PRONGSKJ: Aquí les dejo el cuarto capítulo que me hizo despegarme de la tesis por un rato. Espero sus reviews con amor!
Ya comenzaba a helar, pero a eso a Elizabetha Héderváry no podía importarle menos. Tan sólo hacían unas horas que se había enterado que su mejor amigo por fin había salido del coma para toparse con una realidad extraña y un personaje que no era para nada el Heller Beilschmidt que ella conocía.
«El mensaje llegó durante las horas de Arte, ella estaba pintando un paisaje del este europeo para su abuelo Daniel, cuando su celular vibró y en la pantalla apareció el número de Ludwig, el hermano menor de Heller, con unas simples palabras: "Heller despertó". Cabe destacar que casi arruina el óleo en que llevaba semanas trabajando con esfuerzo, pero le habría importado poco pues Heller llevaba dos largos años en coma luego del accidente en el lago y no podía creer que al fin su mejor amigo había salido de ese estado.
A penas pudo esperar hasta el final de la hora, Elizabetha sólo quería marcharse de allí cuanto antes así que cuando sonó el timbre que indicaba el final de las clases ella rápidamente tomó sus cosas, las metió de forma desordenada en su mochila y salió corriendo rumbo a la parada de autobús donde por largos cinco minutos aguardó a que el transporte que pasaba frente al North Shore Medical Center (1) llegase. Casi estampó su carnet de transporte contra el tótem de pago y se fue a sentar hacia la mitad del bus, esperando para que esa vieja chatarra no demorara más de cuarenta y siete minutos en llegar al Hospital.
Durante todo el tiempo que duró el viaje Elizabetha se dio espacio para recordar como su amigo había acabado en tal estado de inconsciencia. Había sido en un paseo al lago, como siempre ella nadaba, amaba el agua, mientras tanto su albino amigo se protegía del sol bajo una sombrilla que había puesto en la rivera, riéndose y diciéndole que fuese cuidadosa, pues habían algas que se enredaban en las piernas y luego era fácil ahogarse si eso sucedía. Elizabetha rió, pero tomó en cuenta la preocupación de su amigo, quien demoró un tanto en entrar a la fría agua dulce y bañarse con ella, diciéndole que era la única chica por la que saldría de su zona de confort. Elizabetha lo sabía bien, Heller era muy retraído, mucho más que su hermano menor Ludwig, por lo que costaba que hiciera idioteces o que se divirtiera. Lamentablemente, la joven de ascendencia húngara no pudo reaccionar a tiempo cuando las piernas del albino de ascendencia alemana quedaron atrapadas en las algas, jalándolo hacia el fondo.
Como pudo, la chica se las arregló para sacarlo de allí, pero demoró bastante tiempo. Llorando desesperada llegó a la orilla gritando por ayuda, unos adultos que estaban pescando cerca la vieron y rápidamente fueron a socorrerla, pero las maniobras para que Heller volviese en si poco resultaban. La ambulancia llegó dentro de poco y si bien en el Hospital les dijeron que Heller físicamente estaba bien, el chico había caído en un coma profundo y no sabían cuando despertaría.
La familia de Heller no quiso desconectarlo, tenían la esperanza que el chico despertaría en algún momento y así fue, Heller despertó y Elizabetha no pudo sentirse más feliz.
Miró por la ventana del bus y vio como el paisaje cambiaba para pronto dejar ver el Hospital. Vería a su mejor amigo por fin, tenía tanto que hablar con él, dos largos años donde Heller no había estado, necesitaba ponerlo al día de inmediato.
Corrió hacia la recepción del cuarto piso, allí ya estaba la familia Beilschmidt encabezada por el viejo Lutz, el abuelo de Heller, y los padres y hermano de Heller.
"Eliza" Dijo Ludwig cuando la vio llegar, abrazándola, el chico de catorce años ya la pasaba en estatura por mucho "Los médicos aún no nos dejan pasar a verlo, le están haciendo unas pruebas, no nos han querido decir mucho de cómo se encuentra Heller".
