Capítulo 4 : Trabas
Ah no, eso sí que no.
-Dado las miradas que me diriges, estoy empezando a pensar que no es buena idea que nos unamos para luchar.
-No pienso mirarte mejor. Que le caigas mejor a este rey no implica que a mí me caigas mejor que entonces- dijo altivo. Siempre se mostraba así, era una manera de aclarar lo impresionante que era a los demás. Aún así no dejaba de mirarlo incrédulo. Cierto que el tipo había sido prisionero durante años por los franceses y que el odio que sentía por ellos era interesante en cuanto a los enfrentamientos que les deparaban, pero… Fritz, cuando estaba vivo, le había quitado gran plenitud de sus derechos. Tenía sus motivos puesto que el otro prácticamente se comportaba como si fuera francés: bebiendo vino, apostando y con mujeres.
-A 'este rey', ¿eh?- dijo seguidamente el otro, haciendo un gesto rápido con ambos brazos para darle un aviso al caballo de que avanzara unos pasos, dirigiéndolo y deteniéndolo delante del de Gilbert, provocando que el otro echara un poco hacía atrás, como asustado. El prusiano hizo un leve ruido, controlando al caballo y calmándolo rápidamente, mirando después algo molesto al otro por su actitud.- Todo lo que dijera tu querido Fritz va a misa, ¿cierto?
-Sinceramente. Sí. -bufó ante la mirada inquisitoria del otro tras su pregunta- Pienso que ojalá valga la pena tu ansia de venganza ante lo francés. Por lo demás ya sabes lo que pienso de ti.
-Gilbert…
La respuesta se hizo esperar. Blücher alargó el silencio para girar el caballo y ponerlo en paralelo al de su país, como si quisiera volver el camino andado. El otro alzó la cabeza, mirando al frente, tentado de pasar totalmente de lo que pudiera decirle o no.
-…te aseguro que las mujeres son mejores.
Y los pasos lentos del caballo del teniente mientras marchaba hacia el resto de soldados taparon la onomatopeya interrogativa de Gilbert. No había entendido qué quería decirle con eso. Mientras al otro se le dibujaba una sonrisa de satisfacción en el rostro a pesar de no haber oído nada tras su frase. El de pelo grisáceo prefirió volver a mirar al frente para disimular que las palabras lo habían vencido. No por nada muy grave sino porque era demasiado impresionante como para preguntar algo que el otro daba por sabido. Seguro que si pensaba bien en lo que habían hablado caería.
-…. No lo entiendo- pensó finalmente, tras largo rato oteando el horizonte desde el que estaba amaneciendo. Suspiró pensando que lo mejor era pasar del asunto. Tenía cosas mejores que atender. Imitó a Blücher en su movimiento con las riendas y viró al caballo rápidamente para unirse a su teniente y a las tropas dispuestas a empezar la ofensiva contra los franceses.
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El ruso parecía muy confiado y… feliz. Se notaba que el haber podido echar a la Gran Armada francesa de su territorio lo llenaba de emoción y ganas de seguir dañándolo. Si algo le quedaba claro a Gilbert cada vez que hablaba con él era que mejor no tener problemas con ese país. Aún así, a veces su manera de ver las cosas y sus gestos aparentemente inocentes le hacían desconfiar de su fuerza real. ¿Y si todo había sido cosa de la suerte llamada "frío" como decían?
El príncipe Peter Wïtgenstein, el comandante ruso, había decidido junto a Blücher que era buena idea tener un 'encontronazo' con los franceses en Lützen. El prusiano se mostró con muchas ganas de luchar, llevaba demasiado tiempo reprimido y deseaba poder demostrar que no era para nada alguien a quien poder subestimar.
Pero no todo fue como esperaban.
-¡Retirada!
Napoleón, si en algo era bueno, era en estrategias. Tenía una capacidad enorme para dirigir a sus tropas y a sus mariscales hacía las batallas. El avance que querían realizar tanto prusianos como rusos no era de su agrado, por lo que la lucha era intensa y fiera, cosa que provocaba que ambos países de la coalición tuvieran que retirarse para decidir otra táctica diferente de ataque.
