Hacía meses que no veía ni a sus amigas ni a su familia, toda su vida estaba repartida entre Los Ángeles y San Diego, y su cuerpo estaba preso en Australia. Debido a esa distancia apenas recibía visitas. Menudo desastre. Hasta eso le salía mal.

Echaba de menos todo. Su piso, sus amigas, su familia, incluso su trabajo. Por no mencionar a la Señora Popitas. Echaba de menos visitar a sus abuelos en la casa del lago y las excursiones que hacía algunos fines de semana con Melanie y Berta. Eran pocas las veces que podían coincidir las tres, pero siempre hacían lo posible para poder escaparse y desconectar de todo.

Melanie era la que decidía la mayoría de lugares que exploraban, casi nunca repetían ruta, a su amiga le encantaba buscar lugares nuevos que descubrir, sobre todo si estaban relacionados con el mar.

En una de esas escapadas tuvieron un pequeño percance que no fue más grande gracias a los conocimientos de Melanie. Habían planeado explorar en kayak unas cuevas espectaculares, palabras textuales de su amiga. Una vez dentro, la marea subió y quedaron atrapadas durante algo más de dos horas y media. Dos horas y cuarenta y dos minutos.

-Mierda, mierda, mierda -Susurraba nerviosa -Vamos a morir aquí. Creo que me estoy mareando -Dijo de forma melodramática -Dijiste que era lo más fácil del mundo, entrar y salir, y entrar ya hemos visto lo fácil que es, pero aún estamos esperando que nos deleites con esa salida triunfal.

-Cálmate, ¿quieres? Así no ayudas -Dijo Melanie algo molesta por todas las quejas que llevaba escuchando desde hacía una hora.

-No sé cómo me dejo convencer, siempre me liáis con vuestros planes locos, no teníamos que haber venido -Seguía quejándose.

-Dentro de poco podremos salir, solo hay que esperar un poco más -Intentaba calmarla Melanie.

-Vamos a morir -Dijo de forma contundente.

-Por Dios Lexa, ¿confías en mí? -Preguntó Melanie desesperada.

-Vamos a morir -Repitió con el mismo tono.

-Madre mía, la hemos perdido, ha entrado en bucle dramático -Habló Berta que hasta ese momento no había dicho una palabra.

Al cabo de un rato pudieron salir de allí sanas y salvas, no sin antes dejar claro un par de veces más que iban a morir y que nadie encontraría sus cuerpos jamás. Hacer kayak quedó anulado como plan futuro hasta que se le olvidara aquel intento de asesinato por parte de su amiga. La próxima vez elegiría ella plan y sería en tierra firme. Por supuesto que confiaba en su amiga, pero era mejor prevenir que curar, y en ese caso no habrían podido curar nada porque estarían muertas. Fin. No había más que hablar.

Recordaba aquella aventura con sus amigas mientras se encontraba en el patio rodeada de reclusas, algunas jugaban a baloncesto mientras otras las animaban entre gritos, otras formaban grupos y charlaban, algunas fumaban y otras simplemente observaban.

Obviamente, estaba en el grupo de las que observaban. Le gustaba sentarse en lo más alto de aquellas improvisadas gradas para ver los partidos de baloncesto, desde su posición podía divisar cualquier cosa que pasara en ese lugar, como por ejemplo, a Emori y su grupo cuchicheando y riendo, a saber qué planeaban esta vez. Llevaba el tiempo suficiente allí para saber con quién no debías meterte y una de esas personas era Emori, "La líder", por su culpa en vez de tres meses tendría que cumplir condena seis años más. Llevaba dos semanas, tres días y tres horas en Azgeda cuando, en uno de los registros sorpresa, encontraron dentro de su crema facial de noche una bolsita que contenía cocaína. La crema a la basura, por supuesto, le dolía aquel sacrilegio pero no sería ella quien se arriesgara a que se le cayera la cara a pedazos. Prefería ir por la vida con la piel hecha cartón. No podía ni imaginar qué clase de manos habían removido su preciada crema facial de noche. A ella la mandaron a aislamiento. La gobernadora intentó sonsacarle quién la había usado como tapadera para esconder el alijo, estaba claro que no era ninguna drogadicta o camello, y aunque sabía muy bien quién había sido, lo mejor era callarse. Y sabía quién había sido porque Emori se la tenía jurada desde que se negó a llevarle la bandeja en un desayuno, así de fácil era buscarse de enemiga a Emori. Seis años más allí por no haber transportado la dichosa bandeja, era de risa.

