El tiempo pasa y yo sigo aquí…

Simplemente tengo suerte, mi musa disfruta de mi compañía y parece no querer irse de mi lado.

—¡Te quiero! —Grita mi musa, aferrándose con uñas y dientes a mi sangrante brazo, quien suplica por una amputación.

Bien, dejando esto de lado vamos a lo que os interesa.

Disclaimer

Por desgracia ni los personajes ni el universo donde se desenvuelve la historia son de mi auditoria, yo tan solo los cambio de genero para utilizarlos como personajes que participen en la trama de este fic, por el cual, no recibo un solo centimo.

Comentarios:

Gasp1808: Gracias de nuevo por volver a escribir un comentario, agradezco que te hayas tomado la molestia. Y ahora responderé a tu pregunta.

Si, en este fic saldrán Evangelyn y Tristepín, pero no de la forma habitual. La verdad es que por salir, aquí van a salir prácticamente todos (o la mayoría) de los personajes que han salido en la serie o los OVA. No sé si te has dado cuenta, pero en el capítulo anterior El reflejo se menciona a sus hijos, aunque no te culpo si no lo has visto (culpa mía). Si todavía no has caído te lo aclaro.

Evole: Versión masculina de Elely.

Flapén: Versión femenina de Flopin.

En verdad, me temo que tendrás que esperar hasta al capítulo seis para ver a Tristepín. Sorry. Pero ¡Hey! Alerta espoiler en este capítulo se menciona a Evangelyn, pero (obviamente) con su nombre en versión masculina. Si logras encontrarlo te doy un... Algo, no sé, tú pide ;)

Palabras: 2654

Capítulo IV: Excusas

Piensa si aquello que vas a ganar, vale más que lo que vas a perder.

Valentina Amore

—Mamá.

Aliana dejó de mirar los platos que estaba lavando para observar a Yugi, quien seguía limpiando los cubiertos utilizados en el desayuno. Tenía la mirada fija en los plateados utensilios, lavándolos lentamente, con su mente claramente puesta en otro lugar.

—¿Qué pasa?

El tintineo de un plato siendo colocado sobre otro por la mano de la selatrop fue lo único que llenó el silencio sepulcral de la estancia, la anutrof miró levemente preocupada aquello, era la primera vez en mucho tiempo que su hija adoptiva no utilizaba sus poderes para hacer actividades cotidianas.

—Me voy.

El plato que la castaña sostenía se cayó de sus manos y habría tenido un encuentro brutal con el suelo si un portal no se lo hubiera tragado para después ser expulsado por otro y aterrizar en las manos semi-cubiertas de Yugi.

—¿Qu-é significa que te vas? —Preguntó, luchando contra el tartamudeo, sus ojos abiertos hacían que sus cejas se escondieran bajo el gorro blanco que llevaba puesto.

Yugi no la miró, sino que secó el plato que descansaba entre sus manos antes de dejarlo donde los demás, en ningún momento levantando la cabeza o quitando los ojos de sus extremidades.

Suspiró, limpiándose las manos en su delantal una vez vio que había acabado con la bajilla sucia.

—Me voy mamá, ya llevo demasiado tiempo aquí—Y por primera vez desde que entró al cuarto miró a su madre adoptiva, con una mirada vidriosa y una expresión seria e impasible—. Y sé que sabes a lo que me refiero.

Aliana tanteó con su mano el aire que había detrás de ella, intentando encontrar una silla, que juraba, había dejado ahí.

Escuchó el chirriar de un mueble siendo arrastrado por el suelo al tiempo que veía a su hija meter el brazo por un portal recién creado. La mujer era inteligente y no había que ser un gran genio para saber que era la joven quien le había acercado la silla sobre la que se había sentado.

Miró algo tocada a Yugi, la veía tan pequeña, se recriminaba siempre el no aceptar que crecía y que ya no era su niña. Sabía que intentar mantenerla a su lado tan solo retrasaba lo inevitable, bastante había conseguido anclarla en un solo lugar, pero no podía evitarlo, que su Yugi saliera por esa puerta con equipaje significaba no volverla a ver entrar.

¡Pero que estaba pensando! Yugi había salvado al mundo tres veces, había librado al planeta de la incertidumbre de si se repetiría el Caos de Ograste, había cruzado mares, escalado montañas y derrotado a monstruos que ni en las leyendas de los héroes más intrépidos se mencionan.

Era una reina, por Anutrof.

Quizás…

Quizás tan solo en su mente seguía siendo una niña, quizás debería dejar de pedirle que retrasara su ida, quizás aceptaría al fin el destino de Yugi, quizás debería incluso preguntarle si quería llevarse a Chibi y Grigal con ella.

