IV
Podía escuchar los lápices escribir con velocidad alrededor de su mesa por todos sus compañeros. Las líneas, los borrones ante los errores por la prisa y los movimientos de las hojas para seguir con la acción era lo único que llenaba el salón mientras su profesora recitaba fechas y acontecimientos importantes. Incluyendo aquellos que no eran muy cercanos con el estudio constante lo hacían ese día. ¿La razón? Las clases de Midnight a pesar de ser comprensibles a simple vista y dar ejemplos fáciles de entender, poseían un extenso contenido que entraría en la siguiente evaluación. Todos sabían que necesitaban anotar la mayor cantidad de apuntes para conseguir una nota adecuada, más siendo clases de Historia del heroísmo. Ella lo sabía, pero su mano se había mantenido al aire durante toda la clase sin conseguir escribir siquiera la mísera fecha del día de hoy. Aunque quisiera, no podría escribir nada en absoluto, Tsuyu no sabía ni siquiera que día de la semana era aquella tarde.
Todo por culpa de Bakugou Katsuki.
Cuando escuchó la melodía que daba por finalizada las clases de ese día, el trance del cual se encontraba la liberó y se mantuvo estática por un momento mirando las hojas de su cuaderno, todo en blanco. Su corazón se contrajo preocupada, no era nada bueno que no estuviese poniendo atención a las clases de la academia siendo que lo que más deseaba en el mundo era volverse una heroína profesional, no podía permitir que ese tipo de cosas nublasen su juicio ni sus estudios. Entonces... ¿Por qué había seguido así durante toda la semana?
— ¿Tsuyu, estás bien? — Inquirió Shoji cuando pasó por su lado y la vio algo consternada. La chica lo miró por unos segundos, asintiendo levemente luego de entender la pregunta. —
— Si... Creo que sigo algo enferma. — Respondió guardando sus pertenencias, mas su compañero no parecía muy convencido de su respuesta. — Gracias por preocuparte, gero.
Salió con prisa, casi huyendo de su compañero que no esperó una despedida cortante de ella, ignoró a todos, a sus amigas en los pasillos, a sus profesores durante el paso, incluso las llamadas de Kirishima y Mina cuando no hizo caso, solo deseaba descansar en su cama después de aquel día.
Cuando llegó a su habitación, cerró con seguro y se lanzó de lleno a las suaves sabanas que la esperaban con los brazos abiertos, porque prácticamente no había ordenado su cama por días. Su espacio se encontraba desastroso, algo no tan común en ella quien siempre hacia lo posible por mantener su habitación ordenada y lustrosa. ¿Pero que podía hacer en esa circunstancia? La mente de Tsuyu era un caos casi tan grande como el que se le estaba acumulando en las esquinas de su espacio, y es que desde que Bakugou la besó sin ninguna palabra de por medio hace unos días atrás, los pétalos que vomitaba dejaron de ser rojos casi tan rápido cuando el sol apareció a la mañana siguiente. Debía alegrarle, o por lo menos aliviarla después de todo el proceso que estaba viviendo sola, siendo que la medicina que Recovery le entregaba era tan agotadora como una quimioterapia de menor medida. Pero más allá de calmar su corazón, solo lo confundía más y más.
¿Por qué?
Los pétalos escarlata, o dicho de forma sencilla, llenos de sangre pulmonar. Eran el síntoma fulminante de un corazón destrozado por un amor no correspondido, implicaba que la semilla en su corazón había germinado negativamente y solo deseaba acabar con el dolor llevándola a la muerte lenta, desgarrando sus órganos vitales y pasando hacia sus pulmones. Detener el sangrado de los pétalos era casi imposible cuando se llegaba a aquella etapa, solo indicaba que su máximo dolor había desaparecido, el rechazo de su profesor. Si bien la medicina de la heroína pudo ayudar a que Tsuyu consiguiese llegar a una remisión de su estado, fue justo el día en que Bakugou la besó cuando su dolor desapareció. No era tonta, ese gesto había significado algo para ella que aún no conseguía ver en su totalidad, pero que sin duda era suficientemente importante para permitir que el hecho de que Aizawa la rechazase, no doliese hasta matarla, como una especie de amortiguador que velaba en que cayese lo más cómoda posible aun sabiendo que sangraba por dentro. Por lo que la asustaba tremendamente sobre cuál sería la verdadera razón de su cambio de percepción. Hablar sobre lo que significó ese beso de una vez por todas siempre estaba entre sus opciones, y evitar todo ese bochorno que Bakugou le había ocasionado, pero jamás encontraba la oportunidad adecuada siendo que además, esa tarde él se había ido tan rápido como llegó, sin ninguna explicación posterior.
