IV
Maurice estaba recostado sobre su hamaca con los ojos cerrados; se sentía tan cansado, que incluso respirar le resultaba incómodo, además de que todo el escándalo que había acontecido hace apenas unos minutos, aún le hacía retumbar la cabeza.
Él había estado durmiendo tranquilamente, pero luego toda la paz se había marchado, cuando Julien comenzó a sacudirlo con brusquedad, aunque, debía admitir que algo le daba un poco de miedo, pues a pesar de escuchar el llamado de su rey y querer atender a éste, no lograba salir de su sueño, y momentos más tarde, el cola anillada había gritado pidiendo auxilio, atrayendo a los pingüinos y a Marlene hasta su ubicación.
Kowalski lo había revisado y había confirmado que el lémur ayeaye sólo dormía (aunque en realidad ya estaba despierto, pero tan agotado, que no podía abrir sus ojos aún) y con eso por fin había callado los gritos de Julien, quien había estado gritando que "los espítirus del cielo se llevaban a Maurice".
Luego del ajetreo, Maurice finalmente consiguió fuerzas para abrir un poco sus ojos y ver lo que ocurría a su alrededor; y con ello, pidiéndole a Julien que se tranquilizara de una buena vez. Volvió a cerrar sus ojos pero no para seguir durmiendo, sino para descansar de lo entumido que se sentía su cuerpo. ¿Por qué sentía así?
–Maurice ¿te apetece una papilla de mango? –Preguntó Julien con una voz amable que rosaba en la dulzura, pero el ayeaye sólo se limitó a mover la cabeza con suavidad en señal de afirmación. Incluso algo tan trivial como eso le resultaba un esfuerzo tremendo. –Ahora la traigo.
La voz del rey lémur había sonado extraña… demasiado tranquila, y por un momento, Maurice supuso que Julien sabía algo que él no. Y de hecho, así era.
Se acercó hasta la barra del Bar Tiki, en donde Cabo lo recibió con una sonrisa amable detrás de la barra. Se había ofrecido para preparar lo que Maurice deseara comer, pues sabía muy bien (al igual que Julien) que el rey lémur no sabía preparar ni una ensalada, así que cuando éste le pidió ayudarlo con el trabajo, Cabo accedió de inmediato.
Se sentía mal por el de cola anillada y todo lo que le estaba ocurriendo. El joven pingüino sabía muy bien ser empático, así que no podía evitar ponerse en sus zapatos para comprender lo duro que debía ser que uno de tus amigos estuviese… marchándose. De inmediato sus ojos se dirigieron hacia Skipper, que aún sostenía una profunda conversación con Kowalski. ¿Cómo se sentiría él si Skipper estuviese en el lugar de Maurice? ¿Qué haría al respecto? ¿Sería capaz de salir adelante? Definitivamente compadecía a Julien…
Claro que Cabo no era el único que estaba sumido en sus pensamientos mientras preparaba la papilla, Julien lo estaba de igual manera. Tenía la cabeza baja, pero su mirada no transmitía nada en lo absoluto, pues en su mente, sólo había dos voces sonando como molestos insectos: La de Skipper y la de Kowalski, sosteniendo aquella conversación en la que los había sorprendido luego de que el científico revisara a Maurice.
–¿La situación de Maurice tiene cura, Kowalski? –Había preguntado Skipper murmurando, pues no quería alarmar a nadie con las conclusiones a las que él y su segundo al mando estaban llegando.
–No, Skipper. –Respondió con sencillez, empleando el mismo volumen en su voz que su líder –lo que Maurice tiene es sólo una avanzada edad. Y no existe cura para la vejez.
–Comprendo. –Hubo silencio. –¿Cuánto tiempo crees que le quede? ¿Podemos cumplirle su último deseo? –Preguntó el cabeza plana, nervioso de cierta manera por la respuesta que podría obtener.
–No puedo asegurarlo pero… no quiero ser insensible, Skipper, pero dudo que Maurice llegue a mañana. –Comentó por fin comenzando a tocar la punta de sus aletas una contra la otra, mientras una expresión triste se formaba en su rostro. –Con lo débil que está, me sorprende que despertara hoy.
De nuevo hubo silencio. Un fúnebre, horrendo e incómodo silencio, pues ambos pingüinos habían notado finalmente la presencia de Julien, que los miraba completamente shockeado. Sin poder articular palabra. Sin poder moverse.
