sus músculos se destensaban y su ánimo se aplacaba solo con escuchar hablar al moreno, ¡pero esta vez resistiría! No iba a dejar que el maldito olor de Potter lo atontara, aunque ya le acariciara tentadoramente las fosas nasales.
-Pues de… ¡Maldición, quédate dónde estás, Malfoy! –le advirtió Harry, alzando su varita unos cuantos centímetros más, y sólo entonces el rubio recordó que el chico la tenía en la mano. A Malfoy le divirtió la actitud defensiva del otro mago, como si tuviera miedo de que se le acercara-. Tenemos que hablar de lo que pasa… pasó entre nosotros –dijo el muchacho entre dientes.
La sutil sonrisa que el rubio tenía en los labios se borró al instante.
-Entre nosotros no ha pasado nada, Potter –gruñó Malfoy-. ¡Así que haz el favor de dejar de decir tonterías y quítate de la puerta!
-Nos besamos –soltó Harry sin tacto, necesitando de todo su valor Gryffindor para soltar aquellas dos simples palabras-. ¡Tú me besaste, y yo respondí!
-¡Fue un accidente! –se defendió el Slytherin con ferocidad, avanzando sin pensar en dirección a Potter.
-¡Accidente es caerse de la escoba, no que te arrinconen contra la pared! O el piso de un vagón, si a esas estamos –le reclamó el moreno, sintiendo como su rostro enrojecía contra su voluntad por tratar el tema-. Si es una maldita broma…
-¿¡Tengo cara de estar bromeando?! –gritó Draco, para luego recordar lo que le dijera Snape hace apenas unos minutos-. Fuiste tú… -señaló acusador a Harry-. ¡Usaste un hechizo, o una poción, o lo que fuera! ¡Es tu maldito olor que me atonta los sentidos!
-¡Yo no hago nada! –gritó a su vez el Gryffindor, avanzando hacia el rubio hasta quedar a un palmo de distancia-. ¡Eres tú él que habla en mi cabeza, ordenándome cosas! ¡Y sé que es cosa tuya por lo raro que se vuelven tus ojos!
-¿Mis ojos? ¿Observas mis ojos, Potter? –preguntó interesado Malfoy, volviendo a sonreír de forma suave.
Harry soltó un jadeo cuando las manos del rubio rodearon su cintura y se aferraron con fuerza a su espalda, sólo entonces se dio cuenta de que se había acercado demasiado al Slytherin. Trató de mantener la calma y se tranquilizó al ver que el brillo metálico en la mirada de Malfoy aún no aparecía.
-S-se… -tartamudeó Harry, sin rechazar el contacto de Malfoy, y de inmediato carraspeó para controlar su voz. No debía distraerse por que el rubio parecía prestarle más atención a la manera en que se movían sus labios que a lo que decía-. Se vuelven plateados y…
Esta vez no fue sorpresa que Malfoy lo besara, apenas un tenue contacto que estremeció la espalda de Harry. La saliva se deslizó traicionera por su garganta cuando los dedos del rubio acariciaron su mejilla, apreciando la suavidad de su piel con algo cercano a la reverencia. La mirada verde del Gryffindor se encontró con la de Draco, y entonces fue Harry quien se alzó para alcanzar los labios contrarios.
Harry ya no saltó cuando la lengua de Malfoy se abrió paso hacia su boca, al contrario, guió sus manos hasta el cuello del rubio, atrayendo su pecho contra el suyo. El moreno dejó que Draco explorara a su gusto, e incluso se permitió imitar algún movimiento suyo. Y aunque no estuvieran tumbados en el piso, ni se estuvieran arrancando la ropa con desesperación, el Gryffindor sintió que aquellos delicados besos eran algo mucho más íntimo que lo sucedido en el tren.
Pero cuando el cosquilleo bajo su piel le dijo a Harry que la magia de ambos comenzaba a agitarse, supo que habría que detenerse antes de perder el control de nuevo.
-Malfoy, suéltame, tenemos que hablar… -dijo Harry aprovechando un momento en el que los labios de Malfoy no cubrían los suyos, deseó meter su cabeza en el caldero de Snape al escuchar su tono de voz pausado y lánguido, como si la idea de que el rubio dejara de besarlo no le agradara mucho en realidad.
Draco resopló con fastidio, una cosa que Harry jamás imagino que haría un estirado sangre pura, luego el chico de ojos grises se aferró con más fuerza al cuerpo del moreno.
-Malfoy, es en serio –insistió exasperado el Gryffindor, a lo que Malfoy hizo oídos sordos y prefirió hundir su nariz en el cuello de su rehén. A Harry le recordó a Dudley cuando se negaba a separarse de su juguete preferido luego de su cumpleaños, aunque físicamente poco se parecía el rubio a su primo-. ¡Tenemos que hablar!
-Tu olor es único, Harry –soltó Malfoy en un cautivante murmullo que hizo trizas las rodillas del moreno. Era una suerte que los brazos del Slytherin lo estuvieran sosteniendo con tanta firmeza-. Pero tienes razón, Potter. Tenemos que hablar –dijo Draco, recuperando su habitual arrastrar de palabras.
Ambos agradecieron el regreso a la normalidad, aunque el nerviosismo se Harry se mantuvo latente, Malfoy podría estar usando su apellido de nuevo, pero el chico no había dejado de abrazarlo ni un segundo, ni tampoco lo hacía con menos entusiasmo.
Si para el moreno estar entre los brazos del Slytherin en medio de un baño del tercer piso era lo suficientemente extraño, no quería ni imaginarse lo confundido que estaría Draco, quien parecía querer comerle la boca y al mismo tiempo lanzarlo al otro lado de la habitación. Por lo menos él tenía los pensamientos claros, él odiaba a Draco Malfoy, simplemente no sabía cómo enfrentar esta nueva faceta del rubio.