Emori era más bien pequeña, de pelo moreno y ojos castaños y tenía un tatuaje que le cubría parte de la cara. Podría parecer inofensiva porque visto su tamaño no imponía demasiado, pero era muy inteligente, y con su fiel compañera Echo al lado, que era un armario de 2x2, eran el conjunto perfecto para liderar una cárcel.

Desde allí sentada también podía observar a Octavia, "La otra líder", mirando desafiante a Clarke esperando el momento oportuno para darle un codazo en las costillas mientras jugaban a baloncesto. Ni se molestaba en disimular.

No imaginaba lo que podría haber hecho ya aquella chica de ojos azules para enfadar a Octavia, quizá aquel coitus interruptus en su celda el día que llegó, no lo tenía muy claro.

Desde el día que conoció a Clarke no había vuelto a hablar con ella, la había observado, quizá más de la cuenta, tenía que reconocer que era condenadamente guapa. Había intentado dar el paso de mantener una conversación con ella, preguntarle qué la había llevado a Azgeda, pero siempre acababa huyendo, prefería mantener las distancias con cualquiera de aquel lugar, sabía muy bien que al final solo le harían daño.

Estaba resultando un día extraño, el ambiente en el patio se notaba algo diferente, lo podía sentir. Pensó que lo mejor era ir a por su medicación y alejarse de lo que fuera que tramaban algunas. Por norma general había un horario específico para la toma de medicación, pero el Dr. Titus había decidido llevar su caso con cautela y muy de cerca, tan solo era un poco de ansiedad, pero agradecía que alguien se preocupara de ella. Eso también lo echaba de menos.

Bajó los peldaños de las gradas donde se encontraba sentada y al llegar al suelo notó que algo la golpeaba en la cara con dureza. Sus sentidos se anularon por un momento y los ruidos se escuchaban distorsionados. Sintió que se mareaba e instintivamente palpó con una de las manos la superficie de la grada y muy despacio se sentó. Poco a poco iba recuperando los sentidos, se escuchaban risas de fondo cada vez más nítidas y su vista empezaba a enfocar adecuadamente. Cuando por fin consiguió estabilizarse por completo vio que muchas de las reclusas la miraban y carcajeaban mientras murmuraban. Buscó con la mirada a la causante de aquellas risas por si se le ocurría intentar provocar más a su costa, pero a su alrededor no había nadie, al menos lo suficientemente cerca como para dañarla de nuevo.

Pronto vió como una pelota de baloncesto se aleja de ella botando. ¿La habían golpeado con una pelota de baloncesto? Mierda. No le pasaba eso desde el instituto y entre los recuerdos y las risas sintió que se le cerraba el pecho y le costaba respirar. Otra vez la misma historia.

Ahora sí que necesitaba las dichosas pastillas.

Se levantó como pudo y miró a la zona donde jugaban a baloncesto buscando a la culpable, instintivamente sus ojos buscaron a alguien en concreto, cuando su verde conectó con aquel azul se le cerró aún más el pecho, Clarke se reía al compás de aquel rebaño de borregas. No sabía porqué le importaba, pero lo hacía y le dolía el doble.