Entre todas las personas, tenía que ser Bakugou quien la confundiese. Pero aun si evitaba pensar en ello con todas sus fuerzas, su cabeza no podía sacárselo de encima, como una maldición o un imán que necesitaba devolver recuerdos que para Tsuyu eran imposibles de evitar. Su mirada lo seguía hacia donde estuviese presente de manera inevitable cuando lo veía en clases, y su rostro hervía cuando la observaba y el recuerdo de esa tarde aparecía tan rápido cuando ese color rojo se posaba sobre sus ojos. Tsuyu estaba perdida, había algo en ese chico que le atraía de sobremanera con el peor de los sentimientos, necesidad.
Tsuyu necesitaba ese recuerdo como un bálsamo emocional sobre su enfermedad, razón por la cual también lo repetía en su mente, rememorando lo que sintió sobre sus labios aun si no quisiese aceptarlo, la aliviaba de alguna forma, y la asustaba en muchas más de lo que podría significar para su ya destrozado corazón. Era por todo eso, que tampoco conseguía concentrarse en clases ni mantener una conversación con sus compañeros. Era un caos total, y le frustraba demasiado. Solo quería que todo acabase pronto.
De repente, cuando ya habían pasado varias horas desde finalizada las clases, su estómago rugió exigiendo algo de comer. Por lo que decidió salir a cenar, tampoco podía estar encerrada en su habitación por mucho que le tentase aquella idea. Al bajar se topó con que todos su compañeros habían decidido comer juntos, Kirishima la acercó excitado.
— ¡Hemos preparado soba para celebrar el cumpleaños de Todoroki!
— Pero eso fue hace casi un mes... — Cuestionó siendo llevada por su compañero a uno de los asientos, teniendo a la causa de la reunión en frente de ella. — ¿O no?
— Como no pudimos celebrarlo ese día han querido hacer esto, ya que ninguno tenía algo que hacer. — No sabía leer bien a Todoroki siendo que poco conversaba con él, pero a su percepción, parecía feliz. — Supongo que está bien.
— Es un lindo gesto, feliz cumpleaños tardío, Todoroki-chan.
El chico rio por sus palabras, agradeciéndole con un gesto de su cabeza, no tenía mucho más que hacer que tomarse las acciones de sus amigos con algo de humor, viendo incluso que lo disfrutaban tanto como él. Cuando Tsuyu levantó la vista hacia la cocina, pudo ver unos ojos rojos, expectantes, inquisidores ante sus movimientos y sus palabras. Se removió nerviosa sobre su asiento cuando los minutos pasaban y él aun no desviaba su mirada sobre ella, jamás se había sentido tan notoriamente observaba por alguien, y tenía que venir de la persona que no podía sacarse de la cabeza ni por un minuto, con algo de cólera, pensó en acabar con todo eso ese mismo día. Disculpándose con Kaminari quien se había unido a su conversación con Todoroki luego de unos minutos, se dirigió al baño mirándolo de soslayo, si tenía suerte entendería lo que deseaba y podría seguirla para preguntarle de una vez por todas cual había sido la razón de su ataque de aquel día.
Era un movimiento peligroso, pero lo necesitaba. ¿A él? No, necesitaba sacarse eso del sistema, solo eso. Porque definitivamente nada de eso le había agradado. Pero... ¿Realmente le había desagradado?
Detuvo su camino por los oscuros pasillos cuando ese pensamiento se cruzó por su cabeza. Le desagradó, ¿cierto?
— Sabía que eras descarada, pero no esperé algo así viniendo de ti. — Definitivamente le había desagradado, tanto como su tono de voz arrogante detrás de ella. Lo escuchó avanzar hacia su dirección con pausa. — No lo sé.
— ¿No lo sabes? — Se volteo para observarlo de frente, algo confundida levantó la mirada por la notoria diferencia de estatura, si bien la oscuridad era una molestia, podía ver parte de sus rasgos con claridad. Su semblante era serio y no había nada de soberbia en ellos. —
— Me vas a preguntar sobre por qué te besé. Realmente no lo sé. — Tsuyu no sabía que decir ante esa respuesta, tal vez, demasiado honesta para su propia cordura, quedó en silencio por unos segundos. Mas Bakugou pareció molestarle. — ¿No vas a decir nada?