-¡No pienso marcharme!- respondió un Gilbert furioso a la llamada del comandante para que empezara la marcha hacia la zona oriental. Su espada chocó contra la de un soldado francés que trataba de aprovechar su desventaja al centrarse en la conversación. El reino lo miró a los ojos con un odio que tiraba para atrás, cosa que hizo trastabillar al otro en un mal paso que le costó un nuevo movimiento por parte de éste para ensartarlo con la espada.
-¡Gilbert!- se acercó para tomarlo del brazo, gesto que provocó en el prusiano un dolor intensificado de una de sus heridas- ¡he dicho retirada!
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-Hemos tenido suerte de que se quedaran sin caballería para perseguirnos. Aprovechemos para marcar el mayor distanciamiento posible.
Suerte. ¿Había dicho suerte? Se quedó observando, mostrando incredulidad ante las últimas palabras que había pronunciado el comandante ruso. Luego su mirada fue dirigida al mismo país, que parecía conforme con todo lo que estaba escuchando mientras una sonrisa no desaparecía de su rostro. Tenía heridas de combate igual que él, pero aparentemente no había sido herido su orgullo. Aparentemente…
-Prusia.
-¿Eh? -alzó la vista, no se había dado cuenta de que su aliado se había acercado tan rápido a él- ¿Q-qué quieres?- preguntó una vez había asimilado que estaba allí.
El otro tan sólo mantenía esa sonrisa estática. El silencio empezó a incomodarlo muchísimo, tanto que un creciente sentimiento de inferioridad ante la altura del otro le hizo levantarse algo nervioso, preguntándole de nuevo qué era lo que quería tras aclararse la garganta.
-Me habían dicho que tu ejército me ayudaría en algo.
No lograba entender la frase. O quizá no quería entenderla.
-¿Puedes repetir lo que has dicho?
-Sin problema.-suspiró resignado sin perder su aparente humor- Tu ejército da asco. Seguro que solo hubiera conseguido una victoria, después de todo ya tuve una…
Eso le había tocado la moral de forma profunda. Iba de superior sólo por haber vencido una batalla de tantas y encima le estaba diciendo que los suyos 'daban asco'. Miró de reojo a Blücher y Wïtgenstein, por si pudieran estar escuchando algo, pero parecían enfrascados en la tarea de pensar cómo recuperarse y volver al ataque. De repente un sentimiento de 'soledad' ante la causa le vino a la mente, por lo que no pudo evitar una excusa barata de las que luego desearía retractarse como fuera.
-L-llevan tiempo sin luchar… quizá es la falta de costumbre.
Frunció el ceño por lo que acababa de salir de sus labios. El ruso encima soltó una risita que lo hundió más en ese sentimiento.
-Eso es, falta de costumbre.- confirmó, llevando su amplia mano a su hombro golpeando con demasiada fuerza un par de veces. Éste prefirió aguantar en silencio eso con tal de que la conversación terminara ahí y pudiera quedarse solo de una vez. Y así fue, Iván fue llamado por 'su' comandante para irse a su tienda. Giró sobre sí mismo para marchar.
-Prusia.- dijo en un tono de voz diferente al que había empleado anteriormente. Éste se tensó un poco al oír su nombre de ese modo, tragando saliva a la espera de escuchar lo que seguía- Sólo espero que tu ejército no tarde mucho en acostumbrarse… -tras esto prosiguió con su camino murmurando un ruidito extraño que prefirió no entender.
No supo si era el aura que desprendía, la manera de mirarlo o su voz, pero la amenaza lo mantuvo en vela gran parte de la noche. Estuvo dando vueltas de un lado a otro entras las tiendas que habían sido montadas por unas horas. Caminaba a pesar de que lo que tendría que estar haciendo era descansar y evitar que sus heridas se abriesen. Finalmente volvió a su tienda y se tumbó, pretendiendo dormir un poco, sin conseguirlo. Se ladeó con todo el dolor de su brazo recordándole que no se moviera tanto y vio un papel sobre la mesa. Al poco ya había escrito en él cómo le había ido el día, un texto corto que guardó en el interior de su uniforme con la esperanza de unirlo a su adorado diario personal.
