IV
Los aplausos hacían retumbar el lugar, la verdad es que Rachel había cantado como nunca, con aquél sentimiento raro que evocan los artistas de vez en cuando al juntar su vida personal con la escénica. Terminó su presentación y se volvió a sentir vacía, como cuando era joven y recién iniciaba su carrera, en su bolsita de mano llevaba un cheque con el donativo que daría ese día, así que busco a la organizadora del evento, el plan era entregarlo, buscar a Santana y correr de regreso a Nueva York.
La organizadora de la gala, la señora Lizalde, era una actriz de teatro retirada, a la que le encantaba el chisme y Rachel era carne fresca para criticar, observaba cada paso que daba con la esperanza de tener algún cotilleo. Afortunadamente aún no llegaba al evento cuando sucedió lo del beso, pero quería material y no le pasó desapercibido el hecho de que su invitada especial y el presidente de la fundación a la que ayudarían tenían la misma edad y eran originarios del mismo lugar Lima, Ohio; así que en cuando Rachel se acercó a ella para darle el donativo se negó rotundamente, alegando que ahí estaba el presidente de "Estrellas Doradas" y que lo buscaría para que ella entregase el donativo personalmente.
Finn seguía al pie de la puerta, deliberando qué hacer, por una parte Santana no bromeaba y de verdad había dejado desamparada a Rachel y él no podía hacer lo mismo, pero tampoco quería hacerle más daño del que ya había causado al quedarse con ella. Pensó que posiblemente algún invitado a la gala sería su amigo y podría ayudarla, así que nuevamente puso un pie fuera del sitio, justo en ese momento su celular sonó, era Christopher, su hijo
-Hola campeón
- Estás ocupado pa?
-Estoy en Columbus, en una cena ya sabes para recabar fondos…
-Sí, ya sé y por tu tono de voz supongo que estás divertidísimo
-¡ni te imaginas!
-Bueno, no interrumpo tu diversión, sólo llamaba para contarte que mamá se va todo el fin de semana de vacaciones con el "súperpadrastro" y mis molestos monstri hermanos, yo me quedo y quería saber si podía ir a "estrellas" mañana tempra, ya sabes a jugar un poco con los chavos, también ver a la abuela…no sé esas cosas.
-claro que puedes ir
-¡bien! Oye, te voy a visitar menos seguido a ver si así te emocionas más cuando te avise que te voy ver
- Chris, no es eso, por supuesto que te quiero ver, es más necesito verte, no sabes cuánto, digamos que no estoy pasando por un buen momento…
- ¡Ah! ¡Ya! Pa, yo sólo te digo lo que tú siempre me dices "todos los momentos son buenos porque son oportunidades para hacer algo bien y si algo ya salió mal es momento para corregirlo"
- ¿yo digo eso?
-¡siempre!, lo dices en tus pequeños momentos de inteligencia y supongo que son tan breves que los olvidas
- ¡Te estás pasando Chris!
- ya…ya, lo siento! (riendo)Nos vemos mañana ¿Ok?...te amo
- Yo también te amo hijo
Así era Chris, oportuno, siempre con esa sabiduría que a veces rebasaba la de su propio padre, tenía 17 años y ya postulaba para dos de las universidades más prestigiosas del país, era el gran orgullo y el gran amigo de Finn, nada más por él, no podía arrepentirse de ninguna decisión que hubiese tomado en el ayer.
Finn regresó entonces el paso que había dado, de nuevo se animó y se sintió valiente, su hijo tenía razón, tal vez era el momento de corregir, de jugar el todo por el todo; tal vez el partido que creyó perdido hace muchos años aún no acababa, y el marcador, aunque estaba en su contra podría cambiar a su favor, todo era cuestión de luchar: había tiempo, "su" Rachel estaba a unos pasos y la amaba tanto, ese amor tenía que ser suficiente ¿no?…
-¡Sr Hudson!
- ¡Sra. Lizalde!
- Lo necesitó urgentemente hay una benefactora que quiere entregarle "algo" personalmente….
