Este capítulo esta basado en 6x20, pero aquí por fin se separa del canon. Todo está narrado desde el P.O.V. de Regina. ¡Disfruten!
«Aquí está» dice Snow, entrando emocionada a la casa de Emma.
Estamos eligiendo vestidos de boda y Snow le ofrece a Emma el suyo. Pongo mi mejor sonrisa y decido mantenerme al lado de Zelena.
Snow está sonriendo tanto. Más que Emma. Es más, parece que mi querida no muestra emoción alguna. Deben ser los nervios de la boda.
Ver a Emma sostener el vestido de bodas como fuera lo mejor que su madre ha hecho por ella me llena de anhelo por una bebida. Alcohol, mucho alcohol. Casi soy capaz de arrebatarle a Zelena la mimosa de su mano. Definitivamente, no voy a sobrevivir esta boda estando sobria.
Ni siquiera noté que la sonrisa en mis labios se borró. Ya no estoy mirando a Emma, al vestido, o a la exagerada sonrisa de Snow. Estoy mirando fijamente al suelo y no puedo sentirme más miserable.
Lo único bueno de esto para mí, es que es lo que hará a Emma feliz. Y si Emma está feliz, yo también lo estoy por ella. Incluso si me mata por dentro, incluso si quiero que la tierra me trague.
«Mamá, es hermoso» exclama Emma.
Y es, en efecto, hermoso. Pero al verlo lo único que puedo pensar es en cómo arruiné la boda de su madre. De alguna forma, mi mente hizo que esta situación sea peor.
«Necesito una bebida» murmuro para mí.
«Hay jugo en la cocina» mi hermana responde y recuerdo que estuvo a mi lado todo este tiempo.
«Algo más fuerte» replico y voy a por una botella de vino. Dudo que Emma tenga mi cidra o whiskey aquí, y el ron en definitiva no es una opción.
Cuando regreso con mi copa, Emma está empedernida con el vestido, noto que mi hermana me arquea una ceja y Snow aún sonríe tanto que parece a punto de explotar, hasta que ve mi bebida.
«¿Eso es... vino?» se extraña y yo me encojo de hombros dando un sorbo.
«¿Por qué no te pruebas el vestido, Emma?».
Dirijo su atención a su hija y parece funcionar, ya que empeza a saltar emocionada y hasta se ofrece a ayudarla a entrar en él.
Emma prácticamente me ignora e hace lo que se le pidió. Me decido a actuar como si esa punzada en el pecho no existiera. Nadie realmente lo nota, nunca. Y está bien, la atención debe estar sobre la futura esposa.
Doy una trago profundo y sonrío cuando Emma aparece con el vestido de novia. Es hermosa. Es demasiado hermosa para yo lograr soportarlo. Y pensar que es para el pirata... De solo verla deseo cancelar la boda y declararme.
No puedo. No soy mala. Eso sería cruel y estúpido. No pienso hacerle algo así a Emma. Ya arruiné la boda de sus padres, ahora debo asegurarme de que Emma disfrute de la suya. Y si sigo haciéndole ojitos eso no va a suceder.
Aún debo prepararme para la boda. Pero camino a mi cuarto me encuentro con Henry. Me acerco y lo admiro orgullosamente mientras me apoyo en el marco de la puerta. Creció tanto. Parece que fue ayer cuando era un pequeñín llevando su libro a todos lados.
«¿Desde cuándo puedes atar una corbata?» le pregunto acercándome a él.
«Desde...que lo busqué en Youtube, ¿cómo lo hice?» me dice él y yo no puedo evitar la sonrisa que emerge en mis labios.
«Perfecto» y empiezo a tocar el nudo, mientras siento decaer mi sonrisa. «Como si ya no me necesitarás para atar éstas».
«¿Cuál es el problema?» me pregunta. «No es como si yo fuera el que se va a casar».
Afortunadamente.
«Lo sé» digo en su lugar. «Es que has crecido tanto, eso es todo».
Un quejido frustrado se escucha detrás de mío. Me divierto un poco con la desesperación de mi hermana.
«Desearía poder decir lo mismo de tu tía Zelena».
Mi hijo se va de la sala por detrás de mí y mi mente queda perdida. Ya está, esto es todo. Una vez que cruce esa puerta y llegue a esa boda, será cuando las esperanzas mueran...si es que no murieron para este entonces.
«Mamá, ¿no vienes?» me llama Henry. Debí perderme por más tiempo del que creí.
"Nunca me gustó mucho el circo, querido". Eso le quiero responder. La boda de Emma me está poniendo de mal humor. Debo tener cuidado con eso, no querría ser grocesa con las personas que me importan...
En lugar de decir eso, asiento y le digo que tengo que cambiarme primero. Luego, salgo junto a Zelena, Henry y la pequeña Robin. Se siento junto a Henry y esperamos.
Garfio se balancea un poco en sus tobillos, con los nervios de un hombre a punto de casarse. Pero no parece en pánico, no. La sonrisa en su rostro dice lo contrario, dice que está a punto de recibir su final feliz.
Todos estaremos felices. Una vez que se casen, todos habrán conseguido sus finales felices. Ya no hay villanos que interfieran, ni horribles destinos que dicten dolor. Snow y David están juntos, felices y con sus hijos. Emma tiene a Henry, sus padres, y va a casarse y empezar otra familia. Henry tiene su familia y un gran futuro por delante. Zelena está empezando su camino en la redención.
Y luego estoy yo. Finalmente me acepté, obtuve redención, tengo a Henry y toda esta gente que me quiere. No puedo pedir más. Todos están demasiado felices para que llegue yo y mi egoísmo por pequeños caprichos amorosos. Caprichos amorosos que serán olvidados.