"De seguro ya quiere irse, nunca le gustaron los hospitales" Comentó con una alegría que contrastaba con las lágrimas que salían de sus ojos.
"El chico ya quiere irse, eso es un hecho, y quedarse en casa leyendo esas novelas y jugando videojuegos" Agregó el viejo Lutz con su mascado acento, aún se notaban sus orígenes alemanes.
La razón por la que Heller y ella eran mejores amigos recaía en sus abuelos. El abuelo de Elizabetha, Daniel Héderváry, había sido ayudado a escapar de Auschwitz-Birkenau con ayuda del viejo Lutz, cuando era un soldado nazi que se vio en contra del régimen de Hitler y que ayudaba a los presos del campo de concentración a escapar. A menudo Lutz decía que ayudar a derrocar al Führer había sido lo mejor que había hecho en su vida, y siempre contaba como su hermano mayor, otro soldado de la SS, ayudaban a la resistencia en secreto, lamentablemente, el hermano de Lutz fue ejecutado cuando ayudaba su abuelo y la hermana mayor de este a escapar. Lamentablemente la hermana de su abuelo también murió ejecutada en escape.
"Disculpen" Una tímida enfermera de cabello negro y facciones asiáticas se acercó al grupo "¿Alguno de ustedes sabe alemán? El joven Beilschmidt insiste en comunicarse en ese idioma"
"¿Alemán?" Preguntó el padre Heller, mirando a su abuelo Lutz en busca de ayuda "Heller nunca aprendió bien el alemán, usted, abuelo, podría traducir"
"¿Yo?" Cuestionó el hombre "Sí, sí puedo traducir lo que el chico diga, pero es raro que él hable alemán, siempre se le dio fatal"
"Lo siento, pero es lo único que habla el joven Beilschmidt" Se disculpó la enfermera "Pero hemos logrado entender que llama a un tal Lutz y a una Elizabeth"
"Elizabetha" Corrigió Ludwig mirando a la amiga de su hermano "Debe estar confundido y como fuiste la última persona en estar con él ese día, es lógico que te llame"
"Supongo que es así…" Comentó sorprendida la chica, extrañada que no llamara a sus padres o a Ludwig, aunque si han de ser sinceros, Heller y Ludwig nunca fueron tan cercanos.
De inmediato el bisabuelo de Heller y la joven de ojos verdes siguieron a la pequeña enfermera rumbo a la sala donde el pequeño Beilschmidt había pasado dos años en coma, aunque no hacía mucha falta, porque gritos en alemán se escuchaban desde el pasillo. La chica alcanzó a entender un "no diré nada" y una sarta de insultos que su escaso alemán podía traducir.
"¿Qué diablos le pasa a ese mocoso?" Masculló el viejo hombre a su lado, apoyando su peso en el bastón que le ayudaba a caminar. Para tener 92 años, el viejo Lutz desbordaba vitalidad.
De inmediato entraron a la sala sólo para ver a un aireado Heller bramar en alemán contra unos enfermeros que insistían en inyectarle algo en la intravenosa.
"¡¿Qué?!" Exclamó el patriarca Beilschmidt a su lado cuando parecía que Heller llamaba a un tal Gilbert. Entonces el joven, de rostro sonrosado por los gritos se giró con una expresión fiera hacia la puerta, la misma que se congeló cuando sus rojos ojos se toparon con los olivas de Elizabetha.
"Betha…" Murmuró, y luego agregó un "mi amada" que desconcertó la muchacha, no dándole tiempo de reaccionar cuando el chico se levantó de un saltó y se acercó trastabillando hacia ella.
"¡Joven Beilschmidt!" Gritaron los enfermeros a su alrededor, cuando el chico comenzó a tocar el rostro de Elizabetha con las manos, como si no lo hubiese visto en mucho tiempo, y en efecto, así era.