Quizás…

Quizás tan solo tenía miedo de quedarse sola.

—Bien—Dijo con un hilo de voz y la comprensión dibujada en su cara—. Veo que lo has decidido.

Yugi reafirmó su postura, intentando que no se notara su temblor de piernas.

Dejarlo todo atrás, para sacar algo adelante.

Se repitió en su mente la selatrop para ganar fuerzas.

—Si—Respondió secamente, pero bajando la cabeza levemente, incapaz de seguir con la actitud altiva ¿Por qué costaba tanto?

Aliana se levantó, negando con la cabeza mientras en su rostro una disimulada sonrisa de orgullo se habría paso. Colocó una mano sobre la cubierta cabeza de su hija adoptiva, notando como se le bajaron las orejeras por el contacto.

—Entonces no sé qué sigues haciendo aquí.

Yugi levantó la cabeza, la confusión dibujada en su rostro.

La castaña enarcó una ceja.

—Mira Yugi—Se arrodilló, quedando al nivel de la rubia, mirando de forma maternal los marrones ojos que la observaban con intriga y algo de temor—. Sé que te he estado reteniendo aquí mucho tiempo y… No duermo con la consciencia tranquila sabiendo que te obligo a mantenerte en Emelka por mi egoísmo—Sus manos pasaron por debajo del gorro, acariciando las hebras de cabello, hasta llegar a la nuca, donde estirando de la tela celeste, quitó el sombrero de selatrop de la joven, quien se mostró estática frente al movimiento, dejando su cuerpo rígido, cosa que se vio por como las protuberancias de su cabeza se tensaron—, qué te corto las alas.

La mayor miró la nombrada parte del cuerpo, estas, como la última vez que las vio, supuraban wakfu, emitiendo un fulgor azul, electrizante e hipnótico.

—Son más grandes que antes—Comentó antes de tenderle el gorro—, como tus ganas de libertad, supongo.

Yugi tomó la prenda y rápidamente se la puso, sintiéndose cohibida y algo avergonzada.

—Cuando.

La selatrop dejó de regocijarse de la sensación de sentir su preciado sombrero sobre su cabeza para mirar a la anutrof, sin entender de qué hablaba.

—¿Cuándo te vas?

—Oh… Pensaba hacerlo hoy mismo—Respondió de forma robótica, aún sin salir de su asombro, cuando entró en la sala (después de convencer a Grigal para que se pusiera otra ropa) para ayudar a Aliana con los platos, pensó que sería ella quien llevaría la conversación, no que se sentiría perdida y descolocada debido a una inesperada actitud de su tutora.

—Entonces no hay tiempo que perder—Exclamó la castaña poniéndose en pie, mientras se arremangaba las mangas de su camisa verde—, debo empezar a prepararte provisiones—Se acercó a los fogones, pero antes de prenderlos se giró, mirando a Yugi con confusión.

Esta permanecía en el lugar, estática y sin llegar a procesar la información.

—¿Qué no piensas hacer tu equipaje?

—¿Qué? ¡Oh, sí!

Hizo un portal y saltó dentro, desapareciendo así de la habitación.

La castaña suspiró, antes de al fin encender los fogones. Pero al coger una sartén, escuchó un zumbido que conocía a la perfección, al tiempo que notaba un peso sobre sus hombros y unas piernas abrazaban su torso.

Aliana, sonrío, acariciando amorosamente los brazos que pasaban por su cuello.

—Venga corre, no quieres hacerlos esperar más ¿No?

Sintió como una pequeña y fría nariz le hacía cosquillas en la nuca cuando Yugi asintió, saltando de la espalda de la anutrof se precipitó sobre otro portal.

Y Aliana sintió que un peso se le había quitado de los hombros, pero aun así no se vio más aliviada, aunque la sensación de haber hecho lo correcto la embriagó, siguió pensando que, quizás, podría haber reaccionado mejor.

OOO

Iz revoloteó alrededor de su amiga, piando cada vez que la selatrop quería abrir la boca, haciéndola callar. La tofu se acercó a la cara femenina, hasta rozarle la nariz, provocando leves cosquillas por la suavidad de las amarillas plumas.

La ave volvió a quejarse, esta vez chocando varias veces contra la frente cubierta de Yugi, quien tan solo atinó a reírse por el inesperado y cómico berrinche.

—Venga Iz.

Lo más parecido a un gruñido salió del pico de la nombrada, la cual aumentó la fuerza de sus "embestidas".

—Tan solo serán unos…—Se quedó callada, sin saber ella misma la respuesta—volveré ¿Vale?

