Capítulo 4.

Disclaimer: Me gustaría que Draco la víbora y Harry san virgen-hasta-la-sepultura fuesen míos, pero son de J.K. Rowling y miente diciendo que son heteros o algo así que no entiendo.

N/A: Y vuelve el verano y regreso a mis fanfics. 3 capítulos y me voy sin decir mala, soy una hija de ******, lo sé, una grandísima hija de *****, pero os explicaré que mi ordenador explotó en mil pedazos y con el, todos los demás capítulos que tenía escritos, solo diré que lloré tanto que no me acordaba por donde llevé la historia. Esto es un mini-capitulo para ubicarme y si quereis os reeleis el fanfic y luego volvéis aquí, me perdonáis y seguimos con el sexo (os haré esperar mucho para ello, la paciencia es una virtud.) Galletitas para los que me recuerden y no me odien T^T.


Harry se dirigió a su mesa y lanzó sobre ella sus libros haciendo el máximo de ruido posible para ver si Draco se giraba, pero no, todo el mundo se percató menos él, que seguía absorto en las grietas de la pared, así que pensó que esa sería su última acción desesperada por atención, desdibujó su sonrisa y procedió a poner su mueca favorita a la que Ron llamaba "Pociones-grasientas-oh!-espera-es-el-pelo-de-Snap e" aunque pasado un tiempo se cambió a una mueca de frustración y posteriormente a una de decepción. Decepción porque creía que podía empezar algo realmente interesante que no tuviese relación con Voldemort y ni su propia muerte, decepción porque quería seguir sintiéndose encaprichado cual niña soñadora y ya no podría, decepción porque había durado tan poco.

Sorprendentemente realizó la poción como un autómata y cuando Snape tomó un vial de ésta para probarla en Neville no tuvo ningún efecto negativo salvo un cambio de color de pelo, a rubio, "que ironía", que ni Harry, ni a un par de chicas de la clase le pareció digno de la más mínima crítica, incluso Hermione se sorprendió.

Al finalizar la eterna y aburrida clase, Harry se rezagó un poco al introducir sus cosas en la mochila, pero tomó la velocidad suficiente como para propinar un fuerte codazo a Draco y que se tambaleara al salir por el umbral de la puerta. En la mente de Harry esto no era una llamada de atención, era una vuelta a las costumbres que tenían, ya que prefería que los ojos del rubio le mirasen, aunque fuera con odio a que le rehuyeran. ¡Maldita sea! —pensó.


Draco salía de clase ensimismado y algo ruborizado por sus propios pensamientos hasta que alguien chocó contra él con una fuerza impetuosa y al girarse se encontró a su posible ex-archienemigo declarándole una guerra física, pero no como la que tuvieron sobre el césped hace dos puñeteros largos días, sino como la que siempre habían tenido, una vuelta a la normalidad, a la enemistad jurada y a los comentarios vehementes que podrían acabar en manotazos, moratones, arañazos… la enemistad no sonaba tan mal, era como una pelea bajo las sábanas aterciopeladas de cualquier cama del castillo, salvo que colarse en los dormitorios masculinos de la torre Gryffindor era mucho más fácil si se tenía pene.

Todo el mundo sabía de los toboganes que había en los dormitorios de las chicas para que los muchachos no se colasen, pero lo que muchos desconocían porque otros escondían es que los de hombres también los tenían, solo que se activaban por la noche, para que las muchachas más espabiladas no cambiaran de cuarto. "¿Y si las escaleras me toman por una niña con estos pensamientos? ¡Que bochorno!" "Y si alguien acaba por verme en aquel lugar?" — pensaba Draco, pero no era más que una parte de su cerebro intentando que no hiciese ninguna estupidez, quizás tenía algo de Hufflepuff, pero su parte más Gryffindor, aunque pequeña le hacía luchar junto con su parte más Slytherin para planear un estúpido acto de valentía, egoísta y astuto sobre como entrar en la torre Gryffindor para observar a Harry sin ser visto por el resto y pensar con tranquilidad en el remolino de sentimientos que le causaba el moreno.

Ese mismo día se paseó por todo el castillo varias veces, dejando claro que estaba paseando a todo el que pudiese verle; fantasma, persona o personaje de cuadro, aunque cuando se encontraba en el patio no tenía la misma cara de felicidad que cuando iba subiendo escalones. A su vez iba pensando en que decirles a Crabbe y a Goyle sobre sus frecuentes ausencias, se creerían cualquier cosa, pero su deseo por acompañarle era tal que hasta a Pansy le parecía enfermizo, y hablando de Pansy, algo tendría que hacer con ella también. Encontró la solución a sus problemas justo delante del retrato de la dama gorda. Casualidades a parte, tras comprobar que era la única entrada conocida y visible a la torre en ese piso y que no le diría a ese retrato la contraseña jamás ya que sería la comidilla de todo el mundo se dirigió reptando a las mazmorras a buscar a sus lacayos y a encargarles una sucia tarea.

—Crabbe, Goyle, venid — les llamó nada más entró a la sala común de Slytherin.

Allí se encontraban, sin duda, como fieles perritos que esperan junto a la puerta de casa cuando su amo se va y no se mueven de allí hasta que no vuelve.

— ¿Qué ocurre, Draco? — fue Goyle el primero en acercarse y hablar.

— Habréis notado que he estado pensativo últimamente, meticuloso y reservado — ambos asintieron para que continuase — bien, pues creo que ya estoy listo para contaros el plan, un plan que he maquinado desde hace tiempo y que hasta que no tuviese enteramente listo no iba a contaros pero, ¡fallo mío!, aún me falta un pequeño detalle — ¿y qué es? Me preguntareis, pues bien, el plan es que vamos a realizar la mayor broma a la casa de Gryffindor en la historia de Hogwarts — ¿y qué me falta? Pues veréis, me falta encontrar una entrada secreta a la torre Gryffindor, así que ya estáis poniéndoos en marcha e interrogando a ver quién puede darnos esa información, en cuanto lo sepáis venid a mí, este va a ser un plan "explosivo", y no falta decir, que esto es secreto.

Y Crabbe y Goyle asintieron y miraron a Draco como mira un perro a su amo, el cual lleva un cuenco con sobras en la mano, con los ojos brillantes como dos gotas de aceite, solo que los pobres estaban siendo víctimas de una vil mentira, una falsa promesa de diversión.


Disculpad el corto capitulo, que sepáis que he vuelto y seguiré esta historia improvisando ya que perdí la anterior. ¡Harry-san-virgen ven a mi y te haré un hombre!

Muchos abrazos.