-¿Qué nos está pasando? –preguntó Harry, soltando un suspiro cansado-. Júrame que no lo haces tú, Malfoy –exigió con dureza el chico de ojos verdes.
-Potter, si fuera cosa mía no te habría defendido delante de Snape –respondió el rubio rondando los ojos-, y me reiría a carcajadas de la cara que tienes ahora, pero en lugar de eso tu rostro solo me hace pensar… -en vez de responder con palabras, Malfoy sujetó la mano derecha de Harry y la guió lentamente hacia la parte delantera de su túnica.
El Gryffindor saltó hacia atrás por instinto, pero no le fue de gran ayuda ya que los brazos de Malfoy todavía lo aprisionaban. Harry tuvo que contentarse con morder sus labios con fuerza para que ningún sonido saliera de ella, mientras su palma se frotaba contra el bulto en los pantalones del rubio; fue humillante la rapidez con la que sus mejillas ardieron, calentándole toda la cara.
-¡Está bien, está bien! ¡Entiendo! –protestó el moreno con los dientes apretados-. ¡Devuelve mi mano, maldición! –exigió bruscamente, agitando su brazo, pero paro de inmediato al notar lo que en realidad hacia y la cara de satisfacción que tenía el Slytherin.
-Por Merlín, Potter, pareces… -comenzó a burlarse Draco, deteniendo sus palabras justo a tiempo-. Oh –los labios del rubio formaron una perfecta o, que fue rápidamente reemplazada por una sonrisa de suficiencia.
-Sí, "oh" –repitió fastidiado Harry-. Una palabra más, Malfoy, y no sales caminando de este baño –lo amenazó el chico, alzando la varita y golpeando con ella la mejilla de Malfoy, haciendo que saltaran chispas doradas.
Lejos de amedrentarse, el muchacho de ojos grises rió como si Harry le estuviera jugando una broma y se inclinó hacia el moreno para depositar un sencillo beso en sus labios. Luego, como si Malfoy cayera en cuenta de que aquello no era algo que habitualmente haría, soltó un gemido exasperado, y escondió su rostro en el cuello de Potter.
-Bizarro –fue lo único que atino a decir Harry, sintiendo como los rubios cabellos le hacían cosquillas en la nariz. No podía creer lo delgados y suaves que en realidad eran, a simple vista los imaginaba tiesos por tanta gomina… Tal vez Malfoy usaba un hechizo.
-Y que lo digas… -respondió Malfoy, sacando a Harry de los pensamientos que el chico tenía sobre su cabello y alejando la mano que el moreno inconscientemente extendía para tocarlo.
-¿Nos vemos el viernes en la noche? –propuso el Gryffindor, empujando al otro mago para que lo soltara. No hubo resistencia, aunque las manos del Slytherin se deslizaron por sus costados con más lentitud de la necesaria. Para empezar, no debía haber razón alguna por la que las manos del rubio se deslizaran por las costillas de Harry.
Draco permaneció estático un segundo, como si tratar de procesar lo que su compañero acaba de decirle.
-¡Para investigar, idiota! –bramó el moreno, con tal intensidad que Malfoy dio un paso hacia atrás. El chico de ojos verdes maldijo por lo bajo, imaginando que de seguir en aquella situación iba a terminar permanentemente con la cara del color de cabello de Ron-. Hasta yo sé que no pueden vernos juntos a pleno día –dijo de forma obvia.
-Muy listo, Potter –respondió Malfoy, rodando los ojos-. Podemos vernos a media noche en…
-Frente a la Sala Común de Slytherin –lo interrumpió Harry, haciéndose a un lado para dejarle el camino libre a Draco-. ¿Qué? – sonrió satisfecho y se cruzó de brazos al observar el rostro sorprendido del otro muchacho-. ¿En serio creías que no iba a saber donde se encuentra, Malfoy? Vagar en la noche es una mala costumbre que tengo, como bien lo sabe Snape.
El rubio prefirió guardarse sus opiniones sobre el asunto, sobre todo por una vocecilla fastidiosa al fondo de su cabeza que reclamaba saber con quién había salido Potter aquellas veces, un castigo ejemplar para el culpable. Harry pudo ver como Malfoy apretaba los puños, pero lo atribuyo al fastidio que sentía porque saber que San Potter había burlado las reglas del castillo y no había sido castigado.
-Nos vemos el viernes –dijo Malfoy antes de irse del baño, mandándole una mirada al moreno que éste mejor no quiso interpretar-. Es una promesa, Potter.
Nada más la figura del Slytherin desapareció por la puerta, Harry dio un par de pasos al frente y estampó su frente contra la pared más cercana. Se arrepintió enseguida, pero se sintió más tranquilo.
-¡Dios! ¡¿Es que no tenía suficientes problemas en mi vida?! –exclamó el chico alzando los brazos y los ojos al techo, para luego sobarse el doloroso chichón que ya le palpitaba en la cabeza. ¡Auch! Si que había dolido.
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-¿Qué decía la nota, Harry? –preguntó Ron con curiosidad, luego de que terminara el receso y se dirigieran con Hermione a la clase de Pociones.
-Era del profesor Dumbledore –contestó el chico, antes de que el pelirrojo pudiera preguntar algo más Hermione lo golpeó en las costillas con el codo, mientras le mandaba una significativa mirada para que el chico entendiera que ese era un tema para tratar en la seguridad de la sala común, y no a mitad del corredor.
-Entonces… ¡qué extraño lo que sucedió con Malfoy en Defensa! ¿No crees, Harry? –preguntó la muchacha con tono casual.