Iz volvió a posicionarse frente la cara de la selatrop, por lo que Yugi debió de poner los ojos bizcos para poder seguir teniendo contacto visual con su furiosa amiga. Más esta vez la tofu se acercó demasiado, provocando mucha fricción entre sus plumas y la nariz femenina.

Yugi sintió el típico cosquilleo previo al estornudo en sus fosas nasales y antes de darse cuenta se encontraba absorbiendo aire por la boca para posteriormente liberarlo por la nariz con el acostumbrado estornudo, acción que, habría mandado a Iz a unos metros de distancia si un portal no se hubiera abierto detrás suyo para posteriormente dejarla aterrizar en su nido, donde sus hijos la recibieron entre alegres gorjeos que imitaban a risas.

Por desgracia Yugi no tuvo tanta suerte y su cabeza acabó chocando contra la mesa debido al sobresalto. Se frotó la zona golpeada y su cara se contorsionó en una mueca de dolor, justo se había golpeado con un clavo mal encajado en la superficie de madera. Las protuberancias de su sombrero estaban gachas.

Cuando Yugi salió de la cocina, fue a su habitación tan solo para coger su equipaje ya preparado desde hace semanas, llevaba tanto tiempo planeando aquello (que aunque no se hubiera llevado acabo como ella esperaba, había tenido los mismos resultados).

Pero cuando se disponía a anunciar su partida a las gemelas, cayó en la cuenta de que había otro ser al que debía informar de su marcha. Sobre soto si a su regreso no quería ser recibida con picotazos y gorjeos de enfado como la última vez.

Por ello era que se encontraba ahí, bajo la mesa habitual de Rachel, donde Iz y su pareja habían decidido construir su nido y tener sus polluelos.

—Hey, Yugi.

Hablando del rey de Bonta.

La cara arrugada y de cejas canosas de Rachel apareció a su lado, estaba arrodillada y con una mano aún sujeta a la superficie de madera sobre su cabeza.

—Hola Rachel—Devolvió el saludo, sentándose mejor sobre la verde hierba, ignorando los indignados ruiditos que emitía Iz.

La nombrada dejó de sujetar la mesa, poniéndose a cuatro patas para gatear hasta el lado de Yugi, una vez se sentó, agachando la cabeza (pues aún en esa postura se daba contra la madera), Peque colocó su cabeza sobre su regazo, esperando recibir atención por parte de su dueña.

Rachel comenzó a acariciar el pelaje del lomo de la perforatroz, sin apartar los ojos de la figura de la selatrop, quien la miraba pensando en el porqué de la actitud de la anutrof.

—¿Pasa algo? —Preguntó, viendo como pasaban los minutos y Rachel seguía observándola en silencio.

La mayor volvió su cabeza hacía el otro lado, donde descansaba el equipaje de Yugi sobre el pasto.

—¿Solo eso? —Soltó una pequeña risa—Novatas—Un bufido—. Nunca sabéis como prepararos.

Yugi notó como se le erizaba el vello de la nuca ante aquellas palabras, no era la primera vez que Aliana mandaba a su vieja amiga para hacerla cambiar de opinión, pero había confiado en que la de la semana pasada sería la última. Aquello, conjunto a la actitud despreocupada de Rachel, hizo crecer la semilla de la duda en la mente joven.

—Quiero viajar ligera.

—Quien va ligero se lo lleva el viento.

Peque asintió vigorosamente con la cabeza, dando así más fuerza a las palabras de su dueña. Los polluelos de Iz se habían acomodado en su hocico y dormían tranquilos, siendo mecidos por las respiraciones y el aliento cálido de la criatura. Iz, en cambio, seguía en el nido, acurrucada al lado de su pareja, quien parecía consolarla.

—Llevo lo necesario—Observó su equipaje, una gran mochila donde llevaba sus ropas, unas cobijas y una bolsa llena de víveres, platos y comidas que su madre le había preparado, a parte de unos papeles y una pluma con tinta, para escribir. Sin olvidar a su fab'huritu—, es más, creo que nunca he llevado tanto equipaje.

Recordó las noches a la intemperie y las búsquedas de comida por los bosques, su piel revivió el frio helador y el calor sofocante.

Sus aventuras le habían encantado, sí, pero hasta ella admitía que puede que fueron un tanto descuidados respecto su integridad tanto física como mental, por suerte Evongel, la voz de la razón, siempre los hacía darse cuenta de los errores que cometían.

Sabio Evongel y su santa paciencia.

