Capítulo 4: Dulce hogar, amargos recuerdos.

Tom y Candy llegarían a Lakewood muy temprano, llevaban viajando toda la noche, Candy agradeció que la tormenta de nieve atrasara el arribo del tren unas horas. Estaba nerviosa y sentía un escalofrío con cada metro que el tren avanzaba.

¿Estás bien, Candy? – le preguntó Tom en cuanto lo notó.

No puedo mentirte a ti, tengo un poco de miedo – el caballero tomó la mano de la chica y le dio un ligero beso, ella no pudo evitar sonrojarse.

Recuerda que yo estoy contigo, sé que es doloroso, pero no puedes evitar ese lugar toda tu vida – miró por la ventana y sus ojos se llenaron de pesar – también estimaba a Anthony y su muerte me dolió mucho, sin embargo, él era una persona que disfrutaba la vida, no creo que este muy contento de ver que tú ya no eres jovencita de la que él se enamoro.

Tom… cómo… - le miró, confusa, él sonrió de medio lado.

Candy, siempre lo supe, que tú le querías y que Anthony correspondía tus sentimientos - la rubia suspiro con pesadez.

Nunca se lo dije, ¿sabes? – recordó – la única que vez que le hable de mis sentimientos, me eche a correr, no le di ni tiempo para darme una respuesta. Éramos unos niños.

Pero él de verdad te quería, incluso creo un tipo de rosa para ti, ¿no? – ella asintió, mirando por la ventana.

"Dulce Candy" – dijo en un murmullo.

¿Acaso también piensas darle la espalda a uno de los recuerdos que mantiene vivo a Anthony? – Candy no contestó, claro que le dolía regresar. Después de la muerte del chico Brown, la rubia había permanecido inconsciente, aquello la hacía sentir culpable porque no pudo despedirse bien de él. Una semana después, llego la orden del tío abuelo William para que ella fuera a estudiar al Real Colegio San Pablo, en Londres; sus primos la alcanzaron un mes después, pero durante el tiempo que ella estuvo ahí, siempre parecía triste, retraída. Solo pudo hacer amistad con su vecina de cuarto, Patricia O'Brian, amistad que por poco se rompe debido a la llegada de Elisa y sus insultos, sin embargo, la intervención de la abuela de Patty las unió más. A veces se dejaba llevar por su rebeldía y se escabullía en la oscuridad para tomar té y comer chocolates con sus primos queridos, momentos que le alegraban un poco sus miserables días. Poco después se enteró que Annie también estaría en el colegio, eso le alegro mucho, incluso le prometió al señor Britter que cuidaría de ella… Aquel día. Sus ojos se cristalizaron. Ese fue el día que ella decidió convertirse en una dama, una digna representante de la familia Andley, no quería defraudar a nadie, en especial al tío abuelo William. Cuando la tía Elroy se digno a verla, Candy le suplicó para que Elisa y Neil no siguieran divulgando el rumor de que ella era una chica de establo. Elroy Andley pensó que eso afectaba el buen nombre de su familia y accedió, con el enojo de los hermanos Leegan, quienes obedecieron las órdenes de la matriarca. Candy fue una alumna ejemplar en el Colegio, inclusive Annie Britter se volvió más flexible y menos temerosa al participar en una aventura, razón por la cual, con el tiempo Archie se había enamorado de ella, mientras que Candy solo había quedado como una buena amiga. Stear también notó los cambios radicales de la rubia, puesto que con el paso de los meses, ella dejo de ayudarle y animarlo con sus inventos. Durante los años que permanecieron en Londres, Candy siempre se mostraba pensativa y distante, nunca más volvió a ser ella misma. Cuando explotó la guerra, Elroy ordenó el regreso de los hermanos Leegan, de los Cornwell y de Candy, todos ingresaron a un nuevo internado en América, con el tiempo, Archie se decidió por la Administración de Empresas, Stear por la Química, pero continúo con su manía de inventar, Neil, quien maduro con el tiempo, estudió Leyes. Elisa se casó joven, 20 años, y para su mala suerte, su esposo anhelaba tener muchos hijos, la actual señora Parker, esperaba a su tercer hijo, Candy no veía seguido a su prima, pero casi podía jurar que la maternidad la había ablandado, pensó que el amor que le tenía a John Parker era muy grande pare renunciar a la vida a la que ella estaba acostumbrada. En cuanto a ella, solo había vivido un día a la vez, sin muchas esperanzas, hasta que Albert le confeso sus sentimientos, esperaron un largo año antes de poder estar juntos, el día se su cumpleaños 21, Albert le pidió que fuera su novia, ella aceptó inmediatamente. Cuando volteaba a ver esa parte de su pasado, siempre se preguntaba por qué Albert nunca le propuso matrimonio, pero siempre llegaba a la misma conclusión: Era la misma por la que ella se convirtió en una muñeca de aparador…

