El talento de zarina - Final alternativo
[Zarina]
Fui a casa de Tink para contárselo a mi querida, pero cuando entré rápidamente en su casa, escuché un chillido.
—¡Peri!— abrí la puerta de su habitación, y deseé no haberlo hecho. Estaban semidesnudas, alteradas, despeinadas, con la cama revuelta, a medio vestir.
—A-a-ah… no te hagas una idea equivocada, es gracioso porque-— corté lo que fuera que me estuviera diciendo Tink.
—Peri. Lo he conseguido, Sara ha vuelto— dije, como si no estuviera pasando nada, tratando de asimilar.
—¿D-de veras? Me-
—¿Q-qué estabais haciendo?— tenía que haber una explicación, no podía hacerme eso.
—E-esto… no, esto no- S-sólo…— era incapaz de decir nada.
—¿Habéis tenido sexo? ¿Es eso? ¿Eso es lo que hacéis por la mañana cuando no estoy?— empecé a sentir que el mundo se hacía pedazos.
—S-sólo nos besábamos… sin ropa, no hemos hecho nada más, te lo juro— no fui capaz de creerla.
Salí de allí, no quería hacer daño a ninguna de las dos y mi furia estaba creciendo sin control. Volé hacia la playa sabiendo que no podrían seguirme, y me senté bajo una hoja, en la arena. ¿Cómo pudo pasar?
Tenía asumido que se llevaban mejor que las mejores amigas, pero porque eran hermanas. Sara y Luna retumbaron en mi mente, ¿era precisamente por eso? ¿por el hecho de ser hermanas? ¿por ser uña y carne? ¿por ser inseparables?
Lloré al darme cuenta de que no podría hacer nada contra eso, Peri siempre preferiría a su hermana, de hecho, siempre lo hizo, no sé cómo no me di cuenta antes.
¿Estuvo conmigo porque no podía estar con ella por culpa de las estaciones? Posiblemente sí, me reí por descubrir por qué tardaron tanto aquél día que durmieron juntas. ¿Cómo no me di cuenta? si le regaló hasta un juguetito sexual.
Aprendí una lección muy importante en aquél momento, y era que el amor que había entre hermanas tenía mucho más poder que cualquier polvo de hada.
Me quedé vacía. Muerta por dentro.
Lo más irónico, fue que cuando volviera al laboratorio me encontraría otras hermanas inseparables que me recordarían a Peri, no podía volver allí.
¿Qué me quedaba entonces? ¿Vivir sola, usando mi talento junto a la reina? Después de aquella aventura, la vida me sabría insípida, nada tendría color para mí.
Seguí llorando, porque Peri era lo mejor que me había pasado en la vida, no me creía capaz de hacer el amor con nadie más que ella, no sabría amar si no era por ella. ¿Qué iba a hacer ahora?
¿Tenía que afrontar los cambios? ¿aceptar la derrota? ¿era un obstáculo para su relación?
Escuché sus voces chillando mi nombre, deprimiéndome aún más. Me levanté sin ganas, y volé hacia ellas. Pensé que si se quedaban a vivir en Invierno las dos no tendría que volver a verlas.
—Menos mal Zeta, tenemos que hablar sobre lo de antes— Peri me agarró del brazo con todas sus fuerzas, llevándome a casa de Tink.
—¿Es necesario? Ni que-
—¡Sí!— respondieron las dos a la vez.
Me metieron dentro, y esperé a ver qué decían sin nada de esperanza. En términos generales, Tink se sentía atraída por Peri, pero Peri no, ella supuestamente me quería a mí, no supe si creérmelo. Tink la convenció para darle un beso, y las cosas se empezaron a torcer. Me pregunté hasta dónde habrían llegado si no las hubiera interrumpido.
Les dije que si querían estar juntas que no se preocuparan por mí, que ya me buscaría la vida. Peri no se defendió bien, escogió unas palabras poco claras.
—Quieres hacer un diario como Sara y Luna ¿no? Porque eso es lo que me estás diciendo.
—¡No es eso! Lo que digo es que me gusta hacer cosas con Tink, porque es mi hermana, pero no me gusta enrollarme con ella, te prefiero a ti.
—Y tengo que creerte porque…
—¡Confía en mí! Iba a decírtelo todo cuando volvieras, pero apareciste en un mal momento…
—Ya, entonces ¿nunca os habíais besado hasta hoy?
—¡No! Bueno, una vez sólo, después de que me ayudaras con mi problema…
—Anda que tardaste eh, por eso queríais dormir juntas ¿no?
—¡Que no! No hicimos nada, sólo hablamos hasta las tantas… ¿por qué no confías en mí?— sus ojos ya estaban encharcados.
—¿Por qué dices? ¿Te das cuenta de lo que me estás diciendo?
—¡Es la verdad! ¿Qué quieres que le haga? Yo te quiero a ti, ¿por qué te cuesta tanto creerme?
—Porque estáis hechas la una para la otra ¿quizás? Porque en el fondo la quieres más a ella ¿tal vez?
—¡Eso no es verdad!
—¿Ah no?
—¡No, claro que no! ¡Te escogería mil veces antes que a Tink joder! ¡Te quiero más que a nada en el mundo y odio pelearme contigo!— sus ojos lanzaban lágrimas al parpadear. —No me dejes por esto por favor… sólo quería ayudarla…
—¿Y qué quieres que piense ahora cuando te deje a solas con Tink eh? ¿cómo sé que no me mentirás?— sus llantos le hicieron imposible responder.
