CUARTO CAPÍTULO
Kilómetros más allá...
Narnia, Archenland, Monte Pire. 7 de Noviembre. 8 de la mañana.
Joshep corrió como más rápido le permitieron sus piernas siguiendo a su perro, Vosgo, y con el poco aliento que le quedaba le decía – Vosgo, ¿qué haces? ¡Vuelve! – pero el perro estaba obstinado en salir del espesor del bosque. Lo que Vosgo realmente quería era seguir el rastro de una música, que desde aquella distancia sólo era audible por un animal, para un humano resultaba completamente imposible.
Vosgo corrió un buen trecho, hasta que de pronto se detuvo de seco… pues casi se cae por el precipicio que se encontraba justo delante de él. Joshep venía corriendo detrás de Vosgo, hasta que Vosgo le gritó a su amo cuando éste estaba ya a unos pocos metros – ¡Cuidado, Joshep! – entonces el muchacho aminoró la marcha poco a poco hasta que llegó caminando ante el desfiladero.
Ambos se quedaron sobrecogidos por la altura del precipicio. Mas a lo lejos podían observar absortos como un inmenso prado se abría ante ellos, y forzando un poco más la vista, podían presenciar como un hermoso castillo se levantaba a lo lejos. Lo único que Joshep pudo hacer fue dejar salir un suspiro de admiración – Wow – mientras Vosgo sonreía con una gran sonrisa perruna al ver nuevamente su hogar. Es conveniente explicar la historia de Vosgo, pero más adelante os la contaré.
- Desde luego, que esto no es Inglaterra – se dijo Joshep que nunca en su vida había presenciado aquel espectáculo de la naturaleza y los únicos paisajes que había visto eran edificios grises con un cielo gris contaminado. Vosgo entonces habló - ¡Vamos, Joshep! Debemos llegar hasta ese castillo – le instó mientras comenzaba a acercarse al precipicio. Joshep hizo cara de susto - ¡¿cómo?! – exclamó perplejo tragando saliva, mirando hacia abajo y sintiendo un vértigo horrible. - ¿Cómo vamos a bajar por aquí? – inquirió con voz temblorosa.
- Fácil – dijo Vosgo con indiferencia. - ¿Ves aquel desfiladero de allí? – le indicó con una de sus patas delanteras. Joshep miró hacia donde su perro le indicaba y vio, en efecto, un desfiladero puntiagudo que desdecía hacia abajo. – Sí… lo veo – afirmó asintiendo. – Bien… pues bajaremos por él – dijo Vosgo, caminando hacia la izquierda donde se encontraba el desfiladero. Miró hacia atrás - ¿vas a venir o te vas a quedar ahí parado? – le preguntó Vosgo con voz burlona. Joshep suspiró y miró a Vosgo indignado - ¿Por qué clase de humano me estás tomando? – preguntó sonriendo y estallando en una carcajada al a vez que se aproximaba hacia él.
Los dos caminaron durante aproximadamente un minuto, hasta que llegaron a un desfiladero que bajaba ante ellos: tenía un camino que descendía, mas era puntiagudo y su ancho no era mayor que el de el lomo de un libro grueso. Joshep se horrorizó entonces, mientras Vosgo caminaba airoso hacia él. El perro miró a su amo con seriedad y le dijo – No te alarmes. El truco está en no mirar nunca hacia abajo. Piensa que caminas sobre un camino cualquiera. – le alentó Vosgo con voz comprensiva intentando darle ánimos. Joshep se tranquilizó sólo un poco. Entonces fue cuando Vosgo dio el primer paso a través del desfiladero: caminaba seguro y mirando únicamente al frente. Cuando ya había dado unos tres pasos dijo entonces – Adelante, Joshep. Despacio, no te detengas y recuerda: pase lo que pase no mires hacia abajo. –
Joshep entonces suspiró, su corazón latía con fuerza y a rauda velocidad. Entonces se dijo – Éste es el momento de ser valiente – luego puso el pie en el primer tramo del desfiladero y dio el primer paso… una especie de adrenalina lo recorrió, intentó no ponerse nervioso, pero eso, era imposible…
Continuará...
Próximo capítulo:
Joshep y Vosgo atraviesan el desfiladero y llegan junto con los faunos. Cor y Corin en medio camino para llegar a la fiesta de faunos se encuentran con Aravis quien les acompaña también hacia la fiesta de los faunos. Luego los tres se encuentran con Vosgo y Joshep los cuales le cuentan su historia.Enseñanza:
El coraje no es únicamente una de las virtudes, sino la expresión de toda virtud en el momento de ser puesta a prueba (Frase dicha por C.S. Lewis)