— ¿Qué debería decir? Acabas de responder que no lo sabes, gero.
— ¿No vas a gritarme o golpearme? ¡¿Estás satisfecha con una respuesta tan mediocre?!
— Si, supongo...
— ... ¿Segura?
— ... Sí. — Respondió con simpleza, siendo lo único que encontraba pertinente decir en ese momento. Pero pareció romper la cordura de su compañero. Tirando de sus cabellos con sus manos, exclamó furioso—
— ¡No puedes esperar ser besada por un imbécil y luego quedarte tranquila con algo así! ¿¡Es que acaso no tienes un poco de respeto personal, maldita rana!?
— ¿¡Por qué mezclas mi respeto con algo así!? Eso no tiene nada que ver. — Respondió ofendida. —
— ¡Por supuesto que tiene que ver! ¿¡O es que esperas que cualquier llegue, te bese y se vaya sin nada más!?
— ¡Eso es solo contigo porque realmente no sé qué pensar! Si dices que está bien, debería creerte, gero. ¡Porque todo este tiempo me has demostrado que no eres una mala persona para hacerme daño con algo así, pero sí bastante estúpido para no entender que tampoco sé que pasó conmigo!
— ¿¡A sí!? — Ante la cólera de Bakugou, la arrinconó sobre la pared y se acercó hacia ella, molesto, agobiado por esos sentimientos que bullían en su interior ante sus palabras y acciones que no podía detener. La mirada de Tsuyu ardía tanto como sus verdaderas intenciones. — ¿Si te beso en este momento entonces no harás nada? — Susurró por lo bajo, acercándose a su rostro en un vano intento de contenerse apropiadamente. —
— Te golpearé, gero. — Afirmó decidida, lo que solo consiguió sacar una sonrisa socarrona en el chico. —
— Hazlo.
Tsuyu y Bakugou sabían que eso no sucedería, porque la mirada de ambos solo indicaban una sola petición, hazlo. Cuando Bakugou redujo la precaria distancia de ambos, fue un beso exactamente igual que el primero en el bosque, totalmente superficial y carente de calor, de fuego alguno que tanto se hablaba. Pero sus sentidos se sintieron activar cuando el tacto ajeno llegó hacia sus labios, era algo nuevo para ambos y de alguna manera, sabían que podía ser mejor. Con algo de ansiedad y deseo de por medio, Bakugou profundizó aún más la experiencia entrando su lengua hacia la cavidad de la chica, quien solo inhaló sorprendida.
No sabía lo que sucedía, en que tiempo ni en qué medida, si estaba bien seguir o tenía que golpear a su compañero y detenerlo como lo haría cualquier amiga suya. Pero cuando sintió la humedad del otro entrar a su boca junto con el acercamiento de su propio cuerpo, algo en su pecho se sintió aplacado. El dolor de semanas atrás desapareció paulatinamente como si estuviese liberando su peso en su corazón, la presión ya no apretaba sus costillas como si en cualquier momento se las rompería, la aflicción en su garganta se dilató hasta desaparecer, para dar comienzo a nuevas sensaciones que jamás pensaba que existirían en su propio cuerpo, calor, mucho calor en su estómago era lo primordial, tan intenso, que le hacía pensar que no estaba realmente bien lo que sucedía. La lengua de Bakugou se sentía húmeda, pegajosa y algo incomoda al tocar la suya. Pero a pesar de todo, algo mucho más grande que todo eso comenzaba a llenarse en su interior. Junto con una paz que hace mucho tiempo sintió plenamente.
Luego de unos segundos, más por la necesidad de Bakugou que algo más, se reincorporaron agitados, sus cuerpos estaban extrañamente, demasiado cerca de un espacio que permitirían hacia cualquiera. En cualquier momento alguien pasaría por ahí, siendo un sector importante en donde todos pasaban regularmente, con una decisión sin palabras, se dirigieron hacia el ascensor y Tsuyu marcó el número 5.
Ninguno de los dos tenían las intenciones de parar por tal banalidad de ser descubiertos, para eso existían los dormitorios. Ni Tsuyu ni Bakugou, detendrían lo que comenzaron esa noche.