—Ha sido culpa mía Zeta, no la tomes con ella, por favor. Trataré de… entretenerme con alguien si así estás más tranquila y… no vendré tanto en Invierno, pero perdónala… no sabes lo importante que eres para ella…— las sinceras palabras de Tink me llegaron al corazón, hablaba por las dos con ese tono de voz, decía la verdad.
Unos largos segundos después, asentí.
¿Sería posible que el amor de Peri fuera mayor que el que siente por Tink? La abracé para comprobarlo, y sus llantos me recordaron a los de Luna.
—Lo sie~ento…— dijo ahogando su voz en mi pecho.
Aún así, aún con todo, Peri seguiría necesitando el amor que le daba Tink, estaba segura. ¿En qué posición me dejaba eso? ¿Sería capaz de compartirla de alguna forma?
—Peri… ¿sabías que Tink quería… enrollarse contigo?
—Me lo ha dicho hoy, después de ir a por los diarios… Iba a decírtelo, te lo juro…
—Vale… Tink, no quiero que dejes de venir a Invierno, tampoco quiero obligarte a que dejes a querer a Peri… las dos os necesitáis, y me parece bien que seáis tan íntimas, sólo te pido una cosa Peri. Quiero que seas totalmente transparente conmigo, aunque haya cosas que no me guste escuchar, aunque me vaya a enfadar, dímelas. Sólo así seré capaz de confiar en ti.
Se separó un poco de mí, mirándome, agradeciéndomelo con la mirada.
—Entonces… te… mentí cuando dije que no me gustaba enrollarme con ella, sí que me gusta, pero te prefiero a ti…
—¿Estás segura?— pregunté, con calma.
—Sí. No sé si podría escoger entre las dos, pero prefiero hacer el amor contigo.
—¿Qué habéis hecho juntas en la cama?
—Besarnos… sin lengua, me desnudé porque quería verme, y luego se desnudó ella. Nos seguimos besando, pero le prohibí que me tocara, para que no se emocionara… sólo quiero que me toques tú— la creí.
—Entonces lo hiciste por ella, como un favor.
—Sí, se pone muy pesada a veces.
—¿Le volverías a dar otro beso?
Tardó en responder, pero asintió, tranquilizándome por seguir diciendo la verdad.
—Así quiero que seas conmigo ¿de acuerdo? que te abras a mí y me cuentes cosas que son importantes para ti. Estoy contigo para lo bueno y para lo malo, lo sabes mejor que nadie. Tink, ¿volverás a insistir para ponerle las manos encima?
—No— la miré, esperando una respuesta más sincera. —¿También tengo que decirte la verdad…?
—Sí, y quiero que cuides de ella cuando estés con ella. No le obligues a hacer nada que no quiera y sé consiente de las consecuencias de tus actos. Te queremos Peri, y las dos queremos que seas feliz, tenlo presente ¿entendido?— asintió.
—Joder Zeta… creo que me he enamorado de ti de golpe ¿puedo ser tu novia también?
—Es mía~— se puso a besarme sin parar. De reojo, vi en la sonrisa de Tink un resquicio de soledad y envidia. —Te quiero mucho, ¿te lo había dicho ya?
—Millones de veces. ¿Qué quieres hacer? Sé sincera.
—Pues… lo cierto es que me gustaría conocer a Sara.
—Uf, no sé si es buena idea, la última vez que las vi se estaban poniendo muy cariñosas.
—Entonces… ¿vamos a la playa? Me gustaría bañarme en el mar otra vez.
—Me parece bien.
Acabamos pasando la tarde en la playa, jugando, salpicándonos y rebozándonos en la arena. No me terminaba de parecer buena idea que Peri fuera tal ligera de ropa bajo los ojos de Tink, pero se portó bien así que me despreocupé.
Con el sol cayendo, nos tumbamos en las toallas, Peri entre las dos, contenta.
—Oye Zeta, ¿seguro que no quieres ser mi novia? tú podrías liarte conmigo y yo con Peri, todos son ventajas.
—Espero que lo digas en broma— demasiado seria estaba. —¿Dejarías que me liara contigo para estar con ella? ¿en serio?
—Pues claro, a mí también me gustas ¿sabes? Aunque no tanto como Peri. ¿Quieres que te lo demuestre~?— dijo pasando por encima de Peri.
—N-no gracias…— y Tink siguió sorprendiéndome, ¿a ella también le gustaba de esa forma? vale que tuvieran los mismos gustos pero eso era un poco…
—A decir verdad, me interesé en ti nada más conocerte, pero como Peri era la que estaba en busca y captura te dejé para ella.
—Ti~ink, no le cuentes eso…
—¿Por qué? Ahora tenemos que ser sinceras ¿no? ¿No os gustaría hacer un trío?
—¡No!— esperé a que Peri respondiera, tardaba demasiado. —¿Tú sí?
—Bueno… sería agradable, supongo… al menos para mí— sonreí, poniéndome en su piel.
—Dos contra una Zeta, yo no digo más.
—Esto no funciona por porcentajes, o queremos todas o no se hace, y no se va a hacer, porque lo siento Tink pero a mí no me gustas de esa forma.
Peri se rió, dijo que le hacía gracia que habláramos de eso tan tranquilamente. Tink se animó diciendo que las dos terminaríamos enamorada de ella, y me puse a besar Peri para darle celos, se puso encima de mí.
—Eh~ no vale~ yo también quiero~
—¡Mmh! Me está tocando el culo…
—¡Quita bicho! Es mía— la aparté a patadas.