Ese era el pronóstico. Sólo le quedaba ese día para estar con su amigo. –Aquí está, rey Julien –le habló despacio Cabo acercándole la papilla. –Puedes llevársela. –El de cola anillada miró sin expresión hacia el pingüino y tomó la papilla entre sus patas, soltando un desabrido "gracias", pero Cabo le restó importancia a su manera de responder y le dedicó una cálida sonrisa.
Julien se dirigió hasta Maurice, que seguía en la hamaca, y curiosamente, tenía a Mort recostado sobre su barriga. El pequeño le hablaba en voz baja, contándole secretos y cosas que pudiesen hacerle sentir mejor, y de vez en cuando, Maurice emitía una tenue risa por los relatos del lémur ratón.
"Dudo que Maurice llegue a mañana."
–Te traje tu papilla –le dijo sentándose a su lado para darle de comer en la boca, como si fuese un bebé.
"Con lo débil que está, me sorprende que despertara hoy."
Darle le comer era lo menos que podía hacer por ese lémur que lo había cuidado desde pequeño, que le había educado (o al menos, lo había intentado), que le había cobijado en sus brazos durante las noches frías, que le había contado un sinfín de historias de cómo un lémur de cola anillada había derrotado a los monstruos de la oscuridad para ahuyentar el miedo que sentía por ella, que se había desvelado noche tras noche cuando enfermaba así no fuese nada grave, que lo había protegido aún a costa de su propio bienestar, pero sobre todo, que se había encargado de darle lo que sus padres se rehusaron debido a su condición: amor, respeto y comprensión.
"Dudo que Maurice llegue a mañana."
Las horas seguían su curso, y con ellas, también lo hacía el destino, y el de Maurice ya estaba trazado.
El cielo se había pintado de un gris tan intenso, que casi lucía negro, como si incluso él estuviese esperando lo mismo que todos. El adiós.
La temperatura había descendido y ahora un horrible frío les carcomía los huesos a los presentes (excepto claro, a los pingüinos). Burt, Roy, Joey, Mason, Phil y el resto de los animales del zoológico, ahora estaba congregados alrededor del hábitat de los lémures, pues ya habían sido informados de la situación del ayeaye y querían pasar el tiempo que le restaba a su lado.
Al principio, Marlene le había pedido a todos que tuviesen pensamientos positivos, y que tuvieran fe en que Maurice estaría bien, pero esa idea se fue disipando incluso de la mente de la nutria, al ver como poco a poco al mano derecha del rey se le escapaba el alma del cuerpo.
–¿Cómo te sientes? –Peguntó por milésima vez Julien murmurándole con ternura a su amigo que lo miraba conmovido. El cuerpo de Maurice estaba cubierto por una manta de color verde militar que Rico le había ofrecido, para por lo menos intentar que el frío estuviese lejos de su cuerpo, aunque era inútil, Maurice cada vez estaba más helado…
–Estoy bien, su alteza. –Le respondió con lentitud y calidez, respirando pesadamente. Él también era consciente de que la vida se le estaba yendo, así que deseaba llenarse de la dulce esencia que la mirada de Julien poseía.
–¿Quieres que te traiga otra manta? –Preguntó el de cola anillada queriendo lucir atento. El otro sólo negó con la cabeza. –¿Seguro? Porque puedo traerte otra. O si prefieres algo de comer… o de beber…. Pídeme lo que quieras.
–Todo estará bien, alteza. –Maurice le dedicó una hermosa sonrisa que hizo que su corazón se hiciera trizas. Incluso así, en esa situación, en la que era él mismo quien dejaría éste mundo para siempre, estaba más preocupado por Julien que por sí mismo.
–Maurice… –Su nombre fue lo único que pudo articular debido al enorme nudo que había en su garganta. Miró a los ojos de su moribundo amigo e intentó sonreír, sin conseguir que la sonrisa no se viera completamente forzada. –Quiero que sepas algo –Le dijo el de cola anillada con un hilo de voz, como si la vida se estuviese esfumando también, y aunque no fuera literal, era justo lo que sentía, pues todas sus fuerzas y su alegría se estaban marchando con él.
–Estaré encantado de oírte. –Por un momento, Maurice pensó que tal vez era algo egoísta de su parte animarle a decir aquello que seguramente sería una despedida, aun sabiendo lo mucho que le dolería a Julien, pero ya no estaba para negarse a la realidad. Era tiempo de decirse adiós.
Julien se aclaró la garganta y miró al cielo, esforzándose por ahogar su dolor en lo más profundo de su ser. Luego de un momento, sonrió y miró a su súbdito, para después pasar su brazo por debajo de la espalda de su amigo y sostenerlo entre sus brazos.
