Capítulo IV: No quiero ir y no me vas a obligar
James estaba histérico dentro de la habitación, ni siquiera se había percatado que sus padres y su amigo la habían abandonado. El seguía maldiciendo como si todavía estuvieran ahí, sentía el pecho pesado, como si una garra le oprimiera los pulmones y no le dejara respirar.
Se tiro contra las paredes en su arranque de ira, arañándolas, lanzando golpes y gritando como una fiera siendo sometida, llego un momento en el que estaba de rodillas al suelo, golpeando con sus puños manchados de algo húmedo que no lograba identificar.
Sentía la cara húmeda también, y caliente, la rabia le corroía las venas y lo único que quería hacer era liberar toda esa tensión.
Por un momento pensó que se iba a morir y la idea le dio risa, le tomo desprevenido, comenzó a ponerse impaciente, se miro las manos una vez que la rabia se había ido lo suficiente como para dejar de golpear el suelo, estaban manchadas de rojo, las puntas de los dedos era simples muñones de carne enrojecida y las uñas estaban roídas hasta la cutícula sangrante, manchados por todos lados de sangre.
Le parecían extraños, como si fueran las manos de otras personas y por un momento, algo en su cabeza le dijo que era verdad, que esas no eran sus manos.
Movió los dedos, mirando fascinado como estos se movían frente a él, como si no pudiera creer que realmente hicieran lo que él les decía que hicieran, se llevo las manos a la cara y comprobó que la humedad que sentía eran lágrimas.
No sabía cuando era que había empezado a llorar. Una sensación de pánico le inundo por completo, un terror absoluto que nunca antes había sentido le comía los huesos.
Se levanto del suelo desesperado, recordando vagamente que ya no tendría que estar más en ese lugar, se abalanzó contra el mueble que había al otro lado de la habitación.
Ahí había visto poner toda clase de cajas que contenían medicinas, a la enfermera, rogando por que hubiera algo lo suficientemente fuerte como para noquearlo unos momentos, comenzó a rebuscar entre los cajones.
Estaba buscando frenéticamente, no podía encontrar nada, solo cajas vacías de medicinas, no había nada más, estaba comenzando a asustarse de verdad, el pánico que antes sentía como un peso en el alma comenzó a ir más allá, de repente la idea de morirse dejo de darle risa y unas interminables ganas de llorar sustituyeron la rabia que momentos antes había sentido.
Encogió las manos hacia su pecho siendo consiente por primera vez del dolor que sentía en los dedos sangrantes, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas y un dolor espantoso lo recorrió por todo el cuerpo hasta el último rincón.
Se dejo caer lentamente contra la pared que tenia atrás hasta quedar sentado y comenzó a llorar a lágrima viva, los sollozos salían de su garganta sin control y James solo atinaba a arrebujarse contra su suéter, tenía frío, mucho frío.
Fuera de la habitación Dorea, Charlus y Sirius hablaban con el doctor Sullivan, con los gritos de James al fondo, se escuchaba como un animal herido y Sirius sintió un escalofrío en la espalda, estaba tratando por todos los medios de ignorar lo mejor que podía esos gritos tan desesperados, primero eran insultos, luego simples gritos, sollozos, gritos desesperados e incoherentes.
Por un momento sintió el impulso de regresar a la habitación pero sabía que si lo hacía solo se causaría más dolor a sí mismo.
-Doctor Sullivan, estamos dispuestos, mi esposa y yo a firmar los papeles en cuanto James este mejor, entre más pronto este ahí más rápido pasara todo esto.-
-Señor Potter, tengo aquí mismo los papeles, si desean firmar en este momento, James puede estar por la tarde en Hogwarts, solo es cuestión de que llame al centro y ellos mandarán a alguien para recogerlo.-
Sirius miraba expectante a los señores Potter, ambos con el rostro marcado por un profundo dolor, no sabía qué hacer consigo mismo, estaba demasiado abrumado por los golpes y los gritos que James.