—Yo la vi primero— se echó encima de nosotras, aplastándonos. —Ahora eres un sándwich.
Las tumbé a las dos, cogí a Peri en brazos y me la llevé al agua para escapar de Tink.
—Nos persigue~
De alguna forma, terminamos pasándolo bien jugando, protegiendo a Peri de las malvadas garras de su hermana.
De vuelta a casa, me pidió pasar la noche en el lado cálido, las tres juntas. Le pregunté por qué, pensando que podría tener alguna razón oculta, pero sonrió, y dijo que era muy divertido.
Acepté con una condición, al día siguiente volveríamos a casa y haríamos el amor hasta no poder más, pero más que una condición, era un deseo que las dos queríamos cumplir.
Pasamos una noche muy movida, nos empezaba a importar muy poco enrollarnos delante de Tink, incluso hubo algún que otro roce subido de tono.
De buena mañana, Peri me despertó. Dijo entre susurros que se despertó con unos labios que no eran los míos y que la responsable se estaba haciendo la dormida.
—¿Y qué tal? Prefieres mis besos ¿a qué sí?
—Pues claro… Tink no tiene ni idea, lo hace más o menos así— se puso a besarme con torpeza.
—Bueno vale ya ¿no? No es mi culpa que nadie quiera salir conmigo…— se levantó, y salió de su habitación.
—¿Se ha enfadado? ¿Encima?
—Me parece que se siente triste por haber sido rechazada dos veces— fruncí el ceño. —Tú y yo, cuando te pidió salir no lo decía en broma. Voy a ver si la animo un poco— me besó, preocupándome un poco. —Tranquila, voy a portarme bien.
Me quedé en la cama, pensando un poco en todo. Ahora el problema iba a ser Tink, y no sabía qué podríamos hacer para ayudarla. ¿Buscarle novia quizás?
Minutos después de escucharlas cuchichear, volvieron.
—Venga, díselo— Tink parecía querer decirme algo.
—Am… quie… N-no, da igual, dejémoslo.
—No no no, venga va, que no es para tanto— me incorporé, intrigada. Suspiró.
—Q-quiero… que me abraces— alcé las cejas más que sorprendida.
—¿Y eso?
—¿Ves? Te dije que era una mala idea.
—Claro que no, no te escapes…— Peri me miró, suspirando. —Cree que sólo yo la quiero en esta vida y que todas las demás no quieren ni darle un abrazo, entonces le he dicho que tú sí que lo harías y bueno, ha ido más o menos así la cosa.
—Madre mía… Pero si todo el mundo la adora.
—Ya, pero no se siente querida, cree que nadie la quiere por como es, que sólo les interesan sus inventos— rodé los ojos.
Fuimos a por ella, se había metido en la cocina, se ocupó preparando el desayuno.
—Vamos a ver Tink… con lo generosa, amable, divertida e ingeniosa que eres, ¿cómo se te ocurre pensar que la gente te quiere por tus inventos?— la acorralé como si fuera un pollito y la abracé. —La gente no te abraza porque seguro que no lo has pedido, todas las chicas te adoran…
—¿De verdad…?
—Bueno, quizás a Vidia le caigas un poco mal pero las demás sí, y estarían encantadas de darte un achuchón si se lo pidieras— me miró sin estar muy seguro de ello, y la abracé. —Menudo desastre estás hecha, ¿a qué viene esa falta de confianza? Con lo segura que eres siempre, venga ya.
—A nada… da igual… gracias.
—Últimamente salvo la vida a todo el mundo, dime va, ¿qué te pasa? ¿Tienes celos? ¿Quieres que te encontremos un rollito?
—No… estoy bien sola.
—¿Quieres venir a vivir a Invierno?— sus orejas se levantaron de golpe.
—Allí no se puede tintinear… preferiría que os quedarais a vivir aquí…
—¿Y dónde me voy a escarchar señorita Bell?
—¿No te gustaba tintinear?
—No se me da bien… escarchar es más fácil…— entonces entendí por qué ellas dos no empezaron a salir juntas de buenas a primeras, les sería imposible incluso con el cambio de talento.
—No os preocupéis por mí, estoy acostumbrada… sólo me dais un poco de envidia, eso es todo.
Peri la achuchó, restregando la mejilla contra la suya.
—Anímate anda, yo siempre estaré ahí para darte mimitos.
—Gracias Peri…
[Tink]
Después de desayunar, se fueron a Invierno. No me dejaron venir porque habían quedado en que se pasarían el día juntas, muy juntas. Fui a casa de Fawn para distraerme, no me apetecía tintinear.
—Anda qué sorpresa, qué raro verte por aquí a estas horas señorita del Invierno— solía llamarme así.
—Sí… Zeta no tiene que trabajar y bueno, ya sabes… necesitan intimidad, ¿qué haces?
—Iba a salir a jugar con las ardillas, pero es más divertido jugar contigo. ¿Vamos a buscar las chicas?
—Vale…
—Hey, ¿qué te pasa? ¿a qué viene esa cara de marmota?
—A nada, vamos— me cogió del brazo cuando me di la vuelta.
—Venga Tink, no pases de mí, cuéntale tus problemas a la tía Fawn— suspiré, de todas mis amigas, ella era la peor a la que podría decírselo, aunque también, la que tenía más confianza.
—Es sólo que… me gustaría pasar más tiempo con Peri y eso, su novia le quita mucho tiempo.