Hablando de Roma...
Emma entra a la sala, llevada por ambos de sus padres. No viste el vestido de Snow, eso lo noté al instante. Sino otro, mal proporcionado que debo admitir no le favorece. Pero sigue siendo Emma, sigue siendo esta persona perfecta e inalcanzable que camina hacia al altar, hacia otro hombre, con una sonrisa.
Eso me recuerda que debo reasegurar mi sonrisa. Levanto tanto mis mejillas que duele. Si duele es porque funciona. Seguro luzco radiante en el exterior, justo como lo deseo.
Ignoro las palabras de Archie. No van a cambiar el muy feliz final de este evento. Me concentro más en mantener mi fachada y no dejar que mi vista se nuble por esa molesta agua. Si llega a caer, diré que estoy emocionada. Es la boda del siglo, después de la de Snow y Charming—la cual sobresalió con mi fabulosa entrada—, será creíble. "La ex Reina Malvada en llanto durante la boda de la hija de sus ex enemigos". Soy capaz de imaginarlo en todos los titulares.
«Acepto» dice Emma.
«Ahora puede besar a la novia».
Fuerzo mis ojos a no retroceder. Tal vez si presencio esto, se quede grabado en mi cabeza que Emma está fuera de mis posibilidades. Y, por lo tanto, deje de pensar en ella como si mi vida dependiera de ello. A veces, tengo miedo de teletransportarla a mi casa por accidente.
Entonces empieza el primer baile entre marido y mujer.
«Vamos, Charming, vamos a bailar» Snow lo arrastra hasta estar junto a los recién casados.
«Voy al baño» avisa Henry.
«Y yo me voy a emborrachar» musito yo.
Diviso a uno de los camareros caminando de aquí a allá con champagne caro, resaltando que es una boda de la realeza, y tomo una copa. Luego ojeo al hombre un momento y tomo una más, para asegurarme.
Emma sonríe a su esposo, hablando con él mientras está en sus brazos bailando. Mirándolos de reojo, vacío mi copa de un trago.
«¿No vienes, Regina?» Snow me llama.
Fingiendo una sonrisa, contesto: «yo no bailo».
«Claro que sí» me lleva la contraria, como acostumbra.
«No tengo con quién bailar» me excuso
«Yo lo haré» se levanta Zelena y yo le dirijo una mirada asesina.
Tal vez no haya dicho nada, pero sé que ella sabe que no quiero bailar, ni tener algo que ver con esta boda. Mis mejillas ya me duelen lo suficiente por la presión que les pongo al formar una sonrisa. Una sonrisa que no siento. Por Emma, pienso y tomo la mano que Zelena me ofrece mientras doy un generoso trago a la copa aún llena.
«Te ves bastante desesperada, hermanita» nota Zelena.
«¿Cómo?» yo arrugo la frente y doy otro trago.
«No creas que no me doy cuenta que no te afecta» y le lanza una mirada a mi copa. «¿Dos en menos de cinco minutos? ¿En serio?».
Desorbito los ojos y abro y cierro la boca. «Emm...».
«Esto es por Robin, ¿verdad?».
La miro confundida y luego libero aire ante su suposición.
«Sí» miento con una expresión de derrota. «Es que... todo esto me recuerda a...».
«Sí, lo sé».
Le ofrezco una sonrisa simpática, otra de las fachadas que aprendí a confeccionar a través de los años al estar enamorada de una mujer heterosexual. Además, fingir amor por otro hombre ayudó a perfeccionar esa habilidad, al igual la Reina Malvada en mí.
«Por lo que ví, quieres beber hasta olvidar tu propio nombre» dice ella casualmente.
«Asumes correctamente» respondo terminando la copa.
«Entonces ve» y yo la miro cuestionante. «Ve al bar tranquila».
«¿Qué hay de Robin? ¿Y Henry?».
«Yo me encargo».
Yo la abrazo rápidamente y me dirijo hasta la barra. El barman me ve extrañado cuando termino mi vodka martini en cuestión de segundos, pero no le presto atención y pido otro, otro que pienso tomar calmamente.
Observo a los Encantadores y básicamente a todo el pueblo rebosar en regocijo mientras yo me mantengo en mi pequeña esquina depresiva. Afortunadamente, nadie parece notar mi ausencia. Emma empieza a bailar con Snow y Garfio, con David. Siempre me pareció que esos últimos dos tienen un extraño bromance, del cual prefiero no conocer detalles.
Lo que no es para nada sorprendente, es que aún veo a Garfio y me llenan los más profundos deseos de estrangularlo. Lo dije antes y lo sigo creyendo, yo puedo tratar a Emma mejor de lo que él lo haces. Desafortunadamente, Emma no parece creer lo mismo, y al final su opinión es lo que cuenta.
Más tarde, llego a la mansión con el apoyo del brazo de Zelena. Henry se quedó en la fiesta y estoy aliviada de que no haya llegado a verme en este estado. Zelena me dice que me acueste y que necesito descansar. ¡Yo no quiero descansar! Y se lo informo intentando escapar de sus brazos. Mi hermana me levantó del suelo cuando caí y noto que tengo hambre.
Pierdo de vista a Zelena con la bebé, pero no me repreocupo por ello. Estoy en la cocina y agarro una hamburguesa y una sartén. Tengo hambre. Dejo la carne sobre la sartén, olvidando prender la cocina y entonces ya no tengo hambre.
Tengo sueño, mucho sueño. Me muevo hasta la superficie más cercana y aparentemente más cómoda de lo que la recordaba. Siento mis párpados caer con una última locura recorriendo mis pensamientos. "Debería dejar Storybrooke".
