Las seis de la mañana. Son las putas seis de la mañana. ¿Y cómo estoy yo? Al parecer, resacosa. Pero no puedo quedarme en casa como me gustaría, aunque si lo hiciese, acabaría bebiéndome media caja de cervezas. No me queda más remedio que levantarme junto a mi maravilloso dolor de cabeza, (sí, esto es sarcasmo), y desnudarme de camino a la ducha. Una vez allí, todo es mejor. Cierro los ojos y siento el agua caer primero sobre mi pelo y luego sobre mi piel, plagada de tatuajes. Las ideas y recuerdos que, recién levantada, tenía bloqueados, al fin se van despejando. Me acuerdo de haberme encontrado con Caitlyn, no me olvidaría de esa carita de apariencia tan dulce como un cupcake recién sacado del horno. Pero… creo que había alguien con él.

Ah, ya.

Jayce. Y mencionó algo de un baile, o una fiesta. A saber lo que ese egocéntrico flipado dijo. Solo le he visto abrir la boca un par de veces y ya me han dado ganas de partírsela. Aunque creo que si lo hiciese, a Caitlyn no le sentaría nada bien. Odio esto de ser legal y seguir las normas. Bueno, más o menos.

Mientras pensaba en todo aquello, me dio tiempo a lavarme tanto el pelo como el cuerpo. Ya estaba limpia y podía salir de la ducha. Eso hago, y me dirijo al armario a por una toalla. Aunque me quedo mirándome desnuda al espejo, preguntándome cosas como si la jefa se fijaría en esto, solo que ella no es como las demás personas con las que alguna vez estuve. Pero no debería pensarlo, así que saco todos esos pensamientos de mi cabeza y empiezo a secarme y vestirme. De nuevo, con el uniforme policial. Dejo el baño hecho una mierda y voy a por mis guanteletes Hextech. Me los pongo y salgo de casa, sin desayunar. Me había entretenido demasiado con estúpidas reflexiones en la ducha.

Llego a la comisaría y lo primero que hago es comprobar si Jayce está allí. Prefería evitarlo a partirle la cara. Por mí le partiría la cara, pero cierta morena se pondría como una fiera. Y las fieras solo las quiero en la cama. Al menos, hay algo bueno en todo esto. Jayce no está y Caitlyn sí, así que entro en su despacho como si nada. Ya nos llevábamos mejor y podía permitirme el lujo.

Buenos días, Vi. ¿La resaca te ha podido? —dijo Caitlyn de manera divertida antes de poder yo saludarla.

Eumh… Buenos días, Cait. ¿Y de qué resaca estás hablando? Yo no tengo de eso… —miento, apoyándome en su escritorio para poder mirarla más de cerca.

Oh, vamos, Vi. ¿Cómo que no? Anoche parecía que habías estado bebiendo.

Ah, sí, anoche… De eso te quería yo hablar —cambio de tema, repentinamente—. Ayer dijisteis algo de una fiesta, de que Jayce era tu pareja y no sé qué más tonterías. —Le quité importancia

Caitlyn se levanta de la mesa con una pequeña sonrisa, yo me giro y apoyo solo una parte de mis piernas en la mesa, dándole la espalda. Caitlyn se mueve hasta quedarse a mi lado y me sigue mirando de la misma forma. Frunzo el ceño, sin saber por qué se había puesto así tan de repente. Así que, hablo:

¿Qué?

¿Celosa? —dice Caitlyn, medio riendo

Já, sí… muchísimo… —digo en un tono sarcástico, quiero hacerle pensar que me da igual, aunque no me lo dé— Solo quería saber cuándo se celebraba la fiesta esa. Por ir, si dan comida y esas cosas —comento como si no me importase, indiferente.

Sí, sí, lo que tú digas —dice la morena entre risas, algo me dice que no me estaba creyendo del todo—. Te mandaré la invitación, Vi, no te preocupes…

Caitlyn me rodea el cuello con un brazo, de forma totalmente inesperada. No sé qué quiere, nunca fui muy lista para este tipo de cosas. Es decir, ¿quiere que la empotre? ¿O solo quiere un abrazo? Pf, como no sé, me quedo quieta, mirándola fijamente y con el ceño un poco fruncido. Me está confundiendo. Antes de poder preguntarle que qué hace, es ella la que habla, o más bien, susurra:

La verdad es que no quiero ir con Jayce, y…

Pues no vayas con él. —La corto, me ha salido de dentro.

Vi, es que… ya le he dicho que sí. Pero por favor, ven, ¿vale? Seguro que así lo pasamos bien. Aunque trata de usar la puerta principal, nada de armas —dice Caitlyn de una forma un tanto confidente. Solo estaba compartiendo un secreto conmigo, qué decepción.

Si me lo pides así…

Al acabar de hablar, muestro una pequeña sonrisa, centrándome en mirar la cara de la morena que ahora estaba tan cerca. No me estoy viendo, pero seguro que es más una sonrisa traviesa que dulce. De nuevo, Caitlyn hace algo sin esperármelo. Me acaricia la mejilla según se separa. Aunque, la verdad, no parece que lo haga de una forma romántica. O yo que sé, tampoco es que yo sea muy romántica.

Venga, Vi, no te quedes ahí y ve a trabajar —dice tan tranquila, volviendo hacia su escritorio.

No le contesto, no sé qué contestarle. Me doy la vuelta y abro la puerta de su despacho, saliendo de este y cerrándola a mi espalda. ¿Qué acaba de pasar ahí dentro? Ni yo misma lo sé, pero empiezo a pensar que igual a Caitlyn no le va el maromo del martillo.

¡Un punto para Vi! —digo, por error, en voz alta— Mierda.

Antes de que me siga mirando toda la comisaría entera, salgo de ella para empezar lo antes posible a patrullar. Hoy al menos tengo algo en lo que pensar, y seguro que me tomo todo el tiempo del mundo. Esto de las relaciones siempre me costó "procesarlo". Todo lo que queda de día y de semana es aburrido. Encima tendré que ir a comprar algo con lo que vestirme en la fiesta a la que irán la infeliz parejita. Hasta pensarlo es agotador…