"Betha…" Su voz sonaba rasposa y con un acento marcado, mucho más que el del viejo Lutz, hizo a la chica preguntarse si estaba bien que Heller se levantase de pronto "Betha…" Los ojos rojos de su amigo se llenaron de lágrimas y sin más miramientos, tomó el rostro de ella con firmeza y la besó con una pasión que Elizabetha jamás había visto en el chico Beilschmidt.»
Luego de aquella escena todo fue caótico, el viejo Lutz los separó y comenzó a reñir en un rápido alemán con Heller, quien respondía de forma cada vez más molesta por las expresiones que ponía. Elizabetha pronto quedó atrás y fue instigada a salir de la habitación mientras los dos hombres hablaban/gritaban en alemán. En la recepción los padres de Heller y su hermano Ludwig preguntaron a que se debía toda esa conmoción mas la chica no supo que responderles, sólo se disculpó con un muy bajo "permiso" y salió corriendo del piso para ir a sentarse en la acera del Hospital.
"Heller…" recordó el beso y su cara ardió. Sólo una vez había besado a su mejor amigo, pero ambos coincidieron que fue una experiencia "asquerosa". Esa vez, el beso había sido torpe pero el ósculo con el que Heller le saludó fue diferente, fue intenso, fue pasional…no fue un beso de Heller.
¡Además! ¿Qué era eso de "Betha"? su amigo jamás la había llamado así, siempre había sido Eliza para él. Era como si Heller, ese Heller, el que había despertado del coma de dos años, fuese otra persona y por alguna razón…Elizabetha no dudaba que efectivamente ese albino, era alguien más…
"Repítelo otra vez, desde el principio porque aún no te creo" El viejo Lutz consideraba que a su edad no debía tener este tipo de emociones ante situaciones que eran simplemente descabelladas. Simplemente no debería ser legal que a un anciano lo trataran con esas maneras…
"Te lo dije ya cuatro veces ¡Cuatro veces!" Veía a Heller, pero el nombre no encajaba en ese comportamiento de su tranquilo bisnieto sino en su hermano mayor, hermano que murió cuando tenía 27 años "¡Por amor a Old Fritz (2)! Me llamo Gilbert Beilschmidt, nací el 18 de enero de 1917 en Renania-Palatinado, estado anexado del gran Reino de Prusia, mis padres son Otto Beilschmidt y Mariska Von Müller (3), mi hermano menor Lutz, es decir tú aparentemente, nació el 10 de octubre de 1924 en Berlín. Padre era militar, igual que el abuelo Heller, madre se dedicaba a las típicas cosas que se dedican las mujeres, que se yo, atender la casa" El joven albino hizo un ademán de poca importancia, pues realmente no sabía a qué se dedicaba su madre en el día a día "Cuando tenía 12 años entré a la Academia Militar para Oficiales, ya que la situación en Alemania por fin parecían calmarse. Entrené allí hasta 1935 cuando me invistieron como subteniente de la SS y fui designado a labores de seguridad en la frontera con Austria. Allí estuve hasta 1939 cuando las tropas se comenzaron a movilizar y fui trasladado a la ocupación en Polonia y luego designado como Teniente subalterno en el Campo de…" Lutz vio como el chico ponía una expresión amarga, como si las palabras costasen salir por su boca "Auschwitz-Birkenau… Allí comprendí lo que ser Teniente de la SS significaba…y comencé a sentir que el Führer estaba loco. En 1943 la conocí…a ella, a Elizabetha, venía con un vestido harapiento con sus padres y su hermano menor, y poco a poco y con paciencia que no sabía que tenía, fui entablando primero una amistad y luego una relación con esa gitana húngara… El 24 de junio de 1944 ayudé a escapar a Betha y a su hermano menor Daniel…el 25 de junio, en la madrugada, fui emboscado y capturado por la SS junto con ella…" Su voz se hizo más grave y áspera, Lutz le miró con intensidad porque sí el chico frente suyo era realmente su hermano, sabría cómo acabaría su historia "Me hicieron verla…me hicieron ver cuando la bala…la mató, y luego…fue mi turno…"
"Ya" Le cortó Lutz al chico, sabía la historia del asesinato/ ejecución de su hermano mayor de memoria, no tenía ganas de rememorar por cuarta vez la traición de los nazis para quienes creían que hacían un bien.