—¿Quieres idear un plan para acabar con su relación?— preguntó frotándose las manos con malicia.
—¡No! Claro que no, ¿cómo se te ocurre?
—Era broma Tinky, parece mentira que a día de hoy sigas cayendo en ellas. ¿Sabes qué haría yo en tu caso?
—¿Qué?
—Hacer un súper invento para jugar~— rodé los ojos. —Eso o buscarme un rollete, ¿no te gusta nadie?
—No…— pensé en Peri, cómo no.
—Pues tenemos que buscarte uno, ¡vamos!
—No creo que-
—¡Vamos~!— salí disparada a la fuerza de su casa. Se lo tomó bastante en serio, de la misma forma que se toma muy en serio todas sus ideas locas y tonterías.
Empezó a nombrar a los chicos como posibles candidatos, Bobble, Clank, Terence, Sled, luego siguió con las chicas, Ro, Sil, Des, Vidia, Spike, Gliss… pero no me veía saliendo con ninguna, ni siquiera con Fawn, ninguna era… como me gustaría que fuera mi novia.
—Entonces tendremos que buscar a alguien que no conozcas, ¿cómo te gustaría que fuera tu novia? porque estás buscando un hada ¿no?
—Sí…
—Pues va, desembucha, quizás pueda presentarte a alguien que conozca.
—Vale… am…— pensé en Peri, otra vez. —Me gustaría que fuera guapa… tierna… que se preocupara por mí, que me diera muchos mimos, que me trajera el desayuno en la cama… que me hiciera feliz… alguien fiel que no me dejara aunque meta mucho la pata ¿sabes?
—Y que encima le gusten las hadas… Creo que tendremos que ser un poquitín menos exigentes.
—Ya…
—Ah, ¿sabes qué talento tiene el mayor índice de lesbianas?
—¿El de jardín?— acerté. —No sé… todas parecen muy… como Rosetta, y no es para nada mi tipo, descartado.
—Entonces… enfoquémoslo de otra forma. ¿Con qué talento saldrías?
—Hm… quizás… ¿tintineador? Pero no conozco a nadie que…
—¿Lucinda?
—¿Ves? No, no saldría bien… Tacha tintineador. Debería ser algo más rollo scout, pero que no fuera tan serio, algún talento responsable como guardián de polvo pero sin ser tan aburrido…
—Qué difícil me lo pones… ¿qué hay del viento? Encaja bastante con la descripción.
—Viento…— pensé en Vidia, pero ella no era como las hadas del viento, de hecho, no conocía a más hadas de vuelo veloz. —Quizás…
—Pues vamos a preguntarle a Vidia.
—N-no creo que sea una buena idea…
Fuimos hacia allí con todo su entusiasmo. Dejé que hablara ella, porque a mí no me aguantaba, por alguna razón.
—Hey Vid, Tink está en busca y captura de un rollete de tu talento y nos preguntábamos si conocías a alguien que le gustaran las hadas, para presentársela y eso— fue demasiado directa, la tomó por sorpresa.
Me miró, con su habitual sonrisa maligna.
—¿Ya te has cansado de Peri o es que ella se ha hartado de ti?— siempre solía meterse conmigo de esa forma.
—Te dije que era una mala idea, vámonos.
—Espera, no te des por vencida. Vamos Vid, échale una mano por una vez, se siente sola la pobre.
—¿Sola? ¿quieres echarte novia porque te sientes sola?
—Bueno…— no pude mirarle a la cara. —Me dan un poco de envidia, Peri y Zeta…— se echó a reír, con crueldad. Quise salir de allí volando, pero Fawn me agarró de la cintura con fuerza. —Suélta-me.
—Te ayudaré— dejé de forcejear al escuchar eso, no podía ser verdad. —Venga, pasad.
Fawn me arrastró dentro, muy pocas veces habíamos estado en su casa.
Nos sentamos en el comedor, no podía sentirme más cohibida.
—Vamos a ver Tink…— apreté los labios. —Tienes muchas cosas buenas, pero me da que serías un desastre en una relación, y eso complica mucho las cosas.
—En eso estoy de acuerdo— no me estaban ayudando mucho que digamos.
—Temperamental, te enfadas por todo, no captas las indirectas, vas siempre a tu bola, no te fijas en los demás…
—¡Para! Pensaba que me ayudarías, no que ibas a criticarme.
—Sólo estoy poniendo las cartas sobre la mesa. Puedes encontrar novia fácilmente, pero no te durará ni dos días si no tienes en cuenta ciertos aspectos— Fawn asintió conforme.
—¿Y qué sabrás tú sobre eso? ¿Alguna vez has salido con alguien?
—Bueno… no… pero he leído alguna que otra historia sobre eso— me atreví a mirarla sin muchas esperanzas, estaba sonriendo. —Para empezar, Tink, deberías deshacerte del moño, entiendo que te sea práctico para tintinear, pero siendo sincera… creo que te quedaría mejor suelto.
Fawn no tardó en deshacérmelo, como si obedeciera sus órdenes, revolviendo mis pelos. Se rieron, se me quedaba horrible siempre que deshacía el moño.
—Voy a por un peine— Vidia desapareció, y le lancé una mirada a Fawn diciéndole que aquello no iba a llegar a ninguna parte. —Vamos a ver…— la sentí detrás de mí, me sujetó la cabeza y se puso a peinarme, Vidia, peinándome. Se me hizo de lo más extraño, no fui capaz de mover un músculo.