Al fin. Había conseguido olvidar un poco lo ridículamente mal que había quedado con todo, dando paso al sueño. Se volvió a tumbar, ahora cansadísimo, cuando Blücher irrumpió en la tienda.
-Debemos reanudar la marcha.
-Sheisse… -y se dio la vuelta. Si apenas acababa de cerrar los ojos.- Déjame dormir un poco…
-¿Dormir un poco?- dijo el teniente mientras se acercaba incrédulo - Ni que fueras español. -y empezó a tirar de él de una pierna, como si quisiera sacarlo de allí a rastras.
Aún sin abrir los ojos, se agarró fuerte para que no lo moviera, pero dada la posición le estaba siendo imposible evitar el arrastre.
-Al español le sale bien y duerme. Estaría bien imitar--- -fue sacado de su tienda por una pierna- ¡…lo por una vez! ¡Ya vale! ¡Voy! ¡Pero deja que me ponga el uniforme!
Se levantó de golpe, claramente enfurruñado porque eso que había pasado no era digno de recordar en su persona. Entró de nuevo en su tienda, no tan dispuesto como había parecido al decirlo de ponerse el uniforme tan temprano. Ni siquiera había amanecido. Se cruzó de brazos, prácticamente dispuesto a dormir de pie si era necesario.
-Gilbert.- se asomó Blücher al interior de nuevo. Siendo respondido por un simple gruñido.- creo que, si eres el último en llegar a formar filas, el resto de soldados perderá el respeto que te tienen como alguien impresionante a quien seguir e imitar. -Y se marchó.
-….- Esperó varios segundos, los justos para asegurarse de que el tipo odioso no volvería a abrir la puerta de la tienda, para empezar a vestirse a una velocidad estrepitosa. Casi se cayó un par de veces para colocarse los pantalones correctamente, lo recogió todo y salió corriendo hacia el punto de encuentro. Allí estaba el otro, de espaldas, observando el horizonte. Corrió hasta estar a tres pasos del otro, aminorando el paso a uno más seguro y tranquilo, como si se hubiese tomado su tiempo. Se puso a un lado, sin mirarlo a él sino también al horizonte, tratando de que su respiración acelerada no se le notara.
-Sí. -sonrió el otro triunfalmente- mejor no hables. -tras esto suspiró y se dio la vuelta.
-He sido…-dijo alzando uno de sus dedos, seguido rápidamente de otro- …el segundo. ¿A que no te lo esperabas? -tras esto rió, sintiéndose orgulloso de tal hazaña, poniendo los brazos en jarras.
El otro negó, haciéndose el despistado. El reino simplemente seguía mirando el horizonte, notando el viento en su rostro y… echando de menos una buena capa en su uniforme.
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Un par de semanas más tarde, se encontraban en la ciudad de Bautzen a la espera del zar Alejandro I de Rusia y su propio rey, Federico Guillermo III. El tiempo que habían obtenido de ventaja tras la lucha a primeros de mes con las tropas napoleónicas les estaba yendo bien para abastecerse, curarse y obtener nuevos hombres. Lo que no sabían es que Napoleón temía que esta cantidad fuera mayor y deseaba detenerles los pies como fuera. La orden por parte del líder francés fue directa y concisa: los ejércitos aliados tenían que ser aniquilados.
-Los frentes de las aldeas próximas han sido cerrados para evitar que salgamos de ésta.- acabó por confirmar Blücher, mirando a su nación a la espera de respuesta.
Y la respuesta no se hizo esperar. La patada furiosa a una simple piedra del camino le hizo comprender la gracia que le hacía a éste la noticia.
-Ordenaré a nuestros hombres que estén listos para la ofensiva.
Nueva respuesta: un gruñido.
-Gilbert, estamos en plena retirada. Debemos evitar--
-¿Evitar?- preguntó finalmente el otro sin mirar- Llevo años evitando. Para no provocar, para que mi gente no sufra. Lo único que consigo es que se piensen que no estamos preparados para la lucha.
-Y no lo estamos.
Eso provocó que Gilbert dirigiera su vista hacia la del otro.
-No con esta estrategia.
Estaba temblando. Temblaba de rabia y porque el teniente tenía razón.
-Esta vez busquemos una salida. Después trazaremos un mejor plan con el resto de aliados y te juro que la victoria será nuestra. No pienso dejar que mi venganza no se consuma, Gilbert. Lo juré. Pisotearé a Napoleón sea como sea y los franceses tendrán que pedirnos clemencia.
Los ojos del teniente destilaban ira. Eso le hizo saber enseguida que lo que decía era cierto, por lo que la nación le dedicó una sonrisa de complicidad.
-Perfekt- soltó finalmente- pero que sepas que pienso acabar con todo soldadito galo que se interponga en mi camino.
La batalla no se hizo esperar. La colocación de las tropas francesas había sido muy bien pensada y Napoleón, junto a sus mariscales, los estaban rodeando cada vez más desde puntos elevados y aldeas. El mariscal Ney, por orden de Napoleón y a un día de distancia, fue quien decidió la batalla. Preititz, en un despiste de éste, había quedado libre de posiciones francesas y por allí intentarían escapar. Gilbert odiaba esa palabra cada vez más ya que no dejaba de oírla conforme avanzaban. Y lo que menos soportaba era a los soldados enemigos que se pasaban de listos.
Se apartó de forma rápida de un golpe de espada dirigido a él por la espalda, instantes antes de que le diera de pleno. Con la suya hizo un movimiento para contrarrestar la fuerza de un golpe posterior dirigido a su brazo izquierdo. Ya lo tenía lo suficientemente dolorido como para más golpes.
-¿Sólo te defiendes?- pronunció el soldado en un marcado acento francés- Va a ser verdad que los prusianos…
No siguió por un momento, la lucha entre espadas había provocado que ambos se echaran hacia atrás separándose, tomando impulso para un nuevo ataque que no se hizo esperar. El francés se abalanzó sobre Gilbert haciendo chocar de nuevo las espadas muy cerca de su rostro, haciendo que sus brazos temblaran ante la fuerza del otro por mantener su arma en posición.
-'Los prusianos'… ¿qué?- insistió enfadado para que continuara. Si no había tratado de matarlo ya era porque quería saberlo.
-…dicen que sois unos cobardes. Y parece que lo estoy comprobando.-y sonrió socarronamente, aprovechando el instante de descuido que tuvo el otro al escucharle. Consiguió moverse con rapidez, esquivando de nuevo el filo de la espada, pero perdiendo su arma que quedó a unos metros.
El galo decidió que era el momento oportuno. Aprovecharía que el otro iba a por su arma y asestaría la definitiva. Alzó su espada y…
-….
-Lo siento. -dijo el prusiano devolviéndole la misma sonrisa que le había sido dirigida poco antes- El cobarde tiene cosas que hacer.
El otro bajó su mirada, viendo como todavía sostenía el puñal que le acababa de clavar. Asustado, trató de evitar que la desclavara pero no tuvo suerte. Soltó el arma sin fuerza, cayendo luego en el suelo tras ella.
-Adieu -se despidió la nación prusiana en un intento de francés algo inútil para luego dejar al soldado morir lentamente en el campo de batalla.
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Solo. Se sentía muy solo en aquella casa que, a pesar de que le gustaba, se le hacía tan pequeña. Pensaba que estaba mal sentirse así cuando su hermano le había dejado a gente para atender cada necesidad que tuviera. Se sentó en la cama, aburrido como nunca, observando con poca atención lo que tenía alrededor de tantas veces que había estado allí. Bajó la mirada para ver sus propias manos mientras las entrelazaba para luego lanzar un suspiro. ¿Cómo estaría su hermano? Sabía bien que había ido a luchar como tanto deseaba, se sentía orgulloso de que el mayor defendiera su honor así. Y ansiaba poder acompañarle, pero no sabía cómo.
