Capítulo 4: La cita

Mientras esperaban los platos de pasta Ryan empezó a hablar animadamente. Se le veía relajado, alegre y con ganas de conversar. Pamela sonreía, sin poder evitar sentirse algo intimidada por la facilidad de Ryan de relacionarse con ella, casi una desconocida.

"El viernes dije que no te recordaba por Erica, la chica rubia que vino a visitarme. Sabes, es periodista, trabaja para la CBS, para el telediario, y siempre anda husmeando. Alguna vez nos ha causado problemas. Si decía que te recordaba seguro que acabaría inventando alguna historia sobre médicos y policías que se ayudan mutuamente y que esconden trapos sucios o alguna paranoia parecida."

Pamela se rió, los miedos de Ryan parecían más fruto de su imaginación que reales.

"De todas formas lo lógico sería que no te acordaras, seguro que investigas cada semana un montón de casos, y acordarse luego de todas las caras es imposible."

"Bueno, tu caso fue algo especial. No se ven bebés en el departamento de policía todos los días", sonrió, recordando a la pequeña Bethany, "por cierto¿sabes algo de ella?"

Pamela negó con la cabeza. El camarero llegó y dejó un plato de spaghetti pesto enfrente suyo, y otro de lasagna para Ryan.

"Qué va. Me despidieron y no he vuelto a ponerme en contacto. Por miedo a que lo puedan interpretar mal y denunciarme."

"¿Y cómo es que trabajas en el hospital?"

"Estudié medicina", sonrió, era obvio, "soy alergóloga. Cuando llegué a Miami, mientras buscaba trabajo, necesitaba algo temporal para ir pagando las facturas, y me apunté a la agencia de niñeras que había enfrente de mi bloque de apartamentos. Un par de semanas después del incidente con los Seaborn tuve una entrevista de trabajo en el Miami Dade Memorial y entré a trabajar al día siguiente."

Siguieron hablando, sobretodo él, sobre algunos casos, anécdotas de la policía que a ella le interesaron y le hicieron reír, como la primera vez que Ryan estuvo presente en una autopsia.

Pamela pensó que era increíble la capacidad de él de relacionarse con la gente, de ser tan abierto. Ella nunca sería así. En su adolescencia sí recordaba haber sido extrovertida, mucho más que Ryan, del tipo de gente que intenta llamar la atención y hacer reír a los demás. Ahora era bien distinta.

Ryan le caía bien, hasta se había sentido algo atraída por él. Pero eso le ocurría mucho: conocía a algún chico, de vista o por un par de conversaciones, y en cuanto le conocía algo mejor, dejaba de gustarle, perdía el interés. Si se acercaban mucho, era ella la que se alejaba.

Al salir del restaurante Ryan la acompañó de vuelta al hospital, donde tenía el Hummer aparcado.

"Me lo he pasado muy bien" se detuvo antes de entrar, sonriéndole.

"Yo también" Ryan cruzó las manos en la espalda, inclinándose hacia ella. Levantó la mirada hacia ella, con las cejas elevadas, "me preguntaba si querrías que algún día fuéramos a tomar algo después del trabajo. O a comer, si te apetece."

Pamela se tensó repentinamente. Aunque tenía ganas de darle su número de móvil y quedar con él para otro día, algo dentro de ella se cerraba en banda y no quería contacto con el exterior. El exterior dolía, el exterior pedía explicaciones, el exterior hacía preguntas.

"Vale, si quieres te doy mi número y podemos quedar otro día" le ofreció su más amplia sonrisa, a regañadientes con el miedo que tenía encogido en el estómago, y le dio su número de móvil.

"Vale, bien…bueno…"

Ryan se inclinó hacia ella, vacilante... pero antes de que pudiera hacer nada, Pamela le plantó un beso en la mejilla y se volvió hacia el hospital, despidiéndose sonriente desde lejos.