"¿Ya me crees, mocoso?" Le apestó el de ojos rojos, molesto y con un sabor amargo en su boca "¿Qué quieres que te diga?"
"Algo que sólo Gilbert sabría" Rebatió Lutz, desconcertado por ser llamado mocoso, pero era así como Gilbert siempre ele había llamado y creía que, aun que ahora fuese mayor que su hermano, éste siempre le llamaría de esa forma.
"¡Maldita sea! Ya me estoy cansando, mi grandiosidad no puede lidiar con esto…está bien, está bien. Cuando tenías 5 años te comiste todos los chocolates de fraülein (4) Adelaida y para que no te golpearan yo me eché la culpa de todo"
Y era Gilbert…el chico frente suyo…era Gilbert, pues aquella inocente travesura infantil había sido el pequeño secreto que se había guardado para recordar a su hermano. Lutz no era de esas personas que lloraban, la última vez que había dejado que sus lágrimas fluyeran fue hace cinco años, en el funeral de Olivia (5), su pastelera e inglesa mujer, pero no pudo evitar que un llanto de añoranza comenzara a brotar desde el fondo de su ser. Su hermano, Gilbert…estaba vivo nuevamente.
Por su parte el prusiano golpeó su cabeza cansado contra la almohada de cabeza que tenía. Había estado 72 años en el limbo, su alma había sido castigada por 72 largos años por sus crímenes de guerra. Casi no se creía la suerte que tuvo cuando Dios le dio la oportunidad de volver en el cuerpo de su sobrino bisnieto que llevaba muerto 2 años. Por qué Gilbert recordaba todo, recordaba lo que era estar vivo y recordaba lo que era estar muerto.
"¡Aleluya! ¡Ya me crees!" Musitó en su alemán áspero, con su acento tan característico que le destacaba como alguien que había nacido en los últimos días del Reino de Prusia. Sin embargo no culpaba a Lutz por no creerle, después de todo ¿Quién creería que volvió de la muerte en ese cuerpo? Nadie en su sano juicio lo haría.
"¿Cómo…cómo volviste?" Se atrevió a preguntar Lutz, acercándose al muchacho con lentitud "Parece imposible…"
"¿Acaso creías que mi muerte iba ser lo último que escucharías del grandioso yo?" Una ceja enarcada denotaba el ego del porte del sistema solar que ostentaba el albino, sacando una sonrisa pequeña a Lutz "Sigo guapo y joven, como siempre, incluso me veo más joven que tú, mocoso…aún que ya de mocoso tienes bien poco"
"No has respondido a mi pregunta"
"Ni yo mismo lo sé, Dios actúa de formas misteriosas…o eso decía madre cuando algo resultaba gracias a la suerte" Lutz se llevó una mano a la cara para limpiar sus lágrimas para luego abrazar a su hermano. Siempre había creído que Heller era igual a su hermano, salvo por el cabello largo y una actitud muy retraída, pero físicamente era muy parecido, quizás un poco más delgado que Gilbert, pero eso se arreglaba con entrenamiento.
"¡Eh! Ya mocoso, estoy de vuelta…"
"Fueron 72 años, Gilbert…72 largos años ¿No te das cuenta? Estamos en otro milenio, tengo bisnietos y luego estás tú aquí, hablando alemán, cuando debería ser inglés, en el cuerpo de uno de mis descendientes, volviendo de la muerte"
"Sí, sí…Ya sé que demoré pero era mi castigo, estuve más años al servicio del Führer que tú…Ahora lo importante ¿Dónde está Elizabetha? La besé, está viva, lo sentí cuando la toqué, es ella, también volvió…
"Ella es la nieta de Daniel Héderváry…"
"¡¿Elizabetha es su propia sobrina nieta?!"