Harry se puso tenso al instante. Conocía a su amiga, y la ensayada manera en que la castaña se tocó la barbilla no dejo dudas sobre sus intenciones. Hermione tenía la actitud matriarcal de: "¡Se lo que hiciste, y más vale que confieses antes de que te castigue!". Para la mala suerte de la muchacha, lo más cercano a una figura materna que tenía Harry era la señora Weasley, y la había conocido hasta los once años. No iba a ser tan fácil de intimidar como Ron.
-Sí, muy extraño –respondió el moreno atropelladamente-. Tal vez tenga que ver con que lo hayamos visto en Borgin & Burkes. Con lo que fue a buscar a la tienda… -dijo pensativo-. No había pensado en eso.
-¿De verdad? –preguntó Hermione con escepticismo-. Uno pensaría que a estas alturas estarías siguiendo a Malfoy por todo el castillo para descubrir sus oscuros planes –se burlo sarcásticamente rodando los ojos.
-¡Yo no seguiría a Malfoy como si fuera un…! ¡Un acosador! – se defendió el moreno-. Pero tienes que aceptar que es raro que haya estado en la tienda, Hermione. Quizás tenga que ver con Voldemort –susurró con aprensión.
-Voldemort tiene mejores cosas que hacer que mandar a Malfoy de compras –alegó la castaña, y ambos ignoraron los ahogados gemidos de Ron por estar usando el nombre de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.
-Tal vez… ¡ocupó el lugar de su padre ahora que Lucius Malfoy está en prisión! Eso debe ser: ¡Draco Malfoy es un mortífago! –dijo Harry, orgulloso como quien encuentra la respuesta a un problema especialmente difícil, aunque hasta el buscador tuvo que reconocer que era una idea ridícula.
-¡Harry Potter, eres imposible! – bufó Hermione, girando su rostro con brusquedad y estampando su revuelto cabello contra la cara del Gryffindor de ojos verdes-. ¡Lograre que me digas la verdad!
-¿Cuál es su problema? –preguntó el pelirrojo, rascándose la cabeza, mientras la chica se perdía en el camino rumbo a las mazmorras.
-Debe ser la presión de las clases –contestó Harry encogiéndose de hombros.
-¡Es el primer día de colegio! –exclamó Ron, con los ojos muy abiertos, a lo que su amigo sólo se encogió de hombros.
Justo en ese momento pasaron frente al aula de Encantamientos, y a Harry se le ocurrió una idea al ver al pequeño profesor que impartía la clase.
-¡Profesor Flitwick! – gritó de pronto el moreno, abriéndose paso entre varios Hufflepuff de su mismo curso-. Tengo algo que proponerle –dijo el chico con una enorme sonrisa en los labios. Era una lástima de Hermione se hubiera adelantado a Pociones, ella era la más entusiasta con la idea.
La mayoría de los alumnos que iban a recibir la clase de Encantamientos atravesaron la puerta con cara de fastidio, pero se alegraron de que alguien más entretuviera al profesor unos minutos extras. Un par de ojos marrones que aguardaban al doblar el pasillo, detrás de algunas armaduras, se demoraron más que el resto en la entusiasta conversación que Harry mantenía con el profesor Flitwick.
-Es hermoso… –dijo Justin Flynn-Fletcher, recargándose contra el muro de piedra del castillo, soltando un suspiro lastimero que hizo que Hanna Bott se carcajeara con ganas.
Para exasperación de sus amigos, el chico había entrado en pánico cuando diviso el alborotado cabello de Potter al final del corredor y se negó a dar un paso más hasta que el muchacho siguiera de largo. No contaban con que el moreno se detuviera a conversar con el profesor de Encantamientos, sobre sabrá Merlín que cosa.
-Creo que sería más hermoso si lo vieras de cerca y le hablaras –insistió Ernie de mal humor, a quien la idea de llegar tarde a la clase de Flitwick no le hacía gracia-. ¡No es como si fuera un extraño, Justin! Puedes empezar con un simple: "Hola, Harry" –dijo el chico, moviendo sus manos con modales afectados e inclinándose ante su rubia compañera, simulando que era el Gryffindor por el que discutían.
-Tal vez deberías evitar la reverencia –le aconsejó la rubia, tratando de no reir de nuevo-. No queremos que se burle de ti, Justin.
-O tal vez –dijo una voz socarrona a espaldas del grupo, provocando que los Hufflepuff saltaran por la sorpresa-, deberías aprender a conocer tus límites, Justin –escupieron con desagrado el nombre del castaño.
Cuando los tres chicos se giraron, se toparon con un muchacho fornido de último año vestido con el uniforme de Gryffindor, y que le dedicaba a Flynn-Fletcher la más intensa mirada de reprobación, como si el pobre castaño fuera el elfo domestico más insignificante que hubiera existido en el mundo mágico.
Ernie fue el primero que reaccionó ante la agresión del recién llegado.
-Es una conversación privada, McLaggen –dijo el rubio, tratando de no amedrentarse ante la robusta figura del mayor. No había cruzado palabra con Cormac antes, pero fue presentado a los padres del chico durante una pequeña reunión social en Kirkhope, y las quejas que le habían llegado de algunos Hufflepuff de segundo año acerca de McLaggen no eran pocas.
-¿De verdad crees que podrías llamar la atención de alguien como Harry? –preguntó el Gryffindor, ignorando a Ernie como si no fuera más que otro cuadro en la pared, avanzando unos cuantos pasos hacia Justin, quien retrocedió espantado-. ¡Él es el Niño-Que-Vivió! Tú solo otro hijo de muggles.
-Una de las mejores amigas de Potter es hija de muggles, ¡como lo sabe todo Hogwarts! Tú deberías saberlo mejor que nadie, McLaggen, Granger también es Gryffindor –alegó Ernie con suficiencia. Se arrepintió en seguida y deseó haberse mordido la lengua, al notar la mirada furiosa del aludido, que ahora se dirigía contra él.