—¿Qué más, maestra del amor?— Fawn se divertía como nadie.
—Ponerte guapa por fuera será relativamente fácil,— ¿eso era un halago? —lo difícil será conseguirlo por dentro. Tienes que enamorar Tink, y lo siento pero eres tan caótica que ni siquiera alguien como Terence querría ir a por ti.
—Basta, no lo soporto más, me voy, sólo queréis reíros a mi costa.
Fui hacia la puerta, pero se cerró con un golpe de viento. Traté de abrirla pero Vidia me lo hacía imposible.
—Maldita sea, ¡déjame salir!
—A eso me refería, tienes que tener paciencia para que una relación te funcione, no puedes salir corriendo por la puerta a la mínima. Cálmate— Fawn asentía. —Vuelve aquí.
Puse los ojos en blanco, me estaba empezando a hartar con sus tonterías. Siguió peinándome.
—Otra cosa muy importante es entender los sentimientos de los demás. ¿Qué crees que siente Fawn ahora mismo?
—Se divierte, como siempre.
—¿A parte de eso?
—No sé… ¿tiene hambre?
—Se te da realmente mal… Ahora mismo está preocupada por ti, quiere ayudarte y que encuentres a tu media naranja para que seas feliz como Peri, eres importante para ella— la miré esperando confirmación.
—Pues… es verdad, nunca pensé que se te darían bien esas cosas Vid. Sigue, que estoy aprendiendo y todo.
—Pero lo más importante para que una relación funcione, es la confianza. No importa si hay disputas, ni si se pasan días de mal humor, ni siquiera si la distancia crece, mientras la confianza sea mutua, la relación seguirá existiendo.
En ese momento, me vino Zarina a la cabeza.
—Y en eso tienes la mitad ganada, porque todos confiamos en ti, incluida yo. Ahora la pregunta es, ¿en quién quieres confiar tú?— torcí la cabeza para mirarla, estaba muy cerca, su barbilla rozaba mi hombro.
—En… Peri— se rió, fue como ver pasar una estrella fugaz, casi nunca ocurría.
—Eres un caso perdido. En fin, si quieres irte vete, no te lo impediré— pensé que podría ser otra prueba, así que me quedé.
—Continúa.
—Bien… bien, vamos a analizarte un poco a ver… Dime, ¿qué es lo que más te gusta de un hada?— me daba un poco de corte hablar con ella de eso, pero me esforcé, quizás podría sacar algo de todo aquello.
—Pues… no sé, muchas cosas, no puedo elegir sólo una.
—Tiene que ser sólo una. Cambiemos la pregunta, ¿qué es lo más importante que debe tener un hada para que te guste?
—Hm…— Fawn susurraba obscenidades, no me dejaba pensar con claridad. —¿Paciencia?
—Bien, acabas de reconocer que sacas que quicio a cualquiera. ¿Por qué escogiste hadas de vuelo veloz?
—Porque me gustan como son, pero tú no, tú me caes mal, ¿por qué tienes que meterte con todo el mundo?— se lo dije directamente.
—No estamos aquí para hablar de mí, y sólo me meto contigo pero no importa, sigamos… ¿Buscas algo serio o sólo es algo temporal porque te aburres?
—¡No me aburro! Es… b-busco algo serio, supongo. No quiero estar con alguien sólo para enrollarnos.
—Muy bien, muy bien…— se paseó por detrás de mí. —Tengo unos nombres en mi cabeza, pero no creo que estés lista aún para conocer a nadie. Vamos a hacer una cosa, date la vuelta— giré la silla. —Imagina que… yo soy una nueva posible relación, ¿cómo me dirías que quieres salir conmigo?
—Ostras. Am… ¿tal cual? Rollo, Vidia, quiero salir contigo, ¿te animas?
—Si lo dices así parece que te importe muy poco, tienes que ser más delicada, más sincera… Deberías acercarte a ella y decirle…— se acercó a mí, agachándose un poco. —Tink, me gustas mucho, creo que estamos hechas la una para la otra y… me gustaría que fuéramos novias, me harías realmente feliz.
Me quedé de piedra, la casa entera se paralizó, sus palabras parecían reales. Fawn aplaudió, ovacionándola, haciéndome parpadear.
—Así seguro que no te dirán que no. Otra situación. Imagínate que estás saliendo con alguien y llegas a casa de tintinear, ¿qué es lo primero que le dices?
—Eh… pues, buenas, ya he llegado.
—¿Y…?
—No sé, le diría lo que he estado haciendo.
—Mal. Tienes que preocuparte por esa persona, tiene que sentir que le importas. Pregúntale qué tal la ha ido sin ti, cómo está, y luego, después de liarte con ella, si quieres, le cuentas sobre tus inventos.
—Ya veo…
—Otra situación, imagínate que pillas a tu rollito en la cama con otra, ¿qué haces?
—Ah,— recordé inmediatamente a Zeta —le pido explicaciones, hablo con las dos y si me convencen la perdono, se supone que es importante para mí y no quiero perderla ¿no?
—Vaya, me sorprendes, eso tiene mucho que ver con lo que hemos hablado de la confianza, quizás no se te dé tan mal después de todo. Levántate.
Lo hice, sin saber para qué. Me ofreció las manos y se las cogí, extrañada.
—El siguiente paso importante es no ponerse nerviosa, los nervios te pueden traicionar y volverte loca en los momentos más importantes. Imagínate por un momento que estás enamorada de mí.