¡Candy! – le gritó por enésima vez Tom. Se había perdido en sus recuerdos, que no notó que ya habían llegado a la estación. El sol apenas y brillaba en el horizonte, el invierno había comenzado hacía unas semanas, pero la colina ya estaba cubierta totalmente por la nieve.

Discúlpame, Tom – dijo ella, mientras se levantaba, él le ayudo a ponerse el abrigo.

Descuida – le consoló con una sonrisa, Tom comprendía que ella se perdería en sus recuerdos, después de todo, se había ido de Lakewood hacía 9 años – Vamos, Candy, hay que recoger el equipaje. Renté un automóvil, es muy peligroso viajar en caballo, el terreno no es muy estable.

¿No es peligroso también el auto? – preguntó la rubia.

No, los caminos han sido desbloqueados, pero en caballo te expones a que un automóvil te golpe, puesto que los carriles están muy reducidos – Tom hablaba con mucha seguridad, Candy se sintió tranquila a su lado – es este – ya habían recogido las maletas. Tom le abrió la puerta y ella ingreso, el día prometía ser frío - ¿Qué quieres hacer primero? – le preguntó antes de encender el auto, ella lo miró, confusa, no lo había pensado, regreso la mirada al frente y suspiro, tenía tantas ganas de visitar el Hogar, a sus madres, pero no estaba segura.

La señorita Pony se pondrá muy contenta si las visitas – sugirió Tom, leyendo sus pensamientos, ella le sonrió con gratitud.

Vamos al Hogar de Pony, Tom – contestó ella, llena de entusiasmo, pero también, temerosa. El castaño encendió el motor y partieron al lugar donde ambos se habían criado.

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Terry los vio alejarse en el automóvil, se quedo un segundo sin saber qué hacer. La noche de la fiesta había escuchado a Tom Stevenson decirle a Candy "te quiero". No sabía por qué sentía que estaba perdiendo algo valioso y con la determinación de descubrirlo, hablo con Susana explicándole que un viejo amigo había tenido un accidente y que deseaba ir a verlo. La rubia hizo tremendo berrinche, pero al ver que Terry no iba a ceder se ofreció a ir con él, el castaño la convenció de lo contrario con un gran esfuerzo, si bien antes había sido cariñoso y consentidor, aquello le costaba cada día más. Susana partió por la tarde junto con los demás miembros de la compañía Stanford, ya que faltaban 2 semanas para Navidad y la función de caridad se había cruzado, Robert decidió darles ese tiempo libre. Tuvo dificultades para conseguir un boleto a Lakewood, puesto que Candy y Tom no viajaron en primera clase, razón que le era desconocida, y por tanto el tren iba más o menos lleno. También tuvo mucho cuidado en que no le descubrieran puesto que su camerino estaba frente al de ellos, aunque el suyo fue compartido.

¡Le he dicho que no! – gritó un hombre con exasperación a otro más viejo.

Por favor, se lo suplico – decía el anciano, tenía sus ropas gastadas y el cansancio y la desesperación pintados en la cara.

No me interesa comprar su caballo – volvió a negar el primero.

Es un magnifico ejemplar – contestó.

No me interesa – acto seguido, el hombre subió a una calesita y se fue sin mirar atrás. El anciano lo miro con derrota.

Disculpe – escuchó que lo llamaban.

¿Diga? – se volvió a ver al joven castaño.

No era mi intención escuchar, pero ¿esta vendiendo ese caballo? – preguntó Terry, mirando al magnifico ejemplar negro.