Cormac en realidad estaba teniendo un excelente día, no había tenido clases hasta después del almuerzo y hasta ahora no le había rendido cuentas a ningún profesor problemático como McGonagall. Como no tenías más de dos horas de clase al mediodía, sus planes para la tarde eran pasear por los jardines con sus amigos o quizás toparse accidentalmente con Harry Potter en algún momento del día, sostener una amigable conversación e invitar al chico a salir en la próxima salida a Hogsmeade.
La suerte pareció sonreírle cuando se topó con Potter cerca del aula de Encantamientos, aunque sutil, reconocería el perfume del otro Gryffindor donde fuera. Sin embargo, el buen humor de McLaggen se agrió al instante en cuento escuchó la conversación que los Hufflepuff mantenían.
-¡Ese no es el punto! –estalló McLaggen, y todos a su alrededor retrocedieron un metro al oír sus gritos-. Ambos deben de saberlo –añadió el muchacho, observando a Hannah y Ernie alternativamente-, él no tiene nada que ofrecerle a Harry. No eres nadie –le espetó a Flynn-Fletcher, separando mucho las palabras.
Justin se encogió sobre sí mismo, deseando fundirse con el pasillo de piedras hasta llegar a las mazmorras, y pasar ahí el resto de sus miserables días. Podía escuchar como los murmullos comenzaban a su alrededor, de seguir así no tardarían mucho en llamar la atención de Harry, y que éste conociera el motivo de la discusión. El castaño abrió la boca para pedirle a Ernie que se marcharan, pero entonces su amigo volvió a defenderlo.
-No es cierto –aseguró el rubio con vehemencia-. En el mundo muggle, Justin tenía plaza reservada en uno de los colegios más exclusivos: Neton.
-Eton –corrigió Justin con la voz apagada, a lo que Hannah le soltó un doloroso golpe en las costillas. No los estaba ayudado.
-Eso debe ser suficiente para empezar –dijo Ernie sin amedrentarse por su error, aunque se notaba algo avergonzado.
-Es cierto –lo secundó Abbott, colocando una mano sobre el hombro de su amigo para darle apoyo-. Justin puede llegar a ser una persona importante en el mundo mágico si se lo propone.
-¿En serio? –preguntó McLaggen con escepticismo, y Flynn-Fletcher no podía sentirse más humillado al oír su tono de voz-. Pues te voy a dar la oportunidad de demostrar que tan buen mago puedes ser, Justin –volvió a escupir el nombre del chico como si fuera poca cosa.
Era evidente que Cormac sólo lo sabía gracias a haber escuchado la conversación de los Hufflepuff, puesto que hasta ahora nunca había mencionado su apellido, y que sólo hasta entonces se había percatado de la existencia del castaño.
-¡Ernie! –exclamó asustada Hannah, cuando McLaggen sacó la varita y la apuntó a la garganta de Justin con decisión. Sin embargo, Macmillan no necesitó del grito de su amiga para reaccionar.
-¡McLaggen, baja la varita! –ordenó Ernie, al tiempo que empujaba la varita del Gryffindor y sacaba la suya propia. Se colocó delante del castaño para defenderlo, con la esperanza de que un profesor llegara antes de que las cosas se pusieran feas.
-¡Hazte a un lado, Macmillan! –gruñó Cormac, tratando de pasar por encima del Hufflepuff para llegar a Justin; el rubio apenas conseguía mantenerlo a raya, al poner una mano sobre su pecho y con la otra apuntarle la varita a la cara.
Asustada por sus dos compañeros, la rubia no pensó lo que hacía y saltó sobre el brazo del Gryffindor, aferrándose a él para tratar de arrebatarle la varita. Durante unos segundos todo fue una confusa mezcla de capas, gemidos de dolor, maldiciones y puntos restados a la casa de los leones gracias a Ernie.
-¡Hannah! –gritó asustado Justin, cuando la chica fue súbitamente empujada por McLaggen y cayó al suelo.
-¡Ah! ¡¿Me mordiste?! –le gritó el Gryffindor a la rubia, quien retrocedió aterrada. El muchacho se observaba la mano herida como si no se lo creyera, donde la marca de dos hileras de dientes perfectamente alineados le punzaba con dolor.
Los cuatro chicos estaban tan concentrados en la pelea, que se olvidaron de que el escándalo que hacían no era poco, y no se dieron cuenta de que ya habían llamado la atención de un profesor.
-¡Es suficiente, muchachos! –chilló Flitwick, abriéndose paso como podía entre las piernas de los estudiantes.
Sabiendo que no tendría mucho tiempo antes de la llegada del diminuto mago, McLaggen empujó a los Hufflepuff restantes, que terminaron de espaldas sobre el piso. Cormac soltó el primer maleficio que se le pasó por la mente, sonriendo al ver el rostro aterrado de Justin Flynn-Fletcher mientras la luz del hechizo se acercaba a hasta él. No contaba con los reflejos que Ernie había desarrollado gracias al ED, le permitirían hacer el encantamiento escudo justo a tiempo.
Pero con lo que Ernie tampoco contaba era con que el encantamiento se reflejara contra el profesor Flitwick, empujándolo contra la ventana a sus espaldas hasta romperla, y el pequeño mago se precipitó al vacío.
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El reloj encima de la chimenea de la Sala Común de Slytherin comenzó a sonar, marcando exactamente la media noche; fue en aquel momento que Malfoy se puso de pie y se encaminó a la salida. Varios de sus compañeros que estaban despiertos por acabar sus deberes lo vieron partir, pero ninguno intentó detenerlo, o le dedicó siquiera más de una mirada fugaz. Lo que hiciera el muchacho no era de su incumbencia, mientras no le restaran puntos a su casa.
Nada más la pared falsa volvió a cerrarse a sus espaldas, Draco supo que tenía compañía.
-Eres puntual –dijo Malfoy en un murmullo, no se atrevió a levantar más la voz por temor a que alguien lo estuviera siguiendo y lo encontraran con una compañía no adecuada.
-Comienza a fastidiarme que siempre sepas donde estoy –escuchó decir a Potter desde algún punto delante de él, a la altura de su nariz, y el rubio se permitió una sonrisa torcida al escuchar el fastidio en la voz del moreno.
El espacio que se encontraba al frente de Malfoy pareció agitarse de manera extraña y luego se dividió por la mitad, mostrando a un incómodo Harry Potter enfundado en una gastada pijama a la que le pisaba los tobillos. Con la cabeza, el Gryffindor le hizo una muda señal al rubio para que entrara bajo la capa de invisibilidad.
-Pues a mí no me hace gracia que tú sepas donde esta mi Sala Común, Potter –susurró Draco, mientras Harry acomodaba la capa a sus espaldas para que no se les vieran los pies a ambos-, ¡y haz el favor de bajar la voz!
El moreno se mordió la lengua para no responderle de manera mordaz al Slytherin y comenzar una pelea en medio del pasillo, después de todo, aún se encontraba en el territorio de las serpientes y no quería ni pensar en lo que le haría Snape si lo encontraba merodeando cerca de sus alumnos. Harry no olvidaba que todavía tenía un castigo pendiente con el profesor de Pociones.
-¿Y qué estás esperando? ¿Una invitación? -gruñó Malfoy entonces, sobresaltando al Gryffindor-. ¡Hazte a un lado, Potter! ¡Yo te guiare!
Malfoy empujó sin pocas consideraciones a Harry, y más que molesto el moreno le devolvió el golpe, tan enfadado que no se percató de temblor en la mano de Draco cuando lo tocó, aunque fuera por encima de la ropa.
-¿Y a dónde vamos? -preguntó Harry, aceptando a regañadientes que el otro le mostrara el camino-. ¿A la biblioteca?
-¿La biblioteca? En serio, Potter, pasas demasiado tiempo con esa sangre sucia -soltó el rubio con saña, ignorando la punzada de celos que sintió en el pecho de sólo imaginar al moreno compartiendo un íntimo momento con Granger en algún rincón apartado entre los estantes llenos de libros.
-Hermione -siseó el Gryffindor. Tal vez no era muy tarde para arrojar a Malfoy enfrente de la oficina de Filch e investigar por su cuenta lo que les pasaba.
-Hermione -repitió Draco inconscientemente-. ¡Es decir Granger! ¡La llamare Granger si con eso guardas silencio, pero no esperes más de mí, Potter! -masculló entre dientes el rubio.
Harry contuvo la carcajada que estuvo a punto de escapársele y terminó haciendo un extraño sonido con la boca que el Slytherin se obligó a ignorar. Ahora que el moreno lo notaba, aunque Malfoy estaba demasiado tolerante como para ser considerado normal, tampoco era un mar de hormonas detrás de su cuerpo.
Una loca idea cruzó por la mente del Gryffindor, e impulsivo como siempre decidió llevarla a cabo.
-¡Circe! -chilló sobresaltando Draco, cuando sintió que los dedos de Harry se rozaban contra su mano, intentando sujetarla.
Fue tal el susto que se llevó el rubio, que el Slytherin giró sobre sus talones con brusquedad, sólo para los pies se le enredaran en la capa de invisibilidad y terminara cayendo al suelo; Harry necesito de toda su fuerza para sujetar su capa y que no se le resbalara de encima por la caída de Malfoy.
El chico permaneció tumbado en el pasillo durante lo que le pareció a Harry una eternidad, con el pecho bajando y subiendo exageradamente.
-¿Qué demonios creíste que hacías? -pudo preguntar el rubio por fin, girando la vista hacia enfrente, donde suponía que seguiría el moreno Gryffindor.
-Te ayudaba -se escuchó responder la voz de Harry como si fuera obvio, demasiado cerca para el gusto de Malfoy-. Estás mucho más... calmado cuando te toco.
Draco le volteó la cara al instante, apretando muchos los puños y mordiéndose los labios hasta prácticamente hacerlos sangrar. El muchacho se sentía humillado por la proposición de Potter, ¡él era un Malfoy! ¡No necesitaba caridad de nadie! Y sin embargo, poca importancia tenía que el Gryffindor tuviera o no la razón, lo que ponía más furioso a Malfoy era saber que interiormente estaba desesperado por decir que sí.
Era la excusa perfecta. Sólo tendría que soltar un "Por supuesto, Potter" con la sonrisa desdeñosa de siempre y tendría el derecho de gozar cuantas veces quisiera del suave tacto de la piel de Harry, quizás aspirar su aroma cuando sus compañeros no estuvieran a la vista o incluso dejar pasar sus labios por ella.
-No lo necesito -murmuró el rubio, necesitando de todo su orgullo para que aquellos simples balbuceos salieran de su boca.
-Como quieras -dijo Harry, con un encogimiento de hombros que el otro muchacho no pudo ver. Tampoco iba a estar rogándole a Malfoy, no es como si él quisiera que Malfoy lo tocara-. ¿Nos vamos entonces?
El rubio asintió con la cabeza, lo que Harry tomó como permiso para acercarse. Una vez que Draco estuvo a salvo de las entrometidas miradas de los cuadros que adornaban el castillo, los chicos emprendieron la marcha de nuevo. Caminaron hasta el quinto piso, y al cabo de unos minutos el Gryffindor tuvo enfrente de él una sencilla puerta de roble, como cientos había en el castillo.
