Muchas gracias por vuestro apoyo y por comentarme y hacer que siga escribiendo :3 Espero que os guste este cap. Con respecto al fic quiero decir que ahora va un poco lento, pero primero hablaré de una etapa cuando estaban en primero y luego la historia cambiará a otro año. No diré cual para no dar muchos detalles. Muchisimas gracias! y como siempre, Harry Potter y sus personajes no me pertenecen. Espero que os guste.
Para Albus, el tiempo que pasó sentado en la mesa intentando tomar un bocado de su fabulosa cena, fue interminable. Por más que quisiera concentrarse no podía. Lucy no le dejaba en paz contándole cosas sobre su maravillosa familia la cual, el mediano de los Potter, no conocía. Su prima Rose ni siquiera le había dirigido la mirada, su hermano lo observaba con tristeza de vez en cuando, sus compañeros de Slytherin le ofrecían más y más comida, y el chico con el que se había peleado en el vagón del tren, ese tal Malfoy, se había trasladado hasta un hueco libre que había justo en frente suyo y no sabía cómo mirar hacia delante sin encontrarse con esa mirada tan gélida y llena de dolor. De repente sintió pena cuando vio como todos sus compañeros se alejaban un poco más del rubio. Suspiró sonoramente mientras posaba el tenedor a un lado derecho de la mesa. No sabía por qué aquellos gestos le hacían sentir una rabia que ni el mismo conocía que tenía.
-Esto va a ser interminable por Merlín… -Susurró para él mismo.
Dejó caer su cabeza en la mesa mientras bostezaba. Albus no era consciente de lo que estaba pasando a su alrededor. Todo el mundo lo observaba con disimulo mientras se levantaban con pereza. Unos golpes suaves en su hombro derecho hicieron que se incorporara y mirase hacia esa dirección. Lucy lo miraba sonriente mientras bebía de su jugo de calabaza.
-¿Qué pasa? –Preguntó Albus al ver como todos sonreían y hablaban más de la cuenta entre ellos.
-Nos vamos ya hacia la sala común, los de sexto año dicen que han preparado una fiesta en las mazmorras por tener a un Potter en nuestra casa, ¿no es fantástico? Creo que este año es único, yo hija de muggles en Slytherin, eso nunca se había dado, ¡y un Potter! ¿No es increíble?
-Oh no… yo no quiero fiestas. –Decía mientras agitaba la cabeza. –Espera, ¿has dicho muggles?
La rubia iba a contestarle cuando una chica -muy alta, morena y con unos ojos verdes enormes- se acercó hacia ellos.
-Siento interrumpiros chicos, pero soy vuestra prefecta, me llamo Diana. –Se presentó con un breve estrechamiento de manos. Tanto Lucy cono Albus se quedaron observándola durante un buen rato sin saber que decir ni que hacer. -Vamos chicos, tenemos que irnos ya, no queremos que la directora se enfade, ¿verdad? –Decía Diana mientras los empujaba suavemente.
Ambos asintieron y fueron dirigidos hacia un gran grupo de chicos vestidos con las túnicas de Slytherin. Todos los cursos estaban mezclados entre sí. Los alumnos estaban muy risueños y sus pasos eran apresurados y casi divertidos. Llegaron a las mazmorras casi en un abrir y cerrar de ojos, lo que no le permitió al moreno a quedarse con el camino exacto, sabia de sobra que al día siguiente tendría que pedirle ayuda a alguien para llegar al gran comedor. La oscuridad en el castillo iba aumentando a medida que iban bajando por las mazmorras. De repente los prefectos se pararon frente a un muro alumbrado por dos candelabros, los dos a la misma distancia de los que los precedían.
-Bien, a los chicos de primero tengo que decirles que el truco para reconocer nuestro muro es muy sencillo. –Decía Diana mientras se colocaba frente a los siete alumnos nuevos. –Si os fijáis aquí. –Dijo mientras señalaba una gran grieta en la esquina inferior del muro de piedra. –Es la única grieta profunda en toda la pared, por lo cual, es lo que os indica que esta piedra se abrirá mostrándoos nuestra sala común. Este año el santo y seña es "argentum coluber".