Sí, es un pura sangre – dijo. Terry se acercó para tocar al animal, este no se inmutó, permaneció con su aire de superioridad, mirándolo fijamente.

¡Es hermoso! – admiró el chico - ¿por qué venderlo? – miró al hombre al no obtener respuesta de inmediato.

Mi nieta ha caído enferma – comenzó a decir el anciano – ella es lo único que me queda en este mundo, hace un par de años gane este caballo, en ese entonces solo era un potro. Necesito venderlo para comprar las medicinas que necesita mi nieta. Es lo único de valor que tengo, pero nadie quiere comprármelo – Terry pensó que ese caballo le serviría para alcanzar a Candy y además ayudaría a ese hombre.

Señor, no se preocupe, yo se lo compraré – la mirada del anciano se ilumino. Terry le dio el doble de lo que el hombre estaba pidiendo, pues él conocía de caballos. El hombre se despidió agradecido y pidiéndole que tuviera mucho cuidado en el camino.

Terry siguió el camino por donde se habían ido Candy y Terry, pensó que 15 minutos no eran una gran ventaja, sin embargo, no conocía bien el lugar y después de un rato de dar vueltas, aceptó que estaba perdido.

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Candy miraba en silencio por la ventana, Tom decidió que lo mejor era dejar que se ensimismara en sus pensamientos, pero de pronto, algo la sobresalto.

¡Cascos! – dijo, alterada - ¡Es un caballo! – gritó, buscando en el paisaje.
Tom se alarmó por el estado de histeria en que había entrado la rubia.

Candy, Candy – le gritó, preocupado pero sin apartar la mirada del camino, pronto llegarían a una curva y era peligroso perder la concentración.

Tengo que decirle a Anthony que no suba al caballo – decía Candy, el castaño se percató de las lágrimas que corrían por sus mejillas – ¡Anthony, no subas al caballo! – gritó y en su delirio intento abrir la puerta del auto para salir.

¡CANDY, NO! – le gritó Tom, tomándola por le hombro. Ella forcejeó con él, la rubia estuvo a punto de caer del vehículo, pero la pronta intervención de Tom la detuvo, solo que para ello tuvo que soltar el volante, todo ocurrió demasiado rápido, el reclinar de caballo, los gritos y, después, el sepulcral silencio.

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Terry decidió volver a la estación de trenes, había escuchado que irían a un tal Hogar de Pony, quizá alguien supiera dónde quedaba, repentinamente encontró un camino, se detuvo, había escuchado el ruido de un motor. Avanzó unos metros, el ruido se hacía cada vez más fuerte, pensó que pasando la curva podría distinguir algo.

¡CANDY, NO! – escuchó y se detuvo en seco, escuchar el nombre de la rubia lo paralizo, pero aquello que le atemorizo fue el tono en que Tom Stevenson le había hablado, no le dio tiempo de reaccionar y el caballo ante el inminente embiste del auto se levanto sobre sus patas traseras, tirando a Terry, el auto rompió un pequeño árbol, de cuyo tronco quedo atorada la correa del jamelgo, más sin embargo, el restó del árbol fue a parar en el tobillo del castaño, quedando inconsciente por el repentino dolor. Candy y Tom, también estaban desmayados, pronto comenzaron a caer pequeños copos de nieve.

El primero en despertar fue Terry, a dos metros de él estaba el automóvil negro, no tenía daños graves aparentes, se arrastro hasta él, Tom había protegido a Candy, el caballero estaba sangrando aunque no había derramado mucha sangre así que pensó que no era grave, trato de despertarlo, pero no reaccionó, por el contrario, la rubia pareció reaccionar.

¡Tom! – gritó, histérica al ver a su amigo - ¡Tom, despierta! – le movió ligeramente.

Candy – escuchó que le hablaban – esta desmayado y ha sufrido una herida, será mejor que no lo muevas mucho.

¿Terry? – aún estaba aturdida por el susto, vio que el chico se arrastraba - ¿estás herido?

Me lastime el tobillo, pero por lo demás estoy bien – dijo para tranquilizarla - ¿tú, cómo estás? – la rubia se dio una rápida revisión, aparte de algunos dolores mínimo, no tenía heridas graves.

No tengo nada – dijo. Aparto a Tom con cuidado, y notó que tenía una herida en la cabeza - ¡Dios mío, Tom! – se cubrió la boca con ambas manos - ¡Esta herido! – sus ojos se cristalizaron – Todo fue mi culpa, Tom, perdóname – le imploró a su amigo.

Candy… - la llamó Terry, ella se giró, salió del vehículo.

¡Estás helado! – dijo al tocarle el rostro – Será mejor que entres al auto – lo ayudo con mucho cuidado.

Candy… - la volvió a llamar – mi caballo esta ahí arriba – señalo con la cabeza, el animal forcejeaba con el tronco para liberarse, no había sido una caída muy grave, de unos 15 metros cuando mucho - ¿conoces los alrededores, pecosa? – preguntó, ella desvió la mirada del caballo y lo miró, interrogante – eres la única que no tiene heridas graves, Stevenson no ha despertado, yo no puedo montar, Candy tienes que ir a pedir ayuda.

No… no puedo – dijo con voz temblorosa – Terry no quiero montar.

¡Candy! – le gritó el castaño – No te estoy pidiendo que lo hagas, te lo ordeno.

No, no, no quiero montar – gritó, histérica – Anthony se cayó de un caballo, tengo miedo, tengo miedo – otra vez estaba entrando en un estado de shock – no quiero montar, me dan miedo los caballos – siguió chillando. De pronto se quedo callada y llevo su mano a su mejilla. Terry la había abofeteado para hacerla reaccionar, sus ojos ardían de furia.

Escúchame – le dijo frío – tienes que superar tu miedo, Candy, mira – señalo el cielo – pronto esta pequeña tormenta se volverá una ventisca. Tienes que ser fuerte, Candy, hazlo por Tom, por mí – la miro tiernamente – No puedes dejar que los tres nos muramos solo por miedo, entiendo que perdiste a alguien a quien querías mucho, pero ¿crees que él estaría contento si te das por vencida? – Candy escuchó cada palabra que salió de los labios de Terry, tenía razón, ella no podía darle la espalada a Tom, ni a Terry dejándolos morir congelados. Aún tenía lágrimas en los ojos, aún así se levantó.

Regresaré pronto, Terry – le dijo seria y avanzo hacia el caballo, él se agitó y ella retrocedió decidida a dar media vuelta.

¡Candy, no tengas miedo! – le gritó Terry – él puede sentir que le temes, acércate con calma y seguridad - Ella le miró, suspiró y dio un paso al frente.

¡Tranquilo, bonito, no te haré daño! – dijo poniendo su mano en la cabeza y acariciando su hocico, el animal dejo de forcejar, Candy tembló, tenía que montarlo. Se mordió el labio, ¡no podía! Dio un paso atrás, el animal no se inmutó.

¡Qué vergüenza, Candy! – era la voz de Anthony en su cabeza - ¡Tú nunca fuiste una cobarde! ¿Vas a dejar solos a tus amigos? ¿Dónde esta la Candy de la que me enamore?

Anthony… yo… - trató de explicarse.

¡Candy, no tengas miedo! – le gritó Terry.

Pero es que Anthony – le contestó.

Él esta muerto, Candy – espetó el castaño – no va a regresar – ella se dejo caer sobre la nieve – Pero tú estás viva y nosotros también, vamos Candy, no tengas miedo, sé que puedes hacerlo. Confío en ti. – ella le miró, ¿confiaba en ella? Se levantó nuevamente y montó con gran agilidad – Mira adelante Candy, siempre adelante y da un paso a la vez – siguió el consejo de Terry, aún temblaba, pero Terry le gritaba palabras de ánimo y eso le ayudo.

Regresaré pronto – prometió y salió disparada.

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Candy cabalgo a toda velocidad, aún estaba temerosa, sin embargo, tenía la firme intención de salvar a sus amigos. La tormenta se estaba haciendo cada vez más fuerte, pero ella pronto llegaría a su destino.