-¿Dónde estamos? -preguntó Harry con curiosidad, saliendo de abajo de la capa y observando a su alrededor con interés.
-Solo es un aula en desuso -contestó Malfoy aparentando que no le interesaba la opinión que el Gryffindor tuviera del lugar. Después de cerrar la puerta con un hechizo, se dio la vuelta y acomodo junto a un montón de pupitres acomodados sin orden alguno-. Tiene otra salida -añadió el rubio, señalando con la cabeza una pequeña puerta a espaldas de Harry en la que el moreno no había reparado-. Si alguien se acerca por una, podemos escapar por la otra.
-Bien... -soltó incomodo el moreno, recargándose contra la pared contraria a donde estaba Malfoy-. Es... extraño salir de la Torre a estas horas sin Ron ni Hermione, y en cambio tener que soportar... -Harry cerró la boca de golpe sin saber a ciencia cierta el motivo.
Un comentario así podría ser considerado bastante grosero, el Gryffindor lo sabía perfectamente, pero como se trataba de Malfoy no había problema. Aún así se había quedado callado, y tampoco pudo dejar de notar lo ofendido que se mostró el rubio unos segundos, antes de volver a alzar la barbilla con petulancia.
-¿Le has dicho algo a Granger y a la comadreja? -preguntó de repente Draco, abriendo mucho los ojos grises, como si aquella perspectiva acabara de ocurrírsele.
-¡Por supuesto que no! ¿Cómo iba a contarles algo como lo que pasó? -exclamó escandalizado Harry, y su sorpresa no pudo ser mayor ante la expresión herida que sus palabras provocaron en el rostro de Malfoy-. Tú... ¿hubieras querido que lo hiciera? -balbuceó Harry con dificultad.
Malfoy se limitó a cruzarse de brazos mientras soltaba un bufido; el Gryffindor dio un inseguro paso hacia el rubio, con lo que Draco reaccionó dándole la espalda. Durante los pocos segundos en los que Harry no supo qué hacer, el Slytherin recompuso su semblante y mostró la misma fría mascara de indiferencia que se les inculcaba a los sangre pura.
-¿Qué tenemos hasta ahora? -exigió saber el rubio, recordando desagradablemente a un jefe que esperaba un informe completo de su negocio, luego de haberse ausentado un tiempo.
-Hablas en mi cabeza -respondió el moreno antes de poder morderse la lengua.
-Se llama Legilimancia, Potter -gruñó Malfoy rodando los ojos, sin poder creer el poco conocimiento que tenía el Gryffindor de las ramas de la magia-, y estoy seguro que no hago tal cosa.
-Se como se llama, Malfoy -dijo Harry de mala manera. No necesitaba que el Slytherin le recordara las fallidas clases con Snape del año pasado, además de repetir la misma humillación que le hiciera el profesor-, y estoy seguro que lo haces. Tal vez no sea conscientemente -concedió el moreno a regañadientes-, pero lo haces.
-¡No seas ridículo! -gritó el rubio-. Para una cosa así tendríamos que estar enlazados.
Potter debió haberse atragantado con su propia saliva, porque bruscamente necesitó tomar una honda bocanada de aire para poder respirar con normalidad.
-¿C-casados? -balbuceó el Gryffindor, con el rostro ligeramente pálido.
-Un enlace mágico está a un nivel muy diferente a un simple matrimonio, Potter -dijo Malfoy, comenzando a cansarse de tanta explicación-, y no precisamente tiene que ser en una pareja. En tiempos de guerra hay padres que se enlazan a sus hijos pequeños para protegerlos -susurró con voz tan queda que a Harry le costó escucharlo.
El Gryffindor abrió la boca para preguntar si Malfoy había sido alguno de esos niños, pero tuvo que resignarse a quedarse callado al ver como la mirada gris del otro muchacho se perdía en el sucio piso empedrado del salón.
-Fui criado por muggles, Malfoy, por si lo olvidas -rezongó el moreno, una vez pasado el momento incómodo.
Ante su comentario, las rubias cejas del Slytherin se alzaron hasta por poco ocultarse debajo del flequillo de su cabello, que Harry pudo notar Draco no llevaba engominado de nuevo.
-Por supuesto -susurró Draco con una sonrisa de condescendencia que el moreno tuvo la tentación de borrarle de un merecido golpe en la mandíbula.
-Hasta hace un par de días -comenzó a defenderse el Gryffindor-, ni siquiera sabía que dos chicos podían casarse, o tener… Olvídalo -bufó Harry, arrojando los brazos al frente con desesperación, como si el problema en el que estaba metido pudiera ser arrojado desde la Torre de Astronomía para deshacerse de él.
Así de simple.
Una risita burlona que hizo rechinar de coraje los dientes de Harry se escuchó por el aula abandonada, pero toda rastro de ira fue dejado atrás cuando Malfoy lo sujetó repentinamente por las muñecas, aprovechándose de que sus manos seguían extendidas, y luego empujó al chico de ojos verdes contra su pecho.
-¿Se abrieron nuevos horizontes, Harry? -murmuró Draco contra los labios del moreno, mientras una de sus manos se enredaba en las caderas del otro, deslizando sus dedos por la espalda de Potter.
El Gryffindor tragó saliva con dificultad, y apenas se percató del uso de su nombre de pila por parte del rubio. El sonido de la voz de Malfoy volvía a ser hechizante, tanto como lo había sido en el vagón del Expreso de Hogwarts, o en aquel baño del tercer piso, y al mismo tiempo seguía siendo el mismo chico prepotente con el que se topó por primera vez en Madame Malkin.
-¿Vas a explicarme o no? -preguntó Harry tratando de sonar molesto. Al mismo tiempo que hablaba colocó su mano sobre la boca de Malfoy con la intención de hacerlo a un lado.