"Cállate, tú ahora eres mi bisnieto"
"Soy tu hermano mayor, mocoso, no te pases"
"Gilbert…Esta es otra Elizabetha, es diferente, ella no es gitana, no es húngara, es una chica nacida en los Estados Unidos…"
"Es mi prometida… Espera… ¿Estamos en América?"
"Gilbert…"
"Ya, pero es que ella es mi prometida, se lo juré cuando escapamos, le juré que apenas llegásemos a terreno aliado nos casaríamos, se lo juré, Lutz"
"Pero se lo juraste a tu Elizabetha, esta Elizabetha no es una que haya sufrido de hecho, creo que tiene novio"
"¡¿Qué?!"
Los días habían pasado de forma lenta para Arthur, quien luchaba para adaptarse a su cuartada Mortal en la Preparatoria católica. Cada día había sido una tortura dónde él había tenido que aparentar ser un educado caballero que se encontraba interesado en la educación tradicional de dicho establecimiento, cuando en realidad quería quemar a todos por aburrirlo a límites insospechados.
La mañana del viernes, se vistió con su nuevo uniforme y ató su cabello en una coleta ordenada (si Bonnefoy- el francés descarado- podía usar el cabello largo, entonces él no se lo cortaría) y se calzó los zapatos bajos que correspondían al traje que debía usar. Su madre lo había comprado ayer y había pasado el día diciendo que le recordaba a ese guapo niño que había ido a Eton alguna vez.
"Ahora ya te mimetizaste con Salem" Scone, el gato, le aulló desde la cama mientras se estiraba y le miraba con esos ojos verdes felinos llenos de sarcasmo "Captain America va estar feliz, consiguió un nuevo vengador."
"Sigue así, Scone, y retiraré el hechizo" Respondió el druida ajustando la corbata frente al espejo. El gato rió levemente, acercándose al escritorio que tenía una laptop apagada.
"¿Puedes prenderla? Quiero ver cómo van mis inversiones en la bolsa asiática" Kirkland rodó los ojos y ayudó a su gato con lo que quería, la verdad es que odiaba ese cachivache, casi ni sabía usarlo, con mucha suerte podía prenderlo, él era del estilo antiguo, prefería usar pluma, tinta y libros para hacer todo en su vida…lo que le recordaba…
Rápidamente conjuró un poco de papel y plumas y comenzó a escribir una larga carta a Lukas, su amigo noruego que también era un brujo. Lo conoció por allá del 1700 en un viaje rápido que había hecho su familia a Oslo y desde entonces habían sido amigos, ambos compartían un humor negro y un amor y respeto soberano a la magia que poseían; lo mínimo que podía hacer era escribirle unas líneas contándole sobre su primera semana en América.
Una vez hubo finalizado, repitió el proceso, pero esta vez con su otro amigo, Vladimir, un vampiro rumano que cerraba el trío que había formado junto con Lukas. Escribió hasta que se le comenzó hacer tarde y de inmediato quemó las dos cartas y sopló sus cenizas al viento que se colaba por la ventana, ellas llegarían a buen destino dentro de poco.
"Los e-mails son más rápidos, hasta Dragos (6) los usa" Dijo Scone, comprando un par de acciones de una empresa que había llamado su atención hace poco. Quien diría que ese gato era multimillonario gracias a su instinto en los negocios.
"Nos vemos, Scone"
Amaba a su gato, aun que habían veces donde deseaba matarlo.
En la cocina estaba su madre revolviendo el caldero de peltre con una poción de cocción lenta. Desde hacía unos días la veía muy sonriente luego que volvía de la universidad, era como…como si hubiese alguien más.
"Hay tostadas con crema de Devon, cariño" Dijo Brigantia añadiendo unas escamas de pitón africana a la mezcla que preparaba "Creo que necesita canela…"
"¿En qué trabaja, madre?" Preguntó acercándose al caldero, sintiendo un olor dulzón, como a refresco cola, que emanaba de la mezcla.
"¿Esto? Pues…realmente no lo sé" Respondió la druida, revolviendo más el caldero. Eso era extraño, su madre siempre decía que debía ser muy consciente de lo que se ponía a cocinar.