En ese momento el muro casi desapareció dejando a la vista una sala de piedra decorada casi entera de verde. Parecía fría pero a la vez muy acogedora. Una chimenea crepitaba al fondo de la estancia y las cortinas verdes, tapaban lo que parecían ventanales que daban, si las conclusiones de Albus no eran erróneas, hacia el lago. Todos fueron caminando de uno a uno y entrando con cautela. La primera impresión que se llevó Albus fue, que a pesar de estar en las mazmorras, aquella estancia estaba demasiado caliente como para parecer verdad.
-Les echan un hechizo de calefacción porque en realidad aquí hace frio durante todo el año. –Le susurraba Lucy. –Lo leí en historia de Hogwarts, es un libro muy interesante, lo compré cuando me enteré de que era bruja.
El moreno la observó por unos momentos. – ¿tu apellido es Granger o tienes familia cercana? –Cuestionó alzando la ceja derecha. –Porque realmente pareces familia de mi tía, una hija secreta o una hermana.
La rubia negó mientras sonreía.
-¡Bien! –Exclamó Diana. –No hace falta que os explique mucho esto, ¿verdad? Esta es la sala común, nos gusta que todo esté en silencio para estudiar, así que por favor, si queréis jugar, hacedlo fuera. –Decía mientras miraba fijamente a dos chicos de tercer año que aguantaban la risa. –Somos una casa de prestigio y, aunque para alguno seguimos siendo todos unos traidores, no lo somos. Somos inteligentes y por ello necesitamos sacar muy buenas notas. Llevamos sin ganar la copa de las casas casi nueve años. Así que ya sabéis, nada de hacer pillerías y a comportarse, no quiero que os quiten más puntos de lo que ya lo hacen injustamente.
-Este año ganaremos. –Decía un chico pelirrojo. –Tenemos a Potter, el profesor Longbottom no nos quitará puntos por cosas insignificantes como todos los años.
Albus miró hacia el suelo avergonzado de que su, casi tío, se comportase así con sus alumnos, porque sabía de sobra que tenían toda la razón. Años atrás James había llegado sonriente en las vacaciones de navidad alegando que el profesor Longbottom les quitaba puntos a los Slytherin como el que bebe agua.
-Bueno, pero también tenemos a Malfoy, no es como si…
El rubio resopló cruzándose de brazos. Un silencio incómodo envolvió la sala y todos los alumnos observaban a Scorpius con odio.
-Diana. –La nombró Albus rompiendo el silencio. No le agradaba el comportamiento que sus compañeros de casa estaban teniendo con un chico de primero y todo por su apellido. -¿Las habitaciones dónde están?
-Eh… si, al fondo hay un pasillo, cada habitación cambia automáticamente cuando os paráis frente a la puerta. Este año, por problemas que provocaron el año pasado dos leones, ellos siempre tienen la culpa de todo. –Enfatizó. -Nos han puesto por parejas, aunque las chicas de primero de este año como sois tres se os permite estar juntas.
Las chicas se miraron y sonrieron casi saltando de la alegría.
-¿Y cuál sería mi puerta? –Dijo un chico moreno de primero.
-La de los chicos están a la derecha y las de las chicas a la izquierda. –La prefecta se aclaró la garganta sonoramente. –Ahora haremos una fiesta de bienvenida, los que se quieran quedar son bienvenidos, sino podéis iros a descansar, mañana no habrá clases porque será sábado pero aun así preferiría que os fuerais poniéndoos al día.
-¿Cómo sé cuál es mi compañero? –volvió a cuestionar el chico de antes. – ¿se puede pedir un cambio? –Dijo mientras miraba de reojo a Malfoy.
Diana lo miró con pena y negó mientras suspiraba.