—Va…le…— de golpe, me tiró hacia ella, cogiéndome la cintura con una mano y haciéndose con mi mandíbula con la otra. Estábamos muy cerca, y seguía acercándose. —A-a-ah…
—¿Ves? Así lo fastidias todo— se separó de mí, dándome oxígeno. —No puedes quedarte congelada de esa forma, tienes que estar preparada para cualquier cosa— mi corazón seguía latiendo con prisas.
Volví a sentarme por pura vergüenza, me di cuenta de que efectivamente era un desastre con esas cosas, nunca podría salir con nadie.
—¿H-hemos terminado ya?
—Si tú quieres sí, ¿quieres rendirte tan rápido?
—Quizás… es más complicado de lo que pensaba— Peri lo hacía parecer muy fácil.
—Como quieras. ¿No vas a volver entonces?
—No lo sé…— fui yendo hacia la salida.
—Seguro que sí, yo me encargaré de arrastrarla hasta aquí. Hasta la próxima Vid.
—Chao~
Salí, algo decepcionada.
—Eh, lo has hecho muy bien, con un par de clases más-
—No voy a volver… no intentes convencerme.
—Venga ya, ¿por qué no? con todo lo que has aprendido.
—Sí, he aprendido que nadie me aguantaría, gracias. Nunca voy a tener novia.
—¿Cómo puedes pensar eso? Hazme caso, por la tarde volvemos y-
—Que no, ya no quiero tener novia, me da igual. Me voy a casa.
—¿Vas a salir por la puerta?
—¿Qué puerta?— suspiró.
—Si te rindes, nunca conseguirás nada.
—Pues vale, me da igual.
Y me fui. Terminé en casa, comiendo sola, otra vez, murmurando. Tenía que centrarme en mi talento, eso era lo que tenía que hacer.
Traté de inventar algo por la tarde, pero estaba muy espesa, no me venía nada a la cabeza, sólo las tonterías que me dijo Vidia.
Fawn vino a molestarme, para variar.
—¿Qué tal Tinky? ¿Reinventando la rueda?
—¿Qué quieres Fawn? estoy ocupada.
—Veo que no has aprendido nada de esta mañana…— no supe por qué lo dijo.
—No voy a volver allí por mucho que insistas.
—No tenía pensado hacerlo, he ido a hablar con ella porque me quedé con un par de dudas y… bueno, me ha dicho que no te lo diga así que…
—¿Que no me digas qué?
—No puedo decírtelo Tink, ¿es que no me escuchas?
—Oh venga, cuéntamelo, no me dejes con la intriga, ¿qué te ha dicho?
—Nope, si quieres que te lo diga habla con ella, yo tengo la boca sellada.
—Dame alguna pista al menos.
—Vale, tienes que hablar con ella para saberlo.
—Eso ya me lo has dicho.
—No sé, como no me escuchas… ¿Vas a ir o no? A Vidia le haría ilusión, se aburre como una ostra, como tú.
—¿Me… acompañas?
—Claro, no quiero perderme el espectáculo.
—¿Qué espectáculo?
Sin tener claro qué le había dicho a Fawn, fuimos hacia allí, más por curiosidad que por ganas de verla otra vez.
—Am… Vidia, Fawn me ha dicho que tenías algo que decirme— abrió la puerta, extrañada.
—¿Perdona?
—Sí, me ha dicho que sólo podías decírmelo tú así que… bueno, ¿qué le has dicho?— esperé que me lo dijera rápido para volver al taller.
—¿Por qué la has traído Fawn? Sabes de sobra que no se lo diré.
—Ha sido ella quien quería venir, a mí no me mires.
—¿Qué es lo que no me queréis decir?— insistí. Vidia entró, resoplando, fuimos detrás de ella.
—Vamos a ver Tink, por una vez, deja tus ganas de saberlo a un lado y olvídalo ¿quieres? No tiene que ver contigo.
—Sí que tiene que ver con ella, tiene mucho que ver.
—¡Fawn!
—¿Qué ocurre? ¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué no me lo queréis decir?
—Es ella quien no quiere decírtelo, yo me muero de ganas, pero soy su amiga así que guardaré su secreto.
—Ui sí, menuda amiga, qué afortunada soy, ahora no dejará de insistir.
—Pues díselo, no creo que salga corriendo.
—¿Por qué debería salir corriendo?
—Venga Vid, se lo has dicho esta misma mañana, no te cuesta nada hacerlo otra vez— me quedé pensando, ¿si ya me lo había dicho por qué no lo repetía?
—Suficiente, fuera, vete Fawn, paso de que lo arruines todo. Lárgate.
—¿Quieres quedarte a solas con ella eh~?
—¡Fuera!— salió de casa a la fuerza, y yo, me quedé alucinando.
—¿Qué me he perdido? No entiendo nada.
—A Fawn le gusta complicar las cosas… no tengo nada que decirte ¿de acuerdo? olvídalo.
—¿Seguro? Porque parecía que-
—Sí, seguro. No vuelvas a insistir, y si Fawn te dice algo, ten por seguro que es mentira.
—Vale… ¿Estás bien?— levantó los ojos, casi sorprendida.
—Sí… Puedes irte si quieres.
—Prefiero quedarme— algo me decía que tenía que hacerlo, sentía que todo aquello era como otra de sus pruebas.
—Ah, vaya…— se formó un silencio extraño.
—¿Qué tal el día?— le hice sonreír, no sabía muy bien de qué hablar con ella y me pareció una forma de demostrarle que había aprendido algo al menos.
—¿De verdad quieres saberlo?