-Quizá si fuera más fuerte… -murmuró en voz audible, pensando en voz alta.
Alzó la vista al frente y se topó con la cruz. Una cruz negra ribeteada de blanco que al parecer era importantísima para el prusiano. Se encontraba en muchos sitios de la casa. Volvió a poner los pies en el suelo, bajando de la cama, para acercarse a la tela que colgaba tapando una gran parte de pared. Se preguntaba qué simbolizaba aquello mientras tocaba con cautela la tela blanca de bordes dorados.
-Señor Ludwig. La comida está lista.
-¡A-ah!
Se había asustado, agarrándose de forma torpe al tejido. Dirigió la mirada a la puerta pero quien lo había ido a avisar ya no se encontraba allí. No le dio tiempo a más. El agarre provocó que la tela se soltara de la pared, cayendo sobre él.
Se asustó tanto que pronto empezó a sacudir los brazos hasta quitársela de encima, luego alegrándose de dos cosas: que no estuviera el mayor para posiblemente reñirle y no haber hecho ruido. Aprovechando eso último, podría tratar de poner la tela por sí mismo sin que nadie se enterase. Cogió una de las puntas y miró la pared que…era una puerta.
-Vaya…- dijo en un tono de clara sorpresa. Llevó la mano al pomo sin pensarlo dos veces e intentó girar pero no había manera de conseguir abrirla, al parecer, si no tenías la llave.
Se cruzó de brazos algo molesto porque la diversión que creía que iba a tener se acababa de desvanecer.
-¡Señor Ludwig, que se enfría!
Y, dejando el trabajo para luego, marchó a la mesa cerrando la puerta de la habitación.
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-¿Qué es lo que escribes, Gilbert?
-Las memorias de un inútil que sólo sabe huir.
Estaba claro, ya nada era increíble en su vida. Batalla tras batalla o había perdido o había tenido que escapar. Toda una vida impresionante, por la que llegó a ser el reino que era, se estaba yendo al carajo. La verdad es que, cuando se sentía así, prefería estar solo. Pero es que Blücher, para él, no era nada.
-¿Y bien? ¿El maldito armisticio va a durar mucho?- preguntó guardándose un nuevo trozo de papel al montón que había ido coleccionando durante todos esos días.
El teniente se había quedado en silencio, no por el trato desagradable del prusiano -que era bastante usual últimamente, y más siendo él- sino por el hecho de que estuviera escribiendo un diario.
Gilbert iba a volver a insistir justo cuando los representantes aliados llegaban. La rusa que ya conocía, el príncipe Carlos XIV de Suecia junto a su nación y Carlos Felipe de Schwarzenberg con… el niñita.
No pudo evitarlo. Aún de forma momentánea se le fueron todos los males al ver al austríaco aparecer por allí. Una sonrisa pícara se dibujó en su rostro.
-El sueco fue uno de los mariscales de Napoleón. -le susurró Blücher poco antes de acercarse a los recién llegados- Quizá nos ayude para un mejor plan.
-Ah, sí. Claro.
No había escuchado mucho. Esperó a que el otro se fuera para ir directo hacia el austríaco.
-Vaya, vaya…. Vaya.- dijo juguetonamente para remarcar la última repetición, justo cuando estaba ya frente al otro- Menuda sorpresa… - no podía evitar reír- No esperaba verte tan 'pronto'
El otro lo miraba como apenado, como si estuviera harto de la misma cancioncita de siempre. Aún así no decía nada, sabía que aguantando el prusiano pronto se cansaba y se pondría a molestar a otro. Suspiró apesadumbrado cuando el otro se apoyó en su hombro.
-Quizá me interese escuchar tus tácticas para futuras sit--
-Gilbert- lo acalló Brücher sabiendo ya por donde iban los tiros.
Eso molestó un poco a la nación, que aceptó con desgana. Le dio un par de palmadas en la cabeza al austríaco, que respondió con cara de odio controlado. Luego marchó hacia el que le había llamado la atención.
En aquella reunión decidieron cómo manejar batallas posteriores. Se dedicarían a atacar a los mariscales, evitando el enfrentamiento directo con Napoleón. A Gilbert le parecía bien, y necesitaba que funcionara. Si no hubiera sido porque tendrían que realizar los preparativos se hubiera lanzado a la búsqueda de tropas francesas.
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-Esto me está gustando más- dijo cortando el silencio que había en su tienda, pensando en voz alta.
Habían conseguido, con la nueva estrategia, vencer a varios de los mariscales de Napoleón. Eso había obligado al francés a dirigirse hacia el oeste debido a la sensación de peligro, que de hecho era real, que le perseguía.
Se levantó y se vistió tras haber dormido como nunca, saliendo de la tienda y topándose con, para él y dadas las circunstancias, uno de los mejores amaneceres nunca vistos. Se estiró de forma ruidosa y observó a su alrededor. Algunos soldados ya habían recogido y otros estaban en la tarea. Pronto se dirigirían hacía Leipzig.
-Esto te pasa por listo, francés- murmuró pensativo. Realmente se preguntaba dónde estaría el susodicho al que no había visto desde hacía años. Le había llegado información de la península ibérica y parecía que tampoco le estaba yendo muy bien por allí. Sonrió al pensar en eso. -Vaya mierda de aliados que fuimos.
No es que les hubiera ido mal. De hecho echaba de menos esos momentos… extraños. Pero es que, al fin y al cabo, toda alianza era algo pasajero. Aquello le hizo volver a pensar que por muy rodeado que estuviera, siempre estaría solo. Se empezó a reír de forma exagerada.
-¡Qué genial es estar solo!
Tras esto se calló, sintiéndose observado por un par de soldados que habían pasado en ese momento por su lado. Algo intimidado por la situación, se fue a prepararse también junto a su 'querido' Blücher.
-Llegué -bufó al verlo. A lo que el otro simplemente respondió con un ruido sordo para luego girarse.
-¿Está listo el señor?- preguntó con un tono confiado.
-Por supuesto- frunció el ceño pero no pudo evitar sonreír- Siempre lo estoy.
¡¡¡¡He tenido beta!!!! –lol- Asias Miru por ayudarme ;A;
Gracias a ella me he dado cuenta de que mis años de escritora de bachillerato se empezaban a ir por el desagüe… pero ahora que mi capítulo está mejor escrito me siento más adulta (¿)
Veamos…
He ido poniendo las batallas más importantes que mantuvieron tratando de que no se perdiera la trama. Así evitaría que los personajes aparecieran porque sí y de la nada…
Como nota:
El encuentro de Gilbert con Roderich (Austria) fue escrito una noche sentada en mi cama, pensando única y exclusivamente en cómo se llevan los personajes. Pero la frase 'No esperaba verte tan 'pronto'', y el mismo trato que tiene el protagonista con él, tomó otro sentido cuando al día siguiente leí que poco antes Austria había participado del bando de los franceses. Carlos Felipe de Schwarzenberg, que lo acompaña, fue marical de Napoleón~
Ha sido una bonita clase de historia. ¿Verdad, chics? XD
Por cierto, los sucesos ocurren en 1813 ò.o
Comento!
#Kibamarta: xDDDD Yo tampoco lo sabía, pero Gilbird es especial, todos lo sabemos ò.ó. Ahaha, si, es que son así, no pueden evitarlo. Espero que las ganas de nuevo capítulo no se te vayan con éste~3
#Kasumi Shinomori: Eso digo yo: Gilbird awesome! Es amor con todas las de la ley, un complemento que no puede faltar! xD Kasu, de momento no tengo planeado que salga chibitalia ni Elizaveta… D: espero que no me dejes de leer por ello! ;A;
#saku-black87: muchas gracias por seguir mi fic~ Inglaterra se mantiene en la lejanía, pero tranqui que saldrá (no sé cuando exactamente, pero la historia da para que salga xD) Gracias por el comentario~
#YaelUesugi29: Sí, lo del nombre fue encontrarlo y decidir que tenía que usarlo xD Muchas gracias por el apoyo que me das leyendo el fic~ Espero que te haya gustado este capítulo