Ryan se sentó al volante y cerró la puerta. Se sentía bien consigo mismo. Había ido con una idea al hospital, pero había salido de allí con muchísimo más. En un principio sólo había querido disculparse, pero algo le había impulsado a invitarla a comer, y más aun, a pedirle el número de teléfono y otra cita. Ni siquiera se lo había planteado antes. Claro que se había acordado bien de ella, al verla después de la operación del ojo, Pamela Warren, niñera de los Seaborn. O bueno, exniñera, y brillante alergóloga por lo que había investigado. Fantásticas notas en la universidad, algún que otro artículo en revistas, y por lo que había descubierto hoy, una lista de pacientes llena hasta el borde. Sabía que eso era jugar con ventaja, indagar en la vida de otros sin motivo criminalístico, pero era incapaz de lanzarse a la aventura sin un mínimo de control previo de la situación. Sin tener las ideas claras, organizadas¿cómo iba a poder enfrentarse a otras personas?

Y ahora estaba seguro de que iba a apostarlo por Pamela. Tan dulce, tan tímida,…tan distinta del mundo que le rodeaba. Recordaba el día que la tuvo retenida en la celda provisional, hasta recordaba haberle curado una herida de la pierna. ¿Cómo no se había dado cuenta entonces de lo preciosa que era? Bueno, aún era nuevo en el departamento, y con aclimatarse a sus compañeros, que no era fácil, ya tenía por aquel entonces bastantes preocupaciones.

La llamaría. ¿Sonaría muy ansioso o pesado si la llamaba esa misma noche? O mejor esperar un par de días, llamarla el miércoles, e invitarla a salir el viernes por la noche, a cenar o a tomar algo. Pero quizá el miércoles ella ya tendría planes para el fin de semana. Y quizá si tenía planes es que tenía novio. No se lo había preguntado…pero ella lo hubiera comentado, no le hubiera dado su número sin mencionarlo…o quizá ella, sin tener novio, no estaba interesada en él y era demasiado educada para decirlo… Sacudió la cabeza, quitándose todas esas ideas de encima. Como una vez le había dicho Calleigh, "te vas a morir de tantas hipótesis".


Pamela estaba nerviosa. Estaba muy nerviosa. Sentada en el salón de su apartamento, en el centro del sofá, completamente estirada y tensa. Expectante. Era viernes, y desde el martes llevaba esperando este momento. Desde que Ryan la llamara para invitarla a salir a cenar. Y pensando en la ropa que llevaría puesta, en si se maquillaría mucho o poco o nada, en si llevaría tacón alto o zapato plano…

No es que Ryan le gustara, siempre se ponía nerviosa cuando quedaba con algún chico. Siempre. No conseguía relajarse sabiendo que en algún momento esperarían algo de ella, algo que ella no sabía si era capaz de dar.

El timbre sonó y ella dio un respingo. Fue hacia la puerta, quizá más deprisa de lo necesario, y abrió.

"Hola"

Ryan se inclinó, sonriente, y le dio un beso en la mejilla.

"Hola", le susurró al separarse de ella. A Pamela se le pusieron los pelos de punta.

La cena transcurrió tranquila y divertida. Al final Pamela pudo relajarse un poco y disfrutar de la compañía de Ryan, sin pensar en qué ocurriría después.

Ryan estaba pletórico, estaba consiguiendo que ella se lo pasara bien¡hasta la había hecho reír un par de veces! Eso era buena señal.

Habían ido a cenar a un restaurante japonés, cercano a la casa de Pamela. La noche era buena, no hacía frío, y volvieron dando un paseo. Ryan ya había agotado todas las anécdotas de CSI y ella le estaba contando cómo era de distinto el clima y la gente, sobretodo, de Detroit a la de Miami. Ryan se fijó en que, cuando ella hablaba de su ciudad, su acento cambiaba ligeramente al característico de Detroit. Llegaron a la puerta de los apartamentos.

"Bueno, me lo he pasado muy…"

Pamela no pudo acabar la frase; Ryan se había inclinado a besarla. En un primer momento se dejó llevar y disfrutó del beso, incluso cerró los ojos y se olvidó del resto…pero ese momento fue efímero, y en seguida las alarmas de Pamela saltaron, y se separó.

"Lo…lo siento…"

Se dio la vuelta y entró casi corriendo en el bloque de apartamentos, dejando a Ryan sólo y desconcertado.


Espero que os esté gustando hasta ahora :D