Con el nudo en la garganta no perdió más tiempo y se encaminó hacia la enfermería todo lo rápido que pudo, necesitaba salir de allí lo antes posible, no quería darles el placer de que la vieran llorar aunque se notase a leguas que lo haría en cuanto desapareciera de allí.

-Menudo ridículo más grande, bravo Lexa, vas a ser el hazmerreír otra vez, eres una estúpida -Se reprochaba así misma mientras se limpiaba las lágrimas que caían por sus mejillas e intentaba normalizar su respiración.

No podía controlar lo que los demás hacían con ella, pero sí la manera de enfrentarse a ello y aún no había sido capaz. Lo había intentado millones de veces, el resultado siempre era el mismo y cada vez le pesaba más. Quizá se lo merecía, quizá su padre siempre había tenido razón y era una cobarde, y sí, quizá lo fuera y no se había dado cuenta hasta ahora, pero ya estaba demasiado cansada de enfrentarse al mundo ella sola.

-¡Lexa! ¡Espera! -Escuchó a sus espaldas.

Su cuerpo paró de inmediato, enseguida sus pies volvieron a moverse. Sabía perfectamente quién era y no tenía ganas ni de verla ni de escucharla.

-Lexa, espera, por favor -Clarke se lo pidió de nuevo mientras la alcanzaba y le cortaba el paso posicionándose frente a ella.

-¿Qué pasa, Griffin? ¿Te has quedado con las ganas de seguir riéndote? Adelante, haz la gracia y déjame en paz -Lo intentó decir en un tono serio, pero le temblaba demasiado la voz.

-Ha sido sin querer, te lo prometo. Octavia llevaba todo el partido placándome hasta que al final me he cansado y le he lanzado la pelota y...-agachó la mirada al suelo pero rápidamente volvió a sus ojos -la ha esquivado la maldita sabandija y luego la pelota ha decidido tomar rumbo hacia tu cara, ¡joder Lexa! ha sido sin querer -Sonó desesperada.

-Seguro que también te has reído sin querer, ¿A que si? -Esta vez si le salió un tono serio.

Clarke tardó un poco en contestar, no sabía descifrar su mirada, uf, menuda mirada, pero dudaba mucho que fuese de arrepentimiento, sabía perfectamente cómo eran esa clase de personas y lo manipulables que podían llegar a ser.

-No tenía otra opción... -Dijo Clarke en voz baja -Si muestro debilidad seré un blanco fácil, lo he visto en las series.

¿En serio le estaba diciendo eso? La peor excusa del mundo, debía reconocer que imaginación no le faltaba a esa chica. La miró unos segundos mientras los ojos se le volvían a llenar de lágrimas.

-¿Sabes qué? No tienes que darme explicaciones.

-Pero Lexa...

-Sal de mi vista -No la dejó terminar. Las lágrimas cayeron sin poder evitarlo y se las limpió con rabia mientras la esquivaba y la dejaba atrás.

Aquel suceso en el patio le había puesto más nerviosa de lo habitual, por no hablar de aquella conversación con Clarke. Se encontraba frente a la puerta de la enfermería intentando controlar un poco su respiración, tampoco quería que la viesen demasiado mal, no sería la primera vez que la dejarían en observación hasta que se calmara. No estaba dispuesta a quedarse allí, necesitaba tomarse sus pastillas, volver a su celda y dormir, aquel día no pensaba hacer nada más.

Llamó a la puerta y enseguida escuchó un ¨adelante¨ del Dr. Titus, abrió la puerta intentando fingir una sonrisa, lo encontró sentado en la silla de su escritorio. Estaba concentrado escribiendo en el ordenador hasta que ella lo interrumpió diciendo un tímido "hola", el Doctor la enfocó y le sonrió enseñando su perfecta dentadura.