—Bueno, era para hablar de algo, y como mis inventos no te interesan…
—En realidad sí que me interesan, pero no tanto como otras cosas. He estado escribiendo, por hablar de algo. Leo historietas de amor y… también escribo alguna.
—Wow, no lo sabía, no dejas de sorprenderme.
—Ya, dudo que alguien lo sepa. Mira, la sorpresa es otro punto interesante para que las relaciones funcionen.
—Ya veo… Entonces ¿también tienes corazón?
—Claro que tengo…
—¿Puedo leer lo que has escrito? Me muero de ganas.
—¡No! No, cielos, no.
—¿Por qué? Seguro que me ayudará a encontrar novia y eso.
—Lo dudo mucho, de veras. No me mires así, no pienso dejártelo leer.
Diez minutos después, estábamos en su habitación, sentadas en la cama, leyendo una historieta de amor entre dos hadas que escribió. Era mucho más larga de lo que creía, estaba muy bien escrita y me interesaba.
—Oye, ¿también escribes la parte en la que se enrollan?— me reí cuando la vi enrojecerse por primera vez.
—P-puede, pero eso sí que no te lo dejaré leer. De hecho, dame, ya has leído suficiente.
—No~ se está poniendo interesante, quiero saber cómo acaba~
—Otro día— le di la hoja de mala gana.
—Pues otro día.
Nos pusimos a hablar de su secreta afición por narrar historias de amor, de lo mucho que le gustaba y de por qué no había salido con nadie aún. Entonces, le pregunté si le gustaban las hadas.
Asintió tímidamente, y me puse de lo más feliz.
—Oye, entonces pues podemos buscar novia juntas, ¿qué te parece?— se golpeó la frente, alucinando. —¿Qué? A ti se te da muy bien, no te costará nada.
—Eres un verdadero desastre Tink.
—¿Por qué~?
—Porque llevo mucho tiempo lanzándote indirectas y lo creía imposible, pero sigues sin captarlas— odio que la gente use eso para comunicarse, no es nada efectivo.
—Ya… no soy muy buena con eso. ¿Qué quieres decirme indirectamente?
—Estoy enamorada de ti.
—¿Eh?— se quedó inmóvil, mirando al suelo, esperando. —¿Q-qué? ¿Tú? ¿De mí? ¿E-enamorada?
—Eso era lo que no podía decirte.
—A-a-ah… ¿E-es una prueba de esas? ¿Para ponerme nerviosa?— negó, cabizbaja.
—Pero tú no sientes lo mismo por mí… cuando apareciste esta mañana diciendo aquello quise creer que sí pero, rápidamente deshice mi ilusión…
Hice un esquema mental de lo que yo quería, de lo que sentía y de lo que pensaba para comprimirlo en palabras. Vidia se levantó, y seguí sin poder decir nada.
—Supongo que querrás irte ahora…
—¿C-cómo era…?— no me acordaba de la frase que usó. —Argh, da igual, quiero salir contigo y eso, y lo digo importándome— se quedó helada. —N-no sé poner lo que pienso en palabras, ni decir las cosas bien como tú pero… me gustaría probarlo, me gusta la Vidia que conozco ahora, eres tierna…
—¿L-lo dices en serio?— retrocedió, a por mí, abalanzándose a mí para abrazarme, cayendo de espaldas en su cama. —¿Quieres ser mi novia?
—Sí, confío en ti— se levantó ligeramente, apartando su pelo hacia un lado, mirándome con un brillo especial en los ojos.
—Si esto fuera una historia, ahora nos besaríamos— le cogí el rostro, porque eso al menos sí que lo había hecho antes, y le di un pico.
En un parpadeo, nos estábamos devorando las bocas, era una sensación genial pero sentía que íbamos demasiado rápido, y la frené.
—Tienes… que darme clases sobre cómo hacer estas cosas…
—Tranquila, yo tampoco lo he hecho nunca, y no tenemos por qué ceñirnos a lo que pone en los libros— siguió besándome, y la volví a frenar.
—Lo que quería decir es que… quizás vamos muy rápido, no he terminado de asimilar el hecho de que seamos novias…— sacó sus manos de mis pechos.
—Vale, sí, cierto. Me he dejado llevar un poco, perdona. Está bien que me digas ese tipo de cosas, aún no te conozco tanto como para leerte la mente— le di un beso, agradable, dándole las gracias sin palabras.
—Tenemos que sernos sinceras ¿no?
—Cierto. Me gustas mucho Tink, no te imaginas las veces que he soñado con esto.
—¿Puedo… verte desnuda? S-sé que acabo de decirte que íbamos muy rápido, sólo quiero… desnudarte.
z—Vaya, b-bueno, sí, claro. ¿Puedo preguntar por qué?— empezó a quitarse el vestido.
—Quiero conocerlo todo de ti, nunca te había visto sin ropa, tengo mucha curiosidad.
La miré expectante mientras terminaba de desnudarse, y se quedó de pie, algo avergonzada.
—D-da una vuelta— lo hizo, despacio. No se parecía nada a Peri, pero me gustaba.
—Tu curiosidad no conoce límites ¿no?
—Y-ya puedes vestirte, si quieres…
—Lo que quiero es quitarte la ropa ahora mismo.
—A-ah… no sé si…
—Vale, me visto— se lo agradecí. —Eres de lo más interesante.
—No lo sabes tú bien… ¿Puedo contarte un secreto? Ahora que somos novias y eso…
—Claro.
