Aclaración: Harry Potter ni sus personajes me pertenecen, todo es propiedad de la majestuosa J.K Rowling. De todas formas, la historia si es Mía.
Advertencia: Un poco de lemon, si no les gusta, no lo lean. Igualmente no es muy importante… aunque tampoco les gustara la pareja, pero ñeeee… ¡me arriesgaré!
¿Esta es mi verdadera Casa?
Capítulo IV: Su Harry… ¿Nuestro Harry?
Ginny seguía abrazada a su hermano en todo momento, solo lo dejaba cuando tenían que ir a clases. Algo dentro de Ronald se reconfortaba al saber que su hermana lo necesitaba, ya que siempre corría a los brazos de Fred o de George, incluso a los de Percy, dejándolo a él por fuera. Esta vez era diferente.
Por más que quisiera, no podía dejar de ver a esa niña como si fuera su verdadera hermana, puesto que además de que eran idénticas, su aura y su carácter eran iguales. La pelirroja no sabía nada de lo que pasaba, ni tampoco sospechaba, ya que le pasaba lo mismo que a Ronald.
Ginny no dejaba de ver de reojo a Harry, quien le ignoraba y se iba a los rincones más oscuros del castillo.
Hermione trataba de saber qué hacer con Harry, pues suponía que el Potter de ese mundo no actuaba de esa manera; lo decía, ya que cuando el muchacho estalló en rabia, absolutamente todos lo miraban como si hubiera enloquecido, además de que el Director Dumbledore lo estaba buscando para hablar con él.
Era una locura.
- ¡Mione! – le gritó un chico, parándola. La muchacha lo miró, le sonrió y lo saludó como lo solía hacer.
- Hola Fred, ¿Qué necesitas? – preguntó amablemente, empezando a caminar junto al mayor. Fred se estiró.
- Pues es que George y yo estamos buscando a Harry – confesó, dándole una radiante sonrisa.
- ¿Se enteraron, no es así? – cuestionó. El Gemelo miró al suelo y suspiró.
- Nunca me lo esperé de Potter… él se veía tan… amable y cariñoso.
- Será porque no es su Harry – masculló por lo bajo, pero no lo suficiente para que su acompañante no escuchara.
- ¿Nuestro Harry? – levantó una ceja. Ella se paró en seco y se tapó la boca, con las mejillas ardiendo en un lindo color carmesí - ¿Hermione?
- Me tengo que ir – mintió, dándose la vuelta, lista para irse.
Sin embargo, un brazo en su estomago le impidió que se moviera. Luego de un segundo, Granger se encontraba siendo cargada a modo princesa por Weasley, quien caminaba por los pasillos como si nada, sin darle importancia a las miradas ajenas. Fred se encaminó hacia un árbol alto y frondoso; sentó con delicadeza a Mione bajo su sombra, para después sentarse él.
- Fred, me tengo que ir – repitió angustiada.
El cabello del chico tenía un extraño y atractivo brillo, sus ojos se iluminaron, dejando ver el bello azul claro de estos. Su mirada se plantó en la joven, intimidándola. El corazón de Granger estaba a punto de salirse de su pecho.
- No hasta que me expliques lo que dijiste hace rato… - Hermione iba a hablar para negar lo dicho, pero él la interrumpió – y no me digas que escuché mal o algo por el estilo; ustedes han estado actuando muy raro, Harry, mi hermano y tu.
- Fred… - susurró con un tono de ruego.
- ¿Vamos?, ¿no confías en mi? – se recostó en el tronco del árbol, poniendo sus brazos detrás de su cabeza y cerrando los ojos, esperando pacientemente que la fémina hablara.
- No me dejaras hasta que te diga, ¿no es así? – su tono afirmaba su derrota. Mentalmente se regañaba a sí misma, pero es que ese chico la volvía loca.
- Venga, vamos… no hay nada de que temer.
- Bien, si te digo… júrame que no le dirás a nadie – intentó parar, pero las palabras salían solas de su boca.
- Sabes que no lo haré – se enderezó, posando nuevamente la mirada en ella – nunca lo he hecho… tal vez solo a George, pero a más nadie.