Un poco más, un poco más – se dijo a sí misma para darse ánimos. Al poco rato visualizo el Hogar de Pony – SEÑORITA PONY, HERMANA MARIA – gritó lo más fuerte que pudo. Las aludidas aparecieron en la puerta, seguidas por tres caballeros, a uno de ellos lo conocía, era el señor Stevenson, el otro era un hombre de la misma edad que el padre de Tom y el tercero, un joven de unos 18 años.

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Steve Stevenson solía visitar el Hogar de Pony seguido, desde que Tom se mudará a la cuidad, se sentía solo y conversar con las amables señoras y pasar un rato agradable le venía muy bien. Ese día llevo un presente a los niños del hogar, una cabra, cuando estaba por retirase comenzó una pequeña tormenta, pero además en ese momento fue otro de los benefactores del orfanato, el señor Cargwrite quien también había adoptado a uno de los niños del hogar, procuraba visitarlos de vez en cuando junto a su hijo James, o Jimmy, como lo conocían todos.

Estaban conversando tranquilamente cuando escucharon unos gritos.

SEÑORITA PONY, HERMANA MARÍA.

Es la voz de Candy – dijo la mayor de las damas segura de sus palabras.

¿Candy? – dijeron al unísono la hermana María y el señor Stevenson. A continuación todos salieron del salón dirigiendo sus pasos a la entrada principal.

Efectivamente era Candice White Andley quien llegó a ellos y descendió del caballo. Abrazo a las mujeres que la criado y por un momento el mundo desapareció, al fin volvía al seno materno, por fin, podía disfrutar del abrazo que había añorado por casi 10 años, se permitió llorar y pedir perdón, las mujeres acariciaron a la joven, sin recriminaciones, por el contrario, estaban felices de ver a una de sus hijas.

Candy – la llamó el señor Stevenson - ¡qué sorpresa! – exclamó, feliz. En ese momento ella recordó que no tenía tiempo que perder.

Necesito ayuda – dijo, soltando a sus madres y acercándose al padre de su querido amigo – Yo, lo siento tanto, perdí el control… Tom trato de ayudarme… tuvo que soltar el volante… él me protegió – no podía coordinar sus ideas.

No entiendo.

Nosotras tampoco comprendimos, Candy – ella respiró hondo.

Tom y yo teníamos planes para visitar Lakewood, llegamos por la mañana, pero en el camino tuvimos un accidente, Tom me protegió y esta inconsciente a dos kilómetros de aquí.

Por dios – exclamaron todos.

¿Dejaste a Tom solo y desprotegido? – preguntó la hermana María.

¿Qué otra cosa podía hacer? – contestó el señor Cargwrite.

No – se apresuró Candy – se quedo con un amigo, nos encontramos por casualidad, de hecho el accidente también lo afectó a él, los dos están en el auto, pero la tormenta se esta agravando cada vez más.

Tienes razón, pequeña.

Iré contigo – se ofreció el señor Stevenson.

Jimmy, ve con ellos en el auto – ordenó el señor Cargwrite, el joven había mirado con recelo a Candy, pero asintió.

Candy lo guío al lugar donde se habían salido del camino. Encontraron a Terry, quien, preocupado por la herida de en la cabeza de Tom, había hecho una venda con su camisa para cubrirla. Al poco rato había despertado el ex vaquero, ninguno se dijo nada, sentían que el ambiente no solo estaba frío al exterior de auto, sino también en el interior. Tom, trato de salir, pero se sintió mareado y se quedo donde estaba. Terry tamborileaba los dedos sobre el vidrio, indiferente.

Cuando escucharon el ruido de un motor se sobresaltaron. Tom vio como su padre descendía para llegar al auto, abrió la puerta y lo ayudo a salir.

Tom – dijo, en un murmullo – hijo mío, qué bueno que estés bien – lo abrazó, Tom correspondió el abrazo – te quiero, hijo.

Yo también papá – contestó el Stevenson menor.

Mientras eso ocurría, Jimmy ayudó a Terry a salir, le paso un brazo por encima de sus hombros, el inglés no pudo evitar sentirse avergonzado de que un niño le ayudara, pero era él o Candy, suspiró con resignación.

Gracias, pecosa – dijo cuando paso junto a ella, la rubia le sonrió.

Gracias a ti, Terry.

Los 5 se acomodaron en el auto y se dirigieron a la clínica, era necesario que los revisaran.