—Estoy un poco enamorada de Peri, si hubiéramos nacido en la misma estación estoy segura de que saldríamos juntas.
—Vale…
—N-no debería de habértelo dicho ¿no?
—No, no, has hecho bien, creo.
—E-ella no me ve de esa forma, aunque le guste que le dé besitos y eso… Ahora está con Zeta así que no puedo hacer nada…
—¿Por qué siempre tienes que meterte en líos? ¿Se lo has dicho a Peri?
—Claro, dice que ella prefiere a Zeta.
—Entonces no puedes hacer nada.
—Por eso buscaba novia… para tener a alguien con quien darme besitos.
—Bueno, ¿y qué tal? ¿crees que funcionará? Lo nuestro digo, porque no sé si me apetece estar con alguien que quiere a otra persona.
—Somos hermanas… la querré siempre, no sé. ¿Tanto te molesta?
—Ahora me siento un plan ve, un segundo plato, un qué remedio.
—Ya… lo siento… soy nefasta con esas cosas.
—¿Algo más que deba saber?
—Creo que no… Acabo de meter la pata ¿no?
—Un poco, pero no me importa, prefiero ser tu segundo plato a no ser nada. Me alegro que me hayas contado esto nada más empezar, conseguiré que te enamores de mí para que me prefieras antes de que Peri.
—Eso sería genial.
Y bueno, nos enrollamos, poquito a poquito. Cenamos juntas, fuimos cogiéndonos confianza y esa noche me quedé a dormir en su casa, con pijama.
A la mañana siguiente fuimos a Invierno para contárselo a Peri. Nos encontramos con las chicas además de Luna y Sara, por lo visto se llevaban la mar de bien todas. Peri se alegró mucho por mí, y entre una cosa y la otra, pasamos el día entero allí.
Al volver a su casa, nos dimos nuestra primera ducha juntas, los besos pasaron a caricias y terminamos masturbándonos mutuamente en la cama. No estuvo para nada mal, podría llegar a acostumbrarme, pero mi corazón no dejaba de repetirme que ella no era Peri.
Traté de forzar mis mecanismos, acostumbrándome a querer a Vidia. Me sorprendí de lo mimosa que podía llegar a ser, de lo agradable que era estar a solas con ella y de lo morbosos que eran sus relatos.
Fui hundiéndome en sus brazos los siguientes días, sin casi pisar Invierno, haciendo el amor, descubriendo nuestros cuerpos de mil maneras y pasando las veinticuatro horas del día juntas.
Una semana después, conseguí que la balanza se quedara a la mitad, tenía tantas ganas de estar con Peri que con Vidia.
Cuando volvimos a pisar la nieve, Peri me echó la bronca por pasar tanto tiempo sin ir a verla, dijo que me echó mucho de menos y la balanza se rompió. Le pregunté casi sin voz si seguía queriendo a Zeta más que a mí, pero no cambió de opinión.
Seguí forzándome para enamorarme de Vidia días después, dejar de pensar en mi hermana y hacer mi vida, pero poco después Peri y Zeta volvieron por sorpresa al lado cálido para pasar unos días.
Me preocupé por nada, las cuatro nos caíamos bien y nos divertimos mucho juntas. El problema vino cuando Peri me confesó que quería quedarse a vivir en Primavera. No le había dicho nada a Zeta, no se lo tomaría bien, pues lo que realmente quería Peri, era estar conmigo.
Un dolor de cabeza me hizo estallar, me puse enferma ese mismo día y terminé en el centro de hadas sanadoras. Me dolía sólo de pensar en cortar con Vidia, era un sol, pero más me dolía que cortaran ellas dos, se querían demasiado. Tenía por fin la posibilidad de estar con Peri y no sabía qué hacer.
Las cosas se complicaron aún más cuando Peri se lo dijo a Zarina, se ofreció a vivir allí también, a seguir con nosotras, pero no supimos qué responder. Vidia empezó a sospechar y no tardó mucho en descubrir el pastel.
Aquellos días se convirtieron en una pesadilla, seguíamos todas en el lado cálido y nadie quería separarse de nadie.
Finalmente, esa tormenta terminó con dos roturas, y las dos nos quedamos sin alma. Zeta se fue a vivir a Invierno, Vidia también, y nosotras nos quedamos en casa de Tink, sin siquiera besarnos, sabiendo que si lo hacíamos aceptaríamos que así iban a quedarse las cosas.
Yo sabía cuánto amaba a Zeta, y yo tampoco quería perder a Vidia, así que tras unos largos y duros días de reflexión, decidimos volver con ellas con la promesa de que nunca iba a pasar nada entre nosotras.
Nos queríamos hasta lo absurdo, éramos conscientes, y sabiendo eso, no hacía falta que lo demostráramos con nuestros cuerpos. Era doloroso, porque no estábamos con el hada que más queríamos, pero era la única forma de ser felices juntas.
Y así, pasó el tiempo. Luna y Sara se casaron, nos dieron tantísima envidia que se desató la fiebre por las bodas. Zeta le propuso matrimonio a Peri, y aceptó. Yo animé a Vidia para hacerlo también, el mismo día, y aunque parecía imposible, conseguimos casarnos las cuatro a la vez.
Fue un día maravilloso, Peri estaba preciosa con ese vestido, fue una ceremonia espectacular pero lo que más me alegró no fue el anillo que me regaló Vidia, si no la pulsera que me hizo Peri, a juego con la suya. Fueron tres bodas en una.
[Fin]
.