- será un placer…
- ¡Señorita Berry!, mire, le presento al Sr Hudson, es el presidente de "Estrellas Doradas" aunque presiento que ya se conocen, los dos son de Lima
Rachel se asombró, conocía y admiraba las actividades de la fundación así que le parecía increíble que alguien como Finn fuera el que dirigiera ese lugar, aún así no podía evitar seguir enojada y contestó con tono desdeñoso
- No, no nos conocemos
A la señora Lizalde no le pasó desapercibido el tonito de la actriz, así que picoteó un poco más
- ¿De verdad? Yo juraría que por tener la misma edad y haber crecido en el mismo lugar…
- No, señora Lizalde, replicó Finn, Lima no es tan pequeña como usted se imagina…
-bueno, a lo que vine – dijo Rachel reuniendo todo su talento actoral - Sr Hudson me parece que su trabajo es maravilloso y me encantaría entregarle esto, no solo en mi nombre si no en el de mi familia
Finn dudo en tomar el cheque pero sabía que sus chicos necesitaban de su ayuda, no podía dejar que sus errores afectaran lo más sólido que tenía, tomó el cheque y murmuró un gracias y escuchó de nuevo a la altiva Rachel
- Señora Lizalde, mis felicitaciones por su evento, espero que recauden mucho dinero, me despido
- ¿tan pronto se va?- dijo Finn- ¿la acompaño a la puerta?
-No, yo llego sola, dijo dándole la espalda y caminando
A Finn no le importó la negativa y caminó tras ella dejando a la señora Lizalde con la palabra en la boca y con la certeza de que esos dos se conocían más de lo que ella creía.
Rachel caminaba con mucha prisa y revoloteaba los ojos por todas partes buscando a Santana, estaba tan enojada que ni siquiera notaba a Finn, hasta que oyó su voz
- Te abandonó ¿sabes?
- ¿qué hace aquí? Creí que había captado la indirecta de que no quiero saber nada de usted
-Tú ayudaste a mis niños, yo te ayudo a ti, sólo eso
- ¿de qué hablas? No entiendo- dijo con un tono más tranquilo
- si escucharas entenderías, Santana te abandonó
- ¿cómo crees, por qué haría algo así?
- tenía algo que hacer, sólo dijo eso (Finn entendió la valiosa ayuda de Santana y no quería delatarla)
- ¿Santiago?, ¿le pasó algo a mi niño? -preguntó Rachel asustada y a punto de las lágrimas
-¿tu niño?
- sí mi niño, bueno no, su niño, es hijo de Santana, pero lo quiero mucho y ha estado un poco enfermo, así que sólo se me ocurre un motivo así de fuerte para que me haya abandonado…
- No, tranquila, no creo que sea nada de tu niño porque Santana iba muy…muy… ¿feliz? (fue lo único que se le ocurrió para no preocuparla)
- ¡ah! ¡Ya! de seguro se ligó con no sé quién y claro, estás tratando de encubrirla pero me va a oír - dijo buscando desesperadamente algo en su pequeña bolsita de mano
-¿Qué buscas?
-Mi celular… Estúpida, estúpida-dijo golpeándose la frente -lo dejé en el carro, ¿me prestas el tuyo?
Finn sacó de su bolsillo el teléfono y casi se le sale una carcajada cuando vio que Rachel miraba el aparato con cara interrogante
-No sabes cómo usarlo, ¿te ayudo a marcar?
-Por supuesto que sé cómo usarlo, ¡no soy tan tonta!, lo que pasa es que no me sé el número de Santana, siempre está ahí en el celular y nunca lo leo
- por lo visto nunca lees nada, no entiendo cómo le haces con tus guiones…bueno, Santana debe tener tu celular ¿no? ¿Por qué no te marcas?
- Porque tampoco sé mi número – dijo con una vocecita apenas audible
- ok, y de casualidad ya recordaste ¿en qué hotel están hospedadas?
-no, cómo voy a recordar algo que no sé, te dije que no leí el letrero, es más no me fijé ni que ruta tomamos- de verdad Rachel se estaba empezando a angustiar
-Está bien, te dije que te ayudaría ¿no?...Vámonos
- ¿A dónde?
- A Lima ¿a dónde más? Yo no me hospedé en ningún lugar, lo único que tengo es mi casa, si nos vamos ya, no llegaremos tan noche
- no, ¿estás loco? Yo no regreso a Lima, sólo, sólo préstame dinero para irme y yo veré la forma de regresártelo…con intereses
-No tengo dinero- dijo Finn sacándose los bolsillos- sólo esto- y le enseñó el cheque que ella le había dado antes- pero no creo que ningún banco lo cambie a esta hora
- No te preocupes, mejor me regreso y veo a quién pido prestado
- y entonces quedarás como la pobre actriz que se quedó sin un centavo en el bolsillo y sé de muy buena fuente que la señora Lizalde es muy, muy…chismosa
- Sí, yo también sé eso, pero ¿Lima?...
- ¿tanto daño te hizo la ciudad para que no quieras regresara un simple pueblito?
Rachel lo pensó Lima no le había hecho nada, era Finn el culpable de que no quisiera regresar y si Finn ahí estaba, ¿a qué le temía?
- Está bien, vamos a Lima...