"¿Se encuentra bien, madre?"
"Oh, claro cariño…sólo es que he tenido mucho trabajo, ya sabes, parecer mortal… ¡Pero mira que guapo estás! Debo tomarte una fotografía para recordarte así…es como cuando ibas a Eton y te veías muy bonito…"
"Madre…por favor…"
Un flash hizo pestañar al inglés cuando su madre presionó el botón de la cámara para inmortalizar el momento. Desde que las cámaras fotográficas se habían masificado, Brigantia había querido guardar cada momento "importante" de sus hijos. Tenía unos mil álbumes fotográficos como mínimo arrumbados entre los grimorios y las novelas en el estante del estudio.
"Todo un príncipe, mi pequeño Arcthurius" Susurró con una dulce sonrisa viendo el rastro que la polarais había dejado y poniéndola en el mesón con cariño al tiempo que la puerta principal sonaba con un leve golpeteo, al igual que las ventanas de la cocina comenzaban a indicar que una fina lluvia caía como despedida de la semana laboral.
Arcthurius de inmediato fue a abrir para toparse de cara con su sonriente vecino quien, con un paraguas como resguardo, lo invitaba a irse a la Academia en su camioneta.
"Está lloviendo y tú vas en bicicleta hasta la Preparatoria" Dijo encogiéndose de hombros cuando le preguntó que hacia aquí- La preparatoria está lejos y pescarás un resfriado, déjame ser buen vecino."
"Eres realmente amable- Le contestó- Ven, entra o te mojarás ¿Quieres café?"
"No gracias…hey, te esperaré en el auto, en cinco salgo hacia allá."
"Te veo en cinco, entonces."
Arcthurius no demoró mucho en buscar sus cosas y despedirse de su madre.
En lo que llevaba de semana en América había tenido dos percepciones de su vecino. La primera, es que era un chico estereotipo de americano perfecto, jugador de un deporte típico, sonrisa radiante, buena disposición. Un Captain America cualquiera. Mas debía decir que el tipo tenía buenas intenciones, demasiadas, parecía ser esa clase de persona que hacia las cosas sin esperar nada a cambio y que hacía preguntas obvias no porque se burlase de él, sino porque parecía ser realmente despistado con ciertos temas. Era un buen chico, no estaba diciendo que sería su amigo, Alfred tenía demasiada energía y era demasiado Mortal para su gusto, pero podría convivir esos dos años de pretender ser uno de ellos a su lado.
Tomo su morral y corrió hacia la Ford de Alfred, quien tenía un CD de los Rolling Stones (7) puesto para el viaje.
"¡Hey!" Le saludó cuando lo vio entrar a la camioneta "¿Te gustan los Rolling? Según mi madre son demasiado subversivos"
El druida rió. Si Alfred era un buen chico, su madre, Constance, era todo lo contrario. Constance Jones había demostrado ser una mujer superficial y pedante, de aquellas que votarían por un republicano y está en favor a la ley de armas. Era de esas personas a las que llamaban "White people"(8) y parecía demostrarlo con orgullo frente al mundo. Se alegraba que Alfred fuese diferente a su madre.
"Lo fueron en su tiempo" Le comentó con una sonrisa, recordando los sesentas y a las chicas revolucionadas por los Beatles y los Rolling Stones.
Alfred sonrió. Arthur le gustaba, era un chico duro por fuera pero era un tipo bastante simpático y tranquilo cuando lo conocían a fondo. Se había dado cuenta que no era ningún punk, sino un chico que se vestía como le gustaba fuera de las normas sociales, rompiendo los esquemas prefabricados de Salem y eso le gustaba de él, era una persona con la que se podía hablar de la inmortalidad del cangrejo, tener comentarios ácidos pero aun así bien intencionados. Además veía como Arthur amaba a su madre, la llamaba maestra y cualquiera que tratase a su madre con tanta devoción debía ser una buena persona o Norman Bates (9) pero Alfred prefería inclinarse por la primera opción.