Un estremecimiento lo recorrió cuando los gritos cesaron, y los cuatro voltearon hacía la habitación que se había quedado repentinamente en silencio.
Dorea ahogo un grito y se llevo las manos a la boca con una expresión de completo terror en el rostro. Sullivan volteo inmediatamente a la habitación de James y sin mediar palabra alguna con alguno de los tres, se metió en la habitación. Salió apenas lo suficiente para gritar a uno de los enfermeros que pasaban por el pasillo.
Cuando Charlus entro a asegurarse del estado de salud de James, vio como el doctor Sullivan y el enfermero estaban inclinados en la cama de James, tratando de ponerle el intravenosa mientras este se retorcía de un lado a otro en una extraña mezcla de risas y llanto.
Cuando James estaba de nuevo en su cama, sedado, salió el doctor Sullivan no sin antes advertirle al enfermero que se quedara junto a Potter y que si despertaba que no lo dejara que se sacara la intravenosa.
-Bueno, si quieren firmar aun tengo los papeles conmigo, lamento mucho su situación señores Potter, James puede estar todo lo bien de salud que puede estar alguien en su situación pero mentalmente está mal, me refiero a que de seguir como esta, el síndrome de abstinencia terminara por acabar con él, lo que necesita es ir al centro de rehabilitación, ahí sabrán que es bueno para su caso.-
Sullivan hablaba como si realmente estuviera apenado por el caso de James, y a Sirius le cruzo por la mente la idea que realmente fuera cierto. Comenzó a rebuscar entre los bolsillos de su bata blanca, saco un bolígrafo y sobre una hoja blanca sostenida por el pisapapeles, comenzó a garabatear unas cosas.
-Si los hace sentir mejor, puedo pedirle a la psiquiatra del centro que le dé un vistazo a su hijo, normalmente esperan unos cuantos días para mandar a los pacientes a psiquiatría, pero bueno, ella podría atenderlo esta misma tarde.-
-Es...eso…estaría bien, gracias doctor Sullivan.-
El doctor le paso los papeles a Charlus junto con el bolígrafo que tenía en la mano para que los firmara.
Un frio vacio se asentó en el estomago de este mientras firmaba, le paso las hojas a su esposa que le devolvió una mirada preocupada.
Sirius estaba pegado a la venta de la habitación, mirando hacia adentro. Podía ver a James en su cama, tranquilo, con la misma piel pálida de hace dos semanas, con las ojeras debajo de los ojos, incluso desde donde estaba podía ver el aura de melancolía y desespero que ahora desprendía James todo el tiempo.
Tuvo que hacer de tripas corazón cuando el doctor Sullivan se había ido a informar al centro que podían ir por James, ardía en deseos de sacar de ahí a su amigo, de llevarlo a casa, hacer lo que ellos siempre hacían.
-Duele mucho ¿eh Sirius?-
El señor Potter estaba detrás de él, con una mano en su hombro, ni siquiera se había percatado de que siguieran ahí.
-Bastante, es bueno que pueda tener una segunda oportunidad Charlus, todos merecemos una, solo espero que este idiota no vuelva a meter la pata.-
Charlus le sonrió de medio lado y le palmeo el hombro.
-Me parece que es mejor que vayamos a casa a descansar un poco, no vendrán por el hasta dentro de unas horas.-
Dorea estaba de pie al lado de ellos, con los ojos rojos y su voz había sonado estrangulada cuando había hablado.
Sirius solo podía pensar en que cuando llegara a casa solo querría darse un baño de agua caliente y dormir, algo que no había hecho en muchos días, que a él le parecían meses.
…
Unas horas después, los tres volvieron a reunirse en la sala del hospital. Ya descansado unas cuantas horas, ninguno se sentía ni de cerca lo cansado que se habían sentido antes, como si parte de la tensión que habían sufrido se hubiera esfumado apenas pasados los primeros minutos de sueño que obviamente necesitaban.
Sirius llevaba una pequeña mochila al hombro con las cosas más básicas que pensó que James podría necesitar, bastante ropa interior, un par de camisetas, pantalones, su cepillo de dientes, etc.
