La mañana del 19 de noviembre de 1918, la noticia del fin de la guerra circulaba por todos los diarios de Estados Unidos.
El último año de la guerra
Para Alemania, el retiro, en marzo de 1918, de los rusos de la guerra brindó renovadas esperanzas de un fin de la guerra favorable para ellos. Por eso querían concentrarse para un ataque masivo en su frente occidental y romper el empate hasta allí existente.
El ataque alemán fue lanzado en marzo y duró hasta julio de 1918 y tuvo éxito inicial.
Un contraataque liderado por el general Foch, apoyado por 140.000 soldados americanos frescos derrotó a los alemanes de Marne el 18 de julio.
Llegaron dos millones de soldados frescos de USA y por ello el general Ludendorf propuso un armisticio, pero no fue aceptado.
El pueblo alemán estaba harto de la guerra y comenzaban a sublevarse, igual que el pueblo ruso.
Guillermo 2° capituló y dejó el país el 9 de noviembre de 1918, mientras que Friedrich Ebert (el primer presidente de Alemania) fundó una república.
Dos días más tarde, el 11 de noviembre de 1918 se firmó el armisticio. La guerra había terminado, pero las fuerzas revolucionarias puestas en movimiento por aquélla todavía no se habían agotado.
En la mansión Andry de Chicago, Albert, se encontraba con la mirada perdida frente al gran ventanal de su despacho.
- William está todo listo para viajar a Washington, cuando lo desees podemos partir. ¿Te has enterado ya de la noticia en los diarios? –
- Demasiado tarde ya, ¿no lo crees George? – respondió Albert -
- Lo siento William, a mí también me duele mucho, yo también quería mucho a la señorita Candy, el emprender este viaje en busca de sus restos en verdad es una pesadilla –
- Lo sé George y te lo agradezco, en cuanto regresemos iniciaremos lo necesario para el funeral de Candy, y para decírselo a la tía Elroy –
- Será un duro golpe para ella William, pierde a uno más de sus chicos. Aunque no lo creas, te aseguro que Emilia hace tiempo que ama a Candy como a una más de sus nietos –
- Lo sé George, hace tiempo que me di cuenta, pero la tía es así, nunca se atrevió a demostrárselo y quizá eso la atormente por mucho tiempo, así como ha sucedido con Anthony y Stear –
- Te esperaré en el auto William –
- Si George, gracias, sólo necesito unos minutos más –
George salió del despacho y dejó al joven rubio a solas, sabía que Albert estaba devastado, por lo cual se sentía muy solo y triste. Albert de nuevo perdía su mirada en el sombrío jardín, cuando de pronto, observó que una figura cruzaba el extenso jardín posterior que poseía la mansión, la imagen de una joven rubia con el cabello suelto, envuelta en un largo vestido de gasa color hueso, de no ser porque estaba seguro de que Candy había fallecido en el frente, podría jurar que se trataba de ella, ¿acaso su mente le estaba jugando una pesada broma?-
- ¡Albert! ¡Aaaaaallllllbertttt! –
- ¿Candy? ¡Es Candy! ¡Candy! ¡Candy! – gritaba Albert totalmente confundido -
Esa figura que se aproximaba a su ventana y gritaba su nombre era Candy, Albert sintió que su corazón se detenía, si era una ilusión deseaba con toda su alma que durara un poco más, sin pensarlo más, abrió el gran ventanal sin importarle el crudo frío que entraba, Gritó el nombre de Candy y de un salto llegó hasta el jardín. Los sirvientes lograron oír a Albert, ya que el gran silencio que existía en la mansión permitía oír el más leve de los sonidos, con mucha más razón el grito del señor Andley, Thomas creyó que quizá habría enloquecido de tristeza, más aún, por su comportamiento de encierro de los últimos días; así que, corrió en busca de George.
Mientras tanto en el jardín, Candy se arrojaba a los brazos de Albert en un mar de lágrimas, Albert apretaba el frágil cuerpo de Candy con todas sus fuerzas, como si de no hacerlo ella desaparecería entre sus brazos.
- ¡Albert! ¿Qué pasa? ¡Me cortas la respiración! Yo también te extrañé y no por eso te impido respirar, ¿o es que acaso no querías que regresara? De seguro que ya te habrás acostumbrado a no tener que sacarme de apuros ¡eh! – parloteaba Candy
Albert escuchó cada palabra que su pequeña princesa pronunció y al terminar separó el abrazo, su rostro se tornó duro y frío.
- Albert, ¿qué te ocurre? nunca antes había visto esa mirada en tu rostro, ¿ocurrió algo malo? –
- ¡Candy, tus palabras han entrado a mi corazón como dos puñales! –
- ¿Cómo dices? ¡No te entiendo Albert! ¿Estás molesto conmigo? Recién llego y no entiendo de lo que me hablas, pensaba sorprenderte entrando por la ventana de tu despacho pero tú estabas de frente, así que, no sé que más pasó. ¿Acaso te molestó mi comportamiento? lo siento, tanto tiempo lejos de casa, ¡que me olvide de utilizar los finos modales! Te prometo que no pasará de nuevo –
- ¡Candy no hables más! ¡Deja de decir tantas tonterías! –
- ¡¿Albert?! – exclamó Candy incrédula
Albert abrazó de nuevo a Candy con mucha más fuerza que antes, dejando a Candy más confundida aún, no sabía que ocurría, pero sólo importaba que Candy estaba bien y estaba en sus brazos, Candy tampoco entendía nada, pero se sentía en casa en brazos de Albert.
En la ventana del despacho todos los presentes observaban la escena incrédulos, toda la servidumbre se había dado cita en el despacho sin importar que habían abandonado sus obligaciones. George sólo miraba la escena con una amplia sonrisa y una lágrima retenida en sus ojos.
Albert y Candy caminaron abrazados rumbo a la entrada principal de la mansión sin decir una sola palabra, no era necesario hablar, ambos estaban felices. Al llegar al camino que conducía a la entrada se toparon con la llegada de Archie, éste no podía creer lo que sus ojos veían, bajó del auto casi sin haberse detenido y corrió a abrazar a Candy.
- ¡Candy! ¡Estás viva, estás viva! ¡Dios mío es un milagro! ¡No puedo creerlo! ¡Gracias a Dios que estás bien Candy! Pero entonces, todo lo que sucedió estos días, ¿la bandera y las fotos? – Cuestionaba Archie confundido y feliz a la vez, estrechando fuertemente a Candy en sus brazos
- Archie, no entiendo lo que dices, ¿a qué bandera y a que fotos te refieres? Te comportas como si hubiera regresado de la muerte misma –
- Y así fue Candy, nos notificaron que habías muerto hace unos días. Enviaron todas tus pertenencias acompañadas de dos fotos y una bandera de agradecimiento, justo hoy Albert viajaría a Washington para averiguar sobre tus restos. No entiendo nada y no me importa, lo único que importa es que estás aquí y con vida. ¡No te vuelvas a ir nunca más Candy, por favor! –
- ¿Mis restos? ¿Yo muerta? No entiendo nada, Albert, ¡explícame por favor! Ahora entiendo tu actitud de hace un momento, tú creías que yo estaba muerta. Pero no entiendo por qué, ¿quién les dijo eso? –
- Será mejor que entremos Candy, está muy helado aquí afuera, ¿por qué no te has abrigado? ¡Estás helada! – indicó Albert
- Olvidé mi abrigo en el auto, tenía tantas ganas de verlos que me olvidé por completo –
- ¿Auto? ¿Cuál auto Candy? – pregunto Albert
- El presidente ordenó después de la ceremonia que todos los homenajeados del área médica, fueran llevados hasta la puerta de sus hogares con su respectiva escolta, pero yo logré escapar antes de llegar para entrar por el jardín y sorprenderlos, han de estar vueltos locos buscándome, espero que ya se hayan marchado – decía Candy divertida
- Al parecer no señorita Candy, se aproxima un coche con la insignia del ejército de Estados Unidos – intervino George
- ¡George! ¡Qué gusto verlo, a usted también lo extrañé mucho! – Decía Candy a la vez que se abalanzaba sobre el elegante inglés que era George para depositar un cálido beso en la mejilla de éste -
- Gracias señorita Candy, nos ha hecho sufrir mucho con ese viaje –
- Lo siento George, ¡en verdad no era mi intención! Pero... ¡ese auto no es en el que yo venía! –
En el momento en que el auto se detiene, desciende un gallardo militar, con una mirada dura y recta y se dirige hacia donde se encuentran los jóvenes Andley.
- ¡Buenos días caballeros! Así que aquí está, decidió llegar por su propio pie por lo que veo y provocar un caos en mis hombres con su búsqueda. ¿Tiene algo que decir al respecto señorita Andley? –
- General yo… lo siento, no era mi intención causar problemas… sólo deseaba llegar lo antes posible y abrazar a mi familia. Lo siento, he pasado tanto tiempo lejos –
- Eso no le da derecho a comportarse como lo acaba de hacer. ¡¿Después de tanto tiempo lejos, ¿no podía haber esperado unos minutos más?! – sentenció el militar – Señor Andley, permítame presentarme, soy el general Wilson, me fue encomendada la misión de traer a su hija a salvo hasta su hogar e informarle que su participación en el frente ha sido honorable y que nuestro país ha sido bendecido por personas de gran valor y amor a la patria como su hija, la señorita Candice W. Andley. Reciba este honorable reconocimiento por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos y de nuestro presidente –
- Gracias, ¡pero el mayor de los honores se encuentra a mi lado ya! Candy, ¡estoy muy orgulloso de ti! –
- ¡Gracias Albert! –
Candy comenzó a llorar, alegrías, tristezas, frustración, recuerdos malos y buenos llegaban a su mente, sin duda habían sido tiempos muy difíciles para ella, pero había valido la pena todo el esfuerzo, ahora estaba de vuelta en Chicago junto a su familia y la satisfacción de haber hecho lo correcto. Los brazos de Albert abrazándola fuertemente, la transportaban a un cálido lugar, lleno de tranquilidad de donde no querría irse jamás.
El gallardo militar observaba la escena tratando de descifrar las emociones de la rubia, se sorprendió por las palabras y la actitud de Albert, no sin mencionar que la juventud del rubio lo asombraba más aún, porque se trataba de un joven casi de su misma edad, al igual que él era muy joven para ser general, pero las circunstancias de la guerra lo habían colocado en esa posición, así que se comprendía en su situación, pero en en el caso de William Andley, ¿cómo éste podía ser padre de la chica? su parecido era indudable, pero en la edad... ¿cuánto años le llevaría? 4 ó 6 a lo mucho y ya eran bastantes. Más bien podría ser su hermano, tal vez era así, y el protocolo lo obligaba a representar al padre. Pero, ¿que hacía él analizando la situación de esa chica? era algo que no debía importarle, la chica estaba en casa y él había cumplido su misión. El general Wilson se despidió.
Todos entraron a la mansión una vez que la escolta militar se había marchado, hablaron por largo rato de todo lo sucedido en ese largo tiempo. Durante la plática, Albert, había recibido la llamada del General Foch, para aclarar el mal entendido surgido en torno a Candy, pero, como eran tiempos de guerra, los telegramas no eran enviados como era debido, lo que el general Foch había querido decirle a Albert en el telegrama, era que Candy volvería a América y habría una ceremonia en honor a todos los valientes que prestaron su servicio a la patria en reconocimiento a su valentía y coraje, el país estaba agradecido y orgulloso de la labor de Candy en el frente y que sus pertenencias habían sido enviadas antes porque ella viajaría primero a Washington para estar presente en dicha ceremonia y evitar que cargara con el gran peso del equipaje. Todo había quedado aclarado y la calma volvía a la mansión, Candy se retiró a su habitación a descansar y todos los demás hicieron lo mismo, pareciera que todos esos años nadie había dormido hasta ese día.
Un nuevo amanecer en la mansión Andley comenzaba, un travieso rayo de sol se filtraba en la habitación de Candy a través de la ventana, era una mañana muy fría por el clima de la temporada, sin embargo, el sol de Chicago parecía querer darle a Candy una cálida bienvenida, brillando después de muchos días de lluvia. Candy se levantó muy contenta por estar de nuevo ahí, se arregló lo más rápido que pudo y salió corriendo de su habitación.
- ¡Candice Andley! Recién llegas y ya has comenzado a provocar un alboroto, ¡una señorita de buena familia no corre por los pasillos y mucho menos al bajar las escaleras! ¿Te has olvidado a caso del buen comportamiento de una dama Candice? – Reprendió su conducta la señora Elroy -
Candy al escuchar la voz que la reprendía, se paró en seco, quedando de espaldas a tan conocida figura, sin embargo, contrario a lo que cualquiera pensaría ocurriría en esa situación, Candy volteó a ver a la tía abuela y de nuevo le dio la espalda para seguir con su carrera y descender con la misma velocidad, una vez abajo, corrió a abrazar a la tía abuela
- ¡Tía abuela! ¡Qué gusto me da verla de nuevo después de tanto tiempo! No me eh olvidado de los buenos modales tía abuela, pero, es que me siento tan feliz de haber vuelto, que sentí la necesidad de correr y gritar, es un lindo día, poder respirar el aire puro, ver a la gente transitar contenta al lado de sus familias, deseo ver todo eso de nuevo tía abuela, lo necesito, después de todo ese tiempo que estuve en el frente, tengo necesidad de ver todo lo afortunados que somos por poder vivir en paz y armonía, ¿Me entiende tía abuela? –
Candy le decía todo esto a la Sra. Elroy abrazada a ella, la tía abuela escuchó cada palabra mencionada por la rubia, y a la par cada una de ellas iba penetrando en lo más profundo de su corazón, sin duda, esa chiquilla escandalosa había logrado ganarse su corazón, la había conmovido al punto de hacerla derramar lágrimas, el imaginarse los horrores que la rubia debió haber presenciado, le provocó desear no haber sentenciado su comportamiento de liberación, la tía abuela sin poder resistirse más soltó un fuerte suspiro y abrazo a la rubia con mucha fuerza para después indicarle que tomara asiento.
- Candice, es muy difícil para mí lo que voy a decirte, espero que me entiendas y permanezcas callada hasta que termine. Estoy consciente de mi comportamiento hacia ti en todo el tiempo que te traté tan mal desde que viniste a formar parte de esta familia, pero debes entender que las situaciones en que se dieron las cosas no fueron las correctas y las circunstancias me hacían ver las cosas desde otro punto de vista, te pido me disculpes por lo ocurrido, sin embargo debo confesarte que no me arrepiento del todo, ya que mucho de lo sucedido, ayudó a que tu maduraras y te convirtieras en la jovencita que eres hoy. Estuve muy preocupada por ti todo este tiempo, creí que una vez más perdería a uno de mis nietos sin poder demostrar lo mucho que me importan, yo nunca he sido una mujer cariñosa y afectiva Candice, pero escúchame bien lo que voy a decirte porque quizás no vuelva a hacerlo. Candice Andley, tú te has convertido en alguien muy importante para esta familia, he llegado a tomarte un profundo cariño y te estoy muy agradecida por todo lo que hiciste por William sin siquiera saber que se trataba de tu tutor, y por mis tan amados nietos Anthony, Stear y Archie, y ni que decir del cambio que lograste en Neal. Ahora entiendo el afán de ellos por mantenerte cerca y porque te quieren tanto. Sé que mi actitud expresa todo lo contrario pero mi formación fue así, no me enseñaron a mostrar mis emociones y a decir lo que siento, aunque no estoy de acuerdo con tu profesión, debo admitir que tu valentía y determinación en todo lo que haces es admirable y honorable, espero que ese mismo esmero lo utilices para convertirte en una gran dama, sin embargo Candice, déjame decirte que me enorgullece que seas una Andley –
Los ojos de Candy se habían llenado de lágrimas, la dura tía abuela le estaba abriendo su corazón por primera vez, eso era algo que ella nunca soñó que pudiera pasar, el corazón de Candy rebozaba de júbilo, tan absortas estaban ambas en el momento que no se percataron de que Albert, Archie y George estaban presenciado la escena.
- Tía abuela, sus palabras me llenan el alma de una calidez. Yo no tengo nada que reprocharle, como usted lo ha dicho ya, todo lo sucedido tenía que ser así, no me arrepiento de nada de lo que he vivido, Dios me ha ayudado y me ha guiado hasta aquí, estoy convencida de que si las cosas hubieran sido fáciles en un principio, hoy no estuviera aquí, no hubiera conocido a mis queridos Anthony, Stear y Archie, Albert nunca me habría adoptado y con eso, todos los bellos momentos que prosiguieron a mi adopción jamás habrían sucedido, los sucesos que marcaron mi vida y me dieron la pauta a seguir sucedieron a raíz de esos acontecimientos, yo nunca terminaré de agradecer a Dios y a ustedes los Andley por todo lo que me han dado –
- Candy, tú también eres una Andley ahora, ¡no lo olvides gatita! – interrumpió Archie -
- ¡¿Que hacen ustedes escuchando una conversación ajena?! –
- Discúlpanos tía, esa no era nuestra intención, íbamos llegando cuando escuchamos sus voces, me pareció más raro aún porque se suponía que te encontrabas en Lakewood, sin embargo tía, debo decirte que me alegro de haber escuchado, porque tus palabras me han reconfortado el alma, me siento muy orgulloso de ti, gracias por querer a Candy y por tus cálidas palabras tía. Este gesto nunca lo olvidaré. – respondió Albert emocionado por la actitud de la tía Elroy -
- William que cosas dices, era tiempo ya de poner las cosas en claro respecto a Candice, sin embargo, quiero aclararles a todos ustedes, pero sobre todo a ti Candice, que las reglas de conducta y los buenos modales no se relajaran, todo seguirá igual en relación a eso. Ninguno de ustedes, por ningún motivo podrá ausentarse de la cena, salvo en circunstancias especiales por cuestiones de negocios o eventos sociales en los que un Andley no puede darse el lujo de rechazar, en el caso de William, serán más frecuentes, pero espero podamos manejar las situaciones para evitar que se ausente por mucho tiempo. Candice las guardias nocturnas tendrán que terminarse, a partir de este momento tu turno será solo de día, una señorita decente no pasa la noche fuera de su casa, bajo ninguna circunstancia. Todos, sin excepción, estarán obligados a asistir a todo evento en el que los Andley sean requeridos, el cortejo Candice, tendrás que manejarlo siempre con la mayor propiedad posible y con caballeros de buena familia y posición social, creo que estas consciente de que al ser la hija de William eres la principal heredera de la fortuna Andley, por lo cual el patrimonio de todos nosotros esta en tus manos. Y muchos puntos más que trataremos en otro momento, Candice acaba de llegar y debemos festejarlo, habrá una cena en su honor esta noche –
- Un momento tía, creí que ya antes había quedado aclarado todo respecto a la situación laboral de Candy –
- Eso era antes William, la cosas han cambiado, Candice es ahora la principal heredera, de manera irrefutable, ya no se toleraran los comentarios mal intencionados en torno a la adopción de Candy y su origen, el trato hacia ella por todos, incluyendo a los Legan, será oficial, quien no respete el rango que ahora Candice posee, será rechazado de la familia Andley, por todo esto, es obvio que Candice tendrá que cambiar sus hábitos, no estoy exigiendo demasiado, si lo analizas bien, lo que pido es razonable. ¿Tú qué opinas Candice? ¿Acaso William no fue claro al decir que sólo tú tomarías las decisiones respecto a tu vida? –
- ¡Tía Elroy! ¡No permitiré que pongas a Candy en una encrucijada! –
- Albert, por favor cálmate, no te alteres, creo que tiene razón sobre lo de mis guardias nocturnas, además, me vendría bien dormir un poco más, me ayudará a recuperarme del agotamiento que me causó el participar en el frente –
- ¿Estás segura Candy? No tienes que hacer lo que dice la tía Elroy, tú tienes mi apoyo y lo sabes y lo que tú decidas deberá respetarse ¡sin objeción alguna! –
- No te preocupes Albert, te lo agradezco en verdad. Pero hay un problema tía abuela, yo no decido eso. El hospital asigna las guardias dependiendo las necesidades y habilidades de cada uno, esta decisión no depende de mí –
- Ese no es problema Candice, George puede encargarse de eso, ¿no es así George? –
- Si madame, me haré cargo si no hay más objeción al respecto –
- No la hay George. ¡Gracias! Pero hay algo que quisiera pedirle tía abuela, no es necesario que festejemos mi regreso, me siento algo cansada para una fiesta, mi mayor satisfacción es estar aquí con ustedes. ¡Dejémoslo así por favor! –
- Sabes tía, creo que de todo lo mencionado lo único que será tomado en cuenta es la decisión de Candy de no tomar más guardias nocturnas, de lo demás, haremos de cuenta que no fue mencionado, Candy será quien decida sobre su vida y eso ya había sido aclarado antes. No hay más que agregar. Doy por terminada esta discusión, pasemos al comedor todos juntos a disfrutar del desayuno en familia –
- Está bien William, será como tu digas, pero estaré atenta a todo lo que concierne a cada miembro de esta familia y cuando considere necesaria mi intervención lo haré sin vacilaciones –
- Querida tía, todo a su tiempo. Vamos, ¡la escoltaré al comedor! – Decía Albert en tono adulador -
La señora Elroy no podía resistirse a los mimos de Albert y terminó por acceder y todos juntos pasaron al comedor, fue un desayuno ameno, todo era armonía como hace mucho tiempo no ocurría.
- Disculpen la tardanza pero tenía que llamar a Annie para avisarle lo de Candy. Por cierto, vendrá al mediodía para acompañarnos a comer e iremos a comprar los regalos de navidad, vas a ver cómo nos divertiremos Candy –
- Que alegría me da ver a Annie después de tanto tiempo, pero antes debo ir al hospital a reportarme Archie –
- ¿Pero cómo Candy? ¡Acabas de llegar! Pensé que te darían unos días de vacaciones en compensación por el servicio que prestaste en la guerra –
- Archie, tengo que ir a reportarme con mis superiores, mi labor en el frente fue parte de mi trabajo, entiéndeme. Además, necesito saber mi nuevo horario, no estoy diciendo que iré a quedarme, de cualquier manera si tuviera que trabajar ya había pensado solicitar una licencia para comenzar hasta en febrero, así que no te preocupes, ¡esta tarde nada impedirá que nos vayamos de compras! –
- Esta bien Candy. Te acompañaré al hospital, llamaré a Annie para que nos espere en su casa y nosotros pasaremos por ella cuando hayas terminado tus asuntos. ¿Te parece bien gatita? –
- Si Archie, ¡gracias por acompañarme! –
- Archie, no me parece adecuada la forma en la que te diriges a Candice. ¡Hazme el favor de llamarla por su nombre en mi presencia! –
- ¡Disculpa tía abuela! – decía Archie fingiéndose regañado, y sin que la tía abuela lo notara, le dirigió una mirada coqueta a Candy, mandándole un guiño y un pícaro beso -
- ¿Qué es lo que te causa tanta gracia Candice? –
Candy se pasó el pedazo de fruta que acababa de poner en su boca, sin masticar, no creyó ser descubierta por la tía abuela de la diversión que le causaba la ocurrencia de Archie.-
- ¡Eh… nada, tía! –
- ¡Jajajaja! – ¡Vamos princesa sigue comiendo! – le animó Albert divertido -
Todos comenzaron a reír al ver la expresión de Candy y como ésta miraba el plato con tristeza por no poder seguir comiendo en espera de la reprimenda de la tía abuela.
Una vez que terminaron de desayunar la tía Elroy les indicó que pasaran al salón, para hablar sobre los próximos eventos.
- Y bien tía, te escuchamos, ¿a qué eventos te referías hace un momento? – aludió Albert
- Bien, como ya saben, mañana es la cena de acción de gracias, Yo me encargaré de la organización, me hubiera gustado que este año fuera en Lakewood pero el tiempo se nos ha venido encima, y en vista de que Candice se tomará un descanso de sus obligaciones laborales, pienso que podríamos viajar a Lakewood para la navidad. Quería saber William, como está tu agenda, ¿crees que podrías ausentarte para las festividades o prefieres que celebremos aquí en Chicago? –
- Me parece bien tía Elroy, trataré de arreglar todo para que podamos viajar lo más pronto posible –
- Bien, aclarado ese punto, pasemos ahora al siguiente evento. Como todos saben, Candice cumplirá 21 años el próximo mayo, ya que significa su mayoría de edad y el comienzo de nuevas obligaciones, considero necesario hacer una gran fiesta para celebrar su cumpleaños y hacer su presentación oficial ante la sociedad de Chicago. ¿Qué les parece? –
- ¿Qué opinas tú, Candy? – refirió Albert -
- Yo, no sé qué decir, no creo que sea necesario hacer una gran fiesta, porque no mejor una pequeña cena en familia, me parece más simbólico –
- ¿Pero qué estás diciendo Candice? Recuerda que eres una Andley, la hija de William Andley. Toda la sociedad hablará de este evento, en este tipo de situaciones yo me encargo. Así que no habrá manera de que te escapes de esto –
- Sabes Candy, la tía abuela tiene razón, eres una Andley y como tal es un protocolo que debes cumplir, además, te gustará, ya verás, nos divertiremos, será un honor para Albert y para mi presumir a nuestra princesa –
- Archie, que cosas dices, ¡me haces avergonzar! –
- Yo también estoy de acuerdo con la fiesta Candy, me encantaría que estuvieras de acuerdo, piénsalo – dijo Albert -
- Está bien tía abuela, será divertido organizar todo, ¡gracias! –
- ¡Candice! –
- ¿Sí tía abuela? –
- Seré yo quien organice, ¡no lo olvides! –
- Oh… lo siento. Claro que si tía abuela –
Candy se puso colorada lo que causó gracia a los presentes.
- ¡jajajajajajajaja! –
La mañana transcurrió tranquilamente, todos se retiraron a cumplir con sus deberes, Albert se fue junto con George rumbo a la oficina y Archie a la universidad, pero éste último volvió temprano para llevar a Candy al hospital y después ir por Annie y pasar la tarde con las dos bellas damas, de compras navideñas.
Después de haber recorrido todas las tiendas posibles por fin regresaron a casa, Candy había pasado una tarde muy alegre, había compartido con Annie a quien extrañaba mucho y junto con Archie la habían mantenido toda la tarde ocupada y divertida, Candy aprovecho para comprar algunos regalos para los niños del hogar de Pony y sus dos madres, tenía tantas ganas de volver a verlos, se sentía contenta porque pronto iría a visitarlos, aunque estaba muy cansada no decía nada, sabía que a Archie y a Annie les encantaba ir de compras, así que decidió tratar de divertirse para no incomodarlos.
Al llegar a la mansión, Albert ya se encontraba ahí y esperaba por ellos para conversar sobre su día y compartir la cena como había advertido la tía abuela.
- Vaya, al fin llegan, veo que se tomaron en serio lo de las compras ¡eh! –
- Albert, ya llegaste, que bueno, uff, estoy tan cansada, ¡por un momento pensé que Archie y Annie comprarían el almacén entero! –
- ¡jajajaja! – Albert sonrió ante el comentario de Candy -
- Vamos gatita no exageres, ¿acaso no te divertiste con nosotros? –
- Claro que si Archie, sólo digo que compraste demasiado, ¡no te enojes! –
- Claro que no gatita, ¡mi venganza será cuando nos acompañes de nuevo para terminar las compras! –
- ¡ohhhhh! – se lamentó Candy -
Archie y Albert sonrieron divertidos por la expresión de Candy, sin duda la traviesa pecosa había devuelto la sonrisa a todos en la mansión.
- Y dime Candy, ¿cómo te fue con tu entrevista en el hospital? –
- Oh todo bien Albert, no fue necesario que pidiera la licencia sabes, me dieron vacaciones y un periodo extra por decreto del presidente, así que regresaré hasta en marzo, ¿qué te parece? –
- Creo que alguien holgazaneará mucho ¡eh! –
- ¡Albert! –
- No te enojes Candy, me parece muy bien, así descansaras y podremos salir de viaje también –
- ¿De viaje? ¿A dónde Albert? –
- No lo sé aún, en cuanto se defina el rumbo de una negociación que tengo actualmente, se decidirá a donde viajaremos, yo te avisaré no te preocupes, espero que Annie pueda acompañarnos Archie –
- ¡Me parece una gran idea Albert! le preguntaré a Annie, de cualquier manera yo estoy dentro ¡eh! –
- ¡Archieeeeee! ¡Le diré a Annie que piensas ir igual aunque no lo haga ella! –
- ¡Gatita!, una vez que me case con Annie no podré salir más solo, ¡debo aprovechar ¿no crees?! – Archie le hizo un guiño a Candy acompañado de uno de sus tan pícaros besos, de los cuales sólo Candy tenía derecho -
- ¡Eres incorregible! –
- ¡Candy, veo que tú también compraste algunas cosas! – intervino Albert -
- Si, compré algunos regalos para los chicos del hogar, ¡se pondrán muy contentos! –
- Yo ya tengo listo los regalos como cada año Candy, están en la mansión en Lakewood, espero que no te moleste –
- Por supuesto que no Albert, te lo agradezco mucho, ¡eres muy generoso! –
- Bien, iré a tomar un baño antes de la cena, los veo más tarde – comentó Archie -
- Pero esperen, ¿no se han dado cuenta de que falta algo? – preguntó Candy
- ¿A qué te refieres pequeña? –
- ¡El pino de navidad! ¡Debemos ir a comprarlo! ¡Debe estar listo para la cena de mañana!, debieron de haberlo puesto desde hace tiempo, ¡¿es que no pensaban poner uno?! –
Archie que ya se encontraba al borde de la escalera se detuvo en seco y volteó a ver a Albert, se había olvidado de ese detalle, y la sombra del recuerdo de Grandchester se hacía presente de nuevo, Archie se puso nervioso y no pudo responder nada.
- El árbol está en el despacho Candy, alguien… – decía Albert cuando fue interrumpido bruscamente por Archie -
- Alguien lo puso ahí y después ya ninguno se acordó de sacarlo hacia el salón, así que, como ya se había decorado, creímos que era mejor dejarlo así, además, como no pasaremos la navidad aquí, no hay problema que se quede en el despacho, así iluminará un poco ese montón de libros y papeles. ¿No lo crees así Candy? – repuso Archie -
- Si, pensé que lo habían olvidado, bueno, entonces apresurémonos para acomodar los regalos, ¿qué les parece si los empacamos desde hoy para ponerlos debajo del pino? ¡Ay! ¡Estoy muy emocionada, me encanta la navidad! –
- Si Candy, sube a prepararte entonces. Albert me olvidaba que necesito que me des tu opinión en unos documentos, ¿me acompañas al despacho? –
- Bien caballeros los veo en un momento –
Candy les dio un beso a ambos antes de subir a su habitación a cambiarse para la cena.
- Y bien Archie, ¿qué fue todo eso en el salón hace un momento? –
- Albert, no pensarás mencionarle a Candy la visita de Terry ¿verdad? Eso la pondría triste, tal vez ella ya se olvidó de él, será mejor que dejemos las cosas así –
- Escúchame Archie, yo no pienso mentirle a Candy, no le diré nada aún porque creo que es un asunto que Terry y ella deben tratar, además, no eh podido localizar a Terry para decirle que Candy no murió, él aún piensa que ella está muerta, he llamado a su casa pero no me responde nadie, y como sé que no está en el teatro, puesto que él mismo me dijo que estaría de vacaciones hasta febrero, entonces, tendré que seguir esperando hasta localizarlo y que sea él quien decida hablar con Candy, por lo pronto le eh mandado una carta, espero que Terry la lea pronto, debe estar sufriendo mucho por lo de Candy –
- Tal vez sería mejor que no se enterara y así no regrese nunca más a nuestras vidas, sólo le causa dolor a Candy cada que aparece, espero que no moleste más, además, aún no ha roto el compromiso con Susana Marlowe, aunque él no se haya decidido a casarse con ella aún el compromiso existe y en cualquier momento tendrá que dar la cara y Candy volverá a sufrir. ¡¿Acaso no te importa?! –
- Claro que me importa, pero te recuerdo que yo no puedo intervenir en las decisiones de Candy, si Terry decide venir a verla, será ella quien decida si lo recibe o no. ¡Espero que te quede claro Archie! –
- ¡Maldito seas Terry Grandchester! Espero que se haya largado de regreso a Inglaterra y que no vuelva ¡nunca más! Me voy a mi habitación, nos vemos más tarde en la cena, con permiso –
By *DaNi*