No contaba con que el Slytherin sencillamente sujetara sus dedos con suavidad, para apartar la palma de Harry el espacio suficiente para poder respirar con comodidad. Draco no le permitió a irse más lejos, y los instantes restantes se dedicó a rozar sus labios y su nariz contra la piel del moreno, mordiendo con gentileza la muñeca de Harry.
La imagen le recordó al buscador a un vampiro que está a punto sucumbir a la tentación de la sangre.
-Un enlace mágico implica entregar magia, mente y cuerpo -explicó Malfoy, dejando ir al moreno como si nada extraño acabara de suceder. El rubio ya no estaba al otro extremo de la habitación como en un principio, pero tampoco invadía el espacio personal de Harry-. El romanticismo Gryffindor definiría eso como dos almas que se funden en una -añadió en tono burlón.
-Aún así hablas en mi cabeza -insistió con terquedad el león.
-¿Y qué te decía, Potter? -masculló exasperado el rubio.
Está bien, la pregunta tenía una respuesta simple, pero no era tan fácil de responder para el Gryffindor.
-En el vagón -comenzó a contar Harry, desviando la mirada al techo para evitar a toda costa tener que ver a los ojos a Malfoy-, me ordenaste que me sometiera. Te diste cuenta… -susurró entonces el moreno, cayendo en cuenta, y señalando a Malfoy con cierta acusación-. Te diste cuenta, ¡me lo dijiste! Soltaste: "¡Va a pasar tarde o temprano, Harry, sin importar cuánto te resistas!" -exclamó Harry en tono triunfal.
-Encantador que memorices cada palabra que digo, Potter -soltó Draco con una sonrisa de medio lado que le borró la suya al moreno-. Yo no recuerdo bien lo que paso ese día -aseguró el Slytherin y Harry no le creyó ni una palabra-, así que supongamos que te creo… ¿Qué más?
-Tus ojos se vuelven plateados -dijo Harry, cruzándose de brazos ofendido.
-Por si no lo has notado mis ojos son grises, Potter, no plateados -gruñó Malfoy con obviedad.
-¡Pero se vuelven plateados! -alegó el moreno, controlándose para no gritar y atraer a la gata de Filch-. Brillan, como si se encendieran -intentó explicarse Potter-, como si fuera oro blanco o plata…
-Ya, mis ojos con cautivadores -declaró con mofa el rubio, avergonzando todavía más a Gryffindor-. ¿Alguna otra cosa?
Enfadado, Harry le dio la espalda, y Malfoy soltó un bufido ante semejante comportamiento infantil. No se detuvo a pensar que en ocasiones el suyo era mucho peor.
-Potter… -gruñó el Slytherin con voz cansina, pero cuando sus manos se posaron sobre los hombros del moreno lo hicieron con tal delicadeza que cualquiera que lo hubiera visto en aquel momento, hubiera confundido el gesto con una caricia.
De pronto, el muchacho se dio la vuelta con brusquedad y al segundo siguiente Malfoy tuvo una varita de acebo apuntándole al cuello.
-Si tomas ventaja de esto, Malfoy... -siseó Harry con fiereza. Draco alzó las manos mostrando que estaba desarmado, podía sentir el pulso de magia proveniente del Gryffindor, a punto de perder el control, y habría que recalcar que no era muy amigable-. Si tomas ventaja de esto, Malfoy -repitió el moreno con la garganta seca-, te juro que iré directo con Dumbledore y dejare que él lo arregle.
-¿De qué tontería hablas ahora? -rugió indignado el Slytherin-. ¡Baja la varita, Potter!
Y ante el asombro de Malfoy, Harry simplemente dejó caer su varita al suelo. El sonido de la madera golpeando la piedra resonó un momento, para dejar atrás un incomodo silencio, sólo roto por momentos gracias a la respiración acelerada de Potter.
-Es como si fuera un Imperius -susurró el Gryffindor, y Draco pudo notar el miedo que traba de esconder al fondo de su voz-, y-yo… te obedezco, casi como un ciego. En el Callejón Diagon sabía que me ibas a besar, pero no me aparte.. ¡Cuando pasó lo de Snape, espere a que me dieras tu permiso para irme! -gritó Harry comenzando a perder la compostura-. ¡Yo espere tu permiso, maldición!
Lo siguiente que supo Harry es que Draco lo estaba abrazando con toda su fuerza, y que él se aferraba a la túnica del Slytherin de la misma manera. Decidió hacer a un lado lo que estaba bien o era normal, para concentrarse en las manos que vagaban por su cabello tratando de tranquilizarlo y en los brazos que lo envolvían como si quisieran protegerlo de todo.
-Tu olor me vuelve loco -confesó Draco a su pesar, una vez que sintió más acompasada la respiración que golpeaba su cuello.
-Ya me habías dicho que mi peste… -empezó a decir Harry.
-No -lo interrumpió el Slytherin-. Me encanta. Hueles a canela y vainilla, a tierra húmeda y hierba fresca. No hay otro aroma igual en el mundo mágico.
El comentario provocó que un estremecimiento nada placentero recorriera la espalda del Gryffindor, y todos los vellos del cuerpo se le erizaron en advertencia. Muy a renitencia, el moreno separó su cabeza del hombro del rubio, se quedó momentáneamente sin palabras ante la mirada torturada pero anhelante del chico frente a él.
-¿Describes un bosque o un pastel? -trató Harry de aligerar el ambiente, con desastrosos resultados.
-También puedo saber si alguien te ha tocado, o si pasas tanto tiempo con alguien como para que su olor se apegue al tuyo -siguió hablando Malfoy. Una vez que había comenzado era difícil detenerse-. Por lo mismo ya sabía que eras virgen…
-Eso no es muy normal para un mago, ¿verdad? -preguntó el moreno dando un paso hacia atrás, intuyendo la respuesta con bastante certeza.
