15 de Julio de 1993:

La música a todo volumen se escuchaba en aquel plató de televisión donde Sherlock por fin era una estrella, si, tenía junto a su novio Victor un programa de televisión, en el que hacían un poco de todo. Era algo difícil de explicar, porque el programa era en una estética años 50 mezclada con una estética de principios de los 90 junto a mujeres vestidas de látex dorado y en copas de champán con espuma. Programa que no era apto para nada para los niños y adolescentes, ya que las posturas de las bailarinas eran muy provocativas.

Una vez que acabó el programa de esa noche, Sherlock y Victor se fueron a un club donde la música seguía estando alta; era un club donde la gente a parte de beber alcohol, fumaba y se drogaba, sobre todo en los cuartos de baño, a su vez, el club era de lo menos glamoroso, era un local que intentaba parecer arreglado, aunque no lo estaba; pero donde el menor de los Holmes gritaba con todas sus fuerzas, le daba igual quedarse afónico, no tenía que grabar hasta el lunes, ya se recuperaría el fin de semana. Aunque tenía que ensañar el fin de semana para el lunes grabar fresco, iba a ser bonito verle afónico.

— Se que estoy borracho y que lo que diga puede que no sea del todo correcto, pero solo quiero decirte que eres el mejor amigo que he podido llegar a tener, en serio John, no me abandones nunca – comentó Sherlock desde una de las cabinas públicas del local de alterne en el que se encontraba.

— Tus palabras son bonitas y conmueven, pero estás borracho y seguro que mañana te arrepentirás de lo que dirás, pero yo no, porque yo estoy sobrio. Además es tarde, demasiado, deberías estar en casa durmiendo – la última frase sonó a frase típica de madre, pero a John no le importó – aunque mañana no ruedes, tienes ensayos, deberías descansar y no ir apestando a alcohol.

Sherlock dijo que si, que se iría pronto, mientras que Victor se acercó por la espalda del menor de los Holmes y empezó a darle besos en el cuello, algo que empezó a excitar a Sherlock de una manera muy loca; con lo que colgó la llamada y miró a su novio. Al que empezó a besar allí delante de la gente y le importaba bien poco lo que dijeran de ellos, ya que en esa época, ser gay no estaba bien visto.

15 de Julio de 1994:

Sherlock tenía que ir a ver a sus padres, pronto sería el cumpleaños de su madre y como estaba enferma, querían adelantarlo de fecha solo por si pasaba algo. Con lo que se arregló informal, pero a la vez elegante, salió de su apartamento de estrella de televisión, una vez en el rellano, se acordó del regalo y volvió a entrar. Buscó el paquete grande, se terminó la copa que había dejado a medias y una vez que lo tuvo salio por fin de su apartamento. Condujo por la ciudad hasta salir de ella, ya que sus padres vivían en un apartamento con jardín en las inmediaciones de la ciudad, así la madre de Sherlock estaba más tranquila. Su padre, a quien John había tachado de fascista y arrogante, le abrió la verja de la casa.

— No me vengas con tus cosas ahora, tu madre lleva esperando por ti todo el día, así que sube hasta allí y discúlpate – le ordenó su padre con cara de pocos amigos – me pregunto por que sudas tanto y no creo que sea porque hace calor, porque no lo hace, creo que es por el alcohol – comentó oliendo a su hijo.

— ¿Cómo está?

Su padre no le contestó, se limitó a decirle con la mirada que entrara y fuera verla, en ese momento Sherlock soltó un resoplido en síntoma de desaprobación por parte de su padre de cómo estaba. Caminó y entró en la casa de dos plantas que sus padres poseían. Recorrió las habitaciones hasta que se encontró a su madre en el balcón cubierto mirando como el tiempo estaba empeorando. Se le partió verla con la cabeza sin pelo y un pañuelo en ella.

— Hola, hola – comentó el menor de los Holmes - ¿se puede? Te traigo de mi parte y de la de John un regalo de cumpleaños.

— Pasa hijo, tu hermana se ha ido ya porque tenía que cuidar de los pequeños, hemos soplado las velas. Hay tarta en la cocina por si quieres – respondió la señora Holmes.