-El compañero lo decide la propia sala, la directora le lanzó un conjuro para eso y no se puede cambiar, lo siento.
Albus, un poco cabreado por como volvían a mirar a Scorpius, apretó los puños y se dirigió hacia aquel pasillo. Llegó a la puerta con tanta rapidez que hasta incluso se sorprendió. Respiró hondo y volteó hacia la derecha. Colocó la mano sobre el pomo y la madera, junto con el metal, vibró delicadamente. Suspiró y lo giró con miedo. Cuando la puerta se abrió había una habitación decorada casi igual que la sala común. Dos camas estaban colocadas una frente a la otra y debajo de los pies de cada una, se encontraba el baúl de cada alumno con sus correspondencias personales. Albus anduvo hasta la cama de la izquierda y miró sus iniciales grabadas en la madera. Cerró los ojos y se recostó en la cama. Giró la cabeza mientras volvía a observar el cuarto. Una puerta de color ceniza justo a la derecha de la cama de su compañero indicaba la entrada hacia el baño. El moreno se levantó como si una fuerza le obligase y se adentró a ver el baño. Dos cubículos estaban separados uno de otros. Y una ducha conjunta situada en la pared del fondo le daba poca intimidad a aquel cuarto. Albus se fijó en los dos espejos colocados justo encima de un gran lavabo blanco decorado con serpientes plateadas.
Se observó en el espejo. Aún llevaba las túnicas sin el escudo de Slytherin bordado. El moreno pensó si el verde le sentaría bien al combinar con sus ojos. Sonrió ante tal pensamiento y se dejó caer en el lavabo mientras escuchaba un pequeño chasquido. La puerta de su cuarto se había abierto. De repente el moreno sintió curiosidad por saber quién era su compañero de cuarto. Corrió hacia fuera y se quedó parado al observar al nuevo integrante de la habitación se trataba nada más y nada menos que de Scorpius Malfoy y sin saber por qué, el rubio sonrió al verlo, gesto que hizo a Albus enrojecer.
-Bienvenido. –Dijo cortésmente. –Creo que tu cama es la de allí. –Decía mientras señalaba la opuesta. –Este es el baño, es grande pero compartiremos ducha, espero que no te moleste, sino podríamos poner un horario o como… -se secó las manos con nerviosismo. –Como quieras.
Scorpius lo observó con detenimiento mientras ladeaba la cabeza hacia un lado.
-Sé leer y me da igual lo del baño, no voy a morirme por verte desnudo.
-No. –Dijo el moreno mientras notaba como su rostro se enrojecía de nuevo. –Bueno pues… eso.
-Bien. –Decía el rubio mientras viajaba hasta su cama y se sentaba en ella. Observó a Albus mientras este seguía secándose las manos. –Si te incomoda mi presencia podemos hablar con la directora, nos podrían dar cuartos separados, mi padre podría hablar y el tuyo también, sería mejor, ¿no? Entiendo que no me quieras de compañero. –Decía mientras bajaba la cabeza y miraba sus pies. –Tú tampoco me agradas, no creas que todo es culpa mía. –Dijo recuperándose.
-No, bueno… -Suspiró. –Quiero decir… no me incomodas, tu presencia no es mala.
-Si ya. -Sonrió de lado mientras lo observaba. -No me dicen lo mismo tus nervios.
El moreno suspiró y se sentó en su cama. Miró sus manos y volvió a suspirar.
-Siento el comportamiento de mi prima esta mañana. –Se quedó callado por un momento. –Y el mío propio.
El rubio no respondió, solo se le quedó mirando por lo que parecieron horas para el mediano de los Potter.
-Yo también. –Contestó por fin. –Pero no creas que por esto nos hacemos amigos, no quiero tener relación alguna contigo, ¿de acuerdo? Y olvida lo que acabo de decir, un Malfoy no se disculpa.
Albus asintió mientras veía como el rubio tomaba su pijama y se levantaba con delicadeza.