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Albert se había quedado muy preocupado ante el hecho de que Candy le había mentido, no sabía dónde podría estar. Sin embargo, recordó que los últimos días la había saliendo con Tom. Fue al departamento de su abogado favorito y por casualidad, su casera dijo que había ido a visitar a su padre y que permanecería en Lakewood todo el fin de semana.

El patriarca Andley estaba seguro de que Tom había convencido a Candy de volver al Hogar de Pony. Esa mañana terminó sus pendientes rápido y se despidió de su novia, en el camino hacia la cochera, se encontró con Annie y Archie en una escena no muy propia en el vehículo del castaño, los reprendió severamente, lo cual le quito valioso tiempo.

Después de decirles sus planes, la pareja le pidió que los llevara, después de todo era un viaje de un día. Él aceptó renuente.

Llegaron a Lakewood pasado el medio día y decidieron ir primero a la mansión de las rosas, ninguno creyó que Candy estuviera lista tan pronto para visitar el Hogar, sin embargo no encontraron a nadie.

Albert sugirió la idea de ir a la cabaña del bosque y ya que no pudieron entrar al camino con el auto tuvieron que caminar. Regresaron a la mansión con caras largas, la caminata había sido en vano, puesto que también estaba vacía.

Optaron por tomar un bocadillo antes de dirigirse al Hogar, el rubio estaba pensativo.

¿Y si no esta tampoco en el hogar? – se preguntó - ¿Tal vez el rancho Stevenson? – decidió que ese sería el otro destino en el caso de no hallar a Candy.

Casi eran las 6 de la tarde cuando partieron hacia el orfanato. Archie notó algo extraño en el comportamiento de su tío, pero decidió que solo estaba preocupado por la seguridad de la rubia.

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Llegaron al Hogar de Pony, Tom había insistido en ir primero ahí, quería que, ya que Candy había dado un paso importante, lo mejor era que pasara el día en su antiguo hogar.

Y no estaba equivocado, la rubia se veía radiantemente feliz, por fin podía estar en compañía de su familia. Conocía a algunos de los niños que aún seguían en el orfanato, incluso una de las maestras había sido amiga suya y de Tom.

Sin embargo, Candy se disculpó, pues sentía que debía cuidar de Terry, que descansaba en una de las habitaciones.

¡Hola! – dijo al entrar, pero el castaño estaba profundamente dormido. Ella se sentó a su lado y lo miró detenidamente, levanto su mano para acariciar su cabello, pero un ruido la detuvo.

¿Es tu novio? – escuchó que le preguntaban, miró en dirección a la puerta, pero no vio a nadie – Aquí estoy – se giró, Jimmy se encontraba recargado en el marco de la ventana.

¿Eres el hijo del señor Cargwrite? – dijo más que como pregunta, asegurándolo, él se limitó a asentir - ¿Te adoptó? – se levantó y camino en su dirección.

Sí, cuando tenía 6 años mi padre me dejo aquí, mi madre murió un mes antes y él no quiso seguir cuidándome, así que… - se encogió de hombros – el señor Cargwrite me adoptó cuando cumplí 8 años – él siguió a la rubia con la mirada hasta que llego a su lado.

¿Sucede algo? – le preguntó mirándolo a los ojos.

Solo me preguntaba… ¿Eres tú, Candy White?

Sí, mi nombre es Candice White Andley.

Me refiero a que antes de que te adoptaran ese era tu nombre, ¿cierto? – ella, frunció el ceño, pero asintió. Él de nueva cuenta la miro de arriba abajo, Candy se molesto ante la insistente mirada.

¿Qué pasa contigo? – preguntó con tono ofendido.

Bien, veraz… - comenzó el castaño – cuando llegue al Hogar me platicaron que eras la mejor trepadora de árboles del lugar, claro que yo nunca creí que una mujer fuera mejor que yo y se los demostré, sin embargo, ellos siguieron comparándome contigo y te no te negaré que siempre perdía – dijo con fastidió – me prometí que si algún día te conocía, te pediría una carrera, demostrar que soy mejor que tú – Candy parpadeó varias veces y estuvo a punto de reír, pero al mirar la expresión de seriedad en el rostro del chico, se detuvo. ¿Ese era todo el asunto?