–Gracias, Maurice… –comenzó Julien, con la voz saliendo a penas de su garganta. Colocó su mano izquierda en el pecho de Maurice para sentir sus latidos, mientras recordaba todas aquellas noches en las que las estrellas eran escondidas tras las espesas nubes negras que auguraban tormenta, cuando era el ayeaye quien lo abrazaba de esa manera, siendo aún un pequeño príncipe, para calmar a su infantil imaginación que se aterraba con los rayos.
–Gracias porque me diste todo cuanto había dentro de ti. Porque te encargaste de hacer mi vida lo más feliz que pudiste… gracias… –Intentó contenerse con todas sus fuerzas pero no podía más… sus ojos se llenaron de lágrimas. –…gracias por amarme.
Maurice cerró sus ojos, aun sonriendo, disfrutando de las palabras del que, para él, siempre sería su pequeño Julien. Quiso decirle que no tenía nada que agradecerle, que todo lo había hecho gustoso y desde el fondo corazón, pero ya no le quedaba fuerza para abrir su boca. Lentamente, la voz de Julien comenzó a desvanecerse con el viento, a volverse cada vez más tenue y a escucharse en la lejanía.
Julien colocó lentamente su frente sobre la de Maurice y cerró sus ojos también, sin poder terminar de hablar, y lo peor de todo, sin poder decirle lo que había querido. Gotas frías y blancas se dejaron caer sobre sus cuerpos en forma de nieve y él comenzó a llorar, al sentir como el corazón de su tan querido amigo había dejado de latir.
La oscuridad producida por el deprimente cielo ahogaba el llanto de los presentes, demostrándoles que los acompañaba en su dolor con la nieve que no dejaba de caer, robándose así el color del cuerpo que reposaba en los brazos de Julien. Y él… él no podía hacer nada más que llorarle y abrazarlo con fuerza.
Se maldijo a sí mismo por no ser capaz de decirle lo mucho que significaba para él, que no necesitaba que le diese nada, porque el simple hecho de permanecer a su lado era suficiente...
–¡MAURICE! –Gritó, sacando todo el dolor que estrujaba su corazón, al haber perdido al único ser que amó tanto como a él mismo. A su mejor amigo, al que siempre estuvo a su lado en las buenas y en las malas… al último miembro de su familia.
Se dejó caer sobre el estómago del ayeaye llorando como jamás en su vida, preguntándose qué clase de ofensa habría hecho para ser castigado de ésta manera, e implorando que sus súplicas llegaran hasta los espíritus del cielo para que le regresasen a su amigo.
Se sintió cansado, débil, vulnerable… solo.
Alzó la mirada hacia el cielo y la clavó en lo que él creía había ahí arriba, para seguir implorando que perdonaran sus errores y le devolviesen a su tan querido amigo. Estaba esperando por un milagro que jamás llegaría.
Se tumbó de nuevo sobre el cuerpo de Maurice pero ésta vez, colocó su rostro en el cuello de éste, para después llevarse los brazos del difunto hasta su espalda y sentir que lo abrazaba por última vez. –Llévame contigo…
Y... eso :'D espero que el capítulo les haya gustado. Al final no quedó como yo quería, pero de todos modos espero haber tocado sus corazones.
Sí, todos sabíamos que Maurice iba a morir, era bastante predecible, pero como ya les dije, la historia no radica en si moriría o no, sino en lo que ocurre tras su muerte.
En fin, tiempo de responder reviews.
LagrimasSolitarias: Es que querían conocer de las mañas que se puede hacer su líder (?) ok no. xD Bueno ya. me alegra que te gustara la escena del enfrentamiento entre Maurice y los fosa, esa es mi parte favorita *-* espero que te quedes a seguir leyendo. Gracias por comentar. ouo
Raven Queen Ever After high: Sí, son una tierna pareja. (Aunque no mi favorita x3) Y bueno... creo que aquí respondí si Marice seguía vivo :'D Gracias por comentar uvu.
Eldayanet: Me alegra mucho que te guste mi historia TuT y sí, creo que tengo bastante imaginación xDD se me ocurre cada cosa... (?) en fin. Sí, voy a cambiar un poco la personalidad de Julien para ésta historia, pero es porque es tá sufriendo mucho, en el trascurso de la historia lo verás actuar como él mismo y como emo (?). Gracias por comentar u3u.
¡DEJEN REVIEWS POR FAVOR! C:
