+STAGE 04: HIS FAULT+

Fue una sensación extraña, la que tuve todo ese día, ese maldito y a la vez dichoso día. Era dificil explicar que, una parte de mí estaba feliz y otra, simplemente se sentía una basura.

No creí entonces que alguno de nosotros se mereciese algo así, ni tú, ni ella, ni yo.

Pero el destino nos había jugado una mala pasada, tal vez sólo a mí, porque fui el único que metió la pata.

Meterme contigo fue mi error, fui yo el único que pasó las manos por tu cuerpo, casi con descaro y con lujuria.

Y también eras tú responsable, por haberme dejado ser tu animal salvaje, pecaste tú al igual que yo.

Fue esa la primera vez en todo el rato, en que me detuve a pensar en eso, que tú y yo compartíamos la culpa.

Después de todo, a ti no te cambiaba nada la situación y yo ya estaba acostumbrado, a recibir de tu parte cosas como éstas.

Que me duraban un rato y nada más, estaba acostumbrado a que te escurrieses entre mis manos, como lodo.

Por lo que, la única que realmente la estaba pasando mal, era...

HINATA.

Seguro esperaba mis disculpas, que yo desmintiese lo que remarcaste frente a sus narices, pero no lo hice.

Siquiera pude asomar la cabeza por su puerta, no me dio la cara para ir a su casa, a exigirle un poco de su tiempo.

¿Qué ganaría ella escuchando las excusas de un fracasado como yo? Nada, no recibiría de mí nada de lo que quería escuchar, no podía yo darle algo que realmente quisiese.

Quizás no quise empeorar el asunto, quizás no quise hacer de esto una carga, quizás no quise arruinarle el día...

Tal vez por eso me quedé callado, tal vez por eso me pasé por su casa todo el tiempo, esperando verla tras la ventana.

Pero lo único que recibí fueron recuerdos, de los días que alguna vez pasamos juntos, los tres.

LOS DÍAS QUE NO PODÍAMOS VOLVER A VIVIR.

No me quedaban ganas y a ti tampoco, volvernos a preocupar por una mujer, que intencionalmente estaba entre nosotros.

Una mujer por la que debíamos limitarnos, a no mostrar ningún espectáculo, no mientras ella estuviese presente.

Debíamos resistirnos a no jugar un poquito, que tú puntearas mi nariz y jugaras un poco con mis labios, traviesamente.

Y yo me atreviese a enrredar las manos entre tus cabellos, casi tirando con placer, dejandola a un costado de nuestro trato.

No podíamos o no debíamos volver a ser así, frente a ella que lloraba todos mis males, todas y cada una de mis traiciones.

No podía yo volver a darle el mismo trato, a mostrarle lo que no quería ver, eso que siquiera era mío ni me pertenecía.

Empeorarías el concepto que tenía de ti si seguías así, si seguías viniendo a mi casa, escabulliendote por la mañana como una gata.

No mejoraría la situación así y ni tú ni ella iban a querer, hacer las pases y olvidar todo, lo mucho que inconsientemente me disputaron.

NO SI TÚ SEGUÍAS SIENDO ASÍ.

Me detuve casi en las afueras de Konoha, había pasado largo rato y no había conseguido, hacer nada al respecto.

Siquiera pude intentar solucionar el asunto, ir a decirle algo que la hiciese sentir mejor, sólo un poquito.

Sin ir a exigirle que me perdonase, que olvidase la horrible sensación, que tus palabras le provocaron.

Pero ella no quería escucharme, no quería que yo fuese a decirle lo que le dije todos los días, cuando no estuve.

Ella no iba a creerme esta vez, que me había olvidado de ti y que ya eras cosa del pasado, que tu amor era cosa de ayer.

Había tenido su confianza y su tiempo una vez, tuve esa oportunidad y la desperdicié, la tiré a la basura sin dudar.

Cuando te toqué y nada me importó, cuando gemiste y nada me importó, cuando pequé entre tu cuerpo y nada me importó.

Y tal vez tan concentrado estaba en mis pensamientos, que siquiera me di cuenta, cuando sentí esa mano sobre mi hombro.

Que así nada más me giró y me golpeó instantaneamente, siquiera alcanzé a distinguir sus ojos, de arena y sin toques de cerezo.

Me desplomé en el suelo y con furia, me quité la sangre que me había dejado estampada, ese maldito desgraciado.

Lo miré furioso, casi sacado y le saqué los dientes, para que el muy engreído sostuviese su puño firmemente.

-¡No vuelvas a acercarte a mi novia!-me retó-¡Atrevete y te juro que lo lamentarás!-

-¡Gaara!-dije, entre dientes-¡Tú...!-me incorporé, como pude-¡¿Qué fue lo que te dijo Sakura-chan?!-y se apresuró, a cogerme violento de mi playera

-¡Escuchame bien, idiota!-me sacudió, malvado-¡Te dije que no vuelvas a acercarte a ella!-repitió-¡Que si te atreves, lo lamentarás!-volvió, a explicar-¡¿Entendiste?!-

-¡Ella fue a buscarme!-te puse, en evidencia-¡Yo no fui a buscarla!-desmentí-¡Jamás la busqué!-

-¿¡Y tengo que creerte?!-achicó los ojos, loco-¡Atrevete a decir otra mentira y te patearé el trasero!-

-¿¡Sí?!-lo desafié, engreído-¿¡Tú y cuántos más, eh?!-y otra vez, me golpeó

-¡Yo y todos los que hagan falta!-respondió, con el puño preparado-¡Haré lo que sea para que cierres esa boca!-me notificó-¡Y la mantengas alejada de Sakura!-

-¡Entonces, dile a ella que también lo haga!-dije, reponiendome-¡Que mantenga sus labios alejados de los míos, cuando me vea!-te juzgué, malo-¡Dile, a ver si puede!-y esa vez, el golpe fue más fuerte

-Uzumaki, Naruto-se calmó, sosteniendo su puño firmemente-Esta es tu última advertencia-dijo, clavando esos ojos asesinos, en mí-Alejate de Sakura-y así nada más, desapareció

Pensé y hasta quise hacerle pagar por eso, por esa manera mediocre y poco descente, que tuvo para enfrentarme.

Casi me puse de pie y salí a buscarlo, para golpearlo lo que restaba del día, hasta que el maldito dijese que renunciaba a ti.

Quise hacer eso pero no pude, no quise transformarme en alguien, al que siquiera le prestarías atención.

No creerías en mi primera historia, en esa de que él me golpeó primero y vino a acusarme, sin traer pruebas.

Lo defenderías a él y te harías la víctima, dirías que tú esto y que tú aquello, para dejarme sin oportunidad de defenderme.

Y sólo mis puños terminarían gastados, en mis nudillos estaría grabada la sangre, que le hubiese sacado al maldito ese.

Por eso no fui, por eso me quedé exactamente donde estaba, en el suelo. El único lugar que me recibía y con gusto, el único lugar que no se gastaba en insultarme o juzgarme, simplemente me sostenía. Para que no cayese al abismo, que rugía a mis pies y me esperaba ansioso, para que cumpliese con mi castigo. Cuando esa cuerda floja se cortase, alcanzaría a salvarse ella y alcanzarías a salvarte tú, pero yo no. Me caería pidiendo tu mano y tú seguirías mirandome de arriba, como si no me estuvieses viendo, como si lo hubieses tenido preparado para mí desde un principio. Y que sólo me escapé de ese desastroso final, cuando decidí dejarte y buscar un camino, que no tuviese que ver contigo.

PERO, NO PUDE ENGAÑARTE, AMOR.

Me seguiste a todas partes y no me dejaste en paz, te colaste en mi oscuridad y hasta en mis sueños, para torturarme con palabras y gestos cálidos.

Que nunca me diste y que te forzaste a tener, desde que el otro desertor te dejó, varada en el medio de la nada.

Para alimentarte de su recuerdo y de sus últimas palabras, que te dejaron congelada en un tiempo, de ausencia y dolor.

-Sakura, gracias...-

Todo el problema había empezado con eso, con eso fuiste a pedir por mi ayuda y yo te acepté, porque te quería más que nada en el mundo.

Me sacrifiqué por ti y tú siquiera me diste, el trato que creí merecerme, por entregarte hasta el último de mis días.

Pusiste a otro tipo en el lugar que me correspondía, que creí haberme ganado, limpia y justamente.

Y siquiera explicaste, que había hecho mal o que había hecho bien, sólo dijiste que sí cuando te pregunté.

Por eso me callé, por eso no intenté discutirtelo, por eso dejé que buscaras a otro que te hiciese de consuelo.

Porque no me viste capaz, de ocupar el lugar de Sasuke, ese pequeño hueco que atrevesaba tu corazón.

Algo que yo no podría quitarte, un dolor que siquiera podía explicar, no podía expresar con palabras cómo te sentiste en ese momento.

Por lo que no pude juzgarte, intenté ponerme en tu lugar y entender cómo te sentías, por haber perdido lo único que te importaba.

Pero tal vez intenté entenderte tanto, que hasta llegué a justificarte y a excusarte, cuando tú siquiera tenías explicación.

Cuando ésta situación tampoco tenía explicación, que yo me golpeara la cabeza contra el suelo y me tirase de los cabellos, lloriqueando como un bebé.

Para que todo, que tú fueses una malnacida y yo un desgraciado, ¡todo!...

FUESE SU CULPA.