"Sí, bueno mi madre siempre es exagerada, tuve que leer Harry Potter a escondidas en el colegio para que no me quemara por hechicería" Él rió, mas Arthur permaneció callado ante el comentario.
El estadounidense arrancó el auto en dirección a la preparatoria al ritmo de "Satisfaction" (10), poniendo la calefacción para que no se murieran de frío allí.
"Tenemos que hacer el ensayo de francés y yo realmente no soy bueno con los idiomas" Le comentó cuando atravesaban la ciudad. La Preparatoria católica quedaba en una colina a las afueras de la urbanización, alejada de las casas pero cercana al centro, razón clara por la que tenían que salir con anticipación de sus hogares para llegar a ella.
"Me he dado cuenta, a penas eres capaz de hablar el inglés" Le comentó con sorna que hizo hacer una mueca a Alfred. El humor de ese inglés era especial, por no decir denso.
"Si bueno, tú no lo hablar mucho mejor que yo"
"No me hagas enojar, mocoso"
"¿Por qué siempre me llamas mocoso? Tampoco eres tan viejo…sólo unos meses"
"Oh, te asombraría saber cuánto te llevo por delante"
"Ya, bueno, el punto es que soy malo con francés y quería saber si me ayudarías…
"Tampoco es como si me dejases otra opción, debemos hacer juntos el trabajo ¡CUIDADO!"
Es curioso como el tiempo se detiene cuando los accidentes pasan, como la vida corre frente a los ojos cuando se está cerca de la muerte.
Cuando iban por la carretera, mojada por la lluvia, un auto de la pista contraria había perdido el control y se dirigía directo hacia ellos, en colisión mortal y directa, sin espacio para virar y quitarse de aquella trayectoria fatal. Alfred apretó sus manos al volante, incrédulo de lo que pasaba frente a él y por unos segundos giró su rostro hacia su acompañante para asustarse aún más.
Los ojos de Arthur brillaban de un intenso verde al tiempo que recitaba unas palabras extrañas en cámara lenta. Sintió que en un segundo su vida se detuvo y así pareció, para luego ver como el otro auto los atravesaba, como si fuesen hechos de humo…como si jamás hubieran sido sólidos, y continuaba con su loca carrera contra la carretera. Frenó con fuerza en la calle solitaria, la lluvia se volvió más espesa y el sonido del claxon resonó en la soledad, como único vestigio de que algo había pasado…algo Arthur había hecho cuando sus ojos brillaron
Porque eso no era un milagro…
"Tú…"A penas dijo, las palabras no salían de sus labios "Tú…"
Era magia…pura magia…
"Salgamos de aquí"
Alfred no demoró en hacer caso. A duras penas encendió el vehículo de nuevo y volvió hacia la ciudad, para estacionarse en el aparcadero de un Wallmart (11) y respirar de forma agitada, enfrentando asustado a su acompañante.
"Tú…"
"No sé qué…" Arthur se había expuesto a él. Ante el miedo de morir había hecho magia por instinto y los había vuelto intangibles para que ese sedan simplemente los atravesara como si fuesen una barrera de humo, como si estuviesen hechos del mismo elemento que la lluvia. Alfred lo había visto ser un druida.
"Me salvaste la vida" Los ojos verdes del inglés se abrieron desmesurados de incredibilidad ¿Qué había dicho? "Me salvaste la vida…eres un brujo…y me salvaste la vida…"
"Yo…"
Alfred se acercó al muchacho y lo abrazó. Él no era tonto, siempre había creído que la magia no existía…pero allí, ante la muerte vio como el chico a su lado recitaba un conjuro y lo salvaba de la muerte inminente. No era tonto…se daba cuenta que eso no fue un hecho de la realidad, sino algo que superaba lo natural…Arthur era supernatural (12).
"No…no puedes decirle a nadie…"Dijo de forma mecánica, sin saber que decir realmente, sólo pensando en lo lógico dentro de aquella descabellada situación.
"Nadie me creería…"Le respondió "Creo…creo que sería bueno que no fuésemos a clases…no me siento capaz de conducir hasta allá…Hay un Starbucks cerca…"
"Te tomo la palabra"
Nadie les había enseñado a actuar frente a una situación extraña, por lo que compartir un café caliente a las ocho de la mañana del viernes, haciendo novillos y hablando de cómo sus vidas casi habían terminado les pareció la opción más sana a tomar. A penas si pudo ponerse en camino de la cafetería, donde rápidamente subieron al segundo piso y se metieron en el punto más alejado con un café grande entre sus manos y un silencio incómodo. Ninguno quería partir.
"Lo que viste allí…no puedes decirle a nadie ¿comprendes? Ningún Mortal puede saber lo que sucedió…"
"Te lo dije…nadie me creería, primero acabaría en el psiquiátrico" Una chica llegó hasta ellos con unos brownies de chocolate caliente y los dejó en la mesita sin hacer mayores preguntas a los chicos que claramente faltaban a clases "Eres un mago…como Harry Potter"
"Como Harry Potter, no, él no existe, es sólo un personaje de Libro…"
"Sabes a lo que me refiero…me salvaste la vida allí"
"Jones yo…"
"No trates de rebatirlo, no soy estúpido"
"Lo sé…pero hace mucho que un Mortal no sabe…lo que soy…
Nuevamente el silencio, Alfred tomó un sorbo de su Moccacino, le gustaba la mezcla del chocolate con el café, era relajante y cálida, hacía que se calmara en momentos de tensión como esos
"Tu madre… ¿Ella también…?" Arthur sólo asintió bebiendo de su capuccino con kilos de azúcar para calmar su estado. El chico de ojos azules le respondió con otro movimiento de cabeza.
"Vaya…No sé…no sé qué más decir, no es como si hablase con un brujo todos los días" El chico aún tenía conmoción, pero la adrenalida ya estaba huyendo para dejar paso a la preocupación y al asombro "¿Siempre has sido así?
"Desde que nací" Respondió el druida de forma simple "Alfred Jones este es mi secreto…si alguien supiera ¿Sabes lo que le hacían a los míos siglos atrás? ¿Lo que le hicieron a los míos en pueblos como este? El temor a la brujería es uno de los más comunes a lo largo de la historia y siempre nos han perseguido. Los romanos, los cristianos, los puritanos, siempre hay quien nos persigue para acabar con nosotros y tu…se supone que los tuyos deben seguir ignorantes a esto y…"
"A decir verdad, Arthur Kirkland…estoy más sorprendido porque me hayas salvado la vida que porque seas un brujo en sí. Pudiste haberte salvado y haberme dejado morir…pero me salvaste y te estoy agradecido, tu secreto está a salvo conmigo y bueno, si quieres un secreto a cambio te diré que soy pansexual, no me fijo en el género de las personas y ser como soy teniendo padres republicanos es una condena de muerte, tienes poder sobre mi vida ahora."
Arthur se había equivocado, y lo había hecho en grande al juzgar a Jones. El chico si era su amigo, capaz de compartir algo tan personal sólo para equiparar el valor del secreto.
NOTAS DEL AUTOR
(1) North Shore Medical Center: Hospital principal de Salem
(2) Old Fritz: Federico II de Prusia
(3) Otto Beilschmidt y Mariska Von Müller: Padres de Gilbert y Lutz
(4) Freaülein: Señorita en alemán
(5) Olivia: 2p! Inglaterra. El 2p!GerEng es la OTP de mi Wife y mi OTP crack, así que verán más de ellos
(6) Dragos: El murcielago de Vladimir
(7) Rolling Stones: Banda de rock británica de los años sesenta que hasta hoy sigue vigente
(8) White People: Frase despectiva para referirse a las personas extremadamente conservadoras
(9) Norman Bates: Antagonista de la película "Psicosis" de Alfred Hitchcock
(10) Satisfaction: (I can't get no) Satisfaction de 1965- Rolling Stones
(11) Wallmart: Cadena de Supermercados estadounidenses
(12) Referencia a la serie de televisión "Supernatural"