- Bueno, ¿por dónde empiezo? – se preguntó, jugando nerviosamente con un mechón que le caía al lado de la cara. Fred rió.
- Por el comienzo – dijo como si fuera lo más obvio. Luego guardó silencio, al ver la mirada que le había dedicado la mejor amiga de su hermano.
- A ver. Iré al punto – cogió aire, soltando al segundo – Harry, Ronald y yo no somos de esta dimensión.
- ¿Pero qué dices? – la miró iluso, pensando seriamente que le estaba gastando una broma pesada. Pero su opinión cambió al ver el temor, la seriedad y la verdad en los castaños ojos de Granger - ¿pero cómo? ¿de verdad? ¿Cómo estas tan segura de eso?
- En primera, no sabemos cómo llegamos aquí. En segunda, es la verdad, aunque es un poco difícil de creer. Y en tercera, estoy muy segura, pues en mi… mundo o universo o como sea, todo es muy diferente a este.
- ¿Me das un ejemplo?
- En mi mundo, yo fui seleccionada a Ravenclaw, Ronald Weasley para Hufflepuff, como toda su familia – Fred abrió los ojos impresionado, no esperaba eso – y Harry Potter… para Slytherin, como las últimas dos generaciones de su familia.
- Ron, me alegra tanto que por fin te hayas fijado en mí – admitió con voz risueña, abrazando el cuerpo del chico como si la vida se le fuera en ello.
- Si, si… oye, ¿tú y yo somos algo más que amigos o…? – no quiso sonar descortés, pero esa situación ya lo estaba empalagando mucho, era como salir con Lavander.
- Pues hasta el momento, solo amigos… pero si quieres, podemos ser algo más – se adelantó, plantándose al frente del Weasley. Sus ojos mostraban felicidad, mientras que los de Ronald asco.
- ¿Sabes? Tal vez si – dijo, tomando repentinamente en cuenta en los sentimientos de su alter ego – pero todavía no, te lo quiero pedir de una forma… más especial.
- ¿De verdad?
- De verdad – afirmó, besando velozmente la frente de la chica – ahora, si me permites, tengo que hablar con un… amigo, para hacer una tarea.
- ¡Pero me prometiste que pasaríamos lo que quedaba del día juntos! – Hannah hizo un puchero que probablemente el Ronald de ese mundo hubiera encontrado gracioso y lindo, sin embargo, él lo encontró fastidioso e irritante. Se tenía que deshacer de Abbott a como diese lugar.
- Mejor cambiemos el trato – se acercó juguetonamente al oído de la chica, pegándola suavemente contra la pared – si me dejas ir, la noche de mañana, será toda nuestra – se separó sonriéndole, escondiendo toda muestra de repulsión hacia sus propias palabras.
- ¿Cómo aquella noche? – se mordió el labio, pegándose ahora ella a él.
- ¿Cómo esa noche? – repitió en voz baja, poniendo una mueca de traumatismo, la cual cambió rápidamente al percatarse de que Hannah le seguía viendo – quiero decir… exactamente.
- ¡Bien, entonces, hasta mañana en la noche cariño! – besó felizmente los labios de Ronald, para luego irse dando saltos de alegría por el pasillo.
Ron se quedó allí, mirando por donde se había ido la muchacha. Tocó con la yema de sus dedos su labio inferior, haciendo énfasis en el lugar donde los labios ajenos se habían aplastado contra los suyos. Una corriente en su espalda le hizo enderezarse, sacudiendo la cabeza para despejar los pensamientos de poca importancia.
- Es más dulce que besar a Lavander – masculló por lo bajo, dándose la vuelta para devolverse e ir a hablar con Harry.
- ¿Verdad que si? – dijo la persona que tenia al frente, topándose con nada más y nada menos que con Neville Longbottom.
- ¡Neville! – exclamó con sorpresa y alegría el pelirrojo, sonriendo de oreja a oreja. El gesto que recibió a cambio, fue de fastidio.
- Permiso – iba a pasar por el lado de Weasley, pero este no se lo permitió – dije: permiso.
- ¿Qué pasa, Neville? ¿Por qué estas enojado conmigo? – estiró ambos brazos, negándole el paso al Gryffindor. Longbottom suspiró hondo, mirándolo nuevamente pero ahora con un ademan de arrepentimiento.
- Lo siento, Ronald, no quise ser así de cortante contigo – de pronto, los ojos de Neville se humedecieron. El chico se sentó en un murito, cubrió su redonda cara con sus manos y empezó a sollozar débilmente.
- Vamos amigo – lo animó Ronald, sentándose a su lado y sobándole la espalda – no te pongas así, cualquiera que sea tu problema, se podrá solucionar.
- N… no tiene solución – respondió, respirando y exhalando con pesadez – ella nunca me va a querer.
- ¿Ella? – cuestionó confundido Weasley - ¿hablas de Abbott?
Neville asintió en silencio y un poco sonrojado, volviendo a tapar su cara con sus manos.
- E… ella… te quiere… a ti – sollozó un poco más fuerte. Ronald se preguntaba del porque este Neville era tan sensible.
- Pero yo no a ella – Neville se destapó la cara y le miró iluso.
- ¿No? ¡Pero si te escuché hablando con tus hermanos que le pedirías noviazgo!
- Si… pero ya realmente no sé que siento – miró a otro lado, maldiciéndose a sí mismo y a su gran bocota.
- Entonces… ¿no estás seguro de amar a Hannah? – preguntó ilusionado. Esa chica empezó a ser su debilidad desde el año antepasado.
- Si, de hecho, creo que le quiero como a una amiga – contestó, sonriendo abiertamente – de igual manera, yo ya tengo a otra.
- ¿Estabas saliendo con Hannah y con otra chica al mismo tiempo? – indagó, levantando una ceja. Parecía incrédulo y algo molesto.
- ¡No, no, no! ¿Cómo crees? – sus mejillas ardieron. Se puso de pie y se alejó un poco. Neville no se movía de su sitio, ni quitaba esa mueca – lo que trato de decir… - retomó, relajando el gesto del Gryffindor –… es que si quieres a Hannah, deberías decírselo y dejar de andar con tantos rodeos, no vaya a ser que otro chico te gane.
- Hannah no es ningún premio…
- ¿Me estas entendiendo lo que te quiero decir o no? – cortó bruscamente, haciendo estremecer a Longbottom por el repentino cambio de tono.
- Si – contestó con simple pero en voz baja.
- Perfecto – sonrió – vete y reflexiona en lo que le vas a decir, antes de que sea demasiado tarde.
- Gracias Ronald.
- No hay de qué. Y por cierto, no me llames así, es muy formal... dime Ron, mis amigos lo hacen – confesó, despeinando el arreglado cabello del chico.
Su sonrisa se desvaneció al ver que entre los despeinados cabellos de Neville, sobresaltaba una brillante cicatriz en la frente; cicatriz que reconocería en cualquier lado y en cualquier circunstancia… era la misma cicatriz que poseía su mejor amigo en la frente, que era en forma de rayo o trueno. Fingió no haber visto nada y volvió a sonreír, aunque ahora era forzada.
- Está bien, Rona… Ron – se corrigió rápido, quitándose la mano de su nuevo amigo de la cabeza, acomodándose el cabello, volviendo a ocultar su cicatriz.
- Bueno – aclaró la garganta, suspirando disimuladamente – ya nos veremos por ahí.
- Probablemente en los entrenamientos de Quidditch, ya sabes, con eso de que ahora eres cazador – sin percatarse, Neville le estaba dando valiosa información al pelirrojo.
- Entonces nos veremos en los entrenamientos – le sonrió.
Se dio media vuelta y se fue por el lado contrario del pasillo en que se iba Neville. Miró al techo y sacó todo el aire que había retenido, ya sea por los nervios o por las sorpresas… y vaya sorpresitas se había llevado esa media tarde.
Sentado en el patio, mirando como el sol se ponía en lo más alto del cielo, repasó todos los datos que tenía hasta ahora. Al final, se recostó en la columna de piedra, cerrando los ojos y quitándose las gafas para descansar los ojos.
Ser un astuto Slytherin fingiendo ser un despreciable Gryffindor era agotador.
¿Cansado? ¡por supuesto!, y por lo que veía en su horario, le quedaban aproximadamente tres clases más, y una de ellas era pociones… otra vez. No es que le molestara ver a su padrino una vez más, lo solía ver cada vez que iba a las reuniones que organizaba la familia Malfoy o Black, incluso en las que organizaba sus padres; los Potter, lo que le fastidiaba de eso, era que Severus hacia como si no lo conociera y le detestara… más de lo normal.
Hablando de sus padres, ¿Por qué no le habían escrito? Si en el suyo su mamá se encargaba de mandarle cinco cartas al día cuando no estaban en el castillo, ¿será que el Harry de ese mundo no tiene una buena relación con sus padres?, bueno, no es que él tenga la mejor relación familiar del universo, sin embargo se seguían hablando y dándose cariño.
Una mano en su hombro le sacó de sus pensamientos.
- ¿Harry?
Voz reconocida.
- ¿Qué quieres? – aunque sabía que tenía que tenerle respeto por ser mayor y por ser el Director del colegio, no podía evitar contestarle secamente.
- Hablar contigo, últimamente veo que te estás alejando mucho, y en mi noble opinión, eso es algo preocupante – se sentó al lado del chico, mirando también el paisaje.
- ¿Por qué tan amigable de repente? – se burló, mirándolo con sarcasmo - ¿Qué acaso mi mamá lo mandó a hablar conmigo? – no sabía si su yo de ese mundo era así de patán como lo era él, pero no le importó mucho.
- Dime algo Harry… ¿estás bien? – preguntó tranquilamente, plantando su mirada en la del joven Potter.
- ¿Por qué no habría de estarlo?
- Tú no eres de nombrar mucho a la querida Lily – recordó, sonriendo - ¿habrá pasado algo en especial para recordarla en este bello día?
- No se haga, Director – parecía que estaba escupiendo las palabras – mi mamá le mando a hablar conmigo, siempre que usted me habla es por culpa de ella.
Albus se quedó en silencio, buscando algún indicio en su mirada que le dijera que era una broma. Continuó unos minutos más para confirmar sus sospechas, manteniéndose en silencio. Harry tampoco decía nada.
- Dígame señor Potter – pidió amablemente, aunque estaba inquieto - ¿de dónde viene usted?
- ¿Cómo que de donde vengo? – ironizó, observándolo como si estuviera loco – pues de mi casa, a menos que se esté refiriendo a otra cosa.
- Nombró a su madre, la señora Lily Potter – siguió hablando - ¿Dónde está ella en estos momentos?
- Pues yo que sé, ¿en la casa de Sirius?, ni siquiera me ha escrito.
- Última pregunta: ¿Quién es verdaderamente usted?
Harry se puso de pie y se fue por el pasillo, dejando al viejo Director sentado allí. Albus ni le miró, estaba más que seguro que ese Harry no era el Harry que él conocía, no era su Harry.
Potter caminaba por los largos pasillos, refunfuñando toda clase de cosas inentendibles para los que estaban a su alrededor, quienes le ojeaban con confusión. Una voz chillona y algo dulce lo llamó, parándolo en seco.
- ¡Hasta que por fin te encuentro! – anunció al pararse en frente de él. Era su "amiga" Cho Chang.
- ¿Qué quieres Cho? ¿no ves que no estoy de buenas?
- Pues eso ya lo sé, por eso viene, me estaba preocupando por ti – se acercó hasta él y le colocó con delicadeza un dedo en el pecho – no es bueno preocupar a una dama, tonto.
- ¿Y eso a ti qué?
- Ya basta Harry, estas actuando muy extraño – la sonrisa de la chica cambió por un gesto de curiosidad y tristeza, cosa que Harry no entendió muy bien.
Por otro lado, en vez de contestarle y decirle que le dejara en paz, se fijó en que llevaba puesto su típico labial de olor a fresa; el cual siempre usaba cada vez que quería hablar con él, o más bien, provocarlo. Y esta vez no era la excepción. Su yo de este tiempo seguro todavía no se había dado cuenta de eso.
- ¿Harry? – llamó suave, acercándose a la cara del ojiverde.
Sin perder más tiempo, la tomó de la mano y por fin la acercó a su cara, atrapando sus labios. Era un beso salvaje y necesitado (por parte de Cho, ya lo anhelaba desde hace tiempo, y por aparte de Harry… porque necesitaba desahogarse con alguien). Acercó lo más que pudo a la chica a su cuerpo, tocando su espalda, pegándola contra una de las barras que estaba allí.