Titus era un hombre bastante serio y se preocupaba por las reclusas, se sentía más cercano que muchos guardias de aquella prisión, al menos con ella siempre se había portado muy bien. Siempre que tenía alguna crisis solo tenía que ir en su búsqueda que aquel hombre la recibía sin ningún impedimento. La primera opción de Titus siempre era calmarla sin usar medicación, contándole batallitas que le habían pasado en todos los años que llevaba trabajando, y algunas veces lo había logrado. Sin duda era un gran apoyo tenerlo en Azgeda.

-Pasa y siéntate Lexa, ya sabes que conmigo no tienes que guardar las formalidades -Mientras hablaba señalaba con su mano la camilla -¿Qué sucede?

-Nada nuevo, supongo -se encogió de hombros y le sonrió -Solo necesito algo para calmarme, hoy al levantarme rocé el suelo sin querer con el pie izquierdo antes de apoyar el derecho y este es el resultado de ese gran error, seguro.

Titus le sonrió divertido y se acercó a la camilla sentándose a su lado.

-Debes aprender a tomarte las cosas con más calma -Posó una de sus manos en su brazo -Aunque para mí es una suerte que vengas a verme, me gusta tu compañía. Quítate la camiseta que te ausculte -lo miró algo extrañada, cada vez que le auscultaba lo hacía con la camiseta puesta, era la primera vez que le pedía que se la quitara. Titus pareció darse cuenta de su expresión -Tranquila, echaré la cortina por si entra alguien -Le regaló otra de sus sonrisas perfectas, pero esta vez le pareció diferente.

Echó la cortina tal y como le había dicho que haría y casi que prefería que no la echara. De repente ya no se sentía tan cómoda con él y el corazón empezó a latirle el doble de rápido. Intentó mantener la calma porque tampoco había pasado nada extraño, era médico, era su trabajo, así que se limitó a hacer lo que le había pedido bajo su atenta mirada.

Cuando terminó de quitárse la camiseta Titus se acercó y comenzó a auscultarla. La verdad es que quizá el estrés le había jugado una mala pasada porque estaba auscultándola tranquilamente con el mismo semblante de siempre. O eso parecía hasta que terminó y ella levantó la cabeza para mirarlo. Los ojos de aquel hombre estaban clavados en su rostro repasando cada facción de su cara como si fuese una maldita obra de arte, daba miedo, ni siquiera pestañeaba, aquello sí que no se lo esperaba y mira que ya le parecía raro todo desde un principio. Al no reaccionar, Titus se acercó más, quedando el cuerpo de este entre sus piernas. Mierda, mierda, mierda. Su corazón ahora le latía el triple de rápido. Maldito descuido el de aquella mañana y maldito pie izquierdo. Se inclinó hacia atrás en un acto reflejo para mantener un poco las distancias pero aquel ser que tenía delante parecía no captar lo que significaba ¿pero qué mierda le pasaba? Nunca se había comportado así.

Justo en ese momento, la alarma de la prisión que indicaba un código rojo comenzó a sonar, solo sonaba cuando algo grave pasaba.

Salvada por la campana.

Rápidamente Titus se apartó y salió a comprobar qué pasaba. Se puso la camiseta todo lo rápido que pudo, bajó de la camilla de un salto asegurándose que el primer pie en tocar el suelo fuera el derecho, y corrió hacia la puerta.

Nada más atravesarla su cuerpo se quedó paralizado.

Hasta aquí el capítulo 4, contadnos qué os ha parecido.

Ay Titus, Titus...

Poco a poco irán apareciendo más personajes conocidos? ¿Queréis que aparezca alguno en especial?

Pobrecita nuestra Lexa, alguien debería darle un abrazo para animarla.

¿Qué os ha parecido la reacción de Clarke ante el pelotazo de Lexa en la cara? Chica mala nuestra rubia.

Gracias de nuevo por comentar y votar, nos sigue haciendo mucha ilusión?

Estas perezosas se despiden hasta el viernes que viene ? ゚マᄏ ️? ゚マᄐ ️

Abrazos perezosos para tod s.