-No es lo peor… -dijo Draco en un murmullo, sabiendo la reacción que sus próximas palabras provocarían en Harry, pero no pudo permanecer callado. Debía advertírselo, Harry tenía que saber-. Siento... que me perteneces.
Al Slytherin no le quedó de otra más que cerrar los ojos con fuerza y apretar los puños mientras la figura de Potter retrocedía hasta golpear su espalda contra la puerta. Escuchó como Harry sacudía la perilla con brusquedad antes de echarse a correr por el pasillo, dejándolo completamente solo en medio de un montón de viejos pupitres.
Hoy no tengo muchos comentarios jocosos, acabo de regresar de vacaciones y como todo estudiante mexicano que se respete he dejado todos los trabajos escolares para las ultimas horas del domingo. Lamento la tardanza, pero espero que hayan disfrutado el capítulo.
MMDD: Pues por Merlín, te suplico que no vuelvas a olvidarte de mi pequeña historia D: Te contare ;) Draco es... xD ¡Mentira! ¡No te diré nada! Por favor, continua leyendo para averiguarlo ;) Espero que la actualización haya sido de tu agrado, y que me leas el próximo mes :) Zaludos, Zaphy :)
Datyi: Bueno, si Draco actúa como un licántropo, voy a tener que corregirlo. Nunca he leído Crónicas Vampíricas, me causa cierta molestia que a Anne Rice no le agraden los fanfics, pero es algo que voy a tener que superar, porque les he echado un vistazo a sus libros, y ya me han recomendado que son muy buenos en cuanto a temática de vampiros u.u Espero que por fin te hayas decidido acerca de la criatura que es Draco. Gracias por comentar ;) Zaludos, Zaphy :)
Renesmee Black Cullen1096: ¡Amo las peleas por celos, y amo más por haberte sorprendido por el Draco v/s Severus! Espera, porque fue una agradable sorpresa, ¿no? O.o Espero que tu investigación rinda sus frutos xD Pero creo que no lo vas a averiguar... :3 Gracias por tu review, y por seguir esta pequeña historia ;) Zaludos, Zaphy :)
Panfila Petronila Sinforoza: A lo que me refería en que los tejones eran chismosos, me refería a que les gusta involucrarse en los rumores del castillo, ¡y se los creen! D: Segundo y cuarto año lo certifican u.u Por mi parte, yo soy una orgullosa serpiente. ¿En serio? ¿Le están prestando mucha atención a Harry? O: ¿Quien? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? xD No tengo ganas de continuar con el sueño, naaa, no me dan ganas ;) Soy un Pegaso :) El hecho de que vaya a haber MPreg, no significa que vaya a ir por mi historia embarazando a todo mundo xD Interesante teoría tuya la de Harry, ya lo veo xD "Soy poderoso, Malfoy, y eso me hace bello" xD Todo mundo ama los instintos de las criaturas mágicas. ¿En serio piensas que Harry no reaccionara a ningún otro que no sea Draco? ;) Veremos, veremos... Lamento no poder actualizar el día de tu cumpleaños, pero como he marcado en cada capítulo, este fanfic está dedicado a mi beta, Hibari, es un regalo sólo para ella, así que no me parece justo dedicársela a alguien más u.u De todas formas, ¡Feliz Cumpleaños! :D Gracias por todas tus palabras, hacen nacer mi inspiración ;) Con amor, Zaphyrla :D
Ying Fa Malfoy de Potter: Si contesto tu pregunta se perdería buena parte del encanto de la historia, vas a tener que averiguarlo ;) Gracias por leer y por escribirme un pequeño comentario. Zaludos, Zaphy :)
lucas1177: ¡Pues espero que el fanfic siga siendo de tu agrado! Muchas gracias por tu review :3 Zaludos, Zaphy :)
kawaiigiirl: No te equivocas al suponer que es un Creature-fic, ahora la pregunta es de qué clase de criatura mágica se trata y quién es la creatura mágica ;) Amo el Snarry, y aunque en esta historia solo voy a involucrar al profesor Snape como un simple mentor de los muchachos, no pude evitar darle un pequeño guiñó a mi pareja favorita. ¡Muchas gracias por todos tus comentarios! :D Con amor, Zaphy :)
kothaax3: Por una muy simple y oscura razón... Es divertido. ¡No me odies! D: Espero que el fanfic siga siendo de tu agrado, y hayas disfrutado de este capítulo. Muchas gracias por leer, y por comentar ;) Zaludos, Zaphy :)
Noona Kane: Bueno, creo que JK tiene algo que decir, puesto que son sus personajes xD Pero bueno, ¡que le cuesta darnos algo de diversión! D: ¡NADA! Albus y Gellerd... ¡Por Merlín, no pongas esa pareja en mi mente! Es que es tan, pero tan triste :'( No, creo que a Ron, no le afecta ese lado de Harry ;) Vamos a ponerlo así, es como un perfume, después de un tiempo de olerlo te acostumbras y a menos que te esfuerces no lo percibes, pero si pasas al lado de la persona con acaba de ponérselo... Espero que te haya agradado el capítulo, muchas gracias por tu review. Con amor, Zaphyrla :)
itsumiminamino1: Ah, tal vez lo hago excesivamente corto, o tal vez deba actualizar más seguido... :$ No se :$ Lo siento, pero ya está más que confirmado que es una criatura mágica, sé que es muy cliché, pero los clichés son clichés por dos motivos: porque gustan y para romperse ;) Gracias por tu review, y espero que sigas al tanto de esta pequeña historia :D
Zaludos, Zaphy :)
Zaludos
Zaphy
Sela Yal than Rami usa te, finta Zaphyrla... Temo si la ura le.