- ¡Harry! – exclamó sorprendida pero para nada ofendida. Desde luego, ya ni llevaba la cuenta de cuantas veces había soñado con ese momento; con el momento en que Potter quisiera besarla - ¿qué estás haciendo?
- ¿Tu qué crees? – dijo con sarcasmo, jugando sin descaro con la corbata de la joven - ¿quieres que pare? – las mejillas de la asiática enrojecieron – eso pensé. Ahora, déjame a mí divertirme, o paro.
Y en nombre de esa amenaza, junto con los lujuriosos deseos de Chang, Potter se dedicó a relajarse un buen rato, disfrutando besar y escuchar los jadeos en su oído por parte de la chica.
El Harry de ese mundo era un idiota por no aprovechar esas oportunidades.
Harry estaba caminando en círculo en su supuesto cuarto en las mazmorras, leyendo y releyendo la carta, sin creerse nada de nada. ¿Cómo reaccionar al saber que sus padres estaban vivos?, de igual forma, eso no era lo que le perturbaba, ¿Cómo reaccionar al saber que tu madre le estaba siendo infiel a tu padre con quien sabe quién?
Harry no sabía como, por lo que estaba traumado.
- ¡Potter! ¡deja de caminar en círculos que me mareas! – protestó el rubio, ingresando en la habitación con una sonrisa burlona.
- ¿Qué quieres, Malfoy?
- ¿Estas en tus días o qué? – rió, se sentó en la cama y se acostó.
- ¿No vamos a ir a comer? – preguntó Harry, parando de caminar.
- ¿Deberíamos?, tu nunca quieres.
- Pues hoy si quiero, así que… andando.
Potter salió de la habitación, siendo seguido por un cansado y malhumorado Malfoy. Se dirigieron hasta el Gran Comedor, donde se encaminaron hasta la mesa de Slytherin, sin embargo, Harry se tropezó con alguien que se estaba retirando del Comedor.
- Lo siento – se disculpó, levantando la mirada para observar con quien se había golpeado.
- No hay… - ella también levantó la mirada, congelándose al segundo.
Los ojos azulados (me estoy guiando por las películas, en los libros son marrones) de ella miraban atentamente las perlas verdosas de él. Su pelo rojo, su blanca y suave piel ayudaron a reconocerla al instante, aunque le era difícil no hacerlo, cuando llevaba desde los once años viéndola.
Era Ginevra Weasley con quien había tropezado, para bien o para mal.
- Ginny – susurró casi en un suspiro.
- ¡Ginny, deberías tener más cuidado! – le reprendió su hermano Ronald, llegando hasta donde ellos. Le dirigió una mirada a la chica, y luego a él.
- ¡Ron! – exclamó feliz, sonriendo.
- ¡Harry!.
- ¿Se conocen? – preguntaron al unisonó Ginny y Draco, quienes inmediatamente se miraron asqueados.
- ¡Harry, mejor nos vamos, no tenemos que perder tiempo con estos traidores! – sugirió el otro Slytherin, yéndose para la mesa de las serpientes.
Echándoles una última mirada, siguió a Draco para no levantar sospechas, puesto que ya muchos estudiantes tenían la atención puesta en ellos cuatro. Ginny se levantó del suelo y salió del Gran Comedor, Ronald se fue para la mesa de los tejones.
- Tan disimulados, como siempre – masculló con fastidio y sarcasmo Hermione, sentada en la mesa de las águilas.
Ella no era la única que lo estaba pasando de lo peor.
Buenas, buenas Queridos lectores.
Espero que les esté gustando la historia.
Y si, lo sé, ¡a mí me encanta arriesgarme! Pero es que… no sé, me inspiré y lo escribí. Así que ¡PERDONENME LA VIDA!
Les vuelvo a pedir disculpas por cualquier falta ortográfica o letras demás.
Manifiesten su agrado con la historia con un Review. Todos los comentarios constructivos son aceptados, ya sean negativos o positivos.
Nos observamos luego, lectores felices ;).
¡Un beso!