Cuando llegaron a su habitación había un claro revuelo, se escuchaban gritos y forcejeos.
Los tres contuvieron el aire antes de entrar en todo el jaleo de la aparentemente abarrotada habitación.
No se equivocaban, había tres hombres de uniforme azul celeste y gafetes colgaban de sus cuellos, tratando de hacer entrar en razón a James para que saliera de debajo de la cama, el más alto de los tres se acerco a ellos con una sonrisa afable en el rostro. En su gafete se podía leer: "Remus J. Lupin, jefe de enfermeros".
-¿Son ustedes los parientes del señor James Potter?-
Los tres asintieron con la cabeza, a pesar de que Sirius solo era su amigo. El chico, que no parecía tener más edad que James o Sirius, soltó un suspiro de alivio.
-¿Podrían decirle que salga de debajo de la cama por favor? Tenemos treinta minutos queriendo sacarlo y cada que uno se le acerca, lo amenaza con un trozo de porcelana roto.-
Sirius negó con la cabeza en un claro gesto de derrota, al parecer la enfermera no había retirado el florero.
-¿James? ¿James, porque no sales?-
Sirius trataba de sonar lo más amigable posible.
-Sirius no soy idiota, sé que me van a llevar y no quiero.-
-Bueno, está bien, no eres idiota, pero te comportas como uno.-
-No quiero ir a ese lugar.-
-Tienes que ir.-
-Pero no quiero y no me vas a obligar, ni mi madre ni tú.-
-No tienes cinco años, sal de ahí.-
-Cierto, no los tengo, así que deja de hablarme como si fuera un niño que estuviera escondido debajo de la mesa y no quisiera irse a bañar.-
-Dejaré de hablarte así cuando dejes de comportarte como un niño que estuviera escondido debajo de la mesa y no quisiera irse a bañar, que por cierto lo ultimo no te haría daño.-
A modo de respuesta, por el suelo salió barrido un trozo de porcelana roto, después de unos minutos en los que pensaron que James podría salir a voluntad propia sin tener que hacer que los enfermeros lo sacaran a rastras, se dieron cuenta que eso no iba a suceder.
Potter chillaba y se retorcía en los brazos de los enfermeros mientras estos hacían todo lo posible por sacarlo de la habitación sin recibir ninguno de los múltiples golpes que James lanzaba a diestra y siniestra, además de las amenazas de escupitajos y mordidas que también prodigaba.
Sirius le paso la mochila de James a Lupin antes de que salieran a la calle, Dorea y Charlus estaban parados en la acera, mirando a James siendo subido en la camioneta del centro, ambos con los ojos rojos e hinchados.
-¿Cuándo podremos verlo?-
-No lo sé, eso siempre depende del paciente, pero me parece que en unos cuantos meses, podría estar lo suficientemente bien como para recibir visitas. Con su permiso.-
Los tres se quedaron agazapados en la acera viendo al enfermero subirse a la parte delantera de la camioneta, viendo a James alejándose.
Se que los capítulos están siendo muy cortos, pero la verdad es que en word se ven mas largos D: bueno, espero que les guste este capítulo, no se si habrán dado cuenta de el intento de humor en la parte en la que James habla con Sirius, si les pareció un disparate, sepan disculpar, tengo el sentido del humor de una tortuga con amnesia :I bueno, me he dado cuenta que tengo a dos en favoritos y dos en seguidores, gracias :D aun que no me dejen reviews al menos se que están por ahí, leyendo todas mis tonterías, gracias, y bueno, me gustaría que dejaran algun review, ya saben, alguna sugerencia, alguna queja y/o pregunta, con toda confianza :) y bueno, eso es todo por ahora, supongo que quizá el viernes subiré el otro capítulo, en el que al fin sale nuestra querida Doctora Evans (a mi no me engañan, aun que no me digan nada percibo la duda de ¿cuando diablos saldrá Lily?) bueno, hasta la próxima :D
Diana L. Black