-Voy a cambiarme, espero que ya lo estés cuando vuelva, quiero dormir pronto.
Y con eso el rubio desapareció por la puerta color ceniza. Albus se colocó su pijama blanco en un abrir y cerrar de ojos, dobló sus túnicas y las dejó encima de la pequeña mesa de noche que había al lado suya, tal y como dictaba en la carta de bienvenida a Slytherin que se encontraba colgada justo al lado de la puerta. Se sentó de nuevo en su cama y tomó de su baúl un pergamino, una pluma y el libro de pociones como apoyo. Cruzó las piernas y se decidió a escribirle una carta a sus padres y mandarla al día siguiente lo más temprano posible:
Queridos papá y mamá:
Creo que ya sabéis en que casa entré, mis temores se hicieron realidad, pero como me decía papá no es tan malo como lo aparentaban. Todos son muy amables conmigo, aunque creo que solo es por mi apellido, pero me tratan muy bien y quieren que los de primero nos comportemos disciplinados y saquemos las notas más altas, ¿no es fantástico? La tía Hermione siempre me dijo que era muy inteligente. Estoy en mi cuarto y este año han cambiado las reglas y me toca dormir con un compañero solo. Aunque hemos sido muy pocos seleccionados a Slytherin, somos cuatro chicos y tres chicas. Espero que tío Ron no entre en cólera cuando se entere de que mi compañero de habitación es Malfoy, pero está bien, hablamos lo justo y no es un mal tipo. Aún no he tenido ocasión de hablar con Rose, pero espero poder encontrarla pronto. Mañana por la mañana seguro que ya tengo mis túnicas bordadas. Realmente aquí no hace tanto frio como siempre decían. Aún no he comprobado si de verdad se ve el calamar gigante desde las ventanas de la sala común. Sé que James estará disgustado, pero espero también poder hablar con él lo antes posible. ¿Cómo estáis todos? De momento no he tenido ningún descontrol de mi magia y estoy muy satisfecho. Creo que me va a gustar pociones, tengo el libro encima y le eché una ojeada a escondidas de todos estas vacaciones. No tengo mucho más que contar, bueno, he conocido a una chica nueva que parece familia de la tía Hermione, ¿era igual de pesada cuando estaba en primero? Podría ser una pariente lejana quién sabe, lo más sorprende es que es hija de muggles, ¡y está en Slytherin! Es la primera vez en la historia de Slytherin que hay una bruja hija de muggles.
Los demás están haciendo una fiesta de bienvenida, pero yo he decidido ir a mi cuarto ya. Espero poder dormir bien, ya sabéis que en camas ajenas no consigo pegar ojo. ¿Cómo está Lily? Espero que estéis orgullosos de mí aunque pertenezca a las serpientes, quiero demostraros que puedo ser unos de los mejores. Decidle al tío Neville que trate bien a los Slytherin ahora que soy uno. No creo que tenga más que contaros que no sepa. Espero poder recibir vuestra carta lo más rápido posible. Os echo de menos.
Con cariño, Albus Severus Potter.
El moreno enrolló el pergamino con cuidado y dejó todo de nuevo en su baúl. Se tumbó en la cama y observó el techo de la habitación. Un chasquido le hizo saber que su compañero ya había salido del baño. ¿Cuánto tiempo había estado allí? Prefirió no mirarlo y cerró los ojos. Un pequeño "click" le hizo saber que Malfoy había apagado la luz de la habitación.
Mientras Albus intentaba conciliar el sueño, el heredero de los Malfoy aguantaba las lágrimas tanto como podía. No entendía por qué sus padres le había llevado allí sabiendo todo lo que le esperaba, no comprendía por qué tenían que ser así todos con él, por qué siempre se metía en problemas, por qué el sombrero había dudado tanto en su decisión y sobre todo, no entendía por qué aquel Potter era simpático con él después de todo. Se secó las lágrimas con la manga de su pijama sin saber que Albus había escuchado su pequeño sollozo.