Bueno, si lo que te interesa es un título que yo olvide hace mucho, entonces te lo cedo – comentó, sin darle importancia, Jimmy golpeó la ventana con furia, la rubia se sobresalto.

¿No lo entiendes, verdad? – preguntó, molesto – no quiero el título sin merecerlo, yo quiero ganármelo, pero al parecer eso ya no será posible, puesto que se nota que hace mucho no trepas un árbol – por tercera vez la examino de cabeza a pies, sus ropas refinadas, sus manos delicadas, su actitud fina, toda una señorita de sociedad. Candy no se indignó esta vez, miró al Padre Árbol, aquel día había superado uno de sus miedos al montar, ¿acaso por dentro no se estaba muriendo por subir a su entrañable compañero de juegos? Vio como Jimmy se alejaba en dirección a la colina y por un momento no se sintió dueña de sí misma, era como cuando bailaba, se dejo llevar por lo que le pedía su cuerpo, vio los zapatos de nieve de la señorita Pony y se los puso para después salir por la ventana a toda velocidad.

¡Vamos, Jimmy, es tu oportunidad para ganar el título! – le gritó cuando paso junto a él, el joven no reaccionó inmediatamente debido a la sorpresa de ver a la "muñequita de porcelana" ,como él le había apodado en cuanto la vio, corriendo como una niña traviesa, pero le tomó unos segundos recuperarse y echó a correr tras ella. Candy subió primero, pero Jimmy era muy ágil y la ventaja de la rubia se fue acortando. Jimmy ya se estaba coronando como el ganador, pero – Tardaste mucho – le dijo con una radiante sonrisa, sentada en la rama más alta del padre árbol, él la miró con sorpresa y admiración.

¡Era cierto! – exclamó y la miro mientras ella reía abiertamente, al poco rato se unió a su risa. Aún riendo, Candy comenzó a llorar, Jimmy lo notó y dejo de reír, no sabía qué hacer.

Eh… - empezó a tartamudear – Yo… - debajo de ellos vio a Tom, cuya herida no había sido grave, haciéndole señas para que bajara y se tranquilizara. Él chico obedeció, sin mirar a la rubia, nunca le había gustado ver a un mujer llorar.

Candy permaneció largo rato sobre las ramas del Padre Árbol, lloró hasta que no pudo más, sintiendo como el peso que cargo durante 9 años, poco a poco, se iba desvaneciendo.

Perdóname, Anthony – gritó y creyó ver la cara del rubio sonriéndole calidamente. Aún tenía muchas cosas que superar, pero el dolor de la muerte del rubio se hizo más pequeño, sabía que siempre la acompañaría cierta tristeza por su ausencia, pero el mejor tributo a la vida de su amigo era seguir viva, en todos los aspectos.

Bajo del árbol cuando el frío se agravó más, Terry la miraba expectante.

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Terry la había escuchado decirle "Hola", pero fingió dormir, temía que la rubia le preguntará qué hacía en ese lugar. Pudo sentir como la mano de la chica se acercaba a su cabeza, el calor y su aroma eran agradables, no supo por qué pero ansiaba esa caricia. Sin embargo, alguien llego a interrumpir SU momento. Maldijo por lo bajo y entreabrió un ojo para ver lo que pasaba.

Solo me preguntaba… ¿Eres tú, Candy White?

Sí, mi nombre es Candice White Andley.

Me refiero a que antes de que te adoptaran ese era tu nombre, ¿cierto?

¿Adoptaran? – se preguntó y de pronto algunos cabos se unieron. Ella no era un Andley, no tenía lazos con esa familia, ella se había criado en un orfanato. Supuso que le daba vergüenza que los demás supieran sus orígenes.

"Me recuerda quién soy y de dónde vengo" – eso le había dicho Candy cuando le preguntó por qué era tan importante el crucifijo. Era el único recuerdo de su antiguo hogar, pero si quería esconderlo, ¿no era mejor borrar todo rastro?

