Capítulo cuarto

Todo el mundo estaba ya sentándose en las mesas. Se acercaron hacia allí y Miss Gamp empezó a hacer señas a Gellert para que se sentaran con ellos. Ambos miraron la mesa donde estaba el profesor Black, era la misma donde estaba el profesor Gamp, se miraron uno al otro sabiendo que no podían ir allí, así que se conformaron con la mesa de Miss Gamp y el resto de los vástagos Black.

Cuando llegaron, Albus tomó la silla donde Gellert iba a sentarse y la apartó un poco, el rubio se lo quedó mirando.

―¿Qué estás haciendo? ―preguntó mirándole y mirando a la silla respectivamente.

―Es un gesto de caballerosidad que los hombres aparten las sillas a las mujeres para que puedan sentarse, querida ―le recordó.

―¡Oh, Claro! Lo siento, gracias, querido ―dijo él cayendo en la cuenta y sentándose, rió un poco y miró de soslayo a Hester Gamp, sentada a su lado―. Es que como casi nunca tiene este tipo de detalles me tiene muy desacostumbrada ―se excusó. Albus frunció el ceño y negó con la cabeza con desaprobación.

Unos instantes después, cuando todos estuvieron sentados, Hester Gamp se levantó para dar un discurso de agradecimiento a todo el mundo por haber asistido y un montón de cosas más, al parecer esa mujer era especialista en hablar y hablar sin decir nada realmente.

―Tenemos que intentar hablar con Míster Black ―le susurró Gellert a Albus.

―Lo sé. Déjame a mi esta vez ―le advirtió muy seriamente, Gellert levantó las cejas mirándolo con suspicacia―. Por favor ―añadió Albus.

Cuando el discurso terminó hubo un brindis y entonces aparecieron los aperitivos en los platos, todo el mundo se puso a charlar animadamente de nuevo mientras comían, Albus se dirigió hacia un hombre joven, sentado a dos asientos más a su derecha.

―Míster Black ―saludó Albus tendiéndole la mano. Este le devolvió el apretón―. Soy Albus Dumbledore ―se presentó.

―Ah, me suena... ¿Salió usted en el periódico últimamente? ―preguntó el hombre no muy seguro.

―Eh... Pues sí... De hecho, sí ―vaciló él.

―Y saldrá pronto de nuevo como "el primer caso de muerte por sobredosis de adulación" si alguien vuelve a mencionar el maldito Finkley ―aseguró Gellert por lo bajo de manera que sólo su amigo pudiera oírlo, fingiendo no prestar atención mientras pinchaba un bocado de ensalada de su plato.

Albus sonrió levantando las cejas.

―No lo digas como si fuera mi culpa ―le contestó girándose hacia él y haciéndose el inocente.

―Pues tú no lo digas como si no estuvieras orgulloso ―respondió el otro levantando las cejas y acusándolo.

―Yo no tengo...

―Míster Black, Albus ―le recordó Gellert sin mucho interés, interrumpiendo la que fuera su réplica.

El chico pelirrojo se detuvo a si mismo dándose cuenta de que de nuevo había sido absorbido por la conversación de su amigo, olvidándose de todo lo demás. Hizo amago de responderle algo, pero solo suspiró derrotado y le lanzó una mirada de advertencia escondiendo muy mal una sonrisa, volviéndose de nuevo hacia su otro interlocutor mientras el rubio sonreía con suficiencia.

―Míster Black, esta es Greta Grindelwald ―le presentó Albus, rindiéndose a lo que Gellert pretendía desde el principio con sus comentarios: participar en la conversación de manera activa―. Ella es mi... Esto... mi... ―balbuceó poniéndose nervioso sin saber muy bien que decir, trago saliva.

―Acompañante ―sentenció su amigo sonriendo educadamente a Phineas Black y deshaciendo la tensión.

Albus apartó la mirada sintiéndose ligeramente ridículo.

―Es un placer conocerla, Miss Grindelwald ―aseguró Phineas Black tendiéndole la mano, él dudó un momento tendiéndosela también, ¿a caso iba a estrechársela como si fuera un hombre? Pero el moreno la tomó y se la acercó a los labios para besársela.

―El placer es enteramente mío, Míster Black ―respondió él con las cejas levantadas y fingiendo perfectamente una sonrisa.

Albus carraspeó.

―Como iba diciendo... ―empezó interrumpiendo el contacto visual.

―Míster Black, antes he tenido el placer de saludar a su padre ―le cortó Gellert decidido a llevar la conversación él mismo como siempre hacía.

Phineas Black hizo un ligero gesto de desagrado que no pasó desapercibido para ninguno de los otros dos, pero fingió una sonrisa educada.

―Ah, sí ―respondió con cortesía, pero escuetamente. Gellert hizo amago de decir algo, pero Albus se le adelantó.

―Si me permites, querida, me gustaría preguntar a Míster Black por su lucha por los derechos de los muggles ―aseguró mirando a su amigo.

A Phineas Black se le iluminaron los ojos y Gellert frunció el ceño, sosteniéndole la mirada a Albus. Ambos eran conscientes de lo que acababa de pasar.

El pelirrojo jugaba sus cartas con maestría a la mínima oportunidad y ese era el momento adecuado. El rubio había tratado de hacerse con la conversación, pero se había equivocado eligiendo el tema, así que Albus tenía preferencia ahora y había asegurado la jugada eligiendo un tema que sabía que a Gellert le incomodaba pero a Phineas Black no. No había espacio para errores en la cruel lucha de intelectos.