—Mira Yugi—Rachel chasqueó la lengua, intentando encontrar las palabras adecuadas—, puede que sea mejor que te quedes un tiempo—Hablaba despacio y con calma, pisaba suelo peligroso con cada letra que pronunciaba y se notaba por la postura rígida de su oyente—, no digo que lo olvides, solo que vuelvas a pensarlo. Tienes toda una eternidad al fin y al cabo.

La rubia apretó la tela de sus pantalones, arrugándola por la presión, sus ojos fijos en sus manos, su mirada vacía y dolida, sus músculos tensos se sentían agarrotados cuando una corriente de adrenalina sacudió su cuerpo.

—¿Más? —Su voz, triste y quejumbrosa preocupó a Rachel—Ya no puedo más…—Un sollozo proveniente de Peque corto esa oración, el animal miraba con sus grandes ojos a Yugi, sintiendo su estado—Ya no puedo más Rachel, día a día, cada nuevo día me pongo una excusa diferente para retrasarlo. Primero porque no sabía cómo hacerlo, después porque no estaba lista, después vino lo de buscar los dofus para Jiven y ahora… Ahora la excusa de que me falta Adameï ¡Excusas! ¡Excusas! ¡Excusas! Sí, tengo una eternidad para hacerlo, mi pueblo tiene una eternidad para volver, pero…—Su voz se fue apagando, su voz había empezado fuerte, puede que algo brusca, pero su tono se fue debilitando, perdiendo poco a poco la fuerza para hablar de ese tema que tanto temía—Vosotros no para verlo. Rachel, algún día… algún día moriréis y yo-yo seguiré aquí. No quiero que os vayáis sin ver a mi gente, sin ver a mi familia.

Yugi sintió como un brazo pasaba por sus hombros, atrayéndola hasta el cuerpo extrañamente atlético para los años que llevaba viviendo aventuras, su cabeza dio con un pecho reconfortante donde un latido rítmico la tranquilizó. Olvidando cualquier pena que aquejara su mente en aquel momento.

Un agradable silencio se instaló y Yugi sintió como unas esponjosas bolas de plumas se frotaban contra su mejilla al tiempo que un peso extra se situó en su regazo.

No había que ser muy inteligente para saber que ese tierno cosquilleo se lo ocasionaban las crías de Iz, ni tampoco para darse cuenta de que ese aliento cálido que sentía en su vientre era la respiración de la perforatroz que descansaba la cabeza en sus piernas.

—Yugi, nosotros ya somos tu familia.

Y en ese momento, justo en ese momento.

Se sintió plena.

OOO

—Creí que nos llevaría más tiempo.

—Simplemente hemos mejorado nuestra técnica.

—Ahora pensemos ¿Cómo nos dividimos el terreno?

—No creo que haga falta.

—Expón tus razones.

—Emelka no es una gran localidad como nos hemos encontrado anteriormente, no tiene grandes extensiones de tierra pobladas, podríamos ir juntos a registrar.

—Eso nos llevará más tiempo que hacerlo individualmente.

—Hemos tardado menos de lo esperado en llegar, tan solo comento que ciertamente sería mejor. Piensa que aunque no sea muy grande, este pueblo reúne una considerable concentración de gente.

—Y siempre suelen prestar más atención a dos personas que a una sola…

—Veo que empiezas a considerar mi propuesta.

—De acuerdo y por cierto.

—¿Si?

—Yo también tenía ganas de pasar tiempo contigo.

—...

OOO

—Lo que has hecho está mal.

—No, he hecho lo correcto.

—Te dejé claro que no debías ir al mundo de las almas encarnadas.

—Y yo te recuerdo que ambos somos dioses con la misma cantidad de poder. no eres más poderosa que yo y por lo tanto no tengo porque hacerte caso.

—Pagarás caras tus insolencias.

—Pagaré lo que haga falta, con tal de seguir manteniendo viva la esperanza en las almas desamparadas de esos cuerpos hechos a imagen y semejanza de dos de nuestras hijas.

000

—No sé qué decir—Murmuro mientras sostengo las piernas contra mi pecho, abrazando mis rodillas y balanceándome lentamente.

—Tampoco es que tengas nada que contar—Dice Adamaï.

—Bueno… Ahora que lo pienso.

Adamaï se pasa una mano/pata por el rostro, mientras suspira resignado, lo saco de quicio.

—Me gustaría saber si a los lectores les gusta la elección de nombres dados.

El dragón rueda los ojos, sin querer esconder que no le agrada mi presencia.

—Claro—Pronuncia con sarcasmo—, y después querrás que adivinen quienes son los que aparecen en los apartados al final del capítulo.

—La verdad es que me gustaría…—Digo con un hilo de voz, escondiendo la cabeza en mis rodillas.

Próxima actualización 17/7/16