Terry estaba tratando de hacer sus propias hipótesis cuando escuchó un ruido, volvió a abrir uno de sus ojos y la vio cambiándose los zapatos por botas de nieve y ¡brincando por la ventana! Se acomodó sobre las almohadas y si creyó que las acciones de Candy no podrían sorprenderlo más se equivocó. La vio correr tras el chico que le había ayudado y después ¡Trepó al árbol! Se rascó la cabeza, eso no debería sorprenderlo puesto que ya la había visto hacer eso antes, pero fue cuando ella era ¡una quinceañera!

Terry no paraba de hacer gesto de sorpresa, pero también sentía mucha alegría de verla así. Era la chica que él había querido conocer. Valiente, como cuando enfrento al ese hombre rico que no quería que el barco se desviara porque tenía negocios importantes y que ella convenció para que cediera y salvaran a esa personas. Preocupada por el bienestar de otros, recordaba la vez que la vio cuidar a la paloma herida, sentía que eso mismo había sido el principal motor para que ella venciera su miedo a los caballos y los salvara. Atrevida y Rebelde,como cuando se escapa de su habitación para visitar a hurtadillas a sus primos y, ahora, a pesar de su condición de dama, se permitía correr y trepar un árbol. Esa era la Candy que él deseó conocer siempre, la que él…

Ya despertaste – escuchó que le decía la rubia, él le sonrió.

Sí, me despertaron tus gritos – le dijo burlón.

¿Me viste? – se sonrojó y bajo la mirada, él asintió, pero Candy no supo decir por qué la miraba con ¿admiración?

Candy… - la llamó, pero se detuvo al mirar la expresión de Candy, lo que fuera que vio en el periódico que una de las mujeres le había dejado a lado de la cama, no eran buenas noticias, vio como sus iris verdes se ensombrecieron y sus manos temblaron.

Verla en ese estado le provocó tristeza al castaño, pero especialmente, ansiedad, qué la había perturbado de esa manera.

Miro el diario, Candy seguía colapsada por la impresión, que ni se movió cuando él levantó el papel y leyó:

"Se compromete un de los solteros más cotizados del país.

William Albert Andley, dueño de una de las grandes fortunas de América, presentó la noche de la función de caridad a su novia, la señorita Stella Rike, hija de un afamado militar.

La alta sociedad no se esperaba tal acontecimiento, ya que después de dos años de noviazgo con su protegida, Candice W. Andley (que por cierto, también es una de las herederas más cotizadas por su belleza y fortuna) él excéntrico patriarca del clan no se atrevió a dar el enorme paso con la joven rubia...

El artículo continuaba deseándole una gran felicitación a la joven pareja. Terry había escuchado los rumores de que Candy y Albert salían, pero debido a que no le agradaba leer la sección de sociales, nunca había confirmado tal hecho. Algo en su interior se encogió. Cualquiera podría darse cuenta que a la rubia aún le dolía el tema porque aun guardaba sentimientos hacia Albert.

Su furia y celos se vieron opacados por la preocupación. Candy había comenzado a llorar silenciosamente.

Pecosa, ¿estás bien? – preguntó con cautela. No podía soportar verla llorar por otro. Ella asintió, aún con la cabeza entre las manos, Terry tomó una de ellas y la atrajo hacia la cama, él estaba sentado y ahora, ella, también.

Terry secó una de sus lágrimas con la yema de sus dedos, pero salieron más de sus esmeraldas, entonces ocurrió algo tan sorprendente como inesperado.

El castaño la jalo hacia él, ella se petrificó al momento, pero sentir el abrazo reconfortante del castaño le dio el consuelo que necesitaba. Mientras ella lloraba sobre su pecho, él le acarició el cabello con suavidad, el calor que emanaba el cuerpo de la rubia, le agradaba a Terry, su aroma a rosas, se dejo llevar por el momento.

¿Qué significa esto? - preguntó una voz furiosa, provocando la separación de los jóvenes.

Candy vio a Albert, Archie y a Tom, tres pares de ojos que la miraban con diferentes expresiones: sorpresa, enojo y ¿ternura?

Continuará…

Espacio Para Charlar

¡Perdón por la demora!

No me dio tiempo por el trabajo, pero como compensación el viernes también hay capítulo y agradecimiento formal (ahora sí).

¡GRACIAS POR SEGUIR ESTA HISTORIA!