Sherlock besó a su madre en la mejilla y le puso el paquete en el regazo. Ella con cuidado lo fue abriendo y se encontró libros, supo que eso era más cosa de John que de su hijo, pero no digo nada, se limitó a sonreír mientras miraba uno a uno los libros y ediciones que eran.

— Me pregunto, ¿qué estuviste haciendo para no poder venir antes? – Sherlock sabía que la respuesta no le iba a agradar a su madre.

Se levantó, llevó a su madre al salón y le puso un VHS de su programa, ya que ella nunca lo había visto por ser en horario nocturno, porque se acostaba pronto, ya que madrugaba para ir a las sesiones de quimioterapia. Miró a su madre y vio como apagaba el televisor, con lo que supo que no le había gustado lo que acababa de ver.

— ¿Qué? – preguntó el menor de los Holmes.

— No es el tipo de programas que vería ni que te convienen – respondió siendo sincera la señora Holmes – siempre te hemos dejado hacer lo que has querido, pero ya va siendo hora de que busques algo mejor, no vas a estar siempre en esto.

— Ya empezamos, no crees que esto sea para siempre, pues a mucha gente le funciona y puede que a mi también – dijo algo irritado Sherlock – además, esto es lo que se hacer.

Su madre dijo que lo sentía que iba a estar mejor con un descanso reparador, con lo que Sherlock dijo que si ella se quería ir a dormir, él se iría a un estreno, concretamente al de Jurassic Park. La madre de Sherlock suspiro con fuerza como si dijera que para su hijo lo más importante era cobrar por hacer el ganso en la tele e ir de fiesta con famosos. Sherlock cogió a su madre en el colo y se la llevó hasta su habitación, donde la dejó descansar. Como aún era pronto, bueno eran las 6 menos cuarto, pero para Sherlock era temprano, con lo que volvió a su antigua habitación y se fue a dormir un poco. Al cabo de un buen rato se despertó y vio a su madre a los pies de la cama.

— ¿Qué hora es?

—Son las 7 y media – respondió su madre abrazándole – y es mejor que te marches o tendrás que enfrentarte a tu padre. Además me dijiste que tenías una premier, pues ve a ella y disfruta.

Al final, su padre fue quien le llevó de vuelva a su casa y le dijo que le devolvería el coche al día siguiente cuando no estuviera borracho, pero a Sherlock le parecía que no lo estaba.

— No puedes confiscarme el coche, soy mayor – dijo Sherlock sin creerse nada de lo que estaba pasando.

— No me insultes, además lo hago por tu bien – respondió de manera tajante su padre – también lo hago para que aprendas una lección, para que aprendas a ser responsable y no venir borracho. Como vuelvas a ver a tu madre en este estado, no seré responsable de mis actos. Que para el poco tiempo que le queda, debe ser bueno. Y ahora vete.

Sherlock salió del coche, esperó a que su padre no estuviera en el radar de visión y se sentó en la acera a pensar.

Por su parte, John no estaba en casa, con lo que Sherlock no podía localizarle si quería, ya que su John estaba en un cita con el comediante, si, tenía una cita con su compañero de trabajo, con James. Una vez que la película, que fue algo diferente a lo que John acostumbraba ver en el cine, fueron a un italiano, donde la cosa no fue como John esperaba para nada.

— Pasaré de los entrantes ya que antes tomé nachos en el restaurante, puedes pedir lo que quieras por debajo de 14 libras – John levantó la mirada de su menú – es una broma, ya paro, lo juro – y es bueno verte de nuevo, ya que ahora cuando empiece el nuevo curso escolar dejarás por fin el restaurante y te irás a trabajar de profesora. Serás una maravillosa.

Hablaron de cómo sería el nuevo trabajo de John y de la comedia, de cómo se quejaba James de no ver todavía su nombre en un cartel luminoso.

— Sabes, dejemos de hablar de comedia y centrémonos – John se puso serio – sabes que hoy me dieron mis resultados que me cualifican como persona capacitada para enseñar a niños de todas las edades y quería celebrarlo con alguien – James, como bocazas que era a veces, preguntó si Sherlock estaba ocupado y John se sintió mal por la última frase que había dicho.

Una vez que acabaron de cenar, caminaron bajo la lluvia, John estaba algo más animado, sobre todo porque James si se lo proponía podía animar a la gente. Con lo que aceptó encantado ir a casa de este, si vivía cerca era lo mejor para no mojarse mucho.