―Luego podréis intercambiar opiniones sobre el profesor Black, si así lo crees conveniente ―añadió alzando las cejas con suficiencia. El rubio lo miró con fiereza unos instantes y luego se volvió hacia su plato, enfadado.

xoXOXox

―Discúlpeme, Miss Gamp, ¿puede indicarme dónde queda el servicio? ―le pidió Gellert delicadamente a la mujer sentada a su lado un rato después, cuando ya no pudo soportar más las memeces que Albus y Phineas Black seguían hablando sobre los muggles.

Al oírlo, Albus se giró rápidamente a mirarlo, preocupado por el hecho de que tuviera que responder a esa clase de necesidades en su condición. Él le devolvió la mirada sonriendo con seguridad.

―Ah, claro, está entrando por esa puerta, debajo de las escaleras, la puerta a la derecha, la que… ―empezó a explicar Miss Gamp, pero se detuvo―. Oh, ¿sabe qué? Déjeme que le acompañe ―sentenció levantándose también. Gellert la miró extrañado y luego cayó en la cuenta de que las mujeres siempre iban al baño de dos en dos por alguna razón incomprensible.

Ella se agarró de su brazo como si fueran amigas de toda la vida dirigiéndole hacia dentro. Albus les siguió con la mirada hasta que desaparecieron de su campo de visión.

Cuando ambos estuvieron lo bastante lejos de las mesas, Hester Gamp empezó a parlotear incesantemente sobre la cena, sobre lo muy contenta que estaba de que Gellert estuviera allí, porque todas sus otras amigas estaban solteras y no la comprendían, y cómo le parecía haber sentido una conexión muy fuerte con ella a pesar de que acababa de conocerla. Lo más increíble del asunto era que él ni siquiera había tenido que preguntarle nada, ella simplemente se había puesto a hablar sin parar: de hecho, Gellert estaba empezando a temer que la chica se ahogara hasta la muerte si él no le interrumpía con algo para que pudiera respirar.

Cuando llegaron al baño, durante un instante tuvo miedo de que se metiera allí con él, pero suspiró relajado cuando vio que le sonreía desde fuera, esperándole en la puerta, entonces pensó que tendría unos instantes de paz hasta que saliera de nuevo, pero no, contra todo pronóstico, Hester siguió parloteando sin cesar a través de la puerta.

Por un momento Gellert se planteó la posibilidad de desaparecerse y reaparecer directamente en el jardín junto a Albus, para ver cuánto tardaba ella en darse cuenta de que estaba hablando sola, pero entonces ella decidió que era imprescindible que le mostrara algo (Gellert no tenía ni idea de qué) cuanto antes y le pidió que no se moviera de allí mientras lo traía.

Él esperó que se hiciera el silencio con cara de circunstancias y procedió a acomodarse el vestido para irse cuanto antes, ya buscaría luego una escusa que darle. Alguien golpeó la puerta desde fuera.

―¿Sí? ―preguntó paralizado, temiendo que ya hubiera vuelto.

―Ah, está ocupado ―aseguró una voz de mujer desde fuera, que por suerte para él, no era la de Hester. Terminó de acomodarse la falda, que resultó ser lo más complicado de todo el proceso fisiológico y se paró frente a una vasija blanca.

―Pero en serio, ¿no se supone que es un genio? ¿Cómo puede no darse cuenta de qué es una rubia tonta? ―comentó otra voz. Gellert vertió un poco de agua de una jarra a la vasija de porcelana para limpiarse las manos.

―Verás, querida, seguramente eso es porque está demasiado ocupado mirándole el escote como para detenerse a comprobar si ella sabe hacer siquiera un "Wingardium Leviosa" ―le respondió la primera voz―. ¿Y te has fijado en su vestido? Es prácticamente lo que llevaría una prostituta. Aunque tengo que descubrir como hace para que le queden los senos levantados de esa forma.

―Albus no es de esa clase ―sentenció su interlocutora. Gellert alzó una ceja, se detuvo y miró a la puerta.

―Hesper, Albus es un hombre ―le recordó la otra.

―Pero un mínimo de… Por favor ¡ella ni tan solo sabía que él había sido premio anual! ¡y no hace ni un mes y medio que la conoce! Seguro que tampoco sabía lo del Finkley ―explicó crispada. Gellert sonrió, otra indudable muestra del verdadero sentimiento de hermandad feminista que unía a todas las mujeres, criticar a una tercera por la espalda.

―Con eso solo haces que darme la razón ―observó la otra. Gellert se secó las manos con una toalla y se apoyó en la puerta escuchando y esperando el momento adecuado para salir.

―Es que no puedo creerlo, Belvina. Tantos años tratando de llamar su atención, estudiando hasta tarde para tratar de ponerme a su nivel intelectualmente, para poder mantener una conversación inteligente que le estimulara lo suficiente, ¿y todo para qué? ¡Para que ahora venga esa furcia rubia y con un ligero contoneo de caderas ya lo tenga corriendo detrás de ella! ―exclamó. Gellert sonrió con malicia, ese era el momento―. Seguro que ni siquiera sabe diferenciar el agua del veritaserum.

―A lo mejor no, pero definitivamente hay que admitir que lo compenso desenvolviéndome un poco mejor que ustedes en oclumancia ―apuntó abriendo la puerta con aire académico―. Miss Starky, Miss Black ―saludó sonriendo con malicia antes de volverse al jardín.